abril 24, 2006

AUC, FARC y ELN hacen su juego ‘de base’ sobre la ruleta electoral

Si uno no se mete en política, la política (y los políticos) se meten con uno



Esencias y matices (12)


Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juan_rubbini@yahoo.com.ar



Las bases sociales y los simpatizantes de las AUC, FARC y ELN aguardan la jornada electoral del 28 de mayo para pronunciarse masivamente, unos votando, otros absteniéndose de hacerlo. En cuestiones políticas las voces pesan igual que los silencios, y no resulta correcto aplicar aquí aquello de que ‘quien calla otorga’, o lo demagógico y trillado de que ‘el pueblo nunca se equivoca’.

Quienes del lado de las FARC y del ELN se inclinen por manifestarse votando no podrán hacerlo por candidatos propios porque su libre opción por la lucha armada lo vuelve imposible. En el caso de las AUC se ha llegado a la misma imposibilidad de facto pero a partir de una situación bastante diferente: mientras que, en cumplimiento de los acuerdos firmados con el Gobierno, su Estado Mayor Negociador ha desmovilizado la totalidad de los combatientes AUC –como lo admiten públicamente los altos funcionarios del Gobierno- el mismo Gobierno está en mora de llevar a la práctica lo acordado al finalizar la etapa exploratoria e iniciarse la fase formal de negociaciones (Punto 2, in fine, del ACUERDO DE SANTA FE DE RALITO PARA CONTRIBUIR A LA PAZ DE COLOMBIA, del 15 de julio de 2003): “El gobierno se compromete a adelantar las acciones necesarias para reincorporarlos (a la totalidad de los miembros de las AUC) a la vida civil”.

Los derechos políticos de los ciudadanos son componentes esenciales, y por lo tanto insustituibles, de los derechos civiles. La llamativa demora del Gobierno en habilitar los canales correspondientes de participación en política de las ex AUC despierta no pocos temores y suspicacias. Temores de que el Gobierno vaya a incumplir lo acordado en Ralito por parte de unos y suspicacias por parte de otros acerca de la verdadera naturaleza de lo pactado.

Si le sumamos a esto que la misma exequibilidad de la ley de Justicia y Paz –de cuyo texto las AUC han tomado formal distancia desde el primer día- está en vilo en la Corte Constitucional el panorama de la reinserción de las AUC no puede aparecer más oscuro, ya no solo desde la óptica de los derechos políticos que estarían siendo vulnerados, sino también desde el asunto tan delicado y comprometedor de la seguridad jurídica de los ex comandantes AUC. Esto no solo es gravísimo si lo vemos desde los legítimos intereses de las AUC sino también desde los naturales intereses del ELN que está iniciando su propio proceso de regreso a la civilidad y que no puede sino sentir pánico en cuerpo ajeno cuando percibe por enésima vez que las debilidades e indolencias del Estado corren más de prisa que los buenos propósitos de paz y reconciliación.

Volviendo al tema de las elecciones y las preferencias de las AUC, FARC y ELN las opciones al alcance de la mano no se limitan a una o dos sino que exceden cualquier posible simplificación para convertirse en una complejidad política mayor.

Por el lado del ELN, la ‘mutua simpatía’ y el ‘paralelismo’ con la vertiente social-demócrata que alientan Serpa y la izquierda liberal oficialista, se han ido extinguiendo desde finales de los ‘90 en la misma medida en que el ´serpismo´ inició su declive como opción de poder. Ahora, quienes se aprestan a enterrar lo que fue la alianza Serpa-ELN son los liberales de izquierda, decepcionados con Serpa, que votarán por Gaviria, así como los ‘García’ y los ‘Galán’ que se suben al tren de Gaviria porque resulta la coartada perfecta para no quedar mal ni con las FARC, ni con el Polo ni con el mismo Uribe. No puede excluirse sin embargo que algunas bases sociales del ELN sigan votando por Serpa a pesar de los guiños de ‘García’ y de ‘Galán’ para que lo hagan por el candidato del Partido Comunista. Pesan aquí arraigadas tradiciones populares que suelen prevalecer sobre las modas. Y se sabe que para mucho colombiano ‘trapo rojo liberal’ pesa bastante más –sobre todo a la hora de votar- que ‘trapo rojo comunista’.

Las FARC van una vez más por la abstención, lo que no significa que los ‘votos abstencionistas’ pertenezcan a las FARC ni mucho menos. Las FARC siguen considerando la abstención el principal recurso político que disponen –sin ningún costo- para deslegitimar la democracia que ellos combaten y de paso no ser contadas en elecciones libres. No dejan de desconfiar de los dirigentes del Polo donde las corrientes ‘progresistas’ de Lucho y de Gaviria, y el ‘liderazgo desertor’ del M-19 confluyen ahora con la presencia ‘elena’ que consideran más fruto de la claudicación ´pequeño-burguesa’ del COCE que una real opción de lucha por los pobres y explotados. En síntesis, la vía del Polo –desde la perspectiva FARC- no deja de ser una opción contrarrevolucionaria y legitimadora de todo lo que significan Bush y Uribe, un ‘infantilismo’ de izquierda en el mejor de los casos. Sin embargo, la participación de sus socios estratégicos del Partido Comunista en el Polo –por las mismas contradicciones inherentes a la práctica política de sumar todas las formas de lucha- les impide a las FARC decir abiertamente que no acompañan –‘ni por el chiras’- la primavera ilustrada y cachaca de Carlos Gaviria, acompañado en su fórmula presidencial por Patricia Lara que ha declarado que ‘todos los colombianos estamos hasta la coronilla de la guerrilla’. ¿Cómo habrán recibido en su arrogante ego las FARC las palabras de Lara? que dicho sea de paso afirma conceptos que uno jamás ha escuchado antes de boca de Petro y de Borja, ni de Lucho Garzón ni de María Emma, tampoco de Carlos Gaviria, cuando muy valiente y suelta de cuerpo, afirma que:

“Por la torpeza de las FARC y sus métodos, y por tener a la gente absolutamente harta de la guerra y de ellos, es que Uribe está donde está y Colombia va en contravía de América Latina. Si la guerrilla no existiera, muy probablemente nosotros estaríamos en una situación como la de Chile o de Brasil. Por la misma razón que ganó Pastrana ganó Uribe: la gente está hasta la coronilla de la guerra y de la guerrilla; todos los colombianos estamos hasta la coronilla de la guerrilla. Yo creo que la guerrilla es responsable de que la izquierda en Colombia no tenga la misma relevancia que en otros países de América Latina”. (cita textual de www.unpasquin.com.co)
¿Por quiénes habla Patricia Lara, por sí misma, por Carlos Gaviria, por una parte del Polo, por todo el Polo incluido el Partido Comunista? Amanecerá y veremos…

En el caso de las FARC la recomendación esencial –no la acomodaticia- a sus simpatizantes y bases sociales seguirá siendo la de abstenerse de votar. Y en todo caso si alguno quiere hacerlo que lo haga por Serpa –en contra de Gaviria y de Uribe. El caso de las FARC con Leyva es distinto. Leyva no es opción electoral de las FARC. Leyva se está dando el ‘vitrinazo’ para que las FARC realicen una ‘prueba de mercadeo’ respecto a los votos independientes que puede captar en el lumpen-electorado y principalmente –y este es el quid de la ‘cuestión Leyva’- fortalecer ante la Opinión pública a este versátil e histriónico político conservador para la eventualidad de un proceso de paz con Uribe. Proceso que tanto Uribe como las FARC ven más cercano que el común de la gente –aunque callen lo que están ‘cocinando’ hasta cuando llegue ‘la hora de los anuncios’. En todo caso no antes del 28 de mayo.

Por los lados del caudal de votos que son susceptibles de aportar las bases sociales de las AUC y sus simpatizantes –que estimo a ‘mano alzada y con ojo de buen cubero’ como no menos de tres millones de colombianos y colombianas en todo el país y el exterior- las incógnitas son muchas sobre el camino que tomarán el día de salir a votar. Aunque su influencia cuantitativa –y cualitativa- merece un serio y postergado análisis político resulta imposible avanzar aquí más allá de algunas mínimas y aventuradas hipótesis. El recorrido de los columnistas y editorialistas sobre las AUC ha preferido sembrar sobre esta nueva fuerza política un cúmulo de estigmas y descalificaciones que si sacia el apetito revanchista de los muchos anti AUC despierta también la curiosidad, e incluso la simpatía, de quienes solemos desconfiar sobre las críticas de la prensa cuando se sospecha con fundamento que forman parte de una campaña orquestada y malintencionada, por ser demasiado constantes, harto caricaturescas, y finalmente ostensibles y sin recatos ni disimulos en su propósito difamante. Así como solemos desconfiar de los halagos empalagosos hacia los personajes y organizaciones públicos cuando se intuye que ‘tanta supuesta belleza no puede ser del todo cierta’, contrario sensu también terminamos desconfiando de tamaña insistencia en la crítica venenosa y morbosa hacia las AUC –uno de los bandos enfrentados en el conflicto armado colombiano- intuyendo que ‘detrás de tanta supuesta maldad atribuida a las AUC ha de haber ciertas verdades buenas y meritorias que se callan’, en este caso sobre las AUC y el controvertido papel que han jugado en la guerra.

Podemos estimar que en la jornada del 28 de mayo la abstención de los simpatizantes y bases sociales AUC no será inferior al 50 %, entre otras cosas, porque el promedio de la base social y simpatizante AUC no está lejos del ‘sentido común nacional’ que no encarna entre sus hábitos el compromiso moral e histórico de acudir a las urnas. Por otra parte, la imposibilidad de votar por candidatos propios o por aliados consensuados en acuerdos políticos, de carácter programático, con las ex AUC, hace que el fervor por los propios colores e ideas no encuentre cauce donde desembocar ni candidato cuyo mensaje y propuesta coincida sustancialmente con los propios. La misma situación de ‘limbo jurídico’ en que se encuentran los ex comandantes desalienta en las bases y en los simpatizantes AUC ‘premiar’ con el voto a quienes desde el Gobierno o desde la oposición no supieron –o no quisieron- dotar al proceso de paz con las AUC de suficientes garantías y horizonte claro para quienes tomaron la valiente decisión de decirle adiós a las armas y jugársela toda por la paz.

No olvidemos tampoco que no se trata solo de los derechos civiles de los ex comandantes ni solamente de la irresuelta cuestión de cómo hacer política en la legalidad para las ex AUC. Se trata también de la reinserción de más de treinta mil ex integrantes de las AUC a la vida social, educativa y laboral cuyo desarrollo ha tenido poco que ver con las expectativas y las promesas oficiales. Como también se trata de la necesidad de 'insertar' en el País real comunidades y regiones enteras donde, hasta aquí, solo han llegado como 'colonizadores' los actores armados ilegales, incluso las AUC, pero jamás una presencia del Estado social de derecho, como si Colombia estuviera condenada –incluso tras cuatro años del actual Gobierno- a tener más territorio que Estado, más promesas y buena voluntad de los políticos que realidades consistentes y apoyo concreto, por parte de la institucionalidad democrática.

Ante el panorama triste y desalentador que menciono arriba, ¿cómo pensar frívolamente que el presidente Uribe cuenta con el apoyo unánime de las bases sociales y simpatizantes de las AUC? Esto está bastante lejos de la realidad. Y también en esto las bases sociales y simpatizantes de las AUC se acercan mucho al promedio de los colombianos. Un 70 por ciento de quienes finalmente voten lo harán muy probablemente por la persona de Uribe presidente –que no significa votar por el ‘uribismo’ que tan mal ha tratado a las AUC, al punto de propiciar con su ‘ausentismo de la paz’ el ‘limbo’ actual en el que se ha precipitado el estatus político y la reinserción de las autodefensas. Confluyen en este 70 % (aproximadamente 1 millón de votos), quienes votarán la reelección de Uribe por lo que Uribe significa para Colombia con aquellos que votarán por lo que significa Uribe como líder nato del liberalismo en el corazón de quienes su amor por la causa de las autodefensas no les ha hecho dejar de lado la persistencia de su sentimiento liberal. El liberalismo como bandera política es de lejos la fuerza mayoritaria en las bases de autodefensas. Sin embargo, en ese 1 millón de votos que pondrán los amigos de las AUC por Uribe también habrá presencia conservadora, la segunda fuerza en la composición de base social y simpatizantes AUC. Calculo unos trescientos mil votos ‘azules’.

En este análisis sobre los tres millones de potenciales votantes provenientes del ‘autodefensismo’ un primer hecho a destacar es que se prevé aquí que la abstención triunfará sobre los votos que vayan hacia Uribe. Un millón y medio contra un millón en cifras cerradas. ¿Qué destino tendrán los restantes quinientos mil votos? Me inclino a pensar que dos tercios de los mismos (aproximadamente 350.000 votos) irán hacia el candidato oficial del Partido Liberal. En parte, por simpatías personales que despierta el carisma innegable de Serpa y por aquello de premiar una trayectoria que si para muchos merece objeciones a otros conmueve en su cruzada de toda la vida por lo social. Cruzada que bien merece solidaridad y resulta a todas luces plausible.

Quedan después 150.000 votos cuyo destino principal será aportarle a la campaña de Antanas Mockus. Encontramos aquí la siembra de las autodefensas en el campo de los estudiantes universitarios y las simpatías académicas y los profesionales que se identifican con la racionalidad educativa y científica y los valores éticos que pondera Mockus.

Se preguntarán por Gaviria y por Leyva. Más allá de curiosidades estadísticas, algo de despiste y esas cosas que tiene la vida no advierto en las bases sociales y simpatizantes de las AUC la más mínima intención de votar por Gaviria o por Leyva. Y no porque no se les asigne méritos intelectuales ni capacidad de gestión. Simplemente se los aprecia –y de ninguna manera se los descalifica- pero se los aprecia como jugadores de otros equipos, el primero del ELN y el segundo de las FARC. Y no solo eso, son además jugadores de la selección ‘guerrilla’.

Lo cual, tras todo este discurrir, me recuerda que hoy por hoy a los ´paras´ ni les dejan tener equipo propio para jugar en la liga política, ni les habilitan sus jugadores para que puedan jugar en ninguna selección, ni siquiera la que ‘supuestamente’ se prepara para jugar contra la selección ‘guerrilla’ en los campos de la guerra o de la paz.

Por eso mientras llegan tiempos mejores, las bases sociales y simpatizantes de las ex AUC dividen su preferencia para el 28 de mayo en el siguiente orden entre la abstención (50%), Uribe (33.3%), Serpa (11.7%) y Mockus (5%).

O, si se prefiere sin considerar el abstencionismo, y haciendo 100, el millón y medio de votos a depositar: Uribe (66.7%), Serpa (23,3%) y Mockus (10%).

Lo cual, en plata blanca, significa que las bases sociales y simpatizantes de las ex AUC se preparan para depositarle a Uribe 1.000.000 de votos, a Serpa 350.000 y a Mockus 150.000.

Mientras tanto –mientras sigue “la lluvia sin cesar, golpeando en el cristal” y “gira la cuchara del café”- los tres millones de simpatizantes y bases sociales AUC siguen esperando con la fe del carbonero por la pronta libertad de sus líderes y compañeros hacedores de paz y por el derecho de votar sus propios candidatos políticos, sin endosos que escandalicen a los hipócritas, ni tener que escoger sin consuelo ni esperanza entre el ‘voto castigo’ y el ‘menos malo’.


Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de “Esencias y matices’’ pueden ser consultados en:

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abril 17, 2006

El dilema de las FARC: Si no haces la guerra ¿cómo puedes negociar la paz?

Uribe tiene la respuesta y no los que ‘viven o lucran del cuento’


Esencias y matices (11)



El "pas de deux" es un concepto difundido en el vocabulario de la danza y poco utilizado en el lenguaje político. A propósito de Serpa y Gaviria, cabe disfrutar por analogía la destreza en el cortejo y el abrazo –y también la competencia- que se establece hoy entre la pareja que une, y desune, la pasión por el Poder. El refinado arte del ‘pas de deux’ puede entreverse también, desde el ojo político, en el baile de Uribe con las FARC, aunque, en este caso, lo que está en danza –la guerra o la paz- es más propio de la tragedia griega que del vodevil.


Coincido con quienes sostienen que la dificultad sustancial para una negociación política, que ponga fin al conflicto entre las FARC y el Estado, no reside ni en Uribe ni en el mismo Secretariado de las FARC, sino en los entornos y la periferia de ambos. Y no solo eso, creo que tanto para la guerra como para la paz, de lado y lado, de la hipotética Mesa, están quienes tienen que estar. Me refiero a hombres prácticos –de armas tomar si es el caso- pero fundamentalmente pragmáticos por aquello de ir al grano y no detenerse –para lograr sus propósitos- ante nada ni ante nadie.


Recordemos que aquí estamos hablando de rigurosa política no de filosofía, ni de su brazo dilecto, la ética. Hombres y mujeres de este talante –dispuestos a jugarse enteros, hasta su propia vida, por aquello en lo que creen- suelen hacer gala de su ‘odio’ en público pero no pueden sino reconocerse mutuo valor en privado –e incluso ‘amarse’ en los acuerdos políticos a los que den a luz- acuerdos que no pocos temen y quisieran ahuyentar a como dé lugar.


Me refiero, entre los que se interponen en el camino del hipotético acuerdo político entre Gobierno y FARC a quienes ‘viven del cuento’ y a ‘quienes se lucran de él’. Aunque tampoco han de ser dejados de lado aquellos que temen que el costo de la paz les afectará en los bolsillos más que lo que los afectaría en impuestos el costo de proseguir la guerra.


Entre quienes ‘viven del cuento’ podemos distinguir a los extremistas ideológicos de derecha y de izquierda, que tal vez no sacrifiquen el mundo por pulir un verso, pero sí están dispuestos a sacrificar el destino de un País entero con tal de que no se vean puestos en entredicho sus presupuestos ideológicos y sus dogmas políticos. Si nos referimos a quienes optan por la extrema derecha no podemos dejar de citar aquí a quienes calificaban de ángeles a las autodefensas cuando empuñaban el fusil y las sindican como demonios ahora que le han dicho adiós a las armas. Seguramente, de este extremo derecho de la política surgirán las voces que verán a Uribe como el Anticristo –o el Kerenski criollo- si se sienta con las FARC a negociar. Por el lado del extremo izquierdo las cosas son aparentemente al revés –pero en el fondo son iguales-; aquí hay quienes ven a las guerrillas como ángeles alzados en armas contra el sistema burgués pero las verán como demonios aburguesados traidores de la ‘revolución’ cuando las FARC se sienten a negociar con Uribe.


Si existen quienes ‘viven del cuento’ del conflicto armado, desde lo ideológico, también están los que ‘se lucran’ del conflicto armado, desde sus intereses económicos o de poder político. Aquí encontramos a los diversos eslabones del narcotráfico que viven camuflados junto a las FARC, a quienes se benefician por el ‘testaferrato’ de su control territorial y protección, a los políticos y burócratas que desde los municipios, las gobernaciones y los ministerios, las universidades, los órganos de seguridad y de justicia, y demás eslabones del poder paralelo de seudo-izquierda, recibirían su golpe de gracia y la visibilidad cuya perspectiva ciertamente los desespera, con el cese del conflicto armado y el ingreso de las FARC a la legalidad.


Dentro del ‘cuento’ del conflicto armado también pululan y parasitan personajes siniestros que han hecho del conflicto armado entre FARC y Estado la razón de sus poderes y privilegios. Hasta aquí se escudaron tras el ‘monstruo AUC’ pero ahora se los ve deambular sin saber de qué rama asirse tras 28.000 desmovilizados y la voluntad inquebrantable de las AUC de no volver a oficiar como pararrayos de tanto interés ruin que bebe de la guerra como vampiro de sus víctimas. No quiero imaginarme qué sucedería con estos mercaderes del caos si las FARC siguen el camino de las AUC y abandonan la lucha armada.


Todo esto se sabe, y si lo menciono aquí es por aquello de que no es tan cierto aquello de que en Colombia todos estamos por la paz y solo Uribe y las FARC son los ‘guerreristas’ que no la quieren.


El día en que Uribe y las FARC anuncien la apertura de un nuevo proceso de paz Colombia deberá estar preparada para que desde los costaditos, e incluso desde las mismas entrañas del ‘conglomerado uribista’ y de las FARC se disparen poderosas alarmas denunciando, unos que Uribe le está regalando el País a las FARC y otros, que las FARC están traicionando a sus bases campesinas y de trabajadores explotados, entregando el País al monopolio de los ‘cacaos’, al tenebroso TLC y al imperialismo yanki.


Cuando me refiero a los que viven del ‘cuento’ del conflicto, o se lucran de él, no pretendo negar la existencia del conflicto, sino todo lo contrario. Lo juzgo tan real y tan contundente el conflicto –y sobre todo tan extendido en el tiempo y en el espacio-, como para que, precisamente, amparados por ese amplio cobertizo –que no es para nada un cuento, ojalá lo fuera- se disimulen a su sombra y abrigo tantos pícaros y malandrines, que encontraron, a su modo, la forma de beneficiarse con la perpetuación de la guerra.


Algo de otro tenor puede preverse si se atiende a las señales que en estos días emiten con bajo perfil las AUC que no cuentan ni por asomo con ‘prensa complaciente’ en Colombia ni en el mundo, ni con ‘países amigos’ con la ‘berraquera’ de Cuba y Venezuela, capaces de dar la cara por las guerrillas y poner sus diplomacias al servicio de sus procesos de paz. Entre esas voces interesadas en eternizar la guerra que menciono –y esos llamados a abortar cualquier proceso de paz con las FARC- no estarán ni las AUC desmovilizadas, ni sus simpatizantes ni sus bases sociales que se han juramentado por abandonar las armas y transitar por las vías de la legalidad y la política hacia la Reinstitucionalización del Estado, la Unidad nacional, las Autonomías regionales, la Solución política del conflicto armado y el Progreso Social.


Mientras tanto, el ELN le hace la guerra a las FARC en Arauca por motivos que huelen más a implosión y a ´sálvese quién pueda’ que a estrategia militar o política. Por otro lado, el COCE le aporta ‘capital político’ -con su bienvenido ‘cese no declarado’ de hostilidades que incluye no secuestros, ni siembra de más minas, ni voladura de torres y oleoductos (algo totalmente propio de su todavía subsistente ‘carisma revolucionario’)- al romántico ‘pas de deux’ del ‘serpismo’ y del Polo.


Por su parte, las FARC, mientras combaten el ‘anarquismo’ degenerativo del ELN en Arauca y siguen siendo sus socias ‘narcocapitalistas’ en el resto del país, permanecen sumidas en el dilema existencial que puede sintetizarse desde su perspectiva farquiana con el siguiente interrogante:


“Si no haces la guerra ¿cómo puedes negociar la paz?”


Mientras en la decisión ‘elena’ su opción política encuentra buenas razones para dejar de lado –siquiera temporalmente- la comisión de actos terroristas contra la población civil, las FARC cavilan sobre cuál es el camino a seguir. Por un lado se juegan estratégicamente por la carta de Leyva –y sólo tácticamente por la de Gaviria- candidatos que –dicho sea de paso- no han hecho un solo pedido público a las FARC acerca de que al menos no involucren a la población civil en sus acciones militares, como tampoco hay conocimiento de que les hayan exigido a las FARC y al ELN que respeten el DIH. A Serpa y a Gaviria les complace más diferenciarse de Uribe que de las FARC y del ELN. Serpa y Gaviria sabrán a qué le juegan y a ellos hay que remitirse.


Tal como viene el río arrastrando las aguas del conflicto armado desde hace décadas no puede esperarse de parte de las guerrillas un cambio de actitud de 180 grados como aconsejaría la coyuntura política en América Latina –y también en Colombia- visto esto desde los intereses de la misma izquierda democrática, liberal, o incluso comunista. Unos y otros –guerreros e intelectuales, o simples burócratas de partido- han encontrado una cierta comodidad en sus posiciones tradicionales y ven cualquier cambio en el statu-quo del conflicto con cierto escepticismo, incluso perplejidad acerca de la real conveniencia de sumarse a la ola democrática desarmada que recorre nuestro continente.


Sin embargo, si uno puede entender y hasta aceptar que la visión que se tiene desde el monte y la ilegalidad permita algún desfase entre la coyuntura cortoplacista y el mediano y largo plazo –no resulta sencillo acomodar la precisión y el alcance de la mirada a tanta distancia del mundo real- no puede resultar tan benigno el juicio hacia quienes desde candidaturas presidenciales –nada menos- desertan de la defensa a rajatabla del orden constitucional y las instituciones democráticas asumiendo, por el contrario, ante las FARC y el ELN una actitud de paternal benevolencia y cero condena a sus actos terroristas como si tantos muertos y tanta sangre, y tanta libertad secuestrada, por el mesianismo revolucionario, no merecieran siquiera un severo llamado al orden y al cese del fuego.


“Si no haces la guerra ¿cómo puedes negociar la paz?” En este dilema siguen patinando las FARC, entre otras cosas, porque quienes simpatizan ideológicamente con sus propósitos políticos no han sido firmes y consecuentes en su intento persuasivo y pedagógico de hacerles saber que si persisten en hacer la guerra no pueden sino aspirar a la victoria o la derrota, pero jamás a la negociación política. Por el contrario, la ‘perversidad política’ de los Gaviria y los Serpa, en su discurso frente a las FARC y el ELN, se centra en que ‘con ellos en la Presidencia la negociación sí sería posible y lo sería independientemente de los actos terroristas que hubiesen cometido o siguieran cometiendo’. En esto último no incluyo a Leyva porque lo suyo con las FARC no parte de una coincidencia ideológica –que no existe como existe en el caso de Gaviria y de Serpa- sino de una cuestión eminentemente humana de simpatía personal y voluntad de acercar la paz a Colombia, cosa que cualquier bienpensante tiene derecho de sentir respecto a las FARC, incluso viniendo del campo conservador como Leyva y Pastrana.


Ante la tentación del Polo y del ‘serpismo’ el ELN está dando el paso que está dando, en el momento histórico en que lo está dando –coyuntura electoral en Colombia y contexto favorable en América Latina- con el ánimo de que esas fuerzas políticas acumulen votos que le permitan hacerle contrapeso a Uribe. Es un cálculo político no solo lícito sino además plausible. Sin embargo, los resultados de las elecciones parlamentarias, lejos de favorecer el frente ‘poliserpista’ reforzaron el uribismo en todos sus matices. Tal vez, esto pueda interpretarse –particularmente en los casos ‘insignia’ de los ‘quemados’ García-Peña y Rojas- como que lo que queda del ELN ni es mucho militarmente para influir en la guerra ni resulta suficiente para influir políticamente de manera importante.


Con las FARC el asunto ha sido tradicionalmente –y lo seguirá siendo- a otro precio. Lo de las FARC no puede encasillarse en las modas políticas por lo masivas y contagiosas que estas resulten. Vacunadas bastante están las FARC contra el virus benigno de la democracia que ellos combaten. Para ellas lo que cuenta es el poder, o cuanto menos las cuotas de poder, se obtengan a través de la victoria militar –cada vez más imposible-, de la insurrección popular –de inciertos resultados finales si algún día se produce- o de la negociación política –que sigue teniendo favorabilidad popular incluso en las encuestas de la era-Uribe.


¿Qué conspira contra la negociación política con las FARC más allá de los ‘amigos de sus propios intereses’ a los que ya hicimos mención más arriba? A la hora de la verdad, solo conspiran las mismas FARC. ¿Por qué? Probablemente, porque ni estén tan cohesionadas ni sean tan monolíticas como suelen retratarlas los estereotipados análisis que de las FARC se hacen. Tantos años de contactos con la delincuencia y convivencia con los ‘narcos’ no pueden sino haber corrompido y debilitado su espíritu de cuerpo. Tanto distancia geográfica y diferencias regionales entre los diversos territorios de influencia no pueden sino haberse revertido en la ‘feudalización’ de su sistema interno de toma de decisiones.


Las FARC bien pueden estar hoy más cerca de la ‘confederación pragmática’ que de la ‘unidad principista’, más cerca del ‘capitalismo agrario’ y del capitalismo a secas que del ‘comunismo original’. Nada me extrañaría que hoy se entendieran mejor, sobre el presente y futuro de Colombia, el Secretariado de las FARC con lo que fue el Estado Mayor de las AUC que impulsó Ralito –el que se jugó por el ‘adiós a las armas’ y los actos de fe- que lo poco que podrían compartir los líderes históricos de las FARC con los dirigentes del Polo, o del ‘serpismo’. Sin dejar de lado para este análisis las distancias grandes que se han ido ahondando entre algunos ´señores de la guerra’ que se dicen FARC y otros ‘señores de la guerra’ que también se dicen FARC.


El ELN aparece hoy más pequeño burgués que nunca antes, etéreo y gaseoso en sus propuestas de ‘gobernabilidad alternativa’ como si hubiese descubierto en los Garzón y en Fajardo, en los Petro y los Robledo, el valor de la democracia para llegar al poder, mientras las FARC –más dueñas de sabiduría campesina- aparecen dubitativas pero apostando una vez más por lo que les dicta el instinto, con los pies bien apoyados sobre la tierra. Lamentablemente, la tierra que pisan las FARC es la tierra de la guerra. Sin embargo el instinto básico que las mantiene en pie sigue siendo campesino y productivo, más ocupado en crecer desde los extremos colonizadores de la selva y el monte, que desde las ofertas gelatinosas y necesariamente urbanas de los Serpa y Gaviria de turno, que a las AUC desmovilizadas seguramente no seducen, pero que a las FARC tampoco –y esto último es lo que puede sorprender a muchos que quisieran sumar a las FARC a su campaña electoral ‘antiuribista’.


No se trata de que las FARC se estén pasando a la coalición ‘uribista’ con su negativa a sumarse a la ola de izquierdismo de moda que algunos entusiastas del ‘mamertismo’ criollo se empeñan en inflar e inflar como ‘pompa de jabón’. Simplemente, las FARC tienen su estilo y sus modos de hacer ‘antiuribismo’ y se complacen en hacerlo tomando distancia del ELN y de los ‘polistas’ y ‘serpistas’ que juegan su propio partido.


Para finalizar pongo sobre la mesa de discusión dos interrogantes:


1. ¿Por qué las AUC desmovilizadas no reclaman con más insistencia su derecho a dotarse de una personería jurídica que los habilite a pronunciarse políticamente como ‘agrupación política’ sobre la coyuntura nacional y regional, y la marcha del país? Es un camino que tarde o temprano las FARC y el ELN habrán de seguir – el de su desempeño político en la legalidad- y así como la ley de Justicia y Paz abre para la paz de Colombia el camino de la acción de los jueces en el campo penal, un ‘Estatuto Político de Excepción’ que cobije y dé garantías a los grupos armados que se desarman para volver a la legalidad y participar de la vida política resulta necesario para que el tránsito de las armas a la política pueda desarrollarse. No se trata de que todos los derechos concurran en el momento inicial pero la legislación está en mora de fijar un derrotero legal y una secuencia, una carta de navegación ‘ad hoc’ que tanto las AUC, como el ELN y las FARC puedan seguir cuando así quieran hacerlo como culminación de procesos de paz exitosos. No puedo creer que el Gobierno vaya a cerrar sus ojos ante esta realidad que cae de su peso. Estaría propiciando indirectamente con su falta de iniciativas los endosos políticos que tarde o temprano acaban en ´testaferratos’ y dolores de cabeza, incluso institucionales.


2. ¿Será que las FARC están estudiando designar a Álvaro Leyva como su Comisionado de Paz y esperan los resultados del 28 de mayo para anunciarlo y que la única condición que esperan se verifique para concretarlo es la reelección de Uribe en primera vuelta? Si esto fuese así el Secretariado de las FARC estaría aspirando a ejercer un papel relevante de liderazgo ´efectivo’ sobre las fuerzas de izquierda durante la segunda presidencia de Uribe a través de un proceso de paz y negociación política del cual esperan obtener bastante más que lo que pudieran obtener en los próximos cuatro años –y en bastantes años más- del Polo y del ‘serpismo’.


Me propongo a continuación vincular los interrogantes 1 y 2 y sentar mi modesta posición al respecto.


De ser electo Uribe el 28 de mayo en primera vuelta, estaría en condiciones de iniciar, esa misma noche, el proceso de acercamiento con las FARC y dar los pasos que le permitan anunciar antes de su re-posesión el 7 de agosto que la liberación de todos los secuestrados en poder de las FARC está más cercana que nunca antes.


Esto no será el final de la guerra así como la eventual negociación política con las FARC tampoco será sencilla.


Sin embargo, el camino estará abierto para que a partir de 2010, tras la segunda presidencia de Uribe, todos los ex actores armados ilegales del conflicto –incluidos las FARC, el ELN y las AUC- puedan manifestar sin disimulo –ni ´testaferratos’- sus preferencias políticas y aspirar a las responsabilidades electivas que tengan a bien si cuentan con el favor popular en las urnas.


Es decir, que los límites operativos a la negociación política del Gobierno Uribe con las FARC estarían en vías de superación. Vendría a continuación lo sustancial de los acuerdos sobre los contenidos y todo lo demás. Con cuatro años por delante para no repetir, de parte y parte, ninguno de los horrores del Caguán.


Si estas son las expectativas y las metas, y se transmiten las señales adecuadas por parte de quienes en el Gobierno y en las FARC tienen suficiente poder de decisión y credibilidad, yo me pregunto:


¿Alguien considera todavía seriamente que habrá segunda vuelta?


Así la veo yo.



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abril 14, 2006

Las AUC y las banderas de la Unidad nacional y el Progreso social

Digámosle sí a la negociación política y no a la política del terrorismo
Esencias y matices (10)



Por Juan Antonio Rubbini Melato

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Si en sus delirios filosóficos Nietzche acuñó aquello de ‘la muerte de Dios’ la humanidad haría bien en irse preparando interiormente -en su avance hacia el siempre postergado ‘paraíso terrenal’- para el encuentro ¿o desencuentro?, que no aparece tan lejano, con la realidad cruda -y angustiante para muchos- de la inexistencia de Dios. Me refiero al reconocimiento descarnado de que tal vez el Dios que creemos conocer –o intuir- jamás ha existido. Lo que sería lo mismo que decir que ‘la muerte de Dios’ nunca tuvo lugar. Sin embargo, en nuestros corazones sentimos el vehemente llamado a ser felices –y a vivir en paz con nuestra conciencia-, y lo que llamamos progreso puede ser el camino –y la herramienta- con lo cual hacer posible que Dios nazca algún día, no de nuestras ideas sino de nuestra feliz realidad y de nuestra reconciliación con el prójimo y con nuestra propia conciencia.

Si intentamos aterrizar el concepto anterior a la actual política colombiana bien puede resultar que, respecto a los conceptos de ‘derecha’, ‘centro’ e ‘izquierda’ tengamos mucho que discurrir y no resulta ocioso que también sobre esto se debata. Sin embargo, lo más urgente es que dejemos de matarnos –y de calumniarnos y envilecernos- por armazones ideológicas –verdaderas catapultas de asalto al prójimo- que no han servido para acercar la felicidad a Colombia, sino más bien para sepultarnos en la fosa común de nuestro fracaso nacional y social. Para resucitar como colombianos no ya al tercer día, sino al menos a los doscientos años del Grito de Independencia, todo esfuerzo que hagamos desde ahora mismo en pos de la felicidad de los colombianos es poco. Desde la frágil democracia que constituye hoy el inexorable punto de partida cabe alumbrar el proyecto nacional y social donde la Unidad y el Progreso sean posibles. Para ello debemos reconocer primero que somos Uno –y ‘lo que es con uno es con todos’- pero que este ser Unos es ser unos en la diversidad y en la libertad, y que somos Unos no solamente porque nos sentimos unidos en la diversidad sino porque también queremos construir unidos en la diversidad ese Progreso donde cada día podamos sentirnos más unidos, más libres y más felices.

Tras estas banderas de Unidad nacional y Progreso social bien puede que coincidan incluso -en su esencia mas no siempre en sus matices- quienes han sido hasta aquí enemigos irreconciliables en las montañas y las selvas de Colombia. Es a esta generación de colombianas y colombianos a quienes nos corresponde hacer posible que el Grito de Independencia de hace dos siglos no haya sido en vano. Frente a este desafío histórico cualquier dificultad es poca por grande que sea.

En este contexto, si las AUC desmovilizadas toman las banderas de la Unidad nacional y el Progreso social –con énfasis en la autonomía y el desarrollo regionales- no estarán tan solas ni abandonadas como algunos creen que están, y crecerán en favorabilidad política en el sentimiento popular mucho más rápido y seguro de lo que sus mismos ex comandantes creen. No se trata de mantener vivos los ‘alias’ ni la misma sigla AUC que son ya partes inextricables de la Historia de Colombia sino de reafirmar el compromiso personal y colectivo con Colombia de quienes fueron en su momento comandantes, combatientes, patrulleros, integrantes, bases sociales y simpatizantes AUC. Nada menos inobjetable, entonces, que bautizar con un nombre que no deba soportar el estigma de la guerra pasada a la nueva criatura política, que ni sus herederos ni la Democracia pueden darse el lujo de abortar. Tanto menos si está concebido y fundado el movimiento político post-AUC con renovados conceptos de Unidad nacional y Progreso social, donde las puertas estén abiertas desde el primer día a las necesarias y convenientes alianzas políticas, sociales y económicas de largo aliento, con la mirada y el corazón puestos principalmente ya no en las próximas elecciones sino más bien en los hijos y en los hijos de los hijos, y en los que vendrán después, cuando Colombia ya no sea un territorio desintegrado con varios estados legales e ilegales guerreando entre sí –o distantes e indiferentes- sino un solo y legítimo Estado de mujeres y hombres libres, respetuosos de la Ley, iguales en oportunidades y prósperos hasta donde la inteligencia les alcance y la voluntad los sostenga. ¿Quién puede temerle a una fuerza política que se proponga metas tan diáfanas y sostenga principios tan nobles?

Si se trata de inventariar las dificultades existentes hoy no hay sino mirar hacia las toldas del ‘oficialismo liberal’ que se apresta a dar su última batalla antes de reconocer públicamente que ha perdido la guerra, guerra a la cual no puede seguir arrastrando a millones de liberales –y a los demás colombianos de ñapa- que no dudan en reconocer en Álvaro Uribe su líder natural para convocar a Colombia entera tras la construcción de la Unidad nacional y el Progreso social que nos debemos y resultan imperativos históricos ineludibles tras dos siglos de jugar a la ‘ruleta rusa’ con el corazón de los colombianos.

Si Horacio Serpa –y su candidato a vice Iván Marulanda- insisten a estas alturas como hace cuatro años- en la supuesta subsistencia del ‘paramilitarismo’ como producto maquiavélico de la estrategia de Uribe, no pueden los colombianos pasar por alto ni menospreciar el contenido desafiante de estas invectivas agitadas por el ‘serpismo’ decadente con vistas al tinglado político en ciernes que trasciende la coyuntura electoral presidencial. Y que tiene que ver con el hegemón ‘uribista’ que presienten les viene llegando ‘piernas arriba’ hasta alcanzar hoy el umbral mismo de su bunker acorazado en el Partido Liberal, cuyo bastión de clientelismo y sectarismo parece estar destinado a caer en los próximos meses como una casa de naipes.

El guiño que con tanto tic de ‘paramilitarismo virtual’ Horacio Serpa y sus adláteres le están insistiendo en hacer a las FARC y al ELN es parte esencial –no anecdótica- de la estrategia de manipulación ‘serpista’ hacia las guerrillas queriendo coincidir de plano con ellas en lo único que éstas han siempre temido de verdad fuera a realizarse: la legitimación del Estado y su reinstitucionalización con ‘mano firme y corazón grande’. Serpa pretende deslegitimar el Estado con sus apelaciones al ‘paramilitarismo virtual’ en el que estaría comprometido nada menos que el Presidente de Colombia, al mejor estilo de un Pinochet o de un Videla. Está por verse si los líderes guerrilleros descifran tal cual el ‘serpismo’ quisiera este lenguaje amarillista plagado de ‘paramilitarismo’ infiltrado también en la sopa. ¿Qué tal que lleguen a la conclusión el ELN y también las FARC de que entonces con quienes hay que sentarse a conversar no es con los ‘serpistas’ sino más bien con Uribe y con los excomandantes de las AUC? Finalmente, la guerra o la negociación se hacen con el enemigo, o con quien tiene el poder, no con quien ni siquiera es hoy aspirante serio al poder sino que apenas oficia de experto pescador en aguas revueltas.

Todos sabemos en Colombia –y esto no lo desconocen en su intimidad ni los jefes de las FARC ni del ELN- que las AUC no fueron jamás un poder ‘paramilitar’ al estilo de las dictaduras del Cono Sur –donde estos ‘poderes en las sombras’ operaron al amparo de la ‘guerra sucia’ de Estados totalitarios y nada democráticos- sino que el movimiento nacional de Autodefensas colombianas es en su conjunto variopinto la expresión de un Pueblo pluriclasista –constituido por ricos terratenientes y miembros de la pequeña burguesía rural ciertamente, pero también de campesinos pobres, y fundamentalmente de clase media rural y más recientemente urbana- que hicieron visible al País la inexistencia de Estado -¿quizás ‘la muerte del Estado’ parafraseando a Nietzche?- y demostraron que sí se puede contra las guerrillas cuando existe determinación política y eficacia militar logrando así difundir en el ánimo popular la honda proyección política del concepto de ‘autodefensa de la sociedad agredida’ frente a los desbordes terroristas de las guerrillas.

Nadie en Colombia –salvo al parecer Horacio Serpa e Iván Marulanda- tienen indicios creíbles y generalizados de que exista hoy un ‘proyecto militar’ de raíces sociales, siquiera en gestación, como el que en su momento encarnaron las AUC. Los tiempos que corren en el mundo no son propicios a otros armados que no sean los del ‘monopolio estatal’ y los ‘paramilitarismos’ mueren antes de nacer en las mismas fuentes ‘occidentales y cristianas’ donde nacieron al calor de la Guerra Fría y murieron con el desarrollo de los Derechos Humanos y el DIH, ese mismo DIH que ni las FARC ni el ELN ni las AUC respetaron en Colombia. Nadie ignora tampoco que los máximos líderes de las AUC han abandonado definitivamente la lucha armada y se aprestan a reincorporarse a la vida civil tras su paso por los tribunales de Justicia y Paz.

¿A qué paramilitarismo sino al ‘paramilitarismo virtual’ que sirve a sus intereses continuistas en el Partido Liberal se refiere entonces Serpa, a quien por otra parte no parecen preocuparle demasiado los desbordes terroristas de las FARC en perjuicio de la población civil, mientras recibe sin beneficio de inventario y con beneplácito la táctica ‘negociadora’ y el apoyo ‘armado’ del todavía en armas actor ilegal ELN a su candidatura –y a la de Gaviria- de cara a lo que el ELN considera inatajable: la segunda presidencia de Uribe?

El ELN –con la bendición del ´serpismo’ y también de una parte del ‘polismo’- intenta en estos días replicar la estrategia política de las AUC cuando, hace cuatro años, morigeró los efectos de su actuación militar en el inmediato post-Caguán lo cual –indirectamente- resultó de gran beneficio político para el candidato Uribe quien no tuvo que lidiar durante la fase crucial de su campaña con el desgaste que le hubiese producido al candidato ‘anti-FARC’ la escalada ‘paramilitar’ que tanto sesudo analista presagiaba tras la ruptura de Pastrana con las FARC en febrero de 2002.

Hoy el ELN ha declarado ‘de hecho’ el cese al fuego y lo hace pensando que con ello beneficia las candidaturas de Horacio Serpa y de Carlos Gaviria, sin tener que tomar partido por ninguna de ellas en desmedro de la otra. Especula el ELN –y no se equivoca- que cuando inicie la fase de negociaciones formal con el presidente reelecto un precio será en la hipótesis de Uribe plebiscitado en primera vuelta tras vapulear al Polo y a lo que el 'serpismo' dejó en pie del Partido Liberal, y otro –bastante distinto- con Serpa y Gaviria fortalecidos tras la competencia electoral, mucho más si se produce el ‘milagrazo’ para ellos de que Uribe deba participar de una segunda vuelta.

No se trata de negarles al ELN y las FARC su derecho a hacer política –todo lo contrario, ojalá se decidieran a hacerla dentro de la ley y sin la presión de las armas y del terrorismo-, aunque uno quisiera que desde la izquierda y también desde tanto ‘uribista’ cachaco tampoco se les negara a las AUC desmovilizadas su derecho de actuar políticamente sin que nadie tenga que rasgarse sus vestiduras por ello. En esto es mucho lo que tienen que aprender de los Serpa, los Gaviria y los Leyva algunos ‘uribistas’ –y uno que otro ‘sindicato uribista’ recién llegados al mundo de lo ‘políticamente correcto’ – ‘nuevos ricos en votos’ que alimentan su ego –y dilapidan su ‘cuarto de hora’ de fama- con la ilusión facilista de recibir por ‘endoso’ el afecto que el Pueblo siente por Uribe y se dan golpes de pecho farisaicos cuando se trata de las AUC, pero callan y miran para otro lado cuando ni a Leyva, ni a Gaviria, ni a Horacio Serpa les da el mínimo pudor reconocerles ante todos los micrófonos a las guerrillas –con sus actos terroristas y todo- su derecho a la amnistía, el indulto y el co-gobierno también. En esto –nobleza obliga- los unos y los otros haríamos bien en reconocerle en las urnas a Mockus que su ‘defensa de la vida’ no tiene color político sino que va dirigido a todas las guerrillas y a todas las autodefensas, sin distingos ni estratificaciones por el color ideológico ni por las consabidas ‘distinciones de clase social’.

Curiosamente Álvaro Leyva, quien aparece como el más cercano a las FARC entre todos los candidatos, es quien transmite de entre todos ellos –incluido el mismo Uribe, tan ‘paraco’ para Serpa y Gaviria- una visión más contemporizadora hacia las AUC. Como si a través de su prédica reconociera hidalgamente que el ‘verdadero’ proceso de paz en Colombia no consiste en el abrazo acostumbrado de la izquierda del Polo y el ´serpismo liberal’ con las guerrillas –principalmente el ELN- sino primero y ante todo entre las FARC y las AUC, y sus respectivas bases sociales, como organizaciones armadas ilegales representativas de comunidades enteras, y entre ambas –cada una por su lado- y el Gobierno nacional. Esto hace más evidente todavía que Ralito sin la contemporaneidad de un Caguán –se llame como se llame- es ‘medio Ralito’. Así como el Caguán de Pastrana sin la coexistencia de un Ralito a la par resultó ‘medio Caguán’ desde el comienzo y terminó fatalmente en nada.

La Historia del conflicto armado quiso que las AUC dieran el primer paso decisivo en la dirección correcta del cese al fuego. El segundo paso le corresponde darlo a las FARC –y Uribe tendrá que ser todo lo generoso que Colombia demanda para facilitarle a las FARC ese paso tan decisivo y trascendental que las AUC no podrán sino aplaudir y apoyar con todos los medios a su alcance.

Mientras tanto –y como intermedio y abrebocas- no está mal que el ELN intente replicar lo que de originales y exitosas tuvieron las AUC a partir de 2002. No estaría mal que, fuera de los corrillos politiqueros, ‘paras’ y ‘elenos’ compartieran experiencias al respecto. Lo que el ELN haría bien en detenerse a pensar es si Horacio Serpa y Carlos Gaviria tienen algo del carisma fundacional de Uribe y algo, siquiera un poco, de su favorabildad popular.

Y no me refiero aquí al Uribe candidato, ni siquiera al Uribe presidente, sino al Uribe dispuesto a refundar el Estado colombiano y regresar con sobrados méritos -como su hijo pródigo más dilecto- al Partido Liberal de las mayorías colombianas y su gesta política de más de siglo y medio que no han logrado desalentar, en su camino hacia la libertad y la igualdad, ni las manipulaciones ´gringas´, ni las veleidades marxistas, ni las derechas totalizantes y sectarias, ni los dineros del narcotráfico ni los enanos ‘oficialismos liberales’ que en Colombia han sido, padecimientos que todos los colombianos –incluidos ‘guerrillos’ y ‘paracos’- hemos sufrido por igual, hayamos sido antes o sigamos siendo de corazón liberales o conservadores, o independientes, o socialistas, lo mismo da, por aquello tan cierto y fatídico de los ‘amores y los odios que se heredan’ y otras veces –no lo dejemos de lado- por los dones del libre albedrío que a pesadas cadenas también nos han sabido llevar.

El 28 de mayo es apenas el comienzo, no lo olvidemos a la hora de votar.

Contagiemos al cuerpo social nuestra confianza en la democracia y en su inmenso poder sanador.

Comencemos por vencer la enfermedad de la abstención.

Lo demás vendrá por añadidura.

No vendrá de inmediato, pero vendrá.


Así la veo yo.


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abril 05, 2006

Asoma otra oportunidad de paz con las FARC

2006-2010: Mientras Uribe se ‘pastraniza’ Vargas Lleras se ‘uribiza’

Esencias y matices (9)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
juan_rubbini@yahoo.com.ar



Los escenarios políticos se prefiguran lentamente y un día nos sorprenden con su despliegue mezcla de realidad y de ficción. No porque no sean totalmente reales sino porque raramente los conocemos en su totalidad y siempre los terminamos adornando con nuestra propia desinformación, teñida de prejuicios además.

Construir la paz de Colombia exigirá una mayor apertura mental de los unos y de los otros. Me refiero a los actores armados ilegales y sus simpatizantes, así como al resto de la población, incluidas naturalmente las víctimas del conflicto, y especialmente la clase política, la comunidad universitaria y la sociedad civil y empresarial.

Tener simpatía por la causa política de las AUC, al igual que tenerla por la de las FARC o por la del ELN, no constituye un delito de opinión. Pero se trata de fenómenos políticos que requieren mayor fundamentación y una actitud pedagógica por parte de quienes así simpatizan. Es el único modo que el resto de la sociedad le encuentre explicación a tales sentimientos y comprenda –aunque no necesariamente comparta- las motivaciones y los fundamentos éticos e ideológicos que subyacen en estas ‘simpatías’.

No se puede abrir con eficacia el camino de la paz en Colombia si antes no se habilitan canales por donde fluyan en un proceso comunicativo de ida y vuelta la totalidad de las visiones ideológicas y los modos de abordar las problemáticas económicas, sociales y políticas que nutren hoy el pensamiento que Colombia tiene sobre sí misma. En esto los medios masivos de comunicación tienen un rol que cumplir y los espacios de la radio y la televisión no pueden seguir siendo ajenos a la construcción de paz. La paz de Colombia bien vale un canal de televisión y una emisora de radio, de alcance nacional, donde se escuchen ‘todas las voces todas’ –no pueden faltar las de los simpatizantes de las AUC, las FARC y el ELN, sin hacer llamados a la violencia pero sí a la reflexión y al análisis, de manera conjunta, sin sectarismos y con diálogo y debates alejados del pensamiento único y sectario, donde todos puedan expresarse libremente y confrontar de cara al público sus propuestas e interpretaciones sobre el pasado, el presente y el futuro.

A partir del 7 de agosto tendremos el mismo Presidente, con una gran diferencia sobre estos últimos cuatro años: ya no existirá el Uribe-candidato. Esto permitirá que ejerza la presidencia el Uribe-estadista que ya no estará tan preocupado por las próximas elecciones sino que se proyectará más bien sobre las nuevas generaciones. Ante tales perspectivas no le queda a Uribe sino ‘pastranizarse’ en materia de paz. Así como a Vargas Lleras le llegó el turno de ‘uribizarse’ y preparar su campaña del 2010 con la atención puesta en lo que vaya logrando Uribe con las AUC, FARC y ELN, al cabo de ocho años de presidencia. Quien quiera ser presidente de Colombia a partir de 2010 sabe que tanto el respeto por la autoridad como la paz necesitan consolidarse en la continuidad del Estado y el honrar los acuerdos firmados, en este caso con las AUC, las FARC y el ELN.

No estoy diciendo que volvamos a los tiempos del Caguán, ni que Ralito vaya a tener un tiempo suplementario. Pero sí estaremos durante los próximos cuatro años de Uribe más cerca del Pastrana del ’98 que del Uribe del 2002. Confiemos que todos hayamos aprendido algo de los años que siguieron al rompimiento de las negociaciones con las FARC, porque de otra manera el Vargas Lleras del 2010 tendrá que ser más parecido al Uribe del 2002, que al Uribe que se prepara para sorprendernos a todos –incluidas las FARC, el ELN y las AUC- a partir del segundo semestre del 2006.

Los años no pasan en vano y los pueblos y sus gobernantes aprenden de sus experiencias y más aún de sus errores. ¿Son acaso las AUC de 2006 las mismas de 2002? Por qué no aceptar que también las FARC han evolucionado en estos cuatro años y, aunque su discurso luce el mismo de siempre, no aceptar que por debajo de sus aguas pugna por emerger una praxis diferente que solo espera la ocasión propicia para salir a la superficie. Pensar lo contrario es negarle a las FARC su propia dialéctica, su propia ‘humanidad’, lo que es decir negarle su legítimo derecho a ‘revolucionarse’ y adaptarse a los cambios de las circunstancias. No se trata solo de ideología sino también de supervivencia y legado histórico, no se trata de ser solamente fieles al pasado sino recuperar una visión y un camino que les haga posible el futuro. En esa transformación interior están y en su momento lo harán manifiesto. Ciertamente, no mientras dure la campaña electoral de Uribe. En las actuales condiciones es imposible y todo el apoyo de las FARC está encaminado hacia Leyva y Gaviria. Si ha sido tan difícil para las AUC eso de negociar con un candidato tan cuidadoso como Uribe del costo político, figúrense para las FARC. Para lo que aspiran las FARC, el ‘negocio político’ -no el ocio ‘mamagallista’- es tener sentado enfrente un estadista –no un candidato-, y a partir de agosto lo tendrán. Y sabrán también las FARC qué es lo ‘negociable’ para el Estado, bajo qué condiciones y con cuáles necesarios consensos y compromisos, nacionales e internacionales.

Colombia tendrá por cuatro años más un presidente que la defienda y las FARC tendrán un interlocutor dispuesto a entenderlas y ‘abrirles trocha’, así como un País distinto, más maduro y dispuesto a perdonar, con voluntad de paz y los brazos otra vez tendidos hacia las FARC con la esperanza de que esta vez sí será posible acercarnos definitivamente al final de la guerra. Ralito no puede justificarse históricamente sino como el anticipo del ‘nuevo Caguán’ aunque esto costará que lo asimilen los extremistas de derecha, y mucho más que lo vayan a perdonar los ‘fundamentalistas de la democracia’ o ‘de la revolución’, los ‘puros’ que no toleran la menor impureza porque se sienten dueños de la verdad, incontaminados custodios de la ‘verdad revelada’ sea por las Sagradas Escrituras, la Revolución Francesa o por Marx, que no es lo mismo pero termina siendo igual.

Las AUC y sus simpatizantes han de encontrar, mientras tanto, el mejor modo de comunicarse abiertamente y sin pudores con la Opinión pública. Esa comunicación es esencial para el éxito de cualquier proceso de paz con el ELN y las FARC. Si Colombia no entiende de la propia boca de las AUC y de sus bases sociales la razón de su lucha en tiempos de guerra y el por qué de su iniciativa de desmovilización, tampoco entenderá las razones de ser y de existir de las guerrillas. La cara oculta de la luna, es tan propia de la luna como la cara visible, la una no puede existir sin la otra, y la una y la otra cara son finalmente la misma cara. Es por ello que en Colombia no hay propiamente víctimas y victimarios del conflicto, sino solamente víctimas, o solamente victimarios. Lo que es lo mismo que decir que aquí nadie ha matado a nadie sino que todos nos hemos estado suicidando. Por ello lo que necesitamos no son castigos –el suicidio ha sido suficiente castigo- sino premiar a los sobrevivientes con el premio superior de la vida donde la reconciliación no sea solamente con el otro distinto a mí, sino fundamentalmente con el extraño que me habita y que durante todos estos años no me ha estado pidiendo sino que ‘lo’ deje vivir en paz.

Alguna vez escribió Pascal que ‘el amor es un malentendido que se prolonga’. En Colombia, tenemos el derecho de creer que también la guerra es un malentendido que se prolonga, y que si ha habido razones para la violencia de los unos y de los otros, también han habido siempre malos entendidos que hicieron imposibles los acercamientos y los diálogos entre las partes enfrentadas.

Que nadie se sorprenda entonces si las AUC observan con buenos ojos las conversaciones de La Habana con el ELN, de la misma manera que están dispuestas a regocijarse por el próximo inicio del nuevo proceso de paz entre las FARC y el gobierno nacional.

Sin embargo, si el pensamiento de las AUC continúa siendo tabú en la Prensa, si los prejuicios y las estigmatizaciones sobre las autodefensas prevalecen sobre el diálogo y el acercamiento con sus dirigentes y sus simpatizantes, si las mismas AUC siguen encerradas en el ‘freezer’ a causa de las insalvables restricciones políticas en su contra, ello no augura sino más aislamiento, más silencio y menos posibilidades de entendimiento entre quienes quieren abandonar la guerra y quienes quieren construir la convivencia en paz.

Ambientar un nuevo proceso de paz con las FARC no será sencillo, pero Uribe es el más indicado para hacerlo. Primero, haciendo conocer a unos y a otros los costos de la guerra, segundo haciendo conocer a unos y a otros los beneficios de la paz. Esto es solo el comienzo, lo que sigue después es un despliegue grandioso de imaginación, talento e inteligencia. Siempre con humildad, nunca con arrogancia. Con infinito tesón y paciencia. Sabiendo que con cuatro años por delante es mucho lo que se puede avanzar.

Hubo un momento, en los peores tiempos del Caguán, en el que pareció que Pastrana no rompería el proceso con las FARC por nada del mundo. Sin embargo, lo rompió a pocos metros del final de su mandato.

Hubo otro momento, el 7 de agosto de 2002, en el que pareció que Uribe jamás reanudaría lo que Pastrana había roto. Sin embargo, hoy Pastrana representa a Uribe en Washington –donde se pide la ‘bendición’ de las iniciativas de paz o de guerra- y Uribe se muestra dispuesto a darle a la paz con las FARC una nueva oportunidad. Nadie mejor que Pastrana para explicarles a los ‘gringos’ de qué se trata esta vez y qué es lo que aprendió el Estado colombiano tras los últimos cuatro años –y los cuatro anteriores.

E.U. respondió de inmediato calificando a las FARC de ‘cartel de la droga’ –y de los más grandes del mundo. Lo cual –leyendo entrelíneas- es nada más que el comienzo de la negociación. Y esto –lo de la proximidad de la negociación- las FARC lo intuyen –y a su manera, se lo han ganado. Sin que bajo este análisis Uribe haya necesariamente perdido.

Confiemos en que esta vez ganemos todos con la paz, en vez de seguir perdiendo todos con la guerra.

Así la veo yo.


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