agosto 20, 2015

247. Esta vez sí, esta vez sí

ASÍ LA VEO YO - Año 11
Las Farc deciden: o se abrazan a los acuerdos o se suicidan en el monte

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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«Uno no vive mejor si escapa de los demás, si se esconde, si se niega a compartir, si se resiste a dar, si se encierra en la comodidad. Eso no es más que un lento suicidio.» (Papa Francisco, Exhortación Apostólica, Evangelii Gaudium)



El cese unilateral de las Farc esta vez sí es el fin del fin del conflicto armado colombiano. Las Farc, como organización política, no tienen otra opción política que recorrer mansas y tranquilas el camino que lleva hasta la firma de los acuerdos. Esto aunque los acuerdos finalmente no las dejen totalmente satisfechas. La macabra andanada de terrorismo salvaje que precedió la declaración del cese unilateral vigente ha sido el último estertor de las Farc como actor político militar de un ‘conflicto armado’.

Podrán las Farc romper el proceso y volver al monte pero están notificadas por la sociedad y el mundo que si vuelven a empuñar las armas contra el Estado y la sociedad ya no será en calidad de actores de un conflicto armado sino como organización criminal y terrorista. Solo así considerado se entiende que para el Gobierno ya estemos transitando el posconflicto. Se acabó el margen de las Farc para pretender extender el conflicto armado. Ya no cabe marcha atrás. O caminan hacia adelante y se disponen juiciosas a un regreso honorable y desarmado al seno del campo democrático y constitucional, o se regresan al monte y serán consideradas –a todos los efectos- una banda criminal más.

Esta vez sí el santismo y el uribismo convergen estratégicamente. Todavía no políticamente porque ni Santos ni Uribe han terminado de procesar hacia el interior de sus propias fuerzas el significado del momento inédito e irrepetible en el cual hemos desembocado. Ya no queda espacio histórico para una insurgencia que pretenda ser considerada delincuencia política. Como tampoco existe ya desde la desmovilización de las autodefensas espacio jurídico para considerar la contrainsurgencia un fenómeno político. Dentro del Estado y la Constitución toda la rebeldía y todo el conservadurismo. Se acabaron definitivamente –y esto el Eln debe asumirlo sin más demoras- los márgenes de tolerancia políticos y jurídicos que hicieron posible el florecimiento de la justicia transicional que nació al calor del conflicto armado y que morirá inevitablemente con los últimos guerrilleros reintegrados a la vida civil y las últimas autodefensas puestas en libertad.

La antigua discusión de si las Farc y el Eln son delincuentes políticos o no, si las autodefensas lo fueron o no, ya no tendrá más sentido práctico ni eficacia jurídica, en una Colombia donde el conflicto armado ha sido superado por la marcha de la historia. Y no porque se vayan a acabar los rebeldes, ni los sediciosos, ni los que toman la justicia en sus propias manos, ni los amigos de la ley del talión. Sencillamente, no hay ya –hoy mismo- margen posible para coartadas ni leguleyadas que pretendan legalizar los crímenes y el terrorismo de cualquier naturaleza bajo el manto de la revolución o la contrarrevolución. La conexidad –laxa y perdonavidas- llegó hasta Ralito y todavía hoy hasta Cuba –donde negocian el Gobierno y las Farc- y Ecuador –donde ‘negocia’ el Gobierno con el Eln- pero ya no más. Hasta aquí llegó el conflicto armado, llámese esta estación terminal ‘Congresito’ o como se llame este pasaje del infierno al limbo, y del limbo al paraíso.

Las Autodefensas captaron –hacia dónde iba la historia- en 2003 cuando se allanaron a iniciar su proceso de paz con Uribe. Las Farc me auguro ya lo hayan entendido de tanto escuchar a sus asesores legales, sus amigos europeos y hasta yanquis. El camino que condujo a las autodefensas a Ralito era tan sin retorno como el que condujo a las Farc a Cuba, al Eln al Ecuador. Precisamente por esto, tienen tanta necesidad de hablar entre sí guerrilleros y autodefensas, así como fue necesario que comenzaran a dialogar con sus víctimas, a entenderse con el Gobierno, los políticos y la sociedad.

Paradójicamente y contra todo pronóstico, las autodefensas están hoy más cerca de ejercer la política en la legalidad que las Farc y el Eln. Esto no debe sorprendernos porque si algo es esencial e inherente a la Justicia Transicional es la verdad, la justicia y la reparación, obviamente también el compromiso de no repetición. También es igualmente esencial e inherente a la Justicia Transicional que quienes se sometan a ella recuperen íntegramente todos aquellos derechos civiles y políticos –derechos humanos al fin- que los combatientes perdieron en ocasión de su participación en el conflicto armado.

Y combatientes son aún hoy las Farc y el Eln como ayer lo fueron las Auc. Combatientes  y excombatientes que combatieron, mataron y murieron, por razones políticas. Razones políticas de izquierda y de derecha que chocaron como chocaron y victimizaron como victimizaron en un conflicto armado interno cuya conexidad se extendió por todo el país y todo el código penal.

Acierta Freddy Rendón Herrera, ‘el Alemán’, cuando a poco de salir en libertad declara que no le desea a las Farc la cárcel y que las ex autodefensas apoyan decididamente el proceso de La Habana.

Acertarán igualmente las Farc cuando acepten el brazo tendido por sus antiguos y encarnizados enemigos y manifiesten su intención de encontrarse con los ex autodefensas, si no por estos días en Cuba, muy pero muy pronto, libres y en paz, en la discusión civilizada y pacífica de las toldas políticas y democráticas de la Colombia nueva y reconciliada. Entonces sí y para siempre, estarán dispuestos a echarse lengua y no balas, a controvertir y acordar, por los votos, por el liderazgo y el bienestar de la gente.

Esta vez sí los tambores de guerra han comenzado a cesar definitivamente.

Felices los que trabajan por la paz, nos recuerda a diario el Papa Francisco.

Alguien tan cercano a Dios, como Su Santidad, sabe por qué lo dice, cuándo lo dice y a quiénes se lo dice.



Así la veo yo.


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julio 14, 2015

El papel del papa Francisco es fundamental para el proceso de paz

La W Radio, de Bogotá
El papel del papa Francisco es fundamental para el proceso de paz: Gianni La Bella
El administrador de la comunidad de Sant’ Egidio de Roma afirma, en diálogo con Julio Sánchez Cristo, que la Iglesia puede ayudar para que acabe el conflicto en Colombia.
Audio:

http://www.wradio.com.co/escucha/archivo_de_audio/el-papel-del-papa-francisco-es-fundamental-para-el-proceso-de-paz-gianni-la-bella/20150714/oir/2850378.aspx

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junio 01, 2015

246. ‘Se calentó la vaina’ pero también se cuecen decisiones de paz

ASÍ LA VEO YO - Año 11

Llegó la hora de mirarnos al espejo y dejar de ver espejismos
Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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«El hombre tiene que establecer un final para la guerra. Si no, la guerra establecerá un final para la humanidad» (John F. Kennedy)


Un pueblo noble y digno, a la vez humilde y generoso, como es el colombiano, jamás estará dispuesto a someterse al chantaje y la extorsión de la violencia y la arbitrariedad, pero siempre dejará abierta la puerta para ejercitar la clemencia y el perdón con quien asume sus equivocaciones, enmienda y rectifica. Si el Gobierno y las Farc –y también el Eln y las Bacrim- comprenden esto y actúan en consecuencia sabrán darle al proceso de paz la dimensión y los alcances que urge concretar para conducirnos de la guerra a la paz, de la exclusión a la inclusión. Si en cambio el Gobierno y las Farc –y también el Eln y las Bacrim- continúan obstinados en querernos hacer creer que se creen sus respectivas mentiras seguiremos condenados a cien años y más de un conflicto armado cada vez más generalizado y atroz.

Las recientes entrevistas de ‘Pastor Alape’ e ‘Iván Márquez’, publicadas este fin de semana, abren un minúsculo aunque innegable ‘rotico’ de cielo azul -de racionalidad y realismo- allí donde los cielos de La Habana y de Colombia continúan exhibiendo nubarrones negros y presagio de borrascas.

No está claro aún si la incipiente evidencia insinuada allí significa que la ‘real politik’ mate ideología en la mente de las Farc pero su sola manifestación permite albergar optimismo sobre que el proceso de paz podría no tener que permanecer indefinidamente bloqueado y ‘pataleando en el barro’.

Si el sabio refranero popular hizo suyo aquello tan viejo y conocido acerca de “que siempre que llovió paró” ¿por qué no imaginar aquí que cabe vislumbrar ahora que también en el caso colombiano aplica aquello de que siempre que hubo guerra la guerra terminó acabando?

El contexto reclama que también resulta necesario considerar, contemporáneamente, que ‘la vaina se calentó’. No en balde regresaron los bombardeos, los atentados, las masacres de lado y lado. Pero a diferencia de otros tiempos lucen anacrónicos como atavismos violentos ‘mandados a recoger’ cuya duración auguro no pasará de unas pocas semanas, suficiente para saciar el hambre de las aves carroñeras que pululan a un lado y otro de la mesa, y por fuera de ella.

Las Farc parecen haber aceptado finalmente y a regañadientes que su contraparte negociadora –ni digamos ya la opinión pública- las considere ‘derrotadas’, irremisiblemente ‘derrotadas’ en el campo militar. Y que la brecha vigente entre el Gobierno y la opinión pública no gira ya en torno a si guerra o paz, sino entre la amplitud y calidad de los hechos de clemencia a otorgar a los ‘vencidos’ como prenda de paz. O dicho de otro modo. ¿Hasta dónde cabe estirar el ancho, largo y alto de los caminos, puentes y puertas a través de los cuales los ‘vencidos’ podrán dignamente y sin padecer revanchismos –ni venganzas- reingresar a la vida civil, social, política y económica?

Lo que hasta aquí fue visto como concesiones exageradas y sin sentido, comienza a percibirse como un precio costoso –o más bien una inversión- en pos de conseguir algo tan necesario y valioso como la paz. Al menos la paz con las Farc, que aun no siendo toda la paz, no es poca cosa, considerando los males que ocasiona la prolongación del conflicto.

Las Farc comienzan a dar tímidos indicios de aceptar verse como realmente son y no como ellas siempre se han imaginado y relatado a sí mismas. No esperemos que lo admitan públicamente –no todavía- ni se den golpes en el pecho. Pero van en el buen camino de la conversión interior y hay que alentarlas en ese derrotero para que persistan a esta altura de sus vidas en una vía que aun siendo política es también y sobre todo esencialmente humana y humanista.
El giro de la negociación política a una política humana y humanista producirá el milagro que sus legítimas pretensiones no sean ya vistas por la sociedad como un chantaje al cual someterse a las malas sino como la oportunidad de ejercitar el arte de la clemencia y la hospitalidad con el ‘hijo pródigo’ dispuesto a volver a casa no como vencedor –tampoco como vencido- sino como hijo de la misma sociedad a la cual pertenecemos todos, incluidos políticos, empresarios, guerrilleros, militares, paramilitares, etc. etc. con los cuales un buen comienzo será el de incluirlos como invitados activos para la solución definitiva de los males de violencia y exclusión que todos padecemos, pecado social de una sociedad enferma y que enferma. Una sociedad que así como va, va moribunda, y así como muere también mata y remata, por acción y por omisión.

Dicho esto se comprenderá mejor la razón por la cual a las Farc no le interesa ya tanto lo que se vaya a acordar sobre lo divino y humano sino lo que se vaya a cumplir de lo acordado. Para que cuando entreguen las armas no les vaya a suceder lo que les sucedió a los ‘paras’, y que todos sus enemigos se abalancen sobre ellos, y a más del escarnio y la violencia, los sometan al vejamen y la injusticia.

No nos extrañe entonces que quieran influir decisivamente en la escogencia del próximo Fiscal de la Nación, del rumbo que tomen los poderes de la Justicia y la futura composición del Congreso y la escogencia del Presidente que suceda a Santos en 2018. Todas sus inquietudes al respecto son genuinas y atendibles y merecen respuesta dentro y fuera de la mesa de negociaciones. Razones de más por las cuales las propias Farc están llamadas a ensanchar y ponerle color más intenso al azul del ‘rotico’ en el cielo habanero al cual hicimos referencia al comenzar. Un decisivo y elocuente gesto en esa dirección sería declarar cuanto antes y con énfasis reconciliador y pacífico la reanudación del cese unilateral de hostilidades considerándolo esta vez como la piedra angular sobre la cual seguir avanzando en la construcción del cese bilateral y definitivo.

Sí señor, se ‘calentó la vaina’, pero esta vez también la sociedad y los mismos actores del conflicto, los que están en armas y los ya desmovilizados están llamados a pronunciarse en el sentido que así como la mesa está servida también los comensales están dispuestos a compartir su lugar en la mesa con todos los hombres y mujeres de buena voluntad que tras incontables equivocaciones y malos tratos y malos entendidos han renunciado definitivamente a victimizar al prójimo, a excluirlo de las soluciones y a someterlo a la arbitrariedad y la segregación.


Así la veo yo.


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mayo 21, 2015

245. Nunca se había llegado tan lejos para dar con Perogrullo

ASÍ LA VEO YO - Año 11
Ni ángeles, ni demonios: políticos negociando

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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Por favor, no olviden inspirar y espirar cada pocos segundos para no causar problemas sanitarios. Gracias.  


Las Farc siguen sin dar señales concretas, públicas y diáfanas, sobre cómo imaginan dar el salto del monte a la democracia. Me refiero al qué hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo, y dónde hacerlo. Su silencio al respecto puede tener que ver con una estrategia de negociación pero también cabe la posibilidad de que en su fuero interno nunca hayan considerado seriamente que llegue ese momento. Sea porque no lo consideran conveniente para sus planes revolucionarios, sea porque nunca han creído que verdaderamente el Estado les abra las puertas de la legalidad democrática. Esto no significa que no ambicionen hacer política. De hecho, política han hecho toda la vida. Y lo siguen haciendo, ahora desde La Habana.

La izquierda no necesita de las Farc para hacer política en Colombia. Por el contrario, seguramente las ideas de izquierda tendrían mayor receptividad y eco electoral si no estuvieran las guerrillas de por medio. Las Farc tampoco necesitan de la izquierda democrática para hacer política desde el monte, desde La Habana o desde Caracas. Sencillamente, porque una cosa es la política democrática y otra la política revolucionaria. Y las Farc, igual el Eln, militan por la revolución. Su meta es el poder político, ¿qué duda cabe?, pero no el poder en el contexto de una democracia. Calificar el régimen cubano de sistema democrático suena más a cinismo que a análisis riguroso y serio. Igual podría decirse del régimen chavista. Por nombrar dos modos de regirse políticamente una sociedad que lucen como referentes simbólicos de los afectos y la simpatía de las guerrillas colombianas.

Lo que dio alas y hoja de ruta al comienzo del proceso de paz en La Habana ha sido la necesidad de legitimación que tanto el Estado colombiano como las Farc sostienen como imprescindible para seguir adelante con sus respectivas políticas. Con la consecuencia fáctica que tanto unos como otros estén hoy interesados en mantener vivo el diálogo político tanto como les resulte redituable para sus propios fines. A ambas partes les interesa que se califique sus diálogos políticos, como diálogos de paz. Que lo sean políticos no me cabe la menor duda. Que lo sean de paz esto está por verse. Por sus frutos los conoceréis. Pero si quieren saber mi opinión, la paz es apenas uno de los frutos posibles, pero no el único, ni necesariamente el más importante que se persigue. Harta tinta se ha gastado en endilgarle a las Farc toda clase de perversas intenciones al utilizar los diálogos de paz como instrumentos de una política de guerra. Pero lo mismo podría decirse de las intenciones del Estado. Si lo que está en juego es el poder eso es lo que debería esperarse de ambas partes enfrentadas: que utilicen el diálogo como arma de guerra. Y en todo caso la mentira como instrumento de persuasión del enemigo para que caiga en las propias redes.

Cada semana que pasa es más evidente que ni las Farc negocian porque se sienten derrotadas, ni mucho menos Santos. Y precisamente porque ninguna de las partes se considera derrotada es que ninguna de las partes aceptará someterse a las reglas que pretende imponerle la otra. Ni las Farc aceptarán someterse a la ‘maleza jurídica’ ni Santos aceptará renunciar a la utilización de la ‘maleza jurídica’. Ambas partes saben esto, ambas partes lo sabían desde un comienzo, y si aceptaron sentarse a la mesa de La Habana es porque aun sabiendo que las posiciones son irreconciliables –y no solo en materia de aplicación de justicia- la ganancia política y estratégica de las partes justifica con creces dialogar, dialogar y dialogar. No solo es una decisión éticamente irreprochable sino que también es políticamente correcta. Tan es así la cosa que el impagable costo político de levantarse de la mesa impedirá por mucho tiempo que cualquiera de las partes dé por terminado el diálogo unilateralmente. Así las cosas los diálogos podrían durar más que los cincuenta años de conflicto armado que hasta aquí llevamos echando bala. A partir de La Habana echaremos bala y echaremos lengua, en un coctel explosivo y sin embargo políticamente redituable para ambas partes.

¿Hasta cuándo?

Hasta que una de las partes admita que ha perdido la guerra y alce la bandera blanca no en señal de paz sino en señal de rendición. Y se someta a discutir los términos de la rendición, que no será incondicional, pero casi... un sometimiento que más que al enemigo será ante la realidad incontrastable de los hechos.

Y allí, solo entonces, quien haya ganado la guerra podrá ser todo lo generoso y clemente con el vencido que las circunstancias permitan y el buen sentido recomiende. Pero no antes. Esto parece haberlo entendido en estas últimas semanas antes Uribe que Santos. Y tal como van las cosas va en camino de entenderlo antes Obama que Maduro. Chávez a estas alturas también lo habría entendido, y los Castro hace rato lo entendieron ya.

No es que las Farc y Santos no quieran la paz. La guerra entre el Estado y las guerrillas no es porque ambas partes no quieran la paz. Ni estúpidos que fueran.

Tal vez la única coincidencia entre Santos y las Farc es que ambos quieren derrotar al enemigo. Y no cesarán en el intento hasta haber ganado o perdido la guerra, en un campo de batalla o una mesa de negociación, pero obtener la victoria es la única victoria posible.

Suena a Perogrullo pero es tan sabido y conocido que hasta resulta tonto decirlo:

“La mejor guerra es la que no se hace, pero la peor guerra es la que se pierde.”


Así la veo yo.


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