febrero 26, 2015

241. “No habrá segundo ofrecimiento: O lo toman, o lo dejan, pero ya”


ASÍ LA VEO YO - Año 10

Algo cambió en un proceso que comenzó con Hugo Chávez y ¿concluye? con Bernie Aronson

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
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“En una revolución se triunfa o se muere, si ésta es verdadera” (Ernesto ‘Che’ Guevara)

Los comandantes de las Farc habrán pensado y repensado durante los meses recientes la frase del ‘Che’ no sin padecer ante tal crudo realismo largas noches de insomnio y ser sometidos por su conciencia revolucionaria a tertulias interminables. Es que negociar en las condiciones que Santos les propone –las únicas que Colombia y el mundo tolerarían- hace conscientes a las Farc que su revolución no triunfó ni triunfará jamás. Y si llegaron a este punto, paradójica e inevitablemente, es porque los comandantes en La Habana, y en el monte, están vivos. Ni derrotados ni victoriosos, pero vivos que es lo que de veras cuenta a la hora de examinar sus conciencias y decidir su futuro.

A la propuesta de Gaviria (ambiciosa y oportuna, equitativa y justa, y que tal vez por su misma compleja conjunción de sensatez y utopía luce impracticable) le siguió la designación de Bernie Aronson como enviado especial del presidente Obama a la mesa de negociación de La Habana. Si las Farc no dan puntada sin hilo, qué no hacen los EEUU cuando de sus intereses se trata. Y si de los intereses de los EEUU se trata la clave está en la nueva situación geopolítica del Caribe y del continente americano inaugurada con la muerte de Chávez.

Algo va de un proceso de paz comenzado a gestar –allá por 2010- por el impulso (y el interés de Chávez) a un proceso que ahora (2015) sin Chávez (y con los Castro negociando con EEUU) recibe el espaldarazo de Obama, a través de Aronson, partícipe de los procesos de paz en Centroamérica pero también notorio hombre de relaciones públicas de los inversionistas norteamericanos en esta parte del mundo. Las Farc no pueden sino recibir con beneplácito (más por alivio que por auténtica alegría) la designación de Aronson (pensando ellas en sus pedidos de extradición, y también en ‘Simón Trinidad’). Dan por sentado que con los EEUU por los laditos de la mesa y públicamente involucrados en el proceso de paz recibirán de EEUU las garantías que exigen para soltar las armas.

Aquél es un modo de ver la cuestión.

Pero también puede verse en la decisión de Obama un modo de condicionar a Cuba para que haga lobby con las Farc y las haga jugar (a las Farc) el partido que los EEUU quieren que jueguen (tomando distancia de lo que estén pensando Maduro y los chavistas hacer para sostenerse en el poder en Venezuela).

Con los EEUU metidos de lleno en el proceso de paz el riesgo de las Farc de ser ‘negociadas’ por Cuba es mayor que nunca antes (como todo país, más que amigos lo que Cuba tiene son intereses). Cuba podrá recordarles sin ruborizarse a las Farc la frase del ‘Che’ con la que comenzamos este escrito y agregar: “Para mal de la revolución ustedes no han triunfado, pero para bien de ustedes y de todos no han muerto en el intento. Lo mejor entonces, es decirle adiós a las armas, desde ahora y para siempre, no se arrepentirán. Fidel, Raúl y Cuba se lo agradecen."

El objetivo a corto plazo de Obama –de cara a las presidenciales del año próximo- es acabar con el ‘chavismo dictatorial’ en Venezuela, obtener garantías democráticas para la oposición venezolana y que Cuba le suelte la mano al ‘régimen de Maduro’, para entonces sí restablecer relaciones plenas y provechosas con la isla y también con Venezuela. Con las Farc el interés de Obama es que acuerden su desmovilización con Santos recibiendo de los EEUU todo lo que EEUU esté en condiciones de ofrecerles. Que no es poco. La clave aquí estará en la frase final: “por única y última vez se lo decimos, señores de las Farc: o lo toman o lo dejan pero ya, sin dilaciones” y las palabras infaltables: “no reincidencia, no repetición, conducta impecable.”

El dilema para las Farc es que sin Chávez naufragó el proyecto estratégico que las habría enfrentado irremisiblemente y hasta las últimas consecuencias con EEUU, y que con un acuerdo con EEUU en La Habana cortarán de un tajo el ‘nudo gordiano’ de sus cuentas pendientes por narcotráfico y terrorismo, pero ya no estarían en condiciones de alentar (mucho menos apoyar con sus armas y combatientes) una dictadura en Venezuela como la que Maduro está pretendiendo instaurar. Les toca decidir entre EEUU y Cuba, por un lado, o Venezuela y la Revolución, por otro. Así de sencillo, así de difícil.

En la nueva coyuntura internacional que en parte está en acto y en parte se está aún gestando a las Farc se le van recortando notablemente sus posibilidades de volverse atrás, y su destino parece estar marcado: o se desmovilizan los que quieran seguir adelante con el proceso de paz o se vuelven ‘bandas criminales’ sin ningún reconocimiento político – nacional e internacional- quienes quieran seguir con el ‘cuentico’ de la revolución.

Teniendo en consideración la situación presente y los dos hechos más notables de las últimas semanas: a) Propuesta de Gaviria y b) designación de Aronson, los postulados a Justicia y Paz (que los hay de las ex autodefensas pero también de las guerrillas, incluso de las Farc) deberán aprovechar esta coyuntura, histórica, inédita y tal vez irrepetible, para concluir de la mejor manera y cuanto antes sus procesos en Justicia y Paz, obtener las condenas y la libertad.

En el peor de los casos y por más que el proceso de La Habana no llegue a ningún Pereira, siempre habrá una cierta cantidad de ex comandantes Farc dispuestos a no volver al monte, y que como hicieron quienes se desmovilizaron en Ralito y otros sitios del país, sigan adelante hasta firmar los acuerdos avalados por Colombia, EEUU y la Comunidad Internacional asumiendo ante sus conciencias y ante la Historia que su adiós a las armas es definitivo y nunca más reincidirán en el uso de la violencia. En esto (hay que reconocerlo) una década atrás Mancuso y los suyos fueron pioneros, se la jugaron por la opción correcta, aun a costa de cárcel y extradición, y hoy pueden ‘decirle al oído’ a las Farc: “si la guerra nos puso en bandos enfrentados, la oportunidad de la paz nos pone a todos a jalar para el lado que es, el de la reconciliación. Apostemos por la Paz. Hagamos las Paces. Colombia nos necesita libres, desarmados y luchando por nuestros ideales, sin claudicaciones pero sin violencia.”

La propuesta de Gaviria y la designación de Aronson abren un panorama impensado e impensable hasta semanas atrás. Claro que nunca es de buen augurio ‘ensillar las bestias antes de traerlas’. Sin embargo, y esto también hay que decirlo: los signos de los tiempos preanuncian un favorable realineamiento de los astros en dirección de la paz.

Quién nos quita la íntima esperanza –y el pleno derecho- de estar en Colombia y en toda el área americana ad portas de tiempos fundacionales, no solamente inmersos en una época de cambios, sino asistiendo y participando –Dios lo quiera así- de un cambio epocal.

Como acertó Obama: “En las Américas somos todos americanos.”

Como predijo Perón: “El 2000 nos encontrará unidos o dominados.”


Así la veo yo.


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febrero 19, 2015

240. De cuando César Gaviria acertó en el ‘Punto G’ del proceso de paz


ASÍ LA VEO YO - Año 10

‘Ciertamente’ no se equivoca, que no se equivoque Colombia

Por Juan Rubbini
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“No pienso detenerme ante un obstáculo porque entonces pierdo el camino hacia el que me dirijo.”
(Daniela Rivera Zacarías, El poder de las palabras)


La Propuesta de Gaviria dio en el blanco. Acertó en el ‘Punto G’ del proceso de paz. En su parte más sensible.

Quiera Dios que algo bueno se concrete de tan oportuna iniciativa. Pero atención, la propuesta a poco de andar podría volverse impracticable al ser tantas y tan filosas las aristas del asunto que dejar satisfecho a todo el mundo y resolver el problema judicial de un universo tan vasto y variopinto luce a priori imposible de lograr.

Una de dos, Gaviria vio en el horizonte –o debajo de la alfombra- algo que Santos no acertaba a vislumbrar o detectar, o ambos están de acuerdo desde bastante tiempo atrás y solo ahora comparten que el momento es ya, porque mañana es tarde. Si Santos está de acuerdo habremos ganado un tiempo valioso, pero aun así a correr, que camarón que se duerme lo lleva la corriente.

Si lograr los acuerdos políticos con la oposición de Uribe no será sencillo, y ‘vender la idea’ a los grupos de presión de los DDHH necesitará cintura y paciencia, trabajarle al marco jurídico será de titanes, porque no se trata solo de conciliar internamente sino de no salirse del bloque de constitucionalidad que nos vincula con el mundo. O en todo caso, si se transita por sus bordes no correr el riesgo de despeñarse.

Lo que prima facie sorprende es que las Farc se hayan mostrado dispuestas a coincidir con la propuesta de Gaviria, lo que da al traste con sus ínfulas ‘autorreferenciales’ de hasta hace muy poco tiempo atrás. Rememeber Oslo 2012, por ejemplo. No solo se mostraban decididas las Farc a imponer su solución a todo el mundo, sino que para sus enemigos ‘paras’ y el Estado ‘criminal’ no habría otra solución que cárcel y exclusión.

El gran mérito de la propuesta de Gaviria es que ubica el proceso de La Habana en un contexto mayor, notablemente más amplio y abarcador, donde las Farc no son ya el ‘ombligo del mundo’ ni el único nudo a desatar, sino apenas una de las manifestaciones prominentes del fenómeno histórico conocido como ‘conflicto armado colombiano’ donde interactúan y confluyen no solamente diversos actores sino múltiples intereses y en consecuencia una gran variedad de implicados, judicialmente llamados a declarar y políticamente obligados a responder.

Colombia, está claro, no puede quedar como paria del mundo sembrando amnistías e indultos a diestra y siniestra. Sería un antecedente que la CPI no podría permitirse tolerar. Esto no resistiría el cuestionamiento internacional.

Sin embargo, el solo hecho que César Gaviria esté poniendo de relieve el ‘almendrón’ del conflicto armado y su solución política y judicial significa que semejante bulto de anzuelos ocasiona a estas alturas un enredo de tamaña magnitud que, o se sinceran las cosas y se ponen todas las cartas sobre la mesa o apague y vámonos de La Habana.

Si Santos ha metido su cabeza en algo por donde su cuerpo no puede avanzar, el problema político se vuelve inmanejable frente al uribismo que no da el brazo a torcer y, por el contrario, siente que va ganando la pulseada. Es cierto que las encuestas reflejan en estos días una mayor adhesión por la solución negociada que por la salida militar, pero también esas mismas encuestas comienzan a comprar mayoritariamente el argumento de los Uribe y los Ordoñez: paz sí, solución negociada sí, pero sin impunidad, con condenas y penas alternativas si cabe, pero siempre y en todo caso sin negociar la agenda del País solamente con las Farc.

Cuando Santos aseguraba que la negociación sería de meses y no de años, intuía que si el proceso se pasaba de su ‘cuarto de hora’ y demoraba en el horno saldría chamuscado, imposible  de masticar y digerir; imposible entonces de ‘vender’.

La paradoja de todo esto es que Justicia y Paz emerge ahora como lo que siempre ha sido y no se ha querido reconocer, ni en Casa de Gobierno ni en La Habana: el hito fundacional en Colombia de la Justicia Transicional y como tal comenzará a ser valorado en su justa medida aun por quienes denostaron de él y jamás pensaron que todo el lodo echado sobre Justicia y Paz ahora comenzaría a dificultarles el caminado también a ellos. No olvidemos que Justicia y Paz terminó siendo aceptada por la Comunidad Internacional y la misma CPI, no como la panacea pero seguramente sí como un bien tolerable y aceptable si de avanzar hacia la Paz de Colombia se trataba.

Las Farc, conscientes del riesgo que empiezan a correr han salido a aplaudir la propuesta de César Gaviria, cosa que no habrían hecho jamás apenas un poco de tiempo atrás cuando pensaban que tenían todavía la sartén por el mango. Ahora ven que si no hay solución política y judicial para todos no la habrá tampoco para ellos, y que si el paz y salvo no es para todos, tampoco ellos lo obtendrán.

E incluso así, una propuesta como la de Gaviria es casi un imposible que termine satisfaciendo a todo el mundo, pero mientras las Farc obtendrán mucho menos que lo que pretendían, los demás actores y sus ‘colaboradores’ obtendrán algo en su favor que sin las Farc de por medio tampoco obtendrían. Como dice el refrán “Definitivamente, nadie sabe para quién trabaja”.  

Maldita la gracia que les hará a las Farc tener que sumarse a iniciativas como la de Gaviria o similares que abundarán de aquí en adelante, por la necesidad de salvar algo de su ‘lista de mercado’ inicial.

En esta coyuntura sumamente complicada que amenazaba encallar en un callejón sin salida es una bendición que Justicia y Paz haya seguido en pie, que a partir de hace diez años atrás la Justicia Transicional haya desembarcado y echado a andar en el país y que con la inminente libertad de los ex comandantes y mandos medios ‘paras’ lo que quedó mal hecho en Ralito se pueda recomponer y poner al servicio de los acuerdos específicos de paz que en La Habana se están adelantando con las Farc. No olvidemos que tras los acuerdos que pongan fin al conflicto con las Farc nada impedirá que farianos y autodefensas puedan unir sus esfuerzos con el Estado y el País entero en pos de implementar sobre el territorio nacional –sin excepciones ni exclusiones- la construcción de la paz.

El proceso de Ralito es un proceso inconcluso, no un proceso roto, y la voluntad de llevarlo a buen puerto permanece intacta, en el corazón de quienes fueron sus artífices, y hoy están en las cárceles o en la oposición democrática. Ojalá que pese a todos los obstáculos el proceso de La Habana logre sus propósitos y que no tengan las Farc y sus víctimas que pasar por el via crucis que han pasado las autodefensas y sus víctimas, en todo caso siempre será mejor que reciban penas alternativas y no prisión, entre otras cosas porque la prisión tras un conflicto armado huele a ley de talión, a venganza, y poco y nada ayuda a la resocialización, la reconciliación.

César Gaviria no se equivoca en su Propuesta, pero sí sería un tremendo error que Colombia no entendiera y por no entender no apoyara que la iniciativa de César Gaviria tomase cuerpo, se materializara y recorriese todo el camino que ha de recorrer si queremos realmente llegar al final del trayecto que desde la guerra nos conduce a la paz.

Bienvenidos al futuro, y si es de paz, es el único futuro que lo merece todo, de todos.


Así la veo yo.


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febrero 05, 2015

239. Quitemos las castañas del fuego antes que sea tarde

ASÍ LA VEO YO - Año 10

Para el lado de la paz

Por Juan Rubbini
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“Nuestra guerra más prolongada, la guerra de los Cien Años, no ha sido más que una disputa judicial, intercalada con episodios de armas.”
Paul Claudel




El ‘caso Uribe’ ha vuelto a calentarse y estar en el ojo del huracán, por la detención de María del Pilar Hurtado, obvio, y también por aquello de la ‘masacre del Aro’ en sus tiempos de Gobernador de Antioquia; también más indirectamente por el caso ‘hacker’ en la campaña de Zuluaga. Son dardos al corazón de Uribe y del Centro Democrático. Fácil asociar que las razones judiciales ‘estén contaminadas’ de razones políticas. Uribe ha sido no solo el enemigo público N° 1 de las Farc sino también el mayor opositor de Santos y de su ‘proceso de paz’. Además, Uribe no solo es un senador de la República, sino jefe de un partido político, el Centro Democrático, que le ha ganado la primera vuelta presidencial a Santos, y en la segunda vuelta cosechó siete millones de votos, muy cerca de la mitad del total de votos.

Santos, para concluir con éxito su proceso con las Farc requiere ‘asociarse’ con Uribe o liquidarlo políticamente. Y en el segundo caso que Uribe y el Centro Democrático dejen de suscitar apoyo popular masivo, además que sus tesis sobre el terrorismo y conflicto armado no hagan eco en la Comunidad internacional, en particular en el interior de la CPI. Ni digamos ya sobre la derecha del Partido Demócrata y los Republicanos muy cercanos a las posiciones de Uribe, así como el Procurador Ordoñez y su creciente influencia ‘política’ sobre la derecha colombiana y el Partido Conservador.

La consigna de Santos parece ser, o hundir a Uribe, o acercarlo al proceso de paz. Y para hundir a Uribe nada mejor que lograr ‘sin mover un dedo’ que la Justicia lo condene, sea por el asunto del DAS y las ‘chuzadas’, sea por ‘la masacre del Aro’, o algo relacionado con el ‘paramilitarismo’ o la campaña de Zuluaga.

Si Uribe está en graves problemas con lo anterior, también Santos corre el riesgo de perder liderazgo sobre los colombianos por su ‘ensañamiento’ con Uribe. Buena porción de la izquierda y todo el antiuribismo visceral son parte de la cruzada de Santos contra Uribe, pero hay todo un caudal político y un margen de ciudadanos muy amplio que desde la derecha llega a los umbrales del centro y se solidariza con Uribe no tanto porque éste tenga toda la razón y no se haya equivocado nunca, sino por un sentimiento de compasión (¿se dice así?) hacia quien observa perseguido hasta extremos poco justos. Y poco sensatos, agrego yo. Además, el abrumador peso mayoritario de los ‘antifarc’ aunque no se identifique con Uribe, si lo ponen a escoger entre Farc y Uribe, escoge a Uribe. Por esto digo que la maniobra de Santos es delicada, de destino incierto y le puede costar más dolores de cabeza que ganancias en términos políticos.

En el medio de esta controversia, la figura del Procurador Ordoñez ha ido creciendo, y este personaje, sin salir a defender a Uribe, ha entrado a influir cada vez más sobre la opinión con sus críticas al modo como Santos está conduciendo el proceso con las Farc, ubicándose muy cerca de las posiciones de Uribe, aunque haciéndolo con independencia del ex presidente y mostrándose abierto al diálogo con Santos para discutir con el actual presidente sus puntos de vista. Esto sucederá hacia mediados de febrero. Así que si Santos ha enfrentado hasta aquí a un solo peso pesado, Uribe, a partir de ahora, tendrá otro contrincante, que como el Procurador, nadie descarta podría lanzarse al ruedo presidencial en la campaña de 2018.

Llegados a este punto lo que quiero mencionar sobre el impacto en Justicia y Paz de la coyuntura actual es que la presión para obtener desde los postulados pronunciamientos y denuncias sobre Uribe se va a ir incrementando en la medida que el ‘caso Hurtado’ y el caso ‘el Aro’ arroje leña al fuego donde se pretende ‘asar’ al expresidente y llevarlo a la cárcel. Porque el primer caso cuestiona su presidencia, pero lo del Aro cuestiona su gobernación, así que toda la vida política de Uribe –como gobernante- se intenta una vez más judicializar.

Desafortunada coincidencia ésta de pretender, por un lado, unir todo el país detrás del consenso hacia el proceso de paz con las Farc y sus condiciones de legitimidad y viabilidad, y por otro y al mismo tiempo, desatar la ‘persecución’ a Uribe y al Centro Democrático.

No olvidemos que también Uribe, en su momento, pretendió hacer coincidir la negociación política con las Autodefensas con su agresividad verbal contra la izquierda democrática y la ofensiva contra las guerrillas, y todo ello en el medio del debate por sus veleidades reeleccionistas. Uribe entonces y Santos ahora repiten la historia y el imperdonable error de pretender hacer la paz con unos al tiempo de la mayor tensión y enemistad con los otros. Olvidando ambos que si la paz es el camino, no puede simultáneamente predicarse las bondades del diálogo por una parte y por otra lanzar misiles, convirtiendo la siembra de paz en un campo minado.

Ad portas de su libertad y al cabo de un largo periplo judicial los postulados de Justicia y Paz viven a esta hora las angustias de haber quedado en medio del fuego cruzado de quienes pretenden castigarlos de por vida y en cuerpo ajeno por no poder cobrársela a Uribe, y quienes acarician sueños de venganza en contra de ellos por haber dicho más verdades sobre lo criminal de la guerra y sus vericuetos en sus ocho años de proceso que en toda la entera historia del conflicto armado.

Para comenzar a revertir lo mal andado y comenzar a quitar las castañas del fuego bien haría el Presidente (y también el Fiscal) en no quedar envuelto entre la turba que pretende arrasar con Uribe, con todo su legado –incluido Justicia y Paz- y todo lo que huela a Centro Democrático. Y bien haría el ex presidente en aceptar la invitación de dialogar en Palacio, no para someterse a proyectos que no comparte sino para lanzar al país, al mundo y también a las Farc una señal poderosa, crucial en las actuales circunstancias: ningún sacrificio político se dejará de hacer en aras de conseguir la paz. Hace falta grandeza y no solo grandeza, también humildad. ¿Las tendrá Uribe? ¿Las sabrá valorar Santos? ¿Obrarán en consecuencia las Farc?

Entonces, sólo entonces, el camino hacia la paz lucirá despejado. Nada será sencillo. Pero al menos, jalaremos todos para el mismo lado, el lado de la paz.


Así la veo yo.


Los 239 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
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enero 30, 2015

238. "Al que le quepa el sayo que se lo ponga"

ASÍ LA VEO YO - Año 10

No es lo mismo diálogo que monólogo entre dos

Por Juan Rubbini
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“De Amós a Ezequiel, de Isaías a Jeremías, la convocatoria profética en la tradición judía ha sido siempre un llamado a vivir en el marco de la ley. La ley, enseñan los profetas, exige combatir la corrupción, considerar al prójimo, concebir como propios los ideales de quienes aspiran a convivir con equidad y respeto recíproco. La ley, enseñan los profetas, exige enfrentarse al delito, apartarse del desenfreno que implica la riqueza mal habida. La ley, tal como la entendieron los profetas, concibe la política como indeclinable ejercicio de responsabilidad cívica y al poder como un atributo sujeto a la ley. La ley recuerda sin cesar, en boca de los profetas, que ella solo existe si no se convierte en un recurso a disposición de las ambiciones sin límite de quienes gobiernan.”
Santiago Kovadloff, En el último adiós al fiscal Nisman



Dividir a los colombianos entre amigos y enemigos de la paz no solo es un error político, es también una colosal estupidez. Y de ñapa, una mentira.

Para llegar a la paz hay que abrir el diálogo, no entre dos partes, ni tres o cuatro. Dialogar entre todos los involucrados, todas las víctimas, todos los victimarios, todos los dolientes.

El diálogo no dará frutos de paz si se utiliza para estigmatizar a los que piensan distinto, tampoco si está al exclusivo servicio de posiciones ideológicas y políticas, mucho menos si se convierte en una mesa de póquer donde la simulación reina y el cañazo gobierna.

Mucho se habla del ‘conflicto armado’ pero ¿acaso alguien lo ha definido con precisión, lo ha contextualizado con objetividad, lo ha puesto blanco sobre negro en cuanto a sus actores, principales y secundarios, conexos y cómplices, sus promotores, sus beneficiarios, sus simpatizantes?

Seguimos aguardando el juez imparcial, probo e incorruptible, -por sobre todo justo- que nos ilustre a los ciudadanos, a tirios y troyanos, sobre las causas objetivas y subjetivas del conflicto armado, sobre el uso y abuso que se le da al altruismo y los ideales cuando se los pone al servicio de la violencia y el crimen, cuando la razón que debiera iluminar los entendimientos y pacificar las voluntades convierte a los humanos en monstruos que se devoran entre sí obnubilados por el poder, o alienados por no tenerlo. Los crímenes por políticos que sean, no dejan por ello de ser crímenes, recordémoslo, incluso los crímenes de Estado, finalmente crímenes son, sobre los cuales no cabe ensayar vanas justificaciones, mucho menos apologías a diestra y siniestra.

Ningún criminal, político o no político, merece eludir el recto juicio de la justicia. Dicho esto, Colombia merece, su población merece, vivir en paz y en justicia, social y de la otra. Condenas sí caben para el delincuente, político o no político. Sin embargo, si la solución política pronta y definitiva del conflicto armado así lo exige, las penas alternativas a la prisión también caben, y son bienvenidas no como el supremo bien, está claro, sino como el mal menor, como el precio que la sociedad acepta pagar por culpas propias y ajenas, por errores y omisiones, de los que solo muy pocos están exentos en 50 años de guerra.

Ni las Farc ni el presidente de Colombia pueden ni deben darse el lujo de excluir el aporte que terceros, desde dentro y desde fuera del conflicto armado, estén dispuestos a hacerle a la construcción de la paz y la reconciliación. No solo todos deben ser invitados sino todos deben participar, no se trata solo de derechos sino fundamentalmente de obligaciones para con la república y su democracia. El ámbito para diseñar y construir la paz es toda la nación y todo el pueblo. No tiene ninguna lógica ni cabe en ninguna cabeza que por un lado se acuerde entre las Farc y el Gobierno la repartición de áreas geográficas y ámbitos de poder, y por el otro se someta al resto de la población al dilema de aceptar a la brava lo acordado o inaugurar nuevas rebeldías y violencias.

Si pretendemos con manipulaciones y sesgos torcer el pescuezo de quienes piensan distinto y planteamos equivocadamente el camino hacia la paz no habrá premios nobel que nos consuelen como nación de habernos rendido ante las exigencias de lo fatuo, lo banal y apenas formal sin consultar lo más ancho y profundo del sentimiento nacional que no renuncia a su dignidad por conveniencia y comodidad, ni se somete ante los criminales, porten estos banderas revolucionarias o encarnen ‘dignidades’ del Estado, orgánicas o ‘paralelas’.

En vez de insistir con la falacia de ver altruismo y sensibilidad social allí donde prima el egoísmo y la hipocresía, y en vez de hacer de la paz una ilusión que aceita las autopistas del poder, no estaría de más que le pusiéramos un ‘tatequieto’ unilateral e indefinido a quienes lo justifican todo con tal de montarse sobre el sitial de mando, para una vez instalados allí pontificar sobre lo divino y lo humano, condenándonos a vivir y padecer sus extenuantes monólogos y sus ofensivos silencios, cuando no sus flagrantes contradicciones, cabalgando sobre nuestras espaldas y azotando nuestros costados exhaustos de tanta palabra hueca, mesianismo y frivolidad.

“Al que le quepa el sayo, que se lo ponga”.


Así la veo yo.


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