noviembre 30, 2006

Las AUC y el inédito camino desde la ‘para-política’ a la ‘pura-política’

Promover como el Primer punto de la Agenda Nacional : Respetar la Vida , honrar la Vida



Chamuyo (20)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com





A las AUC no le han faltado líderes, tampoco sentimiento de causa, doctrina ni vocación política, pero a diferencia de las guerrillas, cuánto le han faltado y le siguen faltando suficientes predicadores que difundan el mensaje político y social, que transmitan con fidelidad, por ejemplo en estos días, su ‘buena nueva’ de la transformación organizacional de lo militar a lo civil, de lo ilegal a lo legal. Sin embargo, ante tanta ‘mala prensa’ y tanta ‘mala imagen’, ante tan descarada evidencia de campañas mediáticas y políticas en su contra, ante tanta adversidad concentrada contra sus líderes y su historia, frente a los asesinatos de sus desmovilizados, y los espacios de libertad perdidos tras las ‘medidas de conducción’ de agosto, se fortalece desde dentro y crece desde La Ceja y Villa de la Esperanza , aquel espíritu que es necesario templar en todas las aventuras humanas, sobre todo si se conciben como causas colectivas, como superación de obstáculos y de carencias que hacen inviable la vida humana, el ejercicio de la libertad y la misma subsistencia del tejido social.


Ahora sí que vienen para las ex AUC los tiempos de formar los dirigentes políticos, los líderes sociales, los futuros integrantes de la clase dirigente del siglo XXI, que serán los predicadores llamados a vincular los problemas con las soluciones, las necesidades con las respuestas. No hay en la política mejor escuela que la adversidad ni mejor incentivo que tener la prensa en contra. Es contra los adversarios que se vence, es a los contradictores y los que no entienden, a quienes se intenta persuadir y convencer. A mejores adversarios mejor estrategia, a mejores y más duros críticos, mejores razones propias. Si en política no existiesen los adversarios habría que inventarlos para polemizar con ellos, si en política no existiesen los editorialistas y columnistas críticos habría que promoverlos porque es de las diferencias donde surge la posibilidad de síntesis, y es a partir de lo que no vemos y otros ven donde profundizamos la mirada y volvemos más amplia la visión.


El tema del día, nominado para tema del año, es la ‘para-política’. Esto habrá de desembocar –a la vuelta de la esquina- en el delicadísimo asunto de cuál será la ‘pura-política’ que permitirá a los ex ‘paras’ –y a los ex guerrilleros- completar el tránsito de la ilegalidad a la legalidad en el preciso campo de la actividad política. Este es uno de los puntos sustanciales de cualquier proceso de paz, hoy con las autodefensas, mañana con el ELN y, ¿alguna vez?, con las FARC.


Aunque la mecánica del proceso de paz se haya transformando, con Uribe y a partir de Ralito, en un caso particular de proceso de ‘sometimiento a la ley’ nadie ha dicho –ni desde el Gobierno ni desde la oposición- que el tránsito a la vida política está cerrado para quienes fueron los líderes históricos y los comandantes referentes de las organizaciones armadas ilegales. Esto no se ha dicho ni respecto del ‘Mono Jojoy’, ni de ‘Alfonso Cano’ ni de ‘Antonio García’ y tampoco nadie ha oído que proscripción alguna vaya a pesar en el futuro sobre Salvatore Mancuso o Iván Roberto Duque, por solo mencionar algunos de los líderes históricos de FARC, ELN y AUC. No se habla del problema pero el problema existe, está planteado y sobre ello está demorado el debate. Pero no demorará en aparecer. Y cuando aparezca será necesario que se resuelva bien. De lo contrario, los acuerdos de paz podrían ser solo pausas en la guerra. Y no es eso lo que queremos.


La situación planteada con el problema enunciado -que consiste básicamente en que quienes dejan las armas para dedicarse a la política desarmada, y cargan con crímenes de guerra, delitos atroces y de lesa humanidad se encuentran hoy en Colombia con el impedimento legal de hacerlo- resulta en contravía, ya no solo con el sentido político de las desmovilizaciones, sino con el sentido común que alberga la opinión pública acerca de que ‘mejor es echar lengua que echar bala’. Al menos dentro de ciertos contextos y cumplidas ciertas condiciones dentro de procesos de paz donde se hayan satisfecho estándares legales de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición.


Sin embargo, la ‘cosa política’ está enredada y se aplica aquello de que ‘el camino es culebrero’ y plagado de las trampas que se tienden uribistas y antiuribistas. Esto sucede, en buena medida, al tiempo en que -¡vaya paradoja!- la visión que las guerrillas tienen de las autodefensas –e incluso de sí mismas- es la que ha adoptado el grueso de la prensa y de la oposición política, mientras que la visión que las autodefensas tienen de las guerrillas –y también de sí mismas- ha sido crecientemente compartida por el electorado desde el 2000 para acá. Esto polariza las miradas y sesga las posiciones, tensando la cuerda política más allá de la cuenta.


Si no se desata exitosamente y pronto el nudo de los prejuicios y los estigmas que pesan sobre quienes han participado del conflicto armado desde la ilegalidad, la política será cada vez más impracticable para las ex autodefensas, pero también, para las ‘futuras e hipotéticas’ ex guerrillas. La posibilidad de alcanzar una solución política, por fuera de una exclusivamente militar, se volvería inviable ipso facto porque solo delincuentes que no tengan la más mínima conciencia política, o decidan botar la poca que les queda a la caneca, se someterían al ostracismo político de la proscripción. Esto derivaría más temprano que tarde en la institucionalización del ‘testaferrato político’. Bien se ha dicho del humano que es un ‘animal político’ y entonces –si se le cierra el camino de la política legal- buscará otros medios no visibles para llegar allí donde quiere llegar. Con más razón si se ha sido dirigente de una u otra organización político-militar que abandonó las armas para defender sus ideas políticamente. Y las ideas políticas giran alrededor del poder, de cómo alcanzarlo y de cómo conservarlo, no se nos olvide.


Un escenario de proscripción de los jefes desmovilizados dañaría duramente la gobernabilidad del país, y sería un legado muy duro que dejaría Uribe a los futuros presidentes. Esto afectaría a Uribe por ahora, pero no dejaría de afectar a Lucho ni a Vargas, ni a ninguno de los dos Gaviria, ni a nadie que acceda a la Presidencia sin que esté resuelto lo del ‘estatus político’ para los desmovilizados de las autodefensas y de las guerrillas.


Si bien al M 19 le resultó posible viajar sin escalas de orden penal y ‘veda política’ desde la guerra y el holocausto del Palacio de Justicia a la política partidista legal –incluso como co-hacedores de la Constitución del ’91, nada menos- ello está comenzando a ser seria y crecientemente cuestionado por quienes en estos días extienden su condena sobre las FARC y ELN de hoy al M 19 de ayer. El costo político hace las veces, en este caso, de sustituto del costo penal omitido. De alguna manera el juez en esta materia política es el ciudadano que escoge votar o no votar por tal o cual agrupación antes ilegal y no penalizada judicialmente. Si esta vía se demuestra que funcionó aceptablemente en el caso de los ex M 19 y ex EPL nada obsta que pueda asimilarse a las ya ex AUC y al futuro ex ELN.


Puede que esto no sea del todo justo pero tampoco sería justo –y suena desbalanceado- que a los Petro y los Navarro no puedan oponérsele cuanto antes -¿en una nueva Constituyente?- los Salvatore Mancuso y los Iván Roberto Duque, equilibrando en el Congreso –y también en las gobernaciones y alcaldías- el peso político que hoy el Polo tiene y que al ‘sentimiento-para’ no le faltaría. Lo mismo vale por los ‘Antonio García’ y ‘Pacho Galán’ que seguramente tienen coincidencias pero también diferencias con los ex M 19 y ex EPL. Esto visto desde las previsibles diferencias porque tampoco puede descartarse la existencia de coincidencias entre ex guerrilleros y ex autodefensas. Si esto ya sucedió en el escenario de la guerra ello podría aparecer en más ocasiones en la vida política democrática tan cambiante en acuerdos tácticos y alianzas estratégicas.


Así como en los ’60 y ’70 -y en buena medida hasta los ’90- ‘guerrilleros éramos todos’- desde los ’90 y en los primeros años del 2000 tampoco puede ocultarse que en muchas regiones del país y en buena parte de la capital, ‘autodefensas fuimos todos’. Ni en uno ni en otro caso era cuestión de salir a gritarlo en las calles ni de exhibirlo a toda hora y en todo lugar pero nadie puede negar que en Colombia –todavía hoy- en casi todos nosotros vive escondido -¿encaletado?- un corazón ‘pro guerrillero’ o un corazón ‘pro para’.


No son pocos los hogares donde los padres siguen idealizando a las guerrillas y los hijos tienen como modelo a los ‘paras’. Ni aquellos donde los padres comparten la razón de ser de las autodefensas como remedio amargo, pero remedio al fin, y sus hijos admiran la rebeldía de los émulos del Che y el altruismo que todavía resiste en el monte el óxido de los años. Estas realidades sociales son hechos tan concretos y de peso tan medible como que la globalización fluye por el mundo y supera todas las fronteras. Si las leyes no son eficaces y veraces en reconocer los hechos sociales y no le buscan solución o paliativo a sus aristas más peligrosas estamos condenados a sobrevivir en la anarquía, la sobreocupación de las cárceles y el sálvese quién pueda, es decir, el mejor escenario para que proliferen simultáneos el delito, la corrupción y la impunidad.


Así como la Ley de Justicia y Paz prevé que las víctimas de los grupos armados hagan manifestación de los daños recibidos no estaría de más sincerar cuántos ciudadanos –que no resultaron víctimas ni fueron victimarios- tuvieron durante todos estos años de conflicto armado su corazón inclinado hacia alguno o algunos de los actores armados ilegales. Esto permitiría volver visibles los acumulados sociales cuantitativos de sentimientos de simpatía, o al menos de tolerancia benévola, hacia estos grupos. Esto no para justificar nada, menos el delito, sino para no incriminar comportamientos que tienen razones profundas y enraizadas para subsistir, como la simpatía y la benevolencia que sienten todavía muchísimos colombianos y colombianas hacia los actores armados ilegales.


Mientras estos datos no se conozcan o al menos no se estimen con métodos rigurosos la cuestión de la legitimidad o no de las acciones y la toma de posición en el contexto de una guerra irregular –donde lo esencial es la combinación de todas las formas de lucha- conducirá a estigmatizaciones y proscripciones que van en contravía de la solución política negociada del conflicto armado.


Así como no existe el delito de ‘conocencia’, tampoco existen los delitos de ‘sentir’ ni de ‘pensar’ de un modo o de otro, ni de conversar con tal o con cual sobre el bien y el mal, e incluso por encima del bien y del mal; que la vida es eso, es búsqueda de conocimiento y expansión de la libertad de pensamiento mientras se siente lo que se siente sin tener que dar razón de ello a nadie que no sea lo propia conciencia. Por todo esto es que entiendo que haya en Colombia sentimientos amistosos de naturaleza instintiva o intuitiva, y también argumentos racionales y suficientemente fundamentados de reconocimiento a unos y otros, a guerrilleros y autodefensas, por parte de unos y de otros ciudadanos sin que ello deba ser penalizado ni motivar una proscripción política.


Intento llamar la atención sobre lo grave que sería para la superación del conflicto armado que se castigara con algún tipo de inhabilidad política a los líderes de organizaciones armadas ilegales que se hayan desmovilizado y liderado la desmovilización de cientos y hasta miles de sus subordinados alzados en armas. Lo mismo vale para no cercenar los derechos políticos de sus bases sociales y simpatizantes que con razón o sin razón piensan que el país sería mejor si las FARC hubiesen llegado al poder, o si los Castaño y los Mancuso gobernasen el país.


Si el M 19 puede hoy ser visto y juzgado políticamente, desde su desmovilización, como la disidencia civilista, democrática y desarmada de la guerrilla encarnada hasta 1991 por FARC, ELN y M 19, nada impide que hoy las AUC puedan ser vistas y juzgadas políticamente, desde su desmovilización, como la disidencia civilista, democrática y desarmada de cualquier variedad de ‘autodefensas’ –o si se quiere del ‘paramilitarismo’ visto como ‘producto genérico’- encarnados hasta 2006 por las AUC, otros grupos de autodefensa que aun no han culminado sus procesos de paz, e incluso desde entonces y hoy con más presencia en los medios, las llamadas ‘bandas emergentes’ cuyo origen seguramente es anterior a 2006, porque ni en su mejor momento –allá por 2002- las AUC monopolizaron la entera actividad ilegal cubierta por la sombrilla del ‘paramilitarismo’, mucho menos si se la extiende tras la frontera difusa donde se encuentran todo tipo de delincuencias vinculadas al narcotráfico o no. Esto se hizo más evidente cuando por un lado el perfeccionamiento del cese de hostilidades se iba verificando, y por el otro la curva de algunos hechos delictivos descendía pero no descendía todo lo velozmente que la decisión política de las AUC emanada desde Ralito podía hacer prever.


Una de las tareas políticas pendientes que 2006 le deja a 2007 es la de allanar y habilitar el camino para que guerrillas y autodefensas puedan hacer de la política legal su actividad inmediata tras la desmovilización. Si hace falta un Estatuto de los Partidos Políticos, que contemple el caso de los desmovilizados a título individual y de las organizaciones armadas ilegales desmovilizadas en el nivel colectivo, ello deberá tener su espacio de relevancia en la agenda gubernamental y del Congreso. También habrá de considerarse el caso de aquellos civiles, religiosos, militares, policías, políticos, alcaldes, gobernadores, concejales, diputados, congresistas, funcionarios del Estado, empresarios, académicos, entre otros, que hayan tenido algún tipo de contacto e incluso de conocimiento, camaradería y simpatía personal hacia guerrillas y autodefensas que, sin significar su pertenencia al grupo desmovilizado, al menos revelaban un tipo de adhesión voluntaria, una cercanía no forzosa ni obligada con esos grupos o con algunos de sus miembros.


Cualquier búsqueda de solución para estas cuestiones será siempre una concesión a la situación de hecho creada y a los supremos intereses nacionales de la paz y la reconciliación, no podrá ser nunca una solución perfecta, ni tampoco una solución definitiva. Pero al menos, dentro de ciertos y limitados espacios de tiempo urge darle un lugar a la solución –siquiera parcial e incompleta- de esta emergencia nacional que constituye el conflicto armado y su prolongación donde unos actores ilegales han salido o están saliendo del mismo, a la vez que otros estiran su permanencia y otros grupos pugnan, algunos por entrar y otros por salir.


Por caminos hasta aquí divergentes –y también enfrentados- anduvieron los distintos matices de ´sociedad civil´, los ex actores armados y quienes quieren salir del conflicto. Unos y otros tienen amigos y puntos de apoyo en la legalidad más absoluta e impoluta, que jamás se desmovilizaron porque nunca estuvieron movilizados, esto no es ajeno a las ex AUC, a los ex M 19 y ex EPL, a la ex CRS y el ELN. Por supuesto, tampoco es ajeno a las FARC.


No solo el Polo sino las otras fuerzas políticas oficialistas o de oposición reconocen que se requiere de parte del Estado y de las instituciones democráticas un ordenamiento legal que reconozca las características particulares de los hechos políticos y sus consecuencias en el marco del conflicto armado interno.


Conflicto armado que no se nos escapa, significa mucho más que simples amenazas terroristas y, afortunadamente, bastante menos, por ahora, que una guerra civil.


Por filosofía me declaro opositor del concepto mismo de ‘punto final’. Confieso, además, que de puro amor por la poesía me encantan los puntos suspensivos… Pero como aquí y ahora, se trata de pasar de la ‘para-política’ a la ‘pura-política’, reconozco que por encima de los puntos finales y los puntos suspensivos, me inclino políticamente ante el ‘punto y aparte’.


Que es lo mismo que decir que la guerra termina pero continúa la lucha. De lo contrario no existirían la vida ni la política. Y la muerte se habría impuesto para siempre.


Excelente que AUC y ELN hayan asumido las banderas de la Verdad y que ambas manos, derecha e izquierda del cuerpo político, hayan comenzado a vislumbrar coincidencias.


El próximo paso será asir fuerte y simultáneamente desde La Ceja y también desde el Congreso y la Casa de Paz las banderas de la Vida.


Respetar la Vida , honrar la vida, de eso se trata y punto, el primer punto de la Agenda nacional.


Así la veo yo.


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noviembre 19, 2006

Las AUC y el reconocimiento político

En política nadie regala nada, todo hay que saber ganarlo



Chamuyo (19)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com



Cuando las AUC declararon el cese unilateral de hostilidades, a partir del 1 de diciembre de 2002, muy pocos creyeron –dentro y fuera de las AUC- que el proceso llegaría a buen puerto. Sectores nacionales y extranjeros, de los ‘generalmente bien informados’, sostuvieron entonces que, si sobre un total de 18.000 combatientes terminaba desmovilizándose el 70 % ello constituiría un éxito.

Por eso, cuando se habla hoy de ‘bandas emergentes’, o de paramilitares de tercera generación, cuyos efectivos rondarían los 3.000 hombres en armas, independientemente que se trate o no de desmovilizados de las AUC reciclados en los nuevos grupos de ‘paras’, la cantidad de los mismos no sorprende a nadie. En realidad, puede estimarse que esos 3.000, incluso 4.000 que fueran, aún son pocos para la cantidad que pueden sumar de acuerdo con el ‘vacío’ sin llenar dejado en el conflicto por las AUC.

Lo que en cambio sorprende es que un proceso de paz que no ha concluido en perdón y olvido, amnistía e indulto, como ha sucedido con el M-19, EPL, etc., y que tiene a los máximos ex comandantes AUC privados de su libertad y próximos a ser juzgados y condenados, haya sido completado y sea hoy una realidad incontrastable, un precedente histórico, que FARC y ELN no podrán obviar en el futuro, a menos que pasen unos cuantos años, las circunstancias nacionales e internacionales se alteren sustancialmente, y logren las guerrillas sobrevivir al fuego graneado y ‘tecnológico’ que les caerá encima cada vez con mayor legitimidad del Estado y menor contemplación de la sociedad hastiada de cualquier delincuencia política de izquierda y de derecha.

Se le atribuye al florentino Maquiavelo la siguiente anécdota ocurrida en presencia del valenciano César Borja, el hijo de Rodrigo Borja, quien era en ese momento el papa Alejandro VI. César Borgia –así lo llamaban los italianos- comandaba los ejércitos del Vaticano allá por 1500 y tantos y había tomado a Maquiavelo por su asesor político y militar en Roma. Alguna vez César le manifestó a Maquiavelo que lo consideraba el único sabio del cual nunca habían escuchado sus oídos que dijera alguna tontería. Maquiavelo le respondió entonces que se avecinaban tiempos tempestuosos donde los sabios, si querían permanecer con vida, debían acostumbrarse a decir una que otra tontería.

Lo anterior viene a cuento de la llamativa inexistencia, en el debate político colombiano, del espinoso asunto de la legalización de la droga. Increíble que en Colombia actual no haya aparecido ningún Maquiavelo, o algún importante líder político, que alce la bandera de la legalización de la droga como el único gran remedio eficaz del cual urge comprobar su impacto sobre FARC, ELN, paramilitarismo y los correspondientes niveles de conflicto armado. ¿Qué sucedería en Colombia si todo el proceso de siembra, cultivos, producción y comercialización de las hoy llamadas ‘drogas ilìcitas’ fuera licitado entre laboratorios farmacéuticos nacionales y extranjeros? El modelo debiera ser construido y debatido en los distintos estamentos de la sociedad colombiana, participando de los estudios y conclusiones las fuerzas políticas, y puesto el tema seriamente a consideración de la Comunidad internacional, a través de las Naciones Unidas. Soñar no cuesta nada dirán los escépticos, pero aquí no se trata de soñar sino de salir conscientemente de la pesadilla en la que estamos sumidos los colombianos a partir de la criminalización del mercado de las drogas y su mimetismo con el conflicto armado.

No suena alocado manifestar a estas alturas que mientras exista la ilegalidad de las drogas habrá conflicto armado en Colombia, o amenazas terroristas, o ambas cosas más la violencia desbordada y la crueldad inútil que nacen de las armas compradas con dineros producto de la droga y que ninguna otra fuente podría financiar con tamaños resultados.

Está muy claro que con los niveles de conflicto armado existentes hoy en Colombia la conexidad con el narcotráfico de los delitos políticos de subversión y de autodefensa ilegal o paramilitarismo resulta no solo evidente sino también imposible de evitar por los estrategas de la revolución y de la contrarrevolución. No existe la más mínima posibilidad realista de sostener económicamente los ejércitos ilegales rebeldes o contrainsurgentes y su expansión militar y política, social y económica, sin acudir a los ‘pozos de petróleo vegetal’ alucinantes y alienantes que seducen y divierten a los pueblos más ricos del mundo. Si Colombia no despierta al respecto nadie lo hará por nosotros. Y mientras Colombia no salga de su abulia la cantidad de las víctimas colombianas seguirá subiendo por el ascensor mientras la reparación lo hará penosa y lentamente por las escaleras.

Quienes le cierran el camino de su legalización al narcotráfico inducen, consciente o inconscientemente, la perpetuación del conflicto. El conflicto armado, actualmente, hablando en plata blanca, exige sí o sí –por razones económicas- su conexidad con el narcotráfico, pero la inversa es igualmente válida: el narcotráfico necesita reciclar el conflicto y realimentarlo -para camuflarse entre sus pliegues y a su sombra- y esto es lo que ha venido haciendo en los últimos años, y se preparara hoy para multiplicarlo si leemos correctamente las señales que emiten los ‘narcos’ a través de las ‘bandas emergentes’.

Es tan válido decir que FARC, ELN y ‘paras’ requieren para sobrevivir como actores armados establecer su conexidad con el narcotráfico, como afirmar que el narcotráfico necesita establecer algún tipo de conexidad con el conflicto armado para que la lucha del Estado contra él halle las mayores e insalvables dificultades que, obviamente, serían mucho menores si el conflicto armado no existiera. Por ello, si queremos matar dos pájaros de un tiro –narcotráfico y conflicto armado- no nos queda a los colombianos sino defender a capa y espada, ante tirios y troyanos, dentro y fuera del país, la legalización de la producción y comercialización de las drogas hoy calificadas de ilícitas.

Digo todo esto porque la salud del país exigía a partir de Ralito que no apareciese en el horizonte ningún atisbo de ‘banda emergente’ y que la sustitución de AUC por Estado en cada uno de los puntos de la geografía nacional se hubiese realizado como lo plantearon en su momento los líderes históricos de las Autodefensas, los Castaño y los Mancuso, sin que ello hallase eco en el fundamentalismo del Gobierno, cuya absolutización del concepto de ´recuperar el monopolio de las armas por el Estado´ hizo que el proceso de paz con las AUC corriera más rápido que lo que le daban los pies. Al menos en este punto, el costo de la reelección presidencial ha tenido un precio demasiado alto en términos de sustitución de AUC por ‘bandas emergentes’ que bien pudo haberse evitado, no necesariamente a costa de la reelección, ni tampoco con la ‘paramilitarización’ del país, riesgo que –vaya paradoja- sí se corre a partir de aquí cuando la condición de ‘paras’ está siendo asumida por quienes, por razones de posicionamiento estatégico, querrán recuperar en dos o tres años lo que las AUC habían construido en un proceso que llevó más de diez años, incluso bastantes más si tenemos en cuenta la experiencia contraguerrillera de Ramón Isaza –hoy preso en La Ceja- cuyos orígenes e historia han sido paralelamente opuestos –y superpuestos en el tiempo- a los de ‘Manuel Marulanda’, ‘Tirofijo’.

Así las cosas, la presencia de Vicente Castaño por fuera de La Ceja, esperando respuesta convincente y definitiva a los cabos que permanecen sueltos, por parte del interlocutor gubernamental en la mesa ‘suspendida’ e invadida por la esfera judicial, más que despertar suspicacias o temores, bien podría convocar al optimismo de pensar que todavía no está todo perdido en materia de reinstitucionalización del Estado en las zonas que fueron de influencia AUC y donde los actores armados ilegales –antiguos o recién creados- han llegado de primeros tras la salida de las AUC.

No todo lo que brilla es oro, pero a la inversa tampoco todo lo que no se comprende fácilmente es malo, ni daña la salud lo que no nos complace. Vuelvo a lo de Maquiavelo e insisto en que a Colombia le están faltando sabios y líderes políticos que le pierdan el temor a sostener lo que hoy luce ‘políticamente incorrecto’ en materia de legalización del mercado de las drogas consideradas ‘ilícitas’ pero que podrían dejar de serlo tras un cambio de 180 grados en la legislación vigente a escala mundial, es decir la de EEUU que reproduce Europa con más dudas y resignación que entusiasmo y convicción.

Y mientras eso madura, y mientras eso llega, no estaría de más que se delinease cuanto antes el camino hacia un acuerdo de amplio entendimiento entre las fuerzas políticas que hagan posible una ‘mesa de sometimiento’, dispuesta para quienes quieren salirse del negocio del narcotráfico antes de que éste termine legalizado, quitándole sustancial financiación al conflicto armado y ‘descomplejizando’ aquello que hoy se exhibe como demasiado complejo e irresoluble frente a la voluntad de un gobierno, por más decidido que estuviera a someter por la fuerza lo que ha resultado imbatible hasta hoy en materia de narcotráfico.

Si los muchos y poderosos ‘sabios’ y ‘maquiavelos’ que en Colombia existen en cuestiones políticas no le pierden el miedo a la discusión y dan un paso al frente en materia de conceptualizar el camino de la legalización de las drogas, todo seguirá empeorando en materia de conflicto armado y Colombia seguirá hundida en el todos contra todos y el sálvese quien pueda.

Las AUC han hecho hasta aquí todo lo que ha estado a su alcance para favorecer la paz pero la voluntad de un actor no solo no alcanza sino que puede terminar empeorando las cosas para el conjunto. Si termina verificándose que la consecuencia de Ralito ha sido objetivamente, y por fuera de la voluntad de las partes, sustituir las AUC por las ‘bandas emergentes’, el esfuerzo de unos y otros, autodefensas y gobierno, habrá sido no solo inútil sino contraproducente

El tiempo dirá qué tan inevitable era la aparición de las ‘bandas emergentes’ cuando se firmó el Acuerdo para la Paz de Colombia de Santa Fe de Ralito, y en qué medida son éstas los hijos no deseados de un proceso de paz que si hubiese estado hecho menos a la medida de los Petro y los Parody, los Gaviria y los Pardo, más cerca estaría hoy de haber satisfecho las necesidades y urgencias del pueblo colombiano en materia de paz y seguridad.

La moraleja del cuento aplicada al proceso de paz con las AUC es que no por mucho madrugar amanece más temprano. Y que algo tan elemental como reemplazar en el terreno un actor ilegal por uno legal no tenía porqué producir los vacíos notorios de seguridad que hoy existen y estamos comenzando a descubrir en toda su amenazante magnitud. Haberse obsesionado conductores y pasajeros del proceso de paz en mirar por el espejo retrovisor cuando se requería el cambio de guardia sin dejar de avanzar no solo no aseguró, sino que propició, que choquemos de frente hoy con las ‘realidades emergentes’, con las ‘generaciones nuevas’ que no están ancladas en el pasado sino en el presente, que no viven de los cuentos de brujas y de hadas sino de las ‘papayas’ que reciben y que no hacen sino recoger y degustar.

A lo que podría agregarse que si a los ex comandantes de las AUC el Gobierno no les permitió negociar políticamente desde Ralito su tránsito a la vida política, ahora resultará inevitable para los ex comandantes acordar políticamente desde sus centros de reclusión presentes y futuros, no ya con este Gobierno que se desentendió del tema –y hoy vemos los resultados de tremenda omisión- sino con las fuerzas políticas afines, neutras y adversarias, para que la democracia se afiance allí donde todavía el Estado es solo una idea lejana, un ente abstracto que ni hace ni deja hacer.

La pérdida de la libertad es la universidad por excelencia de los políticos de raza, y los políticos de raza se gradúan en las cárceles.

El estatus político que las AUC reclaman con derecho tendrán ahora que ganárselo desde la prisión, en las condiciones más adversas, que son las únicas que finalmente templan el ánimo y fortalecen el carácter, incluso y sobre todo el carácter político.

En política nadie regala nada y quien no está decidido a ganarse el reconocimiento de la gente, ni es político ni merece ningún regalo.

Así la veo yo.


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octubre 31, 2006

AUC, ‘sociedad civil’ y Gran Acuerdo Nacional

Las FARC ¿vanguardia revolucionaria o retaguardia de la reacción?



CHAMUYO (18)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com



Asistimos en estos días a la puesta en escena del nuevo mapa del conflicto post-AUC y post-ELN. Como telón de fondo de la obra desplegada juegan incógnitas de peso: elecciones parlamentarias de noviembre en EEUU, presidenciales de diciembre en Venezuela, departamentales y de alcaldías a lo largo y lo ancho de Colombia en octubre de 2007, presidenciales de EEUU en 2008, y last but not least ¿quién sucederá a Uribe a partir de 2010, y con qué signo ideológico y grado de apego a la política de seguridad democrática?

En este contexto y tras el ‘papayazo’ que dieron en la Universidad Militar se han vuelto a clausurar las vías de negociación con las FARC, así como no se vislumbra voluntad gubernamental alguna de acordar con los ‘narcos’ –que quieran salirse del negocio- su sometimiento a la justicia, su reparación a las víctimas y su no extradición. Las FARC apelan al terrorismo urbano, y así ‘queman las naves’, ‘vuelan los puentes’ y se autocalifican y gradúan como organización terrorista haciendo más incierto y vulnerable su futuro político, mientras los ‘narcos’ tejen los hilos del mando unificado y la logística de las llamadas ‘bandas emergentes’ –de oposición armada a los intereses del sistema subversivo FARC-ELN- confiados en poder llegar algún día a una mesa de negociación que por ahora no existe pero que está dentro de la lógica del conflicto se habilite más temprano que tarde, cuando soplen otros vientos ¿demócratas? en EEUU.

Las FARC no han logrado constituirse aún en la chispa inicial de ninguna insurrección popular de envergadura ni pueden atribuirse la vanguardia de proceso revolucionario alguno. Por el contrario, las FARC están instaladas en su misión represiva, conservadora del orden y de sus privilegios, en las tierras de colonización donde han sabido capitalizarse salvajemente gracias al trabajo a destajo de campesinos abandonados por el Estado.

Las FARC constituyen hoy la punta de lanza del ‘antiuribismo’ visceral, el mascarón de proa de cierto establecimiento ofuscado por lo que el presidente Uribe encarna y proyecta. Las FARC representan hoy la única esperanza de aquella reacción criolla asustada por el TLC y puesta en jaque por la globalización, que concibe a Uribe como el ‘Anticristo paisa’ al que hay que dificultarle la gobernabilidad a como dé lugar. Es en los entresijos de este establecimiento despechado –primero con César Gaviria en los inicios de los ’90 y ahora con Uribe desde 2002- donde habría que hurgar si se quiere hallar razones de la supervivencia de las FARC como actores políticos en los medios y en el juego político entre bambalinas, donde los secuestrados en su poder son apenas la punta del iceberg de los poderosos intereses que se hallan debajo del ‘fenómeno FARC’ tan ligados a la Colombia de los siglos XIX y XX, y totalmente fuera de foco de lo que quieren ser el país y el mundo en el siglo XXI.

Seguir insistiendo en que entre el Estado y las FARC subsiste un empate militar, es negar lo evidente, la victoria nítida y contundente del Estado sobre las FARC. Una cosa es que las FARC no quieran dar por terminado el partido e insistan en seguir ‘jugando’ a la guerra de guerrillas en reducidos y marginales espacios del territorio nacional y ‘jugando’ al terrorismo en otros, y algo bien distinto es afirmar que el resultado está empatado. Una cosa es que el Estado vaya ganando el partido 6 a 1 y que el tiempo del partido se haya agotado hace mínimo quince años, y otra sería que el marcador Estado-FARC estuviese 3 a 3, y ya se hubiese cumplido la fase del alargue y los tiros desde los once metros, y estuviésemos hace quince años en un empate inconmovible.

La falsa idea del empate es la que alienta todavía el desatino de que hay que sentarse a negociar con las FARC el modelo de Estado, sociedad y economía para que se desempantane el supuesto empate militar con la definición en una mesa de negociaciones. Lo que cabe más bien es hacerle claridad a las FARC y sobre todo a la ciudadanía colombiana y la comunidad internacional que con las FARC no hay otra cosa que acordar que márgenes de impunidad y alguna favorabilidad política que les permita participar activamente del sistema democrático a cambio de entregar los fusiles, desmovilizar sus integrantes y sumarse, pacíficos y desarmados, a la vida civil.
Objetivamente, las FARC no están en condiciones de poner en riesgo el sistema político y económico nacional, ni mediante las armas, ni mucho menos a través de una hipotética ‘negociación’ sobre curules e impunidad a la que solo accederían previa aceptación de su derrota militar y estratégica. Esto es cierto y es verificable pero subjetivamente esta verdad de a puño no coincide con la opinión generalizada. Y no coincide porque hay todo un sistema de manipulación política y mediática –incluso académica- donde por muchos años se le ha hecho creer a los colombianos que las FARC y el ELN ‘realmente’ estaban en condiciones de tomarse el poder o al menos, que podían lograrlo en el mediano plazo, de proponérselo. Si esto pudo haber sido creíble en los ’60 y los ’70 seguir repitiéndolo hoy no tiene otro efecto que complicarle la vida al presidente de turno y demorar la aplicación de políticas que inserten definitivamente a Colombia en el mundo del siglo XXI.

Quienes sí estuvieron en el camino de tomarse el poder hasta hace muy poco han sido las Autodefensas si seguían con el ritmo y la dirección alcanzados hacia 2002, interrumpidos su marcha y su ascenso por el proceso de paz de Santa Fe de Ralito. Lo que sucede es que no lo hacían a punta de retórica marxista ni siguiendo los caminos del Che y de Fidel, tampoco los de Lenin y de Mao, ni siquiera los de Chávez. Decir que las Autodefensas constituían una ‘guerrilla de derecha’ ni se ajustaba a los hechos por lo de ‘guerrilla’, ni tampoco por lo de ‘derecha’. Era un asunto serio y de grueso calado que encontró más sintonía con el sentir popular que la que jamás tuvo la prédica de las FARC y del ELN. Constituía por ello un peligro para el sistema político vigente de mayor dimensión –y necesitaba de menos tiempo para verificarse- que lo que suponen como riesgo para la democracia que conocemos las estrategias de ‘guerra prolongada’ que utilizan las FARC.

Cuando Piedad Córdoba pide en estos días en Venezuela -desde su apoyo a la reelección del candidato-presidente Chávez- la revocatoria del Congreso porque según sus cálculos existe en él nada menos que un 60 % de influencia ‘paramilitar’ (¿mucho no?) le está reconociendo a las ex AUC un estatus político y un poder político en construcción de crecimiento innegable. Más allá de la caricatura y exageración de Piedad, azuzada por su ‘antiuribismo’ y el delirio provocado en sus neuronas por los dólares de Chávez, lo cierto es que los caminos hacia el poder de los ‘paras’ no tenían porqué seguir los cánones de la izquierda revolucionaria, como si por fuera de Marx y de Engels, no existiesen otras interpretaciones de la Historia y del significado de la palabra ‘revolución’.

Las Autodefensas se hallan hoy ‘encapsuladas’ por el trabajo de ‘pre-parto’ judicial, preparatorio de su presentación ante los tribunales de Justicia y Paz donde derivó juiciosamente –y contra el pronóstico agorero de muchos analistas y políticos- su voluntad de no abortar el proceso de paz tras el fallo de la Corte, a pesar del exabrupto gubernamental de agosto pasado ocasionado por la cancelación de los salvoconductos y las ‘medidas de conducción’ que llevaron precipitadamente a la cárcel a sus ex comandantes y Estado Mayor.

Sería demasiado pedirles a los ex comandantes AUC en estas circunstancias que le dieran mayor difusión y profundidad doctrinaria a su propuesta de Gran Acuerdo Nacional, donde se estaría logrando –según quienes han conocido del tema- un salto cualitativo de gran importancia en la conducción organizacional e ideario político de las ex AUC, como aporte decisivo para la superación del conflicto armado y la evolución del sistema democrático nacional y regional.

Si la ‘sociedad civil’ que luce tan seducida –y monopolizada- por el bienvenido proceso de paz con el ELN dirigiese su mirada solidaria y su aporte generoso también sobre las silenciosas pero trabajadoras ‘hormiguitas de la paz’ que transitan incansables entre Villa de la Esperanza y el sitio de reclusión de La Ceja encontraría que la Paz que anhelamos los colombianos y colombianas está necesitada y a la espera de gestos de grandeza, gestos que le bajen el nivel a las prevenciones y desestimulen cualquier estigmatización, de lado y lado, para lo cual bien podría la ‘sociedad civil’ acercarse al proceso con las AUC y estar dispuesta a escuchar y proponer, cómo y de qué manera ambos procesos pudieran converger y dar frutos que alimenten realidades de paz.

El Gran Acuerdo Nacional que proponen las AUC contiene las dosis de utopía que requieren las juventudes colombianas para darle riendas sueltas a su imaginación creadora, sana y pacíficamente revolucionaria. Es también una invitación a la participación de las grandes mayorías nacionales necesitadas de ser convocadas para una misión de proporciones gigantescas que constituyan su legado para las generaciones futuras. Es finalmente la asunción de una causa colectiva de poderosa vocación social que pretende derribar las fronteras y deshacer las trincheras donde anidan los sectarismos y pululan los antagonismos que han venido destruyendo el ser nacional y el tejido social durante los últimos cincuenta años.

El escenario de la paz requiere que la sociedad civil –si quiere comportarse como tal y no ser percibida como simple relacionista pública del ELN- rompa algunos moldes sectarios y autoimpuestos que la hacen aparecer cómoda y a sus anchas junto al ELN e incómoda –insoportablemente incómoda y a disgusto- ante cualquier posibilidad de acercamiento a las Autodefensas, e incluso a las FARC.

Tras el ‘papayazo’ que las FARC le dieron a Uribe con su carrobomba en la Universidad Militar -lo que nada ‘humanitario’ presagia de parte de las FARC para los próximos meses-, y la escalada ‘antifarc’ declarada formalmente y que se desarrolla sin pausa del lado estatal con apoyo de los EEUU, no resultan ahora tan difíciles de inferir las intenciones de buena parte de los ‘narcos’ de ‘paramilitarizarse’, aprovechando así la coyuntura que ellos ven como favorable a sus intereses y que ‘les cayó del cielo’ con la desmovilización de las AUC. Esperarían así poder negociar, más adelante, desde una posición militar y política fuerte –la que ostentaban las AUC hasta que decidieron apostarle a la Paz- , y con un gobierno distinto al de Uribe, su sometimiento a la Justicia para lo cual les sabe inevitable el combate sin cuartel a librar desde ahora mismo contra las FARC.

Así las cosas, quienes queremos ver la paz cercana en el horizonte y no tan lejana en años luz como las estrellas, no podemos menos que promover en la sociedad civil y la comunidad internacional un apoyo decidido, sostenido y comprometido a fondo con los dos procesos que hoy caminan y van dando resultados concretos: uno, más adelantado con las AUC y otro, que está calentando motores con el ELN.

No vaya a ser que buena parte de los desmovilizados de las AUC separados abruptamente de sus antiguos jefes presos y aislados en La Ceja, terminen desilusionados de su apuesta por la paz, sin haberse podido reinsertar, movilizándose otra vez, en esta ocasión con los nuevos ‘paras’. Y no vaya a ser que quienes hoy permanecen sentados con el Gobierno en Cuba se levanten desairados de la Mesa y corran a reunirse con sus viejos socios de las FARC que los esperan impacientes como novio en el altar.

Decía un viejo amigo que a un elefante no se lo puede comer de un solo bocado ni de dos, pero pedacito por pedacito si se lo puede acabar.

Así tocará con la ‘guerra’: cortar y partir, partir y cortar, así hasta el final.

Eso sí, sin que los gobiernos actuales y futuros, sin que la sociedad civil y sin que la comunidad internacional, se dejen cortar y partir, repartir y recortar, que así ha sido hasta aquí, donde los ‘guerreros’ se dieron el gran festín y fuimos nosotros, los ciudadanos, los partidos y cortados, los recortados y repartidos, tristemente deglutidos por el viejo cuento de la guerra todavía sin acabar, y no porque el partido no haya concluido, y no porque hace mucho no se conozca el ganador, sino porque la guerrilla derrotada se niega a reconocer su derrota y permanece terca y violenta, sobre algún rincón del campo de juego, sin poder modificar su suerte que ya está echada pero utilizando a la población civil como escudo protector para no ser desalojada del espacio que usurpa. (A propósito, cuando de contrarreforma agraria se habla suena sospechoso que nunca se mencionen los cuantiosos intereses e inversiones de las terratenientes FARC)

Si esto del conflicto armado está muy lejos de poder considerarse un empate, si esto que les sucede a las FARC tras cuarenta años no es la consecuencia de haber sido derrotadas política y militarmente, ¿en qué consiste el famoso empate? ¿en que no han sido aniquiladas? Me resisto a pensar semejante hipótesis, en tamaña degradación e inhumanidad, y no me sumaré a ningún ‘proyecto aniquilador’, o de ‘solución final’ que pueda proponerse, algo así como un Nagasaki e Hiroshima a escala reducida pero igualmente macabro.

Queda claro que oponerme a la ‘aniquilación’ no significa que me sumo a la falacia del empate militar -que cada vez suena más a contentillo que quiere dársele a las FARC- por alguna oscura razón, o por aquello de que a los locos hay que darles la razón, porque quién quita que finalmente la tengan. ¿Y si no la tienen, ni la tendrán nunca? ¿Qué ganamos con discutir con ellos, o con quienes les hacen creer lo que terminan creyéndose?

Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de “Así la veo yo”, “Esencias y Matices” y “Chamuyo” pueden ser consultados en:

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octubre 18, 2006

Las AUC y lo que pudo haber sido Ralito y no fue

El sistema subversivo FARC-ELN va por el poder no por la paz



CHAMUYO (17)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
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juanrubbini@hotmail.com



Alrededor del sistema subversivo FARC-ELN y sus satélites se alinean todos aquellos políticos e intelectuales nostálgicos del comunismo que rinden culto a la lucha de clases. Sueñan con apoderarse un día del botín del Estado y procurarse en él aquellos beneficios y privilegios burocráticos que ni la naturaleza, ni sus capacidades ni la libre iniciativa podrán garantizarles jamás dentro de un sistema democrático con igualdad de oportunidades. Tamaños intereses hacen el combate tan encarnizado y saturado con métodos viles y degradados donde todo vale si se trata de avanzar hacia el objetivo. Sin llegar a vivir del Estado y sin permear primero y usurpar después su absoluto control la existencia del eje FARC-ELN carece de sustento y se disuelve en el aire como pompas de jabón. Para la mente de estos personajes que pululan entre el monte y el Congreso, entre la selva y las universidades, entre la clandestinidad y los intersticios leguleyos de la sociedad, el Estado que conocemos en Colombia es el instrumento de opresión de una clase sobre las otras clases y, más precisamente, la opresión de la gran burguesía sobre los pequeños burgueses, los proletarios urbanos y los campesinos. Suele añadirse también dentro de la lógica del sistema subversivo FARC-ELN que el imperialismo gringo ejerce sobre el Estado colombiano su rol de último garante del estatus quo sometiendo a la Nación entera a sus designios imperiales. En esto último coinciden con Chávez y con Petro, y en bastantes otras cosas también.

La lucha de clases explica todos los movimientos originados a lo largo del eje FARC-ELN. La deslegitimación del Estado democrático nutre todas sus iniciativas. Cuando el ‘eje’ apela a la política legal de superficie no se disparan balas sino que se difama y se ofende con el 'sicariato moral'. Cuando cortejan a los familiares de las víctimas del secuestro no es para liberarlos del dolor sino para jugar una carta más de su baraja de naipes invirtiendo la atribución de la culpa y liberando de paso cualquier responsabilidad sobre los mismos secuestros que propician y ejecutan como equipo dentro de la división del trabajo que suelen llamar ‘combinación de todas las formas de lucha’ (lucha de clases, claro). Cuando alzan las banderas del ‘intercambio humanitario’ camuflan con palabras seductoras lo horrendo de su propio mensaje pretendiendo la libertad de auténticos criminales –pero de su bando- a cambio de honestos ciudadanos y funcionarios públicos –secuestrados con ese propósito.

Pero cuando más alto apuestan las FARC-ELN a la ignominia y más bajo caen en la malversación del lenguaje es cuando hablan de su voluntad de paz. El eje FARC-ELN es totalmente sincero y fatalmente creíble cuando utiliza el crimen por instrumento y la sangre ajena como elocuente testimonio de su delincuencia pero solo genera incredulidad cuando apela a su febril imaginación para pretender conmovernos con su apelación a la paz. El sistema subversivo que gira alrededor del eje FARC- ELN solo quiere el poder, solo le interesa el poder y no busca el consenso de la contraparte –el Gobierno y la sociedad- sino su rendición vergonzante e incondicional.

El proceso de paz con las AUC ha servido para que no queden dudas acerca de cómo las FARC-ELN y sus satélites, asociados para efectos de la coyuntura con los antiuribistas todoterreno al estilo Serpa y Pastrana, manosean y ensucian el concepto de la paz y la reducen a una simple táctica de obtención del poder. La andanada de maledicencias sobre el proceso de paz adelantado con los ‘paras’ ha sido generosamente multiplicada por los medios, tal vez como una cuota pagada a cuenta de la seguridad futura que esperan recibir los próceres de la ‘prensa libre’ de los nuevos dueños del poder cuando alcancen sus propósitos, despejes mediante, canjes mediante, impunidad mediante.

Así son las cosas en cuestiones de poder y ‘transas’ del establecimiento con el sistema subversivo FARC-ELN y hacen bien las Autodefensas en no enfrentar hoy abiertamente la relación de fuerzas desventajosa con comunicados y protestas. La historia del conflicto armado pasa actualmente por otros escenarios, no precisamente por los que anhelarían los enemigos de la paz obsesionados por aniquilar a los Castaño y los Mancuso. Las batallas no hay que darlas donde quiere el adversario sino donde conviene a las propias fuerzas. Como obran pacientemente los estados de la naturaleza las organizaciones sabias van con el ritmo que exigen los tiempos y no con los que quisieran las vanidades y los egos descompuestos por la ira.

Los corazones amigos de las Autodefensas suman cientos de miles con seguridad, y quizás serán pronto millones tras los ecos del proceso de paz tan querido como frustrado y su dignísimo paso al costado y sometimiento a la Ley. No es el momento de arriesgar las vidas ni la honra de los amigos entrañables de la paz y la libertad, es más bien tiempo de honrar la Justicia, templar los ánimos y escuchar del latido de las comunidades para intuir por dónde sigue el camino tras el paso por los Tribunales y qué esperan de las Autodefensas quienes aprendieron a confiar y refugiarse en ellas cuando las vieron jugarse la vida y defender la tierra de todos como ninguno.

Mientras el sistema subversivo FARC-ELN siga amenazante y poderoso, mientras el Estado siga siendo débil y displicente –hoy o dentro de tres años- no habrá tiempo ni espacio para firmar actas de derrota por aquello que nunca lo fue, ni para llorar aquello que debió ser preservado y solo lo fue parcialmente y más por defecto ajeno que por mérito propio. Lo que pasó pasó, pero pasó para todos no solo para las Autodefensas que fueron engañadas con aquello de los nuevos estándares internacionales de justicia que ahora resulta que no están hechos a la medida de los intereses del sistema FARC-ELN. Tienen reservados los delincuentes guerrilleros un tratamiento más benigno de parte del establecimiento y las clases políticas –ahora parece que de parte del ‘uribismo’ también- porque finalmente las guerrillas son funcionales al sistema hegemónico que pretende perpetuar el establecimiento con el cual han hecho como que peleaban en serio los últimos cuarenta años, cuando lo que han hecho es preservar cada quien sus propios intereses y de paso, los fueros del otro. Los mismos que hoy le exigen resultados a Uribe en el caso de Vicente Castaño y los hermanos Mejía Múnera son los mismos que toleraron sin chistar que durante cuarenta años el Estado no haya podido con los ‘Tirofijo’, ni con los ‘Gabino’, ni con los ‘Antonio García’ y ‘Raúl Reyes’. Bueno sería conocer, además, en una encuesta seriamente elaborada, cuáles son las preferencias de los colombianos y colombianas en cuanto a la secuencia en las capturas y los esfuerzos y los recursos a invertir en cada una. Sospecho que las grandes mayorías se inclinan por detener primero a los guerrilleros y solo después a las autodefensas. Porque, desde que el mundo es mundo, una cosa es el remedio y otra la enfermedad, y aunque no todos sepamos de política todos hemos tenido alguna vez una enfermedad de la cual curarnos y una receta en la mano con medicinas que no nos gustaban pero eran necesarias. Aunque tuviesen contraindicaciones y efectos secundarios, claro, ¿qué remedio no las tiene?

Lo que ha venido a poner de manifiesto el proceso de paz con las AUC es que la guerra de las guerrillas no es contra el Estado sino contra la sociedad colombiana, por eso no se piden desde sus toldas las cabezas de Belisario, ni de Gaviria, ni de Samper ni de Pastrana, sino las de Castaño y Mancuso, las de Jorge 40 y Ernesto Báez. Y esto es apenas lógico, han sido las Autodefensas las únicas que hasta la llegada de Uribe a la presidencia han combatido a las guerrillas allí donde se encontraban, y las únicas que han querido hacer la paz en serio hasta el punto de aceptar la cárcel como no aceptó ni aceptará ningún guerrillero ni presidente de Colombia. Este doble pecado –imperdonable para el sistema FARC-ELN- se lo quieren cobrar a las AUC las guerrillas y su sistema subversivo, así como se lo quieren cobrar también todos los políticos e intelectuales que han hecho de la lucha de clases su esperanza de triunfar algún día y beneficiarse en cuerpo propio a caballo de las masacres y atentados cometidos por el eje FARC-ELN.

Por todo esto es bueno que las AUC hablen poco y solo con su pueblo, que no es tiempo de andar en campaña ni de candidatos, sino de orar por la paz de Colombia y andar los caminos del alma popular, ahora que vienen tiempos bien complicados cuando quienes quisieron hacer la paz están en la cárcel y quienes quieren seguir la guerra se pasean entre Cuba y Venezuela, o comienzan su proselitismo armado en las goteras de Cali.

Sin contar lo que algunos analistas ha dado en llamar la aparición de ‘bandas emergentes’ y que otros –menos retóricos y más prácticos- preferimos llamar los ‘nuevos rebeldes’, los rebeldes del siglo XXI enfrentados al eje FARC-ELN.

Es decir, la presentación en sociedad de los efectos colaterales y no deseados de lo que pudo haber sido Ralito y no fue.

Así la veo yo.

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octubre 12, 2006

El presidente Uribe y las piezas del rompecabezas

40 meses nos separan del festejo o del caos


CHAMUYO (16)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
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juanrubbini@hotmail.com

El impasse producido a raíz de la ‘rebeldía’ de Vicente Castaño y otros integrantes de las ex AUC lejos de ponerle piedras al camino de la paz lo que hace es arrimarle al país cuotas de sinceridad sin las cuales la verdad nunca podrá prevalecer. Ningún lector, que ensaye una aproximación objetiva, puede encontrar en el reportaje concedido por Castaño a la Revista Semana algo distinto a un sentimiento de frustración no muy diferente al que en otras ocasiones han sentido guerrilleros y narcos cuando han tropezado, cual obstáculo insalvable, con el Establecimiento atravesado, más inclinado al moralismo maniqueo y estigmatizador –cuando no a la cínica doble moral- que a la solución racional y ponderada de los conflictos sociales –armados o no- donde está en juego la distribución del poder y la atribución de las cargas.

Es en este contexto nacional limitado por la falta de visión y compromiso por la paz de buena parte de sus elites donde apelar al pragmatismo de los EEUU, aunque luzca paradójico y hasta contradictorio en el caso de las AUC, aparece como el camino más razonable para romper desde afuera hacia dentro el cerco que le imponen a la paz y la solución integral del conflicto armado, las pataletas de aquellos compatriotas que no están dispuestos a ceder un ápice en la defensa de sus intereses feudales, monopólicos u oligopólicos, sectarios y excluyentes.

Por distintas vertientes que confluyen en esta inédita coyuntura el presidente Uribe tendrá a disposición durante los próximos 40 meses las piezas de un rompecabezas no necesariamente insoluble.

Por eso celebro la digna y valiente actitud de Vicente Castaño, así como valoro muy positivamente la aceptación mansa y resignada, paciente y esperanzada, de las ‘medidas de conducción’ que tanto han desconcertado –y dolido- a los ex comandantes de las AUC hoy recluidos en el establecimiento carcelario de La Ceja. Advierto en las posiciones de Castaño y de los recluidos el penal -que algunos pudieran considerar contrapuestas- la común voluntad de sincerar las cosas, de acomodarse a la realidad sin renunciar a la defensa de aquellos principios que le dieron a las Autodefensas no solo éxitos militares sino también un poderoso sentido de Causa en la que confluyen millones de colombianos y colombianas hoy adheridos fuertemente al influjo direccional que emana del carismático liderazgo del presidente Uribe. Lo que no hay que dejar de considerar aquí es que el hoy presidente Uribe es también el futuro ex presidente Uribe, con todo lo que ello implica en el armado del rompecabezas y la cuestión de la sucesión presidencial.

Si por los lados del ELN y de las FARC suenan melodías de reconciliación con la sociedad y negociación política con el Estado ello viene a sumarse, y no a enfrentarse, con el camino adelantado desde 2002 por aquellas fuerzas sociales representadas por las AUC las cuales han sido durante décadas las fuerzas opositoras al triunfo de las guerrillas que más decididamente enfrentaron los planes subversivos, no desde los despachos oficiales sino desde el seno de la misma población civil que se negó a aceptar la dictadura que pretendieron imponer las FARC, el ELN, el EPL y el M19.

Por más que haya quienes insisten en descalificar políticamente a las AUC como ‘narcas’, paraestatales, paramilitares, señores de la guerra o ‘empresarios de la coerción’ lo cierto es que las AUC han sido expresión político-militar de un sentimiento colectivo, fuertemente arraigado en la sociedad, de resistencia a la ocupación que pretendieron ejercer las guerrillas en vastos espacios del territorio nacional con el propósito declarado de tomarse el Poder.

Todo esto es ya Historia Patria y bueno sería que quienes exigen sobreactuando sus exigencias de ‘verdad’ comiencen a sincerar en virtud de qué intereses le exigen que digan la verdad los otros –a quienes visualizan como rivales- sin sentirse, ellos mismos, obligados a manifestar la propia verdad. Si vuelvo sobre este tema es porque considero que la verdad sobre lo pasado no debe ocultarnos la necesidad de conocer la verdad sobre las intenciones de hoy, que es lo mismo que decir las verdades sobre el futuro que tenemos en mente y queremos construir desde el presente. Episodios como el del famoso computador atribuido a ‘Jorge 40’ revelan hasta qué punto ha calado en el establecimiento la necesidad de rasgarse las vestiduras y ‘lapidar’ en los medios a todo aquello que trae consigo vientos de cambio, alientos de transformación, voluntad de barajar las cartas y repartirlas de nuevo en cuestiones de poder.

Volvamos ahora a la necesidad de armar el rompecabezas y la posibilidad nada remota de que el presidente Uribe acierte en el cometido. Los ingredientes están sobre la mesa y me atrevo a mencionar algunos de los que han de formar parte esencial de la resolución del problema principal: Autodefensas, FARC, ELN, Partido Liberal, EEUU, Polo Democrático, Uribismo, Productores y Exportadores de Drogas ilícitas, entre otros. O se arreglan las cuentas pendientes –y los diferendos existentes- con todos ellos o no se arma el rompecabezas. O se inicia ya mismo el esfuerzo de conciliar unos con otros, y todos entre sí con la Democracia y la Legalidad Constitucional o nos condenaremos a vivir dentro de tres años –cuando se ingrese en la recta final de la campaña presidencial de 2010- sobresaltos mayúsculos y dolorosos.

Pero no nos anticipemos. Dispone Uribe de 40 meses en los cuales los actores de los dramas pasados pueden convertirse en los actores del bienestar futuro. Y el mismo establecimiento que hoy le apuesta a dividir para reinar debe reconvertirse para que la oligarquía deje paso a la democracia, y el interés social prime sobre el interés feudal. Para todo esto se necesita poner primero de pie y después a caminar un Estado que funcione, un Estado que dé respuestas, un Estado que en vez de defenderse a sí mismo defienda al colectivo social que lo sustenta y le da sentido y justificación a lo que, de otro modo, como sucede hoy, ni tiene sentido ni se justifica. El fundamentalismo democrático no tiene asidero ni genera entusiasmo cuando la democracia es percibida por el común de la gente como un juego perverso y corrupto con naipes marcados donde ganan las clases políticas y sus clientes y donde pierden invariablemente las comunidades, donde los poderosos son cada día más poderosos y los débiles cada día más débiles.

El Partido Liberal se siente irrespetado por el uribismo, de la misma manera que el uribismo se siente irrespetado por el Partido Liberal. El Polo Democrático se siente estigmatizado por el uribismo, de la misma manera que el uribismo se siente cuestionado en su legitimidad por el Polo. Los sentimientos agraviados se realimentan con los intereses contrapuestos. En este clima político nada propicio para la paz y la reconciliación, ni guerrilleros, ni autodefensas, ni narcos pueden confiar en que los acuerdos que se alcancen con unos sean respetados por todos. En este sentido, lo de Castaño y las AUC es apenas la punta del iceberg acerca de la descomunal falta de confianza que recorre todos los poros de todos los actores de la tragedia nacional. Nadie confía en nadie, todos desconfían de todos, y así las voluntades de paz y reconciliación chocan una y otra vez con los mismos obstáculos, con los mismos mezquinos intereses, que nos tienen aferrados al conflicto armado, donde se cruzan las violencias estatales y privadas de todo tipo, nacionales y extranjeras, ideológicas y económicas, y donde los productores y exportadores de drogas ilícitas siguen sin tener un interlocutor estatal válido que explore con ellos el camino para salirse del negocio y de la guerra. Mientras unos y otros juegan al eterno juego de las desconfianzas, quienes tienen todo el dinero y todo el know how empresarial del negocio ilegal, que podría servir para capitalizar los acuerdos de paz con guerrillas y autodefensas, siguen sin encontrar una Mesa donde plantear sus propuestas.

Las piezas del rompecabezas están tomando forma en la antesala del despacho presidencial, unas más definidas otras más difusas, unas más prevenidas otras menos desconfiadas, pero todas queriendo saber si pueden contar con el presidente Uribe para dar el salto de la ilegalidad a la legalidad. El desafío de la paz es un desafío descomunal, parece hecho a la medida de los dioses y no de los mortales. Sin embargo, los problemas humanos están hechos a la medida de los seres humanos y aun los más terriblemente complejos tienen solución.

Sigo estando entre quienes creen que Uribe completará finalmente el rompecabezas de la paz y la reconciliación y no lo digo tanto pensando en su capacidad de hacerlo –que la tiene- sino en su voluntad de hacerlo –que le sobra.

No sobraría, sin embargo, que las mismas piezas del rompecabezas –que lejos están de ser inanimadas- pongan también lo mejor que tienen para tenderles sus manos, no a Uribe, sino a Colombia.

Los colombianos y las colombianas estamos en condiciones de perdonarlo todo, menos la estupidez de quienes quieren persistir en el error y las mezquindades de quienes se atraviesan como tercas mulas sobre el camino de la paz.

Así la veo yo.

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octubre 03, 2006

Las AUC y el alto costo de la seguridad jurídica

Pago Por Ver si tienen buen recibo social los pedidos de indulto y amnistía


CHAMUYO (15)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
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juanrubbini@hotmail.com

Dicho está que ‘nadie sabe para quién trabaja’ pero se me hace que el ELN no quiere ni oír hablar acerca de para quién trabaja en estos días. Se despierta convencido que trabaja para las FARC y se acuesta preocupado por las voces que lo sindican de estar trabajando para las AUC. Entre línea y línea no faltan los columnistas que le endilgan estar trabajando para Uribe. Y no faltan quienes lo aplauden porque ven en el ELN el soplo ‘chavista’ que llega desde Venezuela. Incluso, no faltan quienes aseveran que EEUU está interesado en rescatar algo bueno del ELN –narcotizado al 40%- para oponerlo cualitativamente a las FARC –narcotizadas al 80%-. Entre el Polo y el Partido Liberal se recelan, porque unos piensan que ELN trabaja para la izquierda liberal, y otros para la derecha del Polo. Eso sí, del ELN y sus propuestas en Cuba no hablan sino sus hinchas, así como lo hacen los de Millonarios o los de Santa Fe con sus cálculos interminables sobre si estarán o no entre los ocho. Del ELN no se habla en los estadios de fútbol ni en los recitales de rock, ni en los barrios estratos 1, 2 y 3, ni en los 4, 5 y 6. En realidad nadie habla seriamente del ELN salvo los serios politólogos que se resisten a considerar que el mayor punto de interés que genera hoy el ELN es acerca de para quién trabaja. Amanecerá y veremos. Ojalá descubramos, por sus frutos, que el ELN trabaja en estos días por el bien de Colombia.

Vayamos al grano. Todo anduvo más o menos bien en la negociación política entre Gobierno y AUC hasta que se atravesó –como elefante en un bazar- el tema de la reelección. Desde allí, sumado a que el Gobierno –y sobre todo el País- tomó conciencia precisa –durante 2005- de las ostensibles limitaciones oficiales en materia de triunfo en un plazo breve sobre las guerrillas, el proceso de paz con las autodefensas ha sido cada vez más tortuoso.

Y esto al menos por otras dos razones: por un lado, la demanda de seguridad rural eficaz se ha ido incrementando y permanece insatisfecha en alto grado en la medida que las autodefensas entregaron armas y cedieron territorios, mientras el Estado no ocupó enteramente los vacíos; por otro lado, la necesidad de explorar posibles negociaciones con los socios FARC-ELN acotó dramáticamente los márgenes de acuerdos políticos con las AUC.

Vayamos por partes.

Tema 1: Reelección. La disposición del Gobierno a sostener el costo político de una negociación con las AUC decayó notoriamente cuando las Autodefensas dejaron de negociar con un Presidente-Presidente para comenzar a negociar con un Candidato-Presidente que desesperaba por lograr acuerdos internos y externos que hiciesen viable y legal la reelección inmediata.

Tema 2: Regreso de la guerrilla. La demanda de seguridad eficaz –servicio por excelencia que brindaban las AUC- solo hubiera disminuido hasta desaparecer en la medida que las guerrillas hubiesen entrado en desbande por la presión militar anunciada por el Gobierno, o, por lo menos, si se hubiese verificado la real ocupación por parte de las fuerzas estatales de todos los espacios vacíos dejados por las AUC.

Tema 3: En la medida en que se aleja la posibilidad de que el Estado derrote a las guerrillas –no se logró en cuatro años pero tampoco se ve que vaya a lograrse en ocho- vuelve y juega la salida negociada lo cual hace que el jugador Gobierno mueva sus fichas en esa dirección. Y qué mejor ficha dispuso el Gobierno a partir de 2005 que el proceso de paz con las AUC, manipulado a su antojo por ‘razones de Estado’ en función de elevar notablemente el ‘case’ de la próxima negociación con el binomio de plomo FARC-ELN, y si de paso se desalienta a algunos comandantes AUC de proseguir en la Mesa, tanto mejor.

La confluencia de los temas 1, 2 y 3 logró el efecto perverso -impensable al momento de la firma del Acuerdo inicial de Santa Fe de Ralito (2003)- de que el campo de juego de la negociación política entre Gobierno y AUC fuese invadido por el Ministerio de Justicia tan ostensiblemente durante 2005 y lo que va de 2006 que, de hecho, la negociación política se interrumpió –y así permanece suspendido aún el partido- para dar paso a las imposiciones del Gobierno, las que han sido tan constantes y de tal magnitud que a nadie, que haya seguido las alternativas del proceso de paz desde su comienzo, le han sonado extemporáneas las palabras de Vicente Castaño del 22 de septiembre pasado cuando llamó a su propia parte y a la contraparte a sentarse, comportarse con seriedad y reanudar el proceso de negociación hasta dejarlo acabado como Dios manda, con el broche final que merece, con los acuerdos de paz totalmente expuestos a la luz pública y al juicio de la Historia.

Es que esto de tener el partido suspendido y el campo de juego de la negociación política invadido por gente extraña a él es grave y tiene sus consecuencias. ¿Tolerarían las FARC una intromisión de este tipo? Tampoco el ELN pasaría de agache y sus amigos columnistas y del Polo y de la izquierda liberal pondrían el grito en el cielo. Las nuevas generaciones ‘paras’ encuentran en el ‘despelote’ presente el campo propicio para crecer y desarrollarse. Cuentan con las fuerzas del narcotráfico dispuestas a emprender el camino de la legitimación política a través de su ingreso directo al terreno del conflicto armado. La demanda efectiva de seguridad rural eficaz, urgida por el miedo, no se detiene a sopesar si es conveniente o no someterse a este nuevo intento de resistir ilegalmente a las guerrillas. La necesidad tiene cara de hereje y no son los terratenientes ni las clases altas y media rurales fundamentalistas de la seguridad democrática y menos ad portas de la enésima negociación con las FARC-ELN.

Lo de abrir el juego hacia una Constituyente es una hábil jugada del Gobierno en vísperas de recibir de las FARC el oxígeno político que puede depararle el acuerdo humanitario, pero si se ‘cranea’ que la misma será con participación de FARC y ELN y ausencia de las AUC, cabe a estas oponerse rotundamente a cualquier exclusión. Una cosa es someterse a la Justicia y otra, bien distinta, es rendirse ante la Injusticia. Una cosa es limitar en aras del bien público las propias exigencias en la Mesa, y otra, bien distinta, es aceptar que lo negocien a uno en las Mesas ajenas.

Atención. El entusiasmo por la derrota y sometimiento de las guerrillas que levantó Uribe en 2002 se puede ver enfrentado en los próximos tres años con la depresión colectiva y el sálvese quién pueda de quienes se sentirán no solo defraudados sino también abandonados a su suerte. Este mercado de la seguridad altamente insatisfecho es el que piensa abastecer la nueva sociedad de ‘paras’y ‘narcos’ para enfrentar el binomio FARC-ELN. Sociedad ultra-pragmática a la cual un discurso político no le faltará con todo el legado que han dejado las AUC durante su paso por el conflicto armado. Claro que este discurso político será poco meneado en los tiempos que vienen porque un gato ilegal que caza ratones ilegales estará presumiblemente poco interesado como lo estuvo la generación anterior –conducida alguna vez por Carlos Castaño- en atraer la atención y la consiguiente persecución del perro legal estatal. Persecución que será inevitable y muy dura esta vez cuando el mismo embajador Wood ha pedido dejar tranquilos a quienes ya están ‘negociando’ o queriendo hacerlo, como AUC y ELN, para concentrar los esfuerzos represivos en las FARC y en la dupla ‘narcos-paras’.

Si la situación actual es incierta y preocupante consolémonos con aquel principio de la ley de Murphy que nos dice que ‘no hay situación por mala que sea que no pueda empeorar’. ¿Qué hacer entonces, en materia de iniciativas de paz, para recuperar al menos la vertical en materia de proceso con las AUC, para que el limbo en la que se haya no se convierta en un Infierno? Primero lo primero, y es que el Alto Comisionado para la Paz no siga dejando inconcluso el proceso para lo cual el Presidente debe invitar al Ministro de Justicia, muy respetuosamente pero con autoridad, para que se retire del campo de juego. Si Sabas ya está en Roma, Holguín bien puede volver a sus funciones ministeriales que no son precisamente las de permanecer donde lo situó su antecesor, sobre el terreno donde el proceso de paz debe reanudarse. Puede quedarse Holguín entre el público VIP, ni más faltaba, pero no impidiendo con su ubicación errada la prosecución del partido. Claro que si por esos lados llueve, por aquí no escampa, porque el doctor Restrepo ahora no tiene un proceso sino tres que atender –y con qué tres contrincantes- cual partidas de ajedrez simultáneas, ninguna de las cuales el Gobierno puede suponer esté ganada de antemano.

Otra cosa que no puede demorarse es reunir cuanto antes a la totalidad de los ex comandantes en sus zonas de influencia, cada cual con la porción de sus treinta mil desmovilizados –no para que les den órdenes porque las AUC están disueltas- pero sí para que los acompañen y los orienten en la larga travesía del desierto que está significando el proceso de reinserción.

¿Por qué no mejorar y replicar con los otros ex comandantes que manifestaron su voluntad de hacerlo el modelo de erradicación manual de cultivos ilícitos que con tanta buena voluntad y compromiso iniciaron Salvatore Mancuso y Vicente Castaño con sus desmovilizados?

No se trata de que los ex comandantes abandonen su régimen de reclusión y pago de penas sino de que cambien los actuales –entre ellos el penal de La Ceja que cumplió su cometido en agosto y ya estamos en octubre- por otros situados más cerca de la base social que constituyen los desmovilizados allí donde están radicados. Es en esos sitios neurálgicos y no en el aislamiento opresivo e intrascendente de La Ceja donde los ex comandantes deben realizar la tarea socialmente útil e imprescindible de impedir que tenga éxito en los desmovilizados rasos y ex mandos medios la seducción que pretenden ejercer sobre ellos los actores armados ilegales y la delincuencia que puja por reclutar mano de obra para sus delitos.

Uno escribe estas cosas pensando que con tanto oír hablar de verdad, justicia, reparación y reconciliación –y más precisamente debido a esto, y a la necesidad de armonizar criterios- no puede haberse extirpado de nuestro lenguaje –y de nuestros cerebros- la palabra razón y su significado primario de ‘usar la cabeza’. Porque si la razón ha sido dejada de lado y se la ha declarado prescindible nada bueno puede esperarse de términos expuestos y reproducidos sin sentido de la realidad ni de las proporciones.

Flaco favor se le está haciendo a las víctimas de ayer –los hoy sobrevivientes- si se las condena a ser víctimas otra vez en el futuro. Por una ventanilla se las estaría reparando y por otra se las estaría condenado a ser nuevamente víctimas del conflicto que no se acaba y de la violencia que se recicla. ¿Y qué otra cosa vamos a ser todos mañana, sin excepción, sino víctimas, si ahora resulta que estamos corriendo el riesgo de estar en el futuro próximo peor que en 2002, con una nueva generación ‘para’ armada hasta los dientes aliada con una nueva generación de ‘narcos’ lucrándose con mayor inteligencia y productividad de la ilegalidad de su negocio globalizado, y la vieja sociedad FARC-ELN envalentonada y soberbia porque Uribe ‘vino, vio y no venció’ hasta el punto que otra vez vuelven asomando los famosos diálogos, los famosos despejes, las famosas agendas, los famosos congelamientos de las conversaciones, etc., etc.

La reglamentación de la ley 975 por la que se decidió el Gobierno y que tan bien ha caído entre los opositores del Gobierno y en los enemigos de las AUC, constituye el remedio amargo y repulsivo que, sin embargo, tiene el beneficio nada secundario de blindar a los ex comandantes AUC del Corte Penal Internacional y de paso fortalecer el romance Ejecutivo-Corte Constitucional que tantos celos despierta en la Corte Suprema y en el Partido Liberal. No cierra en cambio el camino de la extradición a Estados Unidos –aunque ciertamente aleja la posibilidad de transitarlo en la medida que satisface requerimientos expresos del Departamento de Estado- pero elimina de un tajo el ‘riesgo europeo’ y a estas alturas del ‘partido suspendido’, como escribía más arriba, no deja de ser un logro por el que Colombia puede felicitarse, y de paso felicitar al senador Petro y la senadora Parody, que tanto ‘se dieron la pela’ para evitarle a los ex comandantes AUC tan inmerecido destino. Los ex comandantes despiertan pasiones en la dupla Petro-Parody que ni el psiquiatra Luis Carlos Restrepo podrá jamás descifrar, ni por más ternura que ponga en el empeño.

Que el precio de la seguridad jurídica a prueba de europeos haya sido demasiado alto no es lo que debe preocupar a los ex comandantes AUC por el momento. No se trata sino del ‘registro contable’ de un pasivo no exigible hoy y que puede disminuir bastante, más adelante, cuando previsiblemente el ELN obtenga su seguridad jurídica a un precio sensiblemente menor, como el mismo Presidente Uribe adelantó en estos días a la Prensa. Cuando esto suceda –lo del mejor precio que obtenga el ELN por reparar a las víctimas de sus asesinatos, secuestros y extorsiones de cuarenta años de delincuencia- habrá que ver en cuánto se le rebaja –por efecto colateral- el precio que hoy suena inalcanzable a las ex AUC, no por las víctimas en sí mismas que donde lo fueron merecen reparación, sino porque el Estado ha encontrado el recurso ‘facilongo’ y a lo Poncio Pilatos de lavarse las manos, de endosar sus responsabilidades y culpas a guerrilleros y autodefensas, así como lo ha hecho tradicionalmente la Vieja Europa que hoy no solo no quiere oír hablar de pedidos de reparación por su saqueo, terrorismo y esclavismo conquistador de tres siglos –con piratas a bordo de la que es testigo elocuente Cartagena y sus murallas-, sino tampoco, con los mismos EEUU de Hiroshima y Nagasaki, oír mentar acerca de las ‘fronteras ideológicas’, la Guerra Fría, las simpatías pro-guerrilleras y las doctrinas de Seguridad nacional que tantas víctimas causaron en América Latina y en el resto del mundo alentando a diestra y siniestra, a Castros y Pinochets, a terroristas de izquierda y de Estado, que les hicieron el mandado a las potencias mundiales de turno y sus aliados, sin saber a ciencia cierta de qué se trataba realmente. No sabemos todavía hacia dónde vamos los pueblos libres de América, pero de dónde venimos sí que sabemos, aunque no siempre lo estemos manifestando, más por vergüenza ajena que por falta de conocimientos y de convicciones.

Veremos ahora cómo se las arreglan para amnistiar e indultar al ELN y a las FARC quienes hicieron hasta lo imposible por descalificar y estigmatizar a las AUC, quienes ofendieron la verdad y los sentimientos de millones de colombianos y colombianas hastiados de las guerrillas y de los gobiernos débiles e irresolutos que no las han querido derrotar.

Será cuestión de PPV, de pagar por ver, si vuelven del ostracismo en que los dejó el Caguán los pedidos de indulto y amnistía, y qué tratamiento le dan los altos funcionarios del Gobierno, los editorialistas, los formadores de opinión, la prensa internacional, los líderes políticos y los HRW y Amnesty International a las exigencias de FARC y ELN.

Mientras tanto, los ex comandantes AUC presos y los ‘no conducidos’, siguen esperando al borde del terreno de juego que el Gobierno reanude la negociación política y los jueces de Justicia y Paz se dispongan a juzgar, que una cosa es la Política y otra cosa es la Justicia, y en ambas ojalá esta vez, ‘se interponga un poco de Razón’.

Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de "Así la veo yo", "Esencias y Matices" y "Chamuyo" pueden ser consultados en:

www.salvatoremancuso.com
www.lapazencolombia.blogspot.com

septiembre 26, 2006

Vicente Castaño y los puntos sobre las íes


¿Qué impide a las partes formalizar un Acuerdo Final de Paz?


CHAMUYO (14)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com



2006 entra en la recta final y el conflicto armado ahí. Ahí donde está anclado junto a la inseguridad que le es consecuente y la retórica que lo acompaña, más de comparsa que de explicación convincente. Lo cierto es que el conflicto se ha ido convirtiendo en una excusa, cuando no en una mera coartada, una excusa o una coartada, que justifica el armamentismo y el abandono de la política, por unos y por otros. Solo las AUC han salido del conflicto y lo han logrado, pero a qué precio... Ni el Ejecutivo, ni el Congreso, ni la clase política, ni la gran prensa, ni la guerrilla se lo perdonan. Tal vez los jueces sí estén dispuestos, si no a perdonar a las AUC, porque eso es imposible en las condiciones ‘conflictivas’ de hoy –ni la “Santa Alianza del Conflicto’ se lo perdonaría a los jueces- al menos a comprender el fenómeno de la ‘autodefensa ilegal’ y encontrarle explicaciones convincentes que obren de atenuantes ante la sociedad colombiana y la comunidad internacional. Y a esto, al veredicto de los jueces, es a lo único que no debieran temerle las AUC en estos días aciagos, con sus comandantes presos políticos por propia voluntad de paz y a pesar de ello –o tal vez precisamente por ello- estigmatizados por la opinión que alimentan los otros actores del conflicto, legales, ilegales, etc., que quieren seguir la guerra hasta vencer o morir. Claro que vencer piensan vencer ellos mientras que las víctimas las seguirá poniendo la sociedad civil sea directamente, sea como familiares de guerrilleros o soldados y policías caídos por defender la revolución o la contrarrevolución, aunque uno nunca sabe donde termina una y donde comienza la otra, financiadas ambas por el mismo bolsillo generoso de los contribuyentes o los narcoadictos de los países más poderosos del mundo. Unos ponen el dinero, otros –que suelen ser los mismos- ponen las armas y otros que, invariablemente son colombianos o colombianas, ponemos las víctimas. Esto último está tan claro e indigna tanto a los colombianos que la Ley 975 de Justicia y Paz, en buena hora, tiene como eje central a las víctimas, mientras que si alguien se toma el trabajo de leer el Acuerdo para la Paz de Colombia de Santa Fe de Ralito la palabra ´víctima´ no aparece por ningún lado, como por ningún lado de ese Acuerdo aparece la palabra ´reparación´.

La madurez que, en materia de conflicto armado y su transición a la paz, todos hemos ido adquiriendo en la medida que las AUC permanecían en la Mesa y no se levantaban de ella pese a todos los contratiempos y la evidente improvisación –revestida de innovación- que demostraba la contraparte, le ha servido de mucho a la Nación colombiana, tanto que parece que el mismo Gobierno ha quedado retrasado respecto ya no de la Opinión pública sino de las mismas AUC. Nadie en Colombia se ha mostrado sorprendido por el último comunicado emitido por Vicente Castaño, quien se ha visto obligado por las circunstancias a poner los puntos sobre las íes, sobre aquello que es apenas elemental tratándose el proceso AUC de un proceso de paz, inédito en el mundo, pero finalmente un proceso de paz que no puede escapar a algunas mínimas reglas que lo hagan creíble a los contemporáneos y sostenible hacia el futuro.

Si he mencionado lo del Acuerdo de Ralito y lo de las víctimas es nada más que por cumplir aquello de que para muestra basta un botón, llamando la atención sobre lo que a mi modo de ver es esencial producir a estas horas si se quiere desempantanar el entero proceso AUC, e incluso facilitar que el proceso ELN y otros que le sigan se beneficien de tal desenlace.

Al proceso de paz AUC le está faltando urgentemente un Acuerdo Final de Paz, algo que debió comenzar a negociarse políticamente cuando a mediados de 2005, con la aprobación en el Congreso de la Ley 975 y su toma de distancia respecto del Acuerdo Inicial de Ralito, se hizo evidente para tirios y troyanos que lo pensado originalmente por las partes en 2003 se había desvirtuado notoriamente en 2005. Quienes leen estas columnas desde el año anterior podrán volver atrás en el tiempo y descubrir que lo del Acuerdo Final de Paz –que hoy alguien puede ver como descubrir el agua tibia- era una necesidad política ya en aquellos tiempos donde ni era segura la desmovilización al ciento por ciento como finalmente ocurrió ni tampoco la reelección del presidente como también ocurrió.

¿Qué es lo que ha impedido la concreción de la firma de tal Acuerdo final de Paz? No lo es ciertamente la falta de antecedentes en la materia, ni en Colombia ni en la Centroamérica de los años recientes. Es más, de lo que no hay antecedentes en el mundo es que los procesos de paz exitosos no hayan concluido en Acuerdos finales de Paz, donde ambas partes se comprometen a determinadas acciones no solo en beneficio de la contraparte sino en beneficio de la comunidad en general.

La sola inexistencia de tal Acuerdo Final deja abierto el proceso de paz y hace que todavía hoy se sienta que el proceso de negociación no ha terminado. La presentación de los ex comandantes antes los Jueces no puede visualizarse como lo que no es, es decir como el final de proceso de paz. No, lo que puede haber, eventualmente, es el inicio del proceso judicial, el mismo al que tendrán que presentarse en su momento los comandantes guerrilleros, a menos que ganen la guerra, o que un gobierno complaciente les conceda lo que pidan a través de un acuerdo político que pase por encima de la ley 975 mediante la concesión de indulto o amnistía, lo cual no sería más que volver a lo de antes, a lo que, incluso, estaba prefigurado implícitamente en el Acuerdo de Ralito con las AUC, y que hoy está en entredicho por la ley 975, ni se diga tras la sentencia de la Corte Constitucional ni se diga tras los decretos reglamentarios que están que llegan pero no han llegado y que pondrán a los Jueces en un verdadero dilema a tres bandas: Texto original de la ley 975, sentencia de la Corte Constitucional y decretos reglamentarios.

Algo que está poniendo a pensar a los colombianos –y también a los EEUU, no nos digamos mentiras- es por qué el comandante militar del ELN que no ha cesado hostilidades y sigue lucrándose del secuestro recibe alojamiento diplomático en Venezuela como si fuera un comisionado de paz del gobierno colombiano mientras que visita la Casa de Paz en Medellín cuando le viene en gana, alternando ello con visitas a Cuba, loas a la dictadura vitalicia de Fidel y exigencias de amnistía para sus guerrilleros presos. Si además, tomamos nota de las declaraciones del presidente Uribe, seguramente bienintencionadas, ni más faltaba, respecto a que las negociaciones de paz con el ELN y con las FARC requerirán un marco legal diferente y más benigno para las guerrillas que lo que significa la ley 975 para las AUC, uno termina preguntándose si lo que está diciéndonos Vicente Castaño a todos los colombianos y de paso a la Comunidad internacional no es apenas lo mínimo, lo elemental, lo totalmente necesario e incluso imprescindible que un líder nacional tenga que decir en estas circunstancias.

A mi correo han llegado en estos días una serie de interrogantes e inquietudes que tienen entre sí un común denominador: ¿Será que el Gobierno responde acertadamente el reto, respetuoso pero reto al fin, que plantea muy comedidamente Vicente Castaño en su Carta Abierta del 22 de septiembre? ¿O será que la ‘seguridad democrática’ le tuerce el pescuezo al proceso de paz AUC y la persecución contra Vicente Castaño se vuelve una razón de Estado para el Gobierno, por encima del proceso de paz?

Si esta no es la peor crisis que ha vivido el proceso de paz con las AUC ¿qué entendemos por ‘peor’ y qué entendemos por ‘crisis’?

Me inclino, sin embargo, por el triunfo de la sensatez gubernamental, y porque se terminen imponiendo en Colombia las ‘Casas de Paz’ y las ‘Villas de la Esperanza’ por encima del terrorismo de las guerrillas, del mismo Estado y de las nuevas generaciones de guerreros que viene asomando, sin prisa pero sin pausa, al galope de la tragedia del narcotráfico que sigue riéndose de nuestras desgracias alimentándolas por derecha y por izquierda, y desde el mismo Estado que sigue sin decidirse si lo que quiere es el advenimiento de la paz o la perpetuación de la guerra.

El ‘to be or no to be’ de la Casa de Nariño en los días que corren parece debatirse en torno a la legitimidad que provee la guerra y la legitimidad que traería consigo conseguir la paz. Me temo que la lógica imperial que alienta Bush a escala mundial esté produciendo en nuestro país una reproducción a escala reducida de la misma tentación política de igualar a la paz con la guerra –como si fueran éticamente iguales- a la hora de conferir legitimidad política.

La mejor demostración de la existencia del dilema paz-guerra en el Ejecutivo colombiano lo da el tratamiento amigable que se le da a Chávez y la sumisión que se le demuestra a Bush. Ambos términos de la ecuación no solo son contradictorios sino que conducen a la inevitable esquizofrenia en la política gubernamental. No se puede simultáneamente, durante mucho tiempo, querer algo y querer también lo contrario de ese algo. Uribe sigue sin definirse por Bush o por Chávez, lo que le induce a no decidirse por la guerra o por la paz. Seguramente sueña con lo imposible, con reunir ambos extremos en una síntesis que supere los términos contradictorios pero eso no se compadece con la claridad conceptual que se espera de un líder como Uribe destinado a conducir la nave sobre aguas tempestuosas.

Detrás de las denuncias de EEUU y de Gran Bretaña sobre amenazas terroristas de las FARC en zonas del norte de Bogotá, no puede disimularse que aquellas potencias le están cobrando a Uribe su condescendencia con Chávez y todo lo que ello significa.

Los caminos del Señor son infinitos y entre las amenazas terroristas, las advertencias del eje EEUU-Gran Bretaña, el dilema gubernamental paz-guerra, el rearme de nuevas generaciones ‘paras’, la tozudez de las FARC y el cinismo del ELN algo nos está diciendo la realidad y es que el conflicto armado va para largo en Colombia.

La correlación de fuerzas sigue inclinada hacia la guerra y no veo por dónde ello pueda empezar a cambiar.

Hace cuatro años confiaba que la decisión de los Castaño y los Mancuso por llevar a las AUC a una mesa de negociaciones aceleraría los procesos de paz en Colombia con todos los grupos armados al margen de la ley. Hoy sigo convencido que el proceso AUC es el bienvenido inicio pero que el final del camino está muy lejos, y lo está principalmente, porque el Estado colombiano sigue en la duda de si legitimarse a partir de la guerra o legitimarse a partir de la paz.

Por todo esto me parece excelente que Vicente Castaño haya puesto sus cartas sobre la Mesa, una vez que el grueso de los ex comandantes AUC han renovado una vez más sus actos de fe en el proceso de paz y han permitido su conducción pacífica a los sitios de reclusión donde han comenzado a pagar por culpas propias y ajenas, por las que ellos aceptan que tienen que pagar y por las de otros que otros debieran pagar por no haber evitado iniciar y prolongar –la guerra revolucionaria- y por no haber protegido y seguir protegiendo –la vida, honra y bienes de los ciudadanos.

A la voluntad y persistencia de las AUC y a la apuesta del Gobierno cuando inauguró el proceso en Ralito les está faltando un broche de oro que ponga en letras de molde el contenido y el espíritu de los Acuerdos alcanzados durante los últimos cuatro años de negociaciones, crisis, ultimátums y actos de fe.

De lo contrario el proceso corre el riesgo de naufragar antes de llegar a buen puerto y cuando algunos se habían precipitado a sentenciar su final. Poderosos intereses confluyen en la prosecución de la guerra y la proliferación de las amenazas terroristas como para que no aparezca una mediación seria y confiable, una tercería por encima del bien y del mal, que habilite el camino hacia el Acuerdo final de Paz con las AUC y evite que el abrupto final del proceso, o la indefinición sobre su final alumbre desconfianzas o reticencias que sirvan de caldo de cultivo a confrontaciones nuevas que nadie quiere aparezcan en el horizonte.

Me pregunto si acaso la Comisión Exploratoria que tanto éxito tuvo al comenzar este proceso con las AUC no está llamada a cumplir un rol importante en la construcción de los Acuerdos Finales, o al menos en sugerir por donde sigue el camino visto que las partes no terminan de ponerse de acuerdo y ello despierta. razonablemente, todos los temores.

Vicente Castaño puso el dedo en la llaga, pero conociéndolo, uno sabe que no es para revolver el dedo en la herida sino para que acudan los médicos con su ciencia y sus equipos a curar el herido, un herido, que en este caso, es el País entero que clama por sanar.

Así la veo yo.

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