septiembre 27, 2005

Las FARC encontraron ‘El Dorado’ y fue su peor desgracia

La demanda de ‘dineros sucios’ en los países más desarrollados del mundo estimula el narcotráfico más que la demanda de los consumidores adictos a la cocaína y la heroína

Colombia, 27 de septiembre de 2005

Así la veo yo


Por RUBIÑO


¿El perro mueve la cola o la cola mueve al perro? Juegos de niño que se transforman con los años en interrogantes del adulto. No precisamente en el nivel de los perros y sus colas.

El narcotraficante vive de su trabajo ilegal. Eso es cierto. Pero también es cierto que de ese trabajo ilegal viven centenares de miles -¿o millones?- de ciudadanos en todo el mundo ‘beneficiarios de impuestos al gramaje’, directos o indirectos -que ni son guerrilleros ni autodefensas colombianos-, la abrumadora mayoría de los cuales no ha visto un gramo de cocaína o heroína en su vida.

La demanda internacional de dineros sucios impide verle un final pronto al narcotráfico tal como lo conocemos. Y contra esa demanda no hay campañas sanitarias ni psicológicas que valgan. Porque su demanda se origina en laberintos y atajos de la política, la economía y la guerra.

La negociación política con las AUC es un hecho histórico y como tal irreversible. Los pasos que faltan son cuantitativos, no cualitativos. La negociación política con el ELN está en vías de concreción, seguramente no con su totalidad, pero sí con la porción de los ‘elenos’ que no opera aún como ‘segunda marca registrada’ de las FARC. Esta porción ‘negociadora’ del ELN no es cuantitativamente importante –como sucedió en el caso de las AUC- pero sí es cualitativa y políticamente relevante al tener cabida en el COCE. Y así será valorado positivamente por la Comunidad nacional e internacional. Sobre todo cuando llegue el momento de enfrentar los novedosos estándares de verdad, justicia y reparación a punto de ser estrenados en la negociación Gobierno nacional – AUC.

El escenario del conflicto armado post AUC y ELN, desde la perspectiva de sus actores ilegales, quedará entonces reducido a las FARC, a las autodefensas que decidan no desmovilizarse y a los diversos eslabones del narcotráfico con sus distintos grados de politización directa o indirecta. Habiendo menos bulto, habrá entonces más claridad. Solo que la claridad no alcanza si no hay ojos que quieran ver.

A partir de ese momento –una vez concluidos los procesos con AUC y ELN- no serán las armas ni la política las que definan el curso del conflicto sino la realidad mundial del narcotráfico. Mientras el narcotráfico sea la fuente inagotable de recursos que ha sido hasta hoy, Colombia tendrá conflicto armado y amenazas terroristas para rato. Ya la cuestión sustancial no girará alrededor de la negociación política o la no extradición sino únicamente sobre el recurso económico que proveen los mercados internacionales con sus estándares de vida y consumo tan superiores a los paupérrimos niveles económicos de los países iberoamericanos.

Entonces, la pregunta qué habrá que hacerse no será ya ¿cómo bajar la demanda de cocaína y heroína en los países desarrollados del hemisferio norte? sino ¿cómo disminuir la demanda de ‘dineros sucios’ por parte de quienes hoy los demandan –no precisamente los narcotraficantes- con las consecuencias que todos conocemos? Habrá que prestar tanta atención a los ‘ensuciaderos de dólares’ como a los ‘lavaderos de dólares’. Porque es esa demanda de dineros ‘sucios’ la que vuelve funcional a esos ingresos un negocio como el del narcotráfico. En otras palabras, existiendo esa demanda de dinero ‘sucio’, si no existiera el narcotráfico habría que inventarlo. ¿Me explico?

Son las demandas de dineros para utilizar por fuera del circuito contable, impositivo y de auditoría de las empresas y de los estados, las que subsisten, crecen y multiplican a partir de las ‘mega minas de oro’ del narcotráfico. Son los dineros inicialmente limpios de los consumidores-adictos de EEUU y Europa, principalmente, los que se ‘ensucian’ al ingresar al circuito ilegal y criminal del narcotráfico. Negocio ilegal que también tiene sus costos no productivos ni de logística y distribución sino de soborno, seguridad e impunidad. ¿Quién los cobra? ¿Lo cobran solo en dinero o también en especies, incluidos servicios? Dineros ‘ensuciados’ que previo a su llegada a los ‘lavaderos’ pasa por manos non sanctas alimentando todo aquello que el mundo de los negocios y la política, privado y estatal, no está en voluntad ni en condiciones de legalizar ni de pasar por los filtros de los contadores, los Congresos y Parlamentos, ni los entes recaudadores de impuestos.

Ha sido el hallazgo y usufructo de este impensado y descomunal ‘El Dorado’ por parte de las FARC el que torció para siempre su ‘destino revolucionario’. Hay analistas políticos que insisten con un ‘modelo de País’ supuestamente en la mente de las FARC pero ello no deja de ser una expresión de deseos, un ‘canto a la bandera’, cada día más invalidado por la tozudez de los hechos y por las mismas FARC.

Así las cosas, si las FARC son narcotraficantes que posan de izquierdistas, no sería extraño que los narcotraficantes comiencen a posar de derechistas para politizar su negocio y atarse de por vida y muerte al destino de las FARC en una hipotética negociación futura o sometimiento conjunto negociado a la Justicia.

El mucho espacio que cedieron las AUC y el poco espacio que le queda por ceder al COCE ingresarán entonces a la ecuación del nuevo equilibrio de fuerzas entre el Estado y los ilegales armados remanentes cuyo ariete más visible son las FARC.

De aquí en más solo habrá dos caminos para extirpar el conflicto armado y las amenazas terroristas de Colombia y los dos caminos están por fuera de las posibilidades reales y propias del Estado colombiano, aunque los esfuerzos diplomáticos habrá que hacerlos y seguramente los EEUU y Europa querrán colaborar:

1) ¿Cómo hacer para que cese la demanda de dinero ‘sucio’ que se vierte en las redes que alimentan los dineros ‘negros’ privados y estatales de las economías más desarrolladas del mundo? Esta demanda de ricos-ricos por dinero ‘negro’ es inmensamente más poderosa e influyente que la demanda de consumidores-adictos por drogas ilícitas. Es más fácil que la primera encuentre formas de presionar a la segunda que a la inversa.

2) ¿Cómo hacer para que la producción y exportación de cocaína y heroína deje de ser ‘el gran negocio’ para ser solamente un negocio más que no atraiga a la criminalidad organizada? En este caso, que en principio solo puede entreverse a partir de la despenalización del negocio hoy considerado criminal, la demanda de aquellos dineros mencionados en 1. buscará otras vías que Dios quiera, esta vez, no tengan nada que ver con Colombia.

Ambas situaciones son altamente improbables de resolver en el corto y mediano plazo, al menos, por lo cual Colombia no puede esperar que el caso de las FARC encuentre una salida a través del Alto Comisionado de Paz y el presidente de la República del tipo AUC –legítima autodefensa político-militar que quiere desarmarse- o del tipo ELN-COCE –legítima organización revolucionaria político-militar que está estudiando el modo de hacer lo mismo.

Habrá que preguntarse por qué no se investiga y divulga, periodística y académicamente, en Colombia y en el mundo, principalmente en los EEUU y Europa, la real estructura de costos directos e indirectos, fijos y variables, del negocio del narcotráfico a escala mundial. Ello aportaría más elementos a los caminos de Paz que anhela Colombia que la usual diatriba y sarta de infamias contra las AUC y las que uno se imagina comenzará ahora contra los valientes del COCE que abandonen la guerra por las palabras y la civilidad.

¿Será que el impuesto al gramaje –sobre costos y precios nacionales- es un invento solo de los actores armados colombianos? ¿O será que en los distintos lugares del mundo y sobre precios cada vez más altos –al ir llegando hasta el precio de venta final- los dueños del negocio siguen pagando ‘impuestos al gramaje’, inmensamente más altos en términos totales, solo que esta vez a personajes y organizaciones –privados o ‘estatales’, mucho más encumbrados que guerrilleros o autodefensas colombianos?

Si llegamos a una respuesta afirmativa estaremos en condiciones mejores de comprender por qué ya las FARC son solo una ‘organización política de fachada’ y, totalmente por fuera de la órbita política desde el post-Caguán. Son simplemente la parte más baja y superficial de la pirámide de una gigantesca ‘mega mina de oro’. Allí encontraron su lugar en el mundo y se olvidaron de la revolución, y sobre todo de la política popular. Las FARC se han convertido, consciente o inconscientemente, en los ‘socios del silencio’ del más impúdico y perverso capitalismo mundial, así como cómplices hasta el tuétano de lo peor de la corruptela política a escala planetaria. Si alguno de ellos confía en que así golpea los pies de barro de los engranajes imperialistas, debiera interrogarse si por el contrario, con su praxis reaccionaria, lo que está haciendo no es colaborar en la perpetuación de las guerras y las injusticias y la degradación de la vida política y empresarial.

Mientras la ‘mega mina de oro’ no se agote las FARC seguirán en lo suyo, asesinando, secuestrando, extorsionando. O lo que es lo mismo ‘camuflando’ con ‘discurso político’ y ‘mendicidad delincuencial’ lo que en realidad es solamente su Caja menor. La mina de oro es otra cosa y ella sí es un excelente negocio capitalista, ilegal, pero capitalista al fin.

Las AUC en la persecución de las FARC llegaron hasta El Dorado que regentean las FARC pero fue entonces que la causa nacional antisubversiva pudo finalmente más que todo el oro del mundo, y el fortalecimiento de la democracia más que la distorsión total de sus valores. Al llegar hasta donde llegaron las AUC descubrieron junto al Dorado que sus enemigos de las FARC ya no eran políticos sino comerciantes criminales. De allí a dejar eso en manos del Estado fue todo uno por parte de las AUC. Colombia y el mundo son testigos. Allí está Santa Fe de Ralito y sus frutos contundentes de desarme y desmovilización. Los más grandes de la Historia del conflicto armado en Colombia.

El ELN llegó hasta el umbral y allí se partió en dos o en tres. Unos seguirán embelesados el camino sin retorno de las FARC.

Otros, en un último gesto de grandeza estarán más cerca del CHE que de sus verdugos.

Y eso Colombia se los agradecerá mucho, no solo por abandonar las armas sino también por dejar de lado esa voracidad de dinero que no solo termina con las personas y las organizaciones sino que también acaba con las causas más nobles que la Humanidad tiene todavía todo el derecho de soñar y de alcanzar.
Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de “Así la veo yo’’ pueden ser consultados en
www.salvatoremancuso.com

septiembre 20, 2005

¿Se le mide el ELN a ser el ala izquierda de un gran movimiento nacional ‘uribista’?

Entender la ‘Casa de Paz’ como un punto de partida pragmático, no ideológico

Colombia, 20 de septiembre de 2005

Así la veo yo

Por RUBIÑO


La permanencia de ‘Francisco Galán’ en la denominada ‘Casa de Paz’ abre expectativas que merecen no ser defraudadas.


La zona de ubicación de Santa Fe de Ralito comenzó con mucho escepticismo y, sin embargo, contra todos los pronósticos agoreros, está produciendo la desmovilización más grande de la historia del conflicto armado: 20.000 combatientes, nada menos. Desde Ralito las AUC invitaron al diálogo al ELN y a las FARC. ¿Será que la ‘Casa de Paz’ del ELN está dispuesta a invitar a las AUC desmovilizadas? Porque si se trata de que Colombia sea una ‘Casa de Paz’ no puede pensarse que unos queden bajo techo y otros a la intemperie. Menos aún, que haya vencedores y vencidos.


La propuesta de Convención Nacional también merece algunas aclaraciones por parte del ELN, porque una cosa es concebirla como una reunión con amigos del ELN y otra, bien distinta, si está abierta a la sociedad civil en su totalidad, incluida aquella donde tienen buen recibo las AUC desmovilizadas. También aquí no se trata de forzar los tiempos ni de pedirles peras al olmo, sino de hacer claridades que le vayan poniendo horizontes y escenarios posibles a las expectativas.


Las AUC conciben su proceso de paz como otro paso trascendental –en la línea de lo actuado antes por el EPL, el M-19 y la CRS entre otros- hacia un proceso integral que cierre el ciclo de los conflictos armados. Es posible que el ELN estime lo suyo como otro importante paso en la misma dirección y que a ello le esté apuntando ‘Francisco Galán’, pero no es de descartar que el objetivo del COCE siga siendo demoler el Estado por las armas o por la negociación, pero demolerlo finalmente. ¿Con cuál de los dos escenarios nos quedamos?


Al ELN se le presenta una oportunidad de oro –tal vez irrepetible- de alcanzar con el poco poder militar que le queda un máximo de legitimación y maniobrabilidad políticas. Ante la coyuntura que se le presenta su respuesta puede ser avanzar o retroceder. Si avanza hacia la desmovilización y el desarme puede ser un factor de cambio adicional importante que impulse la sociedad hacia escenarios inéditamente favorables en términos de crecimiento y desarrollo. Si retrocede, se afirma –al igual que las FARC- como un factor reaccionario candidato a ser derrotado desde el vamos por una intrincada madeja de fuerzas sociales y políticas que Colombia está dispuesta a construir democráticamente con el ELN o sin el ELN. La sutil y nada desdeñable diferencia radica en que si el ELN permanece en pie de guerra será inexorablemente contra el ELN, las FARC y cualquier otra estructura paramilitar, de izquierda o de derecha, que se enfrente al Estado y a la sociedad.


La fuerza social transformadora que se está gestando, más o menos espontánea e intuitivamente, a partir del personalismo ‘uribista’, y que arrastra tras de sí la muy matizada gama del ‘uribismo’ tiene más proyección política a futuro que el de una simple elección presidencial, o dos o tres. Podemos pensar en una generación de colombianos que desde el 2002 y por un lapso de al menos 25 años introduzca al País no solo en el siglo XXI sino también en un Milenio bien distinto al que arrancó cuando los españoles aún no habían llegado y los EEUU ni siquiera existían.


Así como las AUC desmovilizadas hicieron la guerra y después la paz bajo la bandera de la libertad, el ELN desmovilizado que hoy hace la guerra por banderas de igualdad también puede amanecer en la ‘Casa de Paz’ sosteniendo que está dispuesto a hacer la paz sin renunciar a su causa de igualdad.


Los vientos de cambio que insinuó el primer cuatrienio de Uribe presidente bien puede convertirse en un huracán de transformaciones que con Uribe presidente o con Uribe en el llano, a partir de 2006, garantice tres décadas de avance económico y social para el Pueblo colombiano bajo las banderas de cada día más libertad y cada día más igualdad. Está claro que no se trata de la libertad para morirse de hambre ni para asesinar a los opositores, así como tampoco se trata de la igualdad en la miseria, o la igualdad de los sometidos al tirano o al dictador.


En estas condiciones no se trata de que Uribe le haga un favor a los ‘paras’, ni que los ‘paras’ le hagan un favor a los ‘elenos’, ni que los ‘elenos’ le hagan un favor a Uribe. Ni uno ni los otros necesitan favores, mucho menos al precio de traicionar sus principios. El punto de referencia debe ser Colombia y los colombianos y colombianas. Si hoy el presidente –tras tres años de gobierno- tiene una imagen favorable que va del 70 al 80 por ciento, si hoy las encuestas reconocen la existencia de un clima de optimismo nacional inusual en los últimos veinte años, si hoy el hombre y la mujer del común están dispuestos a seguir confiando en el rumbo abierto por el presidente Uribe porqué no pensar que los desmovilizados del ELN y los de las AUC, en vez de plantear sus futuros políticos por fuera de esa fuerza social que genéricamente denominamos ‘uribismo’, se sumen por los laditos –izquierdos y derechos si se quiere razonar así- para que el destino final no sea una decepción colectiva sino el fruto de una construcción, conjunta y democrática, donde, de lado y lado se aporta esfuerzo, inteligencia y creatividad para entregarle ‘llave en mano’ a la próxima generación un País sin guerra, un País sin exclusiones, un País sin desigualdades que claman al cielo.


No se trata de propiciar el unanimismo utópico e indeseable, sino la suma de fuerzas que jalonen para el mismo lado. Hay ‘uribistas’ con Uribe, así como ‘uribistas’ sin Uribe, hay ‘preuribismo’ y también ‘posturibismo’. Hay ‘uribismo’ crítico y hay ‘uribismo’ lagarto. De todo hay y para todos hay un lugar. A nadie extrañaría un ‘uribismo’ de izquierda formando parte del mismo movimiento nacional donde también cabe un ‘uribismo’ de derecha. Lo que une, en este caso, no son las ideologías, sino el acuerdo fundamental sobre la necesidad de las transformaciones a realizar y los consensos sobre los caminos para llevarlos a la práctica.


Tal vez la palabra ‘uribismo’ no sea la ideal, ni la más precisa, para expresar el tipo de unidad en la acción al que se estaría convocando pero mientras se halla un término sustitutivo que mejore la significación démosle a la connotación de ‘uribista’ la misma caracterización que le dan el hombre y la mujer del común cuando hablan entre sí o responden una encuesta. No vaya a ser que Colombia pierda una oportunidad histórica, e irrepetible en muchos años, de salir de sus problemas, a caballo de la fuerza incontrastable de unas mayorías contundentes, porque el término que denomina tales fuerzas –en este caso, ‘uribismo’- no cae bien en paladares demasiado finos, o en estómagos extremadamente delicados, inclinados a desentenderse del mundo por ‘pulir un verso’.


Según los ideólogos de la lucha armada guerrillera, las guerrillas estaban destinadas a ser algo así como la chispa que encendiera el motor. El motor era el pueblo, las clases obreras y campesinas produciendo las transformaciones sociales, lo que alguna vez se llamó ‘revolución’. En Colombia eso no sucedió ni va a suceder. Algunos líderes guerrilleros se convirtieron en los rabinos de Israel esperando el Mesías de la Revolución, y lo siguieron esperando aún muchos siglos después de Cristo. Ni las FARC, ni el EPL, ni el M-19, ni el ELN fueron la chispa que encendiera el motor. Ni siquiera llegaron a ser llama que generara en la contraparte dictaduras al estilo de Chile y de Argentina. Lo que sí generaron fue una violencia de signo opuesto nacida del mismo pueblo en su afán por defenderse, ya que el Estado recién ahora se está despertando de la larga siesta y poniendo los pantalones. Se convirtieron las guerrillas, eso sí, en plagas y en pestes que amenazan destruir lo poco de democracia y de bienestar que supimos conseguir hasta aquí.


Sin embargo, tanto las guerrillas como las autodefensas están llamadas a abandonar la guerra. La convocatoria del presidente Uribe no excluye a nadie, ni prefiere a unos por sobre otros. ¿No será el ‘uribismo’ la chispa que encienda el motor de las transformaciones sociales en Colombia? ¿No será que guerrilleros y autodefensas pueden encontrar en el movimiento nacional que se está gestando el espacio para darle rienda suelta a su afán transformador? Unos operando sobre la producción, otros sobre la distribución del ingreso, unos sobre lo urbano otros sobre lo rural. Unos destacando lo cultural, otros poniendo el acento sobre la seguridad.


El siglo XX inició bajo el signo de conservadores y liberales. El siglo XXI bien puede estar llamado a afianzarse a partir de ‘uribistas’ y desmovilizados provenientes de las filas guerrilleras y de autodefensas. No se trata de que ‘Antonio García’ se inscriba en Cambio Radical, ni que Salvatore Mancuso se sume al Partido de la ‘U’. Se trata de que, en vez de buscar fórmulas que le produzcan el mayor costo político al presidente Uribe y a los ‘uribistas’, se encuentren caminos institucionales para que el beneficio político y social sea el mayor en términos de la población colombiana. En una palabra, que no se busque el bien o el mal de unos sobre otros, sino el bien de todos a favor de Colombia.


El presidente Uribe en su reciente discurso en la cumbre de las Naciones Unidas destacó lo siguiente: “Me atrevo a proponer que, …, utilicemos cinco parámetros para calificar nuestras democracias. Ellos son: la seguridad con alcance democrático; la protección efectiva de las libertades públicas; la transparencia como factor de confianza; la cohesión social como principio de sostenibilidad democrática; y, la independencia de las instituciones.”


Los cinco parámetros que mencionó Uribe en las Naciones Unidas pueden ser claves a la hora de generar espacios de interlocución ya no solo de carácter vertical entre el Gobierno nacional y los armados ilegales, sino también de carácter horizontal entre ELN y AUC desmovilizadas, así como también con las FARC cuando ellas se decidan a hacerlo.


En su discurso ante el Congreso de la República del 28 de julio de 2004 el entonces máximo líder del Estado mayor negociador de las AUC, Salvatore Mancuso mencionó “la importancia estratégica para Colombia de generar consensos e iniciativas sobre los siguientes cinco temas principales que conforman nuestra Agenda de Convergencia y Concertación Nacional e Internacional: 1. Estado Social de Derecho; 2. Concertación para el Desarrollo Nacional; 3. Reconstrucción del Tejido Social y Nacional; 4. Ética de la Responsabilidad Social y 5. Colombia y el Mundo. Estos temas identifican las bases fundamentales de nuestra convocatoria a los colombianos.”


El espacio abierto a partir de Santa Fe de Ralito y el que se abre en estos días con la ‘Casa de Paz’ que habitará ‘Galán’ facilitan encuentros entre ambos actores del conflicto armado, unos en la fase final de su desmovilización, y otros en la fase exploratoria de lo que todos los colombianos aspiramos culmine con éxito en una ulterior fase de negociación.


Las amenazas terroristas son una realidad a tener en cuenta, así como también la realidad del conflicto armado. Pero también urge comenzar a tratar el tema de los territorios amenazados por las debilidades del Estado, de la sociedad y de la economía. Todos estos factores se entremezclan y requieren ser considerados en los diálogos de los actores armados ilegales que buscan concretar su abandono de las armas y la sociedad en sus diferentes componentes.


Lo que ‘Francisco Galán’ denomina ‘Convención Nacional’ puede que en el fondo no sea muy distinto de lo que Salvatore Mancuso mencionó en el Congreso de la República como ‘Agenda de Convergencia y Concertación’. Ambos líderes tienen claro que existe un ámbito de negociación política que es con el Gobierno nacional, pero que también existe otro ámbito igualmente importante que es el lugar de encuentro entre los desmovilizados y la sociedad. Puede que el criterio del ELN privilegie la Convención Nacional para su realización previa al desarme, mientras que las AUC han aceptado que un diálogo entre armados ilegales y desarmados civiles no es un diálogo entre iguales, ni es un diálogo entre hombres igualmente libres. Sin embargo, todo esto, siendo importante al finalizar el proceso, es procedimental en sus inicios, porque lo sustancial aquí sigue siendo la voluntad de diálogo, las propuestas, la concertación. Lo que Salvatore Mancuso denominó la convergencia.
Así la veo yo.

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septiembre 13, 2005

El pragmatismo de las AUC: ¿de la Confederación Utópica a la Atomización Concertada?

El desafío de unir en tiempos de política lo que no pudo unirse ni en tiempos de guerra



Colombia, 13 de septiembre de 2005


Así la veo yo


Por RUBIÑO




¿Será que las AUC desmovilizadas darán finalmente origen a un nuevo movimiento político unificado? ¿O es más realista visualizar que los distintos líderes de las AUC decidan finalmente iniciar caminos independientes, cada quien por su lado? Si por los hechos conocidos públicamente nos orientamos, los ex comandantes están más cerca de la atomización concertada que de la confederación organizada. ¿Será que todos los caminos conducen a Roma? ¿Y será finalmente en Roma, y no en los puntos de partida, donde se producirá la reunión? ¿Cuál será la Roma de las AUC? ¿El Congreso? ¿Las Gobernaciones? ¿Las Asambleas? ¿Las Alcaldías? ¿Los Concejos? ¿Los Ministerios? ¿Las Secretarías? ¿La Presidencia? ‘Piano, piano, si va lontano’, dicen los italianos, que algo saben de Roma y de política…

No se conoce de la existencia de una Mesa Directiva post-negociación que ejerza la conducción de las AUC en su tránsito a la vida política. No se tienen indicios de su conformación así como nada se sabe del nombre del movimiento político que surgiría como producto de la inminente reincorporación plena a la vida civil. Los ex comandantes han hecho un culto de su dedicación a la fase final de las desmovilizaciones todavía en trance de ser concretadas, así como se han ocupado entusiastamente, y a tiempo completo, de la puesta en marcha de proyectos productivos que sirvan de horizonte económico para los ex combatientes. Los medios periodísticos han encontrado en estos días que van apareciendo ex comandantes como candidatos al Congreso –no más de tres hasta hoy- los cuales estarían amparados por la ley 782 y no sujetos a la ley de Justicia y Paz. Sin embargo, esto último no da luces sobre la futura organización política de las AUC desmovilizadas. Por el contrario, el hecho de aparecer los ex candidatos en listas que compiten entre sí, más bien manifiesta síntomas de dispersión que de unidad. Como si las AUC estuvieran hoy más cerca de su atomización local y regional que de una eventual confederación nacional. Dispersión inevitable que puede ser fruto de la digestión lenta, producto de los ‘sapos’ que hubo que tragar en la negociación con el Gobierno, pero que bien puede ser también el resultado de una estrategia muy bien montada. Los estrategas de la guerra irregular saben que no se pueden ofrecer blancos al enemigo, y que –en este sentido- lo grande es enemigo de lo bueno; y que los mejores resultados son aquellos que producen la sorpresa y la invisibilidad. Sobre todo, cuando el enemigo no sabe descifrar la estrategia y confunde la aparente falta de lógica con debilidad, y la invisibilidad con inexistencia.

Unir bajo un solo movimiento político a los antiguos confederados de las AUC sigue siendo una meta compartida pero que no parece estar cerca de concretarse. Lo cual no ha de ser visto como imposibilidad, sino más bien como un dato de la realidad que podrá modificarse cuando hayan madurado las condiciones y se hayan perfilado de mejor modo los nuevos derroteros. La confederación pudo ser un buen camino para enfrentar la guerra que no necesariamente halle su réplica ‘partidista’ en tiempos de paz y democracia. Contra el anacronismo de las guerrillas comunistas fue más sencillo hallar puntos de unión; frente a los desafíos de la política innovadora y necesariamente creativa es más natural que surjan visiones diferentes, producto de imaginaciones libres imposibles –e inconvenientes- de sujetar en mandos al estilo militar.

Lo anterior no significa que el destino inevitable de las AUC desmovilizadas sea la atomización política bajo el influjo carismático de sus diferentes líderes en las diferentes regiones, ni mucho menos que ese destino sea el más conveniente. Significa solamente que de lo ‘viejo’ no puede nacer lo ‘nuevo’. Significa que lo ‘nuevo’ -para surgir y desarrollarse- requiere devolver las cartas del juego al mazo, mezclar y dar de nuevo. Pero no dar de nuevo lo mismo que antes sino que se trata de dar cartas nuevas a jugadores nuevos sumados a los de siempre. El destino de las AUC, si quiere marcar hitos importantes en el panorama político colombiano, no puede reducirse a seguir jugando el mismo juego con las mismas caras y ropajes nuevos. Ni tampoco limitarse a la defensa y justificación de lo hecho, adaptando los términos utilizados en el pasado a la desmovilización producida.

Las aguas de las AUC han de encontrar su futuro más promisorio en la confluencia con otros ríos que, por distintos cauces, hoy han llegado a visiones compartidas del futuro colectivo. El tiempo del aislamiento inducido por la guerra y la ilegalidad ha de ceder su espacio al tiempo de la vinculación y la sinergia con todos aquellos que están dispuestos a soñar los mismos sueños aunque provengan de historias, anhelos –y hasta pesadillas- bien distintas.

La transformación de las AUC se está dando primero y fundamentalmente en el interior de cada uno de sus integrantes. Este proceso es esencialmente íntimo e intransferible. Llegará el momento de socializar las experiencias humanas vividas en este tránsito de la guerra hacia la paz, desde el monte a la familia, desde la aventura diaria militar a la menos variada cotidianidad civil.

Esta transformación humana interior, acompañando un proceso de reincorporación exitoso a la vida civil, hará posible que el renacer a la vida nueva con dimensión política alcance su plenitud en el mediano y largo plazo. En el corto plazo solo cabe esperar que el diálogo en el interior de las AUC no se suspenda aunque tampoco puede esperarse que ese diálogo produzca más frutos públicos que los mínimos recomendables para que quienes, simpatizando con la Causa de las autodefensas, puedan recibir guiños y señales que no los hagan quedar totalmente fuera de sintonía, como sucede hoy.

Las próximas elecciones son importantes –como lo son todas las oportunidades que se tienen para elegir y ser elegidos democráticamente- pero sobre ellas las cartas ya están echadas y es poco lo que pueden influir las AUC desmovilizadas. El corto plazo –con el que coinciden los próximos seis meses- encuentra a Colombia caminando por donde es. Si así no fuera las AUC no estarían cumpliendo los acuerdos de Ralito, que, finalmente, son acuerdos que comprometen a ambas partes. Si el Gobierno ha cumplido, las AUC no pueden incumplir. Y si el Gobierno ha cumplido, no existen razones, de tamaña magnitud, que obliguen a las AUC desmovilizadas a pronunciarse políticamente. Aquí no se trata de cambiar el rumbo nacional, lo cual exigiría que las AUC se manifestasen de inmediato. Aquí se trata más bien de enfatizar sobre matices y sobre prioridades, lo cual exige de las AUC menos declaraciones públicas de carácter político, que trabajo paciente en su propio interior, dirigido a presentar sus frutos al País cuando ya Colombia tenga claro cuál es el Congreso que ha escogido y el Presidente que conducirá el Gobierno a partir del 7 de agosto de 2006. Las AUC conocen de sobra la geografía nacional, y las necesidades de cada zona del País, pero el mapa político que surja de las próximas elecciones –sobre todo las del Congreso- no lo conoce nadie. Y es sobre ese mapa validado democráticamente en las urnas donde la nueva realidad política de las AUC desmovilizadas comenzará a dar sus primeros pasos en la legalidad. Anticiparse a ello es un desgaste innecesario y caro. Atenerse a los resultados será una inversión necesaria y rentable en términos de organización política que nace para transformar el País no para terminar de hundirlo.

Hay dos escenarios posteriores a esa fecha que las AUC desmovilizadas deben comenzar a tener en cuenta con mayor acuciosidad –porque para entonces ya estarán íntegramente en la legalidad política.

Las elecciones de 2010 serán trascendentales y puede que para esa fecha Álvaro Uribe no sea ni presidente ni candidato. Seguramente será un ex presidente con una enorme influencia política. Para el 2010 no falta un siglo, ni cincuenta años, ni diez. Solo cuatro años y poco más de un trimestre nos separan de 2010. Menos de 5 años y hay tanto por hacer si se trata de hacer las cosas bien.

Además, no hay que descartar la posibilidad de que los nuevos escenarios políticos y de paz propicien después de 2006 una nueva Asamblea Constituyente.

Será en ocasión de esa Constituyente y de las elecciones posteriores a las presidenciales de 2006 donde las AUC desmovilizadas comenzarán a demostrar en los hechos que su pasaje de las armas a la política está acompañado por suficiente respaldo social y capacidad de liderazgo.

Mientras tanto, mientras se construyen los escenarios y los mecanismos para llegar allá, es bueno para la democracia colombiana que los amigos del proceso de paz con las AUC prosigan sus carreras políticas sin recibir vetos ni estigmatizaciones, así como igualmente es auspicioso que quienes se hayan desmovilizado y estén a paz y salvo con la justicia emprendan el camino de la vida política –incluso a partir de 2006- si sienten que ya están preparados, que esa es su vocación y que el momento les ha llegado. El sentido de la oportunidad es clave en la vida del político y de las organizaciones políticas.

En el primer caso -el de los políticos amigos del proceso de paz- la sociedad sabrá premiar su valiente labor de defensores de la paz; en el otro caso –el de los ex comandantes- también sabrá valorar sus hechos de paz y su abandono de las armas. Si esto ha demostrado ser útil en el caso de los ‘emes’, no se ve porqué no pueda serlo en el caso de los ‘paras’, o de los ‘elenos’. Y si no menciono aquí el caso de los ‘farianos’ es porque el Partido Comunista hace ya bastante que participa de la política legal en Colombia y que no niega su alianza estratégica con aquellos: su vieja historia de la combinación de todas las formas de lucha.

Nadie puede negarle representatividad ciudadana, ni olfato político y sensibilidad popular, a Moreno De Caro y Zulema Jattin. Si ellos les abren sus toldas a ‘Ernesto Báez’ y Jairo ‘Andrés’ Angarita sus razones tendrán, así como un político de raza como Mario Uribe es poco probable que se equivoque si le apuesta al futuro político de Eleonora Pineda y Rocío Arias.

Y si ‘Francisco Galán’ reúne los requisitos legales no sería extraño que el Polo Democrático lo incorpore a sus filas, o que incluso, el binomio Serpa-Gaviria intente sumarlo a sus listas del liberalismo oficialista. Finalmente, las voluntades que se le quitan a la guerra bienvenidas han de ser en las filas de la democracia y la política.

Lo anterior –lo de los ex comandantes- no significa que las AUC desmovilizadas estén en campaña política, o que vayan a presentar programas y candidatos propios en las elecciones de 2006. El tránsito a la vida civil y al ejercicio de los derechos políticos de las AUC desmovilizadas está en vías de construcción, mientras la misma ley de Justicia y Paz no ha iniciado todavía su reglamentación y aplicación. Esto produce una proscripción de hecho para los líderes históricos y emblemáticos de las AUC quienes deberán esperar aún algún número de años para inscribir sus nombres a la consulta popular. Al menos, mientras rija el actual ordenamiento legal.

Sin embargo, los espacios políticos que no se ocupan, siempre existe el riesgo de que los ocupen los adversarios. Por lo tanto, aquellas personas que han transitado por las filas de las AUC y que hoy tienen la libertad de escoger entre ser candidatos o no, no tienen otra limitación para hacerlo que su propia voluntad y su capacidad de generar consensos por parte de integrantes de la clase política que los quieran apoyar en sus legítimas aspiraciones. Esto no significa que las AUC desmovilizadas vayan a participar de las próximas elecciones. Esto debe quedarle claro a propios y extraños y no estaría de más que fueran las propias AUC quienes hicieran claridad al respecto.

Uno entiende el sentimiento que mueve a algunos ex comandantes a no desestimar la invitación que desde importantes ámbitos de la política se les hace para que a título personal –y no de las AUC- se sumen a la lid electoral. Esto es lícito y también es bienvenido. Sin embargo, las AUC desmovilizadas no harían bien en facilitar, por omisión, confusiones en la opinión pública transmitiendo la sensación de que tales candidaturas son producto de un movimiento político propio que ya habría comenzado a actuar aun antes de contar con su personería jurídica y sus autoridades legalmente constituidas.

No se trata, entonces, de desautorizar candidaturas personales, mucho menos cuando se trata de ex comandantes que como ‘Ernesto Báez’, en el nivel nacional, y ‘Andrés’ y ‘Giovany’, en el ámbito regional, han dado sobradas muestras de su capacidad de liderazgo, voluntad de paz y compromiso social. No son los únicos, pero ellos tienen un camino adelantado y no vislumbran acechanzas jurídicas por resolver.

Es importante para la legitimidad del proceso de paz y del propio Estado, que Colombia y el mundo vean en ellos, no el producto del ‘poder en las sombras’ de un partido todavía inexistente, sino la mano tendida que los actores legales de la política le hacen a los hasta ayer armados ilegales, para que se sumen a la construcción democrática del porvenir colectivo desde el escenario del Congreso. Escenario desde el cual habrá que seguir haciendo todos los esfuerzos y los sacrificios para que sea cada día más incluyente, y no solo con relación a quienes hayan abandonado las armas de izquierda y de derecha. A su recinto también deben llegar todas aquellas regiones y clases sociales que solo existen en el mapa y las estadísticas de marginación y pobreza. Regiones enteras y comunidades amplísimas a las cuales todavía no les ha llegado el tiempo de la participación y el bienestar. Millones de colombianos con miedo y con hambre, pero todavía sin voz ni partidos que les den cabida ni los representen a cabalidad.

Las AUC desmovilizadas bien harían en iniciar el tránsito cívico al ejercicio de la política con un horizonte que privilegie el 2010 por sobre el 2006, y que tenga más que ver con los problemas del País que con su propio proceso de reinserción.

No sería correcto políticamente, ni justo socialmente, que la participación política de los ex comandantes de las AUC fuera percibida como una forma de resolver los propios problemas por encima de los problemas de las comunidades.

Sabemos que esto no es así, ni es esto lo que está en la mente de los ex comandantes. Por eso no está de más –sino que suena conveniente- que sea desde el máximo nivel de la dirigencia de las AUC desmovilizadas que haya algún pronunciamiento en este sentido.

Abrirse camino en los vericuetos de la política está muy bien para las personas y también para las organizaciones que abandonan las armas. Pero mientras las personas solo responden por sí mismas, las organizaciones responden por un colectivo, por unos programas, por unas metas. Sobre esto último están demoradas las AUC en hacer claridades. Y es sobre estas claridades demoradas donde anidan las infamias y sobrevuelan los enemigos de la paz.

Las cosas no solo hay que hacerlas bien, sino que además así deben parecer.

Reconforta el adagio popular cuando dice que todos los caminos conducen a Roma.

Pero ¿de cuál Roma estamos hablando aquí?

Porque si sobre su propio destino no hay claridad, a las AUC les puede pasar lo del velero que se perdió en el mar. Al que no sabe dónde va, ningún viento le viene bien.

O las organizaciones vencen al tiempo, o el tiempo acaba con las organizaciones.

La confianza trae cosas buenas pero el exceso de confianza termina trayendo cosas malas.


Así la veo yo.


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septiembre 05, 2005

Discurso pronunciado por Vicente Castaño el día de su desmovilización - Yopal, Casanare, 3 de septiembre de 2005

En razón de la importancia que posee el texto hecho público por Vicente Castaño para la mejor comprensión del presente y futuro del proceso de paz, silencio por esta vez mi propia palabra para dar lugar a lo que considero una pieza de inocultable valor político y humano. Cedo entonces, con muchísimo gusto, al amigo y ex comandante Vicente Castaño, el espacio de Así la veo yo, y volveré con las columnas de Rubiño a partir de la próxima semana.



SALUDO


Ministro del Interior y Justicia, Señor Sabas Pretel de la Vega
Doctor Luis Carlos Restrepo, Alto Comisionado para la Paz
Doctor Sergio Caramagna, Jefe misión de apoyo de la OEA
Doctor Juan David Ángel, Director nacional de reincorporación
Señor Gobernador del Casanare, Elí Cala
Alcalde de Yopal, Nelson Mariño
Autoridades Civiles, Militares y Eclesiásticas
Señores Medios de comunicación
A todos mis amigos de las Autodefensas
A mi madre que tanto la hemos hecho sufrir


Colombianos

Después de observar desde una prudente distancia, por más de una década, a mis hermanos enfrascados en una lucha interminable y en una actitud servil que solo era útil para unas instituciones indolentes, negligentes y auspiciadoras de nuestra tragedia nacional, y después de soportar además, silenciosamente, la desaparición de los seres queridos, fui llamado por clamor familiar para tomar las riendas de unas Autodefensas que tenían que ser reconstruidas.

Al comienzo no tomé las filas de las armas sino que busqué un liderazgo social y productivo en la región del norte de Urabá y parte del Sinú.

Posteriormente, tras un intento fallido de mi hermano Carlos, de buscar un acuerdo de no agresión con la guerrilla, utilizando la mediación de la Iglesia y la de varios personajes de la vida publica y tras las constantes agresiones guerrilleras, más el llamado incesante de miles de compatriotas desprotegidos, tomé la decisión inquebrantable, acompañado de mi hermano Carlos en la dirección política, de llevar las Autodefensas hasta el último rincón de la patria con el convencimiento de lograr uno de estos dos objetivos: hacerle entender a la guerrilla que su forma de lucha era una utopía, o hacerle entender al Estado, que nos defendía o nos defendíamos al precio que fuera necesario.

Ahora, que hemos ocupado casi todo el territorio nacional con Autodefensas, logrando así el segundo objetivo, tomé el camino de la desmovilización.

Quiero invitar a todos a seguir ese mismo sendero del desarme, continuando la lucha por nuestro país desde un ámbito legal. Los invito a tomar la otra bandera, como lo hemos venido haciendo en los últimos diez años: la de un compromiso social y de desarrollo productivo, que nos permita desterrar la miseria hasta en la más apartada región de nuestra geografía, esta vez, apoyándonos en las instituciones.

Quiero anotar también que el proyecto de Justicia y paz, no fue construido para la paz, si sólo se pensaba en el desarme. Esto refleja, claramente, que muchos de nuestros dirigentes mostraron una gran debilidad para tomar las grandes decisiones que transformen el país. Esperamos que, en el futuro, sea el pueblo mediante una consulta popular el que decida qué es lo que nos merecemos.

La paz no es el resultado de un decreto sino el fruto de un proceso en donde lo importante es el cambio interior. De este cambio es toda la comunidad internacional la que debe tomar conciencia, para que la paz no sea simplemente un sueño sino una realidad.

En nombre de todos los compañeros, les pido un sincero perdón a todas las personas que han sido víctimas de este conflicto. Invito al país, lo mismo que a la comunidad internacional, a no dejar pasar este acontecimiento sin interrogarnos cuál fue el aprendizaje en este doloroso proceso. También a preguntarnos por una economía que no busque solamente acumular, retener y poseer, sino a descubrir su verdadera dimensión social.

Roguemos al Todopoderoso que nos ilumine a todas las víctimas para que logremos una gran reconciliación y que nos guíe a reconstruir juntos el país que todos anhelamos: una Colombia sin hambre en donde sea realidad la frase de Gandhi: "hay para la necesidad de todos pero no para la avaricia de pocos."

Muchas Gracias.


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