agosto 30, 2007

92. Las Autodefensas y su largo camino a casa

En las manos de la Justicia los cimientos del nuevo Estado



Punto y Aparte (1)



Por Juan Rubbini
www.lapazencolombia.blogspot.com



Si la Fiscalía y las Cortes no se enredan en la maraña de las mezquindades políticas –y los enroques del ajedrez geopolítico- la Justicia colombiana tiene asignado por la Historia el insustituible e indelegable papel de conducir a los desmovilizados colombianos de regreso a la vida civil.

Entre lo políticamente correcto y lo estrictamente jurídico nada debe estar por encima de la Ley ni por debajo de la mesa. La guerra tiene sus leyes y la desmovilización y el desarme también deben tenerlas y han de respetarse.

Si ‘don Macaco’ y ‘don Berna’, al igual que ‘Simón Trinidad’ y ‘Sonia’, deben en legítima justicia hacer escala en otro país antes de regresar a su casa en Colombia, pues que así sea, pero que no sea porque lo exigen los Estados Unidos sino porque la Justicia colombiana lo entiende así y actúa en derecho, teniendo en cuenta todos y cada uno de los intrincados asuntos que le competen y se ven reflejados en este caso.

Que no resulte –y nos vayamos a enterar dentro de una o dos generaciones- que el gobierno de los Estados Unidos mantiene infiltrado el Estado colombiano, y lo manipula para resolver sus razones de Estado hegemónico, y la Justicia colombiana no defiende los derechos de los ciudadanos colombianos. Porque esto no lo toleran las guerrillas pero tampoco lo aceptan las autodefensas, ni las de vieja generación, ni supongo tampoco las de nueva generación, así como no lo consideramos justo los ciudadanos colombianos.

Para las autodefensas desmovilizadas, en Itagüí, en Cómbita, en todo el país, no existe hoy nada más políticamente correcto que respetar las actuaciones de la Justicia. Incluso para modificar las leyes –y también para modificar la Constitución- existen los caminos y las formas, los tiempos y los procedimientos constitucionales adecuados y previstos. En cuanto al bloque de constitucionalidad tampoco nada es para siempre ni rígidamente inmodificable.

Y si alguien tiene dudas al respecto allí está Chávez para ayudar a resolver nuestros problemas internos colombianos, siempre tan activo, siempre tan dispuesto a viajar. No solo por el acuerdo humanitario se desvive el hombre, resolver el conflicto armado puede ser el próximo paso. Y si Chávez está dispuesto a colaborar con el Gobierno por el lado de las guerrillas, bien puede ser invitado desde Itagüí a terciar en el espinoso tema de la reinserción de los desmovilizados, y sus colaterales efectos negativos sobre el rearme y el vuelo de águila de las bandas emergentes, que también sobrevuelan la frontera común.

Que nadie se sorprenda de los cabos sueltos, los escándalos mediáticos y la inercia seudo-delictiva que acompañarán de por vida la estela de quienes han sido actores armados del conflicto colombiano. En el caso de los ex comandantes de las FARC, y del ELN y de las Autodefensas se aplica aquello de que ‘el pasado los condena’ y ‘házte la fama y échate a dormir’. Que lo digan si no es así Petro, y también Navarro, ¿qué no se va a decir hoy y se seguirá diciendo mañana y siempre en los casos de ‘don Macaco’ y de ‘don Berna’, o de Salvatore Mancuso y ‘Jorge 40’?

Por eso es tan decisivo y crucial que la Justicia se erija en el pilar fundamental de los procesos de paz si el Estado de Colombia y sus ciudadanos aspiran a ser respetados en el mundo. Claro que el respeto por los ciudadanos –incluso por los ciudadanos que han delinquido- ha de comenzar por casa, desde el primer poder de la democracia –el ejecutivo- hasta el cuarto poder –la prensa.

Si resulta cierto que ‘don Macaco’ y ‘don Berna’ han delinquido tras su desmovilización ello no puede ser tomado, en Colombia al menos, y por interés nacional, tan a la ligera, como si se trataran ambos de personajes del común, o de la farándula. Nadie ignora las difíciles circunstancias por las que atraviesa el proceso de paz, no solo con las autodefensas, también con el ELN, e incluso el acuerdo humanitario con las FARC.

Los problemas de la casa se resuelven en la propia casa, si los países vecinos y los países amigos deciden ayudar que lo hagan –que sean entonces Venezuela o Estados Unidos, o ambos al tiempo- pero la Justicia de Colombia, atravesada hoy en su médula por los procesos de Justicia y Paz, y de la ‘Parapolítica’, no puede ni debe dejarse sacar de las manos –lo más propio sería utilizar los términos ‘arrebatar por los intereses de un tercer país, por poderoso que sea’- aquellos personajes emblemáticos de un problema determinante y prioritario para comenzar a encontrar la salida de más de cuarenta años de violencia.

Es que ‘don Macaco’ y ‘don Berna’, así como ‘Simón Trinidad’ y ‘Sonia’, nos sirven aquí, a los colombianos, para que nos digan cómo y por qué, los hechos pasados, y por dónde y de qué manera, visualizan ellos que salimos de esta tragedia nacional.

La Justicia de Colombia necesita todo nuestro apoyo como ciudadanos, incluso todo el apoyo de parte de quienes por una u otra razón han delinquido. El delito no deja de ser delito porque sea delito político, ni el delincuente tiene más o menos derechos humanos por ser político o por no serlo. El quid del problema no es si los guerrilleros son rebeldes, o si las autodefensas son sediciosas. La cuestión es cómo salimos del conflicto armado, o al menos cómo vamos saliendo. Para comenzar a salir del conflicto, comencemos escuchando y ayudando a quienes quieren colaborar con el final de las hostilidades. Y hagámoslo desde la Justicia, donde unos por propia voluntad y otros porque han sido capturados, den muestras de que quieren hacerlo. Que hayan sido en el pasado partes del problema, no les quita el derecho a rectificar sus conductas, reparar lo reparable y convertirse en partes de la solución.

Lo políticamente correcto, aquí y ahora, para las autodefensas y para las guerrillas, es poner su vida, su libertad y su determinación en manos de la Justicia. Pero entonces, la Justicia se enfrenta a la madre de todos los dilemas, al punto de convergencia donde los intereses de las víctimas, de la verdad y del propio Estado se unen y se mezclan: ¿extradito o no extradito?

¿Extradito porque me lo piden los Estados Unidos? ¿O no extradito porque los supremos intereses de Colombia y de los colombianos me lo exigen?

Porque es cierto, se trata de ‘guerrillos’, o de ‘paracos’, o de ‘narcos’. Pero sucede, que son ‘nuestros’ guerrillos, ‘nuestros’ paracos y ‘nuestros’ narcos. Y para acabar de ajustar, se trata de ‘nuestra’ Justicia, de ‘nuestro’ Estado y de ‘nuestra’ democracia.
En fin, para un colombiano no debiera existir en el mundo nada mejor que otro colombiano. Aunque se trate de un delincuente, o precisamente porque se trata de un delincuente, desde aquí lo queremos resocializar, desde aquí lo queremos reintegrar en paz y arrepentimiento y perdón con sus hermanos.

Suena chauvinista pero no lo es. Somos ciudadanos del mundo, pero lo somos desde la propia nacionalidad, desde el propio territorio, desde la propia idiosincrasia. No desde la condición de parias de la humanidad, ni de desarraigados de las propias tradiciones.

La Justicia tiene la última palabra.

Ojalá la Justicia de Colombia, ahora que tiene el tigre a sus pies no se vaya a asustar con el cuero. No se quede muda, ni hable en otro idioma, ni mire para otro lado. Porque entonces, ‘apague y vámonos’. Unos para EEUU, otros para el ‘monte’, otros, los más, para seguir ‘camellando’ pacíficamente –pero en medio del conflicto, untados de conflicto- en lo que algunos todavía llaman ‘el mejor vividero del mundo’, aquí donde amamos y nos sentimos amados.

Así la veo yo.

Los 92 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- conformada por “Así la veo yo”, “Esencias y Matices”, “Chamuyo”, “SÍ-SE-PUEDE”, y “Punto y Aparte” están disponibles para su acceso y lectura en:

agosto 13, 2007

Las Autodefensas y el mito del ‘eterno retorno’

No se vuelve de la guerra para volver a ella



SÍ-SE-PUEDE (12)



Por Juan Rubbini
www.lapazencolombia.blogspot.com



A cada guerrillero le llega su autodefensa, y a cada rebelde su ‘paraco’. Si unos dan la vida por Fidel y por Chávez, otros la ofrendan porque no quieren ser esclavos ni del comunismo ni del marxismo. Si las FARC y el ELN hubiesen triunfado, las Autodefensas serían hoy los rebeldes insurgentes en el monte contra la dictadura guerrillera entronizada en Bogotá. Y las FARC y el ELN oficiarían de ‘paramilitares’ de turno. Pero como las Autodefensas con su victoria sobre las guerrillas no lo permitieron, ahora resulta que su éxito militar y su confianza social les ha impedido graduarse y ejercer como rebeldes, y la Corte Suprema quiere negarle su condición política. Es digno de Ripley pero los jueces quieren el ‘premio judicial y político’ para los derrotados y ‘la muerte política’ para sus vencedores. Así unos quisieran para Colombia los usos y costumbres de los Stalin, Castro y Pol Pot –aderezados con el discurso chavista-, mientras las autodefensas quieren algo menos presumido y mesiánico: democracia, libertades públicas e iniciativa privada. Y el respeto de la justa justicia, claro.


Colombia 2007. No se trata solamente de ‘sesgos’ ideológicos. Se trata del eterno juego de causas y efectos. Hubo la Violencia de liberales y conservadores. Hubo un Frente Nacional. Sin Verdad, sin Justicia, sin Reparación. ‘El que siembra vientos cosecha tempestades’. Hubo una Revolución comunista en Cuba en 1959. Hubo un doble parto guerrillero en Colombia, en 1964, el de las FARC y el del ELN. ‘Al que no quiere caldo, le dan dos tazas’. Y para quienes gustan de las coincidencias, precisamente en 1964 nació Salvatore Mancuso, y en 1965, Carlos Castaño. Primero fueron las guerrillas, solo después, y como consecuencia de los crímenes de las guerrillas, los crímenes de las autodefensas. En el juego de causas y efectos, no solo las guerrillas los tuvieron, las autodefensas también. Hubo un antes y un después. ‘No hay peor ciego que el que no quiere ver’. Si esto no es conflicto ¿el conflicto dónde está?

Hacen bien los ex comandantes de las Autodefensas en seguir imperturbables su ‘hoja de ruta’ que los lleva a la libertad. Y de paso los aleja de la tentación de volver a la guerra. Hacen mal las clases dirigentes que no han querido resolver el problema, y que ya reconocen abiertamente que las ‘bandas emergentes’ son la respuesta de la realidad a los delirios de la fantasía. También hay de los otros, quienes no quieren reconocer, que la suma algebraica de ciertos factores de inestabilidad (la desmovilización de las autodefensas más los incumplimientos del Gobierno más la dinámica del ‘doble conflicto armado’ –político y económico) no podía sino degenerar como resultado en nuevas organizaciones, unas de orientación guerrillera, otras de orientación autodefensa, otras solo dedicadas al propio negocio ilegal.

Del matrimonio entre las guerrillas criminales y el Estado desertor, nacieron primero las Autodefensas y luego se fortaleció el narcotráfico. Donde hubo amor cenizas quedan y ellas pululan en algunas Cortes y Curules, entre amigos del ‘altruismo’ con la vida ajena.

Hacen bien los ex comandantes de las Autodefensas desarmados en no renunciar a su cívico reclamo por los derechos políticos, más ahora que aprendieron que el Estado promete pero no cumple, exige el monopolio de la fuerza pero no cubre con su manto protector los suelos de la patria. Si los desmovilizados no se defienden como ciudadanos respetuosos de la democracia con el ejercicio de sus derechos políticos ¿cómo pretende el Estado que lo hagan? ¿o querrá que los treinta y tres mil se autodeclaren culpables y se alojen masivamente en las cárceles para ‘protegerse’?

Los fusiles se entregaron pero la reincorporación a la vida civil se demora, de los riesgos de la desmovilización precipitada se advirtió en Ralito pero pudo más la prisa del Gobierno por mostrar resultados positivos. Mientras la reelección subió por el ascensor la seguridad democrática aún está viendo si sube o no por la escalera. Dirán que son las incertidumbres de la democracia, el precio de las libertades, otros pensarán que son los vicios del caduco país que se resiste a perder sus privilegios de siempre.

Algunos insisten en que el País no está preparado para conocer la verdad, otros vislumbran que aquí el negocio es la guerra, y que la paz no tiene cabida ni buen recibo en el corazón de los que mandan. Por eso los ex comandantes de las Autodefensas no fueron premiados ni condecorados por abandonar las armas, sino castigados y encerrados en la cárcel. Las promesas de amnistía, indulto y cuotas de poder, siguen existiendo para sus enemigos guerrilleros, para cuando se dignen sentarse a negociar con las armas en la mano. Que para ellos siempre habrá Países Amigos, no solo la Cuba de Fidel o la Venezuela de Chávez.

Así son las cosas y contra este estado de cosas hay que rebelarse, pero rebelarse sin dar ventajas, escogiendo el terreno y la oportunidad. Mientras tanto, que otros disfruten las veleidades del destino del poder, que hoy suelta y mañana aprieta, que hoy te sube y mañana te baja. Hay obsesiones tercas y fanáticas contra las cuales es en vano seguirle el juego, es sabio dar solamente las peleas que hay alguna posibilidad de ganar, y darlas cuando llegó la hora, ni antes ni después.

Esta es hora de reflexión y de paciencia. De todas las virtudes, nada mejor para el momento que la constancia y el estudio, la organización del esfuerzo y el esfuerzo de prepararse. Porque la realidad sigue siendo la única verdad, y a los espejismos los derrota la experiencia, y a la ignorancia el conocimiento.

Quienes hoy viven en campaña predicando más de lo mismo, serán los primeros en llegar un día a pedirles consejo a los Mancuso y compañía. Y cuando ese día llegue habrá que haber aprendido, que no se puede confiar en todos pero que tampoco es conveniente eludir la palabra sensata en el momento preciso. Que otros hagan la Historia que les toca y si les va bien ganamos todos, unos en la arena y otros en las tribunas. Que los espectadores también cuentan, y votan, y no siempre es lo que toca ser actores.

El proceso de paz no está acabado, ni clausurado. Es tiempo de pasos cortos y esos pasos hay que darlos, mirando más el bien común de los afectados que el propio interés de los partidarios. Llegará el final de la pesadilla y el recupero del bien preciado de la libertad. Esto es poderoso y suficiente aliciente, y en pos de la libertad todo esfuerzo vale, incluso el de renunciar por un tiempo - que ha de cumplirse inexorablemente- al ejercicio de aquella parte sustancial de los derechos humanos que hoy el Estado les ha confiscado. Los derechos políticos son derechos humanos, ni más faltaba.

Este Gobierno se sucederá a sí mismo –no sería la primera vez- o será reemplazado por otro distinto. Esto no cambia la naturaleza de las cosas ni acaba por sí con los conflictos, ni solo puede sanar las heridas y generar el perdón y la reconciliación.

Hoy está más claro que ayer –y esto se les abona a las Autodefensas desmovilizadas- que la matriz del conflicto incluye sustancial e inextricablemente la cuestión del narcotráfico y su secuela de ‘narcoeconomías’ y ‘lavado de dinero’. En 2010 ningún candidato –ni siquiera Uribe III- podrá creíblemente prometer acabar con las guerrillas y las autodefensas –como lo hicieron Pastrana en 1998 y Uribe I en 2002- si no propone algo sensato y convocante sobre el asunto de la producción, comercialización interna y exportación de sustancias ilícitas. Porque si bien es cierto que es el negocio del narcotráfico quien financia guerrillas y autodefensas, no menos cierto resulta que la lucha entre guerrillas y autodefensas resulta el ‘camuflaje’ perfecto que levanta la polvareda exacta que necesitan las cadenas internacionales del narcotráfico para vivir y reproducirse.


Habrá que reconocer que el ‘doble conflicto armado’ (político y económico) no solo subsiste sino que es capaz de mutar y sobrevivir porque ya se ha transformado en un sistema de múltiples entradas y salidas combinadas capaz de retroalimentarse con las prohibiciones, las guerras declaradas e incluso las extradiciones. Pueden continuarse todas las cruzadas contra el conflicto, lo que no garantiza más que su supervivencia transformada y su loco carrusel.

Cuanto más éxito alcancen los ex comandantes de las Autodefensas en alejarse totalmente del campo de las hostilidades más evidente se hará que ni eran las causas ni los motores principales de las mismas, ni siquiera los ‘grandes cocos del paseo’ como les encanta pregonar a los ‘fabricantes de imagen’ complacidos en escupir hacia arriba subestimando que todo se vuelve, que todo lo que sube baja, y que quien arroja el bumerang lo sentirá regresar.

Que se solacen en su papel de bufones del sistema, los ‘imagólogos’ de turno, los rehenes del ‘rating’ y la fama, y… sobre todo, de los cheques de las pautas publicitarias.

En la sabiduría de los Evangelios ya está escrito:

‘Por sus frutos los conoceréis’.

Y esto vale para los unos y para los otros.


Unos queriendo salir de la guerra, otros pugnando por ingresar.

Unos padeciendo con la guerra, otros lucrando con ella.


Así la veo yo.

Los artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- conformada por “Así la veo yo”, “Esencias y Matices”, “Chamuyo” Y “SÍ-SE-PUEDE”, están disponibles para su acceso y lectura en:


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