mayo 29, 2006

FARC y ELN tras la pista de la ‘agenda’ entre Gobierno y AUC

Segunda estrella de Uribe y los contundentes 6-2 y 6-1 del 28 de mayo


Esencias y matices (17)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juan_rubbini@yahoo.com.ar


El silencio de Uribe respecto de las FARC, en el discurso de celebración de su triunfo del domingo 28, no puede ser tomado por éstas como indiferencia, tampoco como gesto arrogante, y mucho menos como simple olvido.

Puede resultar que las prioridades del segundo gobierno Uribe sean diferentes a las de escalar la guerra contra las FARC, lo cual no significa, necesariamente, que la negociación política de la paz estará entre los objetivos urgentes.

El segundo mandato de Uribe puede estar preparando el terreno para tomar la distancia apropiada –políticamente correcta y socialmente acertada- del Pastrana 1998, así como del Uribe 2002. Si algún clamor existe hoy en Colombia es el de millones de ciudadanos que necesitan mejorar ostensiblemente su penosa situación económica y social, no ya solamente sus condiciones de seguridad. En esto hay consenso general sobre la urgencia del asunto social y reclamos generalizados acerca de la conveniencia política de distribuir las inversiones y las atenciones gubernamentales en proporciones diferentes a las operadas en los últimos doce años.

Me temo, señores de la guerra de las FARC y del ELN, que habrá poca paciencia para con quienes insistan en negociar políticamente durante la segunda presidencia de Uribe desde el chantaje de su levantamiento en armas y sus hostilidades hacia las fuerzas armadas, policiales y población civil. El segundo mandato de Uribe es el de avanzar sobre lo ya alcanzado, no el de retroceder hacia donde nadie en Colombia –o tal vez solamente las FARC- estén interesadas en regresar.

Entiendo decir que la prioridad de Uribe parece tan lejos de ser hoy acabar militarmente con las FARC y el ELN, como la de sentarse a negociar políticamente la paz con ellos. Las puertas de los diálogos están abiertas, y no se van a cerrar, pero las dosis militares y policivas parecen encaminarse hacia la estratégica contención defensiva según el trazado de ciertas fronteras móviles, y los objetivos ofensivos puntuales -y solo en apariencia modestos, o meramente tácticos-, que hacia el aniquilamiento en todo el territorio, y en solo cuatro años de toda presencia guerrillera y de eventuales brotes de nuevas autodefensas cuya aparición no puede descartarse de plano.

Lo que se buscaría no es ya acabar mediante artificios verbales ni por sola esgrima retórica con la existencia del ‘conflicto armado’, sino irlo reduciendo objetivamente en su incidencia social y su alcance militar con una estrategia de largo plazo que lo logre llevar hasta hacerlo girar exclusivamente dentro de la esfera de las amenazas terroristas sin ninguna posibilidad de que alcance nuevamente influencia política. En esto Uribe contaría con la conformación de un arco democrático y constitucional suficientemente alargado, política e ideológicamente, hacia la izquierda y la derecha, para que ni unos lo encuentren demasiado poco atrayente para eventuales procesos de paz con FARC y ELN, y otros no lo encuentren como demasiado poco beligerante y combativo en contra de las guerrillas.

Al menos tres asuntos preocupan sobremanera a las FARC y al ELN respecto de la segunda presidencia de Uribe y su perspectiva de solución política negociada que ponga fin al conflicto armado.

El primero, su total desconocimiento del alcance de los acuerdos logrados en Ralito por el primer Gobierno Uribe y las AUC. En este sentido, la ausencia de una Agenda formal, que dé cuenta de las negociaciones entre Gobierno y AUC, les preocupa, porque suponen que, entre sus muchos capítulos, haya uno específicamente relacionado con la prosecución estatal de la lucha contraguerrillera y el rol de los informantes civiles tras la desmovilización AUC y la aplicación concreta de la política de seguridad democrática en zonas ‘calientes’ de influencia guerrillera, o donde FARC y ELN consideran estratégicamente importante ingresar –o regresar- militarmente, o actuar siquiera ‘políticamente’.

Otro punto que les produce a FARC y ELN manifiesta inquietud es hasta dónde la inexistencia, o no divulgación de esa Agenda, tiene que ver con el alcance que el Gobierno Uribe daría a los contenidos de una eventual Agenda de negociación entre guerrillas y Gobierno. FARC y ELN temen que la segunda presidencia de Uribe, ahora re-legitimada con el 62 % de los votos, esté lejos de ir más allá –en el campo de lo negociable- de lo avanzado públicamente con las AUC, lo que le quita piso, y sienta un precedente poco halagüeño para las ambiciones maximalistas de las agendas de FARC y ELN que, previsiblemente, van mucho más allá que el programa de gobierno del candidato Carlos Gaviria, el cual con el 22 % de aceptación en las urnas, está lejos de constituir una carta de negociación fuerte frente a un Gobierno que acaba de recibir el 62 % de apoyo. Sin contar que en el próximo Congreso la gobernabilidad de Uribe no sólo está asegurada, sino que tiene blindado a su gobierno de cualquier presión armada y terrorista que pretenda ejercer el chantaje del crimen bajo la fachada de una ‘negociación política’ como la del Caguán, para no ir tan lejos. Lo que –paradójicamente-, no lo olvidemos, originó el nacimiento del ‘uribismo’, la desmovilización posterior de las AUC y el actual mapa político, que tiene a las AUC bien lejos del monte y más cerca del poder, y a las FARC y al ELN atrincherados en el monte y bien lejos del poder. Todo lo contrario de lo que pudieron imaginar FARC y ELN al comienzo de las negociaciones con Pastrana.

Una tercera cuestión, no desvinculada de las dos centrales, presentadas más arriba, es la de quién sería el Comisionado de Paz de Uribe durante los próximos cuatro años. No resulta difícil arribar a la conclusión de que la continuidad de Luis Carlos Restrepo en el cargo, preocupa demasiado y predispone negativamente a los comandantes guerrilleros. Esto explica su sigiloso ‘lobby’ ante organismos internacionales, y países de los así llamados ‘amigos de la paz de Colombia’, para que les hagan conocer al Gobierno sus requisitos mínimos previos insoslayables para sentarse a conversar de paz con el re-presidente Uribe, que incluirían como condiciones indispensables los siguientes tres puntos: 1) conocer lo acordado con las AUC, 2) estipular la necesidad indispensable de una Agenda de negociación verificable donde estén contenidos los puntos insoslayables de transformación social, política y económica del país, y 3) last but not least, una terna de Comisionados de Paz propuesta por el Gobierno con acuerdo del Congreso, y de los cuales FARC y ELN escogerían, y entre los cuales desearían no figurase el doctor Luis Carlos Restrepo, porque en ese caso las opciones se reducirían en la práctica a dos.

Si la persona de Luis Carlos Restrepo no es bien recibida en las FARC y el ELN, más allá de la inicial etapa exploratoria, no sería de extrañar que detrás de hechos como el más reciente protagonizado por la Corte Constitucional –y los que faltan por venir y sus coletazos- estaría también el afán ‘paraguerrillero’ de que sean las mismas AUC quienes les quiten a las guerrillas de su camino el Comisionado de Paz que no quieren tener enfrente de la Mesa. FARC y ELN comienzan a asimilar que la suerte de su negociación ha quedado atada a la negociación de las AUC, y que ya no vale aquello de que ‘cuanto peor para mi enemigo, mejor para mí’, sino que por el contrario, cuanto más logren las AUC en su negociación, mejor sitúan el piso de las eventuales negociaciones de FARC y ELN. Algo así como el ‘sindicato de los actores armados ilegales’ estaría en vías de organizarse, si no por los caminos del derecho, al menos sí por las vías del hecho. Y no es que aquí haya ninguna confabulación ni conspiración, sino intuición e instinto, que para eso están humanamente concebidos y dispuestos, más allá de ideologías e intereses.

Dejo aquí planteado lo de la agenda, su contenido y el Alto Comisionado de Paz, sobre lo que los meses que vienen traerán claridad frente a lo que por ahora permanece sumergido y demorará todavía un tiempo hasta asomar a la superficie, sin que por ello haya comenzado ya a producir sus efectos, afectos y desafectos.

Las FARC y el ELN están siendo convocados por la ‘racionalidad política’ de todos los candidatos participantes en las elecciones del domingo 28, sin excepción, a la mesa de la paz de Colombia –de donde las AUC desmovilizadas no quieren ni desertar ni ser sacadas a sombrerazos- pero no debe dejar de estar claro para todos que, ad portas del inicio de la segunda presidencia Uribe, ningún actor armado ilegal ocupa ya el centro del escenario político –como en 1998 y 2002- y esto es bueno que lo interioricen las FARC, el ELN e incluso las AUC desmovilizadas y las Autodefensas en trance de desmovilizarse.

El plebiscito del 28 de mayo culminó con el castigo en las urnas al llamado de las guerrillas a votar contra las políticas de paz y seguridad democrática de Uribe. Las AUC pueden estar tranquilas en cuanto al poder democrático re-legitimado de su interlocutor en la Mesa, así como con el grado de blindaje político interno alcanzado ya –tras los resultados electorales de marzo y de mayo- por sus Acuerdos de Paz avanzados con el Gobierno.

El poder de la Corte Constitucional no puede ser menospreciado pero tampoco se lo puede elevar a la categoría de Palabra de Dios, o última palabra de la Justicia y del Estado.

Al Gobierno, al Legislativo y a las mismas AUC compete ahora darle otra vuelta de tuerca a los acuerdos logrados hasta aquí y avanzar en los que aún faltan por concluir para que el proceso de paz sea, no solamente irreversible –que ya lo es- sino también indestructible –que todavía no lo es. Sin embargo, para que la seguridad jurídica internacional también opere sobre el proceso de paz con las AUC el contenido de la Agenda de negociación política, así como el alcance de los acuerdos alcanzados por las partes en Santa Fe Ralito, no podrán escapar por más tiempo al escrutinio público. La invisibilidad de la famosa agenda discutida y acordada –aunque no completada hasta hoy- en Ralito, continúa atentando contra el éxito final del proceso, agudizando la percepción internacional desfavorable acerca de que la naturaleza de lo pactado tiene algo de inconfesable, y ello no resiste políticamente, ni da confianza a las autodefensas, ni a la comunidad internacional, ni tampoco –obviamente- a la coalición de izquierda y el oficialismo liberal.

Tampoco les da confianza, sino que les infunde un temor justificado y creciente, a quienes asisten hoy complacidos al crecimiento cuantitativo del Polo y sienten pánico que en algún momento la fragilidad de los acuerdos de paz entre Gobierno y AUC deriven en su rompimiento violento, cuando alguna de las partes considere que la otra ha violado o incumplido lo acordado. El miedo a lo que podría desatarse en Colombia si lo acordado se incumple inunda de pavor a quienes, siendo bienintencionados, sienten que podrían aportar lo suyo desde el país y también desde el exterior, en tren de perfeccionar y fortalecer el proceso de paz, si estuviese disponible con todas sus letras y a la luz del día el contenido de los acuerdos finales y sus exigencias para las partes.

Los resultados del domingo 28 admiten diversas lecturas. Unos dicen que perdió el oficialismo liberal y aciertan. Otros manifiestan que Uribe es el gran ganador y tampoco se equivocan. La cuestión no es tan clara cuando se entra en el terreno de lo sucedido con la izquierda. Aunque aquí cabe lo de Francisco Maturana: “perder es ganar un poco”, y cabe porque el Polo perdió, porque las FARC y el Partido Comunista perdieron, porque el ELN perdió, porque incluso Carlos Gaviria estuvo lejos, pero muy lejos de ganar, y lejos también de forzar una segunda vuelta.

40 puntos de diferencia con el campeón Uribe, son 40 puntos. En términos futbolísticos, para seguir con Maturana, el resultado fue 6-2. Y 6-2 tiene más que ver con el resultado de un set de tennis, que con un partido de fútbol. El consuelo para el Polo es que su rival de patio, el Partido Liberal, perdió 6-1 con Uribe. Y al menos en el campo de la aritmética, perder 6-2 es mejor que perder 6-1. Pero que ambas son goleadas, eso no lo niega ni siquiera uno de los famosos –y polémicos- tenores que comentan por FOX. Donde sí ganó el Polo es con el Partido Liberal, pero ganó solamente 2-1, lo cual no constituye, ni de lejos, una goleada. Tampoco una tragedia para los ‘rojos’, siendo que los liberales presentaron en este torneo 2006 un equipo no competitivo conformado con jugadores de la política que están muy lejos de su mejor forma, cuando cosecharon éxitos notables en los ’90 –de la mano de César y de Ernesto- en los tiempos en que los ‘narcos’ aceitaban las maquinarias y las FARC y el ELN desperdiciaban a punta de ‘soberbia armada’ la oportunidad histórica de cambiar sus armas por votos y sumarse a la ola reformista de la Constitución del ’91. Quince años de demora es mucho tiempo de atraso para quienes se consideran a sí mismos ‘vanguardias’ de la transformación social. Mucho más aún si se considera que hoy la política funciona ‘on line’, en tiempo real y contacto con las masas, o no funciona ni resulta real ni creíble, ni para las encuestas ni para las masas, si se ejerce desde el monte y la clandestinidad.

Para quienes todavía se hacen la pregunta, estos quince años fueron los años en que se ‘jodieron’ las izquierdas y el Partido Liberal. No supieron ver las oportunidades –ni los riesgos- que traían consigo el derrumbe de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín. Pensaron mal –y se equivocaron feo- cuando le apostaron a los dineros del narcotráfico, unos imaginando que sus letanías anacrónicas a la revolución, y otros que sus odas demagógicas a la socialdemocracia, ocultarían a los ojos de los colombianos el crimen inconfesable de sus atajos ‘rosqueros’ e hipócritas. Pensaron que unos en la superficie y otros soterradamente, unos a punta de clientelismo y otros a punta de secuestros y terrorismo, terminarían confluyendo en la cima del poder para negociar, ellos sí –yo con yo- a expensas de las víctimas cuyo mal destino no solo no les importó, sino que fue, precisamente, sobre la pérdida de esas libertades y la sangre y las vidas de esas víctimas, que se cimentaría el cogobierno de los cínicos demagogos de la política y los asesinos políticos de la democracia. Aún hoy para FARC y ELN resulta ajustado aquello de que para los asesinos de Colombia la sangre de los colombianos es negocio que camina.

Desde que estalló el proceso 8000 primero, y comenzó el proceso del Caguán después, ambos términos de la alianza espuria se confabularon para encontrar entre sus adversarios el equivalente de su felonía y criminalidad, algo enorme y descomunal que lograra convencer a los colombianos que lo de liberales oficialistas y guerrilleros aprendices de terrorismo había sido igualado y superado por una fuerza aún más maléfica e intimidante. Ubicaron en Uribe y en las Autodefensas el blanco perfecto de sus infamias e hicieron del ‘monstruo del paramilitarismo’ la bestia omnipresente y omnímoda destinada a ser la matriz de todas las guerras y de todas las calumnias en su contra, por el triunfo de la ‘revolución socialdemócrata’ donde serpistas y elenos, serpistas y ‘canos’, ‘jojoyes’ y serpistas alumbraran el nuevo satélite de los Castro y los Chávez.

Sin embargo, qué pena señores. En 2002, el candidato Uribe alcanzó el 53,3 por ciento de los votos y ganó en primera vuelta. En 2006, el presidente Uribe supera el 62,2 % por ciento de los votos y gana en primera vuelta. En 2002, los candidatos Serpa y Garzón sumaron el 38.05 % (31.89 + 6.16). En 2006, los candidatos Gaviria y Serpa suman el 33.88 % (22.04 + 11.84). Si la brecha entre Uribe y liberales oficialistas + izquierda democrática y armada, fue de 15.25 puntos en 2002, en 2006 se amplió a 28.32. Prácticamente se duplicó. Hagamos ahora el mismo análisis pero en valores absolutos, de números de votos. Por el candidato Uribe votaron en 2002, 5.862.625 ciudadanos. Por el presidente Uribe votaron en 2006, 7.363.421 ciudadanos. En 2002, los candidatos Serpa y Garzón sumaron 4.205.024 votos (3.524.779 + 680.245). En 2006, los candidatos Gaviria y Serpa sumaron 4.010.585 votos (2.609.412 + 1.401.173). Mientras los votos por Uribe presidente subieron entre 2002 y 2006, 1.500.796 unidades, en lo que tiene que ver con liberales oficialistas, izquierda demócratica y armada, hubo una disminución de 194.439 votos. Con lo que la brecha entre unos y otros pasó de 1.657.631 en 2002 a 3.352.838 en 2006. Si esto no es un triunfo por goleada, no solo en 2006, sino también con relación a 2002, los triunfos por goleada ¿cuáles son?

Y a propósito de lo que cantaban las barras en la ‘noche de gloria’ del domingo de Carlos Gaviria, -cuando celebraban su derrota de 2-6 frente a Uribe como una victoria-, acerca de que ‘el pueblo unido jamás será vencido’ el interrogante que cabe hacerse es ¿quiénes impiden la unión del pueblo colombiano?, ¿acaso los ‘uribistas’ que sumaron millón y medio de votos a sus resultados de 2002 aun tras el desgaste natural de ser ‘oficialismo’ en Colombia, o las AUC que entregaron las armas y le dijeron adiós a la guerra a pesar de no estar ni lejos de ser derrotadas? ¿O será más bien que el pueblo colombiano castigó en las urnas que sean las FARC y el ELN -quienes exhiben y disparan sus armas desde las grietas del Polo- los que pretendan seguir hablando en nombre del pueblo y de la izquierda democrática, desde las toldas de la izquierda y del serpismo, prosiguiendo su praxis de lucha de clases y su concepción marxista del Estado como instrumento de opresión de unas clases sobre otras. Ciertamente, que ‘el pueblo unido jamás será vencido’, pero también es cierto que no estará jamás el pueblo unido mientras existan quienes –como FARC y ELN- lo obligan a tomar las armas para sembrar la lucha entre hermanos, y alimentar así la guerra entre las clases sociales. No es la democracia, sino la lucha armada pregonada por las guerrillas, la que mantiene al pueblo al borde de la desunión y la derrota. Aunque 42 años de lucha insurgente no hayan logrado ni desunir el pueblo del todo, ni vencerlo mucho menos.

Los análisis de lo sucedido el 28 recién comienzan y llevarán su tiempo, pero bueno sería que las AUC desmovilizadas insistieran y redoblaran el paso en su marcha hacia la competencia política. Si fueron los hechos de paz protagonizados por las Autodefensas los que también premió el pueblo con su voto, y si dentro de la gestión de Uribe también fue plebiscitado el proceso de paz con las AUC, mal harían las AUC desmovilizadas en demorar la visibilidad de su vocación política y de servicio social. Cada vez han de quedar más y mejor contrapuestos, en blanco y negro frente a la Opinión pública nacional y mundial, las formas y los contenidos del pensamiento y la acción actuales de guerrilleros y autodefensas. Mientras unos insisten en su estrategia de combinar todas las formas de lucha y hallan en esa suma perversa de votos y de balas la barrera infranqueable hacia el poder democrático, los otros no pueden sino perseverar en la estrategia de adherir exclusivamente a las vías democráticas y pacíficas para seguir creciendo en el corazón y los votos de los colombianos.

No estoy diciendo que las AUC ganaron el domingo con Uribe, ni que Uribe ganó por el respeto de su Gobierno hacia la voluntad de paz de las AUC, aunque no son pocos quienes en Colombia y fuera de ella asocian la gesta de Uribe en la democracia como paralela a la gesta de los Castaño y los Mancuso mientras estuvieron en la guerra. Fueron luchas distintas frente a rivales distintos, pero ello no quita que los sueños finales de una Colombia en paz y prosperidad no fuesen los mismos. De la misma manera que un Carlos Gaviria, o un Lucho Garzón, sostuvieron luchas distintas que los ‘Marulanda’ y los ‘Gabino’, frente a rivales distintos, sin que ello quite que los sueños finales de una Colombia en paz y prosperidad no fuesen los mismos. Lo que es lo mismo que decir que entre Uribe, Lucho, Gaviria, Castaño y Mancuso solo sus adversarios y sus caminos fueron distintos, pero no finalmente, ni sus sueños de paz y prosperidad para Colombia y los colombianos. Es sobre esta certeza, más humana que política, que yo creo que la paz de Colombia no solo es posible sino que tampoco está muy lejos.

Así como hay paralelas que nunca se juntan, o solo se juntan en el infinito, en materia política los caminos paralelos pueden en algún momento reunirse y caminar de la mano. No digo que ese momento haya llegado sino que me suena inminente, no por una cuestión de táctica ni de estrategia, sino que desde la misma base popular esa voluntad de adhesión existe y reclama ser escuchada.

No se trata de que Uribe se convierta también en el líder de las AUC desmovilizadas, sino de que Uribe acepte con los integrantes de su coalición política que las AUC desmovilizadas den sus primeros pasos en política legal, no por fuera sino por dentro de la coalición uribista. No es algo que se logre de la noche a la mañana, pero el primer paso en la vida para conseguir lo que se quiere, es decir lo que se quiere. Y en esto de la política futura de las AUC ni el Gobierno ni las propias AUC han sido suficientemente claros sobre qué es lo que quieren y que es lo que no quieren en materia de principios y prácticas de acción políticos y metas comunes, si los hubiese.

Estoy diciendo, entonces, que reconociendo y valorando positivamente el liderazgo nacional de Uribe, así como las FARC y el ELN han reconocido en los candidatos opositores a Uribe el mejor camino para Colombia, las AUC desmovilizadas se han ido ganando su propio lugar en la democracia, y ese lugar y la visibilidad y transparencia de su propio juego democrático bien podría desarrollarse dentro de la coalición uribista. ¿Por qué no?

La organización y puesta en pie del partido político donde confluyan las AUC desmovilizadas, sus simpatizantes y bases sociales, no puede seguir siendo visto por los partidos de la coalición uribista como un peligro, ni como un adversario en ciernes. Si se trata de fortalecer la democracia y volverla más inclusiva cualquier esfuerzo que se haga desde la coalición uribista por abrirle un espacio al partido político de las AUC, no solo engrandece la coalición sino que le añade un sustento popular y una base social de firme arraigo en vastas zonas del país que no pueden seguir quedando sin representación política donde canalizar sus urgencias sociales, económicas, de educación, salud y seguridad ciudadana.

En esta materia de abrir cauces políticos a los actores armados ilegales del conflicto hay que reconocer que el Polo Democrático Alternativo ha sido más que generoso con las FARC y el ELN, y aunque se ha equivocado –y pagado un alto costo político- al tolerar todavía en mayo de 2006 la combinación de todas las formas de lucha, y al no condenar sin eufemismos la insurgencia armada contra el Estado, y contra el presidente de todos los colombianos y su Gobierno, ha lanzado hacia la sociedad un llamado público a las FARC y al ELN para que se incorporen a las filas de lo que constituye hoy en el PDA la principal expresión política democrática opositora a Uribe.

No estaría nada mal que Uribe y los altos jefes de las AUC desmovilizadas ensayen fórmulas de acercamiento político que alejen para siempre el fantasma del ‘paramilitarismo’ y den demostración objetiva y contundente acerca de que la democracia colombiana no tiene caminos vedados para quienes abandonan definitivamente las armas y todo tipo de ilegalidad.

No se trata de que los ‘violentos’ le pongan condiciones al ejercicio de la democracia, sino que sea la democracia quien le cierra todos las puertas a quienes insisten en que con las armas se puede apelar desde la ilegalidad a la construcción de cualquier proyecto revolucionario o contrarrevolucionario.

Elección tras elección, los colombianos nos vamos alejando cada vez más de quienes insisten en el camino de la guerra para lograr imponer sus ideas políticas.

Si la izquierda quiere seguir creciendo a partir del 22 % -y no solo con victorias morales que son formas elegantes, y hasta comprensibles, de disimular las derrotas- tendrá que cortar todo lazo que la une todavía hoy con quienes insisten en secuestrar y asesinar colombianos para alcanzar sus fines políticos.

Si la coalición uribista quiere seguir consolidando su camino hacia el progreso de Colombia no puede sino tender sus brazos hacia la vocación política y social de las AUC desmovilizadas para que sus primeros pasos en este campo reciban la mejor tutoría inicial y no vuelvan a recaer, nunca más, en ningún rearme ni regreso al monte.

Unos y otros, uribistas y polistas, seguirán creciendo en el corazón y el voto de los colombianos si condenan lo condenable y premian lo plausible.

No puede valer lo mismo rectificar hacia la paz que persistir en la guerra, ni seguir causando víctimas que haber cesado cualquier fuego y toda hostilidad.

Unos y otros deberán recibir su nueva oportunidad en la vida, y finalmente, por sus frutos nuevos ser juzgados.

No por uno, ni por tres, ni por cinco ni por nueve, sino por cuarenta millones de colombianos, que son mucho más que dos.


Así la veo yo.


Los artículos que forman la serie completa de “Esencias y matices’’ pueden ser consultados en:

www.lapazencolombia.blogspot.com y www.salvatoremancuso.com

mayo 22, 2006

El ‘conejo’ de ‘FARC, ELN y Polo’ y las ‘aguas mansas’ de las AUC

Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente



Esencias y matices (16)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juan_rubbini@yahoo.com.ar




Lo primero es lo primero, y lo primero es el ‘conejo’ que Carlos Gaviria ha sacado de su galera.

Lo segundo, lo del famoso ´fallo’, no deja por importante, de ocupar un lugar secundario.

Si para intentar remediar lo primero quedan apenas seis días, para poner los puntos sobre las íes, en cuestiones de abogados y de jueces, doctores tiene la Santa Madre Iglesia.

Finalmente, el ser humano es dueño de sus propios temores y no pierde por ello la capacidad de discernir entre muchas cuestiones cuáles son, en cada momento, sus prioridades.

Que no sean los adversarios ni los enemigos, ni las sentidas urgencias, las que imponen su agenda sobre el propio criterio y las siempre necesarias humildad y prudencia.

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Que nada turbe la semana de reflexión preelectoral que no sea el mismo hecho de reflexionar sobre la importancia del voto y la libertad de elegir. Si alguien esperó que el fallo de la Corte Constitucional precipitara una nueva crisis del proceso de paz entre el Gobierno y las AUC acertó, pero a medias. Acertó en lo inevitable de la crisis, pero no acertó en sus consecuencias inmediatas. Las ‘aguas mansas’ sacudidas por el impacto de la ‘carga de profundidad’ del fallo, no alcanzaron ni siquiera a salpicar la cubierta de la embarcación de Ralito en la que navegan el Gobierno y las AUC. Cada cual por separado ha sabido demostrar, en estos días tensos, que por encima de la coyuntura de la negociación y de los intereses legítimos de los propios actores, hay intereses superiores de Colombia y de la Paz que han de ser preservados a como dé lugar. En eso están Gobierno y AUC, haciendo hasta lo imposible por ponerle el pecho a las dificultades, y aportar el bálsamo de la mente serena al corazón caliente e indignado que prefiere morderse los labios antes de decir una sola palabra, una sola frase que haga saltar por el aire, lo que tanto ‘sangre, sudor y lágrimas’ –al decir de Sir Winston Churchill- ha costado traer hasta aquí.

Dicen que ‘el golpe avisa’. Mal harían las AUC desmovilizadas si no se dieran por avisadas del fallo de la Corte Constitucional. Y digo expresamente Corte Constitucional, porque lo de decir Corte a secas se está imponiendo en los medios, y tal vez no sea casualidad. Alguien podría estar interesado en que el País se desentienda de la existencia en Colombia de la Corte Suprema de Justicia. Aunque esto pertenece al campo del Derecho, también incumbe al mundo de la política cuando la Corte Constitucional ha insinuado voluntad si no de ´cogobernar’ como dicen algunos, al menos de ‘colegislar’ como aseguran otros.

Esto del modo en que se verifica la separación de poderes es esencial al funcionamiento de cualquier democracia, tanto más si se trata de un sistema democrático que está siendo agredido –e infiltrado- hace más de cuarenta años por la insurgencia armada de FARC y ELN (mal que les pese a quienes suelen ver ‘paramilitarismo’ en todas partes y jamás ‘paraguerrillerismo’ en sitio alguno)

Hacen bien las AUC en reconocer –como siempre lo han hecho- no solo la existencia del conflicto armado y de amenazas terroristas sino también –tras el fallo de la Corte Constitucional- las ramificaciones que la guerra trae consigo en todas las esferas del poder, inclusive –y muy particularmente- el Poder Judicial, que no está conformado por ángeles, tampoco por demonios, pero sí por seres humanos sujetos de todas las influencias y de todas las corrientes que se mueven alrededor del conflicto armado y las amenazas terroristas. Pensar distinto sería caer en la ingenuidad que no puede caer nadie, menos el guerrero que acaba de dejar las armas en virtud de una negociación política todavía en curso donde la confianza en la otra parte –y su correcta identificación- resulta esencial para el éxito final del proceso.

¿Cuál es esa otra parte y qué poder real posee? se preguntan hoy las AUC. Porque si la Corte Constitucional borra con el codo lo que el Ejecutivo y el Legislativo establecieron –no por presión de las AUC, ciertamente, que en esto de la Ley de Justicia y Paz no tienen responsabilidad alguna- entonces cabe preguntarse si el Ejecutivo se excedió en sus funciones y entonces las AUC negociaron con quien no era, o la Corte Constitucional se arroga funciones que competen al Ejecutivo y al Legislativo, y entonces el choque de trenes institucional es inminente.

En ocasiones como ésta uno no puede menos que preguntarse qué sucedería si un ex integrante de la Corte Constitucional asume la Presidencia –Carlos Gaviria podría lograrlo- y hace propia la posición de la Corte Constitucional en este caso, y no la del Gobierno con el cual se realizó la negociación con base en la cual se entregaron las armas y se desmovilizaron las autodefensas. No me atrevo a imaginar lo que podría suceder, pero de una cosa estoy seguro, Colombia correría el riesgo inminente de transformar su conflicto armado en una guerra civil, y no porque los ex comandantes AUC volviesen al monte, sino porque las nuevas generaciones de autodefensas encontrarían el punto exacto de autojustificación desde el cual retomar la lucha militar antisubversiva a partir del mismo lugar en que los Castaño y los Mancuso la dejaron. Que esto sería un gran retroceso en el camino de la paz –de imprevisibles consecuencias- nadie lo niega, pero los males es bueno prevenirlos antes de que sea necesario hallarles remedios.

Los partidos en Colombia siguen siendo necesarios pero cada día serán menos suficientes por sí mismos. Elección tras elección necesitarán, de manera creciente, formar parte de coaliciones cada vez más amplias y les resultará negativo para sus intereses atrincherarse dentro de su caparazón excluyente. Quien está en mora de aceptarlo es el Partido Liberal que habrá necesitado tres derrotas consecutivas con la del próximo domingo –cada vez con peores resultados en su contra- para comprender y obrar en consecuencia con lo que el Partido Comunista y el Conservador han venido practicando en los últimos diez años, uno abriéndose paso -y abriéndoselo a las FARC- dentro del Polo, y el otro apoyando a Pastrana en 1998 y después a Uribe en 2002 y 2006.

Lo anterior evidencia que el bipartidismo ha ido dejando abierto el camino a la formación de coaliciones, que excluyen decididamente el unanimismo del partido único –al estilo cubano de Fidel-, pero también la atomización partidista que halla su límite infranqueable, precisamente, en este sentimiento político novedoso que trae consigo la doble pertenencia política: soy de tal partido, adhiero a tal coalición. Por un lado soy simpatizante de tal partido, por otro lado me declaro interesado en participar de tal coalición. En el País político actual los hechos indican que solo hay dos coaliciones con vocación de poder, y también un solo partido político reacio a formar parte de una u otra coalición existente, o dar vida a una tercera coalición. Es decir, que el bi-partidismo no está siendo necesariamente reemplazado por el bi-coalicionismo, aunque esto último se manifieste hoy a partir de la contraposición del Polo y del Uribismo, donde el Partido Liberal está demostrando que no es tan fuerte para tener éxito frente a dos coaliciones, y tampoco es tan dúctil y convocante a la hora de integrar coaliciones distintas a las dos existentes en la presente coyuntura.

Esto está llamado a tener consecuencias de notable importancia en el diseño del espacio político que ronda las intenciones finales de los grupos armados ilegales, pongamos el caso más inmediato de las AUC que han abandonado las armas, y del ELN que ha manifestado su voluntad de seguir el mismo camino. Camino que no puede ser otro que el de la Ley de Justicia y Paz, o del ordenamiento legal que la reemplace, reglamente, complemente o perfeccione, en seguimiento de los acuerdos del Grupo Armado Ilegal con el Gobierno, tras aprobación del Congreso y legitimación del Poder Judicial, ni más faltaba. O todos en la cama, o todos en el suelo. No hay ni debe haber distingos entre la ilegalidad de la insurgencia armada y la ilegalidad de la contrainsurgencia armada. Y quien aliente estas expectativas desde la orilla izquierda o la orilla derecha merece la condena política del entero campo democrático, y a no dudarlo también el enjuiciamiento en sano derecho.

Sin embargo, el acuerdo fundamental sobre la condena de la insurgencia y contrainsurgencia ilegales, sigue siendo asignatura pendiente entre las fuerzas democráticas existentes y con representación en el Congreso. Y si esto no fuera de por sí suficientemente grave la presente campaña electoral está siendo viciada de manera seria y preocupante por el ‘conejo’ que la campaña de Carlos Gaviria le está poniendo al sistema democrático institucional. El Polo se ha prestado de una manera indecorosa con el ‘conejo’ que ha significado ‘escupir sobre el plato de la democracia’ la pretendida legitimación de la lucha armada de las guerrillas.

La alianza de hecho entre FARC, ELN y Polo, aunque suene increíble, quiere retrotraernos al Chile de 1970. Carlos Gaviria es en este sentido el clon perfecto de Salvador Allende. Afortunadamente para Colombia, la democracia colombiana cuenta con el reaseguro de la segunda vuelta, la figura de Uribe y la coalición uribista y -lo que no deja de tranquilizarnos a todos los verdaderamente comprometidos con la democracia y las libertades públicas y privadas-la ausencia de un Pinochet agazapado en las Fuerzas Armadas, esperando que las contradicciones insalvables del ‘polo’ más el ‘plomo’ estallen en la Casa de Nariño, en el Congreso y en el mismo seno de las instituciones armadas de la Nación.

36 años han pasado desde el inicio de aquella tragedia chilena, pero alguno de sus fantasmas sigue de pie en América Latina, como telón de fondo de la enorme irresponsabilidad de combinar todas las formas de lucha: allí está Fidel Castro garantizando con su presencia dictatorial en La Habana que Hugo Chávez no esté tan solo al recibir los honores ‘revolucionarios’ de continuar la tarea inconclusa de convertir los Andes en la Sierra Maestra de América del Sur, que fue uno de los sueños del Che Guevara. Lo cual prueba que al menos en materia histórica lo que para algunos son sueños idílicos para otros son solamente pesadillas .Y viceversa.

Al no quedar duda alguna acerca de que los insurgentes FARC y ELN coinciden hoy con el Polo y con Carlos Gaviria en la estrategia compartida de combinar todas las formas de lucha –incluso el secuestro y el terrorismo- en su oposición a Uribe, no queda otra opción sensata a las AUC desmovilizadas –en su camino de avance hacia la inserción política legal- que coincidir en las urnas el 28 de mayo con Álvaro Uribe para seguir fortaleciendo su estrategia antisubversiva, su trabajo de reinstitucionalización del Estado y de afianzamiento de la democracia.

Con el sesgo legitimador de la lucha armada subversiva asumido por el Polo desde el 12 de marzo carece ya de sentido político que importantes sectores de la base social y la dirigencia de las AUC desmovilizadas sigan pensando que apoyar en las urnas la candidatura oficial del Partido Liberal es la mejor manera de expresar políticamente sus diferencias con el Polo, las FARC y el ELN, así como de tomar inequívoca distancia del modo en que el Gobierno Uribe ha conducido el proceso de negociación y reinserción a la civilidad de la principal fuerza político-militar de oposición a las FARC y al ELN durante los gobiernos claudicantes que desde 1994 hasta 2002 –durante la existencia de las AUC- negaron tercamente a las AUC su razón política y militar de ser y hacer en favor de las comunidades, agredidas por las guerrillas e indefensas ante la indolencia y frivolidad estatal. Y no solo no las dejaron ser y hacer a las AUC –lo que es a todas luces entendible-, sino que tampoco quisieron reconocerle su estatus político para dialogar con las AUC sobre los mejores caminos a utilizar en la defensa de las comunidades violentadas por el flagelo guerrillero y disminuir desde su misma base productiva el impacto negativo de las economías cocaleras.

Hay coincidencias de las AUC con Uribe en que la insurgencia armada merece hoy total condena, no solo por los actos de terrorismo en que incurre, sino por su sola esencia insurgente en contra de la democracia. Hay coincidencias con Uribe en que las guerrillas no tienen justificación política alguna en el presente democrático de Colombia. Hay coincidencias con Uribe en que el regreso al monte de las AUC no se justifica y regresar al monte para las AUC es un indeseable categórico. Hay coincidencias con Uribe en que combinar todas las formas de lucha defensiva frente a las FARC y el ELN no tiene cabida en Colombia a partir de la puesta en práctica de la seguridad democrática. Coincidir en estos planos con el candidatoPresidente es suficiente razón para que su posición frente a la guerra y la paz sea plebiscitada el 28 de mayo preservando la gobernabilidad del País de los contratiempos que traería el ‘contubernio de todas las izquierdas’ dispuestas a manipular y servirse de los espacios democráticos en contra de la esencia misma del sistema constitucional.

Por más diferencias políticas que genuinamente las AUC puedan tener con el presidente Uribe –incluso sobre la eficacia en el terreno de la seguridad democrática- no resulta dentro de ninguna lógica política que el reciente fallo de la Corte Constitucional pueda ser utilizado desde la perspectiva de las AUC desmovilizadas como la evidencia de que el Gobierno le ha puesto ‘conejo’ al proceso de paz en curso. Más bien me inclino a pensar que tanto el Gobierno como las mismas AUC han subestimado el enorme desafío político que sigue representando la naturaleza de los acuerdos a que da lugar la desmovilización del ejército antisubversivo ilegal. Ejército ilegal legitimado por amplias porciones de la población colombiana, así como –desde la orilla de enfrente- preferido blanco de sus enemigos militares y adversarios políticos –hoy en llave dentro del Polo- sobre cuyas intenciones finales el ‘pacto en las sombras’ del ‘polo’ y del ‘plomo’ no es sino su evidencia más reciente y descarada. Admitamos que el liderazgo de Navarro, mientras fue pre-candidato, y de Lucho Garzón, mientras lo dejaron influir, había resultado un límite insalvable en el Polo Democrático a las fuerzas que se desataron después.

Allí –en esa alianza entre lucha armada, insurrección y campaña política presidencial- está el único ‘conejo’ cabeza de familia, señores de las AUC. Allí está el ‘conejo’ mayor: en la jugada de las FARC, el ELN y el Polo que, siendo esencialmente una maniobra antidemocrática, pretende pasar por democrática, constituyendo el más pretencioso intento de legitimación de la lucha armada insurgente que haya recibido jamás Colombia por parte de una campaña presidencial que cuenta con posibilidades de sumar dos millones de votos según las más recientes encuestas.

El frente ‘FARC, ELN, Carlos Gaviria’ se ilusiona con cosechar dos millones de votos el 28 de mayo. No les alcanza para ganar las elecciones, ni siquiera para forzar la segunda vuelta, y ellos lo saben, pero no les importa. Porque su intención no es la que manifiestan, de vencer a Uribe en estas elecciones, sino de fortalecer en la noche del mismo 28 el camino de la legitimación de la insurgencia armada, no ya solamente como vía utilizada en el pasado hacia el poder, sino como grito de guerra del presente hacia el futuro destinado a que lo oigan y lo tengan bien claro, no solo Uribe y su gobierno, no solo los uribistas, sino también las AUC desmovilizadas y quienes dentro del Partido Liberal creyeron que con la tercera candidatura de Serpa no iban a terminar cediéndole la oposición al Polo en el Congreso y a las FARC y el ELN en el monte, amangualados ellos sí en el ‘paraguerrillerismo’ que no solo influye en el ‘tercer poder’ de la Corte Constitucional –y de qué manera- sino que se extiende sin límites en la gran matriz del pensamiento perezoso que se orienta por los atajos del ‘cuarto poder’, el de los medios de comunicación que parecen ignorar de qué se trata lo que está en juego mientras el ‘conejo’ inescrupuloso erosiona no solamente la ‘pata de la izquierda’ sino el entero sistema democrático que sigue confundido entre la necedad de la izquierda identificada a los efectos con la campaña del Polo, y la necesidad que el sistema tiene de contar con una izquierda lúcida y comprometida con el sistema democrático, a partir de la vigencia y la defensa -que nadie discute, tampoco las AUC- del Estado social de derecho.

A pocas horas de las elecciones presidenciales no es el momento de anticiparse a los análisis que resulta más atinado postergar para después de conocidos los resultados de la gran encuesta que tendrá lugar el próximo domingo.

El fallo de la Corte Constitucional sobre la Ley de Justicia y Paz puede que no sea el último, si se tiene en cuenta que existen más demandas iniciadas y todavía no resueltas. La fase judicial del proceso de paz promete ser tan azarosa y polémica como la etapa esencialmente política que se mantiene en sus primeros pasos si tomamos constancia que persiste la veda política para las AUC, que ya no son lo que fueron pero que todavía están lejos de ser lo que están llamadas a ser. En este sentido, la guerra terminó para las AUC, pero la lucha continúa, y sigue en el terreno de lo social y de lo político, de lo judicial y de lo económico.

Hay por delante todo un imaginario colectivo y una ideología por discernir. Hay un mundo expectante de medios y de fines por vislumbrar que no puede seguir aletargado entre las brumas de los recuerdos y la carga del presente desconcertante. No solo hay que darle vida a un partido de alcance nacional, sino fórmulas de inserción política que tengan los pies bien asentados sobre el terreno de lo local, lo departamental, lo regional. Y hay que poner manos a la obra sin dejar de tener presente que los tiempos que corren hacen imposible soslayar junto al partido naciente la necesaria inserción dentro de una coalición. Coalición que –no sean ingenuas las AUC desmovilizadas- no girará en torno del ‘nuevo partido’, sino que será más bien al revés: será el ‘nuevo partido’ el que deba girar inicialmente en torno a la coalición existente.

Llegado a este punto es que me interrogo si acaso por fuera de la coalición donde han acabado por confluir ‘FARC, ELN y Polo’ y de la coalición Uribista alguien ve alguna otra coalición existente o en ciernes. Por lo pronto, solamente veo, por fuera de las dos coaliciones nombradas el Partido Liberal que más que ser partido está partido, y sin coalición a la vista. Y cuando me refiero a coalición uribista no me refiero a la bancada parlamentaria, sino a la totalidad de las fuerzas políticas que reconocen el liderazgo de Uribe, aunque por una u otra razón no hayan recibido la ‘bendición’ oficial del líder. Es en este contexto de la coalición amplia de Uribe donde algunos analistas ven el espacio natural para el aterrizaje político de las AUC. No es el mejor momento para abrir hipótesis al respecto, no solo por la inminencia de las elecciones presidenciales, sino porque primero ha de ser el Partido –que todavía no existe-, y solo después el pedido de incorporación del Partido a tal o cual coalición.

Por el momento, lo único que me atrevo a decir, de cara a las próximas elecciones, es que tras el ‘golpe’ de la Corte Constitucional a la Ley de Justicia y Paz, y al mismo proceso de paz, la abstención está muy lejos de ser el camino a ser sugerido, y que si lo que resulta prioritario en esta etapa es garantizar los acuerdos de paz y la seguridad jurídica del entero proceso, ningún otro voto será mejor utilizado que el depositado por los simpatizantes y bases sociales de las autodefensas en favor del candidatoPresidente.

Este es el mundo político donde las AUC desmovilizadas habrán de insertarse. Y poco importa que lo hagan por gusto o por disgusto, por convicción o por necesidad. Lo único cierto aquí es que el costo de navegar sin brújula –por mero instinto e intuición- a punta de puros actos de fe ha demostrado estar llegando a sus límites humanos. Pedirle más sería no solamente una exageración sino fundamentalmente una imprudencia mayor. Y no se trata de abandonar el instinto, ni mucho menos de renegar de la intuición, sin los cuales jamás las AUC habrían llegado donde llegaron, y sin los cuales –instinto e intuición- tampoco las FARC y el ELN saldrán nunca de su incómoda y cada vez más peligrosa posición en el monte. Se trata en todos los casos de añadirle al instinto y a la intuición la cuota de realismo político que no puede nacer solamente de las mentes iluminadas de los dirigentes sino del contacto permanente de los dirigentes y cuadros partidarios con las necesidades y aspiraciones de los simpatizantes y las bases sociales.

No se construyen los partidos –y tampoco las coaliciones- alrededor de la figura de sus líderes sino que los líderes asumen la Causa que brota de los latidos sociales del corazón humano y le dan forma, la estructuran de tal manera y con tanta habilidad, que los analistas dudan que fue lo primero, si el líder o la Causa. Sin embargo, lo primero es la existencia de lo socialmente necesario, y solo después el Pueblo escoge entre todas las ofertas de liderazgo aquella sobre la que solo el Pueblo, en su sabiduría popular, puede dar explicaciones acerca de cómo y por qué, y también –lo más enigmático de anticipar- hasta cuándo.

Solo pueden considerarse líderes –personas, partidos, coaliciones- quienes identifican esas Causas y las asumen como propias, luego las transforman en proyectos viables y son escogidos para encaminar la marcha hasta que las metas se alcanzan, no para satisfacer el ego ni los bolsillos de los dirigentes, sino para hacer posible que los pueblos hagan socialmente real el disfrute de lo que al comienzo fue apenas la acumulación de necesidades insatisfechas.

Si este es el panorama y tan grandes las expectativas, se comprende mejor porqué en todos los frentes de las AUC desmovilizadas bulle la actividad física e intelectual, de organización y conducción de las iniciativas, las personas y los equipos, cada cual con su misión, cada cual con su meta a cuestas.

Sabido es que ‘camarón que se duerme se lo lleva la corriente’, o ‘se lo llevan las FARC, el ELN y el Polo’, que no es lo mismo, pero termina siendo igual.

Así la veo yo.


Los artículos que forman la serie completa de “Esencias y matices’’ pueden ser consultados en:

mayo 15, 2006

El ‘fuego amigo’ de FARC y ELN está derritiendo el Polo

Las AUC no hablan de paz, la están haciendo

Esencias y matices (15)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
juan_rubbini@yahoo.com.ar
www.lapazencolombia.blogspot.com



Para los chinos antiguos los buenos tiempos de sus antepasados eran aquellos sobre los cuales no había hechos notables que destacar ni registrar por los historiadores. ‘Líbranos Señor, de los tiempos memorables y los acontecimientos históricos’, nos repiten hoy desde sus insondables lugares de reflexión que han permanecido a salvo de las hambrunas; de las interminables guerras contra mongoles, japoneses y colonialistas varios; de la guerra del opio contra los antecesores ingleses de los modernos narcotraficantes norteamericanos y europeos, y de la Revolución Cultural y Comunista de los seguidores de Mao, que nació para ser milenaria y sucumbió al cabo de pocos años derrotada por el gusto tan humano por el ahorro, el consumo y la propiedad.

Algún día no muy lejano se sabrá si la ‘Teófilo Forero’ es el combustible madre de la implosión de FARC & ELN. Todavía es prematuro aventurar juicios aunque resulte apropiado recopilar indicios y fortalecer hipótesis. En cuanto al ‘irresponsable’ que le arroja cerillos encendidos a la mezcla implosiva no puede sino ser el Secretariado del Estado Mayor Central que no le corta las alas al depredador pensando ingenuamente que el fuego interior en proceso de desmadre no lo alcanzará.

Por lo pronto, las llamaradas de la ‘Teófilo Forero’ arrasaron las posibilidades de Carlos Gaviria y el Polo en las próximas elecciones. Apellido golpeado el de los Gaviria para las FARC ‘polistas’ ‘modelo arribista 2006’. La ‘Teófilo’ acabó de una con la vida de Liliana, con la carrera de Carlos hacia la segunda vuelta y con la serenidad espiritual y política de César. Todo a partir de la jugada de ajedrez que algún ´cerebro´ de las FARC concibió para someter a Álvaro Uribe a lo que hubiera sido el peor cierre de campaña de su vida, debatiéndose entre las contradicciones que despiertan las consideraciones humanitarias y políticas del canje de secuestrados por guerrilleros en el caso de la hermana del jefe del principal partido de oposición, frente a los miles de secuestrados, algunos desde hace más de siete años en poder de las FARC. La jugada política a varias bandas que malograron las FARC habla bastante de su maquiavelismo así como también revela la faceta generalmente oculta de su desprecio por sí mismas al darle alas y más alas al ave de carroña que finalmente no dudará en devorarlas cuando llegue la hora de hacerlo frente a los Estados Unidos o la misma Corte Penal Internacional, o la Fiscalía general en Bogotá para no ir tan lejos.

Si ahora Álvaro Leyva se baja del ‘vitrinazo’ de la campaña y se quita su disfraz de candidato presidencial, que a decir verdad no le sentó tan mal, en buena parte es también por el fracaso del secuestro de Liliana Gaviria. La especialidad del ‘canje’ hubiera sido su gran carta de presentación cuando los secuestradores –dudo que las FARC reconociesen ‘directamente’ ser los autores del secuestro- anunciasen que tenían en su poder a Liliana Gaviria. Su protagonismo mediático hubiese logrado posicionarlo entre los grandes actores llamados a construir el escenario de la paz de Colombia a partir del acuerdo humanitario. No dudo de las buenas intenciones de Leyva y de su total desconocimiento de lo que las FARC estaban tramando a sus espaldas con el secuestro de Liliana Gaviria. Tampoco dudo acerca de que entre las intenciones de las FARC no estaba la muerte de la hermana del ex presidente Gaviria, sino que lo que se pretendía era crearle problemas insolubles a Uribe que lo alejaran definitivamente –de por vida- no sólo de César Gaviria sino de todo el Partido Liberal, y que, en el corto plazo, solamente se fortalecieran las opciones de Carlos Gaviria y de Horacio Serpa, en cuanto a forzar en llave, liberales y polistas, la segunda vuelta que hubiese girado sobre el tema del intercambio humanitario, no solo de Liliana Gaviria, sino también del resto de los secuestrados, incluida naturalmente Ingrid Betancourt. Cerrada esa posibilidad con el desenlace fatal que le costó la vida a Liliana Gaviria la presencia de Álvaro Leyva en el escenario de las elecciones ya no tenía mayor sentido. Lo cual despierta el optimismo de pensar que las FARC no insistirán en alterar las elecciones de este mes con algún nuevo secuestro político. No obstante, lo de Serpa retirando sus hijos de Colombia me parece supremamente acertado y cualquier esfuerzo que sigan haciendo las autoridades para impedir nuevos secuestros de ‘alto perfil político’ durante este mes de mayo sigue siendo bienvenido. ‘No dar papaya’ está a la orden del día en esta materia de secuestros.

Alejado –siquiera por este mes- el fantasma del secuestro político, se mantiene viva la posibilidad de un macro-atentado, o de una sucesión significativa y contundente de actos terroristas en pequeña y mediana escala, destinados a minar la fe del pueblo colombiano sobre la conveniencia de seguir sosteniendo la política de seguridad democrática y la alianza con los Estados Unidos expresada en el TLC. En aplicación de su vigente política de ‘relaciones públicas y comunicación corporativa’, las FARC no reivindicarían para sí la autoría de estos atentados, sino que inducirían a buscar en la ‘invasión’ de Irak, en la guerra Bush-Al Qaeda, en la disputa Bush-Irán, los autores intelectuales y materiales. Se buscaría hacerle pagar a Álvaro Uribe un altísimo costo político por su alianza estratégica con Bush, de tal manera que desde el Polo y desde el Partido Liberal se lanzaran mensajes de responsabilidad política sobre Uribe por ‘lanzar a Colombia a las consecuencias nefastas de su alianza con Bush y el apoyo a la invasión de Irak’, con lo cual desde células terroristas de Al Qaeda hasta fanáticos suicidas partidarios del Islam le estarían cobrando a los colombianos su apoyo al ‘gran satán´ Uribe y al ´genocida’ Bush. Prefiero ponerme ‘colorado’ un día por escribir estas ‘sandeces’ y no vivir avergonzado el resto de mi vida por no poner sobre la mesa todo lo que hay que poner en estos días, cuando bien pudiese estar en curso el mecanismo trágico de alguna loca cuenta regresiva, mientras los editorialistas y comentaristas políticos se aburren con los resultados de las encuestas y la falta de debate, lo que significa para ‘las empresas de prensa, radio y televisión’ menos ejemplares vendidos, menos ‘rating’ y en consecuencia menos pautas publicitarias y menos dinero en sus cuentas bancarias. La falta de noticias puede ser en ocasiones muy buena –no solo para los chinos antiguos- sino para los colombianos en general, pero nunca es buena para los que ven crecer sus arcas con los grandes titulares y las catástrofes naturales o políticas. Si la realidad les resulta aburrida apelen a la imaginación, que al fin de cuentas apelando a la imaginación se desemboca, tarde o temprano, descubriendo aquella parte de la realidad que por no ser tan obvia se la suele pasar por alto.

Volviendo al comienzo de este artículo, las FARC se equivocaron, al menos dos veces, con los hechos que desencadenaron el asesinato de Liliana Gaviria. Primero, al seguir apelando a la violencia para imponer sus criterios políticos. Segundo, al recurrir a la ‘mano de obra’ de la ‘Teófilo Forero’, la cual incuba el huevo de la serpiente que terminará destruyendo a las FARC, o al menos, a lo ‘políticamente sano’ que aún perdura en su seno alentando viejos sueños que no por viejos han perdido vigencia, sino que corren el riesgo de sucumbir con la vida física de sus creadores, al no lograr encarnar en el territorio fértil de la democracia y la reconciliación con el resto de los colombianos. Ojalá triunfe pronto en las FARC la ‘conciencia revolucionaria’ y el anhelo de ‘justicia social’ sobre la ‘sin conciencia’ del terrorismo, la industria del secuestro y del narcotráfico. Finalmente, quien se condena de por vida a vigilar secuestrados termina secuestrado de por vida por sus víctimas. Le sucede lo mismo que a quienes se condenan de por vida a vivir obsesionados por sus propiedades y acaban siendo apropiados por sus intereses y no dueños de su humanidad. La dialéctica del amo y del esclavo no se supera nunca si no se renuncia a la condición de amos, amos de la vida y muerte de los secuestrados, amos de la vida y muerte de campesinos y obreros, lo mismo da, la esclavitud es la misma, y es con toda esclavitud, propia y ajena, que hay que acabar. En esa tensión entre libertad y esclavitud late la vida de la democracia y tiene sentido la actuación del ciudadano, ciudadano que renuncia a considerarse amo de seres humanos, háyalo llevado la vida a ser algún día secuestrador o terrateniente, terrorista o banquero, guerrillero o autodefensa. Porque razones todos tenemos, incluso razonables causas objetivas, que nos han llevado a ser esto o aquello. La pregunta que tenemos que saber respondernos en todo momento es ¿por qué nos hemos convertido en los amos de la vida de los demás, o en esclavos de la ambición ajena? ¿Y por qué no preguntarnos entonces, algo más profundo todavía, preguntarnos si en nuestra voluntad de ser los amos acaso no terminamos siendo esclavos de lo más bajo e inconfesable de nosotros mismos?

Llega un momento de la vida en que uno termina por valorar más el ser que el conocer. No solo en el sentido de que ser es preferible a tener, sino que el ser haciendo y haciéndose, vale mil veces más que el conocer mucho y no hacer nada, o hacer lo de siempre.

La fe en el ser humano nace allí donde los conocimientos se niegan a dar cualquier respuesta. No necesariamente se trata de una fe religiosa, la fe es esencialmente humana. Por ejemplo, no tendría sentido que Dios –si acaso existe- tuviese fe. La fe es un derecho inalienable del que no tiene, del que esencialmente está privado -¿por voluntad de Dios?- de cualquier certeza, de cualquier seguridad definitiva.

Por alguna razón quienes carecen de fe suficiente suelen reemplazarla por ciencia y en el campo político el materialismo dialéctico originario de Hegel, y redireccionado por Marx y Engels, acunó el materialismo histórico donde beben todos los izquierdismos que en este mundo han sido después de 1850, y por supuesto el comunismo, su hijo dilecto.

La esperanza es un matiz de la fe, un matiz que le añade imaginación –en definitiva, poesía- a la fe esencial que luce por momentos demasiado cerebral, más cercana de la lógica y los silogismos que del vuelo y la intuición poéticos.

En las próximas elecciones la fe esperanzada de Álvaro Uribe se contrapone con la ciencia política de Carlos Gaviria. La fe y la esperanza de los uribistas en alcanzar un país mejor de la mano de Uribe, se enfrenta con las certezas de los izquierdistas acerca de que el socialismo y el comunismo son el camino científicamente correcto, y por ello los únicos caminos que merecen aprecio intelectual.

Para quienes ven en la presente una campaña electoral insípida solo cabe manifestar que no existen más paraísos e infiernos que los que estamos en condiciones de ver y experimentar por nosotros mismos. Si no sabemos ver la riqueza y la belleza que exhibe la realidad política de estos días de mayo en Colombia, ello no habla sino de la miopía de nuestros ojos, que hacen alarde de ver muy bien de lejos – por ejemplo, la supuestamente grandiosa obra bolivariana de Chávez que tanto seduce a Petro y a Piedad, y conmueve a Serpa; o el paraíso socialista que les sugiere al Polo y a los liberales de izquierda la Cuba socialista y dictatorial de su Partido Comunista sin libertades democráticas- pero se niegan a ver y a sentir de cerca la fe y la esperanza de los uribistas que resisten sin quebrarse las infamias descargadas por los opositores sobre las espaldas de Uribe. La crítica despiadada logra el efecto contrario al buscado y quienes prefieren el liderazgo de Uribe están dispuestos a reafirmarlo en las urnas motivados contrario sensu por quienes dentro del Polo se sienten dueños no solo de la verdad política, sino de la moral pública y la conciencia de los ciudadanos.

No extraña entonces que sea Carlos Gaviria quien insiste en que el pueblo colombiano no ve la realidad sino solamente el mundo virtual que Uribe le ha metido en la cabeza, cabeza que para los conocimientos doctorales de Gaviria luce hueca y vana, visto que no es capaz de asimilar el dogma de la verdad marxista que dice con todas las letras cuál es el camino hacia la ‘dictadura del proletariado’ y la felicidad terrenal. Y mientras tanto con ‘dosis personales’ de coca y marihuana –y certeza revolucionaria de que las FARC y el ELN triunfarán algún día- se puede soportar la falta de democracia real y aprovechar los pocos espacios democráticos que el autoritarismo de Uribe ha dejado en pié.

El pecado capital de la izquierda colombiana es que se niega a aceptar que el izquierdismo no nació con Marx y Engels, y no está fatalmente atado a la dictadura en las sombras de ningún Partido Comunista del mundo, ni de Colombia, ni de China, ni de Venezuela, ni de Cuba. La consecuencia de tal pecado original es que el izquierdismo en Colombia ha dejado de significar progresismo, confrontación de ideas en favor de la vida, la libertad y la democracia. Si la noción misma de izquierdismo nació con la Revolución francesa y sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad no se entiende porqué en Colombia la izquierda insiste en aparecer como el perrito faldero del socialismo marxista y del comunismo de los ‘gulags’ de la Unión Soviética y los presos políticos y exiliados de Fidel Castro, tan dictador y tirano como los absolutistas reyes franceses que fueron –ellos sí- la causa objetiva de la Revolución Francesa. La izquierda colombiana sigue sin aceptar que la lucha libertaria en Colombia no pasa por la defensa del socialismo como camino hacia el comunismo, sino por el afianzamiento de la democracia como camino hacia la igualdad.

Y como si lo anterior no fuera poco error político para quienes se consideran a sí mismos como los mesías ‘salvadores del pueblo oprimido’ –monopolistas de la justicia social junto a las guerrillas- la campaña electoral del Polo se niega a aceptar públicamente que la lucha armada insurgente de las FARC y ELN –y sus ‘cartelitos’ colindantes- merece la condena activa –no meramente retórica- de los demócratas de Colombia y del mundo. El Polo debe admitir que luce más solidario con las guerrillas que con el pueblo colombiano agobiado por el conflicto armado, y que ello no solo tiene un costo ético y humanitario inevitable y muy grande, sino que también tiene un costo político inmenso, lo cual podrá apreciarse el 28 de mayo.

Lo curioso –y también injusto- es que quien pagará in pectore ese costo será Carlos Gaviria, tal vez una de las personas que dentro de la izquierda ha estado más cerca de dar el paso gigantesco indispensable para el crecimiento cualitativo y cuantitativo de las izquierdas en Colombia: la toma de partido frontal contra la naturaleza, la praxis y el concepto antidemocrático mismo de la lucha armada insurgente.

Sin embargo, por razones que solamente Gaviria está en condiciones de manifestar, o no se animó a dar el paso cuando había que darlo –a mi modo de ver el 12 de marzo-, o recibió presiones insalvables que terminaron por convertirlo en un rehén de los retrógrados, de los que le hacen el juego a las FARC y al ELN, y persisten en la búsqueda del socialismo y del comunismo marxistas por encima de cualquier democracia.

Lo paradójico de todo esto es que Carlos Gaviria, un gran defensor del Estado social de derecho ha sido convertido en el rehén de los enemigos del Estado social de derecho, poniendo su legitimidad de hombre probo y transparente, al servicio de la causa de sus enemigos, los mismos que consideran a Navarro, a Lucho Garzón y en definitiva al mismo Polo como ‘traidores de clase’, como enemigos de la Revolución.

Si lo que pudo haber sido una campaña histórica del Polo, accediendo al segundo lugar y precipitando la segunda vuelta se ha convertido lánguidamente en una lucha voto a voto, con Serpa por el segundo puesto, y con Uribe para que no trepe por encima del 60% el 28 de mayo, bueno será que unos y otros produzcan su autocrítica –no necesariamente pública, pero al menos en privado.

Comencemos por el ELN: ¿Qué sentido político ha tenido su ‘bravuconada’ de no querer ofrecerle al País un cese del fuego y las hostilidades mientras se mantiene abierto el proceso de exploración con el Gobierno nacional? ¿Por qué el ELN no le dice a los colombianos y al mundo en qué ha consistido su actividad militar y terrorista en este periodo, qué territorios ha ganado, qué ciudadanos ha secuestrado, qué policías, militares y campesinos ha asesinado, y dónde ha seguido sembrando minas antipersona, cobrando ‘impuestos al gramaje’ y cometiendo atentados? Y si la cifra de estas atrocidades y delitos de lesa humanidad ha sido pequeña afortunadamente –para aportarle con su ‘bajo perfil eleno’ unos pocos votos al Polo- ¿qué les costaba políticamente a los dirigentes del ELN ofrecerle al País un cese al fuego y de hostilidades, al menos durante la existencia del proceso de paz en construcción? No les costaba nada, nada, políticamente de cara a la Opinión pública, y por el contrario les reportaba una credibilidad y un rédito de confianza importantes. Pero, claro, los señores del ELN siguen anteponiendo sus certezas revolucionarias sobre la fe del pueblo colombiano en su arrepentimiento y la esperanza del mismo pueblo en que el ELN finalmente se bajará de su nube para aterrizar con el sentimiento real de los colombianos, ‘remamados’ con su terrorismo, pero más todavía con su arrogancia y su sexto sentido que los hace sentir ‘providenciales’, algo que los colombianos debieran agradecer y aplaudir.

Sigamos con las FARC: El jueguito de arrojar las bombas y esconder las manos, intentar secuestros pero no admitirlos –como el caso de Liliana Gaviria-, hacer la guerra pero proclamar deseos de paz, proponer soluciones políticas pero no aceptar mínimas condiciones del Gobierno para el diálogo, revelan una suerte de esquizofrenia política donde las ambigüedades le han tomado ventaja a las claridades, y donde lo político de las propuestas ha cedido su lugar a la retórica burocrática y politiquera del Secretariado y al floripondio autoelogioso del comité de aplausos en Anncol. Sin autocrítica la organización revolucionaria edifica sobre el barro y sin diplomacia navega sobre las rocas. Las razones –y las FARC las tienen, no nos engañemos- merecen algo más que la pobreza intelectual exhibida por las FARC durante esta campaña electoral. En el caso de las FARC los colombianos no sólo están hartos del militarismo impúdico que consideran una imposición degradante hacia los civiles desarmados, sino también lo están con el hecho de que las FARC se hayan convertido en mamagallistas crónicos, y ya no se pueda dilucidar cuándo hablan en serio y cuándo están ‘cañando’. La soberbia armada duele pero la manipulación del lenguaje hiere más profundo. La degradación de la mentira pesa más que el fusil apuntando, finalmente la muerte libera lo que las mentiras y los sofismas condenan a insoportable agonía.

Uribe puede estar tranquilo en cuanto a que lo esperan cuatro años más de Gobierno. Pero debiera preocuparse un poco más por fijar los horizontes de la Colombia post-Uribe. Porque los gobiernos pasan, los gobernantes también, pero los pueblos quedan. Uribe asumirá la Presidencia el 7 de agosto pero no podrá evitar los ciclos de la naturaleza política. El sol se comenzará a poner a sus espaldas solo 24 horas después del primer día de su segunda presidencia. Asumirá esta vez en el mediodía de su mandato, no a las cero horas. Eso, lo del amanecer y la mañana fue durante estos cuatro años que ya pasaron.

No lo olvide señor Presidente, ni nos olvide a quienes a partir del 2010 ya no contaremos con su conducción desde la Presidencia. Si los primeros cuatro años fueron de ponerle ‘tatequieto’ a los violentos y los ‘Marulanda’, ‘Gabino’ y Castaño pueden dar fe de ello, los segundos cuatro años deben servir para que los violentos desistan, unos de insistir y otros de reincidir. Ni unos ni otros harán esto o dejarán de hacer aquello por temor a la extradición, o a la Corte Penal Internacional. Harán lo que finalmente harán movidos por sus convicciones más íntimas y porque sientan que lo que vayan a hacer resulta coherente con su propia evaluación de la hora presente y futura. El tiempo de las guerrillas puede que no vaya a terminarse durante los próximos cuatro años, así como nada podrá evitar que asomen nuevas generaciones de autodefensas si los problemas subsisten y las realidades son más tercas que los mejores deseos. La libertad implica riesgos y la democracia trae consigo incertidumbres. Toca a los estadistas aportar lo mejor de sí para que los riesgos se minimicen y las incertidumbres sean menores. Los estadistas vencen siempre allí donde persuaden no necesariamente donde se imponen. Allí donde algunos creen haber logrado la victoria militar sucede muchas veces que solamente se está pateando el problema hacia más adelante. Gobernar es persuadir, no lo olvide señor Presidente.

A la izquierda democrática le tocan cuatro años de doble oposición. Oposición al gobierno de Uribe y oposición a quienes compiten con la izquierda democrática por hegemonizar la oposición a Uribe. Queda en manos de esta izquierda fijar su política frente a la ultraizquierda de FARC y ELN. La experiencia post-Garzón en la Alcaldía de Bogotá deberá arrojarle suficientes luces para que las guerrillas marxistas y los marxistas no guerrilleros jueguen a favor y no en contra de sus posibilidades electorales. Lucho Garzón y Carlos Gaviria están llamados a protagonizar desde el perfil izquierdo el milagro de acercar la paz y fortalecer la democracia, pero si con la paz no pueden solos, finalmente, debiera esperarse y desearse que con la democracia sí puedan, y en su defensa frente a la insurgencia armada los colombianos puedan contar también con la izquierda democrática.

Las AUC desmovilizadas deberán contar a partir de ahora más con su propia fuerza política que con la gestión del Presidente, Uribe o el que fuese. Es bueno callar, pero no todo el tiempo. Es bueno llamarse a silencio, pero no sobre todos los temas. Es de nobles, ser humildes ante las críticas y no dejarse sobornar por la vanidad del triunfo de las propias tesis. Sin embargo, una gran parte de Colombia se había acostumbrado buenamente en los últimos diez años a recibir de las Autodefensas su mensaje de fe y esperanza en la paz de Colombia, y en el triunfo de la democracia sobre la subversión armada. Regiones enteras del País se sienten hoy literalmente desamparadas sin acertar a saber si es que las Autodefensas solamente firmaron la paz o, además, también claudicaron en su voluntad de abrirle a la otra Colombia un camino diferente al de las armas guerrilleras y el tradicional abandono de los partidos tradicionales.

Se comprende y se abona la buena voluntad de las AUC en no crearle a la reelección de Uribe más dificultades que las muchas que esta reelección ha debido enfrentar. No necesitan las AUC ser uribistas para darse cuenta que si la paz de las AUC fue firmada con el gobierno de Uribe no hay por el momento, al menos por los próximos cuatro años, ningún mejor garante de esa paz firmada que el mismo Uribe. Mientras las FARC y el ELN hablan de paz todo el tiempo, pero todos los días buscan su ‘positivo’ asesinando colombianos, las AUC han dejado de hablar de paz, pero hicieron la paz que estaba a su alcance hacer. Y un poco más también, porque han quedado vacíos de seguridad que no podrán permanecer siempre así. La necesidad tiene cara de hereje, y los espacios vacíos se ocupan, por unos o por otros, pero el vacío político no existe, mucho menos si la guerrilla pugna por regresar a los sitios de donde fue expulsada y el Estado brilla por su ausencia o por su cobardía.

Estos son los tiempos en que nos ha tocado vivir, los tiempos que solo en las redacciones capitalinas de los grandes periódicos pueden sonar aburridos o faltos de emoción, tal vez porque la adrenalina no se pone en movimiento cuando la única diversión en algunos medios sigue siendo la de ‘escupir hacia el cielo’ esperando que Uribe denuncie la presencia de uno que otro disfrazado en las filas del Polo, o Carlos Gaviria produzca el milagro de que la izquierda comience a llamar a las FARC y al ELN por lo que ellas son, no por lo que ellas consideran que son.

Y no es que se deba calificar a las FARC y al ELN de terroristas, no es preciso llegar hasta allá. Tampoco de bandidos y narcotraficantes, porque no es eso lo medular del asunto, ni lo esencialmente condenable en este caso. Sonaría más a insulto que a calificación política y no se trata de eso en este contexto eminentemente político y democrático.

Conque el Polo condenase la insurgencia armada contra la democracia y el Estado, y los actos atroces, y de lesa humanidad, en contra de la población civil, como métodos de lucha política execrables para alcanzar cuotas de poder, sería más que suficiente y alcanzaría para que el ´paz y salvo´ extendido hasta ahora por la izquierda democrática a las FARC y el ELN caducara. Cualquier definición incompleta –o más bien indefinición- en este terreno alienta la confusión y el descrédito de las corrientes de izquierda democrática, lo cual más que beneficiar a Uribe coyunturalmente, debilita la democracia colombiana de forma estructural y permanente, al retacearle al sistema democrático la credibilidad y confiabilidad de la ‘pata izquierda’ de la mesa, vital para su crecimiento y desarrollo.

Carlos Gaviria calló lo que Colombia esperaba oír de su boca siempre respetada y respetable, como intelectual humanista, como jurista, como político. Perdió una oportunidad inmejorable en el corto y mediano plazo, cuando recibió el apoyo plebiscitario en las internas con Navarro, el 12 de marzo, y renunció con su silencio a producir el viraje histórico que pudo haber cambiado de tajo, el presente y el futuro de la izquierda democrática, y del propio sistema de poder inherente al Estado social de derecho que Gaviria ha sabido enaltecer con sus conocimientos y enseñanzas de toda la vida.

Ahora le toca a Lucho Garzón prepararse para cuando le llegue ese momento, lo cual ni es improbable ni está tan lejos, aunque se sabe, las oportunidades de la vida no siempre aparecen junto a las condiciones de las personas. Solemos llegar un segundo antes, o un segundo después. Fatalmente, para Colombia, y para la izquierda colombiana, Carlos Gaviria no cumplió su cita con la Historia. Tal vez quiso y no lo dejaron, tal vez ni quiso ni lo hubieran dejado.

Lo cierto, es que apelar a la suma de las distintas formas de lucha política no siempre es una suma convencional que produce un acumulado positivo. Suele convertirse como esta vez en una suma algebraica donde los pasos de ‘lucha democrática’ del Polo, al sumarse con los pasos de ‘lucha armada’ de FARC y ELN, terminan acumulando un resultado político negativo, con lo cual el resultado definitivo es cero, o incluso algún número negativo. Queda para el análisis posterior el porqué de la suma de ‘Polo Democrático’ más ‘Plomo Democratico’ no termina en este caso favoreciendo a nadie, ni siquiera a sus ideólogos. Es aquí, en el campo de las matemáticas aplicadas a la política donde la estrategia del Partido Comunista y las FARC & ELN no produce los efectos deseados por sus autores.
A menos que se llegue a la conclusión de que tanto el Partido Comunista como las FARC y el ELN estén cómodos en su posición actual y no se propongan otra cosa que cerrarles con su estrategia el camino del poder no ya a sus declarados enemigos y adversarios sino a sus socios en el Polo que pagan de su chequera política las componendas ‘reaccionarias’ de sus socios del PCC, las FARC y el ELN. Si esta es la conclusión la recomendación afectuosa para Lucho y su combo es que se atengan a aquel dicho popular que asevera que ‘con amigos así, para qué enemigos’.

Mientras tanto, a Horacio Serpa se le apareció la Virgen con el ‘fuego amigo’ de las FARC y el ELN sobre el Polo. Puede que ahora respire más aliviado y se disponga a celebrar desde ya su ahora más probable triunfo sobre Carlos Gaviria. Con lo cual su cuarta candidatura no luce tan aventurada si el Partido Liberal decide que sigan los mismos con las mismas.

Con lo cual las AUC debieran comenzar a pensar seria y realistamente en preparar desde finales de este año un equipo de primer nivel que se proponga competir políticamente en las grandes ligas nacionales a partir de 2010, no para solazarse en el ‘autoelogio’ acrítico ni en la contemplación absorta y maravillada de las propias tesis, sino para compartir las propias en el marco de alianzas inteligentemente montadas, de las cuales -tesis y alianzas- han sabido dar pruebas las AUC en los últimos diez años. O si se quiere, no darlas, que también se puede decir así, significa lo mismo, y luce políticamente correcto. Algo va de la práctica ilegal de la sedición como reacción político-militar a la respuesta legal y estructurada de la lucha política en la democracia. También hay un mundo de diferencias –de concepción y de ejercicio- entre percibirse en el futuro próximo como ‘miembros de un club de veteranos de guerra’ o visionarse como actores políticos en pleno derecho y con vocación de poder y de servicio.

¿O alguien en su sano juicio piensa que las AUC desmovilizadas esperarán sentadas que los ‘Marulanda’ y los ‘Antonio García’ ocupen sus curules, sus despachos ministeriales, o sus puestos de mando en alcaldías y gobernaciones, sin competir sanamente las AUC, con ideas, pueblo y base social empujando, por ideales democráticos que nacieron con la guerra pero no están destinados a morir con la paz. En las calles, codo a codo, las Autodefensas también sabrán demostrar que son mucho más que dos. Y que con ‘tu puedo y con mi quiero’ la democracia prevalecerá sobre sus enemigos de izquierda y de derecha.

Ni locos que estuvieran los ex comandantes de las AUC para perder en el juego mal jugado de de la política lo que supieron ganar durante la guerra, o más aún, para perder en la inmovilidad política lo que ganaron en credibilidad y confianza popular al luchar primero, y desmovilizarse después, no bajo la presión de la derrota inminente, sino por el contrario, pese a la seducción del triunfo y la tentación del narcotráfico de volverlos ´señores de la guerra’.

Mientras tanto, las AUC desmovilizadas tienen demasiados y muy buenos amigos en Colombia y en el mundo, y los siguen acrecentando a diario, como para someterlos a los riesgos de su ‘fuego amigo’ al estilo que utilizan las FARC y ELN en perjuicio de lo suyos.

Así las cosas me atrevo a adelantar que Uribe está hoy más cerca del 60% que del 50%, y que Gaviria por causa del ´fuego amigo’ está más cerca del 10% que del 20%.

Serpa disfrutaría, enormemente, con no bajar del 20% -lo festejaría como un triunfo-, aunque lo veo improbable faltando 12 días solamente para el 28 de mayo. Lo que sí considero altamente probable es que el segundo puesto sea suyo como premio a su ‘insistencia’.

Con estos números en mente me puedo dar el regalo personal de votar por Mockus –el mejor candidato a mi modo de ver- y no sentir cargos políticos de conciencia.

Después de todo, ni soy el D’Artagnan que mueve centenares de miles de votos ni el Alfonso López Michelsen de sus mejores épocas cuando ponía a pensar a los colombianos.

Lo mío es más elemental, más modesto, abrirle espacios de reflexión a quienes están dispuestos a abandonar las armas y abrazar la causa del progreso de Colombia y de los colombianos, sin pretender yo que paguen precios por lo que hicieron o dejaron de hacer durante la guerra, sino invitándolos a que se ubiquen en el sitio de sus preferencias, a derecha o a izquierda, sin más compromisos con Colombia y con el mundo que preservar la propia vida y la de los demás como un lujo al que no podemos ni debemos renunciar.

Y cuando hablo de preservar la vida no descarto la calidad de vida, por supuesto que no, solo que lo primero es lo primero.

En Colombia todavía estamos en deuda con todos los colombianos por ese primer derecho elemental e insustituible de la vida. No solo guerrillas y autodefensas, también la clase política, el Estado y sus fuerzas militares y policiales. Lo demás vendrá por añadidura, lo que no significa que vendrá sin esfuerzo, y menos todavía que no debamos ya comenzar a trabajar políticamente en la dirección correcta de mejorar la calidad de vida y la equidad social.

Sobre estos temas y otros me gustaría conocer el pensamiento político de las AUC desmovilizadas.

Eso sí, después del 28, y sin afanes, paso a paso, lo primero es lo primero, de menor a mayor, no faltaba más.

Como estaba inscripto sobre el frontispicio del templo donde operaba el oráculo de Delfos, en la Antigua Grecia: “Todo en su medida y armoniosamente”.

Entre FARC, ELN y AUC, las AUC llegaron primeras a la Mesa de la Paz, lo cual es un dato cuantitativa e históricamente irrefutable.

Lo cualitativamente importante es lo que vino después de haber llegado primero: las AUC desmovilizadas están demostrando que saben hacer las cosas políticas en su medida y armoniosamente, y que, en definitiva, no solamente han llegado primeras sino que han sabido llegar.

Algo que todavía les falta por demostrar a FARC y ELN sobre cuya capacidad política y voluntad de paz tampoco tengo dudas.

Finalmente, también ellos están dándole vueltas a aquello sobre lo cual nos alertara alguna vez Salvatore Mancuso antes de su desmovilización: "La mejor guerra es la que no se hace y la peor guerra la que se pierde".

Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de “Esencias y matices’’ pueden ser consultados en:

mayo 08, 2006

FARC & ELN: Riesgos de implosión acercan proceso de paz


‘Dosis personales’ de terrorismo y narcotráfico los están acabando


Esencias y matices (14)


Por Juan Antonio Rubbini Melato
juan_rubbini@yahoo.com.ar
www.lapazencolombia.blogspot.com



Hay organizaciones armadas que resultan invencibles con relación a quienes las combaten. Esto las lleva a celebrar la ausencia de victoria ajena como si fuese la propia victoria. Confunden la paridad con el triunfo. Solo ven quietud allí donde todo está en movimiento. Craso error. Al celebrar la impotencia ajena como propia fortaleza ignoran el enemigo más potente y destructor. El que se acurruca en el propio nido. El que va gestando la trama con infinita paciencia hasta que llega el momento de dar el golpe letal. Pero en ese momento ya es tarde. El presente es pasado y el futuro se vuelve imposible de asir. Todo ha terminado.

Cuando el conflicto armado haya finalmente concluido quedarán cuatro iconos en la historia y cuatro historias de vida en el corazón y la memoria de los colombianos. Nadie podrá quitarle a ‘Manuel Marulanda Vélez’, a Camilo Torres Restrepo, a Carlos Castaño Gil y a Álvaro Uribe Vélez su derecho a seguir relatando –por los siglos de los siglos- a las generaciones futuras la razón de sus vidas y de sus desvelos. No serán recordados por sus errores sino por sus aciertos, por su enorme capacidad de poner el ‘dedo en la llaga’ de los males colombianos y ofrecer sus pechos a las balas para acercar la solución de la tragedia nacional. Si no somos capaces de ver en los actores de hoy los futuros personajes de la historia nos privaremos de reconocer en su contemporaneidad aquello que estuvo cerca de nuestros ojos ver y de nuestra mente entender cuando todavía estábamos a tiempo de rescatarlos del sectarismo y los lugares comunes, de la triste caricatura a la que reducen la vitalidad humana los escribientes de oficio y los cínicos de vocación.

Es en este sentido que la historia de Colombia no terminó con Bolívar y Santander, ni la política se agotó para siempre con la aparición de los Partidos Liberal y Conservador. Es en este sentido en el que digo que la izquierda no se agota en el Polo, ni el oficialismo liberal será siempre oficialismo ‘serpista’. Es en este sentido en el que manifiesto que también hay un espacio en el centro-derecha donde el ‘inexistente’ Partido Progresista Colombiano puede reunir la vocación de poder y la vocación de servicio, de quienes hoy están en algún lugar del universo ‘uribista’ y por qué no tal vez en los pliegues recatados y mudos –pero no para siempre- de los que no se han dejado seducir por la satanización en boga contra las AUC y ven con ‘buenos ojos’ a los Castaño y los Mancuso, y los demás ex comandantes que firmaron la paz en Ralito. Amanecerá y veremos.

Hoy estamos en la etapa final de un 'campeonato' y los ojos puestos en el 28 de mayo y el 18 de junio. Y así como los partidos de fútbol se acaban cuando lo señala el árbitro y no antes, los votos se cuentan de a uno en las urnas y no en las encuestas. No lo digo por cuestionar las encuestas, sino por censurar la actitud de quienes se aprestan a seguir la jornada del 28 por televisión y sin votar, como si el triunfo o la derrota estuviesen asegurados desde ya. O como si la indiferencia y la abstención fueran el remedio contra los males nacionales. O las llaves del progreso. El voto nunca será el final, pero sí el comienzo de todo.

El ‘cuentapropismo’ sacude las estructuras internas de FARC y ELN. Lo que no pudieron lograr los ejércitos enemigos lo está logrando el virus incontenible inoculado en las venas abiertas de FARC y ELN por el ‘coctel molotov’. Los ‘nuevos señores de la guerra’ han descubierto que lejos de la inaccesible Revolución yacen a disposición los circuitos financieros donde el dinero se reproduce y los apetitos de consumo se exacerban.

Ninguna organización revolucionaria en el mundo puede resultar impune por mucho tiempo a la mezcla ‘implosiva’ en la sangre doctrinaria de agudos ‘remordimientos por el secuestro’, sombrías ‘pesadillas por la siembra de minas anti-persona’, insomnios producto de ‘terrorismo urbano’. Incluso, el asesinato que no se quiere reconocer como propio sino que se endosa a los enemigos – o a los adversarios de los amigos- ya no busca el propio reconocimiento ‘revolucionario’ sino solamente el mal de los adversarios o de los enemigos. La degradación alcanza con la mentira descarada su grado máximo, cuando la mentira es necesaria no solo como arma política, sino como convencimiento hacia sí mismo de que tanto daño cometido por la propia mano no puede ser cierto, porque uno mismo no resiste cargar con tamaña culpa. Desde El Nogal hasta Liliana Gaviria, las cuentas de la camándula siniestra no pueden sino exhibir impúdicas la pérdida de fe, no ya religiosa, sino de cualquier éxito de cualquier Revolución.

Lo anterior corroe las energías revolucionarias subsistentes en las FARC y el ELN pero no lo explica todo. Aunque suene benévolo con las FARC y el ELN lo de fondo no es solamente la degradación personal del ‘cuentapropismo’ en el que están incurriendo unos cuantos individuos pertenecientes a sus estructuras –no pocos- sino la pérdida de eficacia del sistema de control interno ocasionado por la entropía a la que ninguna organización escapa con el correr de los años. Sin embargo, no es la entropía de lo que me quiero ocupar en este artículo, sino de la implosión que aparece como el riesgo más grande que está tocando a las puertas de FARC y ELN. Esto afecta más a las FARC que al ELN, porque al ELN lo protegen en buena medida de la implosión su propia pequeñez, sus limitadas fuerzas, el hecho de su fracaso económico y militar, y un cierto instinto político que, por ley de compensación, cubre los déficits económicos y militares. Esto, sin embargo, no pone al ELN a salvo de la implosión que se está avecinando en las FARC, dado que la alianza entre ambas fuerzas nutre al uno con las fortalezas del otro, pero igualmente desgasta lo de uno con las debilidades del otro.

En el caso de las FARC el riesgo de implosión es inminente –para que se entienda mejor, lo de la ‘Teófilo Forero’ es equivalente al nivel de alarma 1 en el Galeras- y fue el éxito económico y el crecimiento militar habido en los tiempos de bonanza del Caguán lo que trajo como consecuencia no deseada la actual situación. El peor enemigo de las FARC en este momento no es la Seguridad Democrática, ni el Plan Patriota, ni los EEUU. Por el contrario, allí están los mejores aliados si con 15 años de demora las FARC deciden que llegó la hora de llevar a cabo de frente y sin cortapisas una negociación de carácter político con el Presidente de Colombia.

Las AUC, con los Castaño y los Mancuso a la cabeza, están marcando desde 2002 el camino que, por un lado implica sumarse a la reinstitucionalización del Estado y la mayor inclusión social en la democracia, de regiones enteras sometidas hasta aquí a la coacción del ilegal más fuerte; y que por otro lado implica comprometerse de cuerpo y alma en la erradicación y sustitución –por propia mano- de decenas de miles de hectáreas de cultivos ilícitos. No se trata de delatar a nadie, ni de negarle a nadie su segunda oportunidad en la vida, sino de quitarle a Colombia su gran cruz y estigma, y a cualquier guerra –presente o futura- los dólares y los euros de su banquero mayor: el narcotráfico. Y en esto no solo las AUC desmovilizadas, sino también las FARC y el ELN, pueden contar con la buena disposición del gobierno de los EEUU.

La doctrina de los DDHH fue asumida plenamente por EEUU y por Europa, a finales de los ’70, como el instrumento político-humanitario por excelencia de confrontación con el régimen comunista de la Unión Soviética. Se trataba de salir del mundo de la Guerra Fría con una victoria neta en favor de la democracia y el capitalismo. Urgía facilitar por caminos eficaces –no militaristas- la implosión de los regímenes comunistas del Este de Europa, los cuales estaban sometidos a la dirección hegemónica del Partido Comunista ruso. Eran los tiempos en que moría Paulo VI, y el Papa ‘polaco’ iniciaba su Pontificado. Cuando Lech Walesa con su sindicato Solidaridad agitaba desde Polonia –y en alianza con la Iglesia de Roma- la reivindicación de la conducción del movimiento obrero sin las tenazas de la doctrina comunista, así como sembraba con su activismo libertario el futuro de la nación polaca por fuera de la dictadura de la Unión Soviética. Años atrás Hungría y Checoeslovaquia –entre otros pueblos mártires, símbolos de la resistencia anti-comunista- habían sucumbido en el intento, pero ahora el desenlace prometía ser distinto. El bloque comunista europeo comenzaba a exhibir grietas en su interior que no detendrían su profundización y acabarían colapsando el sistema. Sistema que ya en tiempos de Breznhev no podía disimular su aterosclerosis y entropía. Allí se precipitó finalmente ‘el socialismo real’ a comienzos de los ’90 y Gorbachov no fue la causa sino el broche final de la larga crónica de una muerte anunciada cuando el ‘humanismo’ de Khruschev no logró sostenerse en los ’60. El comunismo de la Unión soviética y sus satélites europeos no fue derrotado por ejércitos enemigos, sino por la implosión de sus contradicciones internas potenciadas desde fuera por el desarrollo económico, el avance tecnológico y la doctrina de los derechos humanos que se abrían camino en el mundo no comunista, auspiciados por EEUU, Europa y el papa Juan Pablo II.

La desmovilización del M 19 y la Constitución del ’91 significaron que no solo el Establecimiento y los partidos políticos sino también un referente importante de las guerrillas colombianas se subió al tren de la democracia, el capitalismo y los derechos humanos e interpretó los signos de los tiempos de manera adecuada. También lo entendieron -a su manera- los ‘narcos’ de la época que lograron con sus presiones económicas y terroristas que la no extradición tuviera rango constitucional. Claro que hubo chantaje de parte de los ‘narcos’ pero en buena medida se trató también de una ‘extorsión concertada’ , ’políticamente correcta’ a los ojos del Establecimiento. Si en ese momento -1991- desde EEUU y Europa hubiesen cesado las ‘importaciones ilícitas’ de ‘sustancias ilícitas’, los ‘narcos’ colombianos hubiesen negociado con las autoridades colombianas su sometimiento a la ley, habrían pagado en Colombia sus penas atenuadas por la negociación, y serían hoy, muy probablemente, en su gran mayoría empresarios dedicados a sacarle provecho lícito a la globalización, visto que su aptitud para el mercadeo y la logística del comercio internacional ha resultado tan exitosa como ilícita. Una cosa no quita la otra. Y si los deméritos son merecidos, los méritos no tienen por qué no reconocerse.

Por motivos que escapan a Colombia la demanda internacional de sustancias ilícitas no dejó de fluir hacia nuestro país. No es ciertamente la oferta la que generó su demanda, sino más bien lo contrario, fue la demanda, originada en los países económicamente más poderosos de la tierra la que generó inicialmente la oferta, y después la mantuvo, década tras década, sin que la tragedia de Colombia y de sus habitantes hubiese merecido el apoyo internacional que los estragos del ‘vicio ajeno’ producían y siguen produciendo en nuestra tierra. No son los ‘gatillos’ colombianos en la sien de los ‘poderosos de la tierra’ los que obligan a consumir en EEUU y Europa el ‘producto nacional’, sino que son los dólares y los euros –y también las armas- de los viciosos y los delincuentes de esos países quienes hacen su ‘negocio’ y su ‘placer’ con la sangre de los colombianos.

Hoy vemos que el mundo dejó atrás la Guerra Fría (1946-1991) y su dinámica inercial (década de los ‘90) para introducirse a partir de 2001 en lo que algunos llaman la III Guerra Mundial, la que enfrenta organizaciones terroristas con sistemas democráticos, ya no por motivos tan claros como los ideológicos que enfrentaron a nazis, fascistas, comunistas y demócratas entre 1939 y 1945, y los propios de la descolonización del África principalmente durante el siglo XX, sino por razones o sinrazones que resulta difícil deslindar de simples coartadas para el crimen y el narcotráfico, aunque lucen en su trasfondo intereses económicos, recursos naturales, mezclados o no con argumentos religiosos, políticos, étnicos o simplemente tribales.

El combate a las ‘amenazas terroristas’ se ha convertido no solo en el caballito de batalla de las ‘democracias amenazadas’ sino también en su razón de ser última y fundamental. En esto la ‘seguridad democrática’ de Uribe no se diferencia esencialmente de las políticas de seguridad interna de los EEUU, ni de los países de la Comunidad Europea ni de los gobiernos que en Asía o en África enfrentan el nuevo fenómeno terrorista, sin haberse quitado de encima todavía los últimos vestigios de la Guerra Fría y las guerras de liberación nacional en el ‘Tercer Mundo’, en su lucha contra el colonialismo y el neocolonialismo, sin olvidar en este rápido recuento el caso especial del Estado de Israel y su ´tierra prometida’ enclavados en el corazón del mundo árabe, así como el derecho inalienable del pueblo palestino a constituirse como un Estado con su propio territorio.

Los cambios geopolíticos operados en el mundo en el último cuarto del siglo XX tomaron por sorpresa a las FARC y al ELN. Estas guerrillas fueron creadas en los ‘60 al calor de la dinámica propia de la ocupación de tierras ubicadas en los extremos de grandes latifundios, colonización periférica hacia los límites territoriales del País, extensión de la frontera agrícola, todo lo cual acentuó el conflicto social por la propiedad de la tierra en Colombia. Estos ‘embriones guerrilleros de poder popular’ fueron puestos al servicio de las políticas de la Unión Soviética y de Cuba –tras la crisis de los misiles en Cuba, protagonizada por Castro, Khruschev y Kennedy- en pleno desarrollo de la Guerra Fría, como ‘mecanismos de presión ‘revolucionaria’ sobre el ‘patio trasero’ de los EEUU. Sobre esto podría dar luces el Partido Comunista Colombiano, y mucho le aportaría este esclarecimiento al conocimiento de la verdad histórica que prefieren esconder los dirigentes comunistas - hoy en el Polo- tras el ‘disfraz’ de Carlos Gaviria.

El primer gran momento histórico para que las FARC y el ELN encontrasen su espacio legal en la política colombiana fue el momento inmediato posterior a la desmovilización del M 19. ¿Qué eso hubiese significado renunciar a sus propósitos revolucionarios? A mucho más renunciaron los dirigentes comunistas de la Unión Soviética que hoy están integrados a las estructuras de poder de Rusia y sus naciones amigas. Perseverar en el acierto es un mérito, pero perseverar en el error es una soberana estupidez. Si lo entendieron los comunistas rusos –sucesores de Trotski, Lenin, Stalin- ¿cómo no lo acaban de comprender todavía en Colombia los dirigentes de las FARC y del ELN, así como los dueños del Partido Comunista Colombiano que siguen acolitando la combinación de todas las formas de lucha?

Puede que sea porque se aferran al significado revolucionario de Fidel Castro –uno de los hombres más ricos de la Tierra-, a la subsistencia de la dictadura del partido único en Cuba –el país donde la libertad de prensa es la más irrespetada de América Latina- y sueñan conque Colombia será finalmente –en llave con Hugo Chávez- la Rusia de Lenin en 1917, la China de Mao de 1949, la Cuba de Castro de 1959, la Camboya de Pol Pot de 1976. Esto le suena a pesadilla al 90 % de los colombianos, incluidos quienes dentro del Polo, recién ahora –tras los ecos del paro de transportes en Bogotá- están tomando nota, a partir de las declaraciones de Lucho Garzón, de quiénes cohabitan sobre el mismo ‘casquete polar’. Tras las barbas de Santa Claus se encubre el Caballo de Troya con que el siglo XX pretende tomar por asalto el siglo XXI y jalonarlo hacia atrás. Como si las FARC, el Partido Comunista y el ELN coincidieran en un solo punto ante la coyuntura electoral. En el hecho de que Carlos Gaviria es lo más parecido que tienen a mano para regresar a Colombia a los tiempos de Salvador Allende, en el Chile de 1970. Y no es que Gaviria les sirva para gobernar, sino que Gaviria podría traer a Colombia algún émulo de Augusto Pinochet, un dictador de ese talante de ultra-derecha que es lo que las FARC y el ELN necesitarían para reencaucharse.

Léase bien, las FARC y el ELN quieren retroceder la historia del mundo –no solo la de Colombia- 36 años atrás. Claro, finalmente uno las entiende. Todo tiempo pasado fue mejor, entre otras cosas porque en aquel tiempo éramos jóvenes y el futuro era todo nuestro y no teníamos porqué compartirlo sino con quienes estaban dispuestos a seguirnos tras la consigna de Vencer o Morir. Sin embargo, como dice una vieja canción italiana, ‘vencer no han vencido, tampoco han muerto, pero por causa suya ha muerto tanta gente, que no quería ni vencer ni morir’. Eso sí, paradojas de la Vida, si la consigna propositiva de las guerrillas fue Patria o Muerte, Colombia escogió sabiamente por la Patria, no por la muerte. Ni siquiera el Viva la Muerte, que algunos ultraderechistas alzaron en España fue aceptado en Colombia, donde la muerte está siendo vencida no porque Uribe quiere, sino porque Uribe interpreta a cabalidad lo que Colombia quiere, el triunfo de la Vida sobre la Muerte. Y esto no es todo, ni en cuatro ni en ocho años, pero es un buen comienzo en la dirección correcta.

Un apunte sobre lo anterior. Salvador Allende, en Chile, no hubiese triunfado nunca, en las condiciones de aquella época, si hubiese existido la exigencia de la ‘segunda vuelta’. Podemos agregar entonces a la política de los derechos humanos como factor de ‘desestabilización’ de la Unión Soviética, el recurso de la ‘doble vuelta presidencial’ como factor de ‘civilización’ de la política en América Latina para que quien asuma el poder tenga al menos el 50 % más uno de los votos, sea en forma individual o tras una coalición, que bien puede celebrarse entre la primera y la segunda vuelta.

Aquí es donde la izquierda colombiana está demostrando su escasísima voluntad de poder. Ni en la primera ni en la segunda vuelta es dable pensar que en una elección presidencial, nada menos, los votos mayoritarios puedan dirigirse a un grupo político o una coalición donde las FARC y el ELN tengan cabida –directamente o a través de ‘testaferros’. A mí tampoco, como a Carlos Gaviria, me gusta darles consejos a mis adversarios políticos, pero en aras del buen sentido no puedo evitar manifestar que la izquierda demostrará que tiene vocación de poder cuando condene sin eufemismos la lucha armada –es decir la insurgencia- como recurso político. El debate no es entre estas dos posiciones: 1) con la insurgencia sí, y 2) pero con el terrorismo no. Eso es ‘orinar fuera del tiesto’. En la democracia del siglo XXI, la de los derechos humanos, la segunda vuelta, la tercera guerra mundial, el terrorismo y el narcotráfico, no hay insurgencia que valga, ni mucho menos terrorismo que valga, cuando se trata de afirmar las convicciones democráticas y negar rotundamente cualquier contemplación o intento de justificación de la lucha armada, sean cuales fueran las razones que se aleguen.

La izquierda no solo está dejando pasar una brillante oportunidad política –la de mayo de 2006- sino que se está auto castigando, por no hacer los goles que debió hacer, a padecer los goles en su portería de quien sí los sabe hacer.

En esto las FARC y el ELN debieran dejar de mirarse complacientemente el propio ombligo y tomar nota de la ventaja que les han tomado políticamente las AUC.

Tan grande es la ventaja que ni siquiera necesitan las AUC exhibirla porque todo el mundo la ve.

Sin embargo, insisto en que la negociación política con las FARC está más cerca de lo que muchos suponen. Los últimos insucesos con la ‘Teófilo Forero’ son manifestaciones elocuentes de que las organizaciones revolucionarias que no maduran en el preciso momento y en el justo lugar se someten al riesgo de la implosión. Es decir, que no terminan destruidas desde afuera sino consumidas desde su propio interior al calor de las llamas de las contradicciones irresueltas.

Lo que las FARC y el ELN debieron haber resuelto a favor de su abandono de la lucha armada en 1991, quince años después se ha convertido para ellos en un polvorín donde no hay COCE, ni Secretariado que valga, ni Estado Mayor Central que se respete. La ley del ‘cuentapropismo salvaje’ y del ‘sálvese quien pueda’ logrará lo que no lograron en su momento ni la represión en Marquetalia, ni la doctrina de la Seguridad Nacional, ni los bombardeos de La Uribe.

La ‘novela’ de la habilidad estratégica de las FARC y el ´cuento’ de los bienpensantes del ELN está llegando a sus últimas páginas.

La solución política negociada es ahora sí –tras sus primeros cuatro años de gobierno- la carta ganadora de Uribe para su segundo mandato presidencial. Mal harían los ‘uribistas’ si no le tienden las manos a quienes desde las FARC y el ELN alcen sus ‘banderas blancas’ no de rendición, pero sí de paz.

Está llegando la hora de que ‘demócratas y guerrilleros’ dejen de sentir aprensión por darle forma y contenido a las soluciones políticas negociadas y cambien ese temor por el horror compartido hacia la prosecución de la guerra.

También está llegando la hora de que los auténticos revolucionarios –que son mayoría entre las guerrillas- y los gobernantes con visión de estadistas –que también los hay en la conducción del Estado- dejen de vivir el final del conflicto armado y la inevitable solución política como una claudicación, como una humillación.

No se trata de quién tuvo o no la razón en los últimos cuarenta años de vida colombiana, sino de cómo sentar las bases para que durante los próximos cuarenta años y muchos más, ninguna razón por buena que sea esté por encima de la razón de la vida que es compromiso de todos defender como el derecho humano más sagrado.

Cuando las FARC tiendan la mano hacia la solución política, que nadie quiera cortarles esa ‘mano tendida’. No vaya a ser que la demencia de ultraderecha quiera jugar a la ‘ruleta rusa’ de pretender que la implosión de las FARC siga su curso, con el argumento de que ellas se destruirán en el proceso. Lo que sucederá es que se llevarán con sus restos esparcidos por todo el territorio buena parte de lo que queda en pie de Colombia. No se trata de ceder a los chantajes pero sí de saber que en política el dilema no consiste casi nunca en escoger entre el bien y el mal, sino que suele ser el caso más común aquel otro en el cual se trata de elegir entre dos males el menor.

En este caso, entre el triunfo imposible y la solución política negociada Colombia no duda y las AUC tampoco: El camino de la solución política está abierto en Colombia y así debe permanecer. Ralito hace posible el camino de la vida pero no lo puede concluir por sí mismo ni transitar solo.

Simplemente vivir, no es todo en esta vida, pero es un buen comienzo.

Así la veo yo.

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