febrero 23, 2009

128. ¡Preservar la vida de 'Cano' y reanudar los diálogos con las Autodefensas!

23 de febrero de 2009

ASÍ LA VEO YO

128. ¡Preservar la vida de ‘Cano’ y reanudar los diálogos con las Autodefensas!
Más dañan los ‘bloqueos intelectuales’ que los 'bloques intelectuales' si los hubiera

Por Juan Rubbini
http://www.lapazencolombia.blogspot.com/


La matanza de los indígenas awá masacrados por las FARC es asaz más grave que un ‘tropiezo’ como precipitadamente lo calificara Piedad Córdoba obviamente sacudida por la desmesura ética y humanitaria del Secretariado.

Quiero enfocar esta reflexión sobre el tamaño de las contradicciones internas del alto mando de las FARC que estallan sobre el cuerpo social de la Nación. No comparto la conclusión que sacan quienes enfatizan en la perversidad inexorable de las FARC, ni en su inevitable y cínico doble juego.

Quienes analizan sin sesgo el proceso de paz con las autodefensas advierten que la sola decisión de su Estado Mayor de iniciar en 2002 acercamientos de paz con Uribe produjo tremenda crisis interna producto de la cual han muerto más comandantes de las AUC que en el entero desarrollo de su guerra antisubversiva.

Quienes desde dentro de cada grupo armado ilegal –y también del oficialismo uribista- pretenden encaminar los esfuerzos en dirección de la solución política negociada fatalmente reciben de inmediato el embate de quienes en su interior y por los lados descreen de cualquier posibilidad de obtener satisfacción a su razón de ser al margen de la victoria sobre el enemigo.

‘Cano’ y los camaradas que aprueban su estrategia político-militar como el único modo realista –no utópico- de superar las condiciones de ‘sinsalida’ que impone la prolongación de la guerra no han logrado consolidar suficientemente su influencia interna de tal manera que las FARC cesen de inmediato con cualquier victimización de la población civil.

A un altísimo precio personal Carlos y Vicente Castaño, Salvatore Mancuso y el Estado Mayor de las autodefensas hicieron la diferencia que resultaba imprescindible en dirección del desarme por sobre el escepticismo y la oposición de no pocos e influyentes sectores de la organización. Su trabajo de persuasión sobre los distintos bloques de la confederación en armas lo reconocería positivamente cualquier profesional de la política colombiana si uno solo de ellos –sin esconderse detrás de hipocresías cobardes y arribistas, bajo las faldas de variopintos rabos de paja- estuviese hoy haciendo siquiera el uno por ciento del esfuerzo que está haciendo Piedad Córdoba por mantener vivo el esfuerzo titánico de ‘Cano’ y algunos camaradas en dirección de la solución política negociada.

Carlos Castaño está muerto, Vicente Castaño desaparecido, Mancuso vivo y entero para seguir construyendo la Paz y Reconciliación de Colombia, pero preso y extraditado por supuestos incumplimientos a su palabra de honor de ex comandante antisubversivo que jamás le serán probados por Justicia alguna, porque jamás existieron tales incumplimientos.

No le deseo a ‘Cano’ –por su bien y el de Colombia- el mismo destino, ni el mismo ‘vía crucis’, ni su destierro de la Patria. Preservar la vida de ‘Cano’ debiera ser razón de Estado colombiano y decisión unánime del Secretariado. Si he valorado positivamente el sacrificio de los Castaño y los Mancuso por jugarse su vida y rectificar el rumbo al abrir trocha desde la guerra hacia la paz, no me perdonaría mi conciencia no alentar ni acompañar cualquier iniciativa humanitaria, cualquier ‘desbloqueo intelectual’ que abra las compuertas de un proceso de paz con todos los actores del conflicto armado.

No podemos los colombianos y colombianas -que trabajamos por la Paz- revestir con más ambigüedades ni sectarismos el derecho de vivir en armonía con los seres humanos y la naturaleza que habitan el suelo patrio, y que con su diversidad y libertad de criterio comparten el respeto por la Constitución y las leyes, privilegiando la soberanía popular por sobre los egoísmos y las ambiciones de sectores –que siempre existirán y serán repudiados- más inclinados en aprovecharse del prójimo que en dignificar su vida, seducidos por pequeñeces y desprovistos de grandeza.

Incumplimientos los ha habido en la Mesa de Ralito de parte y parte, unos explicables, otros injustificables, pero todos, absolutamente todos perdonables. De todos los incumplimientos la sociedad colombiana y el mundo necesitan saber en qué consistieron y cómo se remedian. Pero para ello urge restablecer las medidas de confianza minadas por los errores de las partes. Si ello no sucede pronto –y el Gobierno luce en su abulia como el único responsable de no querer reanudar el diálogo interrumpido abruptamente por ‘razones de Estado’- la señal que se le estará enviando a quienes dentro de las FARC y desde la sociedad civil y política trabajan en dirección de ‘parar’ la guerra es que los incumplimientos del Gobierno para con los desmovilizados ex jefes de las autodefensas no es apenas un ‘tropiezo’ en el camino de la paz sino pura dinamita dirigida a minar cualquier salida del conflicto armado hasta que sea el nuevo Presidente o Presidenta de Colombia quien decida cómo conducir estas cuestiones de la guerra y la paz –de la vida y la muerte- que Uribe por quién sabe qué extraño designio habrá escogido dejar en manos de quien lo suceda en la Casa de Nariño a partir del 8 de agosto de 2010.

Está en su derecho el Presidente de ejercer plenamente su mandato. Humanos desaciertos quitan lustre pero no ocultan méritos que aprobamos quienes creemos en su buena voluntad, en su honestidad intelectual y carácter por hacer de Colombia un país honorable, una democracia mejor cimentada.

Quienes deliran por ver a Uribe sometido a la Corte Penal Internacional están literalmente jugando con fuego. Ni ‘Cano’ ni los constructores de paz, ni los demócratas de Venezuela, ni los excomandantes de las autodefensas desmovilizadas, ni ‘rearmados paras’, deberán prestarse a tamaña insensatez, que incendiaría el País y lo consumiría en una guerra civil a gran escala y ad portas de una dictadura opresora de las libertades que tendrá mucho de derecha y nada de izquierda ni de revolucionaria.

¡Por Dios oficialistas y opositores, que no habrá triunfadores en el País de las cenizas!

Urge el ‘desbloqueo intelectual’ de aquellas mentalidades que por derecha y por izquierda obstruyen la confluencia de energías en contra de la guerra y persisten en el bloqueo de la libre circulación por todas las vías que conducen al entendimiento entre todas las partes del conflicto armado.

Los amigos del ‘acuerdo humanitario’ –o de la instrumentalización dogmática de la ‘seguridad democrática’- no pueden pretender imponer un único camino con uno, o dos de los actores del conflicto armado, dejando por fuera otros actores insoslayables: ‘autodefensas rearmadas’ y ‘bandas emergentes’.

Por loables que sean, por ejemplo, iniciativas como las de Piedad Córdoba e Iván Cepeda son vistas en la coyuntura actual –injustamente, hay que decirlo- con desconfianza y recelo por la gran mayoría de la sociedad que hoy les devuelve como búmerang los palos en la rueda –a Piedad y compañía- que estigmatizaron como de proceso de ‘yo con yo’ los acercamientos en Ralito entre autodefensas y el Gobierno.

Hoy aquello del ‘yo con yo’ –tan ‘políticamente imbécil’- adosado a Ralito se devuelve inclemente ¡oh paradoja! sobre quienes ayer acuñaron tal eslogan en cuerpo ajeno y hoy lo padecen en carne propia como cuenta de cobro que les pasa la opinión pública por tamaño ‘infantilismo de izquierda’.

Lo hecho, hecho está. No sigamos llorando sobre la ‘mala leche’ derramada.

Urge sanar viejas heridas entre izquierdas y derechas democráticas, reabrir el diálogo entre Gobierno y Autodefensas desmovilizadas, habilitar medidas de confianza que animen voluntades de paz y no las desalienten, tender puentes hacia las FARC, preservar la vida de ‘Cano’, insistir en la liberación sanos y salvos de todos los secuestrados.

Y también, 'at last but not least' sobre lo que cabe insistir, con prudencia, paciencia y persistencia:


Determinar el qué, el cómo y el cuándo la Ley de Justicia y Paz necesita ser ampliada, fortalecida y 'aterrizada' por el Congreso sobre una perspectiva histórica que, sin disminuir un ápice el derecho de todas las víctimas, promueva la participación de la sociedad civil, la clase política y el estamento militar del Estado en la reconstrucción de la Verdad histórica, no parcelada, no criminalizada –asentada sobre cada territorio involucrado de la Nación y sus Regiones- más orientada hacia la reparación y la reconciliación de la entera sociedad consigo misma, que de unos actores del conflicto con otros, más dispuesta a alentar el valor y los argumentos en favor de abandonar el conflicto que a modernizar con eufemismos la 'ley del Talión' lo que nos condenaría sin remedio a la perpetuación de las guerras en Colombia.


Nuestro País lo arreglamos entre todos, o no lo arregla nadie.

Así la veo yo.


Los 128 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- de Así la veo yo están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

febrero 16, 2009

4. ¿En qué coinciden Petro y Vargas?

16 de febrero de 2009

PARADERO 2010

4. La urgencia de un ‘proyecto sugestivo de vida en común’
¿En qué coinciden Petro y Vargas?

Por Rubiño
juanrubbini@hotmail.com
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La ‘explosión demográfica’ de candidatos a la Presidencia es síntoma de fervor democrático. Revela energías pujantes que se alzan contra la unanimidad complaciente. Hay más fuerzas que bullen por la transformación que voluntades que claman porque todo siga igual. Que ‘al perro no lo capan dos veces’ es válido para el oficialismo como para la oposición. Los meses que vienen romperán los moldes de izquierda y derecha con que solemos reducir la política a la superestructura ideológica. Esto hace el futuro imprevisible y atemoriza a quienes prefieren las certezas. Sin embargo, debiera alegrar a quienes saben que incertidumbre y riesgo son rasgos característicos de las democracias vitales, donde las posibilidades de alternancia en el poder son pan de todos los días y no razón de pánico.

El ‘giro 2009’ se irá profundizando y 2010 pondrá el centro del debate, no donde quisieran algunos: entre izquierdas y derechas, entre ‘uribismo’ y ‘antiuribismo’, sino principalmente sobre continuidad o transformación, sobre ‘siglo XX’ o ‘siglo XXI’. O para ser más explícitos entre renovación y cambio, por un lado, y ‘más de lo mismo’ por el otro.

Aunque la lectura convencional asimila por ‘acto reflejo’ el cambio con la izquierda y el statu quo con la derecha, lo cierto es que Petro y Vargas –dos pesos pesados- le apuntan desde perfiles y puntos de partida opuestos a la urgente ‘evolución’ democrática: uno dispuesto a cambiar la izquierda que todos conocemos, el otro a poner manos a la obra y transformar la derecha que hoy nos gobierna.

Si el debate 2010 asienta sobre el eje de la transformación y no sobre la cuerda floja de las viejas disputas, no solo ganará la democracia, también lo hará la seguridad y ¿por qué no la paz? Si en cambio prevalece la lógica de los Carlos Gaviria y Juan Manuel Santos, de los Robledo y los Arias, del ‘rojo trapo liberal’ y la ‘sangre azul prusia’, la ‘guerra fría’ seguirá imponiendo sus criterios a derecha e izquierda, y no solo FARC proseguirá en las suyas sino que tendremos autodefensas y paramilitares para rato.

El desafío de Petro y Vargas es trazar tras sus banderas de renovación y cambio la nueva divisoria de aguas de la política nacional. El ejercicio de la democracia no supone el ‘fin de la historia’ sino todo lo contrario, el perpetuo inicio de historias diferentes donde lo agonal –la contradicción entre unos y otros- no deviene en violencia ni ‘abrazos de oso’ sino que evoluciona hacia formas de antagonismo cada vez más civilizadas e inteligentes.

En esta perspectiva no es tan importante lo que esté tramando el Polo, ni lo que se traiga Juan Manuel entre manos. Ni qué esté pasando por la cabeza de los directorios Liberal y Conservador, ni tampoco –aunque algunos parpadeen- lo que pretenda Uribe. Todas las posiciones ante la realidad son válidas, y tanto ‘Cano’ como ‘don Mario’, Chávez como Uribe tienen una Colombia deseable en mente. Allá ellos. El asunto central en una democracia auténtica y respetuosa de sus ciudadanos no es lo que pergeñan las minorías poderosas e influyentes –legales o ilegales- sino cómo siente y decide la sociedad respecto de lo que considera sus intereses reales.

La vieja izquierda pujará por los dictados omnipresentes del Papá Estado mientras que la derecha establecida intentará que el culto a la personalidad de Uribe reduzca el Estado a la voluntad del Presidente y sus delfines. ¿Ocuparán su lugar los ciudadanos o endosarán a izquierda y derecha la responsabilidad de decidir por todos? Las sociedades que no saben tomar en sus manos el presente conflictivo acaban resignadas a someterse a poderes que no controlan ni controlarán jamás.

Ni la vieja política ni ocho años de Uribe han acabado el conflicto armado, ni mejorado la distribución del ingreso, mucho menos han reducido el narcotráfico a proporciones siquiera ‘tolerables’. Esto es tanto como decir que no será transitando el ‘pacifismo’ ni el ‘guerrerismo’, ni reduciendo la política al mercado, ni a las encuestas, como superaremos la violencia, sino que permanece abierta la opción de construir la paz desde la política, no desde la claudicación ni desde la militarización, sino desde el consenso democrático y el apego a la Ley.

El gran desafío de Petro y Vargas es derrotar la visión tradicional de izquierdas y derechas, y dar fe pública de independencia por sobre ideologías y pasados, no para renunciar a principios e ideales sino para poner énfasis en el proyecto común de democracia donde anidar los consensos mínimos, los acuerdos sobre lo fundamental.

Los tiempos que llegan prometen una lucha denodada entre el pasado que quiere perpetuarse y el futuro que habrá que ganar palmo a palmo sobre las heridas abiertas que siguen produciendo estertores del siglo XX que en Colombia no quieren dejar de encadenarnos a la guerra y la pobreza.

No alcanza con aislar los extremos y cortar todo vínculo entre ilegalidad y democracia, el distingo y la frontera definitiva con el crimen son tan necesarios como imprescindible será afirmar la convivencia y el diálogo entre las opciones democráticas a partir de acuerdos que no sean cantos a la bandera sino convicciones acerca de que toda diversidad enriquece y cualquier unanimismo lacera. Ni anarquía ni totalitarismo, se invocan o se toleran, en la Colombia donde quepamos todos.

Si Petro y Vargas triunfan en su empeño, y Uribe, lejos de atravesarse suma en el intento desde un Gobierno imparcial y honesto, no faltarán los Fajardo y las Betancourt –incluso las Piedad y los desmovilizados, los trabajadores e intelectuales, los desheredados y ‘condenados de la tierra’- dispuestos a acompañar el nuevo rumbo de la democracia, sin tentaciones de regresar al pasado ni eternizar el presente.

Escribió alguna vez Ortega y Gasset que “La Nación es un proyecto sugestivo de vida en común”.

¿Seremos capaces de acentuar lo común sin abandonar las diferencias? ¿De no matar ni morir más por izquierdas o derechas?

¡Hagan juego señoras y señores candidatos!, que colombianas y colombianos haremos nuestra apuesta.

Aquí y ahora, nadie la tiene ganada ni perdida… afortunadamente.


Así la ve Rubiño.

Las 4 columnas que integran la serie PARADERO 2010, iniciada en diciembre de 2008, pueden consultarse en
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febrero 09, 2009

127. ¿Quiénes son los amigos de las FARC?

ASÍ LA VEO YO

Las FARC están perdidas entre amanuenses y oportunistas

Por Juan Rubbini
http://www.lapazencolombia.blogspot.com/



Tragedia de las FARC que la ‘seguridad democrática’ no solo produzca contundentes resultados en su contra sino que encarne tan poderosamente en grandes mayorías populares.


La doctrina imperante sólo será superada por una doctrina mejor. La ‘seguridad democrática’ no será derrotada por ‘falsos profetas’ ni ‘falsos positivos’ sino por una doctrina superior.


Alarma al ‘ala pensante’ de las FARC que su ‘arsenal intelectual’ luzca raquítico y anacrónico, cuando más necesita de oxígeno intelectual para sobrevivir políticamente.


‘Cano’ emite S.O.S. a intelectuales simpatizantes cuando la práctica de la insurrección armada asiste al mayor descrédito nacional e internacional. Además, Chávez, Ortega, Correa y los Kirchner no clasifican como intelectuales y tampoco están en condiciones de asumir hasta el fondo sus coincidencias ideológicas con las FARC. Chávez no es ni de lejos quien sedujo a las FARC durante una década, sino su caricatura. Nunca llegó a ser Fidel, y va en camino de no alcanzar siquiera los talones de Perón. Padece en Miraflores la nostalgia de haber sido y el dolor de ya no ser. Allí donde ‘Cano’ busca salvavidas solo encuentra absoluta falta de propuestas que permitan a las Farc escapar de tamaña psicosis agobiada por la pérdida de contacto con la realidad.


Si el ‘Secretariado’ no sofrena su militarismo y recorta la influencia ‘chavista’ y ‘narca’ no logrará sobrevivir políticamente. Haría mejor ´Cano´ en abrir el diálogo epistolar con sus contradictores intelectuales y políticos, e intercambiar experiencias, incluso, con los desmovilizados líderes de las extintas Autodefensas.


Lo que está matando a las FARC es su falta de creatividad política, el ‘mamertismo’ que afecta su aparato generador de decisiones quitándole credibilidad de manera asombrosa si comparamos hoy las FARC respecto de lo que exhibieron en tiempos del Caguán cuando coronaban su cima más encumbrada.


Carlos Castaño mencionaba en 2002 que el fin de las FARC no resultaría tanto de Uribe presidente como del mesiánico Chávez y de algunos narcos asociados. Las FARC ‘votaron’ por Pastrana convencidas de hallarse en su cenit. Urgía ‘un trato’ con los Estados Unidos. ¿As en la manga?: los cultivos ilícitos que controlaban. Negociarían su ‘no extradición’ y la ‘gobernabilidad’ en sus zonas de influencia sustituyendo cultivos en los territorios que habían ‘colonizado’. Participarían de una Constituyente que concretaría el nuevo ‘Frente Nacional’ con FARC a bordo. Contaban con el lobby de Pastrana en Washington. Esto exigía ‘Marulanda’ y satisfacía a las FARC. Esto inquietó a Chávez tanto como preocupó a los ‘narcos’.


Estamos a diez años de Chávez estrenando Presidencia y que las FARC comenzaran formalmente su negociación política con Pastrana y los Estados Unidos. Carlos Castaño siempre supo que los emisarios de Chávez, desde el primer momento, hicieron presencia en el Caguán buscando persuadir a las FARC que no insistieran en su ‘locura’ de hacer la paz. Que para ello habría tiempo más adelante, ya no de la mano de Pastrana sino subidos al carro victorioso del nuevo presidente de Venezuela.


Chávez tenía una misión asignada a las FARC y un ‘estímulo’ suficiente para superar lo que podían ofrecer Pastrana y los Estados Unidos. Sabemos cómo terminó la ´zona de despeje´ tras tres años de infructuosas negociaciones. Sabemos del tortuoso camino recorrido desde la silla vacía de ‘Tirofijo’ hasta las revelaciones de los computadores de ‘Reyes’.


Las luces de Carlos Castaño sobre los actores en las sombras que llevaron a las FARC de los umbrales del poder al patético presente podrán confirmarse o no cuando el Secretariado tome distancia del proyecto chavista, no antes.


Ojalá ‘Cano’ y sus compañeros de lucha liberen las verdades que atesoran y sean francos con todos los Colombianos Amigos de la Paz – que son inmensa mayoría- incluidos amigos de combatientes y desmovilizados de uno y otro bando, amantes de la vida no de la muerte: ¿De qué manera, y con qué promesas Hugo Chávez se interpuso entre Pastrana, Estados Unidos y FARC para abortar el Proceso de Paz? ¿De qué manera, y con qué promesas no pocos narcos interpusieron sus ‘buenos oficios’ con tal que el negocio con las FARC no se acabara?


Según reflexiones de Carlos Castaño -que las Autodefensas asimilaron- Uribe no sería Presidente si antes Chávez no hubiese minado el proceso entre Pastrana y FARC. La contradicción en el corazón de las FARC estalló tan intensa que crímenes de guerra y lesa humanidad interpretados como presión negociadora fueron apenas manifestaciones públicas del pulso que en las FARC se dio, entre quienes querían producir gestos de paz y afianzar la Mesa y quienes perseguían dinamitar la Mesa de Paz seducidos por el verbo de Chávez y la financiación de los narcos a sus cultivos ilícitos.


La verdad de las FARC las hará libres mediando la reconciliación nacional. Son las retóricas indefendibles –no las verdades por dolorosas que fueran- las que encadenan las FARC a la guerra. Para quienes preguntan por qué las Autodefensas abrieron paso a su desmovilización en 2002 baste analizar –volviendo sobre las reflexiones de Castaño- cuán frágil era su situación estratégica –no su poderío militar y económico- si tan cerca habían estado Pastrana, Estados Unidos y FARC de diseñar el nuevo mapa político donde las AUC no solo sobrarían sino serían los ‘patos de la boda’, los ‘chivos expiatorios’ del conflicto armado.


Que no se lamenten tanto de Uribe las FARC, sino que reflexionen con autocrítica si no ha sido Chávez principalmente quien intrigó y logró seducirlas quemando el ‘pan de paz’ en la puerta del horno.


Y que ‘aterricen’ entonces las FARC sobre quiénes son sus amigos verdaderamente y quiénes lo son únicamente de Chávez.


Ningún humano se equivoca –ni acierta- todo el tiempo ni sobre todas las cosas. Todos –incluidos naturalmente Castaño y ‘Cano’- somos capaces de autocrítica y rectificación. Si las Autodefensas lograron iniciar su proceso de paz y aun hoy lo defienden y le buscan continuidad, extraditados o no, ¿por qué no podrán las FARC retomar el suyo? Incluso con Uribe. Que también nos debe su autocrítica en cuestiones de Paz, no solo ante ‘Cano’ y Mancuso, también y sobre todo de cara al País y el Mundo.


Amigo no es aquel que dice lo que te complace oír, sino quien te dice lo que te hace bien aunque lo mires mal.


Así la veo yo.


Los 127 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- de Así la veo yo están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

febrero 02, 2009

3. La izquierda dividida se diluye como opción ganadora

2 de febrero de 2009

PARADERO 2010

3. La izquierda dividida se diluye como opción ganadora

Chávez tiene el proyecto y Piedad la palabra

Por Rubiño


La izquierda se muerde la cola y cercena así toda posibilidad de convertirse en opción ganadora. Las simpatías que despierta en sectores de opinión no derrama sobre las multitudes ni ahuyenta las dudas sobre su madurez para gobernar el País.

Admitamos que FARC y ELN, Córdoba, Gaviria, Petro y Garzón -cada quien con su impronta- busca la victoria de la izquierda. Siendo sus principales referentes buscan acumular espacio político que les procure el acceso al poder.

La combinación acertada de fuerzas dispersas exige concretar un acuerdo que esté protegido por igual del ‘infantilismo revolucionario’, de los delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra conque se degradan los ‘ejércitos del pueblo’, del ‘apetito burocrático’, de la ‘falta de iniciativas aglutinadoras del fervor popular’.

No es sencillo montar frente común en el universo de izquierda y hacerlo atractivo a las mayorías nacionales hoy tan afectas a Uribe. ‘Todo movimiento de izquierda es divisible por dos’: FARC versus ELN, Petro contra Gaviria, Garzón versus Robledo. Quien no casa pelea con la izquierda es Piedad, tampoco Chávez. Esto porque Chávez quiere sembrar unidad en la izquierda colombiana y Piedad luce ‘todoterreno’ ideal para que la izquierda unida ocupe la Casa de Nariño.

Interesada en la financiación de Chávez para sus campañas la izquierda ni ‘por el chiras’ está dispuesta a cuestionar a Piedad ni irritar a Chávez. Ni siquiera César Gaviria se le atraviesa a las ambiciones de Chávez, sabiendo que hasta el ´trapo rojo liberal´ puede ligar de la generosidad del dictador.

El ‘antiuribismo’ al que la dirigencia izquierdista adhiere es su único común denominador junto al amor -declarado o platónico- por la revolución socialista. Si la combinación de las formas de lucha ha producido resultados tan poco útiles en términos de unidad de concepción y ejecución, urge que revise la izquierda, si va por el buen camino o transita un círculo vicioso y estéril.

¿Qué propuesta ha producido la izquierda en materia de paz durante el Gobierno de Uribe? Nada original ni viable ¿Qué propuesta atractiva de redistribución del ingreso ha hecho la izquierda en la era Uribe? Ninguna que resista el análisis macroeconómico y produzca confianza inversionista. ¿Qué esfuerzo ha hecho la izquierda por favorecer el proceso de reinserción de decenas de miles de desmovilizados entre autodefensas y guerrillas? No ha movido un dedo ni escrito una sola carta de aliento para apoyar a millares de colombianos hastiados de participar en la guerra. ¿Qué propuesta seria ha hecho la izquierda sobre cómo acabar con los cultivos ilícitos? Ninguna que supere la vacua y anacrónica de legalizar el narcotráfico.

La democracia necesita una izquierda que no solo aporte soluciones concretas sobre problemas concretos sino también genere entusiasmo. Ni lo uno ni lo otro. Puro antiuribismo, puro ‘activismo mediático’, pura mula atravesada en las ansias de paz, obsesionada por someter a la condena internacional al Presidente con mayores niveles de aceptación popular en la Historia de Colombia. Con izquierdas más ‘revueltas’ que ‘combinadas’ –individualistas y anarquizadas- qué pueden esperar de sus dirigentes quienes siendo opositores de Uribe y con ideología de izquierda también aspiran legítimamente a gobernar el País, no solo algún municipio y alguna gobernación. Para ello es preciso fortalecer la izquierda, sumar y multiplicar, no restar y dividir. Esto solo Chávez lo ve con claridad. Y –por ahora- no puede ser candidato presidencial en Colombia, no sabemos en el futuro si con otra Constitución podrá.

Carlos Gaviria luce como el más notable representante político de la izquierda –ni es terrorista ni es converso ni es oportunista- pero el pesado fardo de la izquierda colombiana no lo puede cargar solo, ni mucho menos enfrentar con éxito a la derecha si, ni las guerrillas ni quienes huyen hacia el centro, logran articular políticas afines con su liderazgo sino que lo abandonan y ridiculizan.

Gustavo Petro no podrá alcanzar su meta presidencial si antes no demuestra ser capaz de conducirse sobre la ‘vaca loca’ de la izquierda. Apelar al ‘centrismo moralista’ –y finalmente hipócrita- no seduce a tirios ni satisface a troyanos. Puede que haya quienes lo acompañen en su ‘quijotada’ pero eso no lo transforma en opción ganadora porque su deserción de la izquierda desdibuja su perfil licuando su prédica.

Lucho Garzón ha tenido su gran oportunidad y la perdió en 2002. No se entiende su pedido de asilo en alguna ‘isla del centro’ cuando en la izquierda le quitaron la confianza y su ´conversión’ suscita en propios y extraños más interrogantes que simpatía.

Si Chávez no consigue darle brújula y norte al vuelo de Piedad y fracasa su propósito de integrar al ‘proyecto continental’ la entera izquierda colombiana unida detrás de un solo candidato fuerte, la ‘verdadera’ competencia presidencial en 2010 no sería entre ‘uribistas’ y ‘antiuribistas’, tampoco entre ‘derechas’ e ‘izquierdas’. Asistiríamos a otra votación ‘atípica’ que determine cuál candidato ‘uribista’ obtiene la presidencia y –para las estadísticas- cómo clasifican las distintas opciones de izquierda ya no frente al obvio ganador -¿Uribe, Santos o Germán?- sino entre sí y con relación al nivel ¿irrepetible? logrado por Gaviria en 2006.

A menos que se produzca el ‘superpalo’ de Íngrid o Fajardo. O de ambos en llave, en el orden que prefieran. No son políticos de izquierda, ni tampoco ‘uribistas’, ni liberales ni conservadores. Son valientes y osados. Poseen inteligencia, carisma y creatividad. Pueden aspirar al voto de las mayorías independientes de centro, izquierda y derecha, sin hacerle concesiones al crimen, la corrupción ni la impunidad, abiertos ellos sí enfáticamente –sin sesgos ni exclusiones- a la construcción de paz y reconciliación.

No les faltaría el guiño favorable de Obama ni de la Vieja Europa. Ni el voto de millones de colombianos que no quieren perpetuar a Uribe, ni entronizar a Chávez, ni mucho menos inclinarse ante las FARC.

Así la ve Rubiño.


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