abril 23, 2007

Las ex AUC, con talante ‘acuerdista’, ocupan su espacio en el centro-derecha

Con ‘acuerdo programático’ nada insuperable impedirá apoyar a Lucho en 2010


SÍ-SE-PUEDE (4)



Por Juan Rubbini
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com




El proceso de paz ha instalado a las ex AUC en el centro derecha del mapa político. A su derecha han quedado las fuerzas sociales y económicas, empresariales e ideológicas que siguen razonando en términos de seguridad nacional y enemigo interno, en términos de comunismo y anticomunismo. No es cuestión de nombres ni de siglas, lo importante es destacar aquí la ruptura definitiva del frente que tuvo a las AUC como brazo armado de intereses ajenos, la prueba irrefutable de que ‘la rebelión de los condones’ ha tenido éxito.


Las ex AUC se ponen así de primeras (respecto a ELN y FARC) entre las organizaciones ilegales del conflicto armado que buscan su inserción entre las fuerzas democráticas en el siglo XXI. Antes lo habían hecho el M 19 y el EPL, así como la CRS desprendida del ELN, pero esa es otra historia, digamos que del siglo pasado.


Las ex AUC pueden ser analizadas históricamente como el germen del pre-uribismo de Uribe, dicho esto para entendernos, no para involucrar al hoy presidente Uribe cuya carrera política, como es notorio y comprobable, transitó esencialmente al margen de todo paramilitarismo y de toda violencia. Los debates sobre la parapolítica están sirviendo para que quede claro que los ‘paras’ nacieron como Uribe del mismo contexto histórico –no podía ser de otra manera- pero una cosa es el caldo de cultivo y otra bien distinta es la respuesta dada por el uno y por los otros. Digamos que Uribe se dio la pela por trabajar desde el vamos por remediar la debilidad del Estado, mientras que los paras le ponían el cuerpo a las balas enemigas yendo a sacar a las guerrillas de sus madrigueras. No se trata entonces de que los paras fuesen uribistas, ni que Uribe fuese un para, sino que ambos se propusieron –por distintos caminos- limpiar el territorio de presencia guerrillera. Esta coincidencia objetiva –entre el ex gobernador de Antioquia y los ex paras- despierta en estos días petrescos y robledianos las iras de todos aquellos que le apostaron al futuro socialista de Colombia y creyeron que esto era no solo lo mejor que podía suceder sino que además resultaba inevitable a la luz del materialismo histórico y del ‘avance incontenible’ –mamertos dixit- de la revolución socialista en el mundo.


Si en el pasado las diferencias entre Uribe y los paras han sido evidentes e incontrastables, y en todo caso son del mismo tipo que han separado, en el otro ‘equipo’, a Carlos Gaviria de las FARC y el ELN, también es válido –en ambos casos- conjeturar hacia el futuro que las carreras políticas de Uribe y Mancuso –por poner un ejemplo- no son necesariamente divergentes ni irreconciliables, por el contrario, en el imaginario colectivo de muchos colombianos resulta altamente deseable que estos dos políticos se unan en algún punto del mañana no tan lejano, del mismo modo que otros tienen por propósito que ojalá tengan eco en las FARC y el ELN los llamados de Carlos Gaviria para que el Polo se ensanche con los aportes desarmados de elenos y farianos.


Así como los procesos de paz tienen la virtud de acercar a los ‘ultras’ al juego democrático, y esto vale para la izquierda y también para la derecha, será muy probable que mientras unos van hacia el centro -centro-derecha y centro-izquierda-, otros escojan permanecer en los extremos del sistema, sin salirse de él, pero tampoco transando con quienes los llaman a transitar por andariveles más propios del centro que de las orillas. Asimismo la existencia de contradicciones insalvables hará que por mucho tiempo –narcotráfico mediante- permanezcan en el monte quienes no se sientan atraídos por la democracia sino prefieran hacer de la ilegalidad de izquierda y derecha su razón de ser, su modus operandi e vivendi.


La diferencia relevante hoy entre Carlos Gaviria y Álvaro Uribe es que mientras uno será muy probablemente el candidato de la izquierda-izquierda (¿extrema izquierda?) en las presidenciales de 2010, a Álvaro Uribe le estará vetado hacerlo desde la derecha. Está abierto entonces el tema crucial de la sucesión presidencial en las huestes de Uribe, mientras que por los lados de la izquierda no resulta alocado presagiar que el centro izquierda de Lucho Garzón y Angelino Garzón competirá con la izquierda-izquierda de Carlos Gaviria. ¿Dónde queda Petro a todas estas? Hoy parece en el limbo, tal vez apostándole a un mix de ‘chavismo’ y ‘correísmo’ junto a la izquierda liberal de Piedad y don Horacio, un populismo de socialdemocracia incierta (¿nuevo socialismo del siglo XXI?), cuyo futuro impredecible no parece augurarle el triunfo en 2010 pero sí un poder fuerte en la oposición, de cara al 2014, si a los centro izquierdistas o a los ‘uribistas sin Uribe’ les va bien y triunfan (unos u otros en primera vuelta, o los unos más los otros en segunda vuelta)


Así las cosas, el Partido Liberal no serpista intenta aferrarse al centro del mapa político y allí quiere hacerse fuerte César Gaviria, con el apoyo de Rafael Pardo y Rodrigo Rivera.


Hasta aquí todo va bien, al menos en el papel –que como se sabe lo resiste todo-; las dificultades son mayores cuando se ingresa al terreno del ‘campo uribista’, donde hay quienes quisieran apostarle al ingreso al ‘uribismo’ de los Mancuso y compañía, pero donde también son fuertes aquellos que dicen que con los ex paras ni pío. Está claro que impedimentos legales harán imposible la participación política electoral de los ex comandantes de las AUC en 2010, salvo que el ELN abra el boquete legal por donde ex guerrilleros y ex paras puedan desembarcar en la arena democrática electoral. Esto se está jugando en estos días entre La Habana, Caracas y Bogotá y explica el silencio de ‘Gabino’, las ambivalencias de 'Beltrán' y de 'García', las piruetas de ‘Galán’ y el regreso al ruedo eleno de ‘Felipe Torres’. Amanecerá y veremos.


Mientras tanto, al proceso de paz con las ex AUC le sigue haciendo falta definir y explicitar la ‘hoja de ruta’. El tren sigue detenido en la estación de Itagüí, y el tendido de los rieles se está haciendo, pero muy lento, si se quiere iniciar su recorrido antes de las próximas elecciones de octubre. No se entendería que la locomotora pudiese arrancar sin que recobraran los ex comandantes su condición de miembros representantes, así como urge redoblar los esfuerzos para que no falten sobre el tren, a la hora de su partida, ni Vicente Castaño ni los que hicieron punto y aparte cuando el Gobierno acosado por la parapolítica que se le venía piernas arriba echó mano de La Ceja y de Itagüí para ‘amansar a las fieras’ de los medios y de la oposición más recalcitrante.


En posición incómoda pero no insalvable ha quedado ‘HH’ cuya voluntad de paz ha sido inclaudicable desde su firma de los Acuerdos de Ralito y Fátima, su desmovilización en 2004 y el compromiso evidenciado con los proyectos productivos que le correspondió liderar. Su desconfianza en el Gobierno resultó más que justificada tras las medidas de conducción del 15 de agosto pasado que dieron al traste con las más elementales medidas de confianza entre las partes, usuales en negociaciones de paz e imprescindibles en casos como el colombiano donde ni siquiera hoy se conoce la ‘hoja de ruta’, ni la ‘agenda’ ni parece próxima la firma de los Acuerdos Finales de Paz.


La simetría sigue siendo el fiel de la balanza y así como desde el Polo se hacen llamados al ELN para abandonar la lucha armada y sumarse a sus filas políticas –incluso electorales- el País está esperando que desde el centro hacia la derecha aparezca el líder político –con suficiente valor cívico- para invitar a las ex AUC a sumarse al ruedo político desde el otro Polo, desde la otra orilla. ¿Qué candidato presidencial está dispuesto a jugarse para equilibrar la balanza, para restablecer la vigencia de la necesaria simetría? Uno podría esperar esto de políticos de raza como Germán Vargas Lleras, o de dirigentes de la talla de Francisco Santos, presidenciables ambos, y ‘uribistas’ los dos, aunque uno con partido y otro sin partido. Sin embargo, e ideologías aparte, hoy por hoy, parece que la ‘derecha’ no le va a perdonar en mucho tiempo a las ex AUC que hayan producido el sismo protuberante de su abandono de la lucha armada para ocupar un lugar en el ‘centro derecha’, democrático y progresista.


¿Será entonces que el destino previsible de los Mancuso y compañía en los próximos años será consolidarse como fuerza individual, en todo el país, con raíces regionales poderosas y urbanas a desarrollar, dentro de un espíritu frentista de coalición amplia, una coalición que incluso Lucho Garzón podría liderar con vistas a 2010?


Llegados a este punto, no resulta ocioso resaltar aquí que serán los intereses sociales colectivos y no las ideologías los factores aglutinantes de los grandes movimientos sociales y políticos del siglo XXI. Finalmente, la política de las grandes ligas se desarrolla en un marco donde gobernabilidad y eficacia en la gestión del Estado, se nutren de la representatividad y la participación ciudadana.


Paradojas de la paz y la reconciliación, la modernización social y económica que impulsa el núcleo central del sistema democrático e institucional desde Bogotá no tiene porqué entrar en contradicción con la dosis precisa de autonomía regional y el ordenamiento territorial progresista que reclama la integración nacional desde las grandes capitales hacia la periferia y las fronteras.


Por el contrario, pueden caminar de la mano, y en este sentido, nada impide que las fuerzas en gestación dispuestas a apoyar la candidatura presidencial de Lucho Garzón desde una posición centrista de centro-izquierda, para que Lucho gobierne desde la Casa de Nariño, puedan establecer un ‘acuerdo programático’ con las ex AUC, ya despojadas de toda tentación ‘militarista’ incluso desde la digna sepultura de su nombre de guerra AUC.


Digamos por ejemplo, y para lanzar nombres partidistas posibles, en reemplazo de la estigmatizada sigla AUC, que la ‘Unión Democrática Tricolor’ (UDT) acompañe en su coalición a un gobierno presidido por Lucho Garzón, movimiento nacional desde donde los ex paras encuentren su lugar en la política –lugar independiente, pero no aislado ni sectario- concretando su mejor modo de trabajar ya desarmados, política y socialmente por Colombia.


¿Qué mejor prueba de fe democrática para las ex AUC que apoyar la candidatura presidencial de un ex líder sindical de izquierda?


¿Qué mejor invocación al espíritu de paz y reconciliación entre los colombianos de parte del candidato Lucho Garzón que celebrar un acuerdo programático que permita ser socios en la reinstitucionalización de la democracia a quienes hicieron de la autodefensa su razón de vida en los años de la guerra?


Finalmente, la paz se sella entre quienes fueron enemigos, y la reconciliación se produce entre quienes estuvieron enemistados.


La ‘lucha de clases’ está mandada a recoger, y esto vale para la izquierda y también para la derecha.


Así lo han entendido los Garzón y los Mancuso.

Es un buen comienzo.

Así la veo yo.


Los artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- conformada por “Así la veo yo”, “Esencias y Matices”, “Chamuyo” Y “SÍ-SE-PUEDE”, están disponibles para su acceso y lectura en:
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abril 03, 2007

Las AUC y las desviaciones materialistas del neoliberalismo y el neoestatismo

Entre civilización y barbarie las autodefensas han tomado el camino de la civilización



SÍ-SE-PUEDE (3)



Por Juan Rubbini
www.lapazencolombia.blogspot.com

Las dos visiones dominantes de la política son esencialmente materialistas, por el lado del neoliberalismo y del neoestatismo, oficialismo y oposición en Colombia se aferran a concepciones que magnifican y exageran la cosa material por encima del espíritu. En otras palabras, el alma se reduce al ‘espíritu consumista’, y la ‘lucha de clases’ a la lucha del poder de unos contra otros, o viceversa. Oficialismo y oposición no debaten, se muerden. Oposición y oficialismo no construyen lo propio, sino que se dedican a destruir lo ajeno.

Las hasta ayer AUC han logrado zafarse de la oposición armada a las guerrillas para salir a competir con ellas –y con sus camaradas del Polo y la izquierda liberal- en lo social y lo político, sin más armas que la razón y el argumento. Sin embargo, el riesgo de caer en brazos del neoliberalismo o del neoestatismo sigue latente. Maltratar la vida en nombre de la economía o de la ideología es el común denominador que une los extremos de la vida política. De esto no se escapan los guerrillos ni tampoco los yuppies del cuarto poder, absortos por El Dorado que han encontrado, unos en los altares del narcotráfico, otros en las delicias del poder mediático.

Si en las selvas de Colombia pugna por emerger el ‘nuevo socialismo del siglo 21’, en las entrañas del cuarto poder anidan los huevos del ‘nuevo golpismo del siglo 21’. Ambas ‘novedades’ materialistas hasta los tuétanos van por lo mismo aunque hablen lenguajes diferentes en la Babel incomprensible de los intereses inconfesables. El mundo de la política al que van asomando las autodefensas desmovilizadas es un mundo sectario y engreído, soberbio y vacuo, que visceralmente las rechaza, por derecha y por izquierda, porque las ve distintas, porque las ve impetuosas y con ganas de renovar el gusto por la política en el pueblo colombiano.

Las autodefensas están saliendo sigilosas de la confederación AUC que las albergó en los años más recientes para regresar –como el hijo pródigo- a las fuentes naturales donde nacieron, en el seno de comunidades de base –acumulados solidarios originales- anteriores aun al concepto mismo de federaciones en que se fueron transformando en su proceso de desarrollo antes de dar el salto a lo que fueron como AUC. En las autodefensas –inversamente que en las guerrillas- la acción precedió a la teoría. Así como la reacción militarista fue lo primero y la respuesta politizada vino después.

En este regreso a las fuentes las autodefensas vuelven vencedoras del campo de batalla pero sin haber logrado ponerle fin a la guerra. La etapa judicial abre un paréntesis en la libertad de movimientos pero, precisamente, por esta limitación física insuperable ocasionada por Justicia y Paz, los caminos de retorno a la casa de la reflexión y el crecimiento se multiplican.

Los riesgos del pasado al actuar de contragolpe y de no contar con iniciativa estratégica –un Estado de facto nunca es asimilable totalmente a un Estado de derecho- han producido estragos humanitarios que corresponde reparar, con ley 975 o sin ella, porque las leyes del espíritu anteceden las leyes de la materia, y quien las hace las paga y eso está bien que sea así. Entre civilización y barbarie las autodefensas han tomado el camino de la civilización y esto es irreversible, hagan lo que hagan las guerrillas, hagan lo que hagan oficialismo y oposición, que hoy parecen más interesados en prolongar la guerra que en acercar la paz. Unos porque parecen legitimarse más allí donde hay conflicto armado, y otros porque quieren mantener a las guerrillas y contraguerrillas camuflando el gran negocio del narcotráfico, en vez de volverse incómodos interlocutores políticos.

Si los ‘santos que vienen marchando’ le han dado tan duro desde sus páginas a las AUC puede que ahora, tras su disolución y dispersión, coyunturalmente inevitable e inatajable, encuentren en los ‘retiros espirituales’ de las autodefensas, la manera elegante e inteligente, de revisar críticamente lo que han sido sus posturas editoriales y editorializantes ante el proceso de paz y lo que sigue en materia de puesta en marcha de un nuevo proyecto político de vastas proporciones alentado por los Mancuso y compañía.

Bienvenida la autocrítica de unos y de otros, en las filas de los hasta ayer ‘confederados’ hoy ‘federados’ en vías de regreso a sus solares de origen. Bienvenida también la autocrítica en las filas de los hasta ayer recalcitrantes adversarios y en las de los escépticos y más cáusticos editorialistas y columnistas. Que todo tiene un tiempo y una razón, y que finalmente nada es esencialmente malo en las viñas del Señor.

No hay más paraíso que el que estemos en condiciones de construir, ni más infierno que el que no logremos extirpar de nuestros corazones.

La política está más allá de los intereses materialistas y de la defensa de causas personales o de grupo. Si la política de las autodefensas no asume desde el comienzo la preservación de la naturaleza espiritual que nutre y explica la condición humana, es decir si no toma distancia estratégica de cualquier desviacionismo materialista, neoliberal o neoestatista, será cualquier cosa menos la respuesta que necesita Colombia.

Las autodefensas serán transformadoras de los modos y los fines de hacer política, o no serán nada.

Porque en cosas de la vida, y también de la política, persistir en el acierto es una virtud, pero insistir en el error es una estupidez.


Así la veo yo.


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