enero 21, 2007

Las AUC en su propio camino de Damasco

Cambiar la V de la victoria por la V de la vida y la V de las víctimas, pasadas y futuras



Chamuyo (21)
Por Juan Antonio Rubbini Melato

Apreciado lector:

Con mis mejores augurios de un Año 2007 pleno de Vida y Reconciliación, en pos de construir el País donde quepamos todos en libertad, armonía y dignidad.

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Si de simbologías se trata Noam Chomsky coincidiría conmigo en que toda la ciencia del proceso de paz, entre Estado, guerrillas y autodefensas, se resume en el cambio de la V de la victoria, por la V de la Vida y la V de las víctimas, vida que por sobre todo hay que preservar, víctimas pasadas que merecen ser reparadas y víctimas a futuro que deben ser evitadas.

El próximo 25 de enero, cuando Salvatore Mancuso reinicie la presentación de su versión libre ante los tribunales de Justicia y Paz, la comunidad cristiana estará celebrando la conversión de san Pablo. Antes de entrar en materia de análisis político los invito a leer la siguiente historia.

Saulo, llamado más tarde Pablo, era natural de Tarso. Era un hebreo bien formado en la Ley de Moisés con el fariseo Gamaliel. Ingresó a la severa secta de los fariseos, convirtiéndose en un perseguidor y enemigo de Cristo. Lo apasionado de su persecución lo llevó a ofrecerse al sumo sacerdote, luego de haber tomado parte en la lapidación del diácono Esteban, para ir a Damasco a arrestar a todos los judíos que confesaran a Jesús.

Pablo salió a “perseguir a Dios”, y en cambio Dios se presentó en su camino para invitarlo a entrar en una vida nueva. Pablo se convierte por la gracia de Dios y por su propio sí al señor. Dios le cambia completamente sus planes: lo elige como instrumento para llevar su Palabra a los paganos, y no precisamente con el requisito previo de su incorporación al pueblo de Israel y su ritual. El apóstol fue llamado a ser puente vivo entre la antigua ley de Moisés y la nueva ley de Cristo.

La Sagrada Biblia, en el capítulo 9 de los Hechos de los Apóstoles, narra la Conversión de San Pablo:

“Saulo, respirando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas de recomendación para las sinagogas de los judíos de Damasco, para que si encontraba algunos seguidores de Cristo, los pudiera llevar presos y encadenados a Jerusalén.

Y sucedió que yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo; cayó en tierra y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?”. El respondió: ¿Quién eres tú Señor? Y oyó que le decían: “Yo soy Jesús a quien tú persigues. Pero ahora levántate; entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tendrás que hacer”.

El diálogo entre el Señor y Saulo significó un cambio total de vida, una conversión, un giro. Saulo queda ciego, pero por primera vez en su vida, una inmensa luz invade su corazón. Es la luz de Cristo de la que, desde ahora, dará testimonio con su personalidad arrebatada y apasionada.

Y continúa el relato de los Hechos de los apóstoles: Los que lo acompañaban se detuvieron mudos de espanto, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos no veía nada. Lo llevaron de la mano y lo hicieron entrar en Damasco. Pasó tres días sin comer y sin beber.

Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión: “¡Ananías!” El respondió: "Aquí estoy Señor" y el Señor le dijo: "Levántate. Vete a la calle Recta y pregunta en la casa de Judas por uno de Tarso que se llama Saulo; mira: él está en oración y está viendo que un hombre llamado Ananías entra y le coloca las manos sobre la cabeza y le devuelve la vista.”

Respondió Ananías y dijo: "Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y de los males que ha causado a tus seguidores en Jerusalén, y que ha venido aquí con poderes de los Sumos Sacerdotes para llevar presos a todos los que creen en tu nombre".

El Señor le respondió: "Vete, pues a éste lo he elegido como un instrumento para que lleve mi nombre ante los que no conocen la verdadera religión y ante los gobernantes y ante los hijos de Israel. Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre".

Fue Ananías. Entró en la casa. Le colocó sus manos sobre la cabeza y le dijo: "Hermano Saulo: me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías. Y me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo". Al instante se le cayeron de los ojos como unas escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Tomó alimento y recobró las fuerzas.

Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco y enseguida se puso a predicar en favor de Jesús, en las sinagogas o casas de oración, y decía que Jesús es el Hijo de Dios. Todos los que lo escuchaban quedaban admirados y decían: ¿No es éste el que en Jerusalén perseguía tan violentamente a los que invocaban el nombre de Jesús? Y ¿No lo habían enviado los Sumos Sacerdotes con cartas de recomendación para que se llevara presos y encadenados a los que siguen esa religión? "Pero Saulo seguía predicando y demostraba a muchos que Jesús es el Mesías, el salvador del mundo".

Saulo se cambió el nombre por el de Pablo. Y en la carta a los Gálatas él mismo nos relata su conversión: "Cuando Aquél que me llamó por su gracia me envió a que lo anunciara entre los que no conocían la verdadera religión, me fui a Arabia, luego volví a Damasco y después de tres años subí a Jerusalén para conocer a Pedro y a Santiago". Las Iglesias de Judea no me conocían pero decían: "El que antes nos perseguía, ahora anuncia la buena noticia de la fe, que antes quería destruir". Y glorificaban a Dios a causa de mí.

Pablo dirá también: "Todo lo que para mi era ganancia, lo tengo por pérdida comparado con Cristo. Todo lo tengo por basura con tal de ganar a Cristo. Sólo una cosa me interesa: olvidando lo que queda atrás y lanzándome a lo que está delante, corro hacia la meta, hacia el galardón de Dios, en Cristo Jesús".

Normalmente los llamamientos del Señor son mucho más sencillos que el de Pablo. Suelen ser como una suave brisa. Pero todos tenemos nuestro camino de Damasco. A cada uno nos sale al encuentro el Señor desde el recodo más inesperado del camino. Él nos espera.

El llamamiento tan espectacular que recibe Pablo no quita valor a su seguimiento. Pablo podría haberle dicho que no al Señor como lo hicieron otros personajes que aparecen en el Evangelio, y que incluso vivieron con Jesús, como el joven rico y Judas Iscariote. Pablo en cambio se rindió, respondiendo con docilidad: "¿Qué debo hacer, Señor?" (Hechos 22, 10).

Pidámosle al Señor, Dios Nuestro, un corazón dócil como el de Ananías, pronto a decir que sí a la misión que Dios le encomendaba, a pesar de no comprenderla.

Pidámosle también al Señor que, muriendo a la antigua vida de pecado como lo hizo Pablo, podamos llevar su Evangelio con nuestra vida.

Lo anterior pueden hallarlo en
www.iglesia.org

Volvamos ahora a estos primeros días de 2007 en Colombia, nuestro amado país.

Si los beneficiarios de la experiencia ‘para’ pagaran impuestos de ‘valorización’ por el incremento de su patrimonio político y económico debido a la contención de las guerrillas –capital que lograron acumular por acción de las autodefensas en contra de FARC, ELN y EPL principalmente- al Fondo de Reparación le sobrarían indemnizaciones que, tras resarcir a las víctimas de las AUC, podrían destinarse a los proyectos productivos de los reinsertados de las autodefensas y de las guerrillas.

Entre esos beneficiarios –mayoritariamente del sector privado nacional e internacional- no puede excluirse al Estado social de derecho ni a las instituciones democráticas puestas en jaque en su momento por el poderío destructivo de las FARC, ELN, EPL y compañía.

Pero sucede que no, que ninguno de tales beneficiarios reconoce el beneficio habido y escoge en cambio satanizar –y acaso lapidar- a los ex comandantes AUC haciéndole un quite a la verdad que resulta más del gusto –y el interés- de los dueños de lo ‘políticamente correcto’, que aprendieron política leyendo Semana y conocen el país por haber hojeado las páginas dominicales de El Tiempo.

El camino de Justicia y Paz marcha –afortunadamente- hacia la bienvenida confluencia de los ex paras y el universo de víctimas. Porque los victimarios no fueron únicamente ni siempre los ‘paras’ y porque las víctimas no lo fueron siempre ni solamente de las AUC.

Si queremos la Paz en Colombia no podemos sino alegrarnos de la ‘alianza patriótica’ que está comenzando a tejerse entre quienes quieren saldar sus deudas con la sociedad y quienes quieren que la Justicia no solamente caiga sobre los desmovilizados jefes de las AUC que entregaron sus armas y le dijeron adiós a la guerra sino sobre todos aquellos que encendieron y atizaron la hoguera de las hostilidades.

Las autodefensas tienen sus culpas pero también las tienen las guerrillas y el Estado, así como también las tienen los múltiples intereses privados que nunca vieron más allá de sus propias narices y sus elegantes bolsillos.

Primero La Ceja y ahora Itagüí han sido regalos de la vida que unos pueden juzgar como dolorosos castigos pero otros –menos obvios- pueden calificar de milagrosos oasis en medio del fariseísmo de los medios y de no pocos políticos, ministros o no.

Si el grave pecado del proceso de paz con las AUC estaba en las discotecas y los centros comerciales, en las 4 x 4 y el vallenato ventiao, nada más providencial le podía resultar a los ex comandantes que la reclusión forzada en los ‘conventos’ de La Ceja y la posterior vida de ermitaños en las celdas de una cárcel de máxima seguridad. Nada mejor para abrir los ojos del espíritu a las claridades del Señor del Amor que todo lo puede, y al que nada le resulta ajeno, ni siquiera el Perdón.

La presencia de las víctimas en las sesiones de versión libre constituye hoy un hecho humano de imprevisibles consecuencias políticas. El tejido social encuentra en estos días la mejor de las ocasiones para reconstruirse sin intermediarios de derecha ni de izquierda, sino por la sola voluntad de quienes quieren de verdad perdonar y ser perdonados.

Los ex comandantes están urgidos de perdonarse primero a sí mismos para no vivir las culpas de la sociedad como propias, ni las propias culpas como una condena eterna. Dado este primer e inevitable paso, lo que sigue es humanizar desde tan mediática ventana el proceso de Justicia y Paz, propiciando el encuentro cara a cara entre victimarios y víctimas. Y este paso no puede dejarse en manos de quienes, oficialistas u opositores, solo aspiran a incrementar su capital político exprimiendo las lágrimas de las víctimas. Ni mucho menos en manos de quienes recurren al mercado de las víctimas para esclavizarlas con leguleyadas y lucrarse de su desgracia.

Hubo un período de la guerra en el cual toda sospecha se convertía en evidencia y todo indicio desencadenaba una reacción violenta. Esa es la ley de la guerra. O la ley del monte. O la ley del más fuerte. Todo esto tiene sus matices pero en el fondo siempre es igual, porque se reduce a matar o morir, y allí sucumben los que mueren pero también los que sobreviven.

Si se trata de salir del círculo vicioso de la guerra –y de eso se trata desde Ralito para acá en el caso de las AUC- nada mejor para los ex comandantes que insistir en recorrer de la mano con las víctimas el camino de la conversión.

No se trata entonces de renunciar a los propios ideales ni de sentirse culpables por haber defendido una posición política frente a otra posición política.

Se trata, en el fondo, de algo más sencillo de explicar pero enormemente complejo de realizar.

Se trata de renunciar para siempre a la tentación de matar, y de estar siempre dispuestos a dar la vida –la propia vida- por las víctimas que en el pasado se causaron. Ese ‘dar la vida’ está mucho más allá de cualquier reparación. Reparar se repara lo material, pero lo humano más que reparación exige ‘vivificación’. Y esto solo se logra persona a persona, corazón a corazón.

El ‘cura Mugica’ lo decía con diáfana claridad, en el tiempo de los ‘montoneros’ en Argentina, dirigiéndose como pastor de la Iglesia a la misma base social que los ‘montoneros’ decían apoyar como ‘pueblo en armas’:

“Estoy dispuesto a dar mi vida por mis ideas, pero no a matar por ellas”.

Así de claro, así de difícil, en el 2007 de Colombia como en los ’70 del Cono sur.

Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de “Así la veo yo”, “Esencias y Matices” y “Chamuyo” pueden ser consultados en: