noviembre 26, 2014

235. La fábula del “gancho ciego” que nos abrió los ojos a todos

ASÍ LA VEO YO - Año 10

No insistamos por el camino de querer tapar el sol con un dedo

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
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El encuentro de Diógenes con Alejandro Magno

“Al oír hablar sobre Diógenes, Alejandro Magno quiso conocerlo. Así que un día en que el filósofo estaba acostado tomando el sol, Alejandro se paró ante él.

“Diógenes se percató también de la presencia de aquel joven espléndido. Levantó la mano como comprobando que, efectivamente, el sol ya no se proyectaba sobre su cuerpo. Apartó la mano que se encontraba entre su rostro y el del extraño y se quedó mirándolo.

“El joven se dio cuenta de que era su turno de hablar y pronunció:

- "Mi nombre es Alejandro El Grande”. Pronunció esto último poniendo cierto énfasis enaltecedor que parecía más bien aprendido.

- "Yo soy Diógenes el perro”

“Hay quienes dicen que retó a Alejandro Magno con esta frase, pero es cierto también que en Corinto era conocido como Diógenes el perro. Alejandro Magno era conocido en la polis así como en toda la Magna Grecia.

“A Diógenes no parecía importarle quien era, o quizá no lo sabía.

“El emperador recuperó el turno:

- "He oído de ti Diógenes, de quienes te llaman perro y de quienes te llaman sabio. Me place que sepas que me encuentro entre los últimos y, aunque no comprenda del todo tu actitud hacia la vida, tu rechazo del hombre virtuoso, del hombre político, tengo que confesar que tu discurso me fascina".

“Diógenes parecía no poner atención en lo que su interlocutor le comunicaba. Más bien comenzaba a mostrarse inquieto. Sus manos buscaban el sol que se colaba por el contorno de la figura de Alejandro Magno y cuando su mano entraba en contacto con el cálido fluir, se quedaba mirándola encantado.

“- “Quería demostrarte mi admiración", dijo el emperador. Y continuó: "Pídeme lo que tú quieras. Puedo darte cualquier cosa que desees, incluso aquellas que los hombre más ricos de Atenas no se atreverían ni a soñar".

“- “Por supuesto. No seré yo quien te impida demostrar tu afecto hacia mí. Querría pedirte que te apartes del sol. Que sus rayos me toquen es, ahora mismo, mi más grande deseo. No tengo ninguna otra necesidad y también es cierto que solo tú puedes darme esa satisfacción”

“Mas tarde Alejandro comentó a sus generales: "Si no fuera Alejandro, me hubiera gustado ser Diógenes."



En los últimos diez días no se habla de otra cosa que de la captura del general Alzate y sus acompañantes por las Farc, de las consecuencias ‘sísmicas’ de ese novelesco hecho de guerra y la deseada y ojalá pronta puesta en libertad de los rehenes.

Al respecto, la pregunta que uno podría hacerse es quién dio la orden al general para que se desplace en lancha hasta Las Mercedes (a veinte minutos por río de Quibdó) desarmado, sin escoltas, acompañado solamente de un soldado y de una abogada del Ejército. No sé si alguna vez se conozca la verdadera razón de tan intempestivo traslado pero lo de saber si el general acudió al sitio como “gancho ciego” o con pleno conocimiento de causa daría muchas luces sobre la ‘sismicidad’ del proceso de La Habana y sus ‘réplicas’ en Colombia.

Quedémonos por ahora con la sugestiva fábula sobre el “gancho ciego” que nos abrió los ojos.

¿Nos abrió los ojos? De alguna manera sí porque tras la edulcorante campaña presidencial por la paz, la captura del general nos recordó a todos que no solamente la confrontación armada prosigue sino que los hilos de la guerra y de la paz requieren la existencia de un ‘doble comando’ tanto en las filas guerrilleras como en las gubernamentales. Y aquí tropezamos con una incongruencia sorpresiva que nos tiene en medio de una suspensión de los diálogos formalizada por el Gobierno en contra de su propia filosofía tantas veces repetida de negociar en medio de los actos de guerra, vale decir sin cese al fuego ni de hostilidades.

¿Por qué el Presidente suspendió el viaje de sus negociadores a La Habana tras la captura del general? No podía no prever que las Farc recibirían el impacto de una violación de las reglas de juego y obrarían a partir de este hecho (no por la captura sino por la suspensión) como parte perjudicada y afrentada en su confianza en la contraparte. No faltan los escépticos que digan que el Presidente suspendió los diálogos para ganar en las encuestas y mostrarse firme, con la intención de volver a la Mesa después de la liberación del general con unos cuantos puntos más de credibilidad, no por parte de las Farc, sino por parte de la población. Si esto fuese así uno podría preguntarse hasta qué punto el proceso de paz está entrando en su madurez, o por el contrario hasta qué punto lo que comienza a estar claro para el gobierno es que el proceso de paz así como va no llegará a ningún buen puerto.

En todo caso, a punta de hipótesis, conjeturas y declaraciones públicas, la captura del general produjo el revulsivo que terminó acercando las posiciones del Presidente con las de “la derecha”. Hoy estamos más lejos que antes del “cese bilateral” que pregonan las Farc, y más cerca de ponerle condiciones al proceso tal como solicitan desde “la derecha”, todos a una, el Procurador, Uribe y el Partido Conservador.

El “cese unilateral del fuego” por parte de las Farc suena como lo más lógico ateniéndonos a que lo que se pretende es “cambiar las armas por la política” pero también aparece como lo más improbable en la actual fase de madurez (o de inmadurez más bien, del proceso). No obstante, las Farc debieran entrar en razones sobre que decretar unilateralmente ellas un cese al fuego pondría al Gobierno en el ‘compromiso moral ineludible’ de desescalar ipso facto sus acciones militares como gesto de paz inequívoco ese sí por parte del Gobierno. Las Farc todavía no dan el brazo a torcer y no han querido aceptar que lo que se trata es de desarmar las guerrillas y desmovilizarlas no de desarmar el Estado y revolucionarlo.

A partir del ‘caso Alzate’ y su resolución, un punto a considerar es hasta dónde las Farc aprovecharán la coyuntura para generar problemas internos en las Fuerzas Militares aguzando las contradicciones entre quienes quieren acabar con los diálogos, quienes quieren condicionarlos a una serie de puntos, y quienes acatan sin remilgos las decisiones de Santos sobre la marcha de las negociaciones. En las Farc no es de descartar el propósito de propiciar las condiciones que produzcan dentro de las Fuerzas Militares una corriente a favor de su ideología de la cual emerja más adelante un ‘Chávez colombiano’. Lo de ellos es la revolución socialista y saben que jamás lograrán eso por una negociación con un Santos, un Vargas Lleras ni algún uribista o conservador. Este general ‘caído del cielo a sus manos’ es una presa codiciada que jamás contaron tener a su merced. ¿Cómo irán a manejar este hecho tan fuera de cualquier cálculo a partir de su liberación?

Si realmente las Farc asumieron este proceso de paz para dejar las armas y no solo para recuperar protagonismo político y oxígeno internacional está por verse. A estas alturas de las negociaciones (hoy todavía suspendidas y a la espera de la liberación del general Alzate) lo que cabe preguntarse es en qué medida unos comandantes buscan dar el paso hacia la política para ganar espacio entre los sectores de izquierda más afines y desde la legalidad fortalecer así el eje Cuba-Venezuela-Nicaragua-Ecuador-Farc, y qué otros comandantes están dispuestos a encabezar una ‘disidencia’ que seguiría en armas operando en zonas que consideran estratégicas. Visto así lo que estarían buscando las Farc con el proceso de paz es reconfigurar su accionar político militar para competir con otros sectores de izquierda y ganar la hegemonía para su ‘caballito de batalla’ de orientación castrochavista. La cosa no es tan sencilla ni caricaturesca como la ven algunos uribistas pero tampoco cabe despreciar las advertencias uribistas sobre el castrochavismo. No se puede omitir que se trata de la expresión en esta región del mundo de la confrontación global planteada por Estados Unidos y Europa de un lado, y China, Rusia e Irán por el otro.

Por eso comencé diciendo que esta puede ser la fábula del “gancho ciego” que acabó abriendo los ojos de todos.

Y no nos digamos mentiras, cuantos más y mejor estemos dispuestos a ver la realidad en mejores condiciones estaremos de arribar a la mejor solución y a la ansiada paz.

Así la veo yo.


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noviembre 05, 2014

234. La Justicia es ante todo la equidad en la aplicación del derecho


ASÍ LA VEO YO - Año 10

La Justicia no es nunca, ni lo debe ser, la guerra por otros medios

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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“La justicia es ante todo la equidad en la aplicación del derecho” (En la Biblia de Jerusalén, Nota exegética)



En la hora de la libertad de sus postulados, la aplicación de la Ley de Justicia y Paz no puede sino estar a la altura de su condición de piedra fundacional de la justicia transicional en Colombia.

Desgraciada sería la coyuntura donde la guerra contra los ex combatientes se reanude como parodia de justicia, y maldita la ocasión en la que quienes han sido perjudicados por los testimonios de los postulados den rienda suelta a sus instintos vindicativos.

Mal se puede ir dando pasos hacia el postconflicto si quienes han de tomar medidas en derecho son permeados por intereses bastardos que pretenden sabotear la construcción de paz.

Nadie sale bien librado de una guerra, ni víctimas ni victimarios. Si ante los unos cabe respetar y reparar su inmenso dolor, ante los otros cabe corresponder con decoro a su declarado arrepentimiento, con apego a la ley por sobre todo lo que intenta desvirtuarla. Ante la majestad de la justicia cualquier fisura ocasionada por perversas intenciones ha de ser neutralizada con la legitimidad del Estado aplicando justicia.

Con las autodefensas comienza lo que proseguirá después con los guerrilleros, y más temprano que tarde con militares y policías intervinientes en el conflicto armado. Todo en la vida tiene un comienzo, y como dicen en la tierra “por el desayuno vamos sabiendo cómo será el almuerzo”.

Una de las tantas paradojas de este largo conflicto es que, en bastante medida en la mente de muchos colombianos, las autodefensas ‘son’ lo que se dice de ellas mientras que las guerrillas ‘son’ en cambio lo que ellas dicen de sí mismas. Y esto es bueno traerlo aquí a colación porque quienes pretenden instrumentalizar la justicia para desviar su justa aplicación toman ventaja de interesadas retóricas sofistas, que como sucede en todas las guerras, es producto de malos entendidos históricos y también de la propaganda que los actores del conflicto usan y abusan para justificar su lucha.

Sin embargo, aquí no se trata ni de los que unos dicen, ni de lo que otros callan, sino de hacer cumplir la ley, sin guiños a derecha e izquierda, sin obsecuencias palaciegas, sin manipulación ni abusos de poder.

La seguridad jurídica no es solo un bien preciado que debe ser garantizado a los actores de la economía, tampoco el patrimonio de una sola clase social ni menos todavía un bien que se subasta al mejor postor. Si los inocentes pero también los reos, si los justos pero también los delincuentes, saben que suceda lo que suceda siempre habrá justicia, ya lo prioritario no será que se castigue o no con la pena de cárcel, que se valide o no la pena alternativa, que prime la justicia ordinaria o la justicia transicional, sino que por encima de todas las categorías jurídicas exista la conciencia personal y pública que la Justicia es Justa, que la Justicia está por encima de toda injusticia y que la Justicia con mayúsculas sabe defenderse cuando toca justamente de las ‘justicias con minúsculas’, que de ‘justicias’ solo tienen un simulacro, y si me apuran apenas un ‘alias’.

No saldremos del conflicto armado hacia el postconflicto soñado sino transitando el camino de la Justicia con mayúsculas, practicando sus disposiciones y honrando su cumplimiento.

Así como las guerras tienen sus reglas y sus jueces, la paz tiene su sostén en la Justicia. Y la justicia transicional, la que despliega el puente entre ambas orillas de la guerra y de la paz, tiene un punto de comienzo pero también necesariamente define un punto final. Cualquier intento de hacer del puente un sitio definitivo, un limbo de eternidades vagas suspendido en la indefinición, ni es propio de un Estado justo ni se corresponde con la Justicia.

No lo olvidemos: lo que está en juego con Justicia y Paz, no es el azaroso tránsito por un kafkiano laberinto burocrático ni un amañado pasaje por las ‘horcas caudinas’, sino el bautismo renovador y comprometido de quienes habiendo sido guerreros deciden abandonar la violencia y aspirar a la condición de ciudadanos pacíficos respetuosos de la Ley.

De esto se trata, de inaugurar una era Pacífica y de Justicia, no de sembrar vientos para que otros  cosechen tempestades.

Así la veo yo.


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octubre 30, 2014

233. ¿Se viene el traslado de La Habana a Oslo?


ASÍ LA VEO YO - Año 10

Hacia un Gran Acuerdo Nacional e Internacional de Paz

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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“La filosofía de nuestra época parece estar absorbida por tres problemas dominantes: la crítica de la verdad objetiva, universal y necesaria, en favor de las múltiples interpretaciones; la crítica del totalitarismo, y de las políticas revolucionarias que habrían desembocado en tales desastres, en favor de las democracias consensuadas; la crítica de un concepto universal de Bien que aplaste la pluralidad de opiniones y formas de vida, en favor de ciertos criterios éticos de convivencia pacífica” (Dardo Scavino, La filosofía actual: Pensar sin certezas)


Circula en los mentideros políticos de la capital colombiana una versión sobre el factible e inminente traslado de la Mesa de La Habana a un país de Europa. Se mencionó inicialmente Francia pero luego se insistió en Noruega. En todo caso, los días de Cuba parecen estar contados.

Lo mencionado no debe llamarnos a sorpresa. La etapa de la generación de confianza entre las partes negociadoras luce afianzada. No puede decirse, sin embargo, que la credibilidad sobre los alcances de la negociación haya calado hasta aquí suficientemente en Europa –tampoco en Estados Unidos, a decir verdad- ni mucho menos en Colombia, donde la opinión ondula entre la moderada expectativa favorable, el escepticismo mayoritario y la animadversión creciente.

Las Farc han de haber estado haciendo cuentas con la realidad y por esa vía habrán obtenido ya pruebas irrebatibles sobre la escasa capacidad de Cuba y Venezuela para motorizar la aceptación del proceso de paz en los círculos de poder europeos y norteamericanos, cuyas simpatías con los ‘barbudos’ colombianos hace tiempo ya que han abandonado el lirismo pro-revolucionario y bienpensante de otras épocas. Cuba es vista como un sueño libertario fallido transformado en pesadilla y el régimen chavista como un despeñadero hacia el totalitarismo que se creía superado por la historia de América Latina. Ni Cuba ni Venezuela son en estas condiciones cartas de presentación válidas que puedan favorecer la fase definitoria y conclusiva del proceso de paz. Por razones obvias las Farc no aceptarían negociar en Estados Unidos por lo que la milenaria Europa surge como la plaza indicada.

Lo anterior tiene que ver no solo con la ambientación política de los diálogos de paz sino también con la viabilidad jurídica de un proceso que no puede saltarse así porque así los estándares internacionales de respeto a los derechos humanos y a la legislación sobre crímenes de guerra y de lesa humanidad. En Europa está la sede de la Corte Penal Internacional, dato nada irrelevante, por cierto. Y también el Parlamento Europeo, con sus izquierdas y sus verdes, pero también sus derechas, y sus nacionalismos.

Podríamos admitir entonces que más allá de su verosimilitud los insistentes rumores sobre un traslado de la Mesa de La Habana a Europa tienen más de globos de ensayo pactados entre las partes que de delirios periodísticos. Algo se está cocinando y la muy próxima mini-gira europea del Presidente Santos aportará o no luces sobre este asunto del trasteo.

La coyuntura que atraviesan los diálogos entre el Gobierno y las Farc está permeada también por los movimientos entre bambalinas y la prudencia judicial que rodean definiciones de peso sobre los otros dos grandes actores del conflicto armado, por un lado el Eln y por el otro las Auc. A estas alturas resulta evidente que hay un hilo conductor que vincula la etapa exploratoria con el Eln en Ecuador, la inminencia de los fallos condenatorios y la libertad muy próxima de los líderes de las Auc actualmente en prisión, con los avances en La Habana con las Farc. Dentro de la natural reserva y el ‘silenzio stampa’ al respecto no cabe duda que algo sistémico se está tramando y cada paso en una de las ‘bases’ produce efectos inevitables en las restantes. La Fiscalía, en particular, y el Poder Judicial, en general, no son ajenos a esta suerte de partidas simultáneas de ajedrez y no puede serlo de ninguna manera porque el Marco Jurídico de la Paz en su futuro desarrollo estatutario en el Congreso deberá proveer si no la misma solución para todos los actores del conflicto de todos modos una solución específica para cada caso, incluidos no solo guerrilleros y autodefensas sino también militares, policías y agentes del Estado.

Estamos ad portas del final de una etapa y el inicio de otra más trascendental en la historia de los procesos de paz en Colombia. En este sentido, se entiende mejor la necesidad de abrir el diálogo también entre todas las fuerzas políticas que finalmente serán las que deberán acoger en el seno de sus arenas democráticas la irrupción de nuevas fuerzas que provenientes del conflicto armado darán fe de su compromiso con la paz pero también exigirán garantías de no retaliación, de libre circulación de sus ideas y de iguales beneficios en materia de competencia electoral y acceso a cargos públicos.

Finalmente, la definición de la agenda nacional no podrá ser el producto de un solo Gobierno y sus acuerdos con uno de los actores del conflicto, sino que tendrá que hallar eco y legitimación en la totalidad del espectro político de la Nación. Es aquí donde la negociación de paz no solo no puede quedar aislada en Cuba sino que el trasteo de la sede no ha de constituirse en solo una cuestión geográfica fuera de Colombia, de un continente a otro, sino contemporáneamente de la incorporación de toda el arco político nacional y de todos los actores del conflicto, para que sea Colombia entera, espiritual y territorialmente, quien se presente ante el mundo proponiendo el Gran Acuerdo Nacional de Paz como fundamento para el reconocimiento externo de que lo acordado en Colombia no es patrimonio de un solo Gobierno y de un solo grupo armado sino patrimonio nacional reivindicando su derecho político y también jurídico de lograr consenso internacional sólido y definitivo.

Ante el tamaño del desafío no sobra exigirle a los actores que lo fueron del conflicto armado y social, económico y político, que pasen en limpio sus sueños de país y su visión del propio rol en la construcción de la Paz y Reconciliación para que todas las voces sean escuchadas, no como sucede en la Babel que nos hemos convertido tras estos largos años de guerra, donde de tanto defender las propias razones hemos hecho uso y abuso de un vicio que no podemos seguirnos permitiendo: el de considerarnos los dueños excluyentes de una verdad que solo nos pertenece a los del mismo palo.


Así la veo yo.


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octubre 23, 2014

232. El tiempo ya no juega en favor de las Farc


ASÍ LA VEO YO - Año 10

El principio de realidad no se niega, se verifica por sí mismo

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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“Todo lo que adquiere el ser mediante un proceso dialéctico tiene su verdad y su valor, como momento superado, asumido. Se conserva como elemento integrante; pero su realidad aislada se anula. Cada existencia finita tiene que perecer para dar lugar a formas nuevas y más perfectas” (Ernst Cassirer, El Mito del Estado)



El efecto estratégico más peligroso del proceso de La Habana no sería, como algunos analistas creen, el ‘cese bilateral de hostilidades’, sino otro bien diferente: el que prosiguiendo formalmente las hostilidades, las guerrillas ‘hicieran como que’ negocian en Cuba, pero en realidad no negociaran en serio, y el Gobierno ‘hiciera como que’ las combate en Colombia, pero en realidad no las combatiera en serio. Y esto último es lo que comienzan a sospechar  los escépticos, pese a los visibles esfuerzos del ministro Pinzón por querer demostrar lo contrario. Por mi parte, no creo que Santos esté simulando nada, y entre otras cosas, no lo hace porque hace tiempo descubrió que el tiempo juega en favor del Estado, no ya en favor de las Farc. Por esto puede darse el lujo de llevar la guerra a cuentagotas, sin precipitarse.

Razones tiene el Presidente para estar convencido que un cese bilateral de hostilidades aquí y ahora solo tendría ventajas para las Farc –porque éstas lograrían ‘parar el balón’ en momentos en que su equipo hace agua y es superado en el juego y en el marcador.

Que la Farc negocie en serio (y combata) y que el Gobierno la combata en serio (y negocie seriamente), solo juega en favor de un desenlace, porque es garantía que el conflicto armado (tal como lo hemos conocido) acabe de una vez con la aceptación de su derrota por parte de las Farc asumiendo sin más el principio de realidad.

Desde el mismo momento en que Santos fue electo en 2010 con el sostén y apoyo de Uribe, el tiempo ha comenzado a jugar en contra de las Farc y en favor del Establecimiento, en definitiva en favor del sistema democrático apuntalado por la Constitución del ‘91. No vivimos en el mejor de los mundos, pero sí, decididamente, en un mundo muy diferente del que quisieran construir las Farc.

Asistimos desde entonces a un cambio decisivo sobre la ‘variable tiempo’ del conflicto armado: las Farc durante medio siglo utilizaron el tiempo como una variable que jugaba en su favor. Hoy, y en buena medida gracias a la dupla Santos-Uribe  (o Uribe-Santos, da igual) el Establecimiento sabe que son las Farc quienes están obligadas a dar ‘pruebas de supervivencia’ de sí mismas, no el Estado, ni tampoco la democracia. El desgaste humano, organizacional e ideológico al que han sido sometidas las Farc desde Pastrana hasta aquí no solo es contundente, es también irreversible.  La guerra la ganó el Estado colombiano, la perdieron las Farc. Esto ni se discute, ni se pone en duda.

¿A qué viene entonces lo que se discute en La Habana?

Nada más ni nada menos que un ‘paso al costado’ honroso, digno, que evite más desangre inútil, y permita que la Farc, como organización política desarmada, defienda sus tesis dentro de la legalidad, no más por fuera de ella. No se trata de obtener en La Habana lo que no obtuvieron en medio siglo de lucha armada, sino que expongan su discurso y sus propuestas sobre la arena política para lograr con los votos lo que no lograron con las armas. A cambio de ello, participación política, garantías democráticas, alternatividad penal y seguridad personal y colectiva. Todo lo demás es inútil, dispendioso e imposible de conseguir a través de una negociación con un Estado constituido, operante y legítimo. En las guerras no hay empate, o se ganan o se pierden, o se continúan. Pero si la guerra cesa es porque una de las partes da el brazo a torcer. Esto es lo sustancial, lo demás es retórica, maquillaje, palabras que se lleva el viento.

El drama para las Farc es que si el tiempo ya no juega a su favor porque el fortalecimiento del Estado y la democracia las ha vuelto en extremo vulnerables, el territorio cada día que pasa juega menos en su favor también. Subsiste la condición geográfica, la vecindad con regímenes tolerantes, pero sin tiempo y sin espacio, el ser de las Farc se reduce sin pausa a una vida cada vez más vegetativa, más marginal, más de pura resistencia en el vacío que de vigencia en el eje espacio-tiempo de la realidad política.

La puja entre Santos y Uribe es realmente una puja política de cara al Establecimiento y la ciudadanía, y es una puja por el poder, ¿qué duda cabe? Que las Farc ocupen el centro de esa puja entre Uribe y Santos no significa que las Farc ocupen por sí mismas un espacio y un tiempo político real. Son el pato de la boda, o si se quiere el pato del divorcio, pero nada más. Cuanto antes las Farc se ubiquen sobre la real magnitud de su peso político más podrán lograr del proceso de La Habana, cuanto más se demoren más se darán de narices contra la realidad por seguir creyendo que el tiempo juega en su favor. Y tal como van las cosas menos se demorarán Santos y Uribe en encontrar un punto de convergencia entre ambos que las Farc en darse un baño de realidad sobre lo precaria que es realmente su situación.

Todo lo que viene de boca de la derecha, de Santos y Uribe, la Farc lo toma como ‘discursos de ahogados’, como burdo chantaje, o como ‘cañazo’. Todo lo que viene del centro, la Farc lo toma como moralismo beato, cándida ingenuidad, o mera estupidez burguesa. Y como de la izquierda no advierten sino mutismo o palomas de paz, cantos a la bandera, o loas al ‘guerrillero heroico’, la Farc ni siquiera se detiene a escuchar si entre voces disidentes dentro de la misma izquierda hay algo que merezca algo más que desdén y menosprecio. Finalmente, las Farc se sienten destinadas a gobernar el país entero, comprendida la izquierda, toda la izquierda y la pequeño burguesa, también.

Así como van las cosas, van mal. Mal porque la Farc no entra en razones, y se aleja cada día un poco más del ‘principio de realidad’. Mal porque el Gobierno no sincera su discurso ante las Farc y ante el País, insistiendo en ofrecer con desmesura todo el oro y todo el moro, hasta el punto que las Farc han comenzado a desconfiar de las intenciones de Santos. Mal porque Uribe está más inclinado a pelear con Santos que a buscar entendimientos políticos que permitan poner a las Farc sobre el eje del espacio-tiempo, no para que se sigan evadiendo de la realidad y huyendo hacia adelante, hacia un ‘paraíso socialista’ que no solo vive solo en su imaginación sino por el cual flaco favor han hecho con sus crímenes y desatinos.

Y mientras tanto, la otra parte del conflicto y la realidad, el pasado superado de la violencia paramilitar, evidencia que los plazos de Justicia y Paz se van cumpliendo y pronto veremos con qué rostros, con qué talante y con qué ideas vuelven las autodefensas a la libertad. Dios los bendiga, Dios bendiga a sus víctimas y Dios bendiga a Colombia. Que su adiós a las armas haya sido definitivo y que su voluntad de paz permanezca intacta. Colombia necesita más brazos y más inteligencia que nunca antes para construir Paz y Reconciliación, para ponerle el hombro, la cabeza y todo el corazón a los procesos de paz.

Amanecerá y veremos.


Así la veo yo.


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