abril 21, 2015

243. Las ‘bacrim’, las ‘faras’ y el postconflicto

ASÍ LA VEO YO - Año 11

A desgranar la mazorca, a separar la paja del trigo

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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«La esperanza es paradójica. Tener esperanza significa estar listo en todo momento para lo que todavía no nace, pero sin llegar a desesperarse si el nacimiento no ocurre en el lapso de nuestra vida» (Erich Fromm)


La consecuencia de ‘desescalar’ las hostilidades nunca puede ser la indefensión de las fuerzas militares ni el abandono de los civiles a la ‘ley del monte’. Ni tan ingenuos ni tan cínicos. Así como no se puede estar ‘un poco embarazadas’ tampoco se puede estar ‘un poco en guerra’. O se está en embarazo o no se está. O se está en guerra o no se está. No propiciemos otra masacre del Cauca en cuerpo ajeno.

La tragedia humana en la vereda La Esperanza más que violación del cese unilateral por parte de las antiguas Farc es el bautismo a pura candela de una nueva expresión criminal, los ‘faras’ colombianos.

Así como las bacrim hunden sus raíces en las fuentes de financiación que nutrieron a las autodefensas que enfrentaron a las Farc, las ‘faras’ son la quinta columna engendrada en el seno de las finanzas de las Farc cuyos hilos no se mueven al compás de La Habana sino a pesar de La Habana y no lo dudemos en contra de La Habana.

De nada sirven las explosiones de ira ni las amenazas con ultimátum por parte del Gobierno. No se trata de castigar a los negociadores de las Farc sino de combatir y en todo su alcance y por todos los medios lícitos a las tales ‘faras’ de las cuales el Secretariado más debiera cuidarse que de las fuerzas militares del Estado colombiano.

Los ‘faras’ le han declarado la guerra al Gobierno y a las mismas Farc. No quieren admitirlo los negociadores de las Farc en La Habana porque pretenden utilizar la muerte de soldados colombianos como instrumento de presión para obtener más concesiones políticas y territoriales de parte del Gobierno.

Ni lo uno ni lo otro, ha de ser la consigna. Ni ruptura de las negociaciones, ni ‘desescalamientos’ que no regresarán tras volar por los aires dinamitados por las ‘faras’.

Ya resulta imposible distinguir sobre el terreno de la ilegalidad cuando las Farc son ‘faras’, y cuando las bacrim son reductos de las antiguas autodefensas.

Si las Farc en vez de hacerle el juego a la confusión se distinguen nítidamente de su ala narca podrán obtener reconocimiento político, justicia transicional y un tratamiento benigno en cuestiones penales. Si persisten en mezclar peras y manzanas y en encubrir con su silencio el avance descarado de los ‘faras’ acabarán implosionando y lo peor de todo –para Colombia- abortarán el proceso de paz, lo harán día a día menos viable. Del camino tortuoso pasaremos al callejón sin salida, y del callejón sin salida al final sin remedio, sin concesiones y sin perdón.

No se trata de ponerles plazos a las negociaciones en La Habana, sino de profundizar y acelerar en los temas de la agenda.

No se trata de volver a cesar los bombardeos sino de saber utilizarlos allí donde no exista otra posibilidad de defender con mejores armas a las fuerzas militares leales a la democracia y la constitución.  

No se trata de criminalizar aun más a las Farc sino de separar la paja del trigo, y esto vale para las mismas Farc pero sobre todo para el Gobierno.

La vereda La Esperanza no ha de significar el comienzo del fin del proceso de paz, sino el comienzo del definitivo sinceramiento del proceso de paz. Sinceramiento que exige de las partes someterse a la autocrítica y desnudar sus reales intenciones sin pretender que aquí los culpables de las crisis del proceso están en la oposición de izquierda y de derecha que no tiene ni arte ni parte en los desaguisados que cometen Gobierno y Farc cuando caen y recaen en el pecado favorito del ‘demonio’: la vanidad, la auto-referencialidad, el sobarse el ombligo creyéndose unos y otros los ‘chachos del paseo’.

Puede que más adelante, desmovilizadas las Farc  como ya lo fueron las autodefensas,  encuentre Colombia el modo de incentivar a ‘faras’ y bacrim para que se sometan a la Ley y retornen a la vida en sociedad, pero mientras tanto, a desgranar la mazorca, a separar la paja del trigo, y a echar bala contra quienes echan bala, y a dialogar con quienes alzan bandera blanca y se avienen a conversar.


Así la veo yo.


Los 243 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
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abril 16, 2015

242. No hay mejor revolución que la de vivir en paz


ASÍ LA VEO YO - Año 11

Por sobre las armas, la política. Por sobre la política, la ética.

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
@lapazencolombia
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“El todo es superior a la parte... siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos” (S. S. Francisco, Exhortación Evangélica Evangelii Gaudium)


La anunciada visita de Su Santidad el Papa Francisco a Colombia puede obrar el milagro de la paz que difícilmente logre la política si se la deja sola. Las armas no son la solución, lo sabemos, pero la política anclada en ideologismos e intereses politiqueros tampoco. Sin embargo, no será la cara del santo la que produzca el milagro –ni siquiera la de Francisco- sino el convencimiento de unos y de otros sobre que no hay solución mejor aunque no resulte para ninguna de las partes la mejor solución.

Lo repetirá de seguro Francisco hasta el hartazgo: no hay otra solución posible que empezar por el final, por el perdón. Y una vez manifestada la voluntad de perdonarse entre el Estado y las Farc, prolongar el perdón hacia los extremos de la derecha y de la izquierda, pasando por todos los centros de poder y todas las periferias del territorio. Hagamos del final del proceso su comienzo, admitamos que no habrá cárcel ni penas privativas de la libertad, para nadie, para absolutamente nadie que haya participado del conflicto armado, por acción, por omisión, directa o indirectamente. Hasta aquí lo más parecido a un Jubileo universal.

Primera  contrapartida de acogerse al perdón universal: no dejar de reconocer y reparar una sola víctima. El ‘paganini’ último de cada reparación económica será un fondo financiado y administrado por el Estado, que será el encargado de distribuir las cargas entre la sociedad entera –con excepción de las víctimas- y todos y cada uno de los victimarios, no necesariamente en dinero. Aquí se aplica aquello “de cada quien según su capacidad a cada quien según su necesidad”.

Segunda contrapartida: no repetición, absolutamente y sin excepción ninguna, no repetición de actos violentos.

Tercera contrapartida: integrar Comisiones de la Verdad con el propósito que fluya una verdad social del conflicto armado, una verdad social no dirigida a estigmatizar sino a sanar, sanar a víctimas y victimarios, sin derivaciones judiciales ni políticas.

Los victimarios tendrán que vivir la experiencia de trabajar codo con codo junto a sus enemigos y sus víctimas de ayer. Trabajar en proyectos que deriven en beneficios tangibles y espirituales para la sociedad. Establecer un postconflicto alimentado solidariamente a modo de socialismo libertario donde los valores de igualdad y libertad puedan crecer y desarrollarse derramando sus frutos no solamente sobre las víctimas, también sobre los victimarios y la sociedad en su conjunto.

La visita del Papa Francisco a Colombia no tiene aún fecha establecida pero podemos situarla, con margen de error no significativo, a un año vista, cuando 2016 esté transitando su primera parte. Digamos que falta un año. Que no nos coja desprevenidos sino con casi toda la tarea hecha. Y esto quiere decir que el perdón tiene que haber avanzado un trecho que resulte irreversible, no como ahora que solo balbuceamos términos como justicia transicional sin saber a ciencia cierta de qué se trata y cómo se aplicaría.

La paz y la reconciliación solo será posible si estamos dispuestos a perdonar y pedir perdón. Y perdonar y pedir perdón no son hechos políticos aunque tengan consecuencias políticas. No son tampoco, perdonar y pedir perdón, patrimonios exclusivos de tal o cual religión. Perdonar y pedir perdón son derechos de la humanidad, no una carga ni obligación.

La tragedia de estos días en el Cauca nos ha hecho padecer como sociedad una regresión hacia las fronteras de la guerra sin cuartel y el escalamiento de las hostilidades. Nada más extemporáneo, nada más ilógico y retardatario que querer regresarnos allá donde nos habíamos jurado no regresar.

Es en este contexto donde la figura del Papa Francisco y la necesidad del perdón adquieren una dimensión gigantesca ofreciendo luces sobre el camino que lleva a la paz y la reconciliación.

Permítaseme una recomendación a los negociadores en La Habana, extensiva a los movimientos políticos y sociales, a los demás actores que son y lo fueron del conflicto: no seamos cómodos espectadores dispuestos a situarnos en el papel mendicante de quienes esperan que Francisco haga por Colombia lo que los colombianos no hemos sabido ni querido hacer por Colombia.

Por el contrario: salgámosle al encuentro al Papa con una propuesta consensuada fundamentada sobre la centralidad y primacía de la voluntad de perdonar y pedir perdón. No solo un perdón que estreche lazos entre víctimas y victimarios, sino también entre victimarios y victimarios, entre víctimas y víctimas.

Tomemos la iniciativa señores y señoras del Gobierno, de la oposición, de las guerrillas, de los paramilitares. No lo esperemos todo del Papa, allanémosle el camino a sus luces sobre la paz y la reconciliación.

Por sobre las armas, la política. Por sobre la política, la ética.

Y por sobre todas las cosas amor, amor del bueno. No hay mejor revolución, que la de vivir en paz, ni mejor gobierno, que el que siembra solidaridad y reconciliación.


Así la veo yo.


Los 242 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
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febrero 26, 2015

241. “No habrá segundo ofrecimiento: O lo toman, o lo dejan, pero ya”


ASÍ LA VEO YO - Año 10

Algo cambió en un proceso que comenzó con Hugo Chávez y ¿concluye? con Bernie Aronson

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
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“En una revolución se triunfa o se muere, si ésta es verdadera” (Ernesto ‘Che’ Guevara)

Los comandantes de las Farc habrán pensado y repensado durante los meses recientes la frase del ‘Che’ no sin padecer ante tal crudo realismo largas noches de insomnio y ser sometidos por su conciencia revolucionaria a tertulias interminables. Es que negociar en las condiciones que Santos les propone –las únicas que Colombia y el mundo tolerarían- hace conscientes a las Farc que su revolución no triunfó ni triunfará jamás. Y si llegaron a este punto, paradójica e inevitablemente, es porque los comandantes en La Habana, y en el monte, están vivos. Ni derrotados ni victoriosos, pero vivos que es lo que de veras cuenta a la hora de examinar sus conciencias y decidir su futuro.

A la propuesta de Gaviria (ambiciosa y oportuna, equitativa y justa, y que tal vez por su misma compleja conjunción de sensatez y utopía luce impracticable) le siguió la designación de Bernie Aronson como enviado especial del presidente Obama a la mesa de negociación de La Habana. Si las Farc no dan puntada sin hilo, qué no hacen los EEUU cuando de sus intereses se trata. Y si de los intereses de los EEUU se trata la clave está en la nueva situación geopolítica del Caribe y del continente americano inaugurada con la muerte de Chávez.

Algo va de un proceso de paz comenzado a gestar –allá por 2010- por el impulso (y el interés de Chávez) a un proceso que ahora (2015) sin Chávez (y con los Castro negociando con EEUU) recibe el espaldarazo de Obama, a través de Aronson, partícipe de los procesos de paz en Centroamérica pero también notorio hombre de relaciones públicas de los inversionistas norteamericanos en esta parte del mundo. Las Farc no pueden sino recibir con beneplácito (más por alivio que por auténtica alegría) la designación de Aronson (pensando ellas en sus pedidos de extradición, y también en ‘Simón Trinidad’). Dan por sentado que con los EEUU por los laditos de la mesa y públicamente involucrados en el proceso de paz recibirán de EEUU las garantías que exigen para soltar las armas.

Aquél es un modo de ver la cuestión.

Pero también puede verse en la decisión de Obama un modo de condicionar a Cuba para que haga lobby con las Farc y las haga jugar (a las Farc) el partido que los EEUU quieren que jueguen (tomando distancia de lo que estén pensando Maduro y los chavistas hacer para sostenerse en el poder en Venezuela).

Con los EEUU metidos de lleno en el proceso de paz el riesgo de las Farc de ser ‘negociadas’ por Cuba es mayor que nunca antes (como todo país, más que amigos lo que Cuba tiene son intereses). Cuba podrá recordarles sin ruborizarse a las Farc la frase del ‘Che’ con la que comenzamos este escrito y agregar: “Para mal de la revolución ustedes no han triunfado, pero para bien de ustedes y de todos no han muerto en el intento. Lo mejor entonces, es decirle adiós a las armas, desde ahora y para siempre, no se arrepentirán. Fidel, Raúl y Cuba se lo agradecen."

El objetivo a corto plazo de Obama –de cara a las presidenciales del año próximo- es acabar con el ‘chavismo dictatorial’ en Venezuela, obtener garantías democráticas para la oposición venezolana y que Cuba le suelte la mano al ‘régimen de Maduro’, para entonces sí restablecer relaciones plenas y provechosas con la isla y también con Venezuela. Con las Farc el interés de Obama es que acuerden su desmovilización con Santos recibiendo de los EEUU todo lo que EEUU esté en condiciones de ofrecerles. Que no es poco. La clave aquí estará en la frase final: “por única y última vez se lo decimos, señores de las Farc: o lo toman o lo dejan pero ya, sin dilaciones” y las palabras infaltables: “no reincidencia, no repetición, conducta impecable.”

El dilema para las Farc es que sin Chávez naufragó el proyecto estratégico que las habría enfrentado irremisiblemente y hasta las últimas consecuencias con EEUU, y que con un acuerdo con EEUU en La Habana cortarán de un tajo el ‘nudo gordiano’ de sus cuentas pendientes por narcotráfico y terrorismo, pero ya no estarían en condiciones de alentar (mucho menos apoyar con sus armas y combatientes) una dictadura en Venezuela como la que Maduro está pretendiendo instaurar. Les toca decidir entre EEUU y Cuba, por un lado, o Venezuela y la Revolución, por otro. Así de sencillo, así de difícil.

En la nueva coyuntura internacional que en parte está en acto y en parte se está aún gestando a las Farc se le van recortando notablemente sus posibilidades de volverse atrás, y su destino parece estar marcado: o se desmovilizan los que quieran seguir adelante con el proceso de paz o se vuelven ‘bandas criminales’ sin ningún reconocimiento político – nacional e internacional- quienes quieran seguir con el ‘cuentico’ de la revolución.

Teniendo en consideración la situación presente y los dos hechos más notables de las últimas semanas: a) Propuesta de Gaviria y b) designación de Aronson, los postulados a Justicia y Paz (que los hay de las ex autodefensas pero también de las guerrillas, incluso de las Farc) deberán aprovechar esta coyuntura, histórica, inédita y tal vez irrepetible, para concluir de la mejor manera y cuanto antes sus procesos en Justicia y Paz, obtener las condenas y la libertad.

En el peor de los casos y por más que el proceso de La Habana no llegue a ningún Pereira, siempre habrá una cierta cantidad de ex comandantes Farc dispuestos a no volver al monte, y que como hicieron quienes se desmovilizaron en Ralito y otros sitios del país, sigan adelante hasta firmar los acuerdos avalados por Colombia, EEUU y la Comunidad Internacional asumiendo ante sus conciencias y ante la Historia que su adiós a las armas es definitivo y nunca más reincidirán en el uso de la violencia. En esto (hay que reconocerlo) una década atrás Mancuso y los suyos fueron pioneros, se la jugaron por la opción correcta, aun a costa de cárcel y extradición, y hoy pueden ‘decirle al oído’ a las Farc: “si la guerra nos puso en bandos enfrentados, la oportunidad de la paz nos pone a todos a jalar para el lado que es, el de la reconciliación. Apostemos por la Paz. Hagamos las Paces. Colombia nos necesita libres, desarmados y luchando por nuestros ideales, sin claudicaciones pero sin violencia.”

La propuesta de Gaviria y la designación de Aronson abren un panorama impensado e impensable hasta semanas atrás. Claro que nunca es de buen augurio ‘ensillar las bestias antes de traerlas’. Sin embargo, y esto también hay que decirlo: los signos de los tiempos preanuncian un favorable realineamiento de los astros en dirección de la paz.

Quién nos quita la íntima esperanza –y el pleno derecho- de estar en Colombia y en toda el área americana ad portas de tiempos fundacionales, no solamente inmersos en una época de cambios, sino asistiendo y participando –Dios lo quiera así- de un cambio epocal.

Como acertó Obama: “En las Américas somos todos americanos.”

Como predijo Perón: “El 2000 nos encontrará unidos o dominados.”


Así la veo yo.


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febrero 19, 2015

240. De cuando César Gaviria acertó en el ‘Punto G’ del proceso de paz


ASÍ LA VEO YO - Año 10

‘Ciertamente’ no se equivoca, que no se equivoque Colombia

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
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“No pienso detenerme ante un obstáculo porque entonces pierdo el camino hacia el que me dirijo.”
(Daniela Rivera Zacarías, El poder de las palabras)


La Propuesta de Gaviria dio en el blanco. Acertó en el ‘Punto G’ del proceso de paz. En su parte más sensible.

Quiera Dios que algo bueno se concrete de tan oportuna iniciativa. Pero atención, la propuesta a poco de andar podría volverse impracticable al ser tantas y tan filosas las aristas del asunto que dejar satisfecho a todo el mundo y resolver el problema judicial de un universo tan vasto y variopinto luce a priori imposible de lograr.

Una de dos, Gaviria vio en el horizonte –o debajo de la alfombra- algo que Santos no acertaba a vislumbrar o detectar, o ambos están de acuerdo desde bastante tiempo atrás y solo ahora comparten que el momento es ya, porque mañana es tarde. Si Santos está de acuerdo habremos ganado un tiempo valioso, pero aun así a correr, que camarón que se duerme lo lleva la corriente.

Si lograr los acuerdos políticos con la oposición de Uribe no será sencillo, y ‘vender la idea’ a los grupos de presión de los DDHH necesitará cintura y paciencia, trabajarle al marco jurídico será de titanes, porque no se trata solo de conciliar internamente sino de no salirse del bloque de constitucionalidad que nos vincula con el mundo. O en todo caso, si se transita por sus bordes no correr el riesgo de despeñarse.

Lo que prima facie sorprende es que las Farc se hayan mostrado dispuestas a coincidir con la propuesta de Gaviria, lo que da al traste con sus ínfulas ‘autorreferenciales’ de hasta hace muy poco tiempo atrás. Rememeber Oslo 2012, por ejemplo. No solo se mostraban decididas las Farc a imponer su solución a todo el mundo, sino que para sus enemigos ‘paras’ y el Estado ‘criminal’ no habría otra solución que cárcel y exclusión.

El gran mérito de la propuesta de Gaviria es que ubica el proceso de La Habana en un contexto mayor, notablemente más amplio y abarcador, donde las Farc no son ya el ‘ombligo del mundo’ ni el único nudo a desatar, sino apenas una de las manifestaciones prominentes del fenómeno histórico conocido como ‘conflicto armado colombiano’ donde interactúan y confluyen no solamente diversos actores sino múltiples intereses y en consecuencia una gran variedad de implicados, judicialmente llamados a declarar y políticamente obligados a responder.

Colombia, está claro, no puede quedar como paria del mundo sembrando amnistías e indultos a diestra y siniestra. Sería un antecedente que la CPI no podría permitirse tolerar. Esto no resistiría el cuestionamiento internacional.

Sin embargo, el solo hecho que César Gaviria esté poniendo de relieve el ‘almendrón’ del conflicto armado y su solución política y judicial significa que semejante bulto de anzuelos ocasiona a estas alturas un enredo de tamaña magnitud que, o se sinceran las cosas y se ponen todas las cartas sobre la mesa o apague y vámonos de La Habana.

Si Santos ha metido su cabeza en algo por donde su cuerpo no puede avanzar, el problema político se vuelve inmanejable frente al uribismo que no da el brazo a torcer y, por el contrario, siente que va ganando la pulseada. Es cierto que las encuestas reflejan en estos días una mayor adhesión por la solución negociada que por la salida militar, pero también esas mismas encuestas comienzan a comprar mayoritariamente el argumento de los Uribe y los Ordoñez: paz sí, solución negociada sí, pero sin impunidad, con condenas y penas alternativas si cabe, pero siempre y en todo caso sin negociar la agenda del País solamente con las Farc.

Cuando Santos aseguraba que la negociación sería de meses y no de años, intuía que si el proceso se pasaba de su ‘cuarto de hora’ y demoraba en el horno saldría chamuscado, imposible  de masticar y digerir; imposible entonces de ‘vender’.

La paradoja de todo esto es que Justicia y Paz emerge ahora como lo que siempre ha sido y no se ha querido reconocer, ni en Casa de Gobierno ni en La Habana: el hito fundacional en Colombia de la Justicia Transicional y como tal comenzará a ser valorado en su justa medida aun por quienes denostaron de él y jamás pensaron que todo el lodo echado sobre Justicia y Paz ahora comenzaría a dificultarles el caminado también a ellos. No olvidemos que Justicia y Paz terminó siendo aceptada por la Comunidad Internacional y la misma CPI, no como la panacea pero seguramente sí como un bien tolerable y aceptable si de avanzar hacia la Paz de Colombia se trataba.

Las Farc, conscientes del riesgo que empiezan a correr han salido a aplaudir la propuesta de César Gaviria, cosa que no habrían hecho jamás apenas un poco de tiempo atrás cuando pensaban que tenían todavía la sartén por el mango. Ahora ven que si no hay solución política y judicial para todos no la habrá tampoco para ellos, y que si el paz y salvo no es para todos, tampoco ellos lo obtendrán.

E incluso así, una propuesta como la de Gaviria es casi un imposible que termine satisfaciendo a todo el mundo, pero mientras las Farc obtendrán mucho menos que lo que pretendían, los demás actores y sus ‘colaboradores’ obtendrán algo en su favor que sin las Farc de por medio tampoco obtendrían. Como dice el refrán “Definitivamente, nadie sabe para quién trabaja”.  

Maldita la gracia que les hará a las Farc tener que sumarse a iniciativas como la de Gaviria o similares que abundarán de aquí en adelante, por la necesidad de salvar algo de su ‘lista de mercado’ inicial.

En esta coyuntura sumamente complicada que amenazaba encallar en un callejón sin salida es una bendición que Justicia y Paz haya seguido en pie, que a partir de hace diez años atrás la Justicia Transicional haya desembarcado y echado a andar en el país y que con la inminente libertad de los ex comandantes y mandos medios ‘paras’ lo que quedó mal hecho en Ralito se pueda recomponer y poner al servicio de los acuerdos específicos de paz que en La Habana se están adelantando con las Farc. No olvidemos que tras los acuerdos que pongan fin al conflicto con las Farc nada impedirá que farianos y autodefensas puedan unir sus esfuerzos con el Estado y el País entero en pos de implementar sobre el territorio nacional –sin excepciones ni exclusiones- la construcción de la paz.

El proceso de Ralito es un proceso inconcluso, no un proceso roto, y la voluntad de llevarlo a buen puerto permanece intacta, en el corazón de quienes fueron sus artífices, y hoy están en las cárceles o en la oposición democrática. Ojalá que pese a todos los obstáculos el proceso de La Habana logre sus propósitos y que no tengan las Farc y sus víctimas que pasar por el via crucis que han pasado las autodefensas y sus víctimas, en todo caso siempre será mejor que reciban penas alternativas y no prisión, entre otras cosas porque la prisión tras un conflicto armado huele a ley de talión, a venganza, y poco y nada ayuda a la resocialización, la reconciliación.

César Gaviria no se equivoca en su Propuesta, pero sí sería un tremendo error que Colombia no entendiera y por no entender no apoyara que la iniciativa de César Gaviria tomase cuerpo, se materializara y recorriese todo el camino que ha de recorrer si queremos realmente llegar al final del trayecto que desde la guerra nos conduce a la paz.

Bienvenidos al futuro, y si es de paz, es el único futuro que lo merece todo, de todos.


Así la veo yo.


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