octubre 31, 2006

AUC, ‘sociedad civil’ y Gran Acuerdo Nacional

Las FARC ¿vanguardia revolucionaria o retaguardia de la reacción?



CHAMUYO (18)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com



Asistimos en estos días a la puesta en escena del nuevo mapa del conflicto post-AUC y post-ELN. Como telón de fondo de la obra desplegada juegan incógnitas de peso: elecciones parlamentarias de noviembre en EEUU, presidenciales de diciembre en Venezuela, departamentales y de alcaldías a lo largo y lo ancho de Colombia en octubre de 2007, presidenciales de EEUU en 2008, y last but not least ¿quién sucederá a Uribe a partir de 2010, y con qué signo ideológico y grado de apego a la política de seguridad democrática?

En este contexto y tras el ‘papayazo’ que dieron en la Universidad Militar se han vuelto a clausurar las vías de negociación con las FARC, así como no se vislumbra voluntad gubernamental alguna de acordar con los ‘narcos’ –que quieran salirse del negocio- su sometimiento a la justicia, su reparación a las víctimas y su no extradición. Las FARC apelan al terrorismo urbano, y así ‘queman las naves’, ‘vuelan los puentes’ y se autocalifican y gradúan como organización terrorista haciendo más incierto y vulnerable su futuro político, mientras los ‘narcos’ tejen los hilos del mando unificado y la logística de las llamadas ‘bandas emergentes’ –de oposición armada a los intereses del sistema subversivo FARC-ELN- confiados en poder llegar algún día a una mesa de negociación que por ahora no existe pero que está dentro de la lógica del conflicto se habilite más temprano que tarde, cuando soplen otros vientos ¿demócratas? en EEUU.

Las FARC no han logrado constituirse aún en la chispa inicial de ninguna insurrección popular de envergadura ni pueden atribuirse la vanguardia de proceso revolucionario alguno. Por el contrario, las FARC están instaladas en su misión represiva, conservadora del orden y de sus privilegios, en las tierras de colonización donde han sabido capitalizarse salvajemente gracias al trabajo a destajo de campesinos abandonados por el Estado.

Las FARC constituyen hoy la punta de lanza del ‘antiuribismo’ visceral, el mascarón de proa de cierto establecimiento ofuscado por lo que el presidente Uribe encarna y proyecta. Las FARC representan hoy la única esperanza de aquella reacción criolla asustada por el TLC y puesta en jaque por la globalización, que concibe a Uribe como el ‘Anticristo paisa’ al que hay que dificultarle la gobernabilidad a como dé lugar. Es en los entresijos de este establecimiento despechado –primero con César Gaviria en los inicios de los ’90 y ahora con Uribe desde 2002- donde habría que hurgar si se quiere hallar razones de la supervivencia de las FARC como actores políticos en los medios y en el juego político entre bambalinas, donde los secuestrados en su poder son apenas la punta del iceberg de los poderosos intereses que se hallan debajo del ‘fenómeno FARC’ tan ligados a la Colombia de los siglos XIX y XX, y totalmente fuera de foco de lo que quieren ser el país y el mundo en el siglo XXI.

Seguir insistiendo en que entre el Estado y las FARC subsiste un empate militar, es negar lo evidente, la victoria nítida y contundente del Estado sobre las FARC. Una cosa es que las FARC no quieran dar por terminado el partido e insistan en seguir ‘jugando’ a la guerra de guerrillas en reducidos y marginales espacios del territorio nacional y ‘jugando’ al terrorismo en otros, y algo bien distinto es afirmar que el resultado está empatado. Una cosa es que el Estado vaya ganando el partido 6 a 1 y que el tiempo del partido se haya agotado hace mínimo quince años, y otra sería que el marcador Estado-FARC estuviese 3 a 3, y ya se hubiese cumplido la fase del alargue y los tiros desde los once metros, y estuviésemos hace quince años en un empate inconmovible.

La falsa idea del empate es la que alienta todavía el desatino de que hay que sentarse a negociar con las FARC el modelo de Estado, sociedad y economía para que se desempantane el supuesto empate militar con la definición en una mesa de negociaciones. Lo que cabe más bien es hacerle claridad a las FARC y sobre todo a la ciudadanía colombiana y la comunidad internacional que con las FARC no hay otra cosa que acordar que márgenes de impunidad y alguna favorabilidad política que les permita participar activamente del sistema democrático a cambio de entregar los fusiles, desmovilizar sus integrantes y sumarse, pacíficos y desarmados, a la vida civil.
Objetivamente, las FARC no están en condiciones de poner en riesgo el sistema político y económico nacional, ni mediante las armas, ni mucho menos a través de una hipotética ‘negociación’ sobre curules e impunidad a la que solo accederían previa aceptación de su derrota militar y estratégica. Esto es cierto y es verificable pero subjetivamente esta verdad de a puño no coincide con la opinión generalizada. Y no coincide porque hay todo un sistema de manipulación política y mediática –incluso académica- donde por muchos años se le ha hecho creer a los colombianos que las FARC y el ELN ‘realmente’ estaban en condiciones de tomarse el poder o al menos, que podían lograrlo en el mediano plazo, de proponérselo. Si esto pudo haber sido creíble en los ’60 y los ’70 seguir repitiéndolo hoy no tiene otro efecto que complicarle la vida al presidente de turno y demorar la aplicación de políticas que inserten definitivamente a Colombia en el mundo del siglo XXI.

Quienes sí estuvieron en el camino de tomarse el poder hasta hace muy poco han sido las Autodefensas si seguían con el ritmo y la dirección alcanzados hacia 2002, interrumpidos su marcha y su ascenso por el proceso de paz de Santa Fe de Ralito. Lo que sucede es que no lo hacían a punta de retórica marxista ni siguiendo los caminos del Che y de Fidel, tampoco los de Lenin y de Mao, ni siquiera los de Chávez. Decir que las Autodefensas constituían una ‘guerrilla de derecha’ ni se ajustaba a los hechos por lo de ‘guerrilla’, ni tampoco por lo de ‘derecha’. Era un asunto serio y de grueso calado que encontró más sintonía con el sentir popular que la que jamás tuvo la prédica de las FARC y del ELN. Constituía por ello un peligro para el sistema político vigente de mayor dimensión –y necesitaba de menos tiempo para verificarse- que lo que suponen como riesgo para la democracia que conocemos las estrategias de ‘guerra prolongada’ que utilizan las FARC.

Cuando Piedad Córdoba pide en estos días en Venezuela -desde su apoyo a la reelección del candidato-presidente Chávez- la revocatoria del Congreso porque según sus cálculos existe en él nada menos que un 60 % de influencia ‘paramilitar’ (¿mucho no?) le está reconociendo a las ex AUC un estatus político y un poder político en construcción de crecimiento innegable. Más allá de la caricatura y exageración de Piedad, azuzada por su ‘antiuribismo’ y el delirio provocado en sus neuronas por los dólares de Chávez, lo cierto es que los caminos hacia el poder de los ‘paras’ no tenían porqué seguir los cánones de la izquierda revolucionaria, como si por fuera de Marx y de Engels, no existiesen otras interpretaciones de la Historia y del significado de la palabra ‘revolución’.

Las Autodefensas se hallan hoy ‘encapsuladas’ por el trabajo de ‘pre-parto’ judicial, preparatorio de su presentación ante los tribunales de Justicia y Paz donde derivó juiciosamente –y contra el pronóstico agorero de muchos analistas y políticos- su voluntad de no abortar el proceso de paz tras el fallo de la Corte, a pesar del exabrupto gubernamental de agosto pasado ocasionado por la cancelación de los salvoconductos y las ‘medidas de conducción’ que llevaron precipitadamente a la cárcel a sus ex comandantes y Estado Mayor.

Sería demasiado pedirles a los ex comandantes AUC en estas circunstancias que le dieran mayor difusión y profundidad doctrinaria a su propuesta de Gran Acuerdo Nacional, donde se estaría logrando –según quienes han conocido del tema- un salto cualitativo de gran importancia en la conducción organizacional e ideario político de las ex AUC, como aporte decisivo para la superación del conflicto armado y la evolución del sistema democrático nacional y regional.

Si la ‘sociedad civil’ que luce tan seducida –y monopolizada- por el bienvenido proceso de paz con el ELN dirigiese su mirada solidaria y su aporte generoso también sobre las silenciosas pero trabajadoras ‘hormiguitas de la paz’ que transitan incansables entre Villa de la Esperanza y el sitio de reclusión de La Ceja encontraría que la Paz que anhelamos los colombianos y colombianas está necesitada y a la espera de gestos de grandeza, gestos que le bajen el nivel a las prevenciones y desestimulen cualquier estigmatización, de lado y lado, para lo cual bien podría la ‘sociedad civil’ acercarse al proceso con las AUC y estar dispuesta a escuchar y proponer, cómo y de qué manera ambos procesos pudieran converger y dar frutos que alimenten realidades de paz.

El Gran Acuerdo Nacional que proponen las AUC contiene las dosis de utopía que requieren las juventudes colombianas para darle riendas sueltas a su imaginación creadora, sana y pacíficamente revolucionaria. Es también una invitación a la participación de las grandes mayorías nacionales necesitadas de ser convocadas para una misión de proporciones gigantescas que constituyan su legado para las generaciones futuras. Es finalmente la asunción de una causa colectiva de poderosa vocación social que pretende derribar las fronteras y deshacer las trincheras donde anidan los sectarismos y pululan los antagonismos que han venido destruyendo el ser nacional y el tejido social durante los últimos cincuenta años.

El escenario de la paz requiere que la sociedad civil –si quiere comportarse como tal y no ser percibida como simple relacionista pública del ELN- rompa algunos moldes sectarios y autoimpuestos que la hacen aparecer cómoda y a sus anchas junto al ELN e incómoda –insoportablemente incómoda y a disgusto- ante cualquier posibilidad de acercamiento a las Autodefensas, e incluso a las FARC.

Tras el ‘papayazo’ que las FARC le dieron a Uribe con su carrobomba en la Universidad Militar -lo que nada ‘humanitario’ presagia de parte de las FARC para los próximos meses-, y la escalada ‘antifarc’ declarada formalmente y que se desarrolla sin pausa del lado estatal con apoyo de los EEUU, no resultan ahora tan difíciles de inferir las intenciones de buena parte de los ‘narcos’ de ‘paramilitarizarse’, aprovechando así la coyuntura que ellos ven como favorable a sus intereses y que ‘les cayó del cielo’ con la desmovilización de las AUC. Esperarían así poder negociar, más adelante, desde una posición militar y política fuerte –la que ostentaban las AUC hasta que decidieron apostarle a la Paz- , y con un gobierno distinto al de Uribe, su sometimiento a la Justicia para lo cual les sabe inevitable el combate sin cuartel a librar desde ahora mismo contra las FARC.

Así las cosas, quienes queremos ver la paz cercana en el horizonte y no tan lejana en años luz como las estrellas, no podemos menos que promover en la sociedad civil y la comunidad internacional un apoyo decidido, sostenido y comprometido a fondo con los dos procesos que hoy caminan y van dando resultados concretos: uno, más adelantado con las AUC y otro, que está calentando motores con el ELN.

No vaya a ser que buena parte de los desmovilizados de las AUC separados abruptamente de sus antiguos jefes presos y aislados en La Ceja, terminen desilusionados de su apuesta por la paz, sin haberse podido reinsertar, movilizándose otra vez, en esta ocasión con los nuevos ‘paras’. Y no vaya a ser que quienes hoy permanecen sentados con el Gobierno en Cuba se levanten desairados de la Mesa y corran a reunirse con sus viejos socios de las FARC que los esperan impacientes como novio en el altar.

Decía un viejo amigo que a un elefante no se lo puede comer de un solo bocado ni de dos, pero pedacito por pedacito si se lo puede acabar.

Así tocará con la ‘guerra’: cortar y partir, partir y cortar, así hasta el final.

Eso sí, sin que los gobiernos actuales y futuros, sin que la sociedad civil y sin que la comunidad internacional, se dejen cortar y partir, repartir y recortar, que así ha sido hasta aquí, donde los ‘guerreros’ se dieron el gran festín y fuimos nosotros, los ciudadanos, los partidos y cortados, los recortados y repartidos, tristemente deglutidos por el viejo cuento de la guerra todavía sin acabar, y no porque el partido no haya concluido, y no porque hace mucho no se conozca el ganador, sino porque la guerrilla derrotada se niega a reconocer su derrota y permanece terca y violenta, sobre algún rincón del campo de juego, sin poder modificar su suerte que ya está echada pero utilizando a la población civil como escudo protector para no ser desalojada del espacio que usurpa. (A propósito, cuando de contrarreforma agraria se habla suena sospechoso que nunca se mencionen los cuantiosos intereses e inversiones de las terratenientes FARC)

Si esto del conflicto armado está muy lejos de poder considerarse un empate, si esto que les sucede a las FARC tras cuarenta años no es la consecuencia de haber sido derrotadas política y militarmente, ¿en qué consiste el famoso empate? ¿en que no han sido aniquiladas? Me resisto a pensar semejante hipótesis, en tamaña degradación e inhumanidad, y no me sumaré a ningún ‘proyecto aniquilador’, o de ‘solución final’ que pueda proponerse, algo así como un Nagasaki e Hiroshima a escala reducida pero igualmente macabro.

Queda claro que oponerme a la ‘aniquilación’ no significa que me sumo a la falacia del empate militar -que cada vez suena más a contentillo que quiere dársele a las FARC- por alguna oscura razón, o por aquello de que a los locos hay que darles la razón, porque quién quita que finalmente la tengan. ¿Y si no la tienen, ni la tendrán nunca? ¿Qué ganamos con discutir con ellos, o con quienes les hacen creer lo que terminan creyéndose?

Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de “Así la veo yo”, “Esencias y Matices” y “Chamuyo” pueden ser consultados en:

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octubre 18, 2006

Las AUC y lo que pudo haber sido Ralito y no fue

El sistema subversivo FARC-ELN va por el poder no por la paz



CHAMUYO (17)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
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Alrededor del sistema subversivo FARC-ELN y sus satélites se alinean todos aquellos políticos e intelectuales nostálgicos del comunismo que rinden culto a la lucha de clases. Sueñan con apoderarse un día del botín del Estado y procurarse en él aquellos beneficios y privilegios burocráticos que ni la naturaleza, ni sus capacidades ni la libre iniciativa podrán garantizarles jamás dentro de un sistema democrático con igualdad de oportunidades. Tamaños intereses hacen el combate tan encarnizado y saturado con métodos viles y degradados donde todo vale si se trata de avanzar hacia el objetivo. Sin llegar a vivir del Estado y sin permear primero y usurpar después su absoluto control la existencia del eje FARC-ELN carece de sustento y se disuelve en el aire como pompas de jabón. Para la mente de estos personajes que pululan entre el monte y el Congreso, entre la selva y las universidades, entre la clandestinidad y los intersticios leguleyos de la sociedad, el Estado que conocemos en Colombia es el instrumento de opresión de una clase sobre las otras clases y, más precisamente, la opresión de la gran burguesía sobre los pequeños burgueses, los proletarios urbanos y los campesinos. Suele añadirse también dentro de la lógica del sistema subversivo FARC-ELN que el imperialismo gringo ejerce sobre el Estado colombiano su rol de último garante del estatus quo sometiendo a la Nación entera a sus designios imperiales. En esto último coinciden con Chávez y con Petro, y en bastantes otras cosas también.

La lucha de clases explica todos los movimientos originados a lo largo del eje FARC-ELN. La deslegitimación del Estado democrático nutre todas sus iniciativas. Cuando el ‘eje’ apela a la política legal de superficie no se disparan balas sino que se difama y se ofende con el 'sicariato moral'. Cuando cortejan a los familiares de las víctimas del secuestro no es para liberarlos del dolor sino para jugar una carta más de su baraja de naipes invirtiendo la atribución de la culpa y liberando de paso cualquier responsabilidad sobre los mismos secuestros que propician y ejecutan como equipo dentro de la división del trabajo que suelen llamar ‘combinación de todas las formas de lucha’ (lucha de clases, claro). Cuando alzan las banderas del ‘intercambio humanitario’ camuflan con palabras seductoras lo horrendo de su propio mensaje pretendiendo la libertad de auténticos criminales –pero de su bando- a cambio de honestos ciudadanos y funcionarios públicos –secuestrados con ese propósito.

Pero cuando más alto apuestan las FARC-ELN a la ignominia y más bajo caen en la malversación del lenguaje es cuando hablan de su voluntad de paz. El eje FARC-ELN es totalmente sincero y fatalmente creíble cuando utiliza el crimen por instrumento y la sangre ajena como elocuente testimonio de su delincuencia pero solo genera incredulidad cuando apela a su febril imaginación para pretender conmovernos con su apelación a la paz. El sistema subversivo que gira alrededor del eje FARC- ELN solo quiere el poder, solo le interesa el poder y no busca el consenso de la contraparte –el Gobierno y la sociedad- sino su rendición vergonzante e incondicional.

El proceso de paz con las AUC ha servido para que no queden dudas acerca de cómo las FARC-ELN y sus satélites, asociados para efectos de la coyuntura con los antiuribistas todoterreno al estilo Serpa y Pastrana, manosean y ensucian el concepto de la paz y la reducen a una simple táctica de obtención del poder. La andanada de maledicencias sobre el proceso de paz adelantado con los ‘paras’ ha sido generosamente multiplicada por los medios, tal vez como una cuota pagada a cuenta de la seguridad futura que esperan recibir los próceres de la ‘prensa libre’ de los nuevos dueños del poder cuando alcancen sus propósitos, despejes mediante, canjes mediante, impunidad mediante.

Así son las cosas en cuestiones de poder y ‘transas’ del establecimiento con el sistema subversivo FARC-ELN y hacen bien las Autodefensas en no enfrentar hoy abiertamente la relación de fuerzas desventajosa con comunicados y protestas. La historia del conflicto armado pasa actualmente por otros escenarios, no precisamente por los que anhelarían los enemigos de la paz obsesionados por aniquilar a los Castaño y los Mancuso. Las batallas no hay que darlas donde quiere el adversario sino donde conviene a las propias fuerzas. Como obran pacientemente los estados de la naturaleza las organizaciones sabias van con el ritmo que exigen los tiempos y no con los que quisieran las vanidades y los egos descompuestos por la ira.

Los corazones amigos de las Autodefensas suman cientos de miles con seguridad, y quizás serán pronto millones tras los ecos del proceso de paz tan querido como frustrado y su dignísimo paso al costado y sometimiento a la Ley. No es el momento de arriesgar las vidas ni la honra de los amigos entrañables de la paz y la libertad, es más bien tiempo de honrar la Justicia, templar los ánimos y escuchar del latido de las comunidades para intuir por dónde sigue el camino tras el paso por los Tribunales y qué esperan de las Autodefensas quienes aprendieron a confiar y refugiarse en ellas cuando las vieron jugarse la vida y defender la tierra de todos como ninguno.

Mientras el sistema subversivo FARC-ELN siga amenazante y poderoso, mientras el Estado siga siendo débil y displicente –hoy o dentro de tres años- no habrá tiempo ni espacio para firmar actas de derrota por aquello que nunca lo fue, ni para llorar aquello que debió ser preservado y solo lo fue parcialmente y más por defecto ajeno que por mérito propio. Lo que pasó pasó, pero pasó para todos no solo para las Autodefensas que fueron engañadas con aquello de los nuevos estándares internacionales de justicia que ahora resulta que no están hechos a la medida de los intereses del sistema FARC-ELN. Tienen reservados los delincuentes guerrilleros un tratamiento más benigno de parte del establecimiento y las clases políticas –ahora parece que de parte del ‘uribismo’ también- porque finalmente las guerrillas son funcionales al sistema hegemónico que pretende perpetuar el establecimiento con el cual han hecho como que peleaban en serio los últimos cuarenta años, cuando lo que han hecho es preservar cada quien sus propios intereses y de paso, los fueros del otro. Los mismos que hoy le exigen resultados a Uribe en el caso de Vicente Castaño y los hermanos Mejía Múnera son los mismos que toleraron sin chistar que durante cuarenta años el Estado no haya podido con los ‘Tirofijo’, ni con los ‘Gabino’, ni con los ‘Antonio García’ y ‘Raúl Reyes’. Bueno sería conocer, además, en una encuesta seriamente elaborada, cuáles son las preferencias de los colombianos y colombianas en cuanto a la secuencia en las capturas y los esfuerzos y los recursos a invertir en cada una. Sospecho que las grandes mayorías se inclinan por detener primero a los guerrilleros y solo después a las autodefensas. Porque, desde que el mundo es mundo, una cosa es el remedio y otra la enfermedad, y aunque no todos sepamos de política todos hemos tenido alguna vez una enfermedad de la cual curarnos y una receta en la mano con medicinas que no nos gustaban pero eran necesarias. Aunque tuviesen contraindicaciones y efectos secundarios, claro, ¿qué remedio no las tiene?

Lo que ha venido a poner de manifiesto el proceso de paz con las AUC es que la guerra de las guerrillas no es contra el Estado sino contra la sociedad colombiana, por eso no se piden desde sus toldas las cabezas de Belisario, ni de Gaviria, ni de Samper ni de Pastrana, sino las de Castaño y Mancuso, las de Jorge 40 y Ernesto Báez. Y esto es apenas lógico, han sido las Autodefensas las únicas que hasta la llegada de Uribe a la presidencia han combatido a las guerrillas allí donde se encontraban, y las únicas que han querido hacer la paz en serio hasta el punto de aceptar la cárcel como no aceptó ni aceptará ningún guerrillero ni presidente de Colombia. Este doble pecado –imperdonable para el sistema FARC-ELN- se lo quieren cobrar a las AUC las guerrillas y su sistema subversivo, así como se lo quieren cobrar también todos los políticos e intelectuales que han hecho de la lucha de clases su esperanza de triunfar algún día y beneficiarse en cuerpo propio a caballo de las masacres y atentados cometidos por el eje FARC-ELN.

Por todo esto es bueno que las AUC hablen poco y solo con su pueblo, que no es tiempo de andar en campaña ni de candidatos, sino de orar por la paz de Colombia y andar los caminos del alma popular, ahora que vienen tiempos bien complicados cuando quienes quisieron hacer la paz están en la cárcel y quienes quieren seguir la guerra se pasean entre Cuba y Venezuela, o comienzan su proselitismo armado en las goteras de Cali.

Sin contar lo que algunos analistas ha dado en llamar la aparición de ‘bandas emergentes’ y que otros –menos retóricos y más prácticos- preferimos llamar los ‘nuevos rebeldes’, los rebeldes del siglo XXI enfrentados al eje FARC-ELN.

Es decir, la presentación en sociedad de los efectos colaterales y no deseados de lo que pudo haber sido Ralito y no fue.

Así la veo yo.

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octubre 12, 2006

El presidente Uribe y las piezas del rompecabezas

40 meses nos separan del festejo o del caos


CHAMUYO (16)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
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El impasse producido a raíz de la ‘rebeldía’ de Vicente Castaño y otros integrantes de las ex AUC lejos de ponerle piedras al camino de la paz lo que hace es arrimarle al país cuotas de sinceridad sin las cuales la verdad nunca podrá prevalecer. Ningún lector, que ensaye una aproximación objetiva, puede encontrar en el reportaje concedido por Castaño a la Revista Semana algo distinto a un sentimiento de frustración no muy diferente al que en otras ocasiones han sentido guerrilleros y narcos cuando han tropezado, cual obstáculo insalvable, con el Establecimiento atravesado, más inclinado al moralismo maniqueo y estigmatizador –cuando no a la cínica doble moral- que a la solución racional y ponderada de los conflictos sociales –armados o no- donde está en juego la distribución del poder y la atribución de las cargas.

Es en este contexto nacional limitado por la falta de visión y compromiso por la paz de buena parte de sus elites donde apelar al pragmatismo de los EEUU, aunque luzca paradójico y hasta contradictorio en el caso de las AUC, aparece como el camino más razonable para romper desde afuera hacia dentro el cerco que le imponen a la paz y la solución integral del conflicto armado, las pataletas de aquellos compatriotas que no están dispuestos a ceder un ápice en la defensa de sus intereses feudales, monopólicos u oligopólicos, sectarios y excluyentes.

Por distintas vertientes que confluyen en esta inédita coyuntura el presidente Uribe tendrá a disposición durante los próximos 40 meses las piezas de un rompecabezas no necesariamente insoluble.

Por eso celebro la digna y valiente actitud de Vicente Castaño, así como valoro muy positivamente la aceptación mansa y resignada, paciente y esperanzada, de las ‘medidas de conducción’ que tanto han desconcertado –y dolido- a los ex comandantes de las AUC hoy recluidos en el establecimiento carcelario de La Ceja. Advierto en las posiciones de Castaño y de los recluidos el penal -que algunos pudieran considerar contrapuestas- la común voluntad de sincerar las cosas, de acomodarse a la realidad sin renunciar a la defensa de aquellos principios que le dieron a las Autodefensas no solo éxitos militares sino también un poderoso sentido de Causa en la que confluyen millones de colombianos y colombianas hoy adheridos fuertemente al influjo direccional que emana del carismático liderazgo del presidente Uribe. Lo que no hay que dejar de considerar aquí es que el hoy presidente Uribe es también el futuro ex presidente Uribe, con todo lo que ello implica en el armado del rompecabezas y la cuestión de la sucesión presidencial.

Si por los lados del ELN y de las FARC suenan melodías de reconciliación con la sociedad y negociación política con el Estado ello viene a sumarse, y no a enfrentarse, con el camino adelantado desde 2002 por aquellas fuerzas sociales representadas por las AUC las cuales han sido durante décadas las fuerzas opositoras al triunfo de las guerrillas que más decididamente enfrentaron los planes subversivos, no desde los despachos oficiales sino desde el seno de la misma población civil que se negó a aceptar la dictadura que pretendieron imponer las FARC, el ELN, el EPL y el M19.

Por más que haya quienes insisten en descalificar políticamente a las AUC como ‘narcas’, paraestatales, paramilitares, señores de la guerra o ‘empresarios de la coerción’ lo cierto es que las AUC han sido expresión político-militar de un sentimiento colectivo, fuertemente arraigado en la sociedad, de resistencia a la ocupación que pretendieron ejercer las guerrillas en vastos espacios del territorio nacional con el propósito declarado de tomarse el Poder.

Todo esto es ya Historia Patria y bueno sería que quienes exigen sobreactuando sus exigencias de ‘verdad’ comiencen a sincerar en virtud de qué intereses le exigen que digan la verdad los otros –a quienes visualizan como rivales- sin sentirse, ellos mismos, obligados a manifestar la propia verdad. Si vuelvo sobre este tema es porque considero que la verdad sobre lo pasado no debe ocultarnos la necesidad de conocer la verdad sobre las intenciones de hoy, que es lo mismo que decir las verdades sobre el futuro que tenemos en mente y queremos construir desde el presente. Episodios como el del famoso computador atribuido a ‘Jorge 40’ revelan hasta qué punto ha calado en el establecimiento la necesidad de rasgarse las vestiduras y ‘lapidar’ en los medios a todo aquello que trae consigo vientos de cambio, alientos de transformación, voluntad de barajar las cartas y repartirlas de nuevo en cuestiones de poder.

Volvamos ahora a la necesidad de armar el rompecabezas y la posibilidad nada remota de que el presidente Uribe acierte en el cometido. Los ingredientes están sobre la mesa y me atrevo a mencionar algunos de los que han de formar parte esencial de la resolución del problema principal: Autodefensas, FARC, ELN, Partido Liberal, EEUU, Polo Democrático, Uribismo, Productores y Exportadores de Drogas ilícitas, entre otros. O se arreglan las cuentas pendientes –y los diferendos existentes- con todos ellos o no se arma el rompecabezas. O se inicia ya mismo el esfuerzo de conciliar unos con otros, y todos entre sí con la Democracia y la Legalidad Constitucional o nos condenaremos a vivir dentro de tres años –cuando se ingrese en la recta final de la campaña presidencial de 2010- sobresaltos mayúsculos y dolorosos.

Pero no nos anticipemos. Dispone Uribe de 40 meses en los cuales los actores de los dramas pasados pueden convertirse en los actores del bienestar futuro. Y el mismo establecimiento que hoy le apuesta a dividir para reinar debe reconvertirse para que la oligarquía deje paso a la democracia, y el interés social prime sobre el interés feudal. Para todo esto se necesita poner primero de pie y después a caminar un Estado que funcione, un Estado que dé respuestas, un Estado que en vez de defenderse a sí mismo defienda al colectivo social que lo sustenta y le da sentido y justificación a lo que, de otro modo, como sucede hoy, ni tiene sentido ni se justifica. El fundamentalismo democrático no tiene asidero ni genera entusiasmo cuando la democracia es percibida por el común de la gente como un juego perverso y corrupto con naipes marcados donde ganan las clases políticas y sus clientes y donde pierden invariablemente las comunidades, donde los poderosos son cada día más poderosos y los débiles cada día más débiles.

El Partido Liberal se siente irrespetado por el uribismo, de la misma manera que el uribismo se siente irrespetado por el Partido Liberal. El Polo Democrático se siente estigmatizado por el uribismo, de la misma manera que el uribismo se siente cuestionado en su legitimidad por el Polo. Los sentimientos agraviados se realimentan con los intereses contrapuestos. En este clima político nada propicio para la paz y la reconciliación, ni guerrilleros, ni autodefensas, ni narcos pueden confiar en que los acuerdos que se alcancen con unos sean respetados por todos. En este sentido, lo de Castaño y las AUC es apenas la punta del iceberg acerca de la descomunal falta de confianza que recorre todos los poros de todos los actores de la tragedia nacional. Nadie confía en nadie, todos desconfían de todos, y así las voluntades de paz y reconciliación chocan una y otra vez con los mismos obstáculos, con los mismos mezquinos intereses, que nos tienen aferrados al conflicto armado, donde se cruzan las violencias estatales y privadas de todo tipo, nacionales y extranjeras, ideológicas y económicas, y donde los productores y exportadores de drogas ilícitas siguen sin tener un interlocutor estatal válido que explore con ellos el camino para salirse del negocio y de la guerra. Mientras unos y otros juegan al eterno juego de las desconfianzas, quienes tienen todo el dinero y todo el know how empresarial del negocio ilegal, que podría servir para capitalizar los acuerdos de paz con guerrillas y autodefensas, siguen sin encontrar una Mesa donde plantear sus propuestas.

Las piezas del rompecabezas están tomando forma en la antesala del despacho presidencial, unas más definidas otras más difusas, unas más prevenidas otras menos desconfiadas, pero todas queriendo saber si pueden contar con el presidente Uribe para dar el salto de la ilegalidad a la legalidad. El desafío de la paz es un desafío descomunal, parece hecho a la medida de los dioses y no de los mortales. Sin embargo, los problemas humanos están hechos a la medida de los seres humanos y aun los más terriblemente complejos tienen solución.

Sigo estando entre quienes creen que Uribe completará finalmente el rompecabezas de la paz y la reconciliación y no lo digo tanto pensando en su capacidad de hacerlo –que la tiene- sino en su voluntad de hacerlo –que le sobra.

No sobraría, sin embargo, que las mismas piezas del rompecabezas –que lejos están de ser inanimadas- pongan también lo mejor que tienen para tenderles sus manos, no a Uribe, sino a Colombia.

Los colombianos y las colombianas estamos en condiciones de perdonarlo todo, menos la estupidez de quienes quieren persistir en el error y las mezquindades de quienes se atraviesan como tercas mulas sobre el camino de la paz.

Así la veo yo.

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octubre 03, 2006

Las AUC y el alto costo de la seguridad jurídica

Pago Por Ver si tienen buen recibo social los pedidos de indulto y amnistía


CHAMUYO (15)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
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juanrubbini@hotmail.com

Dicho está que ‘nadie sabe para quién trabaja’ pero se me hace que el ELN no quiere ni oír hablar acerca de para quién trabaja en estos días. Se despierta convencido que trabaja para las FARC y se acuesta preocupado por las voces que lo sindican de estar trabajando para las AUC. Entre línea y línea no faltan los columnistas que le endilgan estar trabajando para Uribe. Y no faltan quienes lo aplauden porque ven en el ELN el soplo ‘chavista’ que llega desde Venezuela. Incluso, no faltan quienes aseveran que EEUU está interesado en rescatar algo bueno del ELN –narcotizado al 40%- para oponerlo cualitativamente a las FARC –narcotizadas al 80%-. Entre el Polo y el Partido Liberal se recelan, porque unos piensan que ELN trabaja para la izquierda liberal, y otros para la derecha del Polo. Eso sí, del ELN y sus propuestas en Cuba no hablan sino sus hinchas, así como lo hacen los de Millonarios o los de Santa Fe con sus cálculos interminables sobre si estarán o no entre los ocho. Del ELN no se habla en los estadios de fútbol ni en los recitales de rock, ni en los barrios estratos 1, 2 y 3, ni en los 4, 5 y 6. En realidad nadie habla seriamente del ELN salvo los serios politólogos que se resisten a considerar que el mayor punto de interés que genera hoy el ELN es acerca de para quién trabaja. Amanecerá y veremos. Ojalá descubramos, por sus frutos, que el ELN trabaja en estos días por el bien de Colombia.

Vayamos al grano. Todo anduvo más o menos bien en la negociación política entre Gobierno y AUC hasta que se atravesó –como elefante en un bazar- el tema de la reelección. Desde allí, sumado a que el Gobierno –y sobre todo el País- tomó conciencia precisa –durante 2005- de las ostensibles limitaciones oficiales en materia de triunfo en un plazo breve sobre las guerrillas, el proceso de paz con las autodefensas ha sido cada vez más tortuoso.

Y esto al menos por otras dos razones: por un lado, la demanda de seguridad rural eficaz se ha ido incrementando y permanece insatisfecha en alto grado en la medida que las autodefensas entregaron armas y cedieron territorios, mientras el Estado no ocupó enteramente los vacíos; por otro lado, la necesidad de explorar posibles negociaciones con los socios FARC-ELN acotó dramáticamente los márgenes de acuerdos políticos con las AUC.

Vayamos por partes.

Tema 1: Reelección. La disposición del Gobierno a sostener el costo político de una negociación con las AUC decayó notoriamente cuando las Autodefensas dejaron de negociar con un Presidente-Presidente para comenzar a negociar con un Candidato-Presidente que desesperaba por lograr acuerdos internos y externos que hiciesen viable y legal la reelección inmediata.

Tema 2: Regreso de la guerrilla. La demanda de seguridad eficaz –servicio por excelencia que brindaban las AUC- solo hubiera disminuido hasta desaparecer en la medida que las guerrillas hubiesen entrado en desbande por la presión militar anunciada por el Gobierno, o, por lo menos, si se hubiese verificado la real ocupación por parte de las fuerzas estatales de todos los espacios vacíos dejados por las AUC.

Tema 3: En la medida en que se aleja la posibilidad de que el Estado derrote a las guerrillas –no se logró en cuatro años pero tampoco se ve que vaya a lograrse en ocho- vuelve y juega la salida negociada lo cual hace que el jugador Gobierno mueva sus fichas en esa dirección. Y qué mejor ficha dispuso el Gobierno a partir de 2005 que el proceso de paz con las AUC, manipulado a su antojo por ‘razones de Estado’ en función de elevar notablemente el ‘case’ de la próxima negociación con el binomio de plomo FARC-ELN, y si de paso se desalienta a algunos comandantes AUC de proseguir en la Mesa, tanto mejor.

La confluencia de los temas 1, 2 y 3 logró el efecto perverso -impensable al momento de la firma del Acuerdo inicial de Santa Fe de Ralito (2003)- de que el campo de juego de la negociación política entre Gobierno y AUC fuese invadido por el Ministerio de Justicia tan ostensiblemente durante 2005 y lo que va de 2006 que, de hecho, la negociación política se interrumpió –y así permanece suspendido aún el partido- para dar paso a las imposiciones del Gobierno, las que han sido tan constantes y de tal magnitud que a nadie, que haya seguido las alternativas del proceso de paz desde su comienzo, le han sonado extemporáneas las palabras de Vicente Castaño del 22 de septiembre pasado cuando llamó a su propia parte y a la contraparte a sentarse, comportarse con seriedad y reanudar el proceso de negociación hasta dejarlo acabado como Dios manda, con el broche final que merece, con los acuerdos de paz totalmente expuestos a la luz pública y al juicio de la Historia.

Es que esto de tener el partido suspendido y el campo de juego de la negociación política invadido por gente extraña a él es grave y tiene sus consecuencias. ¿Tolerarían las FARC una intromisión de este tipo? Tampoco el ELN pasaría de agache y sus amigos columnistas y del Polo y de la izquierda liberal pondrían el grito en el cielo. Las nuevas generaciones ‘paras’ encuentran en el ‘despelote’ presente el campo propicio para crecer y desarrollarse. Cuentan con las fuerzas del narcotráfico dispuestas a emprender el camino de la legitimación política a través de su ingreso directo al terreno del conflicto armado. La demanda efectiva de seguridad rural eficaz, urgida por el miedo, no se detiene a sopesar si es conveniente o no someterse a este nuevo intento de resistir ilegalmente a las guerrillas. La necesidad tiene cara de hereje y no son los terratenientes ni las clases altas y media rurales fundamentalistas de la seguridad democrática y menos ad portas de la enésima negociación con las FARC-ELN.

Lo de abrir el juego hacia una Constituyente es una hábil jugada del Gobierno en vísperas de recibir de las FARC el oxígeno político que puede depararle el acuerdo humanitario, pero si se ‘cranea’ que la misma será con participación de FARC y ELN y ausencia de las AUC, cabe a estas oponerse rotundamente a cualquier exclusión. Una cosa es someterse a la Justicia y otra, bien distinta, es rendirse ante la Injusticia. Una cosa es limitar en aras del bien público las propias exigencias en la Mesa, y otra, bien distinta, es aceptar que lo negocien a uno en las Mesas ajenas.

Atención. El entusiasmo por la derrota y sometimiento de las guerrillas que levantó Uribe en 2002 se puede ver enfrentado en los próximos tres años con la depresión colectiva y el sálvese quién pueda de quienes se sentirán no solo defraudados sino también abandonados a su suerte. Este mercado de la seguridad altamente insatisfecho es el que piensa abastecer la nueva sociedad de ‘paras’y ‘narcos’ para enfrentar el binomio FARC-ELN. Sociedad ultra-pragmática a la cual un discurso político no le faltará con todo el legado que han dejado las AUC durante su paso por el conflicto armado. Claro que este discurso político será poco meneado en los tiempos que vienen porque un gato ilegal que caza ratones ilegales estará presumiblemente poco interesado como lo estuvo la generación anterior –conducida alguna vez por Carlos Castaño- en atraer la atención y la consiguiente persecución del perro legal estatal. Persecución que será inevitable y muy dura esta vez cuando el mismo embajador Wood ha pedido dejar tranquilos a quienes ya están ‘negociando’ o queriendo hacerlo, como AUC y ELN, para concentrar los esfuerzos represivos en las FARC y en la dupla ‘narcos-paras’.

Si la situación actual es incierta y preocupante consolémonos con aquel principio de la ley de Murphy que nos dice que ‘no hay situación por mala que sea que no pueda empeorar’. ¿Qué hacer entonces, en materia de iniciativas de paz, para recuperar al menos la vertical en materia de proceso con las AUC, para que el limbo en la que se haya no se convierta en un Infierno? Primero lo primero, y es que el Alto Comisionado para la Paz no siga dejando inconcluso el proceso para lo cual el Presidente debe invitar al Ministro de Justicia, muy respetuosamente pero con autoridad, para que se retire del campo de juego. Si Sabas ya está en Roma, Holguín bien puede volver a sus funciones ministeriales que no son precisamente las de permanecer donde lo situó su antecesor, sobre el terreno donde el proceso de paz debe reanudarse. Puede quedarse Holguín entre el público VIP, ni más faltaba, pero no impidiendo con su ubicación errada la prosecución del partido. Claro que si por esos lados llueve, por aquí no escampa, porque el doctor Restrepo ahora no tiene un proceso sino tres que atender –y con qué tres contrincantes- cual partidas de ajedrez simultáneas, ninguna de las cuales el Gobierno puede suponer esté ganada de antemano.

Otra cosa que no puede demorarse es reunir cuanto antes a la totalidad de los ex comandantes en sus zonas de influencia, cada cual con la porción de sus treinta mil desmovilizados –no para que les den órdenes porque las AUC están disueltas- pero sí para que los acompañen y los orienten en la larga travesía del desierto que está significando el proceso de reinserción.

¿Por qué no mejorar y replicar con los otros ex comandantes que manifestaron su voluntad de hacerlo el modelo de erradicación manual de cultivos ilícitos que con tanta buena voluntad y compromiso iniciaron Salvatore Mancuso y Vicente Castaño con sus desmovilizados?

No se trata de que los ex comandantes abandonen su régimen de reclusión y pago de penas sino de que cambien los actuales –entre ellos el penal de La Ceja que cumplió su cometido en agosto y ya estamos en octubre- por otros situados más cerca de la base social que constituyen los desmovilizados allí donde están radicados. Es en esos sitios neurálgicos y no en el aislamiento opresivo e intrascendente de La Ceja donde los ex comandantes deben realizar la tarea socialmente útil e imprescindible de impedir que tenga éxito en los desmovilizados rasos y ex mandos medios la seducción que pretenden ejercer sobre ellos los actores armados ilegales y la delincuencia que puja por reclutar mano de obra para sus delitos.

Uno escribe estas cosas pensando que con tanto oír hablar de verdad, justicia, reparación y reconciliación –y más precisamente debido a esto, y a la necesidad de armonizar criterios- no puede haberse extirpado de nuestro lenguaje –y de nuestros cerebros- la palabra razón y su significado primario de ‘usar la cabeza’. Porque si la razón ha sido dejada de lado y se la ha declarado prescindible nada bueno puede esperarse de términos expuestos y reproducidos sin sentido de la realidad ni de las proporciones.

Flaco favor se le está haciendo a las víctimas de ayer –los hoy sobrevivientes- si se las condena a ser víctimas otra vez en el futuro. Por una ventanilla se las estaría reparando y por otra se las estaría condenado a ser nuevamente víctimas del conflicto que no se acaba y de la violencia que se recicla. ¿Y qué otra cosa vamos a ser todos mañana, sin excepción, sino víctimas, si ahora resulta que estamos corriendo el riesgo de estar en el futuro próximo peor que en 2002, con una nueva generación ‘para’ armada hasta los dientes aliada con una nueva generación de ‘narcos’ lucrándose con mayor inteligencia y productividad de la ilegalidad de su negocio globalizado, y la vieja sociedad FARC-ELN envalentonada y soberbia porque Uribe ‘vino, vio y no venció’ hasta el punto que otra vez vuelven asomando los famosos diálogos, los famosos despejes, las famosas agendas, los famosos congelamientos de las conversaciones, etc., etc.

La reglamentación de la ley 975 por la que se decidió el Gobierno y que tan bien ha caído entre los opositores del Gobierno y en los enemigos de las AUC, constituye el remedio amargo y repulsivo que, sin embargo, tiene el beneficio nada secundario de blindar a los ex comandantes AUC del Corte Penal Internacional y de paso fortalecer el romance Ejecutivo-Corte Constitucional que tantos celos despierta en la Corte Suprema y en el Partido Liberal. No cierra en cambio el camino de la extradición a Estados Unidos –aunque ciertamente aleja la posibilidad de transitarlo en la medida que satisface requerimientos expresos del Departamento de Estado- pero elimina de un tajo el ‘riesgo europeo’ y a estas alturas del ‘partido suspendido’, como escribía más arriba, no deja de ser un logro por el que Colombia puede felicitarse, y de paso felicitar al senador Petro y la senadora Parody, que tanto ‘se dieron la pela’ para evitarle a los ex comandantes AUC tan inmerecido destino. Los ex comandantes despiertan pasiones en la dupla Petro-Parody que ni el psiquiatra Luis Carlos Restrepo podrá jamás descifrar, ni por más ternura que ponga en el empeño.

Que el precio de la seguridad jurídica a prueba de europeos haya sido demasiado alto no es lo que debe preocupar a los ex comandantes AUC por el momento. No se trata sino del ‘registro contable’ de un pasivo no exigible hoy y que puede disminuir bastante, más adelante, cuando previsiblemente el ELN obtenga su seguridad jurídica a un precio sensiblemente menor, como el mismo Presidente Uribe adelantó en estos días a la Prensa. Cuando esto suceda –lo del mejor precio que obtenga el ELN por reparar a las víctimas de sus asesinatos, secuestros y extorsiones de cuarenta años de delincuencia- habrá que ver en cuánto se le rebaja –por efecto colateral- el precio que hoy suena inalcanzable a las ex AUC, no por las víctimas en sí mismas que donde lo fueron merecen reparación, sino porque el Estado ha encontrado el recurso ‘facilongo’ y a lo Poncio Pilatos de lavarse las manos, de endosar sus responsabilidades y culpas a guerrilleros y autodefensas, así como lo ha hecho tradicionalmente la Vieja Europa que hoy no solo no quiere oír hablar de pedidos de reparación por su saqueo, terrorismo y esclavismo conquistador de tres siglos –con piratas a bordo de la que es testigo elocuente Cartagena y sus murallas-, sino tampoco, con los mismos EEUU de Hiroshima y Nagasaki, oír mentar acerca de las ‘fronteras ideológicas’, la Guerra Fría, las simpatías pro-guerrilleras y las doctrinas de Seguridad nacional que tantas víctimas causaron en América Latina y en el resto del mundo alentando a diestra y siniestra, a Castros y Pinochets, a terroristas de izquierda y de Estado, que les hicieron el mandado a las potencias mundiales de turno y sus aliados, sin saber a ciencia cierta de qué se trataba realmente. No sabemos todavía hacia dónde vamos los pueblos libres de América, pero de dónde venimos sí que sabemos, aunque no siempre lo estemos manifestando, más por vergüenza ajena que por falta de conocimientos y de convicciones.

Veremos ahora cómo se las arreglan para amnistiar e indultar al ELN y a las FARC quienes hicieron hasta lo imposible por descalificar y estigmatizar a las AUC, quienes ofendieron la verdad y los sentimientos de millones de colombianos y colombianas hastiados de las guerrillas y de los gobiernos débiles e irresolutos que no las han querido derrotar.

Será cuestión de PPV, de pagar por ver, si vuelven del ostracismo en que los dejó el Caguán los pedidos de indulto y amnistía, y qué tratamiento le dan los altos funcionarios del Gobierno, los editorialistas, los formadores de opinión, la prensa internacional, los líderes políticos y los HRW y Amnesty International a las exigencias de FARC y ELN.

Mientras tanto, los ex comandantes AUC presos y los ‘no conducidos’, siguen esperando al borde del terreno de juego que el Gobierno reanude la negociación política y los jueces de Justicia y Paz se dispongan a juzgar, que una cosa es la Política y otra cosa es la Justicia, y en ambas ojalá esta vez, ‘se interponga un poco de Razón’.

Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de "Así la veo yo", "Esencias y Matices" y "Chamuyo" pueden ser consultados en:

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