julio 24, 2006

Si las AUC no regresan al monte ¿los ‘narcos’ ocuparán su lugar?

La ley 975 no debe ocultarnos que la cuestión de fondo es política


CHAMUYO (9)




¿A qué aspiran las FARC sino a convertirse en las fuerzas ‘paramilitares’ de Chávez? ¿Y a qué le apuntan las nuevas generaciones de ‘narcos’ sino a convertirse en dueños del conflicto armado? Frente a esto ¿quién podrá defender a la población civil si el Estado demora en la recuperación del terreno y del balón? Las masacres de las FARC en Riosucio y Unguía son la otra cara de la moneda que los nuevos socios del ‘conflicto’ exhibieron, a modo de ritual y bautismo de fuego, en Jamundí. Si el Gobierno no se pone las pilas, en vez de enterrar el ‘paramilitarismo’ tras la desmovilización de las AUC, abrirá cándidamente las puertas a los ‘coroneles salvadores de la patria’ que hallarán en Chávez su mentor y entre los vericuetos ‘neocomunistas’ del entorno FARC- PDA sus ‘padrinos’ ideológicos y sus embajadores ante el Estado colombiano y la comunidad internacional.

Que ‘en Colombia hay más territorio que Estado’ es una verdad de a puño, pero no podemos quedarnos en eso y simplistamente ignorar otras realidades circundantes. No existen espacios vacíos ni zonas de neutralidad, ni en Colombia ni en el mundo, carentes de valor geopolítico. No se conciben áreas sin alguna importancia táctica o estratégica en la era de la globalización y las amenazas terroristas, cuando la puja por los recursos naturales, desde el agua hasta el petróleo, el oxígeno y la biodiversidad, somete a prueba la consistencia y soberanía de los Estados, sacude las ideologías y pone en vilo las religiones.

El narcotráfico ha dejado de ser exclusivamente el banquero del conflicto armado colombiano para convertirse en el fiel de la balanza. Mientras exista se reciclará en una espiral ascendente buscando legitimarse políticamente, y lo hará por derecha y por izquierda. Tiene a mano, como maná caído del cielo, el recurso retórico del discurso ‘nacionalista-populista’, algo que el régimen chavista puede inocular en el torrente sanguíneo del conflicto armado colombiano sin extremar demasiado sus escasas neuronas ‘bolivarianas’. El marxismo de las FARC y del ELN es insoportablemente ‘ladrilludo’ para las generaciones satelitales del Internet, en cambio el ‘nacionalismo-populista’ a lo Evo y a lo Chávez es tan fácil de digerir como de divulgar en ‘sesudas’ campañas de adoctrinamiento y alfabetización teledirigidas.

En la Mesa de Ralito el Gobierno asumió con un aire de desdeñoso ‘fundamentalismo democrático’, no exento de soberbia triunfalista, la cuestión de los espacios físicos que ocupan los actores del conflicto. O se sintió muy fuerte y sobrestimó sus posibilidades en el marco de la ‘guerra irregular’ que plantean FARC y ELN o, por cuestión de estrategia negociadora, prefirió ‘desideologizar’ la lucha contraguerrillera ilegal –al estilo de los editoriales de El Tiempo y El Espectador y la línea editorial de Cambio y Semana- y dejar el campo libre de Castaños y Mancusos para la aparición en el ruedo de una nueva generación paramilitar, caracterizada por ser conducida directamente por los ‘capos’.

Una cosa es tener cierto control de las organizaciones armadas ilegales desde la privilegiada posición del banquero que diversifica su cartera de deudores escogiendo a quien le presta y a quien no, y otra bien distinta es la de pasar de financista de la guerra a empresario armado del conflicto, al quedarse con el know how de la empresa, la base social que lo nutre con mano de obra desocupada y uno que otro mando medio calificado que facilite su conversión en el nuevo dueño del equipo. Con un propósito principal: el de hacerlo jugar tácticamente dentro de una estrategia trasnacional donde el conflicto armado es apenas una excusa para incidir en las políticas domésticas y articular redes internacionales que de otra manera estarían fuera de su control que necesita ser hegemónico para situarlo en la antesala del poder y la impunidad. No se nos olvide que su enemigo todopoderoso de los EEUU nunca descansa ni se distrae, aunque haga a veces como que no ve todo lo que ve, ni sabe todo lo que sabe, seguramente en el intento descomunal y trabajoso de conciliar su puritanismo raizal con el capitalismo pragmático, y ambos con la democracia liberal y burguesa, y la Justicia independiente de la política y los negocios.

Lo hemos visto en el último Mundial, quienes triunfaron no lo hicieron por poseer la mejor técnica individual, ni el juego de equipo más lucido para las tribunas, sino que toda la ciencia estuvo en ocupar los espacios claves del terreno y anular desde allí la habilidad y el preciosismo de los adversarios. Finalmente, el control estratégico no lo da la posesión del balón, sino la posesión del terreno que obliga al rival a jugar en los espacios que menos le convienen y donde resulta más sencillo apoderarse del balón.

El narcotráfico ya creció lo suficiente desde los tiempos de Escobar e incluso de los Rodríguez O. –al tiempo que cayeron en la nada política la dupla FARC y ELN y se desmovilizaron las Autodefensas-Se siente llamado a cosas grandes y pretende incursionar en el conflicto armado de manera directa y teniendo el sartén por el mango. Las AUC, y las Autodefensas en general, con la prédica anticomunista y el ejemplo pionero y sacrificado de los Castaño y los Mancuso en los ‘90 resultaba un estorbo mayor para los planes ‘narcos’, que no son ciertamente, en esta etapa de negocio boyante y acumulación capitalista, los de someterse a la Justicia y ser extraditados. El próximo paso es el control del Estado, y para lograrlo celebrar acuerdos con las FARC y con Chávez no es cuestión de principios sino de extrema necesidad, necesidad compartida, además por quienes ven en el Estado colombiano –y particularmente en Uribe- su común adversario a vencer.

Cuando las AUC plantearon la conveniencia nacional de articular su desmovilización a la ocupación plena de los territorios por parte del Estado, no lo hicieron principalmente por temor hacia el regreso de las guerrillas, sino curándose en salud ante la aparición del narcotráfico como eje conductor de una nueva supuesta contraguerrilla, pero esta vez no en defensa de la institucionalidad democrática sino en búsqueda de su propia legitimación social y política que no puede sino darse a través de la transformación del Estado hacia un régimen ‘nacionalista-populista’ que haga del eje con Chávez y el desfalleciente Fidel su ariete para pactar con las guerrillas y someter la democracia y el Estado tal como los conocemos hoy en Colombia.

Si este escenario es el que el Gobierno buscaba propiciar para después de la desmovilización AUC quitarse el sambenito de ‘paramilitar’ y salir a combatir con la venia de EEUU y Europa a diestra y siniestra guerrillas y narcotraficantes ‘paramilitarizados’ ahora lo tiene a su disposición y la voluntad y decisión política de las AUC en no querer regresar al monte lo está sirviendo en bandeja.

Lo que sería un imperdonable ético y político para el Estado colombiano es que, salidas las AUC del conflicto armado, los espacios liberados queden en manos de la tríada compuesta por ‘FARC, ELN y Nuevas generaciones de narcos’, que se sentirán dueños de todo el dinero, todos los laboratorios, todas las rutas y todos los espacios donde sembrar cultivos ilícitos o acondicionar campamentos guerrilleros o contraguerrilleros.

Cuando eso esté adelantado no demorarán mucho en acudir de la mano a pedir la mediación de Chávez para someter a Colombia a sus intereses que no pueden ser otros que los de sentar las bases de un narcoestado nacionalista, populista, a la medida ya no de Carlos Marx, ni siquiera del Libertador Bolívar, sino de la sinarquía política, trasnacional, mediática y financiera donde el único rey y triunfador es el rey Midas y el único dios el Dinero.

Así como va el proceso con las AUC ni está sirviendo para fortalecer el Estado, ni tampoco para favorecer la gobernabilidad, mucho menos para que el Estado se encuentre hoy más cerca que en 2002 de recuperar el monopolio de las armas.

La cuestión de la ley 975, con toda su relevancia para la justa e impostergable reparación de todas las víctimas, no deja de ser un tema judicial que ni quita ni pone en el campo de las materias sustanciales del proceso de paz que siguen siendo de orden militar, en cuanto a seguridad y sustitución de cultivos ilícitos en las zonas de anterior influencia AUC, y de orden político, social y económico, al efecto de incorporar al debate público, en pos del Gran Acuerdo Nacional, el ideario político y las propuestas regionales y nacionales de las Autodefensas, también en materia de protección de la población civil y la infraestructura, prevención del narcotráfico, alertas tempranas de las amenazas terroristas, y solución política del conflicto armado.


Así la veo yo.

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julio 17, 2006

Gobierno y AUC: ¿Proceso de Paz o Proceso de Kafka?

Ley 975: ‘Aquí estoy y aquí me quedo’


CHAMUYO (8)


Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com


La ley 975, más aún después de la sentencia de la Corte, levanta barreras infranqueables entre procesos de paz, acuerdos políticos de desmovilización y marco legal y constitucional. Se ha trancado la puerta de la solución política negociada tal como tradicionalmente la han entendido la izquierda y buena parte del país.

FARC y ELN no negociarán bajo estas condiciones, sino acorralados por un descalabro militar insuperable. Solo se someterán a la ley 975 aquellas facciones disidentes o individuos que decidan desertar.

Sin embargo, no nos engañemos: el texto reformado revela en lo sustancial más afinidades que diferencias entre el Gobierno y la Corte. Uribe sintoniza finalmente con EEUU y Europa en materia de paz. Si el proceso con las AUC requería seguridad jurídica ahora la tiene. La credibilidad internacional del proceso nunca ha estado tan alta. Nadie podrá alzar la consigna de que la ley de Justicia y Paz es una ley de impunidad, ni que la verdad y las víctimas se han dejado de lado. Todos han sido satisfechos excepto, por el momento, las AUC, las FARC y el ELN.

Guerrillas y autodefensas no podrán esperar ahora que un proceso de paz les dé algo más que el derecho a recibir ‘penas alternativas’ bajo condiciones de verdad, justicia y reparación. Hasta aquí llega la solución política negociada tal como la concibe el Gobierno y propicia la Comunidad internacional. Aquellas izquierdas y ONG que a priori condenan a las AUC y absuelven a las FARC y ELN han quedado perplejas ante el tiro que les salió por la culata.

La izquierda verá si prosigue estimulando la combinación de las formas de lucha, y FARC y ELN verán si persisten en su guerra de guerrillas. Los ‘narcos’ estudiarán qué ganan política y jurídicamente ocupando el hueco militar que dejaron las autodefensas. No será el ordenamiento legal la variable de ajuste frente al chantaje armado de los delincuentes políticos. La ley 975 adquiere rigurosa legitimidad ante el consenso establecido por los tres poderes de la democracia, el ‘cuarto poder’ mediático y la aprobación de Europa y EEUU.

El presidente Uribe tendrá que hacer precisiones el 7 de agosto y los ciudadanos sabremos a qué atenernos en materia de acuerdo humanitario y de negociaciones del Gobierno con FARC, ELN y AUC.

La polémica sobre la existencia o no del conflicto armado y el tamaño de la zona a desmilitarizar ha mantenido envuelta en su polvareda la discusión sobre la cuestión principal acerca de qué es lo realmente negociable con guerrillas y autodefensas. El Gobierno sostiene que ni hay conflicto armado ni hay otra forma de reintegrarse a la vida civil que tras el sometimiento a la ley 975. También ha dicho que está dispuesto a aceptar la existencia del conflicto armado, pero sobre qué es lo que considera realmente negociable no ha abierto la boca.

El mutismo tiene su sentido político y evita salirse de los compromisos internacionales asumidos por Colombia y que éste o cualquier otro gobierno que le suceda deberá observar, si todo sigue invariable, frente a realidades tales como la CIDH y el TPI. Los límites internacionales a la soberanía del Estado colombiano se han estrechado notablemente en los últimos años. A los presidentes –y sobre todo a los candidatos- no les gusta reconocerlo en público con lo cual alientan más expectativas de las que están en condiciones de satisfacer. Esto puede matar en su origen cualquier proceso de paz en Colombia porque mina las bases mismas de los posibles acuerdos y destruye la confianza entre las partes.

Finalmente -parece pensar el Gobierno- los programas políticos alentados por FARC y ELN pueden ser canalizados como proyectos legislativos –con reforma de la Constitución si cabe- por los congresistas del Polo, e incluso del Partido Liberal y del uribismo, así como apoyados desde el Ejecutivo, para su aprobación. La Constitución posee mecanismos para las reformas, incluso para aquellas que pudieran ser calificadas a priori de ‘revolucionarias’. Y esto vale también para lo que las AUC propongan en cuestiones de reforma del Estado y de las leyes.

Hubo un momento de quiebre en las negociaciones de Ralito. Es el momento en que las AUC aceptan desmovilizarse y entregar las armas sin haber llegado a ninguna certeza sobre ‘penas alternativas’ ni sobre extradición ni sobre el modo en que el Gobierno realizaría su compromiso de ‘reincorporarlos a la vida civil’. Este momento es decisivo históricamente –y se proyecta al futuro- porque significa que, en el caso de las AUC, no ha sido el chantaje de las armas lo que ha signado el curso del proceso de paz.

Alguien dirá que lo que sucede es que las autodefensas no enfrentaban militarmente al Estado, ni tuvieron nunca intenciones de acabarlo. Lo central aquí no es eso, sino que las armas son esenciales al guerrero, y siguen siendo necesarias hoy, para contener a las guerrillas y que estas no terminen sometiendo al Estado en la guerra o en la mesa de negociación. Si permaneciendo en pié de guerra el enemigo histórico de las AUC, éstas entregaron las armas y se desmovilizaron, sin exigir a cambio más que ser ‘reincorporados a la vida civil’ nadie puede suponer que en el espíritu de los acuerdos de Ralito estuviese implícito que las AUC debiesen pagar cárcel, asumir una reparación cuyo costo equivale a ‘extinción de dominio’ sobre todos sus bienes lícitos, y someter la verdad a la delación.

¡Qué paradoja! Las AUC cumplieron su parte de los acuerdos entregando las armas, el Gobierno a cambio, entiende que cumplió su parte al recibirlas, en lo que restrictivamente interpreta su compromiso de ‘la reincorporación a la vida civil’. No sé que pensarán los ex comandantes de las AUC pero no creo puedan sentirse correspondidos por el Gobierno dentro del espíritu de los acuerdos firmados. Es como si una empresa de transporte de pasajeros se compromete a llevar un grupo de personas hasta un determinado sitio llamado REINCORPORACIÓN A LA VIDA CIVIL a cambio de ciertas condiciones estipuladas en EL ACUERDO PARA LA PAZ DE COLOMBIA DE SANTA FE DE RALITO, y una vez cumplidas estas condiciones por los pasajeros –las AUC- las deja botadas en la mitad del camino y les envía los fiscales y la fuerza pública para que los detenga y someta a juicio.

Unos fueron los destinos previstos y a otras playas hemos llegado con la ley 975. El Gobierno debe ver el modo de asumir su cuota de reparación ante los pasajeros molestos por no haber llegado al puerto de destino, que nadie podía suponer fuese el patio de una cárcel, la extinción de dominio, la delación y por qué no la extradición.

Estos antecedentes tienen sus consecuencias jurídicas y también políticas lo que no puede ser desconocido, ni por unos ni por otros, endosando a la Corte Constitucional los débitos por lo que era responsabilidad del Gobierno –el ‘transportista’- efectivizar.

Aunque afloren recriminaciones y tensiones no creo haya mejor recomendación para el Gobierno y las AUC que darse tiempo para evaluar obstáculos y alternativas sin correr contrarreloj. Lo avanzado en Ralito, con todas sus contradicciones y flaquezas, contiene un acumulado positivo en términos de madurez para asumir los costos de todo tipo que insumirá salir del conflicto armado.

Con el aprendizaje obtenido ni las izquierdas ni las derechas serán las mismas, por el contrario, deberán asumir la necesidad del cambio que las haga parte de la solución y no del problema, aunque se lamenten las AUC, proteste el ELN y chillen las FARC. Lo avanzado amerita ser evaluado y analizado –ojalá pronto en conjunto- por las izquierdas y las derechas, por las guerrillas y las autodefensas, por el Gobierno y la oposición. Sobre todo si tenemos en cuenta que la ley 975, recoge los reclamos de la comunidad internacional, de los Pardo y Parody, y también de los Gaviria, los Petro y los Borja, quienes ahora podrán dedicar sus buenos oficios a explicarles a FARC y ELN por qué los metieron en camisas de once varas, que sus razones tendrán.

La ley de Justicia y Paz llegó para quedarse, y si alguna duda teníamos antes del fallo de la Corte, hoy aparece la ley 975 como algo inamovible. Modificable sí, como todo en la vida y en la política, pero variable y sustituible como la moda, no lo veo así.

Lo que no pueden seguir demorando las AUC es su inserción en la vida política. No hay otro modo de salir menos magullados de la aplicación de la ley 975 que politizar la organización, el discurso, los diálogos y la imagen de lo que significan las autodefensas de cara al futuro. Villa La Esperanza constituye el escenario, pero por sí solo no es suficiente; será la puesta en escena de la obra que allí se desarrolle, la solvencia de los actores que la interpreten y la calidad y apoyo del público que convoque lo que determinará su éxito o su fracaso. La ley 975 ofrece apenas un aporte más al argumento de la obra pero con la sola ley 975 no podemos dejar de reconocer que la paz sigue estando muy lejos.

Si para las AUC lo avanzado es irreversible, y el camino de regreso al monte está auto-clausurado, deberán demostrar que su vocación política y de servicio al país crece ante las dificultades.

Las manos del arquero han de permanecer firmes empuñando el arco y tensando la cuerda, mientras la mirada sigue atenta el recorrido de las flechas que no pueden tener otro destino que dar en el centro del blanco. No será hoy, ni mañana, pero será.

La fe y constancia del arquero son tan decisivas para el éxito como el temple y la buena puntería.


Así la veo yo.

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julio 10, 2006

AUC, FARC, ELN y el Gran Acuerdo Nacional

El dolor de todas las víctimas reclama los mismos derechos


CHAMUYO (7)



En el imaginario colectivo de la política y el conflicto armado se han visualizado tres parejas ‘virtuales’ a favor y en contra de las cuales se ha votado en 2006. Las de Álvaro Uribe y AUC, Carlos Gaviria y FARC, y Horacio Serpa y ELN. Quien votó por alguno de los tres candidatos no ignoró que también ‘votaba’ por la ‘llave’ que le resultaba atribuida. No inhibió su voto la asociación de ideas acerca del ‘compañero de llave’. Se invistió a los tres candidatos para que ejercieran su ‘representativa mediación’ respecto al actor armado ilegal que le resultaba más cercano o menos contrapuesto.

A partir de aquí –si los ex candidatos asumen este ‘imaginario colectivo’ como un hecho político que les entrega un mandato y una responsabilidad- se entreabren espacios de convergencia donde es posible alcanzar durante este cuatrienio el Gran Acuerdo Nacional en materia de solución política negociada del conflicto armado, paz y reconciliación.

Los candidatos que ‘suenan’ para 2010 podrían acordar con los tres de 2006 una instancia superadora al respecto, en cuanto a que –entre otros- el de centroizquierda (¿Lucho Garzón?), el de la coalición filoliberal (¿Germán Vargas Lleras?) y el de la coalición uribista (¿Pacho Santos?) sean percibidos por la opinión pública y las ex AUC, FARC y ELN como los garantes de una política de Estado con horizonte claro. Donde los actores armados ilegales que sean protagonistas de procesos de desmovilización y desarme, y todas las víctimas del conflicto armado, puedan sentir y palpar que los acuerdos alcanzados en la Mesa de la Paz y los derechos de las víctimas serán respetados. Con la seguridad política y jurídica de que los términos de Verdad, Justicia y Reparación no serán manipulados por quienes quieren reducirlos a instrumentos de retaliación y venganza de un bando sobre otro.

La tragedia de Colombia no tiene una sola cara. ¡Qué va! Ojalá fuese una sola y bien horrible que espantara y motivara el rechazo unánime. Las caras de doña Tragedia son varias y algunas lucen atractivas, seductoras por lo que ofrecen en dinero y prometen en poder. En la confusión está el mayor riesgo y también acecha la gran desilusión.

El narcotráfico es de lejos el peor huésped, devasta la casa de todos, nubla los cerebros y duerme las conciencias. Paga las cuentas de unos pocos ‘privilegiados’, financia la guerra de todos contra todos, se lucra de nuestras desgracias y riega el estigma por todo el mundo.

La pobreza es más triste cuando no tiene consuelo ni ofrece otra salida que la resignación. La pobreza es dolorosa cuando solo genera indiferencia, carne para los aprovechados y demagogos, y sesudas investigaciones que ayudan a explicar pero no ayudan a resolver.
La delincuencia –la que llaman común- se adueña de los miedos y pulula en las calles sigilosa pero implacable entre la sevicia y la impunidad. La violencia venda los ojos de la gente, alimenta con sangre la ceguera sin horizonte de quienes se han cansado de denunciar sin resultados el puñal clavado que nos acompaña a todas partes.

La corrupción se roba la salud de los que menos tienen y no tienen más remedios ni médicos que su Dios y su esperanza. La corrupción se reelige de por vida cuando cambian los nombres pero no cambian los corruptos. La corrupción se roba la educación y la vivienda, el orgullo de ser colombiano y todas las Constituciones incluida la niña bonita de quince años que muchos poderosos celebran y solo pocos y honrados respetan y hacen cumplir.

Y como si todo lo anterior fuese poco FARC y ELN insisten retóricamente con su ‘festival de comunicados y declaraciones’ en tomarse el poder con las armas, o chantajear al Gobierno para que les entregue amplias cuotas de poder en una mesa de negociación, donde los negociados seríamos los colombianos y los sacrificados quienes ya vivimos sacrificados en el país de los eternos sacrificios, donde las AUC tomaron distancia de tanta guerra suicida, pero FARC y ELN todavía no.

Tampoco faltan, entre los lóbregos rostros de la tragedia nacional, quienes, como ariete de su estrategia opositora al Estado, alientan bajo cuerda a las guerrillas para que prosigan su ‘oposición destructiva’ incitando a las FARC y ELN como si fuesen los ejércitos de bolsillo de poderes sin pueblo y políticos sin corazón. Entre ellos también parasitan los mismos sabihondos y leguleyos que quieren cerrarle a las AUC su reincorporación plena a la vida civil, negándoles de plano los derechos políticos.

Entre las tragedias que azotan a Colombia también está el odio que algunos aprovechados, sectarios por ideología o por viles intereses, quieren sembrar en el corazón de un sector de las víctimas del conflicto armado, aquellos cuyos perjuicios, dolores y pesares fueron causados o se atribuyen a las AUC o al Estado. No se puede tapar el sol con las manos, y por esto mismo nadie puede pretender olvidar –o hacer como que se olvida- que el conflicto armado tuvo -hasta la desmovilización de las AUC- por participantes a las guerrillas, las autodefensas y el Estado.

Todas las víctimas, de todos los colores y todos los bandos, merecen las mismas satisfacciones y reparaciones, materiales y espirituales. Los dolores del alma y del cuerpo no admiten estratos ni discriminaciones. No valen más los pesares de los guerrilleros, que los de las autodefensas, ni los de las fuerzas armadas y policiales que los de los campesinos o los trabajadores de la ciudad, todos ellos –todos los colombianos y colombianas- sacudidos y golpeados por las consecuencias del conflicto.

Donde no llegue la posibilidad material ni el poder reparador del victimario guerrillero o autodefensa -o no se conozca con certeza el victimario-, habrá que diseñar legalmente los procedimientos y articular los canales para que sean el Estado y la solidaridad de la comunidad nacional e internacional quienes aporten los remedios que alivien aquello que puede tener alivio, y no dejar sin alguna respuesta humanitaria lo que exige reparación y respeto por el dolor ajeno.

Con relación al presente y el futuro solo el cese del fuego y hostilidades de FARC y ELN conducen a que no haya más víctimas por culpa de las guerrillas, así como después del desarme y desmovilización de las AUC nadie puede atribuirle ninguna víctima a las AUC. Está dicho: “muerto el perro se acabó la rabia”.

Escaso favor le hacen a las víctimas pasadas y futuras quienes desde posiciones políticas opositoras al Gobierno, o por aversión a su negociación política con las AUC, dentro y fuera del Polo, persisten en su silencio ante las miles de víctimas que FARC y ELN han producido en 40 años de existencia y siguen causándole hoy al pueblo colombiano.

Que no pretendan algunos pícaros que solamente unas víctimas sean reparadas –las que padecieron o murieron a manos del Estado o de las autodefensas- y que las otras víctimas –las que ocasionaron las guerrillas- se queden bien pobres o bien muertas, antes empobrecidas o muertas por la extorsión, el secuestro y la metralla guerrillera, y ahora pobres de por vida o muertas por segunda vez porque sus extorsionadores, secuestradores y asesinos son guerrilleros de las FARC y ELN, que tienen licencia de extorsionar, secuestrar y de matar mientras les venga en gana, tal vez porque así lo amerita el libre desarrollo de la personalidad guerrillera.

Hagamos de la unidad nacional y el progreso social realidades irrenunciables, no dejemos que nadie nos mantenga divididos, ni desde dentro ni desde fuera. Convoquemos a guerrilleros y autodefensas, víctimas y victimarios durante la guerra, hombres y mujeres de izquierda, de derecha, a construir entre todos los colombianos y colombianas la democracia en la diversidad y sin exclusiones, que hasta hoy nunca conocimos ni disfrutamos.

Escribió José Hernández en el ‘Martín Fierro’:

“Los hermanos sean unidos, ésta es la ley primera, que si los hermanos se pelean, los devoran los de afuera.”


Así la veo yo.


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julio 04, 2006

Las AUC, las guerrillas y la piedra del Peñol

Marxismo criollo: pocas ideas pero bien confusas


CHAMUYO (6)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com


Un antiguo jefe me solía decir que para ascender en la jerarquía de aquella empresa había que tener pocas ideas, pero eso sí, bien confusas. Agregaba esta perla: ¿para qué volver simple lo que con poco esfuerzo puede complicarse hasta el infinito?

Entre políticos marxistas y guerrilleros marxistas nos han querido convencer que el país sería un ‘paraíso socialista’ si ellos accedieran al poder. Para lograrlo algunos marxistas se dedicaron a la política y otros partieron al monte. Unos apelaron a la fuerza de los argumentos y los otros a la fuerza de las armas. Ambos esperaban confluir un día en alguna insurrección popular, al calor de una barricada compartida, o en alguna solución política negociada que los acercara jubilosos a las mieles del poder. Es tan simple el razonamiento que resulta provocativo.

Mejor oscurecerlo dirán algunos marxistas y decir en cambio que unos no tuvieron más remedio que tomar las armas porque el sistema anti democrático les negaba otra opción, y que quienes escogieron el camino de la política lo hicieron a sabiendas que no llegarían muy lejos en un país donde reinan con su despotismo los poderosos burgueses con sus mafias políticas y sus ejércitos paramilitares.

Esto suena bien pero no alcanza dijo algún otro marxista. Mejor decir que quienes tomaron las armas no lo hicieron porque fueran marxistas y no tuvieran otra opción sino porque la violencia de los explotadores genera inevitablemente la violencia de los explotados, y que las causas objetivas de la revolución socialista van mucho más lejos que el voluntarismo pequeño burgués de las clases medias radicalizadas por la penetración imperialista en su alianza con la gran burguesía nacional parasitaria. En cambio, quienes nos dedicamos a la política no solo sabemos que no llegaremos muy lejos sino que somos mártires en vida que si no hemos muerto no ha sido porque no hayan querido asesinarnos en masa sino por la mala puntería de los paracos, más preocupados últimamente por disfrutar la contrarreforma agraria que por criminalizar la protesta social.

Llegados a este punto los guerrilleros marxistas encontraron que el verdadero placer no está en la consecución de los fines políticos sino en la acumulación de los medios conexos, sobre todo si se los vuelve inconexos y se los apropia por lo que valen en sí mismos como dinero contante y sonante proveniente del narcotráfico y del secuestro.

Esto fue duro de asimilar por los políticos marxistas quienes no encontraron ni en Marx ni en Engels, tampoco en Mao ni en el Che argumentos que justificaran lo injustificable, es decir, el desviacionismo pequeño burgués de las vanguardias revolucionarias. Podrían haber apelado al argumento -sencillo de entender-, que los guerrilleros marxistas fueron seducidos por las rentas capitalistas y los vicios burgueses, y que participantes de la feria de las vanidades consumistas cambiaron la revolución imposible por el posible ascenso social, si no para ellos, al menos para sus descendientes. Esto es tan fácil de entender que todos hubiéramos comenzado a llamar a estas cosas por su nombre y a los guerrilleros por sus apetitos.

Sin embargo ¡no! Los políticos marxistas necesitan que el mito de la guerrilla heroica permanezca vivo, que la barrera proteccionista del crimen que mantiene sumida a Colombia en el siglo XX siga cerrando las vías del progreso social y el desarrollo, y la inserción del país en el mundo se realice en las peores condiciones imaginables, las que presentan a Colombia como un país de altísimo riesgo e inseguridad. Saben que solo así sus tesis marxistas decimonónicas pueden tener un plus de supervivencia en un mundo que las ha depositado ya en el museo de la historia, el mismo museo donde Fidel Castro y su revolución cubana serán próximamente sepultados no sin discursos de Chávez, lágrimas del Partido Comunista Colombiano y condolencias del polismo tropical.

¿Y después qué? EL ELN pondrá avisos en los periódicos, algunos convocando a la Convención nacional donde hasta los ‘paras’ serán invitados y eso estará bien porque la política es el arte de comer maluco todos los días, con palmaditas en los hombros y brincos en el estómago. Preferible echar lengua que echar bala dirán unos y celebrarán los otros. También habrá avisos convocando hombres y mujeres a desmovilizarse, donde tampoco faltarán unos cuantos ‘paras’ que no se desmovilizaron con sus jefes y tendrán ahora otra oportunidad para hacerlo con sus rivales de patio. Tampoco está mal, finalmente ¿a quién le interesa que los ‘Pacho Galán’ y los ‘Gabino’ sean sometidos a padecer el ridículo de que los vean por televisión en Europa reducidos a lo que son hoy, no solo tan pocos sino además tan mal atalajados?

En cuanto a las FARC lo único que puede salvarlas de su final ignominioso en el monte es, primero, que liberen de una a todos los secuestrados, sin ponerle la más mínima condición al presidente Uribe. Segundo, que renuncien definitivamente a la práctica del secuestro y la extorsión. Tercero, que soliciten un alto al fuego bilateral. Cuarto, que manifiesten su disposición a iniciar de inmediato un proceso de paz serio. Quinto, que soliciten les sea concedida una zona de ubicación, del tamaño de la de Ralito, con garantías internacionales de seguridad.

Los políticos marxistas pueden optar por más de lo mismo y salir a decir que a los héroes de la revolución hay que brindarles un trato reverencial acorde con su lucha por los pobres y su sacrificio por liberar a Colombia del entreguismo del Frente Nacional y su pérfido bipartidismo. Ah, y del imperialismo gringo, claro. Bueno, que lo digan, queremos oírlos, para saber a qué atenernos y por qué razón los guerrilleros merecen un trato distinto a las autodefensas en la mesa de la paz y ante los tribunales. Si el Polo tiene buenas razones que las hagan manifiestas con claridad porque no se puede estar al mismo tiempo a favor de la legalidad en contra de las autodefensas, y en contra de la legalidad a favor de las guerrillas marxistas.

Todo esto tiene su trasfondo histórico y uno entiende las dificultades del PDA, queriendo aumentar su 22 % reciente para llevarlo al 50 % más uno que le permita triunfar en 2010. ¿Cómo lograrlo con el lastre que significan las FARC y el ELN en el monte por aquel pacto inicial de combinar todas las formas de lucha contra el sistema y que nadie ponga el grito en el cielo? ¿Cómo obtenerlo con los ‘espantavotos’ de las FARC y ELN en sus propias listas de elección popular tras un proceso de paz exitoso con el ‘fascista’ Uribe? El dilema solo tiene una salida favorable y es que los camaradas marxistas hablen con la verdad y sin disimulos, sobre el pasado, el presente y el futuro.

Si prefieren no hacerlo y hacer como que ellos no saben de qué se trata, e insistir con que todo es una conspiración mediática de la contrarrevolución madurada en las páginas de El Tiempo y Semana, volverán los retro-marxistas colombianos a comienzos de los ’60, unos al monte y otros a la política, unos a su esclavismo de niños y campesinos, otros a su feudalismo cocalero, otros a su resentimiento y propaganda, unos a sus negocios y otros a sus ocios, finalmente alejados todos del protagonismo político y las cuotas de poder real que Lucho Garzón y Carlos Gaviria les sirvieron en bandeja, aprovechando el descuido imperdonable -y tal vez irrepetible- del Partido Liberal.

Que no vayan a culpar dentro de unos años a Uribe y a los ‘paracos’, ni a los gringos ni los europeos, ni a los conservadores ni los independientes, ni a la Iglesia ni a los columnistas, ni a los cubanos después de Castro, ni a los venezolanos después de Chávez, ni a los liberales después de Serpa.

Que todo tiene un comienzo y un final, así funciona la Historia, totalmente ajena de los dogmas marxistas, y del mito del ‘eterno retorno’ al que están condenados los retro-marxistas colombianos, los que una y otra vez tropiezan con la misma piedra, una piedra del tamaño de la del Peñol.

Una piedra filosofal ante la cual algún día debieran darse la mano guerrilleros y autodefensas, unos renegando para siempre del tutelaje de los políticos marxistas, otros asumiendo que la defensa de la vida no solo es un fin irrenunciable, sino también es un medio imprescindible.
Hablando la gente se entiende, pero claro ¿para qué volver simple y desenredar, lo que debe quedar enredado por los siglos de los siglos?

Botar al mar las llaves de la paz, luce como la atracción principal del gran circo nacional.
Y ¡ay de aquellos! que como las AUC se atrevan a desafiar el desorden de las cosas, la fatal destrucción del sueño colombiano.

Para las autodefensas no faltarán hogueras ni sicarios morales ni de los otros, ni de izquierda ni de derecha, ni dentro ni fuera del país.

Que los ‘paras’ solo merecen la muerte, la condena y la cárcel.

De atizar este fuego se encargan hoy los insignes mentores de izquierda y derecha, cuando se dan un respiro en el reparto del ponqué, y juegan a los dados quién se va de oficialista, y quién se va de opositor, quién de ‘opositor constructivo’, quién de ‘opositor obstructivo’ y quién se va al monte ‘mijito’, porque le tocó de ‘opositor destructivo’ y no queremos ‘rebeldes’ ni ‘paras’ en la zona T de Bogotá.

Así la veo yo.

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