marzo 23, 2017

261. Es imposible vencer a quien jamás se siente derrotado

ASÍ LA VEO YO - Año 13 - II Época
Y con Vargas ahí...

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
................................


La II Época de Así la veo yo entrelaza tuits (@La Paz en Colombia) y el tradicional blog en búsqueda de síntesis, elocuencia, coherencia, brevedad y sencillez. Amanecerá y veremos si de la necesidad hicimos virtud y del riesgo una ventana abierta a la paz completa, pero completa de veras, por derecha y por izquierda.

La I Época finalizó con el triunfo del NO en el plebiscito de octubre. Pasaron seis meses (y uno que otro tuit (*) de la casa) desde aquel veredicto inapelable. Veredicto impactante, histórico ciertamente,  pero también ‘refrendable’, por obra y milagro de la locomotora cosmética. Veredicto popular que por su magnitud inesperada inclina la balanza del naciente posconflicto hacia el lado oscuro de los Acuerdos de La Habana. Actuados en Cartagena y teatralizados en el Colón, cuando alumbró aquello del ´gobierno de transición’ que De la Calle pretende presidir De la Mano De las Farc. El lado oscuro y no constitucional de los Acuerdos que el Gobierno no se sintió obligado a renegociar -y que las Farc defenderán a capa y espada de aquí a la eternidad- dará cuerpo a la previsible antítesis en las urnas de todos los del NO sumados con los del SO (sí, pero no) y los del NI (no, pero sí). Para todos hay, sin embargo, buenas noticias. ¿Por qué buenas? Averígüelo Vargas... 

Tras las presidenciales (y lo que sigue es futurismo...) unos se contentarán con que Germán no es ‘uribista’, otros hallarán consuelo en que al menos De la Calle no ganó. En cuanto a las derrotadas Farc De la Transición y los vencidos uribistas del NO, los astros trazarán hacia el futuro la vieja mejor estrategia a desempolvar: que haya Constituyente y Nueva Constitución para que se tumbe de una vez el Régimen que hace imposible la Paz, y el Sistema que hace imposible la Justicia Social. Pero con Vargas ahí... presidiendo el país, por cuatro años al menos... después se verá.

......

Si las Farc pretenden a partir de 2018 implementación de los Acuerdos con cogobierno de los ‘acuerdistas’  no es necesariamente por miopía política ... es también porque tras el camuflaje del pacifismo habanero operan profesionales rentistas del vivir de cuentas del Estado... así como activistas de causas perdidas pero bien financiadas cuyos hilos globalizados mueven derechas internacionalistas y ultramillonarias. Tan pragmáticas y postmodernas que su osadía más practicada recita que “derechas e izquierdas unidas jamás serán vencidas”. Mientras tanto, proliferan disidencias y reencauches elenísticos por si las cosas salen bien con De la Calle en la Casa de Nariño y con mucha más razón por si las cosas salen mal con Vargas ahí...

......

(*) A propósito de tuits de la casa, unos cuantos botones de muestra, en este caso del mes de febrero pasado:

9 de febrero
Es fundamental saber quién es tu enemigo, de lo contrario corres el riesgo de acabar pareciéndote a él

10 de febrero
No pueden quedar por fuera de la discusión los privilegios concedidos a las Farc para que ingresen a la política

11 de febrero
No hay admiración del “guerrero subversivo”; muy pocos piensan que esta guerra era necesaria

12 de febrero
La pelea de los ilegales por los vacíos que dejaron las FARC... (¿dejaron vacíos o los reasignaron?)

13 de febrero
De la Calle también pide coalición por la paz para ganar en primera vuelta (Ya lo había pedido 'Timochenko'...)

13 de febrero
Con De la Calle y 'Timochenko' vuelve y juega el viejo truco de pretender polarizar entre amigos de la paz y amigos de la guerra...

13 de febrero
Hay quienes denuncian 'paras' creciendo por doquier (con razón se preocupan) pero callan q también crece número de guerrilleros enmontados

13 de febrero
¿Celebrar la 'paz completa' incluyendo solo a Farc y Eln ignorando exclusión de exAUC en el proceso de reconciliación y derechos políticos?

13 de febrero
"Si el 'proceso' le dio a Santos el Nobel, ¿por qué no a De la Calle la Presidencia?" (tiene su lógica... no vaya a creer)

14 de febrero
La Justa vara del Estado debe hacer Justicia y reconocer los derechos políticos de desmovilizad@s exAUC en plano de igualdad con Farc y Eln

14 de febrero
Lecciones de paz desde Irlanda: Hay que cumplir las promesas (no solo a las Farc, también a las AUC)

14 de febrero
Si problema es grave con 'narcoparamilitares' ¿por qué no se dialoga políticamente con exAUC desmovilizadas, que harto conocen del fenómeno?

14 de febrero
Las exAUC están demoradas en hacerse oír y constituir formalmente una agrupación social de paz y reconciliación con vocación política

15 de febrero
Aceptar camino civilizado y legal, con el cual se puede cambiar cualquier ley. Eso es democracia; lo demás, ganas de marear (Bieito Rubido)

15 de febrero
Retuit de @GramaticaReal:
Hay tres cosas que no soporto ver en las redes sociales: —El racismo. —La mala ortografía. —Las ofensas.

15 de febrero
Para q' la Paz sea completa, para q' la Paz no quede coja, Guerrilleros y Autodefensas deben Conversar y Reconciliarse, ambos y con la gente

16 de febrero
La verdad al servicio de la convivencia civilizada (pero que sea la verdad-verdad, no la de una narrativa parcial)

18 de febrero
Promover "la gran conversación" entre actores que lo fueron y lo son del conflicto armado debe ser prioridad para cimentar la Reconciliación

24 de febrero
¿Nos quieren 'adoctrinar' desde ya en que con las 'disidencias Farc' tb habrá que negociar? ¿Entonces por qué no con Gaitanistas ya?

24 de febrero
Hay que negociar con ELN, también hay que llevar a buen término negociación con exAUC que quedó trunca; la PAZ es COMPLETA si es con TODOS

27 de febrero
El Gobierno se empeña ¿deliberadamente? en confundir el 'derecho a la paz' con el 'derecho al suicidio asistido... de la democracia"...

28 de febrero
"No se entiende bien de qué se habla mientras no se sepa desde dónde se habla" (Jean Palette-Cazajus)

...

Hasta todos los momentos.

Así la veo yo.


Los 261 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com / Los tuits a los que hacemos referencia se encuentran en @La Paz en Colombia




septiembre 28, 2016

260. Si mi voto definiera el plebiscito...

ASÍ LA VEO YO - Año 12
La firma de Cartagena blindó el fin del conflicto armado con las FARC

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
................................


La firma de la paz en Cartagena ha quedado –por eso de las agendas políticas- en segundo plano ante la inminencia del plebiscito. Sin embargo, la firma ante la Comunidad internacional tiene una connotación tal, que bien puede decirse que el Gobierno y las Farc se ataron el lunes de ‘pies y manos’ para responder una eventual –y altamente improbable- victoria del No con un impensable a estas horas “rompimiento del cese de hostilidades”. Ni al Gobierno ni a las Farc les daría la cara ni el cuero para responder ante la Comunidad internacional con un regreso a la guerra como muestra de disgusto y despecho ante la libre expresión popular que manifestara No a estos acuerdos, y reclamase victoriosamente  la ‘renegociación’.

Lo anterior viene a cuento de la propaganda que insiste, aun tras la firma del lunes, que la consecuencia de una derrota del Sí significaría una vuelta a la guerra. A estas alturas del paseo y tras la firma protocolaria en Cartagena, es tan cierto aquello de que el Sí no asegura la paz, como también lo es aquello de que el No no propicia la guerra. Para ser justos, hay que admitir que en ninguna de las publicidades y discursos del No, sus defensores, incluso sus defensores a ultranza, invitan a votar por el No como camino para retomar el conflicto por la vía de las armas. Si esto hubiese sucedido –lo de invitar a votar por el regreso a la confrontación armada- otro gallo cantaría y otro sería el contenido de esta columna, tan amante y deseosa de la paz como la que más. Tan amante y deseosa de la paz que no se contenta con alcanzarla con las FARC, sino que también hace votos por alcanzarla con el ELN y dejarla bien amarrada también con las exAUC y sus ‘variopintos´ émulos indignados por los incumplimientos del Estado.  

Entiéndase bien, no estoy invitando a votar por el NO, sino manifestando mi opinión sobre que la firma y celebración del lunes - cualesquiera hayan sido los propósitos de sus organizadores a escasos seis días de la votación del plebiscito- blinda políticamente el ‘cese de hostilidades’ y el ‘fin del conflicto armado con las FARC’ de un eventual, y repito, improbable triunfo del NO. Y esto no solo porque ni Gobierno ni FARC tendrían argumentos creíbles para romper el proceso de paz ante un triunfo del NO, sino que tampoco quienes hubieran ganado con el NO tendrían argumentos creíbles para llamar a romperlo. Toda esta campaña por el plebiscito, tan dura y polarizante como resultó, ha sido muy clara y contundente sobre la inequívoca vocación de paz del pueblo colombiano.

Dicho esto y cumpliendo mi promesa de no comprometer mi voto del próximo domingo sino con mi conciencia, quiero poner fin a esta breve columna con una confesión personal.

En una de mis tantas conversaciones conmigo mismo de estos últimos días, y poniendo blanco sobre negro todos los argumentos en favor del Sí y del No, surgió de pronto un interrogante que me tomó por sorpresa y sumió mi mente en un mar del perplejidades. Fue una pregunta espontánea, totalmente intuitiva, sobre una cuestión que no he tenido ocasión de haber leído o escuchado en este tiempo de agrias polémicas y pertinaz propaganda, donde unos y otros confrontaron en defensa de sus legítimas aspiraciones por la victoria de unos o de otros.

La pregunta que me hice fue la siguiente: “Pongámonos la siguiente hipótesis: ¿si el 2 de octubre, súbitamente,  por un misterio telepático, y sin que absolutamente nadie llegara a saberlo, ni entonces ni después, recibieras la divina certeza que al votar por el Sí o por el No, tu voto definiría el resultado del plebiscito, inclinando la balanza hacia una de las dos opciones, qué camino escogerías?

Me tomé unos instantes para reponerme del shock, liberarme de subjetivismos y pasiones, de prejuicios y animadversiones...  pasaron entonces por mi mente infinidad de imágenes, recordé rostros y alegrías vividas, dolores y lágrimas compartidas, me sentí agradecido con la vida por tamaña responsabilidad, y pellizcándome el cuello para convencerme que no se trataba de un sueño, me dirigí hacia el tarjetón, como si fuera el penalti que no podía errar, que no debía errar... y marqué el SÍ...

El SÍ, al que considero tan éticamente correcto como el NO; el SÍ, al que considero tan humanamente válido como el NO; el SÍ que considero la otra cara del NO; alfa y omega de un abecedario que debemos completar entre todos, a partir del 3 de octubre.

Lo sentí como un penalti, lo viví como un penalti, y una vez convertido lo salí a gritar alborozado con todos los públicos de todas las tribunas.

Finalmente la Paz, no es una cuestión de equipos de liga, ni de colores partidarios, es una cuestión de Selección Nacional, de desarmarnos de rencores y resentimientos, y patear todos hacia el mismo arco.


Así la veo yo.


Los 260 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

septiembre 12, 2016

259. 3 razones escogidas para votar Sí

ASÍ LA VEO YO - Año 12
Con mis respetos al No y la abstención

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
...................................

Llegó con tres heridasPoema de Miguel Hernández – Música de Joan Manuel Serrat – Canta Joan Baez



Con esta columna comienzo a despedirme de mis escritos sobre la Paz de Colombia. 

Vendrá alguna columna más, tal vez dos o tres, pero voy disponiendo mi corazón en paz a lo que va llegando a su epílogo y que habrá de culminar con los brindis de diciembre. Han sido doce años de dejar constancia sobre una paz que, si ha resultado esquiva, lo ha sido más por la política de los políticos que por la voluntad de la gente, más por los intereses de unos pocos que por el anhelo de las grandes mayorías.

Quienes se han tomado el trabajo de seguirme durante estos años sabrán disculpar que haya decidido poner punto final a estos escritos, concebidos para leer entre pecho y espalda, entre líneas, para que admitan la lectura transversal, meditada, sin fanatismos ni dogmatismos, sin elegidos ni réprobos. Sin bajar línea, sin cazar brujas. Abriendo la mente precisamente allí donde las mentes se cierran.

Me llevaré conmigo, sin alarde, el voto del plebiscito, nunca fui apologista ni pretendí arrear bestias al redil. Intenté sembrar criterios allí donde se predica con 'palabra santa' y cartas marcadas. Intenté hacerme preguntas allí donde pululan solamente las respuestas. Intenté abrir sendero en la trocha no para llegar más lejos sino para que quienes vinieran detrás encontraran el camino en mejores condiciones de las que yo lo hallé.

El final del conflicto armado con las FARC me encuentra como hace doce años, igual de desarmado, igual de demócrata. Con más heridas pero la esperanza intacta. Con los mismos sueños pero más despierto. No llegué a escribir con la paz ante mis ojos, pero siempre con la paz en el horizonte. No llegué a ver a las Farc y las Autodefensas y el Eln en la política legal y en los foros de la democracia real pero hacia allá vamos, con mis columnas o sin mis columnas, lo mismo da. Lo importante es haber sembrado aquello que bien sembrado está, no es tiempo aún de cosechas pero siguen siendo tiempos que anuncian la paz auténtica. Lejana todavía, pero menos que hace doce años.

Del proceso de La Habana solo me queda el mal sabor de los que no participaron y de los que queriendo haber participado no les fue permitido ni se los tuvo en cuenta sino para agraviarlos en ausencia y sin derecho. Allá aquellos que aun celebran la paz parcelada, y tozudos, se niegan a incluir a los que permanecen por fuera y por historia y ‘prontuario’ no pueden faltar. Ya despertarán de sus vanidades los sectarios y excluyentes cuando dejen de mirarse en los espejos de sus pretensiones hegemónicas. O cuando los espejos se vuelvan añicos hartos de reflejar los rostros que pudieron sonreírle a Colombia y solo pretendieron sonreír a sus propios egos, henchidos a más no poder, por el dudoso privilegio de poder más que los demás.

Si la desmovilización de las AUC apostó a legitimar el Estado, la desmovilización de las FARC apunta a legitimar la izquierda, la más extrema, pero izquierda al fin y demócrata tal vez. Está bien que se haya hecho el intento, y son buenos los resultados alcanzados o a punto de alcanzar. Pudieron haber sido mejores, incluso mucho mejores, los resultados en ambos casos, pero en ambos casos el avance fue notable y en la dirección correcta a pesar de la mezquindad y la hipocresía.

Mi voto en el plebiscito no será harina de este costal, ni de cualquier otro que vaya a escribir de aquí al 2 de octubre. Así como hay buenas razones para votar el Sí, hay también buenas razones para votar el No. También sobran buenas razones para abstenerse de votar. Lo único que ya no cabe, con las FARC y AUC desmovilizadas es invocar la lucha armada en un sentido o en el otro. Y esto vale para el ELN y para quienes ocuparon el lugar de las autodefensas desmovilizadas. Es la hora de exigirle no repetición a los desmovilizados, y propuestas de paz serias y creíbles a quienes permanecen con el fusil al hombro. El Estado ha de tener la última palabra pero su primer gesto tras el 2 de octubre ha de ser tender la mano a quien vive y mata, sobrevive y muere, al margen de la ley, en contra de la ley, asumiendo la ley del monte como su única ley y su único norte.

No quiero acabar estas líneas sin mencionar tres razones que destaco para votar Sí, solo tres entre varias razones, que rondan mi corazón atribulado en estas horas inciertas de campañas envenenadas, de lado y lado, a ninguna de las cuales he querido adherir para no probar ni atizar el gusto amargo de la discordia y división nacional.

1. Las FARC entregarán sus armas y se comprometerán con el NUNCA MÁS a su guerra de guerrillas

2. Con las FARC desmovilizadas se allanarán las vías políticas y jurídicas para sumar al ELN y también a las bandas sucesoras de las AUC o ‘neoparamilitares’ a la construcción de Paz y Reconciliación.

3. Con las FARC desmovilizadas se procederá a la implementación de lo acordado. Y de la implementación de lo acordado se derivarán luego, no por arte de magia sino por filigranas de igualdad ante la ley, los mecanismos políticos y jurídicos para que las exAUC accedan finalmente a la recuperación de sus derechos ciudadanos y políticos plenos, en igualdad de condiciones con los desmovilizados de las FARC y del ELN y los ‘neoparamilitares’.

El triunfo del Sí no garantiza ciento por ciento que las 3 razones mencionadas se verifiquen ipso facto. Pero, si triunfa el No, esas razones se seguirán demorando y demorando, quizá hasta el infinito y más allá.

Si la consigna de la hora es POR UN POSCONFLICTO EN PAZ, las 3 razones señaladas son suficientes para inclinar mi voto hacia el Sí. Aunque no puedo asegurar aquí y ahora –sinceridad obliga- que, llegado el momento de votar, mi decisión final no vaya por otros caminos. Es mi derecho, y es el de Ustedes, amables y respetados lectores. No se engañen ni se dejen engañar: todas las opciones son válidas, son legítimas, cuando las avala la propia conciencia y libertad. Si destaco las 3 razones que menciono es por cuestión, digamos, de “coherencia intelectual y editorial”. No quiero ni debo echar por la borda doce años de escritos en dirección de la paz, de la paz incluyente, de la paz sin vencedores ni vencidos, sin sectarismos, sin revanchismos, donde todos los actores del conflicto armado reciban iguales condiciones de reincorporación a la vida social, ciudadana y política.

Tengan la confianza y la certeza que yo tengo y procuro transmitir sobre que por una vía o por otra la paz se demora pero llega, y llegará más temprano que tarde, cuando en el bus de la paz los que hoy van sentados muy cómodos, haciendo como que no ven lo que sucede afuera y abajo, hagan espacio suficiente para que nadie queriéndolo hacer, quede de a pie sin poderse subir, no ya al bus minúsculo y frágil, sino al territorio libre y pacífico, generoso y noble.

Haya Paz en Colombia, la Paz que nos merecemos, una Paz bien hecha, donde quepamos todos.


Así la veo yo.


Los 259 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están

a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

junio 28, 2016

258. Políticos, dejen a Colombia en paz

ASÍ LA VEO YO - Año 12
Seamos serios, por una vez, seamos serios

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
...............................


Desterrar el uso de las armas en el ejercicio de la política, de esto se trata en La Habana.

Subordinar la política al raciocinio personal sobre los acuerdos de La Habana, de esto se trata en el país nacional. O dicho con otras palabras, despolarizar la política para converger en el bien común de la patria, he aquí el imperativo moral.

La negociación la hacen entre Gobierno y Farc, pero su marco de referencia vale para todos, incluido el Eln quien actúa por estos días como si la cosa no tuviera consecuencias para ellos.

No más franquicias ni a derecha ni a izquierda para hacer política armada. Ojalá lo entiendan disidencias de unos y de otros, narcos metidos a guerreros, y guerreros metidos a narcos.

Vale para la derecha, vale para la izquierda, vale para los pichones de dictadores, para las sectas revolucionarias y contrarrevolucionarias, para los populismos carismáticos y autoritarios, para los codiciosos del poder,  los altruistas, los megalómanos, los narcisistas.

A partir de los acuerdos de La Habana no emergerá una Colombia en paz, eso está claro. Lo que subsistirá, llámese Eln, o llámese como se llame, será criminalidad lisa y llana, combatida como tal, sin eufemismos, sin concesiones, sin más destino que el sometimiento o la extinción.

Está en deuda el Gobierno de hacer claridad sobre el plazo que dispone el Eln para sentarse a negociar. Ese tiempo no deberá ir más allá de la firma de los acuerdos con las Farc. Maluco lanzar una invitación con fecha de vencimiento, pero ¿a qué más apelar si de lo que se trata es de desterrar el uso de las armas en el ejercicio de la política? ¿O alguien en sano juicio puede imaginar que tras la desmovilización de las Farc y entrega de sus armas a Naciones Unidas, Colombia y el mundo van a tolerar que otros grupos guerrilleros –y su variopinto revés de la moneda - pretendan someter al país en posconflicto con las Farc a otro medio siglo de victimización?  

Se comprende que las Farc sean reticentes en sus manifestaciones públicas sobre el Eln, y que también el Gobierno lo sea, mientras no están agotadas las vías de la negociación, pero en esta recta final que lleva a la firma de los acuerdos finales, y en todo caso antes de la refrendación en las urnas, no deben quedar dudas para nadie sobre hasta cuándo estará la mesa de la negociación dispuesta para que a ella acuda el Eln. Este ítem es crucial, mal haría el Gobierno, y mal harían las Farc si no aprietan las clavijas al Eln y explicitan las reglas del juego a las que el Eln habrá de atenerse.

Lo que está en juego es avanzar  con decisión en el propósito de alcanzar un posconflicto en paz. Y el primer test-match del posacuerdo con las Farc tiene nombre: Eln. Aquí se juega el destino de Colombia de cara al siglo XXI. Así como cualquier resabio de ‘paramilitarismo’ debe alertarnos a todos por igual –país, Gobierno, Farc- cualquier  paso en falso del Eln igualmente deberá ser objeto de atención prioritaria, más aún si hay evidencias concretas sobre cambio de brazaletes y pasaje de consignas.

No suceda que frente a las bacrim abramos bien abiertos los ojos –y está bien que así sea- mientras que frente al Eln y afines estemos tentados de hacer la vista gorda.

¡Ojo con el Eln, mucho ojo! No vayamos a lamentarnos cuando ya sea tarde de que no supimos o no quisimos desactivar el ‘frankestein’ a tiempo.

Dicho esto, una invitación respetuosa al uribismo: abandonen, por favor, y con una mano en el corazón, la atrabiliaria idea de convertir al Centro Democrático en el partido del no y la abstención. No caigan en la tentación de colocar a sus simpatizantes bajo la presión ideológica de someterse al vertical y taxativo pronunciamiento de su partido. Ofrezcan a cambio la bandera de la libertad de conciencia y responsabilidad plenas a sus dirigentes y corazones afectos y militantes sin hacerlos cargar con el insoportable peso de ir en contra de lo que les dice su criterio y su conciencia. Pongan sobre la mesa todos los argumentos que les hacen ver con angustia, con animadversión, con legítima preocupación los acuerdos entre Gobierno y Farc, pero no presionen a su electorado a escoger la vía del no ni la vía de la abstención. Dejen en libertad a sus votantes, confíen en su buen juicio y determinación. Por una vez, que sea el Partido quien sigue a sus partidarios, y no los partidarios a su Partido. No pretendan ni una victoria que sería pírrica, ni se sometan a una derrota de la cual no habrá Uribe que los levante. Acepten el veredicto de las urnas, pero no pretendan que las urnas sean la expresión de su voluntad partidaria. No en este caso, no tratándose de la sangre de Colombia, de la vida de Colombia, de la libre expresión de la voluntad personal y popular.

Obviamente, tampoco se trata de que inviten a votar por el sí. Ni siquiera el Gobierno ni las Farc debieran inclinarse a ello. La ocasión es única e irrepetible para que Colombia entera decida en su fuero más íntimo, y decida en total libertad sin manipulación ni constreñimiento algunos. Habrá tiempo después, todo el tiempo y toda la voluntad, para seguir haciendo política, oficialismo y oposición.

Colombia en su inmensa mayoría quiere la paz, quiere que se acabe todo tipo de violencia, y esto es transversal a partidos, movimientos, organizaciones, estratos sociales, campesinos, citadinos. Obviamente, no todos coincidimos en qué tipo de acuerdos habríamos negociado, o intentado afianzar. Pero, el momento histórico que atravesamos, la madurez evidenciada, los avances producidos, los sentimientos acumulados, deberían ser suficiente razón para recurrir con humildad democrática al constituyente primario y dejar en sus manos, en sus votos, la decisión final. Finalmente, las personas tienen derecho en su fuero íntimo a suicidarse, los partidos no, menos un País.

No se trata de escoger entre un liderazgo u otro, no se trata de convertir el ‘milagro en ciernes’ al que asistimos en esta coyuntura en un acontecimiento político partidista, ni oficialista, ni opositor, ni tampoco hacer un botín ideológico de algo tan esencial como lo que nos ofrece la historia una vez por siglo, o quizá una vez cada quinientos años o más. Discúlpenme los lectores la hipérbole, la desmesura, pero después de oír y consultar un sinfín de visiones y posiciones al respecto, no me queda otra pulsión que la de invitarlos –e invitarme- a ser serios, no pesimistas ni optimistas, serios, no derechistas ni izquierdistas, serios, por una vez, serios.

Lo que Colombia requiere en esta hora, lo que urge su pueblo que aflore es seriedad, seriedad, seriedad... con todo lo que ello implique en lo más íntimo y personal de cada uno.

Votar sí, votar no, o abstenerse no es lo determinante; lo determinante es aquí y ahora ejercer y defender el fuero personal, intransferible, indelegable, de votar como mejor nos plazca, piensen lo que piensen los Santos, los Uribe, los ‘Timochenko’, cada quien con sus opiniones, sus berretines y sus intereses.

Lo determinante es afrontar el desafío de la hora, del siglo, del milenio, con seriedad. Con seriedad y apelando a la conciencia, al sentimiento, a la razonabilidad para que Colombia se exprese ante la refrendación de los acuerdos oyendo la voz de su corazón profundo, de su mente más personal.

Que me disculpen los Santos, los Uribe, los ‘Timochenko’. Colombia necesita que cese el ruido, la propaganda, el discurso. Colombia necesita oírse a sí misma, y pronunciarse en consecuencia. Sea cual sea el resultado del plebiscito, Colombia habrá ganado y no hay pierde.

Porque oyéndose a sí misma, expresándose por sí misma, Colombia habrá dado un paso gigantesco hacia su destino como Nación, auto convocándose, no subida al hombro de ningún político, ni metida en el saco de ninguna ambición ajena, ni instrumentalizada su vocación pacífica por ninguna estrategia ni demagogia posible.

La paz es algo demasiado serio, demasiado frágil y vulnerable, para dejarlo en manos de los políticos.

Por una vez, solo por esta vez, políticos absténganse y dejen a Colombia en paz.

Así la veo yo.