marzo 16, 2007

Las AUC, los ‘Héroes de Justicia y Paz’ y los ‘nuevos rebeldes’ del viejo conflicto

Los disparos de Petro y compañía ‘salieron por la culata’ pero no se les quita el mérito


SÍ-SE-PUEDE (2)


Por Juan Rubbini
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com



El presidente Uribe defiende a capa y espada el proceso de paz con las AUC. Y está muy bien que lo haga. ¿Qué tal que no lo hiciera? La oposición del Polo más Uno (por Piedad) menos Dos (por Lucho y Angelino) critica en todos los escenarios el proceso de paz con las AUC. Pero no se queda allí. Insiste en que tenemos un Estado mafioso y que todos los caminos del ‘paramilitarismo’ conducen a Uribe. El Presidente responde que los caminos de FARC y ELN conducen al Polo de Petro, Gaviria y Robledo más el combo de Piedad. Todo esto tiene algo de verdad y bastante de ‘cañazo’. Todo esto revela hasta qué punto la Reconciliación está, no solamente lejos de alcanzarse, sino lejos de instalarse en el discurso de los políticos como el propósito central de cualquier proceso de paz presente y futuro.


El proceso de paz con las AUC no va a resolver todos estos desencuentros pero sí resulta inocultable, al menos para el pueblo de ruana, que no para la clase política, que los hitos de Verdad, Justicia y Reparación llegaron para quedarse, porque es bueno que ello haya sucedido. Los métodos del Caguán han quedado atrás no solo en el pasado, sino también con relación a cualquier hipotético futuro con las FARC y ELN.


Hay algo, sin embargo, en lo que el Gobierno no acierta. En materia de desmovilización y desarme el proceso ha dado resultados buenos para el País, no al ciento por ciento, que se estuvo a punto, hasta el 15 de agosto pasado, pero sí por encima del 70 % que era lo mínimo estipulado al comienzo del mismo, para considerar exitoso el proceso bajo este aspecto de la dejación de armas. También comienza a dar sus resultados el proceso judicial. La reinserción en cambio está en veremos y la fase propiamente política del proceso de paz se halla estancada. Y cuando las aguas se estancan comienzan a contaminarse y a oler mal. No está todavía totalmente claro si don Vicente y ‘los Mellizos’ se están reagrupando o si se están rearmando. Y, si se están rearmando, tampoco está claro si es para la defensa o para el ataque. Y si es para el ataque no está claro contra quiénes sería ese ataque. Esto no se sabe y es imposible responderlo desde Itagüí, donde el aislamiento con el monte es insuperable y donde el compromiso con el proceso sigue inquebrantable e inhibe cualquier coqueteo con los ‘nuevos rebeldes’, y tampoco puede decirlo el Gobierno, porque obviamente, el Gobierno tampoco sabe qué es lo que está pasando por la cabeza de los ‘nuevos rebeldes’ del conflicto armado quienes, paradójicamente, son hijos del proceso de paz, y sobre cuyo comportamiento futuro solo cabe hacer hipótesis en solitario, o tender puentes para dialogar mano a mano, cosa que no está en las manos de los inquilinos de Itagüí pero sí en los brazos largos, seguros y democráticos del Gobierno.


Si las aguas políticas del proceso siguen estancadas y la fase de reinserción está atrapada entre los hilos de la burocracia y la inopia, las consecuencias son sencillas de entrever: los ‘nuevos rebeldes’ de las autodefensas -hijos del proceso de paz- contarán para su crecimiento futuro –si es que para allá deciden ir- con la mano de obra recientemente desmovilizada, experimentada y disciplinada, que tendrá más de un motivo para aceptar regresar el monte. Uno, sencillamente económico, propio de la ley de oferta y demanda laboral, otro, más íntimo y profundo, nacido de la sensación de incumplimiento y traición de los compromisos pactados en Ralito y La Ceja, y no cumplidos por el Gobierno según todas las señales que envían hacia el exterior de los muros, los Mancuso y los ‘Cuarenta’, los ‘Maca’ y los ‘Alemán’. Compromisos incumplidos según sus ‘botellas de náufragos echadas al mar’ que no recoge sino en dosis homeopáticas la gran prensa domesticada por su docilidad hacia el poder de turno –poder que a veces pasa por el oficialismo y a veces por la oposición. Lo cierto y para hacerlo breve: de los máximos líderes de las AUC –contra todo lo pactado- unos están presos y estigmatizados en una cárcel de máxima seguridad y otros están otra vez en el monte hastiados por los incumplimientos del gobierno. El proceso de paz, fatalmente y ‘contra natura’, ha parido no solamente una nueva generación de autodefensas, no solamente está multiplicando una delincuencia emergente y anárquica, sino que también está incubando una manifestación de nueva rebeldía contra el Estado, que podríamos calificar como los ‘nuevos rebeldes’ del conflicto armado, constituida por quienes tras las arbitrarias, demagógicas e inconstitucionales detenciones del 15 de agosto del año pasado, que terminaron por criminalizar el proceso de desmovilización y dejación de armas, más grande de la historia de Colombia y del mundo, decidieron declararse en rebeldía, regresar al monte y esperar allí que madurara la estrategia a seguir.


Hasta aquí llegamos, punto y aparte, dijeron esos comandantes, y el Gobierno sigue hasta hoy insistiendo en su modus operandi, por un lado, de no dialogar políticamente (fase dos: actores políticos desarmados) con quienes siguen aferrados al proceso, y al tiempo, por otro lado, tampoco ha demostrado interés de reabrir el diálogo con los ‘nuevos rebeldes’ de las autodefensas (que ellos sí están ahora, nuevamente, en la fase 1: actores políticos armados, o en fase de rearme).


El ‘modelo’ de negociación utilizado por el Gobierno con las AUC ha pasado de las recurrentes crisis a lo que hoy constituye ‘un coma profundo’. Las consecuencias están a la vista y urge un replanteo del ‘modelo’ de negociación, o lisa y llanamente su reemplazo. No tiene sentido sostener un ‘modelo’ de negociación cuando una de las partes se siente completamente agraviada y siente despedazada la confianza, y menos todavía tiene lógica insistir en un ‘modelo’ cuando ya no logra operar positivamente sobre la realidad sino que gira y gira entre la ‘carpintería’ y la impotencia. ¿Es que el Gobierno, o al menos el Ministerio de la Política, no tiene nada que decir al respecto? Una cosa es sostener de hecho un Ministerio de la Paz, un Ministerio de la Política, un Ministerio de la Justicia y un Ministerio de la Reinserción, y otra bien distinta, y supremamente necesaria, es hacer que funcionen adecuadamente en lo que les es propio y lo que deben coordinar entre sí, y con el Presidente. A menos que se prefiera desde el Gobierno alentar el tierrero levantado para que no se perciba la realidad descarnada. Esto es posible, ‘maquiavélicamente correcto’, y tal vez haya que hacer un esfuerzo adicional, entonces, en el análisis y la acción política, para que la paz no siga naufragando en este mar de leva y esta bruma insondable.


Visto esto con objetividad uno tiene la sensación que el Gobierno se da por satisfecho con un proceso de paz donde al menos el 70 % de los combatientes y líderes de las AUC no están dispuestos a reincidir, y no parece preocuparle demasiado, entonces, lo que vaya a suceder con el 30 % restante (lo que da pié a pensar que si hoy se habla de 5.000 ‘nuevos rebeldes’ de las AUC, el número podría crecer hasta 10.000 con relativa facilidad). Este panorama tampoco preocupa a quienes consideran, dentro y fuera del Gobierno, que una cuota de autodefensas ilegales seguirá siendo necesaria mientras las FARC se mantengan en pie de guerra, por aquello de la guerra irregular y la irregularidad del territorio nacional. Además, porque mientras el narcotráfico se mantenga como un negocio boyante y globalizado –del cual se surten a discreción como en una bomba de gasolina los actores armados ilegales- el equilibrio estratégico del conflicto armado requiere –no se trata de una cuestión ética y mucho menos ‘moralista’, sino crudamente política- una suerte de compensación ideológica ilegal que cubra los déficit estructurales del Estado, sometido en los inicios del siglo XXI a la vigilancia internacional por los derechos humanos y el famoso bloque de constitucionalidad, que lo tiene atado de manos y de pies –y esto está bien y es políticamente correcto que sea así, y así debe seguir, entre otras cosas, porque el Gobierno de Uribe ha demostrado que así vamos bien, despacio pero bien, como País y como ciudadanos y ciudadanas del común, se entiende. Vaya y lea las encuestas nomás. Y en estos días de ñapa, lea el Editorial del Washington Post del 15 de marzo, que no es propiamente el periódico de la derecha nortemericana ni de Bush.


Hacen bien los ‘héroes de la ley 975’ en echarle pa’ delante y estar dispuestos a darle voluntariamente satisfacción al País en materia de Verdad y Reparación. Eso es lo que espera el País y lo que no quiere para nada la oposición de los Petro y compañía, aunque de la boca para afuera su concepción ‘le mondiana y a lo Chomsky’ de lo políticamente correcto los obligue a decir en público lo contrario. ¿Qué no darían ellos, si hablaran con la verdad de lo que piensan realmente, para que todos los ‘prisioneros políticos’ de Itagüí se volvieran pal’ monte –o expresaran públicamente su voluntad de hacerlo- y el país se incendiara y Uribe fuese quemado en la hoguera para júbilo de las FARC? Eso es lo que han buscado, con toda la fuerza de su resentimiento contra todo aquello que fuese ‘contrarrevolucionario’, desde que comenzó el proceso de paz con las AUC. Que ni Uribe fuese lo duro –y hasta injusto- que fue con las autodefensas sino que presionado por los Castaño y los Mancuso se volviera con ellos laxo y permisivo, ‘amnistiador’ e’ indultador’. Eso el lo que querían, porque eso es lo que quieren para sí las FARC y el ELN –amnistía e indulto-, y no que sus farisaicos llamados a la Verdad, Cárcel y Reparación fuesen atendidos.


No!, porque esto que sucede hoy –por razones de Estado- a las autodefensas les duele en el alma y en el cuerpo, y probablemente a Uribe también en el alma, pero se convierte en un capital político enorme para los ex comandantes de las AUC y también para Uribe, y un Vía Crucis y un Calvario ‘políticamente inevitable’ que les viene subiendo pierna arriba a las FARC y el ELN que nunca imaginaron que deberían, también ellos, pagar un día el daño que hicieron a Colombia y el mundo, sino todo lo contrario, ser premiados con una solución política negociada, amnistía e indulto, a la medida de sus intereses y los de sus socios en la sombra y en el Congreso, sin la necesidad de decir ninguna verdad, ni de recibir ninguna pena y, por supuesto, sin reparar a una sola víctima.


Sin embargo, ahora resulta que Uribe queda ante el mundo como ‘el gran timonel’, como el ‘desmontador’ del paramilitarismo –aunque fuera solo del 70 % esto ya es descomunal para lo que ha sido Colombia tradicionalmente, y eso no le ha impedido al Polo crecer y crecer, sino todo lo contrario. Los ‘inquilinos’ de Itagüí quedan con el gran capital político de haberse sometido a todos los agravios y despropósitos humanos, jurídicos y políticos, en el curso de la ‘falsa negociación’ adelantada hasta aquí, con tal de desarmarse, desvincularse del conflicto armado y volver a la civilidad aportándole a la paz de los colombianos. Y lo último, pero no lo menos importante y gravísimo para las intenciones de las FARC y ELN, se ha derrumbado definitivamente en Colombia la posibilidad de procesos de paz y desmovilizaciones y desarme, donde no exista, al menos, una cuota importante de Verdad, Justicia y Reparación, lo que en ‘carta blanca’ significa que, de ahora en adelante, incluso para las FARC y ELN, se hace inevitable bastante de ‘sapeo’ ¿y sobre quiénes ‘sapear’ sino, principalmente, sobre los inmaculados que hoy han puesto su nido en el Polo?. Habrá que tragarse además el ‘sapo’ inmamable de ni tan poco de ‘privación de la libertad’ y suficiente ‘indemnización por daños y perjuicios’. ¿Y quién sabe cuántas cosas saben las FARC y ELN, acerca de mucha gente y de muchas instituciones y de unos cuantos gobiernos extranjeros, como Cuba y Venezuela por solo poner un ejemplo? Es que después de cuarenta años se juntan muchos hechos y muchos recuerdos, que será bueno que podamos conocer y compartir todos los colombianos y colombianas para entender finalmente de qué se ha tratado todo este baño de sangre.


Llegado a este punto, tengo muy claro que a Petro y compañía, cabe finalmente agradecerles, que hayan ‘disparado’ todo lo que ‘dispararon’ sobre el Proceso. Que el ‘tiro les haya salido por la culata’ y la jugada los ponga ahora frente a la necesidad histórica de tener que calmar las iras contenidas en las FARC y ELN, e intentar hacerles entrar por su cabeza encanecida de ‘seniles guerrilleros’ lo de los ‘nuevos estándares internacionales de verdad, justicia y reparación’ y lo del famoso ‘bloque de constitucionalidad’ sobre el cual Carlos Gaviria posee tantos y tan probados conocimientos. Estas sesiones entre Petro y compañía, y las FARC y ELN, no solo serán para alquilar balcones, sino para pedirle a la Fiscalía que sean transmitidas por televisión en horario triple A.


Porque los crímenes de lesa humanidad de las FARC y ELN también son delitos contra la humanidad entera y todos tenemos el derecho y la obligación de ‘pararle bolas’ a lo que allí se vaya a decir.


¿O no es así? Honorables senadores, senadoras y representantes, del oficialismo y la oposición, padres y madres de la patria.


Así las cosas, no se me hace raro que en las paredes del patio 1 de Itagüí aparezca pronto un grafitti pintado con letras grandes, mezcla de ironía y humor:


¡Gracias Petro, te perdonamos!

.Así la veo yo.


Los artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- conformada por “Así la veo yo”, “Esencias y Matices”, “Chamuyo” Y “SÍ-SE-PUEDE”, están disponibles para su acceso y lectura en:

www.lapazencolombia.blogspot.com y próximamente en www.salvatoremancuso.com

marzo 06, 2007

LAS AUC Y LA PATERNIDAD DE LA SEGURIDAD DEMOCRÁTICA

No hay situación, por mala que resulte, que no pueda empeorar (ley de Murphy)


SÍ-SE-PUEDE (1)


Por Juan Rubbini

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El presidente Uribe y las FARC se están quedando solos abrazados -¿o aprisionados?- por la idea de ganar la guerra. Las AUC y el ELN siguen firmes, en cambio, con su proyecto de construir la paz. Los tiempos pasan, las ideas evolucionan, imitarse a sí mismos, no es camino recomendable, ni para los artistas ni para los políticos, tampoco para los políticos que juegan a la guerra, ni para los guerreros que juegan a la política.


La carta abierta de Angelino Garzón a los presidentes de los partidos y movimientos políticos representados en el Congreso y al propio presidente Uribe contiene un mensaje no solamente dotado de delicada y rara sabiduría política, sino revestido además de un excelso sentido de la oportunidad. Dejamos ahora que las aguas fluyan y la siembra de Angelino caiga en terreno fértil pero no lo dejemos solo en el intento. Lo primero que se me ocurrió pensar al leer el escrito del gobernador del Valle es que bien podría Uribe ofrecerle el Ministerio del Interior y de Justicia. A mi modo de ver, si se quiere de veras ‘desparamilitarizar’ el País, primero urge ‘desuribizar’ la seguridad democrática. No se trata de estigmatizar al Presidente ni de renegar de la ‘seguridad democrática’, sino que todos en Colombia, incluido el Presidente, subamos un nivel en vez de seguir descendiendo al abismo. Los ‘paras’ tienen que salir cuanto antes de Itagüí y los que volvieron al monte deben volver a su proceso de reinserción y retomar el direccionamiento de los proyectos productivos. Los ‘elenos’ tienen que ser ayudados a tomar su gran decisión de abandonar las armas. Los secuestrados tienen que regresar a sus casas y las FARC deben dejar de secuestrar. Dos o tres municipios pueden ser ofrecidos para el acuerdo humanitario así como no puede existir territorio vedado para el inicio de un proceso de paz con las FARC. Las elecciones de octubre deben ser el punto de inicio de la reinstitucionalización del País a partir de las regiones, no el intento de las minorías de derecha y de izquierda por usufructuar el beneficio de que estén proscriptas y excluidas las mayorías. Colombia debe iniciar cuanto antes su marcha libertaria hacia la justicia social pero no lo puede hacer en medio del fuego cruzado de los inquisidores y los sicarios, de los moralistas y los sectarios. Para lograr esto tengo claro que urge ‘desparamilitarizar’ el País –en esto contamos con las mismas AUC y su manifiesta voluntad de paz y reconciliación. También me queda claro que urge ‘desuribizar’ la política de seguridad democrática, y en esto un ministro como Angelino Garzón al lado del presidente Uribe es suficiente garantía ciudadana y democrática. ¿Todo esto para qué?, para iniciar sin prisas pero sin pausas las titánicas tareas de ‘desconflictualizar’ el País, lo que no será fácil pero tampoco es imposible. Lo que resulta imperdonable es seguir los mismos –oficialistas y opositores- con las mismas –artillería verbal y guerra mediática- mientras cuarenta y tres millones de colombianos y colombianas solo queremos concordia, paz y progreso.



Las autodefensas son ciertamente las hijas más jóvenes –y tal vez por ello las más rebeldes e imaginativas- del viejo matrimonio entre las razones de Estado con la fenecida Doctrina de la Seguridad Nacional, lo cual quiere ocultarse ahora, no solamente en Bogotá sino también en Washington. Las dos capitales y sus burocracias políticas, con su pasado filibustero a cuestas, su mala conciencia, sus miedos y sus hipocresías desplegadas. Razones o sinrazones que sobrevuelan aún hoy las tragedias de Hiroshima, Nagasaki y Vietnam no menos que el eufemismo de ‘La Violencia’ con sus tintes rojos y azules, alientan la búsqueda y castigo de los ‘chivos emisarios’, llámense ‘pájaros’ o ‘chulavitas’, guerrillas o autodefensas, comunismo o nacionalismos varios. La Guerra Fría fue tan cierta ayer como cierta es hoy la Guerra contra el Terrorismo. Si Fidel echó raíces en los ’60, y Pinochet y Videla en los ’70, no resulta extraño que hoy Chávez quiera repetir la historia –una generación después- en otra coyuntura pero con los mismo fines. Protagonismo y poder que de eso se trata cuando están de por medio las armas, el dinero y la política. Para hacer frente a este panorama tormentoso la democracia colombiana tiene sus partidos golpeados pero los tiene, tiene incluso su pata izquierda del sistema en franco crecimiento, lo cual es alentador. Pero la pata de las autodefensas aún falta atornillarla a la mesa de la paz y la democracia. Las autodefensas sí quieren la democracia, sí quieren sentarse a manteles, lo quieren los que están en Itagüí y también quienes como Vicente Castaño, los Hernán Hernández y los Mejía Múnera han reculado hacia el monte por los incumplimientos y soberbias del Gobierno ante la necesidad poítica e histórica de firmar los Acuerdos Finales de Paz.


Las autodefensas no cargan tan solo con el peso de ser hijas de Bogotá y de Washington, sino también con el augur de ser hijas del Pueblo, de ese Pueblo que ni gobierna en Bogotá ni tiene influencias en Washington ni en Caracas, mucho menos en La Habana. Fueron construyendo su poder –porque de eso se trata- a partir de las contradicciones que exhibieron los gobernantes de turno, laxos con la guerrilla, permisivos con la corrupción, ingenuos ante el narcotráfico y sumisos ante las grandes potencias.


La Seguridad Democrática no se la inventó Uribe –puede que haya bautizado la criatura, eso sí-, ni siquiera puede decirse aún que haya logrado hacerla caminar en la mitad del territorio. Pero a nadie se le escapa –aunque calle- que las autodefensas tuvieron mucho que ver en Colombia con el afortunado tránsito de la Doctrina de la Seguridad Nacional al nacimiento de la Seguridad Democrática. Quien relea con cuidado el Documento que firmaron en el Nudo del Paramillo las AUC –en 1998 nada menos, cuando ni los Castaño ni los Mancuso habían sido pedidos en extradición- con prestigiosos representantes de la sociedad civil –no del gobierno Samper y tampoco a sus espaldas- podrán apreciar que si de ‘refundar’ la Nación se trata las autodefensas abrieron la boca y tendieron la mano al País y la democracia bastante antes de la caída de las Torres Gemelas y de que Uribe asumiese la Presidencia. Es decir, que las autodefensas con los Castaño y los Mancuso a la cabeza, le abrieron los ojos al País cuando la Guerra Fría ya había terminado en el mundo y la Doctrina de la Seguridad Nacional comenzaba a ser cosa del pasado, y cuando la Guerra al Terrorismo era apenas una tormenta que se avecinaba y una pesadilla sobre la que –al menos en Colombia- las AUC fueron de las primeras en querer alertar y evitar.


El acta del Acuerdo del Nudo de Paramillo o de Córdoba fue firmado por representantes del Consejo Nacional, miembros de la sociedad civil y los más altos dirigentes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) el 26 de julio de 1998. Entre quienes firmaron aquel documento histórico no sobra mencionar aquí nombres del prestigio de Augusto Ramírez Ocampo, Sabas Pretelt de la Vega, ‘Lucho’ Garzón, José Fernando Castro Caycedo, Jorge Visbal, Samuel Moreno Rojas y Alejo Vargas.


Para quienes se rasgan hoy las vestiduras sobre lo acontecido tres años después con lo que se conoce como el Pacto de Ralito, de julio de 2001, y que tiene ‘entre las cuerdas’ mediáticas y de la Suprema Corte de Justicia a tanto político y congresista valga recordar lo que fue firmado entre las partes del Acuerdo en aquel año 1998 –también en Santa Fe de Ralito, oh coincidencia- y donde se hace referencia a ‘las reformas que demanda la nación’ y a la ‘agenda mínima de negociación de paz que debe adelantar el gobierno nacional con las Autodefensas Unidas de Colombia’.


Ante el texto de este Documento y sus ilustres firmantes cabe hacerse la pregunta siguiente: Quienes hoy, entre los medios y la clase política, se golpean el pecho y exigen castigo inclemente del así llamado escándalo de la parapolítica, ¿lo hacen por ignorancia de la historia, por oportunismo coyuntural o porque sus propósitos son inconfesables y tienen que ver con la prosecución del conflicto armado por la razón o intereses que sean?


Asuntos fundamentales como los siguientes mencionaba –ya entonces, julio de 1998- el texto del Acuerdo:


“TERCERO.- La sociedad civil y el Consejo Nacional de Paz apoyan que se inicien negociaciones de paz entre el gobierno nacional y las AUC en una mesa independiente y simultánea con otros procesos, para concluir en un verdadero acuerdo de paz que involucre a todos los actores de la guerra.


“Los participantes en esta reunión consideran válido que el desarrollo del diálogo y la negociación, de los distintos procesos de paz, culmine en propuestas de decisiones administrativas, legales o constitucionales, que conduzcan a las reformas que demanda la nación.


…………..
“QUINTO.- Los representantes de la sociedad civil y los miembros del Consejo Nacional de paz, propiciarán ante la sociedad, que la agenda mínima de negociación de paz que debe adelantar el gobierno nacional con las Autodefensas Unidas de Colombia, debe dar respuesta a problemas como:

· Democracia y reforma política
· Modelo de desarrollo económico
· Reforma social, económica y judicial
· La fuerza pública en el estado social de derecho
· El ordenamiento territorial y la descentralización
· El medio ambiente y el desarrollo sostenible
· Los hidrocarburos y la política petrolera
.............

La polémica desatada en estos días en las filas conservadoras y que involucra al ex presidente Pastrana y dos de los dirigentes emblemáticos del Partido en el departamento de Córdoba, doctores Manzur y Ordosgoitia, mucho tiene que ver con las razones políticas que deberá dar en su momento el Conservatismo sobre el ‘engavetamiento’ que se le dio en la Casa de Nariño al Acuerdo del Nudo del Paramillo, durante la presidencia de Andrés Pastrana, cuya implementación en el período 1998-2002 tantos males y sobre todo, tantas víctimas, le habría evitado a Colombia.


Está comenzando a salir a la luz, en la versión libre del ex comandante Mancuso, que no fue la política de Seguridad Democrática la que condujo contra su voluntad a las AUC a la negociación todavía inconclusa, ni el supuesto poder coaccionador de la Seguridad Democrática lo que obligó a las AUC a someterse a la ley de Justicia y Paz.


Por el contrario, la política de Seguridad Democrática tiene entre sus antecedentes históricos insoslayables –aunque no falten los ‘uribistas’ que no quieran reconocerlo- el aporte invalorable de quienes, como los máximos líderes de las AUC, visualizaron ya en 1998 –como lo prueba la firma del Documento mencionado- que el remedio táctico de las autodefensas, producto de la Guerra Fría y de la Doctrina de la Seguridad Nacional –que no se inventaron ni los Castaño ni los Mancuso- había asumido ya demasiadas contraindicaciones y efectos secundarios perniciosos como para dar paso a la necesidad urgente de discontinuar el tratamiento y transformar radicalmente los componentes de la medicina. ‘Peor el remedio que la enfermedad’, dijo Serpa alguna vez, y en esto al menos, no me avergüenza tener que darle la razón, sin dejar de reconocer que las enfermedades son siempre enfermedades, y los remedios –aún los desagradables y los ineficaces- siguen siendo remedios a los cuales echar mano cuando todo se derrumba alrededor y los buenos remedios nos son inaccesibles.


Para alcanzar esta transformación de los guerreros ilegales en políticos legales –una auténtica y genuina metamorfosis- la voluntad política de las autodefensas no alcanzaba por sí sola ni en 1998, ni en 2002, ni siquiera hoy. Se requería –y se requiere todavía hoy- desde el Estado una nueva política y un nuevo obrar del Gobierno de turno en materia de paz y de reconciliación, de conflicto armado y seguridad rural y urbana.


Puede decirse, sin faltar a la verdad, que la política de Seguridad Democrática atrajo a las AUC hacia la mesa de negociación con el presidente Uribe. Y las atrajo porque finalmente un Presidente, a partir de 2002, asumió como política de Gobierno un anhelo expresado e insatisfecho del Pueblo, de ese mismo Pueblo, que en su base y desde su desespero se apoyó en las autodefensas para subsistir ante el flagelo guerrillero. Es que las autodefensas no se defendían a sí mismas, como despectivamente manifestó el embajador Wood en su momento, sino que las autodefensas defendieron un Pueblo, que no quería ser sometido a los designios dictatoriales de la subversión ni a la indolencia suicida del Estado.


Las Autodefensas se sentaron a negociar por su propia voluntad personal e inteligencia social, la misma voluntad personal e inteligencia social que les falta a las guerrillas y no le ha sobrado a ningún Presidente incluido el actual. No lo hicieron porque se sintieran derrotadas –más bien sucedía todo lo contrario- sino porque querían ganar la paz y que el País la disfrutara y la exigiera, tanto a las guerrillas amenazantes como a los gobiernos claudicantes e impotentes. Decir, como se escucha en algunos pasillos de la Casa de Nariño, que fue la política de seguridad democrática la que derrotó a las autodefensas y las sometió a la Justicia eso no solo es una grotesca mentira y una mistificación gigantesca sino además, lo que resulta más peligroso, especialmente en las actuales circunstancias de rearme y generalización de una delincuencia anárquica, una subestimación del sentimiento popular y sus necesidades sociales, y una inconsciencia mayor, una actitud acomodaticia y frívola por parte de los funcionarios del Gobierno, autistas frente a la realidad y la experiencia fáctica, que no puede sino tener consecuencias graves para la salud del País. No hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que no quiere ver.


La Seguridad Democrática, sigue siendo un anhelo popular y también una necesidad nacional y regional, pero si no se le quiere fallar a los colombianos y colombianas, no nos digamos mentiras, ni se las digamos al País. Reconozcamos también con humildad y sin politiquería, que a tres años de 2010, y a cinco de 2002, el futuro ya no pinta de halagüeño como pintaba prometedor el 7 de agosto de 2002. Y no solo por aquello que decían nuestros abuelos acerca de que ‘todo tiempo pasado fue mejor’, sino por aquella ‘ley de Murphy’ que nos pone sobreaviso de que ‘no hay situación, por mala que resulte, que no sea susceptible de empeorar’. Incluso, la actual colombiana.


Que el que no hace los goles, los ve hacer, y al camarón que se duerme se lo lleva la corriente, aunque se trate del mismísimo Uribe, con todo respeto y admiración.

Así la veo yo.
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