abril 10, 2014

220. La cara del Santos sí hace el milagro

10 de abril de 2014
ASÍ LA VEO YO - Año 10
Dios quiera entonces nos ahorremos la segunda vuelta
Por Juan Rubbini

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No sin ironía, no sin amor.

Si todos sus opositores, incluidas las Farc, queremos que Santos siga poniendo su cara por Colombia y recibiendo cachetazos, dardos y veneno desde todos los ángulos, démonos ese gusto, sin mala conciencia, de seguir siendo opositores a Santos cuatro años más.

Lo único que Santos nos pide: ser reelecto... y que no puede con sus pocos simpatizantes, lo podemos lograr todos sus opositores dedicándonos cuatro años más -que prometen ser inolvidables- a lo que más nos gusta en la vida política: hacer de la oposición un banquete donde finalmente todos comemos ‘carne de políticos’ y si es ‘carne, o ‘carnita’ de presidente’, tanto mejor.

Esto cambiará algún día (me auguro) pero no en 2014 ciertamente. La madurez política no está madura todavía. Y maduro, lo que se dice maduro, es un término demasiado vago en estos años, no solo en Venezuela. Así que veamos en nuestra inmadurez una señal positiva: podemos seguir siendo irresponsables mientras tanto. Démosle el gusto a Santos de ser presidente cuatro años más, que mientras tanto nos seguiremos dando el gusto de ser sus opositores, en un arco opositor tan vasto como nunca antes, desde La Habana hasta el Ubérrimo, pasando por el Congreso, naturalmente. Que habrá mermelada para todos, les aseguro. Ser opositor en Colombia paga, chantajear al gobierno paga (si lo sabrán las Farc y no pocos uribistas…) la ambición y vanidad de los Presidentes lo puede todo, lo paga todo.

Quienes han tenido la constancia de leer estas mis columnas de los últimos diez años y, además, han consentido hacerlo entre líneas, tienen de seguro claro  a estas alturas que lo mío no es la política. Es, en todo caso, la filosofía política, y si me apuran la teología. No entro en detalles sobre estas cuestiones porque lo implícito en mi estilo de escribir supera siempre lo explícito, lo que hace de mis pacientes lectores auténticos creadores de la columna, artífices de su personal interpretación. Lo mío tiene más de acertijo que de predicción, y en todos los casos siempre más misterio que certezas.

Dispuesto a comenzar la pausa reflexiva de todos los años en esta época -la Semana Santa tan valiosa y necesaria para mí-, me pregunto hoy si Santos ganó anticipadamente las elecciones y lo del 25 de mayo será apenas otra encuesta, más formal si se quiere, validada por la Registraduría Nacional, un trámite del que participarán poco más o menos de la mitad de los habilitados a votar, una muestra representativa del total de la población.

Que Santos no entusiasma a nadie lo sabemos todos, lo que también sabemos es que sus adversarios tampoco entusiasman a nadie. Fuera de ellos mismos, claro, y de los suyos y suyas.

Así las cosas todo pinta para que Santos resulte ganador, en primera o segunda vuelta.

Con lo que seguiremos en las mismas, o dicho de otro modo seguiremos en nada.

Pero, ojo, será una nada diferente, una nada donde hacerle oposición a Santos será el deporte nacional. Comenzando por su vicepresidente en ejercicio, no digo ya Angelino, digo Germán. No digo las Farc, digo toda la izquierda. No digo ya Uribe, sino toda la derecha, toda, encolumnada en parte detrás de Uribe, en parte detrás de Germán. Santistas habrá, por supuesto, pero estarán todos en el Gobierno, o negociando bajo cuerda con algún opositor, que los habrá de todos los colores, un verdadero arco iris de opositores.

Es aquí que me regreso unas líneas atrás y me pregunto: ¿Quienes voten por Santos y lo conviertan en Presidente reelecto lo harán para que gobierne o lo harán sencillamente para ejercer de más cómoda manera su rol de opositores?

Por esto creo a estas horas que finalmente Santos será reelecto. No por sus simpatizantes claro, que no le alcanzarían ni para llegar a segunda vuelta, sino por sus opositores que han encontrado que cuatro años más de Santos son su mejor modo de mantenerse vigentes, de sumar adhesiones y llegar ahí sí con muchas más posibilidades de alcanzar la Presidencia en 2018.

Esta es la notable paradoja de esta campaña presidencial en la que todos los candidatos hacen realmente fuerza de ‘omisión’ por Santos, incluso Juan Manuel, porque ni Santos acierta alguna como para demostrar que está en carrera. Todo lo contrario, y eso reflejan las encuestas, que no se equivocan esta vez.

Lo que las encuestas no dicen es que realmente ‘todos’ y ‘todas’ las candidaturas están en favor de Santos.

Entonces, resignadamente, pacientemente, santamente, preparémonos para otros cuatro largos años más de Santos.

Se los digo al oído, apreciados lectores, el que quiera oír que oiga:

El verdadero pacto ganador es entre este Gobierno y todos sus opositores, legales e ilegales, armados y desarmados, para que todo siga igual hasta 2018.

Esta vez sí la cara del Santo ha producido el milagro.

Porque si esto no es un milagro político, ¿los milagros políticos dónde están?

¡Felices Pascuas de Resurrección!

Y a seguir sobreviviendo, porque Colombia pasará la prueba, les aseguro.

Otro milagro, claro.


Así la veo yo.


Los 220 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com


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abril 03, 2014

219. Si en La Habana llueve sobre la Casa de Nariño no escampa

ASÍ LA VEO YO - Año 10
Ni Santos ni las Farc han querido escuchar el clamor de Colombia para que paren la guerra ya
Por Juan Rubbini

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“Si cada hora viene con su muerte, si el tiempo es una cueva de ladrones, los aires ya no son los buenos aires, la vida es nada más que un blanco móvil. Usted preguntará por qué cantamos, si nuestros bravos quedan sin abrazo, la patria se nos muere de tristeza y el corazón del hombre se hace añicos, antes aún que explote la vergüenza. Usted preguntará por qué cantamos, si estamos lejos como un horizonte, si allá quedaron árboles y cielo, si cada noche es siempre alguna ausencia y cada despertar un desencuentro. Usted preguntará por que cantamos, cantamos por qué el río está sonando y cuando suena el río suena el río, cantamos porque el cruel no tiene nombre y en cambio tiene nombre su destino. Cantamos por el niño y porque todo y porque algún futuro y porque el pueblo, cantamos porque los sobrevivientes y nuestros muertos quieren que cantemos. Cantamos porque el grito no es bastante y no es bastante el llanto ni la bronca, cantamos porque creemos en la gente y porque venceremos la derrota. Cantamos porque el sol nos reconoce y porque el campo huele a primavera y porque en este tallo en aquel fruto cada pregunta tiene su respuesta. Cantamos porque llueve sobre el surco y somos militantes de la vida y porque no podemos ni queremos dejar que la canción se haga ceniza. (Mario Benedetti, Por qué cantamos)


Si en La Habana llueve sobre la casa de Nariño no escampa. La representatividad política que poseen las guerrillas colombianas ha quedado reducida con los años a un sector minúsculo de la población –exiguo incluso dentro de las minorías de izquierda. Las encuestas de un tiempo a esta parte revelan asimismo que el presidente Santos anda montado sobre el desbocado galopar de un corcel ‘cuesta abajo’ destinado a caer irremisiblemente  de culo y p’al estanque y no pasarán demasiadas encuestas antes de igualarse con las Farc en su imagen negativa.

Cómo disimular que el presidente – candidato tiene todas las de perder cuando carga sobre sus espaldas con cuatro años sin ganar, ni golear ni gustar. El precario triunfo en marzo de ‘la tal unidad nacional’ muy poco tiene que ver con la simpatía por Santos y casi todo que ver en cambio con los congresistas y sus clientelas. Buenas o no, eso es lo que la tierra da, parecen decir sus votos, con caras de ‘yo no fui’.

Es verdad que sus competidores por la Presidencia son todavía irrelevantes  contados aisladamente uno por uno pero cuando llegue la segunda vuelta el voto castigo de la sociedad colombiana a Santos promete convertirse en una paliza colosal, resulte quien resulte su contendor –buenos todos, y en cada caso mejores que Santos. Aunque, hoy por hoy, Peñalosa tiene todas las de ganar, porque ‘llegado el momentum’ antisantistas y antiuribistas, uribistas y ‘emputados’ saldrán como disparados a votar por él… en primera vuelta lo suficiente, y en segunda vuelta mucho más. Lo único que necesita Peñalosa para ganar la Presidencia es llegar a la segunda vuelta y tener de rival a Santos.

Así las cosas, luce cuanto menos desmesurado –o ‘traído de los pelos’- que se pueda todavía esperar de los diálogos de La Habana tal como están planteados, y siendo quienes son los interlocutores, un nuevo modelo de país, de institucionalidad democrática, de organización social, económica y política. No solamente en la mesa no están todos los que son sino que los que están tiene poco y nada que ver con el país que sueñan los colombianos y colombianas. Analicen las encuestas, pónganse una mano en el corazón, serenen sus mentes y saquen sus conclusiones.

Peñalosa sorprendió a tirios y troyanos admitiendo que de obtener la Presidencia sostendría el mismo equipo negociador. Solo le faltó decir que Juan Manuel Santos sería su Alto Comisionado de Paz. Lo de Peñalosa sonó como la declaración ‘para la galería’ de un técnico de fútbol que al asumir la conducción de su nuevo equipo anuncia muy serio que la nómina de jugadores existente es muy buena y por lo tanto todos sus integrantes tendrán una nueva oportunidad. Le faltó agregar al ‘profe’ Peñalosa: una nueva oportunidad sí pero solo mientras haya resultados positivos, lo que en política se mide con encuestas. Dudo mucho que un equipo como el que está negociando en La Habana le aguante a Peñalosa más de una encuesta desfavorable.

Cada día que pasa las expectativas sobre La Habana se desinflan en proporción creciente con las semanas que se suceden, cuando el cóctel habanero de “bla bla bla” con “bala bala bala”  no solo irrita sino ofende a estas alturas. Del optimismo inicial se pasó lentamente al escepticismo general para ir llegando ahora a velocidades ‘in crescendo’ al descrédito y rechazo. Salvo para aquellos que esperan ganar algo si de todo esto resultara finalmente algo, y confunden la ventaja personal con el bien colectivo.

Al Gobierno le gusta repetir que nunca antes se había llegado tan lejos en materia de diálogos de paz. Me siento tentado de decir que nunca antes –ni siquiera en El Caguán- los diálogos de paz habían llegado como hasta hoy tan lejos en materia de expectativas frustradas y desencanto generalizado. De la negociación de meses y no de años como había anunciado Santos en 2012 se ha ido pasando a una negociación sin plazos ni metas, de andar tan intrascendente y morrongo que a este paso no solo llevará años sino unos cuantos años más, décadas tal vez. No nos crean tan pendejos, ni Santos ni las Farc.

Pero no.

Se oyen pasos de animal grande, de río impetuoso ‘mandando a parar’ esta farsa de la guerra sin final que encubre fortunas mal habidas y botines políticos que repartir. Pasos de pueblo grande harto de estar harto que le pinten pajaritos de colores y futuros de leche y miel.  

Ni Santos ni las Farc han querido escuchar el clamor de Colombia para que paren la guerra ya.

A unos no les alcanzaron 50 años de matar y morir, a otro no le alcanzaron 4 años en la Presidencia para acordar el cese al fuego ni el cese de hostilidades. ¿Cómo no concluir amargamente que para Gobierno y guerrillas la sangre de Colombia es negocio que camina?

Solo se oyen a sí mismos, tan ensimismados como están intercambiando ‘tierras ajenas por espejitos de colores’, con sus ‘toma esto’, ‘dame aquello’, ‘hagámonos pasito’, ‘cada día trae su afán’, ‘hoy por ti, mañana por mí’. Como si, dicho sin eufemismos, de tanto negociar la paz esta se hubiese convertido en un negocio del cual sacar tajada, mientras se prosigue la guerra de la cual también se saca tajada, al mejor estilo del ‘miti y miti’, del ‘yo con yo’, entre quienes son los ‘dueños’ de la vida y de la muerte, quienes ganan con cara y con sello también.

Sin embargo, repito, quien quiera oír que oiga:

Se oyen pasos de animal grande, de río impetuoso, y como dijo el poeta: “cuando suena el río, suena el río”.



Así la veo yo.


Los 219 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
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marzo 27, 2014

218. 10 ‘paces necesarias’ (o 10 ‘sapos a tragar’) en el camino de la Paz

ASÍ LA VEO YO - Año 10

La ‘pequeña vía’ horada la piedra, abre la trocha, despeja el camino

Por Juan Rubbini
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“No debemos considerar pequeño el comienzo de nada, ya que poco a poco empieza a hacerse grande, sobre todo por si despreciarlo no se le va poniendo límites” (Plutarco)



La naturaleza humana exige el libre juego de los opuestos como inexorable y vital. Los extremos no solamente se tocan, se lastiman, también se necesitan. Lo ‘puro’ y lo ‘impuro’, el ‘bien’ y el ‘mal’ son dos caras de la misma moneda, y fatalmente somos nosotros (‘nos’ y ‘los otros’) la moneda. Reconocerlo en tiempos de conflicto, de guerra, es el primer paso, la ‘pequeña vía’, que lleva a la solución, a la paz. La solución política negociada debe comenzar por el reconocimiento del otro distinto de mí –enemigo de mí- tan necesario para mí en su existencia como conveniente a mis propias necesidades –y viceversa. Más aún, se ha dicho y con razón que la guerra es la negación del ‘tercero’, cuando solo somos capaces de percibir la existencia de lo propio y lo del enemigo, como si nada valioso para nuestra propia vida existiera más allá de la lucha a muerte contra el enemigo, absolutizado como mal. Y sin embargo, los terceros, no solo existen sino que son parte del problema y como tales partes de la solución.

Convocar a la solución política negociada del conflicto armado colombiano requiere además de reconocer la existencia del mismo, reconocer su naturaleza  y a todos sus actores, sujetos activos y pasivos, involucrados. Cuando Uribe comenzó a desarrollar su estrategia de guerra –y su contracara la paz- se halló conque la ‘parte guerrillera’ muy lejos estaba de querer sentarse a dialogar con su Gobierno. Por su parte, las fuerzas leales al Estado delegaron en su administración el poder de seguir haciendo la guerra o eventualmente ensayar aproximaciones de paz. Entonces, las autodefensas nacidas desde los inicios mismos del conflicto como matrimonio de hecho entre políticas de Estado (paramilitares) y urgencias propias de las comunidades agredidas militar y económicamente por la guerra desatada, alzaron su voz exigiendo ser escuchadas como ‘tercer actor’ del conflicto armado.

Pretender conceptualizar el conflicto armado colombiano como asunto de dos bandos –el del Estado y el de las guerrillas- ha sido un craso error, un error que se prolonga y produce consecuencias nefastas que nunca será demasiado tarde para reclamar su corrección.

En buena hora, Santos ha reconocido con todas las letras la existencia de las víctimas y la necesidad de satisfacer sus derechos vulnerados. Hasta comienzos del siglo 21, la teoría de los dos bandos enfrentados había logrado ‘ningunear’ la tragedia de las víctimas del conflicto armado, y los procesos de paz se concebían como acuerdos entre solamente dos partes: el Estado y las guerrillas.

Bastó que Uribe tuviera en 2002 el mérito de reconocer la existencia de un ‘tercer actor’ del conflicto armado y reconocerle su existencia autónoma del ‘paramilitarismo de Estado’ para que las ‘autodefensas’ salieran del ‘ninguneo’ y afirmaran ante Colombia y el mundo que no todo en Colombia eran dos bandos enfrentados: guerrillas y Estado, sino que la sociedad entera –y en particular la población campesina- se había visto involucrada –victimizada y también abandonada a su desgracia- asumiendo algunos de entre ella el rol de autodefensas nacidas de una poderosísima causa objetiva: los estragos del conflicto desatado entre guerrillas y Estado.

El Estado no solo se limitaba a las fuerzas constitucionales sino que el paramilitarismo de Estado había sido adoptado como estratégica ‘política de Estado’ -no únicamente debido a unas cuantas ‘manzanas podridas’- como Justicia y Paz terminó por develar. Pese a todas las evidencias, el ‘ninguneo’ de las autodefensas como ‘tercer actor’ del conflicto armado ha sido perversamente asumido por Estado y por guerrillas, unos limitando el fenómeno del ‘paramilitarismo de Estado’ a unas pocas ‘manzanas podridas’, y las autodefensas a un fenómeno delincuencial ligado al narcotráfico,  y otros, englobando naturalezas tan diversas como la de las organizaciones de autodefensas  y el paramilitarismo de Estado bajo una sola sombrilla y un único responsable: el Estado colombiano. Si en algo han coincidido los Gobiernos –excepto el de Uribe- y las guerrillas ha sido en negarle cualquier carácter de reivindicación social y política a las organizaciones de autodefensas.

¡Pues no!, después de Ralito resulta imposible negar no solo la existencia de las víctimas – de todas las víctimas- sino también la existencia de las autodefensas como realidad social, política y militar, emergente de las entrañas mismas del conflicto armado, sujeto de negociación política y desmovilización, como ‘tercer actor’ independiente y autónomo del Estado y de las guerrillas, con un pasado de guerra a cuestas, un presente de judicialización y condena, y un futuro de reinserción y ciudadanía plena, con plenos derechos, incluso políticos.

Lo anterior requerirá que haya en la construcción de paz unas cuantas ‘paces’ previas que realizar y/o unos cuantos ‘sapos a tragar’, según el caso y parecer de cada quien.

Digamos 10 al menos, sin exagerar:

1. Pedido de perdón, verdad y reparación, de todos los victimarios a todas las víctimas.
2. Justicia transicional, con penas alternativas, resocialización y compromiso de no repetición, para todos los actores ilegales del conflicto armado.
3. Derechos políticos plenos para todos los desmovilizados de todos los bandos.
4. Restitución de los derechos políticos plenos a todos los condenados por sus vinculaciones con actores del conflicto armado desmovilizados.
5. Procesos de solución negociada y sometimiento a la Justicia transicional para todos los factores de violencia existentes al momento de desmovilizarse Farc y Eln.
6. Circunscripciones electorales nacional y departamentales de Paz para todos los desmovilizados de todos los bandos.
7. Régimen judicial transicional y de excepción para todos los miembros de fuerzas militares y de seguridad del Estado, con pedido de perdón, penas alternativas, resocialización y compromiso de no repetición.
8. Participación de todos los desmovilizados en planes de erradicación y sustitución de cultivos ilícitos.
9. Participación de todos los desmovilizados en proyectos de preservación del medio ambiente y cuidado de los ecosistemas.
10. Participación de todos los desmovilizados en cuerpos de seguridad del Estado.

No se trata de ‘construir’ la Paz como si fuera de madera ni de cemento ni de acero sino de interiorizar la Paz en nosotros mismos y expresarla en nuestros actos públicos y privados, no como una concesión que le otorgamos a ‘los otros’ sino como un regalo que nos hacemos a nosotros mismos.

Porque ya fue dicho: la tal distinción entre ellos y nosotros solo existe en nuestra imaginación:

Para bien o para mal solo somos nosotros con los otros a bordo, fatalmente todos navegando sobre el mismo mar y animados por la misma sangre.

Cuanto antes lo comprendamos y obremos en consecuencia, mejor será. No hay otra.

Así la veo yo.


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marzo 20, 2014

217. 10 frases 'corticas y al pie' de los candidatos


ASÍ LA VEO YO - Año 10

Que en estas elecciones gane la Paz, la gran candidata de todos

Por Juan Rubbini
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“Lo bueno, si breve, dos veces bueno” (Baltasar Gracián)





Son al menos 10 las frases 'corticas y al pie' de los candidatos que quiero decirles a partir de hoy y durante toda la campaña a la Presidencia de Colombia.

Digo que al menos son 10 porque seguramente son unas cuantas frases más.





A saber:

1. Busquen la reelección si les place, pero más busquen la paz.

2. No dialoguen en medio de la guerra, solamente dialoguen.

3. Todo candidato es bueno, si es para la paz.

4. Abran bien los dos oídos y los dos ojos, la paz no llega por un solo oído ni por un solo ojo.

5. La paz reinará cuando callen todos los fusiles, todos.

6. La paz es un tesoro, pero nunca será botín político.

7. La paz no es de ningún color, quien le pinta apenas uno le roba todos los demás.

8. La paz no es de derecha, ni de izquierda, ni de centro, no es propiedad de ninguna ideología.

9. La paz no reconoce dueños, es de todos o no es de nadie ni es paz.

10. Hagamos la paz, no la guerra.

 
El candidato (o la candidata) que me responda con una afirmación convencida y con una sonrisa complacida todas y cada una de estas 10 frases tendrá mi voto asegurado, incluso el Presidente en ejercicio y el más amigo que haya sido o vaya a ser de las Guerrillas o de las Autodefensas.

¿Y si todos y todas finalmente me dan el sí a las 10 frases que he propuesto?

Entonces votaré por todos y por todas, y mi voto será justamente anulado.

¿Qué más da que me anulen el voto? si de todos modos, ¡Colombia habrá ganado!


Así la veo yo.


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