noviembre 09, 2011

183. Tras la pérdida irreparable de una vida valiosa (la de ‘Alfonso Cano’)

ASÍ LA VEO YO - Año 7

¿Qué festeja Santos… si los ‘goles’ son de Chávez?


Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com

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La triste y desolada muerte de ‘Cano’ despertó inevitable y puntual en mi memoria los ecos de otra muerte memorable y trágica, la del ‘Che’. Y desde otra esquina de la misma América dolida, la de Castaño. La historia se repite, y en este juego macabro, todos perdemos, unos la vida, otros la paz. Cuando la Paz finalmente se haga faltarán en la Mesa unos cuantos, sin embargo entre los presentes, ‘Cano’ estará presente, Castaño también. Por sus razones diferentes –y bien diferentes- no habrá paz en Colombia si no hacemos la Paz con los vivos y también la hacemos con los muertos. Paz en su tumba. En todas las tumbas.

La muerte en combate de ‘Cano’ –pérdida humana irreparable que ciertamente exigía un excepcional esfuerzo que no existió por parte del Estado para preservar su vida- inaugura un abanico de perspectivas e incógnitas. El Gobierno nacional sigue empeñado en imponer sus condiciones por encima de la concreción del diálogo, insistiendo en conseguir la rendición del enemigo por sobre cualquier intento de iniciar la búsqueda de acuerdos. Esto no puede sino entenderse como que el Gobierno descarta –al menos en el corto plazo- la conveniencia de la solución política y –en clave metafórica de las así llamadas ‘llaves de la paz’- persigue ganar tiempo y capital político –en su pulso con Uribe- e insuflar y diseminar el ánimo triunfalista sobre que ‘así vamos bien’ y después de ‘Cano’, ‘vamos por más’. El Gobierno está en su derecho al proceder así pero si se trata de derechos no es menos derecho el que los colombianos tenemos de vivir en paz. Y es precisamente este ‘derecho a la Paz’ el que Santos tácticamente promueve en el Congreso mientras la estrategia de guerra encabeza como primera opción y tal vez realmente la única consistente en marcha.

El triunfo de Petro en Bogotá quiere presentarse como que las equivocadas son las Farc sin detenerse a pensar lo suficiente que no se trata de caminos antagónicos –los tomados por Farc y M-19- sino de ‘vidas paralelas’ cuya convergencia se ha de producir más adelante al calor de alguna coyuntura propicia, no necesariamente como fruto del maquiavelismo de algunos líderes o ideólogos de izquierda, sino porque las ‘condiciones objetivas’ son el caldo de cultivo de explosiones de la pólvora, o de explosiones en las urnas, criminales unas y democráticamente inobjetables otras como las ‘populares explosiones de las masas’. Finalmente, los hermanos Castro y los hermanos Chávez, no difieren tanto en sus objetivos como en sus métodos. Se ha utilizado tan frívolamente el concepto ‘combinación de todas las formas de lucha’ que ya nadie acierta a comprender su significado político ni su aplicación práctica a las actuales situaciones donde tal vez no quede actor de la política que no participe consciente –o inconscientemente- de alguna de tales combinaciones. En todo caso, valga decir que tras la muerte de ‘Cano’ no solo la ‘vía’ de Petro se fortalece sino también la influencia de Chávez en las Farc alcanzará muy probablemente su máximo esplendor. La desaparición física de ‘Cano’ puede haberle quitado a Santos –y al Establecimiento colombiano- el último reaseguro que existía en las Farc para neutralizar el poder de persuasión de Chávez sobre sus políticas al interior de Colombia. Una vez más se cumpliría aquello de que ‘nadie sabe a ciencia cierta para quien trabaja’.

¡Ojo!, no estoy diciendo que la influencia de Chávez sobre el tablero del conflicto armado interno vaya a ser nefasta –ni siquiera negativa- sino que ‘Cano’ aseguraba con su vida, con su sola presencia –incluso en una cárcel- que la solución política por más lejana que estuviese nunca necesitaría para concretarse de algo más que una modesta y diplomática –más modesta que diplomática- y más protocolaria que diplomática participación de Chávez y su régimen. Tampoco estoy diciendo que Petro vaya a salir disparado el día de asumir el cargo de alcalde a entrevistarse con Chávez y hablar a solas sobre qué hacer con las Farc. Pero, si comprender la geopolítica exige el arte de leer entre líneas –incluso ‘leer’ lo que jamás se ha escrito- hoy no sería para nada vano ni fantasioso sugerir que la victoria de Petro y la muerte de ‘Cano’ son dos goles que Chávez bien puede celebrar, mientras que ambos sucesos –o insucesos, según quiera verse- son dos goles en el arco de Santos –el de ‘Cano’, más precisamente, un autogol.

Sin embargo, la política es dinámica y no siempre las cosas son como parecen, y si lo son dejan de serlo por la fluidez con las que los actores políticos vuelven sobre sus pasos y atan y desatan los nudos con los cuales les toca lidiar. La pregunta del millón es ¿cómo utilizará Chávez la ventaja que Santos le sirvió en bandeja? No dudemos que la utilizará –en los próximos meses- en favor de su campaña presidencial al igual que se dispone hacer con el mandato del sucesor (‘su’ sucesor venezolano) de María Emma en Unasur. Así las cosas y con estos ingredientes 2012 será un año electoral en Venezuela y también lo será –por sus consecuencias- en Colombia. Si Santos es o no un gran jugador de póker nos aprestamos a verlo en acción ante Chávez cuando en 2012 sume o reste a los ‘intereses chavistas’ y al hacerlo sume o reste a la Paz de Colombia.

En cuanto a Petro no me choca verlo como alcalde y aspirante presidencial –tampoco como eventual facilitador de paz- pero lo que más me seduce de su ascenso político es su enorme significado como ‘desmovilizado’, como ‘hijo de un Proceso de Paz’ y la posibilidad que entreveo de abrir el juego –incluso en su Progresismo de amplia base popular- a la participación de los desmovilizados de las autodefensas cuyos líderes cumplen sus compromisos con Justicia y Paz y también aspiran a emular los pasos de Petro en la carrera política. Las orillas de origen son ciertamente opuestas pero las aguas que corren por su cauce no pueden ser otras que las de la legalidad y la democracia. Sobre las coincidencias o divergencias ideológicas del pasado casi todo está dicho pero sobre la confluencia de propósitos para construir la Colombia en paz del postconflicto todo está aún por proponerse, hacerse y escribirse.

Si desde una orilla el acento de hoy está puesto entre izquierdas o derechas, desde la otra el énfasis está puesto sobre federalismo o centralismo. ¿Contradicción insalvable o complementariedad deseable? ¿Desacuerdos insuperables o acuerdo sobre lo fundamental?

Por lo pronto, ya existe un primer gran acuerdo de hecho, no proclamado pero incontrovertible, entre el desmovilizado Petro, los desmovilizados de las guerrillas y los desmovilizados de las autodefensas: la guerra quedó en el pasado, el presente y el futuro pertenecen a la construcción política, justa y democrática. No sólo en Bogotá, en todo el país. No solo en los cascos urbanos, también en las zonas rurales.

Y lo más importante: incluir, argumentar, interactuar, confluir, también disentir, en la civilización del amor.


Así la veo yo.


Los 183 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

septiembre 27, 2011

182. Del monte a la política


ASÍ LA VEO YO - Año 7

Un clavo saca otro clavo

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
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“No hay que llevar a los hombres por las vías extremas; hay que valerse de los medios que nos da la Naturaleza para conducirlos. Si examinamos la causa de todos los relajamientos, veremos que proceden siempre de la impunidad, no de la moderación en los castigos. Secundemos a la Naturaleza, que para algo les ha dado a los hombres la vergüenza: hagamos que la parte más dura de la pena sea la infamia de sufrirla” (Montesquieu, El espíritu de las leyes)


Nadie puede asegurarnos que los pasos que va dando el presidente Santos lleven a conseguir la paz pero tampoco puede afirmarse lo contrario, es decir, que no vayan a dar en el clavo. Y como un clavo saca otro clavo por qué no pensar en positivo y ponerse en favor del clavo que es y no del que ni es ni deja ser.

Si la paz es el clavo que es y la guerra el que no es ni debe ser, habrá que seguir martillando sobre aquello que conspira contra el fin de las hostilidades y martillar sin que ello se confunda con sacar leña del árbol caído.

Porque si no faltan quienes ven en el triunfo de la Revolución socialista la única solución deseable, tampoco son tan pocos quienes quieren exterminar de esta Tierra y del Universo entero cualquier guerrillero, cualquier paraco, cualquier narco o simple traqueto, por más muestras que haya dado o esté dispuesto a dar para salir de la ilegalidad y reinsertarse en la sociedad cumpliendo a cabalidad las condiciones exigidas y recibiendo como contrapartida el libre ejercicio de sus derechos ciudadanos. Como cualquier buen vecino, porque de eso se trata la reconciliación, no de estratificar ni excluir en función del pasado sino de ser iguales ante la Ley, iguales en todo, incluso en el ejercicio de los derechos políticos.

Con motivo de la radicación que hiciera días atrás en el Congreso, el Senador Roy Barreras, de una propuesta de Acto Legislativo que busca “darle coherencia a los diferentes instrumentos jurídicos de justicia transicional” en el caso de “los miembros de grupos armados organizados al margen de la ley que se desmovilicen en el marco de un proceso de paz con el gobierno nacional” las reacciones no se hicieron esperar.

A los alzados en armas y a quienes se han desmovilizado en los años recientes les preocupa ¡y cómo! el tránsito de la lucha armada a la vida civil. Pululan los riesgos que amenazan la debida confianza, desde otro posible ‘conejo’ como el que utilizó Uribe con los paras, pasando por las presiones de la extradición, o la mirada expectante de la Corte Penal Internacional, con el aditamento de una Ley de Justicia y Paz que cual ‘agujero negro’ hace de la verdad un objetivo imposible y de la reparación una multiplicación de obstáculos, todo lo cual se interpone perversamente entre los sueños del regreso a casa y la terca realidad.

Víctimas y victimarios se colocan por este cúmulo de situaciones en la paradoja de tener por primera vez intereses comunes lo cual abre un ancho camino de colaboración mutua cuyos efectos sobre la salud del país están todos por verse pero prometen en el horizonte una reconciliación cierta y a toda prueba si la legislación se pone a la altura de las circunstancias, y los legisladores y el Presidente advierten en su exacta medida que en el período inédito que atravesamos un toque de imaginación y una pizca de audacia pueden producir el milagro.

La Unidad Nacional para gobernar –hasta aquí poco asimilada y escasa de frutos visibles- está llamada a alcanzar en los próximos meses y a medida que la propuesta de Acto Legislativo avance en sus etapas en el Congreso un protagonismo cuyos efectos políticos –incluso sobre la oposición- pueden producir en los actores armados ilegales –y en los ya desmovilizados- una corriente de confianza y adhesión que será directamente proporcional a la credibilidad que logre despertar la iniciativa parlamentaria -¿o más propiamente de Santos?- en el establecimiento económico, en la sociedad civil y en la Comunidad internacional.

Todo está por verse. Todo está por jugarse. No valen aquí los apresurados ni los retardatarios. Pero lo que no sucede en años ni en décadas puede suceder en pocas horas, en pocos días, en pocos meses.

Ante estas perspectivas ¿encontraremos el modo -como sociedad- de estar dispuestos, llegado el momento, de quitarles a unos y a otros actores armados ilegales el calificativo de ‘terroristas’? ¿de reconocer que a pesar de los pesares y los terrores, y con todo su pasado criminal a cuestas, su actuación en el conflicto social y armado no pudo no tener un norte político?, equivocado en sus métodos pero discutible y polémico esbozo de `programa político’ al fin de cuentas… donde los unos luchaban por la victoria de su revolución y su ‘modelo’ de sociedad y sus contrincantes daban la pelea por la derrota del proyecto revolucionario y por un ‘modelo’ de sociedad, ciertamente no marxista, que también se ‘rebelaba’ desde las vísceras y a su modo y 'a las malas' contra un ‘estado de cosas’ que ni los defendía ni los orientaba por donde debió hacerlo.

Al fin de cuentas no todos querrán lo mismo al desmovilizarse, cada cual querrá una solución a su problemática acorde con su vocación, con sus preferencias. No todos pensarán su futuro como actores de la política, ni todos lo querrán dentro de las mismas agrupaciones. No se trata de reivindicar una sigla, ni de endiosar una organización u otra, mucho menos de hacer apología del delito ni incitar a otros a proseguir en cuerpo ajeno lo que se dejó atrás al desmovilizarse. No será sencillo delimitar los campos ni los tiempos ni las palabras pero el legislador tendrá que hacerlo y lo hecho habrá que respetarlo y respetarlo a rajatabla.

Habrá que aceptar que no se vuelve de la guerra para ser ciudadanos de segunda, así como también habrá que aceptar que no se vuelve a la civilidad para imponer las propias reglas sino para cumplir las reglas de todos.

No sé cuántos votos sacarían ‘los Cano’, ni ‘los Gabino’, ni cuántos sacarían ‘los Mancuso’, en hipotéticas campañas futuras, no sé tampoco si querrán dedicarse a la política o si haber pasado por la guerra, la desmovilización y la cárcel ya fue suficiente lucha militar y política en favor de la causa que creyeron justa y por la que –cara y cruz de la misma moneda- arriesgaron sus vidas y acabaron con tantas otras y vieron caer a tantos otros amigos y enemigos.

Sobre hipótesis todas son válidas y dentro de la Ley todas debieran ser admisibles y admitidas. Así como la guerra tiene sus peligros, la paz también navega entre riesgos y amenazas, pero así como en Colombia a nadie que lo quiso se le ha negado la posibilidad de tener su fusil, ahora, cuando el clamor por la paz se hace cada día más fuerte y persistente, a nadie que ofrezca cambiar su fusil por un voto, o por millones de votos, se le debiera negar la posibilidad de hacerlo.

A eso le apunta el proyecto de Acto Legislativo y a su éxito le apuntamos quienes creemos que estamos ingresando al terreno del milagro, al tiempo emblemático de ver erguida en el monte –en todos los montes y las selvas- la bandera de la democracia y la libertad, y abierto en el corazón de la patria un espacio generoso y amplio para aquellos que viniendo de la guerra están dispuestos a dejarla definitivamente atrás.


Así la veo yo.


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agosto 31, 2011

181. Si quieres conducir hacia la paz, entrega ‘las llaves de la guerra’

ASÍ LA VEO YO - Año 7

Cuando uno escribe sin pelos en la lengua sobre estos temas no sabe si lo van a tomar por loco, por estúpido o por suicida

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
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“Tengo una esperanza demencial, ligada, paradójicamente, a nuestra actual pobreza existencial, y al deseo, que descubro en muchas miradas, de que algo grande pueda consagrarnos a cuidar afanosamente la tierra en la que vivimos” (Ernesto Sábato, La resistencia)


Si Santos quiere de veras hacer la paz de Colombia ¿por qué no arroja las malditas llaves de la retórica al mar y en vez de lanzar condicionamientos y pen-ultimátums se dedica seriamente a dialogar con quienes están alzados en armas? O mejor todavía, ¿por qué ‘ahora mismo’ –mientras Farc y Eln deliberan y deciden- no se dedica Santos a cerrar el capítulo de las autodefensas, que tienen todo el tiempo del mundo para contarle al oído cómo fue lo de Ralito, y no solo eso, sino qué es lo que aprendieron sobre los caminos de guerra para desandar lo andado en armas y volver a caminar –de la mano con el Estado, sus antiguos enemigos y la sociedad entera- por los caminos de la paz.

Lo de las ‘llaves de la paz’ que hace un año despertaba esperanzas, tras un año de ni fu ni fa, hoy suena a puro verso de ‘vendedor de humo’ que ni lerdo ni perezoso pretende ganarse el Paraíso con indulgencias ajenas. Porque la paz se hace haciendo, y lo que el Gobierno sigue haciendo de guerra tiene menos que en tiempos de Uribe, pero en cuestiones de paz tiene aún mucho menos que en aquellos tiempos. Porque si a Pastrana hay que reconocerle lo del Caguán, a Uribe hay que aplaudirle lo de Ralito.

Porque aquello merece críticas, feroces críticas, si se quiere, pero también merece aplauso el intento, que construir la paz no es ‘soplar y hacer botellas’ sino intentarlo y volver a intentarlo, hasta lograrlo. Que la grandeza no está en no haber caído nunca sino en saberse levantar tras la caída. Pastrana se equivocó pero se le abona el esfuerzo y la buena fe, Uribe también se equivocó, pero ambos apostaron por los hechos, no por anuncios, ambos se pusieron las ‘botas pantaneras’ y le dieron una oportunidad a la paz. Por ahora, Santos ni eso, solo llaves por aquí, llaves por allá, pero cero pollito a la hora de jugarse en serio y asumir el desafío.

Hay quienes creen que 2012 será el año de la locomotora de la paz. Unos justifican la demora de Santos apelando a que el presente es un año electoral, a que Santos cuenta con Chávez y éste prefiere ser protagonista de la paz en 2012 (año electoral en Venezuela). Otros añaden que 2012 será un año electoral en EEUU y Obama quiere dar muestras que lo del Premio Nobel de Paz no le fue otorgado en vano. En fin, no faltan los ‘apocalípticos’ que recuerdan que según el calendario maya 2012 será el año del fin del mundo y por tanto mejor irse al otro mundo en paz y no en guerra.

Lo anterior suena bien, al menos el tema de la paz está en la boca de todos los columnistas –hasta de los uribistas, aunque con los pelos de punta- y si toca esperar hasta 2012 para que los astros que rigen a Santos, Chávez y Obama se alineen pues esperemos pero con una condición, al menos de parte mía: Por favor, Santos no más ‘mamadera de gallo’ con lo de las ‘llaves de la paz’. O al menos, innove Sr. Presidente, por ejemplo con algo así como ‘Si quieres conducir hacia la paz, entrega las llaves de la guerra’. Porque tal vez de esto se trate, que Santos esté confundido y las llaves que esté utilizando no sean las de la paz sino las de la guerra, y así confunde a todo el mundo, no solo a las guerrillas, también a las bacrim.

Pero, insisto, si la cosa va en serio, tendrá que comenzar por lo que está más a mano, aunque tenga que hacerse Santos su viajecito a los EEUU, y hablar esta vez no solo con Obama, sino también con Mancuso, con los ex jefes paras extraditados. A Uribe no le va a gustar nada pero qué le hace una mancha más al tigre… ¿no dicen por allí que no hay día que pase sin que Santos le saque la piedra a Uribe? Claro, que Santos podría evitarse el viaje a las cárceles gringas y pedirle al Departamento de Estado que utilice sus buenos oficios y repatrie a Colombia ‘la verdad extraditada’ como un homenaje a Justicia y Paz, y a ‘Trinidad’, ‘Sonia’ y ‘Vargas’ como ‘guiño’ a las Farc y señal que las cosas se hacen haciendo y ‘los Santos vienen marchando’, esta vez en son de paz.

Cuando uno escribe sin pelos en la lengua sobre estos temas no sabe si lo van a tomar por loco, por estúpido o por suicida.

Por si las moscas, vaya esta aclaración, suicida no soy ni quiero serlo. En cuanto a lo de loco o estúpido, admitamos el beneficio de la duda, que si pedimos autocrítica bueno es empezar por casa.

Que me llamen loco o estúpido no me ofende, ni me incomoda, lo que sí me resulta estúpida y loca es esta guerra insoportable y anacrónica que más se prolonga y más víctimas y daños produce, más la llevamos a la larga y peor habla de Colombia, sus Presidentes y sus alzados en armas.


Así la veo yo.

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julio 14, 2011

180. Las llaves de la Verdad son también las llaves de la Paz



ASÍ LA VEO YO - Año 7

El equívoco del ‘yo con yo’ y la necesidad histórica de superarlo ya

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
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“Nadie puede cambiar la verdad, lo que podemos y debemos hacer es buscarla, hallarla y servirla” (San Maximiliano Kolbe, asesinado en 1941 en el campo nazi de Auschwitz)


Si las guerrillas colombianas han sobreactuado su ‘relato’ del conflicto armado hasta volverlo caricatura y panegírico, con algo de verdad y mucho de autojustificación, sin asomo de autocrítica, por el lado de los ‘paras’ el ‘mutis por el foro’ ha sido la constante. Salvo en contadísimas ocasiones se han limitado a los estrados judiciales y la autoincriminación, permaneciendo ausentes del debate político ante la opinión pública. Ambos ‘relatos’ tienen raíces en la historia y asideros en la realidad, y en este sentido, material de interpretación no falta ni está de más, pero la verdad verdadera ¿la conoceremos en esta vida, o tendremos que esperar a la otra? Para estas verdades sin conocer no faltan oídos dispuestos a oír, ni ojos dispuestos a ver, para poder creer o descreer. ¿Por qué el Gobierno no propicia que los colombianos y el mundo podamos escuchar a los actores del conflicto –y de la desmovilización- y sacar conclusiones sin censuras ni distorsiones, sin limitarlos al ámbito judicial ni a la mera propaganda?

Así como las guerrillas se representan a sí mismas más que a quienes dicen representar, el ‘yo’ de los ‘paras’ se distingue y bastante del ‘yo’ del Estado con quien se los quiere encasillar. Tal vez la diferencia más ostensible entre guerrillas y ‘paras’ es que aquellos son partes de un ‘bloque’ ideológico que a pesar de todo en el fondo los ‘admira’ mientras que estos son partes de un ‘ser nacional’ que se hace el ‘loco’ y calla entre pecho y espaldas ausente de los foros mas no de las razones y los porqués. Sin embargo, guerrillas y ‘paras’ constituyen a pesar de los pesares partes inevitables e irremplazables del ‘mapa político’ nacional y llegará el tiempo –me auguro- en que serán protagonistas de la democracia del postconflicto y los acuerdos de paz.

Un escandaloso costo humanitario y social, de confusión judicial y política, sigue pagando Colombia por no haber querido valorar debidamente las posibilidades que el proceso de diálogos con las AUC abrió entre 2003 y 2006 para alcanzar la paz y avanzar hasta el fin de los cultivos ilícitos. Y aún hoy sigue sin comprenderse y lo que es peor, sin querer comprenderse.

Aquello que fue descalificado no sin malicia como un proceso de ‘yo con yo’ contenía en sus entrañas las simientes de la legitimación del Estado y la ‘revolución productiva del campo’ a partir del anuncio sin estridencias que en Santa Fe Ralito inauguraba con el Acuerdo del 15 de julio de 2003, entre Gobierno y autodefensas, lo que debió ser el ‘comienzo del fin’ de los cultivos ilícitos.

¿Quién dijo miedo a tal eventualidad? Por una parte, todos aquellos que se benefician de tales cultivos y de los eslabones que le suceden en la intrincada madeja de intereses que florece a su sombra. También se sumaron a la crítica despiadada –y por momentos descerebrada- quienes ideológicamente distinguen entre los crímenes supuestamente altruistas de los ‘rebeldes’ y los crímenes a secas, supuestamente ‘comunes’ de los ‘concertados para delinquir’. Por supuesto, también todos aquellos que consideraban que el ‘empoderamiento’ político de los desmovilizados de las autodefensas en la legalidad pondría en serio riesgo sus cacicazgos tradicionales y sus clientelismos cautivos. En fin, desde derecha y desde izquierda, desde el mismo Estado y la opinión de los medios, desde las guerrillas por supuesto, se volvió deporte nacional satanizar el intento, volverlo nada, incluso ‘extraditarlo’ y hundirlo inmisericordemente.

La realidad es tozuda y no pasará mucho tiempo antes que se retome -pero en serio- el proceso de negociación y sus consecuencias políticas que quedaron truncas cuando entre 2006 y 2009 el Gobierno de Uribe se desentendió del proceso de paz con las hoy ex autodefensas y desdeñó olímpicamente cualquier posibilidad de avanzar hacia la formalización de los acuerdos finales. Porque los ex comandantes sí cumplieron su parte y abordaron el componente judicial sin esperar que la fase política –interrumpida en 2006- se reanudara. E hicieron bien y la Historia se los reconocerá cuando llegue la hora de la rendición de cuentas. Entre otras cosas porque el Estado sigue reclamando Verdad, Justicia y Reparación pero se lo exige solo a las contrapartes, rebeldes o sediciosas, sin someterse a esos mismos principios éticos universales con humildad republicana, conciencia autocrítica y decisión de paz.

Para quienes siguen razonando en términos de ‘yo con yo’ las verdades que aportó y seguirá aportando Justicia y Paz han de servir de cara a la ciudadanía y la Comunidad internacional como contundente manifestación de realismo político y convicción democrática y civilista por parte de los desmovilizados ex jefes de las autodefensas. Porque hoy –a casi un año de ser Juan Manuel Santos Presidente- las condiciones de credibilidad en las más altas esferas del Estado son consistentemente más sólidas y van en camino de afirmarse definitiva e irreversiblemente en la buena senda de la legitimación estatal, de tal manera que temores y cavilaciones propias del mar de dudas y angustias sembradas en el corazón de los jefes desmovilizados en Colombia y los Estados Unidos por el torpe manejo del anterior Gobierno en cuestiones de paz habrán quedado total y afortunadamente superadas.

¿Podremos entonces aspirar por fin los amantes de la paz y la reconciliación a conocer en poco tiempo más –bajo la tutela y garantías de los máximos poderes del Estado, y dentro del marco próximo a ser reformado de Justicia y Paz- las verdades que aún permanecen bajo llave, incontrovertibles y a toda prueba, sobre la génesis, estrategia, motivaciones, ‘mandamases’ y ‘accionistas’ de las autodefensas en la fatídica guerra civil prolongada –de no tan baja intensidad- por el poder político, militar y económico?

Así no solo se hará justicia con la historia y con las víctimas de los fatales acontecimientos padecidos sino también se liberarán energías que yacen dormidas y que no demorarán en extender su mano solidaria y fraternal hacia la construcción de la paz con justicia, de la sociedad sin excluidos, de la auténtica reconciliación entre quienes han sido enemigos en la guerra y a quienes les sobran razones para demostrar su arrepentimiento sin más dilaciones y ofreciendo garantía eficaz de no repetición.

Justicia y Paz entrará en los próximos meses en tierra de definiciones, porque los tiempos se agotan y las paciencias tienen su límite y están a punto de estallar. Los márgenes se estrechan día a día, hora tras hora.

Llegó el momento coyuntural de acompañar con decisiones políticas al más alto nivel los justos e impostergables requerimientos de la sociedad, de las víctimas y también de los victimarios. El Estado no puede seguir colocándose en el cómodo y muy cínico rol de juez y parte. Porque mientras no reconozca y se haga cargo de haber sido parte del problema, jamás podrá ser auténticamente parte de la solución.

Es ahora o nunca, que lo que tenga que ser que sea, y lo que haya que decir se diga, o se calle para siempre.

Esto vale para todos los protagonistas, dentro y fuera del Estado: la cita con la Historia solo admite que haya conciencia de la Oportunidad –irrepetible-, correspondencia con la Verdad –imprescindible-, Amor por el Prójimo y la Entera sociedad, y por sobre todas las cosas Honrar la Vida.


Así la veo yo.

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