febrero 24, 2007

Las AUC y el che de las autodefensas

Un inmigrante argentino que llegó a Colombia en 1991 terminó como ideólogo de las AUC


Chamuyo (23)



Entrevista con Juan Rubbini
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com



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sábado 24 de febrero de 2007
El Espectador, de Bogotá
www.elespectador.com


Un inmigrante argentino que llegó a Colombia en 1991 terminó como ideólogo de las AUC


El che de las autodefensas Juan Rubbini empezó asesorando a Carlos Castaño y terminó direccionando políticamente al resto de los mandos ‘paras’.

Enrique Rivas G. / Enviado especial a Montería



La primera vez que Juan Antonio Rubbini Melato apareció en un escenario de negociación con las AUC, fue en la foto que se tomaron los ‘paras’ con los voceros del Gobierno el 15 de julio de 2003 durante la firma del Acuerdo de Santa Fe de Ralito. Ahí se le identificó con el alias de El Profesor y asesor del grupo que empezó a explorar el proceso de paz.


Desde ese año nadie volvió a saber de él. Se hablaba de que las AUC tenían asesores, pero ninguno daba razón de ellos. Ese hombre sonriente de pelo cano que apareció en la foto de Ralito, el mismo que conoció a Carlos Castaño a través de internet en 1999, y que luego lo convenció de que si el gobierno de Pastrana les dio estatus político las Farc, ellos también podían exigirlo, se destapó.


Es un argentino de 57 años que regresó a Buenos Aires en 1999 para reinsertarse en su vida familiar y que luego por nostalgia volvió a Colombia en 2000. Un hombre con dos hijos colombianos y varios rostros. Estudió administración, trabajó en empresas editoriales en Colombia y Ecuador, profesor universitario en Medellín, un aventurero y un renegado de la izquierda que conserva su puesto de ‘consultor’ de Salvatore Mancuso. Transcurre su vida entre Medellín y Montería, ciudades en las que se atrinchera, para escribir editoriales sobre el proceso de paz con las AUC.


P. ¿Pero cómo es que un poeta con varios libros publicados, admirador del Che Guevara, Maradona, Jorge Luis Borges, Carlos Gardel, Facundo Cabral y fanático del River Plate, termina al lado de las AUC?


R. Yo creo que ellos hallaron en mí un interlocutor de buena fe, sin prevenciones, sin prejuicios, con quien podían hablar de una forma que no les resultaba fácil con personalidades o personajes de la vida política e intelectual colombiana. Entonces yo pienso que la inconsciencia mía les sorprendió en el sentido de tener la cara descubierta y estar dispuesto a resolver sus inquietudes sin ponerles condiciones. Creo que hubo empatía mutua que se fue generando a partir de que uno ha actuado honestamente.


P. ¿Cómo vieron las AUC el triunfo de Uribe en 2002?


R. Yo pienso que si uno hace una encuesta, en aquellos momentos, de quién era el candidato con mayor simpatía, resulta Horacio Serpa. De pronto Salvatore Mancuso tenía una visión diferente al respecto por la posición que había adoptado Uribe frente al proceso del Caguán, particularmente las últimas etapas de ese proceso, que lo hacían ver como una persona que ofrecía la posibilidad de diálogo con todos los actores, incluso con las autodefensas.


P. Desde las AUC hay criticas al proceso de paz con ellos.


R. Yo espero que esto termine con un apretón de manos, la firma de un acuerdo, si no hay acuerdo, ahí verán. Pero tiene que haber acuerdo en que no hay acuerdo, pero no esto que se presta a todas las conjeturas. Los que siguieron adelante, en una cárcel de máxima seguridad, y los otros en el monte.


P. ¿En dónde queda la verdad, la justicia y la reparación?


R. Estamos recién comenzando, el único comandante que ha hablado es Salvatore Mancuso, faltan Adolfo Paz, Jorge 40, el mismo Alemán, Ernesto Báez, Macaco, Julián Bolívar, cuántas verdades van a aparecer. No podemos juzgar un partido de fútbol por los primeros cinco minutos.


P. En sus editoriales ha dicho que a las autodefensas les faltan predicadores, ¿es usted uno?


R. Yo soy un predicador de que todas las expresiones sociales tengan la posibilidad de expresarse políticamente. Lo digo por las guerrillas y las autodefensas. No se puede reprimir el sentimiento popular durante demasiado tiempo, porque eso genera reacciones colaterales. Es decir, hay que abrir todos los cauces para que todas las bases sociales puedan expresarse. Yo no advierto que haya bases sociales que estén ciento por ciento en contra de las autodefensas.


P. Usted ha dicho que en política nadie da nada gratis, ¿qué le han dado las AUC al país?


R. Las autodefensas han sido un factor que ha evitado que las guerrillas se tomaran el poder. Lo que ha evitado es que en la debilidad del Estado se terminara negociando con las guerrillas en una cuestión de debilidad absoluta, entregándole en un acuerdo de paz lo que nunca las guerrillas hubieran tenido realmente.



P. ¿Qué estaban esperando ?
R. Hay tal convencimiento de su causa, digamos que tienen ellos el remedio para los males del país, que simplemente decían ‘déjennos actuar. Dénnos el paz y salvo, entregamos las armas, déjennos meter en política, nosotros confiamos con los votos’.


P. ¿Usted por qué es tan ácido en las críticas a la izquierda?
R. Porque soñé esos sueños de la izquierda y me di cuenta que de esos sueños no se concretó ninguno.


P. ¿Por qué dice que es el momento de pasar de la parapolítica a la pura política?


R. La parapolítica fue el puente para pasar del puro paramilitarismo a la política. La parapolítica por qué ahora la están estigmatizando. Es como sabotear el puente por el cual se ha pasado. Hay que juzgarla, es cierto, parapolítica no tiene que haber más, pero cuando había paramilitarismo cómo no iba a haber parapolítica si es un actor político. Yo celebro, para mí la parapolítica es la prueba reina de que las autodefensas han tenido siempre característica de actor político o si no nunca hubiera entrado la parapolítica.


P. ¿Cree en la tesis del testaferrato político?


R. Ahí hay de todo. La clase política es una mafia peor que la misma mafia. Habrá quien se acercó a la autodefensa a decir: estos tienen poder, algún día van a tener más poder, mejor me hago amigo de ellos. Porque los cuadros políticos de dónde salen, la guerrilla los tenía en las universidades, estaban pensando que algún día serían embajadores de las guerrillas en el poder. Pero la cara presentable de las autodefensas ¿quiénes serían? Bueno estos políticos que se acercaron.


P. ¿Qué pasará con Vicente Castaño después de todo?


R. Yo pienso que cuando el Gobierno examine la situación, con otro comisionado tal vez, hay acuerdo, porque lo que está pidiendo Castaño es sensato. Hay un punto que es la negociación con Estados Unidos. El Gobierno colombiano tendrá que crear las condiciones para que las autodefensas y E.U. resuelvan los problemas que tienen. E.U. dirá: tengo víctimas y de pronto se daría un proceso de justicia y paz en chiquito, porque sería impensable una actividad política de la autodefensa hacia futuro si no hay arreglo y sin haber satisfecho la justicia de Estados Unidos.


P. ¿Cómo ve a Colombia proyectada hacia el futuro?


R. Yo creo que no es tan complicado. Muy bien que la pata izquierda del sistema se haya fortalecido y exista. Sería un grave riesgo si la pata de las autodefensas no echa raíces y no se legitima el Estado. Mire, aun los que no están de acuerdo con las políticas de izquierda, pero que están dispuestos a no tomar las armas, los siento en otro polo. Ese es el que le falta a Colombia, porque el liberalismo hoy no es polo, no es nada, el conservatismo no existe. El uribismo, ¿qué es el uribismo? No es nada.


P. ¿Cuál es la apuesta de las autodefensas?


R. Hablando con Mancuso más de una vez, antes de iniciar el proceso de paz, sobre cuál es la apuesta de las autodefensas y se concluyó que esta guerra contra la guerrilla la tiene que ganar el Estado con el apoyo de la población. La autodefensa no puede ganar esta guerra, se le vendría el mundo encima. No la puede perder tampoco, porque se le vendrían los enemigos encima. Hay que buscar una forma y cambiarla. El paramilitarismo por la política. Hay que entregar las armas, hacer un acuerdo de paz y participar en política, defender con ideas lo que se ha definido con las armas. Estamos seguros de que nuestras ideas son suficientemente fuertes para que al pueblo le resulten atractivas.


P. ¿Cómo es eso de que el precio de que Colombia no haya tenido dictadura son las AUC?


R. Y las guerrillas también o si no la dictadura habría acabado con ellas. Acá nunca hubo voluntad; es más, los políticos nunca quisieron darles a los militares más poder por dudas. No vaya a ser que le ganen a la guerrilla, porque entonces vienen para la Casa de Nariño. Y ahora hay militares que tampoco quieren ganar la guerra porque dicen: y después qué hacen con nosotros, nos mandan al desempleo.


P. ¿Sigue dictando clases?


R. No. Me mantiene la mujer. Mire, yo ya después de los 50 años, de que trabajé mucho en mi vida, debiera encontrar la fórmula de no trabajar más. Me gusta leer, escribir. Pero como todos los argentinos de los 70, escuchamos mucho a Facundo Cabral. Él decía siempre que el amo se vuelve esclavo de aquello que conquistó. Yo ni carro tengo. No quiero la propiedad, me quedó algo de Marx, toda propiedad es un robo. No quiero robar.


P. ¿Por qué cree que lo tienen como el ideólogo de las AUC?


R. No sé por qué. Lo que sí tengo que decir es que todo el mundo ha sido muy respetuoso conmigo. Es algo que yo a Colombia le agradezco. Veo a Colombia con los ojos de la persona que quiere a Colombia, pero no como el político que está aspirando a algo. A mí me gusta la política de los filósofos o de los estadistas. Prefiero ser un Maquiavelo y no un Borgia, por decir algo.

febrero 01, 2007

Las AUC y el desafío de ser ‘ciudadanos del mundo’

El ‘país de los medios’ y el ‘país de la gente’



Chamuyo (22)



Por Juan Rubbini
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com



¿Cuánto durará la luna de miel entre el ‘país de los medios’ y el Polo? ¿Qué podemos esperar los colombianos de la confrontación política que irá ‘in crescendo’ de aquí a 2010 entre el ‘país de la gente’ (sintonizado con Uribe) y ‘el país de los medios’ (alineado con el Polo)?

Los interrogantes que plantea la coyuntura vienen a cuento porque una cosa son los partidos y otra cosa es la gente. O dicho de otra manera, una cosa es la superestructura partidista (o la ‘maquinaria’) y otra cosa somos los ciudadanos de a pie (o la ‘base social’). Lo que es lo mismo que decir que por un lado van los ‘profesionales de la política’ y los formadores (o deformadores) de opinión y por otro los votos y las preferencias de los ciudadanos.

Mientras que en el Polo y en el Partido Liberal hay más ‘partido’ que dinámica popular, entre los ‘uribistas’ y ‘conservadores’ hay más sentimiento popular que ‘partido’, más gente que ‘nomenklatura’, y más público que columnistas.

Algo de esto se produce también en el caso de ‘guerrillas movilizadas’ (FARC y ELN) y autodefensas desmovilizadas (ex AUC). Mientras las guerrillas poseen más ‘organización’ y benevolencia en el ‘país de los medios’ que simpatía popular, las autodefensas desmovilizadas generan más malevolencia en los medios y simpatía popular (con la prudencia y ‘disimulo’ que es dable esperar) que ‘organización’ política y editorialistas.

No es casualidad entonces que se huela en el aire una alianza tácita entre el ‘país de los medios’, el Polo, el Partido Liberal y las guerrillas (más con el ELN que con las FARC) así como del otro lado alguien podría querer ver una fuerza aglutinante que busca reunir en un solo haz direccional al ‘uribismo’, el conservatismo y las autodefensas desmovilizadas (las ex AUC, no las ‘Águilas Negras, que quede claro).

Uno podría ahondar un poco más en los conceptos y sacar a la luz una fuerza que viene asomando tras el ventilador refrescante de la ‘parapolémica’ sobre la ‘parapolítica’ y que constituye lo que bien puede llamarse el ‘país de las regiones’. Es decir, aquel país rural y ‘no capitalino’ que sobrevivió a los embates de la guerrilla y al abandono del Estado, en los aciagos años ’80 y ’90, a punta de seguirle el juego a los ‘paras’ y sus fuerzas de autodefensa.

Este ‘país de las regiones’ pretende ahora ser tomado por asalto y no tan de sorpresa con la combinación de Polo y Compañía, suscripciones de El Tiempo, Semana y Cambio, y lo que queda del Partido Liberal, más una que otra campaña por revivir el ‘acuerdo humanitario’ que proponen las FARC y la ‘solución política negociada’ que promociona hoy el ELN. Este es un conglomerado donde Chávez quisiera montarse pero no lo dejan, porque los novios están dedicados a gozar hoy de su luna de miel y nadie puede rozar siquiera su intimidad, mucho menos si viene con el discurso antiyanki tan poco del gusto de los refinados izquierdistas del Polo tan amantes de lo ‘políticamente correcto’ como dueños de ‘rabos de paja’ que necesitan esconder, sobre todo ahora que están en su luna de miel con los amigos del Establecimiento y del Imperio.

Dirán que soy pesimista respecto del futuro político de este pintoresco matrimonio de conveniencia, pero no crean que lo soy tanto. Más bien me inclino a pensar que el matrimonio seguirá su curso, no por el amor entre las partes –necesariamente efímero- sino por los intereses y complicidades que los reúnen, en este caso, aniquilar el ‘uribismo’ y seguir sojuzgando el ‘país de las regiones’ –tan poco del gusto de los comensales de izquierda y derecha de la city bogotana.

No soy tampoco pesimista respecto del curso presente y futuro del proceso de paz con las autodefensas. Es más, pienso que la reanudación de conversaciones políticas entre las partes no está lejos, y la ruptura de los puentes comienza a ser reparada por el buen sentido que alberga cada uno de los interlocutores. Las ex AUC han comenzado a pagar las cuentas penales pendientes por su participación en el conflicto armado –su alojamiento en Itagüí es tan solo una cuota inicial- y entonces, con los pagos sucesivos, algún día esta cuenta estará saldada y con el Paz y Salvo en el bolsillo su inserción en la política será no solo un derecho recuperado en buena ley sino además –y sobre todo- una demanda social –proveniente del ‘país de la gente’- que ningún ex comandante AUC querrá dejar insatisfecha. Al fin de cuentas, las armas se entregaron al Estado con el propósito de abandonar la guerra y abrazar la democracia. Y eso fue válido –y motivo de aplauso- para el M 19 y el EPL en el pasado, así como también para las AUC, el ELN y las FARC lo será en el futuro.

Llegado a este punto de la columna de hoy no puedo sino vincular la presente con la anterior (Las AUC en su camino de Damasco), y poner sobre la mesa que más allá de las penas privativas de la libertad por pagar, lo esencial en este proceso es darles justa y digna satisfacción a las víctimas, y cuando se habla de víctimas no puede ética, ni políticamente, soslayarse el caso de las víctimas que los actores armados han producido dentro y fuera del país.

Está bien hablar de corresponsabilidad entre Colombia y la comunidad internacional en el caso del narcotráfico. Está bien discutir en un plano de mutuo respeto por las ideas ajenas acerca del mejor modo de salir del problema, que no es de unos o de otros, sino de todos, países productores y consumidores. Lo que no puede –ni debe hacerse- es mirar hacia otro lado a la hora de volver visibles a las víctimas como si el narcotráfico no produjera víctimas, ni alteraciones graves en el funcionamiento de las sociedades que inician con esta gravosa herencia del pasado el presente siglo XXI.

Los actores armados ilegales – e incluso buena parte del ‘país de los medios’ y también el ‘de la gente’- tienen frente a la extradición no solo un temor reverencial, sino incluso algo más: lo ven desde la óptica del contrabando, es decir del comercio ilegal, y no desde el punto de vista del perjuicio que se ocasiona a las víctimas de la adicción, los ´drogadictos’.

Si el Proceso de Justicia y Paz está sirviendo –y de qué manera- para hacer visibles a las víctimas –no solo las de las AUC, sino también ‘colateralmente’ las de las FARC y del ELN, e incluso las del Estado y de los ex M 19 y EPL- no estaría demás que el tema de los pedidos de extradición que pesan sobre los actores armados ilegales –incluidos los de los llamados ‘carteles’ o ‘cartelitos’- comenzara a ser visualizado desde la perspectiva de las víctimas que produce en el mundo –y también en Colombia- la adicción a las drogas.

Puede que siguiendo esta línea de visibilización de las víctimas, el proceso de paz con las AUC –y mañana con el ELN y ojalá con las FARC- encuentre vías de solución que comprometan a los actores armados ilegales, de la mano con el Estado colombiano y los EEUU y Europa principalmente, donde también haya Justicia y penas alternativas acompañadas de reparación a las víctimas y reconciliación entre las partes afectadas.

Sigo pensando que no puede siquiera imaginarse en el mundo globalizado al que asistimos un retorno a la civilidad y los derechos políticos por parte de los actores armados ilegales de Colombia que no incluya el Paz y Salvo de los Estados a cuya población el conflicto armado colombiano afectó multiplicando las víctimas y la adicción a los narcóticos.

No se trata finalmente que los actores armados ilegales vuelvan a ser solamente ciudadanos de Colombia con plenos derechos civiles y políticos dentro –y al amparo- de las fronteras y leyes nacionales.

En el siglo XXI de la globalización, o se es ciudadanos del mundo o se es parias. No percibir esto es quedarse apenas en la discusión aldeana, por ejemplo, acerca del ‘país de los medios’ y el ‘país de la gente’. Esta discusión sobre ‘medios y gente’ es necesaria –y ´perdonada´ sea la parapolítica si aunque fuera a las malas la sacó a la luz- pero no es suficiente, ni de personas inteligentes, quedarse allí.

En el siglo XXI, en el que nos ha tocado vivir, se es ciudadanos del mundo o no se es. Se tiene el derecho a transitar y habitar en cada rincón del planeta o se es ‘extranjeros de la humanidad’.

Si de hacer la paz se trata, si de reconciliarse se hace la cuestión esencial, no podemos olvidarnos de ninguna víctima, de ninguna, ni en Colombia, ni en EEUU, ni en el mundo entero.

Este solo tema, este solo, amerita que Gobierno y AUC reanuden cuanto antes el diálogo político con una agenda amplia y suficiente. No se trata simplemente de reanudar el proceso de paz, sino fundamentalmente de inaugurar la fase de reincorporación plena a la vida civil y política, en Colombia y en el mundo, de los ex combatientes de las AUC. Lo que significa que la cuestión no atañe exclusivamente a los recluidos en Itagüí sino a todos y cada uno de los desmovilizados, desde el ex comandante más encumbrado hasta el personal de apoyo de más bajo rango.

Hoy el país ha tomado conciencia –y las FARC también aunque no lo quieran admitir en público- de los enormes costos políticos que traen consigo las ‘sillas vacías’. Porque los espacios en política o son ocupados por uno, u otros los ocupan por nosotros, y suele pasar que los ocupan otros ‘en contra de nosotros’.

Aunque haya opiniones valiosas que expresen lo contrario sigo pensando que las AUC fueron sabias al iniciar y mantenerse en el proceso de paz. Duele lo de Itagüí –como duele cualquier injusticia- pero más duelen la estupidez y la necedad, de los que continúan en el conflicto armado soñando que viven en libertad, como si vivir en guerra fuera vida, como si vivir enfusilados en el monte y la selva fuera libertad.

Finalmente, de Itagüí se saldrá humanamente fortalecidos, con la frente en alto y el corazón renovado. ‘La historia me absolverá’ tituló, a comienzos de los ’50, en tiempos de prisión, su escrito de defensa ante los Tribunales –por el asalto al cuartel Moncada- un entonces joven Fidel Castro. Lo mismo podrían titular hoy desde Itagüí un Salvatore Mancuso, un ‘Jorge 40’ , un ‘Adolfo Paz’ o un ‘Ernesto Báez’ sus motivaciones y actuaciones en tiempos de guerra. Y ojalá se dispongan a hacerlo. Porque nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos necesitan ese testimonio, ese pedazo de la historia de Colombia, y que no vaya a quedar esta etapa de nuestra historia solamente en manos de los frívolos del mercadeo, o de los sicarios morales que pretenden matar con palabras lo que el terrorismo acribilla con metralla.

Puede que el ‘país de los medios’ no reconozca nunca el sacrificio personal ni la rectificación de comportamientos de los ex comandantes AUC, ni su arrepentimiento y sus propósitos de enmienda. Pero el ‘país de la gente’ ya lo valora intuitivamente hoy y lo irá reconociendo progresivamente en su conciencia en la medida que los ‘paras’ cuenten la verdad histórica que conocen, no las ‘verdades de papel’ que han creado los dueños del ‘país de los medios’, los ‘marketineros’ del cuarto poder.

Con el mundo exterior habrá que ganarse también el mismo reconocimiento. No se trata de convocar el aplauso sino el perdón. No se trata solo, ni principalmente, de las zonas Te y Ge de Bogotá sino de todo el país. No se trata solo de Colombia, sino también de EEUU y de todo el mundo.

Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de “Así la veo yo”, “Esencias y Matices” y “Chamuyo” pueden ser consultados en:

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