diciembre 03, 2007

98. Las Autodefensas y el delgado hilo 'para qué' de la 'parapolítica'

Sin herramientas jurídicas y políticas no hay Sarkozy que valga

Punto y Aparte


Por Juan Rubbini
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com


La lección aprendida tras la fallida mediación de Chávez y Piedad con las FARC deberá incluir un capítulo adicional, el de las autodefensas.


Jan Egeland, quien fue el enviado especial de la ONU a Colombia durante el proceso de paz del Caguán declaró hace unos días en entrevista con SEMANA:


“Viendo ahora las cosas en retrospectiva, posiblemente fue un error que la ONU, por no cerrar las posibilidades de participar en un futuro proceso con los guerrilleros, rechazara la petición de Uribe de participar en el proceso de desmovilización de los paramilitares.”


Todos los esfuerzos del gobierno de Pastrana estuvieron orientados hacia no contrariar a las FARC en materia puntual de reconocimiento de las autodefensas como actor político del conflicto. No existió -antes de agosto de 2002- un camino establecido desde el Estado colombiano para permitir la negociación política y abrir un proceso de paz con las autodefensas. Hoy podríamos decir, con más propiedad, con la generación de autodefensas de los ’90.


El antecedente más importante lo constituyó, en 1998, el Acuerdo del Nudo del Paramillo firmado entre las Autodefensas y prestigiosos emisarios de la sociedad civil y política en las postrimerías del gobierno Samper. Quienes se ‘rasgan las vestiduras’ con el pacto de Ralito de 2001 debieran leer aquel documento firmado por Lucho Garzón, Samuel Moreno, Sabas Pretelt de la Vega, Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, entre otros. (Adjunto el texto completo al final de esta columna).


Pese a la negativa del presidente Pastrana, y en línea con el Acuerdo del Nudo del Paramillo, los caminos hacia la orilla política se privilegiaron sobre lo estrictamente militar y de esa decisión política consensuada en el interior de las autodefensas –no sin fuertes debates internos- se habilitó el rumbo hacia la ‘parapolítica’, concebida no como una estrategia de guerra, mucho menos de debilitamiento y corrupción del Estado, sino como único recurso disponible en búsqueda de abrir trocha hacia la posterior negociación política con el Gobierno que condujera a la desmovilización y desarme planteados en 1998.


A diferencia de FARC y ELN hoy podemos decir que las autodefensas acertaron en el rumbo de la negociación política y la desmovilización –hoy concretada- a partir de una situación crítica de no reconocimiento político ni voluntad de diálogo por parte del Gobierno de Pastrana.


Si hoy no estuvieran las autodefensas desmovilizadas y desarmadas, pagando prisión y asistiendo a los tribunales, incluso ante la Corte Suprema, alguien podría pensar que todo lo de la ‘parapolítica’ era una estratagema para seguir en la guerra y debilitar el Estado. Los hechos son contundentes y muestran todo lo contrario. La desmovilización es un hecho nunca antes registrado en Colombia en tal magnitud cuantitativa y con tanta participación de la Justicia. Hoy las instituciones del Estado y el Estado mismo están más legitimados que nunca antes gracias a este proceso de paz. La cuestión no es entonces si la ‘parapolítica’ era o no una actividad legal bajo la justicia imperante, obviamente que no. Lo fundamental aquí es si existía otro camino, que podría haberse desarrollado desde la ilegalidad para producir los efectos –en término de desmovilización y desarme- que acabo de mencionar con menos costo humanitario, con menos dolor para la familia colombiana. No se trata de hacer la apología de la ‘parapolítica’, claro que no, pero se trata de evaluar seria y serenamente si no resultó un remedio eficaz para curar la enfermedad que producían las autodefensas ilegales en el marco del conflicto armado.


Esta generación de autodefensas había trabajado desde los ‘90 en dos frentes, uno el de debilitar a las guerrillas, el otro, compensar –desde su accionar sedicioso e ilegal- la debilidad del Estado. Lo primero significaba quitarle el agua al pez, debilitando sus bases de apoyo y su logística, afectando sus recursos. Por el lado del Estado decidieron las autodefensas que había que ocupar espacios para desalojar a las guerrillas e impedir su infiltración. Pero a mediados de 2001 la cuestión había llegado a una coyuntura donde era preciso adecuar las estrategias. Existía la sensación pública de una gran debilidad del gobierno en la negociación, y todo indicaba que se avanzaba hacia un pacto de Pastrana con las FARC donde la posibilidad de una Constituyente que legitimara a las FARC y les otorgase cuotas importantes de poder era lo inminente. Ante esa situación algunos comandantes AUC que no querían debilitar el Estado ni continuar ilegitimándolo con su accionar paramilitar redoblaron los esfuerzos de persuasión interna hacia la conveniencia y necesidad de que las AUC se abrieran paso hacia la orilla de la política en la legalidad, lo cual implicaba razonar seriamente en términos de lograr abrir un proceso de paz que los llevara a la desmovilización. En ese momento resultaba preciso generar confianza interna sobre que ello era realmente posible, y también comenzar a generar en la otra orilla, la de los políticos en la legalidad, la necesaria confianza de que las intenciones de las autodefensas eran serias y que se podía confiar en que si se abrían las puertas de la negociación política con las autodefensas ello no iba a conducir a una farsa como la del Caguán.

En esos momentos los comandantes de las AUC tenían muy claro que no existían en Colombia elementos de lo que hoy se llama justicia transicional (para producir el pasaje de la guerra a la paz) con la consecuencia de que los políticos que se acercaran a dialogar con las AUC quedaban en una situación, no solo de vulnerabilidad ante las guerrillas –que los convertiría en objetivo militar- sino también incómoda ante la ley, lo cual derivaba en la necesidad de mantener los contactos en un clima de absoluta confidencialidad y reserva para no acabar poniendo una lápida sobre las cabezas de los involucrados en tan riesgosa operación de paz. Sin embargo, también era cierto que todos los procesos de paz anteriores en Colombia y en el mundo se habían iniciado con una etapa en la cual podía confundirse el acercamiento al grupo ilegal con una asociación para delinquir con ese grupo ilegal. De todos los caminos posibles para sensibilizar a la clase política y finalmente al gobierno de turno sobre la necesidad y conveniencia de una negociación seria con las autodefensas, el escogido, hoy conocido como ‘parapolítica’, resultaba el menos costoso humanitariamente, y finalmente el más apropiado para una organización que nunca se consideró terrorista ni revolucionaria, pero que claramente a esas alturas de su historia ya representaba el clamor y las urgencias de comunidades muy grandes agredidas por las guerrillas y abandonadas por el Estado.


Lo anterior constituye la matriz básica del asunto. De allí viene la génesis del proceso de paz con las Autodefensas. Por el camino de la ‘parapolítica’ fue inevitable pasar, vistas las circunstancias vigentes en aquellas coyunturas: en 2001 las AUC se hallaban en la cima de su poder militar y creciendo a ritmo vertiginoso. Hoy, tras el pasaje por la ‘parapolítica’ y la posterior negociación con el gobierno de Uribe, y como resultado de esta a la desmovilización y desarme, se llega ahora a la asistencia ante los tribunales de Justicia y Paz. No podemos dejar de considerar a la luz de las limitaciones de aquella época y los frutos incontrastables hoy de más de 30.000 desmovilizados, que lo actuado produjo el resultado positivo que se buscaba en términos de desactivación de un importante factor de violencia y conflicto. Ciertamente, en el tránsito de la guerra a la desmovilización se violaron leyes existentes, pero lo que no debe es dejar de ponderarse que los caminos alternativos disponibles en aquel momento histórico al finalmente andado eran infinitamente más peligrosos, dolorosos y atentatorios con la paz y la reconciliación. Piénsese solamente cómo las FARC, en el mismo período que estamos considerando de 2001-2007, pasaron de la negociación y todo el apoyo oficial al Caguán, durante más de tres años, a la situación actual, donde ni siquiera el tema de los secuestrados se ha podido desentrañar y siguen en pie de guerra. En el mismo período las autodefensas han producido un giro trascendental y contundente, cuyos beneficios para la sociedad nadie puede dejar de aceptar y valorar positivamente.


Hoy está muy claro (más que en 2001 por supuesto) que no existe –para FARC, ELN y Autodefensas- la justicia transicional y restaurativa suficiente y atractiva para los ilegales que la paz y reconciliación de los colombianos exige para pasar de la guerra a la paz. Por eso están siendo juzgados comportamientos dentro del marco de leyes existentes que no tienen relación con la gravedad de la situación que plantea el conflicto armado, y mucho menos alientan y compensan políticamente el valor de enfrentar el problema y resolverlo.


Si no se entiende la ‘parapolítica’ dentro de este contexto y estas urgencias de paz y reconciliación los riesgos de perpetuar el conflicto se agravan. A grandes males grandes remedios, por supuesto sin violar las leyes. Pero ello requiere un gran esfuerzo conjunto de la política y de la justicia para adecuar el ordenamiento legal a la prioridad nacional de la paz y su complemento imprescindible de reparación a las víctimas y reconciliación entre todos los colombianos. La realidad nos pone hoy frente a la gran disyuntiva de tomar el toro por las astas y darle una segunda oportunidad a la vida –bajo ciertas condiciones ineludibles- a todos los que, habiendo previamente delinquido e integrado y liderado grupos armados ilegales, luego cambiaron su actitud y acciones hostiles cuando apostaron por la paz y la reconciliación. Pero eso no alcanza, hay que proporcionar suficientes incentivos en términos de justicia transicional y restaurativa, que no se centren tanto ni solamente en el castigo por decir la verdad, sino que más bien incentiven y premien el manifestar la verdad, privilegiando en ello, no la autoincriminación en un posible delito sino el aporte patriótico a la construcción del nuevo país, respetuoso de las leyes claro, pero también pacífico y sin conflicto armado.


Sin estas herramientas jurídicas y políticas no habrá mediación de Chávez y Piedad, ni de Sarkozy y la ONU que llegue a buen puerto


La ‘guerra fría’ de hoy entre Uribe y Chávez muestra que caminar hacia la paz es caminar sobre el filo de la navaja.


Algo que tendrá que valorar en su momento un líder mundial como Sarkozy, si quiere tener éxito no con las FARC ni con Uribe, sino con Colombia, su gente, su libertad y su democracia.


No solo las guerrillas y el Estado tienen algo que decir en cuestiones de paz, las Autodefensas también.

Así la veo yo.

Los 97 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- conformada por “Así la veo yo”, “Esencias y Matices”, “Chamuyo”, “SÍ-SE-PUEDE” y “Punto y Aparte”, están disponibles para su lectura en:


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ACUERDO DEL NUDO DE PARAMILLO O DE CÓRDOBA



LA REUNIÓN DE REPRESENTANTES DEL CONSEJO NACIONAL DE PAZ, CON MIEMBROS DE LA SOCIEDAD CIVIL Y LAS AUTODEFENSAS UNIDAD DE COLOMBIA, CELEBRADA EL DÍA 26 DE JULIO DE 1998:



CONSIDERANDO:



Que la confrontación armada que vive el país, requiere de una solución política negociada al conflicto, donde los compromisos de las partes deben centrarse en el reconocimiento de la dignidad humana como único camino civilizado.



Que el logro de la paz no es la simple negociación de la confrontación armada, sino también el desarrollo de un conjunto de medidas económicas, políticas y culturales con las que se logre la justicia social y se supere el sentido de la violencia en la solución de los conflictos internos.



Que la búsqueda de la paz en un proceso en el que se irán manifestando avances parciales entre los distintos actores, que se concertará en mesas de negociación, sin ventajas para ninguno, con actuaciones bajo una confidencialidad convenida entre las partes. Mesas en las que, una vez iniciado el diálogo, nadie se levante de ellas ni se produzcan o propicien rompimientos innecesarios.



Que el proceso de paz seguirá más allá de la negociación de la confrontación armada hasta que la convivencia política sea una realidad amplia y profunda en el país.



Que rechazamos la destrucción de la infraestructura pública y privada de la nación, así como el secuestro, la extorsión, las desapariciones forzosas y toda forma de violencia para transformar el país o solucionar los conflictos.



Que es indispensable preservar a toda costa la Unidad Nacional:



DECLARAMOS:



PRIMERO.- Se inicia el proceso de paz con las Autodefensas Unidas de Colombia-AUC.



SEGUNDO.- Nos comprometemos a buscar caminos de acercamiento, avance y construcción de escenarios posibles, para lo cual estamos dispuestos a desarrollar las siguientes actividades:



A.- Los representantes del Consejo Nacional de Paz y de la sociedad civil, ejercerán sus buenos oficios tendientes a que el Gobierno Nacional, como representación política del Estado, respalde los compromisos aquí consignados.



B.- Promover en la sociedad radicada en las áreas de influencia directa de las Autodefensas y en la sociedad en general, el criterio que la convivencia nacional y la reconstrucción social del país, se logra con la construcción de una ética basada en el respeto a los derechos humanos, al Derecho Internacional Humanitario, a la solidaridad y a la tolerancia.



C.- Apoyar en forma directa todos los procesos que restablezcan la convivencia social y nacional, por lo que consideramos altamente favorable la realización de todo tipo de acciones individuales o colectivas en las que se exprese la construcción de la voluntad de paz y por ningún motivo desconocerán la realización de reuniones, foros, talleres o seminarios de paz.



D.- Las Autodefensas Unidas de Colombia, se comprometen a realizar las tareas necesarias tendientes a que todos los grupos de autodefensas del país, respalden y asuman los compromisos que aquí se llegan.



TERCERO.- La sociedad civil y el Consejo Nacional de Paz apoyan que se inicien negociaciones de paz entre el gobierno nacional y las AUC en una mesa independiente y simultánea con otros procesos, para concluir en un verdadero acuerdo de paz que involucre a todos los actores de la guerra.



Los participantes en esta reunión consideran válido que el desarrollo del diálogo y la negociación, de los distintos procesos de paz, culmine en propuestas de decisiones administrativas, legales o constitucionales, que conduzcan a las reformas que demanda la nación.



CUARTO.- En la búsqueda de aliviar las consecuencias que la confrontación armada produce en la población civil, los asistentes ratifican su convicción de que el Derecho Internacional Humanitario es el mínimo ético que deben respetar los actores armados, que se puede expresar en diferentes formas de acuerdos humanitarios de vigencia inmediata.



Las Autodefensas Unidas de Colombia, se comprometen a:



A.- Impartir órdenes e instrucciones militares a todos sus miembros, a fin de que se adopten todas las medidas de precaución necesarias en orden a evitar involucrar a la población civil en la confrontación armada.



B.- A partir de la fecha, no reclutar menores de 18 años a sus filas, ni a utilizarlos en actividades de inteligencia o vigilancia.



C.- Respetar la vida y dignidad personal de quienes quedan fuera de combate y prestarles la asistencia médica necesaria.



D.- Reiterar su voluntad de permitir, en zonas de enfrentamiento, el suministro y tránsito de alimentos y bienes indispensables exclusivamente para la población civil; respetar los centros médicos, las unidades médicas humanitarias, los dispensarios, los centros de acopio de alimentos o cosechas y así mismo no utilizar como cuartel o centro de reclutamiento o instalación militar transitoria o definitiva, los bienes culturales, las escuelas, los hogares infantiles, los centros religiosos o de cultos, como tampoco las unidades deportivas.



Igualmente reiteran la prohibición de los ataques o amenazas de destrucción a los bienes civiles.



E.- Realizar las siguientes medidas de precaución:



· En caso de ataques, tomar las medidas indispensables para evitar el desplazamiento forzado de la población civil.



· No hostigar a la población para que se enrole en las filas de las tropas.



· No almacenar armamento o pertrechos o cualquier objeto de guerra, en los sitios donde habita la población desplazada.



· En caso extremo, que se produzca el desplazamiento, de acuerdo con las normas del Derecho Internacional Humanitario, acudirán a la Defensoría del Pueblo o a un organismo de socorro nacional o humanitario internacional, para que acompañe a la población desplazada hasta un sitio seguro de cualquier ataque militar.



F.- Tomar las siguientes medidas de seguridad:



· Respetar a las comunidades de paz y los bienes protegidos por el Derecho Internacional Humanitario.



· Respetar la autonomía, creencias, cultura y derecho a la neutralidad de los pueblos indígenas o las comunidades afrocolombianas en sus territorios.



· No realizar ningún tipo de actividad que afecte ríos, lagunas, depósitos de agua o fuentes de abastecimiento de energía eléctrica que son utilizadas por la población civil.



QUINTO.- Los representantes de la sociedad civil y los miembros del Consejo Nacional de paz, propiciarán ante la sociedad, que la agenda mínima de negociación de paz que debe adelantar el gobierno nacional con las Autodefensas Unidas de Colombia, debe dar respuesta a problemas como:



· Democracia y reforma política
· Modelo de desarrollo económico
· Reforma social, económica y judicial
· La fuerza pública en el estado social de derecho
· El ordenamiento territorial y la descentralización
· El medio ambiente y el desarrollo sostenible
· Los hidrocarburos y la política petrolera



SEXTO.- Con el fin de facilitar las acciones humanitarias en los territorios de influencia de las Autodefensas Unidas de Colombia, éstas se comprometen a respetar los emblemas de los organismos humanitarios internacionales y/o nacionales, así como reconocer el papel humanitario y neutral que en la confrontación armada ejerce la Defensoría del Pueblo.



SÉPTIMO.- Las Autodefensas Unidas de Colombia y los representantes de la Sociedad Civil y del Consejo Nacional de Paz, iniciarán acciones para establecer una verificación adecuada a las acciones aquí comprometidas.



Celebramos las gestiones de paz que ha adelantado el señor presidente electo, Andrés Pastrana Arango y nos comprometemos a participar en los procesos necesarios, con discreción, seriedad y responsabilidad, tal como él lo ha expresado.



Firman,



Por las Autodefensas Unidas de Colombia –AUC:



Por las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, ACCU:



Carlos Castaño
César Marín
Salvatore Mancuso
José Alfredo Berrío
Por las Autodefensas de Puerto Boyacá:
Votalón
César Salazar.
Por las Autodefensas de Ramón Isaza
Ramón Isaza
Teniente González
Por las Autodefensas de los Llanos Orientales:
Clodomiro Agames
Eulises Mendoza
Por las Autodefensas de Santander y Sur del Cesar:
Camilo Aurelio Morantes
Francisco Tabares
Por las Autodefensas de Casanare:
Daniel Santos
Carlos Castro
Por las Autodefensas de Cundinamarca:
Pedro Tulio Moreno
Luis Fernando Cifuentes
Por el Consejo Nacional de Paz y los miembros de la sociedad Civil:
Castro Caicedo, José Fernando
Garzón, Luis Eduardo
Hernández, Hernando
Marulanda Gómez, Eugenio
Moreno Rojas, Samuel
Pretelt de la Vega, Sabas
Ramírez Ocampo, Augusto
Vargas, Alejo
Visbal, Jorge
Secretarios Ad-Hoc:
Caicedo Rodríguez, Nelson
García Hoyos, Álvaro.

noviembre 19, 2007

97. Las Autodefensas y 2008 que se viene ‘cargado de tigre’

Un ‘equipo más corto’ para jugar en las ‘Grandes Ligas’





Punto y Aparte



Por Juan Rubbini






Por el lado de Chávez y Sarkosy, su bienvenido acercamiento con FARC y ELN prefigura contactos con las Autodefensas. Esto para reducir las asimetrías que tienen a unos en la cárcel y a otros reuniéndose con jefes de estado. Ni unos ni otros se han rendido, ni han renunciado a la cuestión política que los enfrentó en la guerra. Los procesos hacia la paz cojean aunque avanzan mientras la guerra sigue y el Estado es todavía una ficción en buena parte del territorio nacional. Circunstancia que aprovechan las guerrillas pero también algunas autodefensas y el narcotráfico ni se diga. La ‘paz parcelada’ nunca será definitiva, la guerra no terminará sin acuerdo de todos sus actores. Y esto –no nos digamos mentiras- incluye FARC y ELN, también Autodefensas –desmovilizadas o no- y todos los ‘narcos’ colombianos.

El conflicto armado no es expresión de lucha de clases, tampoco asunto de regionalismos enfrentados, mucho menos hoy de comunistas y anticomunistas. Urge la definición del nuevo ordenamiento político donde quepan aquellos que han permanecido excluidos. Botar las llaves de la guerra al mar exige garantías de que los pactos se cumplirán y el Estado no traicionará. Los pactos no pueden ser bilaterales porque nacerán muertos. Debemos superar las contradicciones generadas por medio siglo de violencia donde los actores han sido cuatro: Estado – Guerrillas – Narcotráfico – Autodefensas. O la paz se articula entre todos ellos o no la habrá, así de claro, así de cruel.

Los 4 actores han tenido relaciones ‘contractuales’, y mantienen esos lazos, no por afinidad sino por necesidad, ‘no los une el amor sino el espanto’, parafraseando a Borges. La ‘parapolítica’ es la punta del iceberg. Entre Uribe y Autodefensas –con tanta buena fe como ingenuidad- se ha querido ensayar lo imposible, ‘la paz parcelada’. ‘Quijotada’ que tiene a los jefes de las autodefensas en la cárcel, al Gobierno estigmatizado y a la defensiva, y a miles de autodefensas otra vez en armas. La guerra tiene sus ingredientes pero la paz también los tiene y si se trata de construir la paz la buena voluntad no alcanza si no existe un ‘gran acuerdo político’ y unos terceros legitimadores y activos.

Nadie sabe hoy qué estrategia existe detrás de Chávez y Piedad, qué intereses mueven a Sarkosy, o qué pueden ganar las FARC liberando a los secuestrados, o el ELN siguiendo los pasos de Mancuso y los suyos a la cárcel.

Las Autodefensas tendrán en 2008 mucho más trabajo político e ideológico que presentarse en Justicia y Paz. No habrá posibilidad de avanzar con FARC y ELN sino hasta donde el tema Autodefensas volverá a ser la piedra en el zapato. Y no solo por aquellos que habrán cumplido en 2008 la mitad de su pena sino por aquellos ‘paras’ subsistentes o emergentes que no querrán pasar de agache cuando llegue el momento de pronunciarse.

El Gobierno conoce el fangal donde asienta sus pasos en esto del conflicto armado. Resulta previsible que no quiera avanzar con las Autodefensas en el diálogo político sin producir antes un logro significativo con ELN o FARC. Tras cinco años de conversaciones con los líderes de las Autodefensas se permite abusar de su confianza y los mantiene en lista de espera ya que los pasajeros VIP esperados son los guerrilleros ‘adulados’ por jefes de estado y no los ‘paracos’ ‘masacrados’ por la prensa. Esto lo entiende el País y se lo perdona a Uribe, tal vez al Estado no, pero a Uribe sí.

Así las cosas, el ‘trasvasamiento generacional’ de las autodefensas resulta inatajable. Los quiebres de los procesos históricos emergen cada vez que existen desajustes insalvables entre los problemas y las soluciones, y esto sucede por encima de las voluntades individuales.

El cuadro de situación alienta el optimismo de quienes pensamos que Chávez-Sarkosy pueden llegar allí donde Uribe jamás llegaría solo. Y es aquí donde las Autodefensas ocuparán un espacio en los próximos meses. El poder negociador de las Autodefensas no reside exclusivamente en la voluntad de paz de quienes están alojados en la cárcel, sino también en aquellos que han preferido permanecer en el monte.

Así como las guerrillas tienen sus ‘emisarios’ en el Congreso, la política y las columnas de prensa, las autodefensas –que iniciaron su proceso años después que el M-19, el EPL y la Corriente de Renovación Socialista del ELN – están dispersas entre la cárcel, el monte y el llano de la vida civil.

El desafío de la hora para las Autodefensas es integrar un equipo ‘más corto’ donde quienes ‘quemaron las naves’ y están jugados con la desmovilización, tiendan los puentes con aquellos escépticos y ortodoxos que sostienen que mientras haya un guerrillero en pie de guerra será necesario un ‘paraco’ en iguales condiciones para hacerle frente.

Solo así, con un equipo’ más corto’ –con menos distancia entre sus integrantes- podrán ingresar las Autodefensas a las ‘grandes ligas’ donde se construya entre los ‘4 grandes’ (Estado, Guerrilla, Narcotráfico, Autodefensas) y con árbitros internacionales, la Paz y Reconciliación que se merece nuestro Pueblo.

La izquierda es maestra en la combinación de todas las formas de lucha. Está más cerca de Maquiavelo que de Marx.

La derecha haría bien en aprender política con maestros de izquierda, no para copiarle los errores pero sí para aprenderle las virtudes.

Que todos los ángeles tienen algo de demonio, y viceversa.


Así la veo yo.

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noviembre 02, 2007

96. Las Autodefensas y la hecatombe nuestra de cada día

Urge negociar por las buenas el final del narcotráfico en Colombia



Punto y Aparte







La hecatombe no es que Uribe se vaya en 2010 o permanezca de Presidente.

¿Cómo imaginan ustedes la hecatombe? ¿Que se cumplan los presagios de Al Gore, o más bien la invasión de Colombia por los esbirros de Chávez? ¿Que las FARC anuncien la secesión del 20 % del País? ¿Que los Hermanos Castaño resuciten y declaren la guerra a las FARC?


Cada quien es dueño de su miedo, cada cual es presa de su hecatombe.


Para las autodefensas desmovilizadas hecatombe sería que asumiese un presidente que desconozca su proceso de paz y haga ‘tierra arrasada’ con los acuerdos. Ofreciese al ‘mono Jojoy’ el mindefensa, y a ‘Iván Márquez’ el mininterior. ‘Antonio García’ ministro de Cultura será número puesto aunque las FARC pongan su grito en el cielo.


Para las FARC hecatombe sería que se aprobase la reelección de Uribe no por uno o dos períodos sino in eternum.


Cada quien tiene su hecatombe, tampoco falta la ‘doble moral’. Quienes aplauden la reelección indefinida de Chávez la desaprueban para Uribe, quienes idolatran a Fidel como dictador vitalicio despotrican de Uribe si aspira a dos décadas presidente. ¿Acaso no filosofaba Gardel que ‘veinte años no es nada’?


Las armas son buenas para la Revolución dicen algunos, pero para la Contrarrevolución ¡ni de vainas! Los delitos son políticos cuando los crímenes los realizan los guerrilleros, pero no son delitos políticos cuando los ‘paras’ le dan duro a los guerrilleros.


En el ‘ojo de la hecatombe’ danzan los lobos de la ‘parapolítica’, las ‘bandas guerrilleras y sus contras, las ‘emergentes’ contraguerrilleras, el besuqueo entre Chávez y Piedad, los guiños entre FARC y Chávez, las marrullas del Polo y la Izquierda Liberal, el ‘revival’ de la ex Anapo y los ex M 19, el desfile del ‘orgullo antiuribista’ con políticos gringos a bordo que no comprenden –ni les interesa- si acaso Bogotá no es un barrio de Caracas. Devoran las columnas de María Jimena, de Claudia, de León, de Daniel el travieso coronel, perdidos en las marañas de Locombia, mientras las encuestas dictaminan… ¿el siglo de Uribe?


Si el ‘ojo’ es aquél y se nutre de tales tormentas, la ‘cola de la hecatombe’ sigue siendo la ‘cola de siete vidas’ del narcotráfico.


Sin narcotráfico no tendríamos guerrillas, y sin guerrillas no tendríamos ‘paras’. Estaríamos más pendientes del mundo que de los EEUU. Sin narcotráfico los problemas de Colombia serían nuestros problemas y aquí los resolveríamos. Colombia produciría su revolución agropecuaria atendiendo la dignidad de sus campesinos y las necesidades alimentarias de los colombianos. Sin narcotráfico, EEUU sería un país importante amigo de todos los colombianos y no el villano carcelero de unos y el enemigo de otros. Sin narcotráfico, la visa no sería un obstáculo insalvable, sino una amable invitación a conocer el ‘american way of life’.


No me desvela que Uribe sea candidato en 2010 o toda su vida, si cuenta con el voto libre de los colombianos, si gana en buena ley las elecciones, con todas las garantías para los ciudadanos.


No lo votaría, en cambio, si no postula en el mismo nivel de la seguridad democrática la solución final del narcotráfico en Colombia, no por las malas, por las buenas, con Verdad, Justicia y Reparación.


Jamás lo votaría, ni a él ni a otro, si no les ofrece a los guerrilleros y los ‘paras’ salida digna del conflicto armado, la posibilidad de reconstruir sus vidas y recuperar la plenitud de sus derechos, sin ‘hacer pistola ’ ni ‘poner conejo’, ni los ilegales ni el Estado. O se quiere Paz o se quiere Guerra, pero eso de ofrecer paz y hacer guerra, eso de invitar a la paz y azuzar con las armas, eso de prometer y no cumplir ni es honorable ni puede ser bandera de elección ni reelección.


Estamos en el ‘ojo de la hecatombe’. La hecatombe está presente. El drama no es que llegue, la tragedia es que la hecatombe no se va. No saldremos de ella mientras haya narcotráfico en Colombia. Otros países pueden darse el lujo de preferir el combate al narcotráfico por encima de la necesidad de acabarlo por las buenas. Colombia debe acabar la hecatombe que corrompe el Estado, la política, la guerrilla y los ‘paras’. Que ‘desvaloriza’ los valores y destroza la vida rural y urbana, las almas y los cuerpos.


La reelección de Uribe ‘vale huevo’ si Uribe y los demás presidenciables no se toman de las manos para salir de la hecatombe producida por el narcotráfico. No sigamos hurgando en el Proceso 8000, en las guerrillas, en las autodefensas, en la ‘parapolítica’, porque no comienza allí la solución.


Corresponde resolver por las buenas el desafío del narcotráfico. Lo demás vendrá por añadidura. Si no se empieza por donde es estaremos condenados a perpetuar la hecatombe.


Reelección sí, pero ¿reelección para qué? ¿Para resignarnos a la hecatombe, o para superarla?


Con urgencia, el Gobierno y las fuerzas políticas, oficialistas y opositoras, deben diseñar la estrategia de negociación con los ‘duros del narcotráfico’.


Combatir el narcotráfico no ha sido suficiente y solo ha servido para atizar la hecatombe. Superarla es cuestión de inteligencia política, de sabiduría en las prioridades.


De admitir que de la hecatombe solo saldremos con otra legislación y una buena negociación.




Así la veo yo.



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octubre 19, 2007

95. Las Autodefensas y las ‘bandas’ de todos los ‘bandos’

La cuestión territorial está en el centro de la solución política del conflicto armado



Punto y Aparte





La cuestión territorial está en el centro de la solución política del conflicto armado. El ‘fin de la historia’ no coincide exactamente con el diagnóstico de Fukuyama pero tampoco está muy lejos. Democracia política, liberalismo económico, inversión social, propiedad privada, libertad de prensa, monopolio de la fuerza en manos del Estado, libertades públicas, preservación del medio ambiente, cuidado de los recursos naturales, etc., etc., son ‘inamovibles’ de cualquier agenda política sensata del siglo XXI.

Esto lo han entendido las autodefensas, y también Uribe, y de la mano de Petro y de Garzón, el Polo también lo entiende y lo acepta incluso el ELN. Quienes ‘se hacen los locos’ son los duros de las FARC, y quienes desde dentro del Polo no trabajan para fortalecer la ‘pata de izquierda’ de la mesa democrática sino que conspiran para tumbar el sistema democrático y promover en su reemplazo ‘el socialismo del siglo XXI’ a través de la combinación de todas las formas de lucha.

En la Colombia de hoy el asunto de la guerra y de la paz, comienza a ser secundario frente a la cuestión territorial, la reinstitucionalización del Estado y la apertura política hacia los extremos de izquierda y de derecha con una sola condición sine qua non: la condena a la lucha armada como instrumento político. Esto no es así por capricho ‘uribista’ sino porque la historia está dejando atrás el recurso atávico de la guerra para resolver los problemas de las sociedades y de los pueblos. Esto no lo han entendido todavía los EEUU en Irak ni tampoco las FARC y el ELN en Colombia. Hay más parecidos entre ‘Marulanda’ y Bush que los que su propaganda de guerra admite.

Las autodefensas se hallan hoy estigmatizadas por el pasado que las condena, pero no por el presente que les abre las puertas de regreso a la civilidad si le cumplen a la Justicia, la Verdad y la Reparación. Las autodefensas no son monedita de oro que le guste a todo el mundo, pero nadie niega que de cara al futuro tienen más aceptación política en el pueblo colombiano que las FARC. Y ese reconocimiento no solo tiene que ver con haber enfrentado a las guerrillas cuando el Estado era remiso a hacerlo, sino por haber iniciado el camino de la desmovilización y la legitimación del Estado y la vía democrática cuando Uribe aceptó sentarse a dialogar políticamente con ellas sobre las condiciones de su reincorporación a la vida civil.

Quienes siguen atribuyendo altruismo a las guerrillas y egoísmo a las autodefensas, no están viendo la realidad de los hechos sino la realidad de sus prejuicios. Quienes siguen pretendiendo ofrecer beneficios judiciales para quienes atentan contra el Estado sin reconocerlo de igual modo para quienes lo defienden, no están sosteniendo la balanza de la justicia sino inclinando una de sus pesas en detrimento de la otra. Finalmente, quienes apoyan la libertad de los guerrilleros a cambio de la libertad de los secuestrados, no obran con equidad y ponderación, si, al mismo tiempo, no solicitan la libertad de las autodefensas a cambio de su desmovilización.

Se equivocan quienes le piden despeje al Gobierno nacional. Quienes deben despejar sus territorios de influencia son las guerrillas, para que allí ingrese el Gobierno a negociar la entrega de los secuestrados. Se equivoca Pastrana cuando dice que en Ralito quien despejó fue el Estado, allí quienes despejaron fueron las autodefensas, porque ese territorio hacía ya años que el Estado lo había abandonando.

Nadie en sus cabales piensa hoy que la solución política negociada con las FARC y el ELN pasa por el sacrificio a favor de las guerrillas de la sociedad democrática, o por la institucionalización del poder guerrillero en el Estado colombiano. No se trata solamente de no ceder al chantaje, sino de no poner a la misma altura lo que sería algo así como confundir la gastritis con el cáncer, o una molesta venérea con el sida.

No señores! Las FARC y el ELN no son hoy las guerrillas de los ’60, ni siquiera las de los ’80, anteriores a la caída de la Unión Soviética y del Muro de Berlín, hoy son el símil de las ‘bandas emergentes’ pero con fraseología de izquierda, o de un cierto ‘chavismo’ caguanizado. Y cuando digo que son la contracara de las ‘bandas emergentes’, o de las ‘nuevas generaciones de autodefensa’ no lo digo despectivamente, ni peyorativamente sino poniendo el dedo en la llaga de su poder territorial, de su poder de coaccionar militarmente a cientos de miles de campesinos para cultivar lo que aquellas organizaciones quieren y no lo que los campesinos quisieran si el Estado y la Comunidad internacional les ‘pararan bolas’ como personas, como ciudadanos colombianos, en vez de estigmatizarlos como ‘cocaleros’ o como ‘bandidos’ y ‘violentos’.

En Colombia hay más territorio que Estado, y más urgencia de democracia que democracia real. En vez de reconocerles y sobrevalorar el ‘poder de sus ideas políticas’ a los actores armados ilegales que subsisten de la mano del narcotráfico -con la bendición o sin la bendición de Chávez y de Castro, pero todos ellos sin excepción con el estímulo de los dólares y los euros de los pueblos más ricos del mundo- lo que sí debiera hacerse por parte del Estado es reconocerles su ‘poder de facto’ en vastos territorios del País y ‘entregárselos’ en concesión durante una cantidad de años acordando con ellos ciertas condiciones mínimas, humanitarias, políticas y militares, aceptadas en referendo por los colombianos y por las Naciones Unidas.

No veo por ningún lado otra solución pragmática a la fragmentación del territorio colombiano que ya es una realidad hoy, y que si no es mayor todavía es porque las ex AUC acordaron con el Gobierno nacional un modo de reinstitucionalizar el funcionamiento del Estado allí donde ya no estaba, allí donde hacía muchos años que había desertado de sus obligaciones para con la sociedad.

No se debe intentar construir un sistema democrático sólido y eficaz, de alcance nacional y reconocido internacionalmente, solamente basados sobre principios ideológicos, de izquierda o de derecha, sin apoyar los pies sobre la tierra y partir de la realidad de los hechos.

Los hechos determinan que el País real está hoy en buena parte en manos de ‘bandas’, unas son bandas supervivientes de la ‘calentura marxista’ de los ’60, y otras son bandas emergentes de la globalización del narcotráfico y el fracaso del proceso con las AUC, iniciado unilateralmente el 1 de noviembre de 2002, por los Castaño y los Mancuso, y ‘finalizado’ abruptamente por la ‘manu militari’ del Gobierno cuando el ex embajador Wood tuvo la ´genial’ idea de manifestar, a comienzos de 2006, que entregado el último fusil por parte de las autodefensas ya la zona de Ralito estaba mandada a recoger y no había nada más que negociar con las AUC.

Y como con los gringos –incluso con Rambo- sí que todos los políticos colombianos son ‘culiprontos’ y dan la vida y algo más por una visa -hasta Petro-, así estamos, siglo tras siglo, sin solución, pobrecitos los colombianos ‘tan lejos de Dios y tan cerca de los EEUU’, como dijo alguna vez de los mexicanos – hace ya un siglo- su presidente Porfirio Díaz.

Así la veo yo.

Los 95 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- conformada por “Así la veo yo”, “Esencias y Matices”, “Chamuyo”, “SÍ-SE-PUEDE” y “Punto y Aparte”, están disponibles para su lectura en:

octubre 05, 2007

94. Las Autodefensas y su 'divisoria de aguas'

¿Quiénes y por qué le temen a las autodefensas desmovilizadas?



Punto y Aparte







¿Quiénes y por qué le temen a las autodefensas desmovilizadas?

Principalmente tres sectores: 1) Quienes temen a las FARC y no confían en el Estado, 2) Quienes temen que se conozca toda la verdad de las autodefensas, 3) Quienes no quieren que las autodefensas constituyan un movimiento político.

¿Es posible o imposible la reincorporación a la vida civil de treinta mil combatientes de las ex AUC?

Sí, pero nunca en las condiciones actuales, así no vamos a ningún lado. Toda prisa es poca en la dirección de reconstruir la confianza entre las partes, y entre las partes y la sociedad nacional e internacional. Para ello urge: 1) Que se retome la Hoja de Ruta y el Proceso de Paz se haga Visible, 2) Que se reúna en los mismos sitios y por bloques a los ex comandantes con sus antiguos subalternos, 3) Que se dote a la Fiscalía de los medios humanos, técnicos y logísticos que le den consistencia a su trabajo y ‘dientes’ a sus investigaciones.

Los miedos provienen de frentes diversos y no son de ahora, son de vieja data. Hizo carrera el paradigma de que las autodefensas no debían desmovilizarse antes que las guerrillas. Esto aún lo sostiene el ‘establecimiento’ temeroso que las Fuerzas Militares no puedan solas contra las FARC.

Lo anterior explica porqué la decisión política de desmovilizarse tomada en 2003 por las AUC lejos de verse como una legitimación del Estado tendiente a fortalecerlo, se considerase una debilitación del mismo que había que impedir o diluir a como diera lugar.

Quien analice con objetividad el proceso de Ralito sacará la conclusión que lejos de querer premiarse –por parte del Estado- la decisión de los ‘paras’ de abandonar la guerra lo que se ha hecho es castigar tamaña osadía con cárceles de máxima seguridad y corbetas en alta mar, amenazas de extradición y puertas abiertas a la Corte Penal Internacional.

Si se buscaba que los más remisos y desconfiados regresaran al monte el ‘establecimiento’ puede felicitarse: no menos del 20 % de las fuerzas de autodefensa han visto estimulado el camino de la ‘removilización’ y pueden estar pensando que así complacen al ‘establecimiento’ y al mismo Estado.

¿Quiénes y por qué le temen a las autodefensas desmovilizadas? Le temen quienes le escapan al conocimiento de la verdad y saben que la ley de Justicia y Paz –si no quiere abrir las puertas del TPI para los ex comandantes- destapará finalmente todas las ‘ollas podridas’ que con su complicidad se han hecho, para conveniencia de tanta gente ‘blanca y bien’, para quienes el ‘conflicto armado’ constituye su fuente de poder, no tanto por su nada despreciable ‘caja menor’ sino por la influencia política y social originada en la intermediación parasitaria que deriva a sus 'beneficiarios'.

Aquí pueden encontrarse -si quieren darse la pela los investigadores periodísticos- las razones últimas de tan poderosas y encumbradas presiones para lograr del presidente Uribe que la totalidad de los ex comandantes de las Autodefensas sean finalmente extraditados y apartados de sus compromisos con la Ley de Justicia y Paz. Como en Colombia se extradita en función del cumplimiento de formalismos y no de la comprobación en juicio de los hechos delictivos atribuidos, nada más fácil que deshacerse de los ex comandantes, 'botárselos' a EEUU y evitar que digan en Justicia y Paz la verdad de lo que saben.

Asistimos hoy a la paradoja de que ‘Simón Trinidad’ y ‘Sonia’ están en EEUU, y Chávez y Piedad queriendo repatriarlos en ‘aras del intercambio humanitario y de la paz’ –y de 'paso cañazo' hacerle la vuelta al Secretariado-, mientras que a ‘Macaco’, ‘don Berna’, ‘Jorge 40’, Mancuso y otros los tenemos aquí queriendo cumplirle a Justicia y Paz, a las víctimas y al País con el aporte de su Verdad y su Reparación y resulta que fuerzas oscuras y no tan oscuras –más bien blancas y whisky en mano digamos- lo que quieren es que Uribe firme su extradición y sacarlos de Colombia a como dé lugar –para que no sigan diciendo lo que saben y ya empezaron a decir.

Y si no dijeron más es porque esto recién comienza, porque la Fiscalía no tiene aún todos los medios humanos y logísticos para escuchar tantas verdades que las autodefensas desmovilizadas quieren decir. Comprendo que no todos quieren escuchar de los líderes desmovilizados todas sus verdades, sino solamente las que quieren oír, pero el País tiene que conocer toda la verdad no solamente la que se refiere a desplazados, muertos y desaparecidos.

Llamativo que en sectores del gobierno de la seguridad democrática exista disposición para avalar tan olímpicamente aquello de que ‘desde las cárceles los ex comandantes siguen delinquiendo’ y que ‘para tal o cual ex comandante no hay mínima seguridad ni siquiera en las cárceles de máxima seguridad’ y que por eso Cómbita, y ni siquiera eso, porque hoy son las corbetas en altamar y mañana será Guantánamo o algo así.

¿Qué podrán decir entonces de la seguridad democrática quienes ni están protegidos por el INPEC, sino que viven como desmovilizados de las autodefensas en la periferia de las ciudades o en zonas rurales de alto riesgo, como los más de quinientos municipios que mencionan los informes de quienes quieren para Colombia elecciones libres de toda coacción y sin interferencia de los violentos.

¿Quiénes y por qué le temen a las autodefensas desmovilizadas? Hay quienes no quieren de ninguna manera que se abran las tribunas y las arenas políticas para los desmovilizados de las autodefensas. A los que vienen de la guerra por el lado de las guerrillas se le abren todas las puertas y el Polo está dispuesto a recibirlos como ‘héroes de guerra’, como ‘guerrilleros heroicos’.

Los ex guerrilleros están hoy en el Congreso, en las gobernaciones, en las alcaldías, como columnistas de la prensa, en las ONG que asesoran organismos internacionales, en el mismo gobierno nacional.

Las autodefensas desmovilizadas exigen y merecen recibir el mismo tratamiento civilista y democrático, garantista y benevolente, a cambio de su abandono de las armas y sus compromisos de no repetición. ¿Acaso no existe la voluntad de los líderes políticos del ‘uribismo’, del ‘pastranismo’ y del ‘vargasllerismo’ de hacerle un espacio en la democracia a las autodefensas desmovilizadas? ¿Hasta dónde y hasta cuándo la actitud vergonzante de la vieja y la nueva derecha?

Nadie se escandaliza en Colombia por la ‘química’ entre Chávez y ‘Marulanda’. Nadie puso el grito en el cielo por la ‘química’ entre Pastrana y ‘Tirofijo’. O entre Álvaro Leyva y el Secretariado de las FARC. O la del Polo Democrático Alternativo con amigos del ELN y de las FARC.

Pero ¡ay! de quien se le ocurriera sugerir siquiera que entre Uribe y Mancuso pudiera existir cierta ‘química’. Sería la bomba atómica, el tsunami, el apocalipsis now.

Mientras tantos miedos, prejuicios e hipocresías determinen el curso de los acontecimientos, las autodefensas deberán resignarse y aceptar que el ‘proceso de paz’ las dividió fatalmente en dos: unas, desde las cárceles y hasta en medio del océano siguen golpeando las puertas de la civilidad para que las dejen ingresar y permanecer. Otras, no sin razones, ya no golpean las mismas puertas, han sentido el rechazo y los miedos de quienes les temen como advertencia de que jamás tendrán otra garantía por parte de este establecimiento y de este Estado que ‘la ley del monte’.

Señores gobernantes, congresistas y de la política, señores de las autodefensas, señores y señoras de la comunidad internacional, menos farándula y más logros.

El Pueblo cuando calla no necesariamente otorga.

El Pueblo no habla siempre, pero que pone atención, pone atención.

Si el Hijo de Dios echó a los mercaderes del Templo y escupió a los que sabían en su boca como agua tibia, ¿qué no harán los colombianos, cuando pierdan su paciencia, con aquellos que lucran con la política y se llenan la boca con palabras de paz pero condenan al Pueblo a que se perpetúen en nuestra tierra la exclusión y la guerra?

Así la veo yo.

Los 94 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- conformada por “Así la veo yo”, “Esencias y Matices”, “Chamuyo”, “SÍ-SE-PUEDE” y “Punto y Aparte”, están disponibles para su lectura en:

septiembre 21, 2007

93. Las Autodefensas y los ‘burros atravesados’ en el proceso de paz

¿A qué democracia aspiramos? ¿República elitista o soberanía popular?



Punto y Aparte


Por Juan Rubbini





Garzón y Petro son hoy al interior del Polo y con respecto a las FARC, lo que Castaño y Mancuso han representado al interior de los paramilitares y con respecto a las AUC, desde finales de los ’90. Ni unos ni otros han sido objetivamente contextualizados, ni valorados con sindéresis por la clase política. Desde la izquierda extrema se ve a unos como fugándose al centro y abandonado la izquierda; desde el establecimiento, en cambio, se insiste en ver a Castaño y Mancuso como quienes desertaron de la lucha antisubversiva para sumarse a las fuerzas del narcotráfico. Unos y otros son vistos como ‘traidores’ y oportunistas, según se mire con ojos de extrema izquierda o extrema derecha.

Algo más, y aquí la analogía es entre Petro y Navarro con Mancuso y ‘Báez’. Petro y Navarro dijeron ¡basta de lucha armada! para sumarse a la democracia, así como Mancuso y ‘Báez’ quieren ser actores de la democracia desde otra perspectiva ideológica, pero sin diferencias insalvables con aquéllos en el diagnóstico y los remedios de los males colombianos.

¿Por qué para unos se abrieron las puertas y con otros se insiste en mantenerlas cerradas?

No son los tiempos los que han cambiado, son las clases políticas del establecimiento las que se complacen en bendecir y adular a la izquierda pero no quieren admitir públicamente que las autodefensas son una realidad cultural, social y política porque hay un pueblo detrás que las respalda y las bendice. Incorporar las autodefensas desmovilizadas a la democracia colombiana significaría no menos de dos millones de nuevos votantes incorporados al sistema electoral, y no menos de otro millón de votos que saldría de los partidos tradicionales para emigrar hacia los candidatos de las autodefensas. El establecimiento político se horroriza ante la perspectiva que por izquierda y por derecha se consoliden por fuera del bipartidismo liberal-conservador fuerzas políticas de signos populares opuestos, pero no por ello menos democráticas y representativas de las urgencias de la gente.

El ‘uribismo’ y el Polo son apenas el comienzo de la profunda transformación política de este País. La ‘refundación’ del Estado está que llega, porque el ‘más de lo mismo’ ya no aguanta. Colombia no cabe más en las redes del clientelismo, la corrupción y la violencia. Las Autodefensas lo saben, las FARC y el ELN lo intuyen, y ninguno de ellos quiere quedar por fuera del nuevo mapa político de Colombia que se está gestando en estos días y mostrará ‘sus primeros dientes’ en 2010. Ni siquiera Chávez quiere estar por fuera de Colombia. Uribe también tiene sus adeptos en Venezuela y no se dejará coger ventaja.

Con lo anterior se mezclan el enredo de la ‘parapolítica’, la parafernalia mediática que sataniza a ‘Macaco’ y a ‘don Berna’ y los dardos envenenados que trascienden en la prensa pretendiendo quebrar la unidad de las autodefensas y ponerlas a pelear entre sí. “Los hermanos sean unidos ésa es la Ley primera, porque si los hermanos se pelean los devoran los de afuera” reza el Martín Fierro, de José Hernández.

El proceso de paz con las autodefensas está sumergido en la invisibilidad por la influencia de ‘los rabos de paja’ y solo se lo saca a la luz para mostrar los horrores cometidos en la guerra, como si no hubiesen sido los Castaño y los Mancuso quienes desde las entrañas del conflicto se armaron de valor para persuadir a sus amigos confederados e iniciar el largo viaje de la guerra a la paz, el mismo viaje que, en su momento, iniciaron Petro y Navarro. Lo hicieron para llegar al mismo puerto de la democracia, la legalidad y la lucha política desarmada.

A raíz de mi reciente columna que publicó El Tiempo llovieron mensajes en mi correo. Rescato aquí los que giran alrededor de tres temas principales: ¿no le teme usted a las FARC?, ¿no le teme usted a la Fiscalía?, ¿se considera acaso el Álvaro Leyva de las Autodefensas?

Contra lo que puedan pensar algunos que no me conocen respeto como fuerzas revolucionarias a las FARC y también al ELN. No he recibido nunca de ellos, ni de alguno de sus integrantes, ninguna ofensa, ninguna amenaza. Si mi llegada a Colombia se hubiese producido a mis veinte años y no a los cuarenta como sucedió, en 1990, seguramente hubiese buscado estrecharle mi mano a ‘Marulanda’ y a Camilo Torres. Porque uno es quien es, pero también vive en carne propia el torrente histórico de la época, el signo de los tiempos de los que habla la Iglesia.

A la Fiscalía no le temo, ni más faltaba, su labor es preciosa y debe ser alentada y respaldada. La justicia transicional sigue incompleta y no caben todavía en ella todos los puentes y las arandelas que permitirán dar el paso de la guerra a la paz, pero eso lo han vivido y lo han padecido todos los comisionados de paz, todos los gestores de paz, que durante más de treinta años han intentado abrir caminos definitivos de reconciliación y no lo han logrado.

No lo conozco personalmente, pero si Álvaro Leyva me invitara a acompañarlo –y el gobierno me autoriza- iría con él, con toda la confianza del mundo, a conversar juntos con las FARC y el ELN allí donde sus jefes quisieran atenderme. No descarto que los ex comandantes de las Autodefensas desmovilizados aprovecharan mi viaje para hacerles llegar una carta, un documento, una invitación a los líderes guerrilleros.
Escribió Hermann Hesse en El juego de los abalorios: “Así como estimamos poco plausibles los deseos y pasiones que impulsan al rebelde a romper con la norma, reverenciamos en cambio la memoria de las víctimas, que son las entidades verdaderamente trágicas”.

Así la veo yo.

Los 93 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- conformada por “Así la veo yo”, “Esencias y Matices”, “Chamuyo”, “SÍ-SE-PUEDE”, y “Punto y Aparte” están disponibles para su acceso y lectura en:



agosto 30, 2007

92. Las Autodefensas y su largo camino a casa

En las manos de la Justicia los cimientos del nuevo Estado



Punto y Aparte (1)



Por Juan Rubbini
www.lapazencolombia.blogspot.com



Si la Fiscalía y las Cortes no se enredan en la maraña de las mezquindades políticas –y los enroques del ajedrez geopolítico- la Justicia colombiana tiene asignado por la Historia el insustituible e indelegable papel de conducir a los desmovilizados colombianos de regreso a la vida civil.

Entre lo políticamente correcto y lo estrictamente jurídico nada debe estar por encima de la Ley ni por debajo de la mesa. La guerra tiene sus leyes y la desmovilización y el desarme también deben tenerlas y han de respetarse.

Si ‘don Macaco’ y ‘don Berna’, al igual que ‘Simón Trinidad’ y ‘Sonia’, deben en legítima justicia hacer escala en otro país antes de regresar a su casa en Colombia, pues que así sea, pero que no sea porque lo exigen los Estados Unidos sino porque la Justicia colombiana lo entiende así y actúa en derecho, teniendo en cuenta todos y cada uno de los intrincados asuntos que le competen y se ven reflejados en este caso.

Que no resulte –y nos vayamos a enterar dentro de una o dos generaciones- que el gobierno de los Estados Unidos mantiene infiltrado el Estado colombiano, y lo manipula para resolver sus razones de Estado hegemónico, y la Justicia colombiana no defiende los derechos de los ciudadanos colombianos. Porque esto no lo toleran las guerrillas pero tampoco lo aceptan las autodefensas, ni las de vieja generación, ni supongo tampoco las de nueva generación, así como no lo consideramos justo los ciudadanos colombianos.

Para las autodefensas desmovilizadas, en Itagüí, en Cómbita, en todo el país, no existe hoy nada más políticamente correcto que respetar las actuaciones de la Justicia. Incluso para modificar las leyes –y también para modificar la Constitución- existen los caminos y las formas, los tiempos y los procedimientos constitucionales adecuados y previstos. En cuanto al bloque de constitucionalidad tampoco nada es para siempre ni rígidamente inmodificable.

Y si alguien tiene dudas al respecto allí está Chávez para ayudar a resolver nuestros problemas internos colombianos, siempre tan activo, siempre tan dispuesto a viajar. No solo por el acuerdo humanitario se desvive el hombre, resolver el conflicto armado puede ser el próximo paso. Y si Chávez está dispuesto a colaborar con el Gobierno por el lado de las guerrillas, bien puede ser invitado desde Itagüí a terciar en el espinoso tema de la reinserción de los desmovilizados, y sus colaterales efectos negativos sobre el rearme y el vuelo de águila de las bandas emergentes, que también sobrevuelan la frontera común.

Que nadie se sorprenda de los cabos sueltos, los escándalos mediáticos y la inercia seudo-delictiva que acompañarán de por vida la estela de quienes han sido actores armados del conflicto colombiano. En el caso de los ex comandantes de las FARC, y del ELN y de las Autodefensas se aplica aquello de que ‘el pasado los condena’ y ‘házte la fama y échate a dormir’. Que lo digan si no es así Petro, y también Navarro, ¿qué no se va a decir hoy y se seguirá diciendo mañana y siempre en los casos de ‘don Macaco’ y de ‘don Berna’, o de Salvatore Mancuso y ‘Jorge 40’?

Por eso es tan decisivo y crucial que la Justicia se erija en el pilar fundamental de los procesos de paz si el Estado de Colombia y sus ciudadanos aspiran a ser respetados en el mundo. Claro que el respeto por los ciudadanos –incluso por los ciudadanos que han delinquido- ha de comenzar por casa, desde el primer poder de la democracia –el ejecutivo- hasta el cuarto poder –la prensa.

Si resulta cierto que ‘don Macaco’ y ‘don Berna’ han delinquido tras su desmovilización ello no puede ser tomado, en Colombia al menos, y por interés nacional, tan a la ligera, como si se trataran ambos de personajes del común, o de la farándula. Nadie ignora las difíciles circunstancias por las que atraviesa el proceso de paz, no solo con las autodefensas, también con el ELN, e incluso el acuerdo humanitario con las FARC.

Los problemas de la casa se resuelven en la propia casa, si los países vecinos y los países amigos deciden ayudar que lo hagan –que sean entonces Venezuela o Estados Unidos, o ambos al tiempo- pero la Justicia de Colombia, atravesada hoy en su médula por los procesos de Justicia y Paz, y de la ‘Parapolítica’, no puede ni debe dejarse sacar de las manos –lo más propio sería utilizar los términos ‘arrebatar por los intereses de un tercer país, por poderoso que sea’- aquellos personajes emblemáticos de un problema determinante y prioritario para comenzar a encontrar la salida de más de cuarenta años de violencia.

Es que ‘don Macaco’ y ‘don Berna’, así como ‘Simón Trinidad’ y ‘Sonia’, nos sirven aquí, a los colombianos, para que nos digan cómo y por qué, los hechos pasados, y por dónde y de qué manera, visualizan ellos que salimos de esta tragedia nacional.

La Justicia de Colombia necesita todo nuestro apoyo como ciudadanos, incluso todo el apoyo de parte de quienes por una u otra razón han delinquido. El delito no deja de ser delito porque sea delito político, ni el delincuente tiene más o menos derechos humanos por ser político o por no serlo. El quid del problema no es si los guerrilleros son rebeldes, o si las autodefensas son sediciosas. La cuestión es cómo salimos del conflicto armado, o al menos cómo vamos saliendo. Para comenzar a salir del conflicto, comencemos escuchando y ayudando a quienes quieren colaborar con el final de las hostilidades. Y hagámoslo desde la Justicia, donde unos por propia voluntad y otros porque han sido capturados, den muestras de que quieren hacerlo. Que hayan sido en el pasado partes del problema, no les quita el derecho a rectificar sus conductas, reparar lo reparable y convertirse en partes de la solución.

Lo políticamente correcto, aquí y ahora, para las autodefensas y para las guerrillas, es poner su vida, su libertad y su determinación en manos de la Justicia. Pero entonces, la Justicia se enfrenta a la madre de todos los dilemas, al punto de convergencia donde los intereses de las víctimas, de la verdad y del propio Estado se unen y se mezclan: ¿extradito o no extradito?

¿Extradito porque me lo piden los Estados Unidos? ¿O no extradito porque los supremos intereses de Colombia y de los colombianos me lo exigen?

Porque es cierto, se trata de ‘guerrillos’, o de ‘paracos’, o de ‘narcos’. Pero sucede, que son ‘nuestros’ guerrillos, ‘nuestros’ paracos y ‘nuestros’ narcos. Y para acabar de ajustar, se trata de ‘nuestra’ Justicia, de ‘nuestro’ Estado y de ‘nuestra’ democracia.
En fin, para un colombiano no debiera existir en el mundo nada mejor que otro colombiano. Aunque se trate de un delincuente, o precisamente porque se trata de un delincuente, desde aquí lo queremos resocializar, desde aquí lo queremos reintegrar en paz y arrepentimiento y perdón con sus hermanos.

Suena chauvinista pero no lo es. Somos ciudadanos del mundo, pero lo somos desde la propia nacionalidad, desde el propio territorio, desde la propia idiosincrasia. No desde la condición de parias de la humanidad, ni de desarraigados de las propias tradiciones.

La Justicia tiene la última palabra.

Ojalá la Justicia de Colombia, ahora que tiene el tigre a sus pies no se vaya a asustar con el cuero. No se quede muda, ni hable en otro idioma, ni mire para otro lado. Porque entonces, ‘apague y vámonos’. Unos para EEUU, otros para el ‘monte’, otros, los más, para seguir ‘camellando’ pacíficamente –pero en medio del conflicto, untados de conflicto- en lo que algunos todavía llaman ‘el mejor vividero del mundo’, aquí donde amamos y nos sentimos amados.

Así la veo yo.

Los 92 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- conformada por “Así la veo yo”, “Esencias y Matices”, “Chamuyo”, “SÍ-SE-PUEDE”, y “Punto y Aparte” están disponibles para su acceso y lectura en:

agosto 13, 2007

Las Autodefensas y el mito del ‘eterno retorno’

No se vuelve de la guerra para volver a ella



SÍ-SE-PUEDE (12)



Por Juan Rubbini
www.lapazencolombia.blogspot.com



A cada guerrillero le llega su autodefensa, y a cada rebelde su ‘paraco’. Si unos dan la vida por Fidel y por Chávez, otros la ofrendan porque no quieren ser esclavos ni del comunismo ni del marxismo. Si las FARC y el ELN hubiesen triunfado, las Autodefensas serían hoy los rebeldes insurgentes en el monte contra la dictadura guerrillera entronizada en Bogotá. Y las FARC y el ELN oficiarían de ‘paramilitares’ de turno. Pero como las Autodefensas con su victoria sobre las guerrillas no lo permitieron, ahora resulta que su éxito militar y su confianza social les ha impedido graduarse y ejercer como rebeldes, y la Corte Suprema quiere negarle su condición política. Es digno de Ripley pero los jueces quieren el ‘premio judicial y político’ para los derrotados y ‘la muerte política’ para sus vencedores. Así unos quisieran para Colombia los usos y costumbres de los Stalin, Castro y Pol Pot –aderezados con el discurso chavista-, mientras las autodefensas quieren algo menos presumido y mesiánico: democracia, libertades públicas e iniciativa privada. Y el respeto de la justa justicia, claro.


Colombia 2007. No se trata solamente de ‘sesgos’ ideológicos. Se trata del eterno juego de causas y efectos. Hubo la Violencia de liberales y conservadores. Hubo un Frente Nacional. Sin Verdad, sin Justicia, sin Reparación. ‘El que siembra vientos cosecha tempestades’. Hubo una Revolución comunista en Cuba en 1959. Hubo un doble parto guerrillero en Colombia, en 1964, el de las FARC y el del ELN. ‘Al que no quiere caldo, le dan dos tazas’. Y para quienes gustan de las coincidencias, precisamente en 1964 nació Salvatore Mancuso, y en 1965, Carlos Castaño. Primero fueron las guerrillas, solo después, y como consecuencia de los crímenes de las guerrillas, los crímenes de las autodefensas. En el juego de causas y efectos, no solo las guerrillas los tuvieron, las autodefensas también. Hubo un antes y un después. ‘No hay peor ciego que el que no quiere ver’. Si esto no es conflicto ¿el conflicto dónde está?

Hacen bien los ex comandantes de las Autodefensas en seguir imperturbables su ‘hoja de ruta’ que los lleva a la libertad. Y de paso los aleja de la tentación de volver a la guerra. Hacen mal las clases dirigentes que no han querido resolver el problema, y que ya reconocen abiertamente que las ‘bandas emergentes’ son la respuesta de la realidad a los delirios de la fantasía. También hay de los otros, quienes no quieren reconocer, que la suma algebraica de ciertos factores de inestabilidad (la desmovilización de las autodefensas más los incumplimientos del Gobierno más la dinámica del ‘doble conflicto armado’ –político y económico) no podía sino degenerar como resultado en nuevas organizaciones, unas de orientación guerrillera, otras de orientación autodefensa, otras solo dedicadas al propio negocio ilegal.

Del matrimonio entre las guerrillas criminales y el Estado desertor, nacieron primero las Autodefensas y luego se fortaleció el narcotráfico. Donde hubo amor cenizas quedan y ellas pululan en algunas Cortes y Curules, entre amigos del ‘altruismo’ con la vida ajena.

Hacen bien los ex comandantes de las Autodefensas desarmados en no renunciar a su cívico reclamo por los derechos políticos, más ahora que aprendieron que el Estado promete pero no cumple, exige el monopolio de la fuerza pero no cubre con su manto protector los suelos de la patria. Si los desmovilizados no se defienden como ciudadanos respetuosos de la democracia con el ejercicio de sus derechos políticos ¿cómo pretende el Estado que lo hagan? ¿o querrá que los treinta y tres mil se autodeclaren culpables y se alojen masivamente en las cárceles para ‘protegerse’?

Los fusiles se entregaron pero la reincorporación a la vida civil se demora, de los riesgos de la desmovilización precipitada se advirtió en Ralito pero pudo más la prisa del Gobierno por mostrar resultados positivos. Mientras la reelección subió por el ascensor la seguridad democrática aún está viendo si sube o no por la escalera. Dirán que son las incertidumbres de la democracia, el precio de las libertades, otros pensarán que son los vicios del caduco país que se resiste a perder sus privilegios de siempre.

Algunos insisten en que el País no está preparado para conocer la verdad, otros vislumbran que aquí el negocio es la guerra, y que la paz no tiene cabida ni buen recibo en el corazón de los que mandan. Por eso los ex comandantes de las Autodefensas no fueron premiados ni condecorados por abandonar las armas, sino castigados y encerrados en la cárcel. Las promesas de amnistía, indulto y cuotas de poder, siguen existiendo para sus enemigos guerrilleros, para cuando se dignen sentarse a negociar con las armas en la mano. Que para ellos siempre habrá Países Amigos, no solo la Cuba de Fidel o la Venezuela de Chávez.

Así son las cosas y contra este estado de cosas hay que rebelarse, pero rebelarse sin dar ventajas, escogiendo el terreno y la oportunidad. Mientras tanto, que otros disfruten las veleidades del destino del poder, que hoy suelta y mañana aprieta, que hoy te sube y mañana te baja. Hay obsesiones tercas y fanáticas contra las cuales es en vano seguirle el juego, es sabio dar solamente las peleas que hay alguna posibilidad de ganar, y darlas cuando llegó la hora, ni antes ni después.

Esta es hora de reflexión y de paciencia. De todas las virtudes, nada mejor para el momento que la constancia y el estudio, la organización del esfuerzo y el esfuerzo de prepararse. Porque la realidad sigue siendo la única verdad, y a los espejismos los derrota la experiencia, y a la ignorancia el conocimiento.

Quienes hoy viven en campaña predicando más de lo mismo, serán los primeros en llegar un día a pedirles consejo a los Mancuso y compañía. Y cuando ese día llegue habrá que haber aprendido, que no se puede confiar en todos pero que tampoco es conveniente eludir la palabra sensata en el momento preciso. Que otros hagan la Historia que les toca y si les va bien ganamos todos, unos en la arena y otros en las tribunas. Que los espectadores también cuentan, y votan, y no siempre es lo que toca ser actores.

El proceso de paz no está acabado, ni clausurado. Es tiempo de pasos cortos y esos pasos hay que darlos, mirando más el bien común de los afectados que el propio interés de los partidarios. Llegará el final de la pesadilla y el recupero del bien preciado de la libertad. Esto es poderoso y suficiente aliciente, y en pos de la libertad todo esfuerzo vale, incluso el de renunciar por un tiempo - que ha de cumplirse inexorablemente- al ejercicio de aquella parte sustancial de los derechos humanos que hoy el Estado les ha confiscado. Los derechos políticos son derechos humanos, ni más faltaba.

Este Gobierno se sucederá a sí mismo –no sería la primera vez- o será reemplazado por otro distinto. Esto no cambia la naturaleza de las cosas ni acaba por sí con los conflictos, ni solo puede sanar las heridas y generar el perdón y la reconciliación.

Hoy está más claro que ayer –y esto se les abona a las Autodefensas desmovilizadas- que la matriz del conflicto incluye sustancial e inextricablemente la cuestión del narcotráfico y su secuela de ‘narcoeconomías’ y ‘lavado de dinero’. En 2010 ningún candidato –ni siquiera Uribe III- podrá creíblemente prometer acabar con las guerrillas y las autodefensas –como lo hicieron Pastrana en 1998 y Uribe I en 2002- si no propone algo sensato y convocante sobre el asunto de la producción, comercialización interna y exportación de sustancias ilícitas. Porque si bien es cierto que es el negocio del narcotráfico quien financia guerrillas y autodefensas, no menos cierto resulta que la lucha entre guerrillas y autodefensas resulta el ‘camuflaje’ perfecto que levanta la polvareda exacta que necesitan las cadenas internacionales del narcotráfico para vivir y reproducirse.


Habrá que reconocer que el ‘doble conflicto armado’ (político y económico) no solo subsiste sino que es capaz de mutar y sobrevivir porque ya se ha transformado en un sistema de múltiples entradas y salidas combinadas capaz de retroalimentarse con las prohibiciones, las guerras declaradas e incluso las extradiciones. Pueden continuarse todas las cruzadas contra el conflicto, lo que no garantiza más que su supervivencia transformada y su loco carrusel.

Cuanto más éxito alcancen los ex comandantes de las Autodefensas en alejarse totalmente del campo de las hostilidades más evidente se hará que ni eran las causas ni los motores principales de las mismas, ni siquiera los ‘grandes cocos del paseo’ como les encanta pregonar a los ‘fabricantes de imagen’ complacidos en escupir hacia arriba subestimando que todo se vuelve, que todo lo que sube baja, y que quien arroja el bumerang lo sentirá regresar.

Que se solacen en su papel de bufones del sistema, los ‘imagólogos’ de turno, los rehenes del ‘rating’ y la fama, y… sobre todo, de los cheques de las pautas publicitarias.

En la sabiduría de los Evangelios ya está escrito:

‘Por sus frutos los conoceréis’.

Y esto vale para los unos y para los otros.


Unos queriendo salir de la guerra, otros pugnando por ingresar.

Unos padeciendo con la guerra, otros lucrando con ella.


Así la veo yo.

Los artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- conformada por “Así la veo yo”, “Esencias y Matices”, “Chamuyo” Y “SÍ-SE-PUEDE”, están disponibles para su acceso y lectura en:


www.lapazencolombia.blogspot.com y en la sección La Brújula de www.salvatoremancuso.com

julio 31, 2007

Las Autodefensas y la ‘insoportable indefinición’ del Estado

La ‘crisis de la sedición’ reclama la autoridad de los 'verdaderos sabios'




SÍ-SE-PUEDE (11)








El proceso de paz con las Autodefensas, reducido a su expresión más elemental, no significa nada distinto que su desmovilización y desarme, acordado con sus líderes, a cambio de la reincorporación de todos sus integrantes, por parte del Estado, a la vida civil. Vida civil para un ex combatiente significa el abandono de la vida militar y, consecuentemente, la recuperación del ejercicio pleno de los derechos civiles y políticos, que son los soportes mínimos y necesarios de los derechos humanos. Este acuerdo sobre lo fundamental de la negociación –reincorporación a la vida civil- está escrito y firmado por ambas partes en el Acuerdo de Santa Fe de Ralito para Contribuir a la Paz de Colombia. Este documento, esencial para comprender los alcances mínimos de las negociaciones de paz entre el Estado y las Autodefensas tiene fecha 15 de julio de 2003.



Cuatro años después –¡nada menos que cuatro años después!- el Gobierno y la Corte Suprema se enfrascan en bizantinas discusiones sobre cuestiones legales e ideológicas que inexplicablemente están lejos de haberse resuelto en el seno del Estado. Y que por su indefinición someten al proceso de paz a una nueva crisis, crisis que revela una vez más –a propios y extraños- que el Estado colombiano está lejos todavía, no solo de ganar la guerra, sino, incluso, de consolidar la paz con aquellos grupos armados ilegales –en este caso las Autodefensas- que han dado muestras evidentes y contundentes de querer abandonar la ilegalidad y la guerra, a cambio de la legalidad y el disfrute pleno de los derechos humanos, entre ellos el derecho de participar en política. Si por el desayuno se sabe cómo será el almuerzo, se comprende mejor porqué el ELN salió rápidamente –en medio del despiste generalizado por la sentencia de la Corte- a proponer el referéndum ciudadano y aun el indulto para guerrilleros y paramilitares, es decir la solución política incluyente del constituyente primario. No se equivoca el ELN ni se equivocan las Autodefensas cuando intentan abrir caminos de paz que no acaben truncados en el laberinto del Estado que ni hace ni deja hacer.



El proceso de paz con las Autodefensas avanzó desde su inicio en medio de una doble percepción equivocada por parte de sus actores, que terminó confundiendo a la opinión y a los medios. Se creyó por parte de unos que negociando con las Autodefensas se estaba desmontando el ‘paramilitarismo’ –como si negociar con el ELN hoy significara acabar con todas las guerrillas-; por el otro lado, las Autodefensas creyeron de buena fe que negociar con el Gobierno significaba negociar con el Estado y obtener como mínimo seguridad jurídica nacional e internacional. Ni lo uno ni lo otro. Cuatro años después de la firma del Acuerdo de Ralito, ni el ‘paramilitarismo’ –ni las autodefensas- son fenómenos ilegales en vías de extinción –al menos no mientras subsistan las guerrillas y el narcotráfico-, ni el Estado colombiano se ha dotado de una doctrina, un instrumental jurídico y una praxis negociadora en nombre de la cual –y bajo cuyo amparo- el Gobierno pueda acordar con los actores armados ilegales una serie de puntos y de compromisos que no vayan a ser desautorizados más adelante –y de qué manera- por alguna Corte nacional, algún Fiscal, una que otra Procuraduría y la misma Corte Penal Internacional, sin olvidar en este entuerto la Justicia de los Estados Unidos para la cual Colombia es algo así como un Estado confederado más.



Se debate en estos días si la salida de la crisis es principalmente jurídica o requiere de una actuación política especial. En otras palabras, si están haciendo falta leyes distintas, o si lo que falla es la política. Como en lo del huevo y la gallina, cuesta acertar qué viene primero. Para aderezar la polémica se me ocurre pertinente sazonar la discusión con el ingrediente ‘académico’. El caos resultante de tantos conflictos acumulados, donde no sobra reabrir al debate el caso de ‘la Violencia’ entre liberales y conservadores, (para que nadie siga pensando que aquí solo se trató –y se trata- de ‘guerrillas y autodefensas’), es tan descomunal y desconcertante, que la mirada científica y perplejamente proclive a la complejidad y la síntesis de los académicos e investigadores, acaso está reclamando su propio lugar en la Historia, donde ni políticos ni jueces saben a qué atenerse y por eso los desaguisados que ‘cocinan’ y nos obligan a tragar impunemente.



A los colombianos nos falta disponer de un ‘modelo de interpretación del conflicto’ que nos presente en ‘escala reducida’ el comportamientos de cada actor del mismo, sus objetivos, sus intereses materiales e ideológicos, su discurso legitimador –que todos lo tienen- y el por qué y para qué de sus métodos de combate. Está visto que ni los jueces ni los políticos, ni los fiscales ni los medios, nos proporcionan la visión que los ciudadanos necesitamos para comprender lo que ha sucedido, lo que viene sucediendo y lo que probablemente sucederá en materia de conflicto, si no comenzamos a influir en el desarrollo de los acontecimientos y en la construcción de la solución.



Fue el ‘Che’ Guevara, que algo sabía de conflictos y de ideales, quien puso sobre la mesa de la discusión aquello de las causas objetivas y subjetivas. Siguiendo ese hilo del discurso ‘guevarista’ podríamos admitir que en todo conflicto hay razones de hecho y voluntad de los sujetos, injusticias que claman al cielo y unas cuantas personas que sienten el llamado a ser héroes y se introducen en los hechos para encarnar en la historia. Claro que en todos los conflictos no demoran en aparecer quienes se lucran de la guerra, sea porque proveen bienes y servicios que los guerreros necesitan, sea porque obtienen de los guerreros el camuflaje y los productos que su actividad delincuencial reclama para enriquecerse a sus anchas, mimetizarse con el entorno y no ser descubiertos.



Esto de la necesaria aproximación de los científicos e investigadores sociales a la realidad del conflicto ha querido verse, en ocasiones, como un brazo que es movido por los intereses de algún actor armado, y es probable que ello haya sucedido. Sin embargo, y habida cuenta que habrá que estar prevenido de los ‘sesgos ideológicos’ y la ‘combinación de todas las formas de lucha’, de unos y de otros, no podemos quedar sometidos los ciudadanos exclusivamente a los profesionales de la política y del derecho, que han demostrado ser eximios en aquello de ‘politizar la justicia’ cuando les conviene, o ‘judicializar la política’ cada vez que ello va en la dirección de sus propios intereses.



Si escribo todo esto es porque la ‘crisis de la sedición’ no se resuelve con pañitos tibios y uno que otro proyecto de ley que finalmente será ‘maltratado’ en el Congreso previo a su ‘mutilación’ en una u otra Corte. Esto fatalmente sucederá porque somos los mismos con las mismas, y así llevamos década tras década enredados en la receta del ‘más de lo mismo’. Hemos sido más avispados que inteligentes, más politiqueros que políticos, más leguleyos que abogados. Y así nos fue. Y así nos va. Y así nos irá si no cambiamos.



Para la construcción del ‘modelo de interpretación del conflicto colombiano’ no faltarían científicos y académicos, investigadores y hombres y mujeres cultos, que están dispuestos a evaluar y recomendar, analizar y vislumbrar, estudiar y enseñar, de manera objetiva, la gran matriz del problema, que, como todo problema, trae consigo sus principios de solución. No se vea esto como una ‘propuesta loca’ sino como un llamado a la racionalidad, la misma racionalidad que triunfa en otros campos del saber humano y de la cual los colombianos hemos sabido dar múltiples ejemplos. No descreo, por supuesto, de todos los políticos ni de todos los jueces, pero admito que el sistema en el que están inmersos, permeados por tantos intereses y por tanto conflicto acumulado, les ha vuelto imposible hallar por sí mismos el camino.



No debemos restarle importancia –a la hora de conceptuar la crisis presente- al hecho indubitable de que el valor futuro, a tres años, y descontado hoy, de la ‘seguridad democrática’ -con Uribe ya fuera de la Presidencia- ha comenzado a descender en la percepción de los colombianos –ni qué decir en los análisis prospectivos de los actores ilegales del conflicto-; si permitimos que la curva de credibilidad ciudadana en la victoria militar sobre las FARC y ELN siga descendiendo lo hará hasta el punto en que ni las guerrillas ni las hoy llamadas ‘bandas emergentes’ sentirán ningún atractivo para sentarse a negociar con el Gobierno. Por el contrario, los guerrilleros sentirán que Uribe no ha podido contra ellos y se verán tentados a poner, unos, fin a su ´repliegue estratégico’, en el caso de las FARC, y los otros, el ELN básicamente, a ponerle fin a su exploración de vías de negociación en Cuba.



La ‘crisis de la sedición’, si no es resuelta atinadamente –yo diría científicamente resuelta- dejando de lado los ‘bolivarianismos’ y los ‘santanderismos’ que nos han librado de ser colonia de España, pero que también se han confabulado para llegar hasta aquí, -doscientos años después del Grito de Independencia- podría desembocar en el peor de los mundos, es decir, en el fortalecimiento de las causas objetivas y subjetivas de quienes, por un lado se siguen considerando ‘revolucionarios’ y por el otro, de quienes sintiéndose ‘autodefensas’ ni han creído en este proceso de paz que acabó con sus líderes presos y estigmatizados, ad portas de ser extraditados, ni han creído nunca que subsistiendo las FARC pudieran ellos decirle adiós a la guerra. Ojo con esto. Si el proceso sigue a los tumbos como ha llegado hasta aquí, los ex comandantes recluidos y aislados en Itagüí y en La Picota, asfixiados políticamente por la coyuntura desfavorable, perderán definitivamente toda maniobrabilidad política y autoridad moral con sus ex subordinados y con las comunidades que fueron de su influencia, y éstos –abandonados a su suerte y descreídos sobre las promesas del Gobierno- tendrán poco que argumentar ante la prédica ‘sediciosa’ de quienes sientan que ha llegado la hora de romper amarras con el Estado y darle vida a una ‘nueva generación de autodefensas’ que tome distancias insalvables de quienes hasta ayer fueron sus líderes históricos y hoy -ya sin mando ni tropa ni armas- siguen padeciendo oprobios y vejámenes ‘institucionales’ en su travesía del desierto hacia la Paz sin haber llegado todavía, a estas alturas, ni cerca de la Tierra Prometida de la Reconciliación que nunca antes –ni en sus pesadillas más oscuras- pudieron suponer tan alejada y tan esquiva.



Colombia no saldrá de esta ‘crisis de la sedición’ apelando al voluntarismo y buena fe presidencial, ni a los ‘impulsos instintivos’ ni a los milagreros de ocasión. Solo cabe apelar a la ‘creatividad reflexiva’ de quienes estén dispuestos a sacrificar sus versos para pulir el territorio de la paz.



Si hay un País donde los políticos y los jueces deben ceder un espacio considerable de su poder a los hombres y mujeres dotados de ciencia… si hay un País donde la razón debe gobernar los sentimientos y las pasiones deben rendirle honor a los argumentos, este País es Colombia, este País debe admitir su crisis y dejar de relamer jubilosamente sus propias heridas, como si hallase en ello un insustituible y morboso placer.



Para los amantes de las utopías Colombia es el justo lugar en el preciso momento.





Pero hay algo que resulta imperativo a estas alturas:



Retirarle buena parte de su poder a la clase política y honrar la ciencia de quienes son verdaderos sabios.



(Nadie se sorprenda entonces si hoy –al escribir estas líneas- me siento más cerca de Sergio Fajardo y de Antanas Mockus que de Álvaro Uribe y Carlos Gaviria)





Así la veo yo.





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