julio 21, 2009

13. El pueblo quiere a Uribe pero no todos los "uribistas" lo quieren igual

PARADERO 2010

Poncio Pilatos siempre se lavará las manos: es su naturaleza, nada personal



Por Rubiño



juanrubbini@hotmail.com
http://www.lapazencolombia.blogspot.com/




Los opositores de Uribe contaban con que Obama actuase desde Washington como jefe de campaña antiuribe. Sin embargo, pueden despedirse de tan vanas ilusiones. Obama, se abstendrá.

Cuando el embajador Brownfield salió a los medios el pasado fin de semana a declarar que su Gobierno –el de Obama- no se opone a las reelecciones, ni siquiera las indefinidas, pone el dedo en la llaga de lo que para Uribe es apenas obvio: que la administración Bush no estaba tan equivocada en cuestiones geopolíticas del área andina.

El Gobierno Obama realiza desde el 20 de enero un intenso aprendizaje sobre gobernabilidad de América Latina. En esto lleva seis meses pero, por lo sucedido en Honduras y lo que no sucede en Cuba, por lo que padece México y se agrava en Venezuela –mientras Brasil se hace el distraído- llevará no menos de otros seis meses de acucioso estudio y “levantamiento de pruebas” avanzar en sus propósitos sin enredarse en los bultos de anzuelos que siembran el chavismo y el narcotráfico empeñados en hacerse fuertes desde los narcoestados que propician, en cuyas fauces van engullendo lo que sobrevive de las FARC con su mano de obra y logística cocalera desprovista de norte político por el aislamiento e incomunicación que Uribe produce y Chávez aprovecha en beneficio propio.



La estrategia reeleccionista de Uribe se soporta hoy en cuatro puntales: la voluntad mayoritaria de los colombianos, la ausencia de propuestas opositoras o alternativas que le hagan sombra, la no intromisión del Departamento de Estado en la justa electoral y el pavor que inspiran en el electorado colombiano las locuras de Chávez y su complicidad con las FARC.



Ante lo primero las encuestas son suficiente y abrumadora muestra. Sobre lo segundo basta con asomarse a lo que proponen el Polo y el Partido Liberal, los independientes e incluso Germán Vargas y Sergio Fajardo, que –en lo fundamental- están más cerca que lejos de Uribe. Nada que seduzca, nada que entusiasme, nada que haga pensar que entre esa pléyade de precandidatos haya uno, al menos uno, que pueda, no digamos ganarle a Uribe, sino al menos competir con alguna mínima posibilidad de poner en riesgo su victoria en 2010.



No escribo desde el deseo, lo hago desde lo que todos ven en Colombia. Nada extraño entonces que Obama esté viendo a Uribe hoy con otros ojos distintos a los de seis meses atrás. No esta vez con los ojos de George Washington sino con un cierto reconocimiento a Simón Bolívar. Nada más consecuente entonces que la admisión oficial que su embajador se encargó de transmitir en la entrevista: quien espera que Estados Unidos se le cruce en el camino a las aspiraciones de Uribe, o no vive en Colombia, o no sabe lo que sucede en ella, o lo que es peor: no conoce a los Estados Unidos. Y sobre el pavor que inspira Chávez en Colombia sobra decir que si la existencia de las FARC conspiró durante tantos años contra las posibilidades electorales de la izquierda democrática, ahora Chávez ha venido a sumarse a las calamidades domésticas que impiden el desarrollo y competitividad de los partidos de izquierda.



No cabe sino admitir, entonces, que la única talanquera a que tengamos Uribe presidente en 2010-2014 consiste no en la Constitución –que puede reformarse-, no en los opositores ni alternativistas –que no pueden tanto en el Congreso ni en las urnas-, no en Obama y su gobierno –que se abstienen, Brownfield dixit-, ni mucho menos en Chávez cuya prédica en Colombia lejos de convocar espanta los votos a la oposición, sino en la propia incapacidad de los dirigentes uribistas de compatibilizar sus intereses personales y de grupos, con la voluntad de la mayoría de los colombianos que votará por Uribe apenas Uribe se los pida.



Los próximos meses asistiremos a la puja –ora soterrada ora a cara descubierta- entre los uribistas, y del resultado de esa puja entre minorías influyentes, se abrirá o se cerrará, la posibilidad que la voluntad de las mayorías imponga la contundencia de sus votos, que en la democracia pesan porque pesan, porque democracia es gobierno de los ciudadanos, no gobierno de tres poderes, ni gobierno de contrapesos que se anulan entre sí, como quieren hacernos creer quienes tienen otros poderes, muy respetables, pero no precisamente el de los votos que son lo decisivo y característico en las democracias.



Partidario de la república democrática, no de la monarquía parlamentaria ni de la república oligárquica ni revolucionaria, simpatizante de la paz y la inclusión social como soy, hago un llamado al Gobierno, también a las autodefensas desmovilizadas y en el monte, a los guerrilleros desmovilizados y a los que permanecen en pie de guerra, a cerrar filas contra todo tipo de exclusión y sectarismo que aleje la posibilidad de abrir negociaciones de paz con todos los actores del conflicto armado.



Ni se debe desoír por más tiempo la voluntad mayoritaria que quiere que Uribe pueda participar de la contienda electoral en 2010, ni se puede seguir haciendo oído sordo al clamor nacional por la Paz y la Reconciliación. Tampoco obviamente, se puede tolerar que no existan para opositores o alternativistas, las mismas garantías que tiene el Presidente que quiere ser reelegido.



Así las cosas, considero que Francisco Santos –hombre probo y humanista cabal-, y primero en la sucesión presidencial en caso de renunciamiento de Uribe, debe acceder a la Presidencia de Colombia cuanto antes, al tiempo que Uribe no debe seguir prolongando la verdad sobre sus intenciones, y ojalá no se demore en esto más allá del próximo 7 de agosto. A establecer este mecanismo de sucesión presidencial debiera dedicarse el Congreso ahora que la pandemia de la reeleccionitis se difunde por América Latina sin distingo de ideologías, como hecho político mayúsculo que debe ponerse en el cauce de las vías constitucionales antes que los hechos consumados reediten en Colombia el caso Honduras, o suceda algo peor. Ya la discusión en Colombia entre bondades y maldades de la reelección está agotada, lo que cabe ahora es diseñar con buena mano la arquitectura que la haga posible, visto que eso quiere la mayoría del pueblo colombiano, nos guste o no nos guste.



Porque las grandes mayorías quieren a Uribe Presidente mientras tenga vida, pero son también grandes mayorías las que quieren construir la Paz y la Reconciliación, el País sin exclusiones donde quepamos todos, quisiera ver:



- A las FARC, menos obsesionadas con el canje de rehenes por guerrilleros, y más decididas a dar pasos significativos y veloces en dirección de la negociación política con el Estado, las autodefensas y la sociedad colombiana.



- A las Autodefensas, menos absorbidas por los vericuetos jurídicos y más ocupadas en tender puentes con el Estado, las guerrillas y la sociedad colombiana en dirección del gran acuerdo nacional por la paz y la reconciliación.



- Al mismísimo Uribe, más ocupado en dirigir sus esfuerzos hacia la Paz y Reconciliación que consumido por la obsesión de acabar con las FARC a como dé lugar.



- A Estados Unidos, más interesado en hacer de Colombia un territorio de paz que un gigantesco portaaviones para la guerra.






Así la veo yo.






Los 13 artículos que componen la serie publicada –iniciada en diciembre de 2008- de PARADERO 2010 están a disposición del lector en http://www.lapazencolombia.blogspot.com/



También encontrarán en este blog los artículos que integran la serie ASÍ LA VEO YO iniciada en MARZO de 2005 y dedicada al proceso de paz con las autodefensas.

julio 16, 2009

Del CDC - Colectivo Desmovilizados Colombia al Foro DDR y Medios de Comunicación

AL OBSERVATORIO DDR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL Y ASISTENTES AL FORO
EL PAPEL DE LOS MEDIOS EN LOS PROCESOS DE DDR

www.desmovilizadoscolombia.org


Audio y Video:

http://www.desmovilizadoscolombia.org/video_fredyrendon_p01.php
http://www.desmovilizadoscolombia.org/video_fredyrendon_p02.php
http://www.desmovilizadoscolombia.org/video_fredyrendon_p03.php


En primer lugar, permítanme a mí, Fredy Rendón Herrera, desmovilizado en 2006, del Bloque Élmer Cárdenas, de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, agradecer en nombre del CDC - Colectivo Desmovilizados Colombia, la oportunidad que nos brinda el Observatorio al invitarnos a participar del Conversatorio académico que aplaudimos por su aporte al propósito común de construcción de paz y reconciliación que nos ocupa.

Nuestra intervención en este conversatorio se propone lo siguiente:

1º. La presentación de nuestro Colectivo.
2º. Una breve reflexión sobre la verdad como necesidad humana fundamental, con algunas observaciones sobre los Medios de Comunicación en el contexto del proceso de DDR.


CDC - COLECTIVO DESMOVILIZADOS COLOMBIA

Miembros Fundadores:

RENDÓN HERRERA, FREDY
PÉREZ ALZATE, RODRIGO
DUQUE IVÁN, ROBERTO
HASBÚN MENDOZA, RAUL EMILIO
LA VERDE, JORGE IVÁN
MAECHA TRIANA, ARNUBIO
COBOS TÉLLEZ, EDWAR
CIFUENTES, LUIS EDUARDO
ISAZA ARANGO, RAMÓN MARÍA
JIMÉNEZ NARANJO, CARLOS MARIO
LINARES, JOSÉ BALDOMERO
MANCUSO GÓMEZ, SALVATORE
MEJÍA MÚNERA, MIGUEL ÁNGEL
PIRABÁN, MANUEL DE JESÚS
TOVAR PUPO, RODRIGO
MURILLO BEJARANO, DIEGO


VERDAD, MEDIOS Y PROCESOS DE DDR.

En el proceso de construcción de paz en el que se enmarcan los procesos de DDR que se adelantan en Colombia, confluyen diversos actores con calidades, orígenes y proyectos diferentes, incluso antagónicos, lo cual no es extraño ni debe preocupar sino, por el contrario, la diversidad enriquece los procesos sociales y políticos, cuando la misma se manifiesta en el seno de la democracia y con respeto a la Constitución y la ley. Estos procesos no se adelantan en escenarios platónicos y asépticos, sino en el contexto de una realidad compleja donde se acumulan contradicciones y recelos producto del modo en que la historia se ha ido tejiendo en este País. En nuestros procesos subyacen componentes políticos con intereses partidistas, componentes económicos con intereses particulares, se adelantan en medio de un conflicto armado que permanece vivo pese a los esfuerzos de la sociedad y el Estado, y se ve afectado por los actuales procesos económicos recesivos regionales y globales. Las perspectivas personales son tan diversas como diverso el origen que tuvieron los grupos armados, y la reintegración se mira con más escepticismo que esperanza por parte de comunidades y colectivos de víctimas sin cuya participación activa no es posible llegar a buen puerto. Al interior de colectivos de víctimas o de desmovilizados, se presentan diferencias de percepción, de forma y de motivación. Y ni qué decir de las organizaciones que desde lo empresarial, lo académico o los entes de cooperación internacional intervienen en estos procesos. Sin embargo, esta diversidad de actores e intereses no hace imposible afrontar el desafío, sino que estimula el trabajo solidario e interdisciplinario, pese a las dificultades, hacia la reintegración. El objetivo de la misma no es masificarnos y perder nuestra individualidad, sino ser, hacer y crecer, con el prójimo, con el ciudadano, urbano y campesino, a pesar de las diferencias, generando comunes denominadores, como colombianos y colombianas, que somos parte integrante y funcional de este proyecto intergeneracional que aspira construir la Sociedad, libre, digna, justa y próspera, del Siglo 21.


Cuando se concilia, se hace desde la diferencia, partiendo de acuerdos mínimos sobre temas fundamentales, e identificando intereses comunes. De la misma manera, partiendo de acuerdos sobre temas fundamentales llegamos a ser un Colectivo de Desmovilizados a pesar de provenir de diferentes grupos e ideologías. En nuestro caso hemos identificado la Verdad como un interés común, no sólo de quienes afrontamos procesos judiciales en la legislación de Justicia y Paz o en la Justicia Ordinaria, sino también de quienes no son responsabilizados por delitos de lesa humanidad. Y ustedes se preguntarán: ¿es posible que para los ex comandantes, o para cualquier procesado en Justicia y Paz, la verdad sea la llave para la pena alternativa (y aún esto se pone en duda), pero ¿cómo puede ser la verdad el interés de un desmovilizado que está en su casa gozando de una amnistía o una cesación de procedimiento?


Sucede, para sorpresa de algunos desprevenidos, que el proceso de reintegración no es un jardín de rosas para cerca de 50.000 desmovilizados que hay en Colombia. Para "consuelo" de algunos que ven en ellos el objeto de una venganza, ellos viven el miedo, viven la soledad, viven el rechazo y la discriminación por haber sido actores del conflicto armado. Para "satisfacción" de algunos que nunca han creído en ellos, los desmovilizados viven día a día la dualidad de la pobreza y las oportunidades de ganancia fácil que nuestra sociedad ofrece. Para "tranquilidad" de algunos que quisieran ignorar que ellos existen, viven la violencia que en los cuatro años de proceso de desmovilización de las autodefensas deja más de mil desmovilizados muertos y a muchos más alejados de los programas de reintegración por físico miedo.


Para estos hechos podemos ofrecer explicaciones para todos los gustos, pero lo que en su conjunto nos muestran, es que para el Colectivo de Desmovilizados la reintegración tiene graves problemas, como igualmente los tiene, y acaso mayores para las víctimas o para las comunidades en las que se vienen adelantando las propuestas de reintegración.


Los excombatientes no sólo dejamos las armas. Ellas eran ante todo un símbolo: el de un ejercicio de poder violento. Legítimo o no, un fusil es un pedazo de poder, y se necesitan razones, convicciones y valentía para renunciar a él. Y en el momento de la desmovilización y el desarme, entramos en una categoría nueva, inclusive difícil de definir, y empezamos a vivir problemas muy serios que al victimizarnos nos hacen sentir más solidarios que nunca con el dolor de todas las víctimas que el conflicto armado ha producido y sigue produciendo. Por eso, la encrucijada de un desmovilizado no es antes, sino después de la desmovilización. Cuando regresamos a la sociedad y nuevamente el conflicto irresuelto nos pone en la disyuntiva de escoger entre ser víctimas, victimarios o exiliarnos fuera de nuestro terruño, o incluso del País. Frente a este "estado de cosas" sí nos toca rebelarnos con sana y democrática rebeldía, porque el DDR no tiene sentido ni futuro si es sólo una escala hacia el reciclaje del viejo conflicto que sigue sin solución.


Pero, volviendo a la verdad, sobre ella es mucho lo que se ha hablado, y a la vez, muy poco lo que se ha dicho. La exigen unos, la temen otros, la manipulan con fines de lucro los de más allá, pero sigue estando ahí, porque es un derecho y un imperativo de la humanidad, es decir, derecho y mandato de seis mil millones de personas, entre los que se cuentan los cincuenta mil desmovilizados que hemos sido hasta ahora en Colombia. Paradójicamente, es un derecho y también una obligación para aquellos que dicen, y tal vez hasta creen honestamente, que Colombia no soportaría toda la verdad.


La verdad sobre el conflicto colombiano no es patrimonio excluyente de las minorías, sean unas pocas prestigiosas ONG o algunos masivos medios de comunicación, como no es exclusiva de los procesados judicialmente o de las víctimas. La verdad es patrimonio incluyente de las mayorías nacionales porque compromete el ser nacional, el destino de un Pueblo que quiere saber, y tiene todo el derecho, de qué se trata el conflicto armado y cómo se resuelve por las buenas, porque por las malas solo perpetuaremos el conflicto que nació con la Violencia del los años ‘40, prosiguió durante la Guerra Fría hasta comienzos de los '90 y hoy, bien entrados en el siglo 21 se recicla con formas nuevas igualmente dolorosas y trágicas para los más pobres y humildes, que son quienes integran todos los ejércitos legales e ilegales que existen en nuestro País. Qué harto que ante esta tragedia de más de seis décadas ya, sean las minorías -satanizando y estigmatizando a diestra y siniestra- las que persistan en su manipulación de instrumentar los medios de comunicación y dictar desde ellos -como antes se abusó desde púlpitos religiosos y sectarios- qué es la verdad y qué la mentira. Miremos entonces cómo la reconstruimos y la socializamos entre todos, y decimos reconstruimos, porque consideramos que la verdad es la adecuación entre las palabras y los hechos, que como la misma palabra lo dice, ya están hechos. Hechos que cabe interpretar, incluso polemizar sobre ellos, pero no administrarlos y dosificarlos en beneficio propio o de intereses minoritarios y excluyentes.


Vivimos en la sociedad de la información, y aún más, prácticamente en un "estado de opinión", donde, como decía alguien hace poco, "la verdad es todo lo que uno sea capaz de hacer creer", y, para bien o para mal, nos guste o no, el piso de esa sociedad y ese estado son los medios de comunicación.


Es en este punto donde confluyen los intereses sobre la verdad, una verdad que necesita salir adelante, y cuya posibilidad, nos guste o no, pasa en muy buena medida por las manos de los medios de comunicación, donde tenemos que admitirlo suele suceder que el interés de la empresa periodística prima sobre el interés general de la sociedad que tiene el derecho de ser informada con veracidad, ecuanimidad y sin sesgos. Conciliar la objetividad con la subjetividad bien difícil que es, pero son medios objetivos y veraces los que harán de los procesos de DDR éxitos en términos de sociedad o fracasos sociales empresarialmente exitosos.


Que nada teman de los desmovilizados los tan valiosos profesores de ética en las facultades de comunicación social, ni los editores socialmente responsables o los valientes defensores de los lectores en los grandes medios, que no estamos queriendo moverles el piso con estas humildes y sentidas reflexiones. Son ellos, y no nosotros, quienes tienen a diario, en el ejercicio de sus labores, la histórica misión de reflexionar ante amplios públicos sobre el papel de los medios en los procesos de paz, y concretamente en los procesos de Desmovilización, Desarme y Reintegración.


Desde nuestras casas o nuestras celdas, algunos incluso desterrados por la extradición con la que se ha pretendido sin éxito acallar nuestra verdad, vemos como los medios se limitan tantas veces a reproducir acríticamente información sin profundizar o buscar más allá de lo visible, o si lo hacen, revisten su acción de ánimo prejuiciado y maniqueo. De igual manera, en los últimos años hemos visto cómo la dictadura del rating hace que los medios se tasen en virtud de quién destape más escándalos, lo que abre el boquete a un alto grado de irresponsabilidad editorial, dejando todo en cabeza de la "fuente" sin tratar siquiera de ver qué intereses mueven a cada loco que aparece con la última revelación escandalosa bajo el brazo.


Creemos que si bien, las diferentes miradas a los hechos pueden ser válidas y necesitan su espacio, y de hecho, la opinión se enriquece con la pluralidad de enfoques, con todo el espectro de tipos de información, es necesario revisar los marcos de referencia en función del interés social, a partir de los cuales se deciden y asumen los contenidos de los medios.


Por eso, para terminar, desde nuestra perspectiva, con humildad académica y respeto por sus profesiones, pero también con la autoridad moral que nos da el haber dejado las armas y el ser protagonistas, así sea tal vez en el papel de los "malos de la película", en este proceso colectivo de construcción social de la Paz y la Reconciliación, queremos invitarlos a reflexionar conjuntamente, a partir de hoy y en adelante, sobre el papel que han venido cumpliendo los medios, a partir de una pregunta:


¿Tienen los medios una perspectiva clara y comprometida del papel que deben jugar en la búsqueda de la Paz y la Reconciliación?


Virginia Woolf, de nacionalidad inglesa, destacada escritora y crítica literaria del siglo pasado, decía que "ninguna cosa sucede realmente hasta que alguien la describe". En este poder de describir lo que sucede en el País reside el poder de los medios, el cuarto poder de las democracias modernas, que precisamente por ese poder que ostenta en el mundo, y Colombia no es la excepción, tiene tamaña responsabilidad en el tránsito de la guerra hacia la paz en la cual el CDC - Colectivo Desmovilizados Colombia está comprometido para honrar nuestra palabra de nunca más la guerra: todas las manos, todas las voces, todos los esfuerzos para la Paz de Colombia y la Reconciliación de su Pueblo.


Muchas gracias.

Fredy Rendón
CDC - Colectivo Desmovilizados Colombia

julio 13, 2009

136. Uribe insiste por donde no es: Guerra y Autocracia, cuando Colombia exige Paz y Democracia

ASÍ LA VEO YO


El teflón sirve de mucho pero no evita el encogimiento de aquello que va por dentro


Por Juan Rubbini


juanrubbini@hotmail.com
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“Los ayudas de cámara encargados de sostener la cola bajaron las manos al suelo como para levantarla, y avanzaron con ademán de sostener algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo echó a andar el Emperador bajo el magnífico palio, mientras el gentío, desde la calle y las ventanas, decía:


-¡Qué preciosos son los vestidos nuevos del Emperador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué hermoso es todo!


Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún traje del Monarca había tenido tanto éxito como aquél.


-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.


-¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.


-¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!


-¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero.


Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.


(El traje nuevo del Emperador, Hans Christian Andersen, cuento infantil)



El teflón tiene sus limitaciones, protege de lo externo pero no de lo que va por dentro que sigue su curso inexorable: o crece tanto que revienta el teflón, o se reduce tanto que el teflón se encoge al tiempo que uno se va encogiendo. Sobre lo primero no hay riesgo que vaya a suceder, sobre lo segundo comienzan a aflorar síntomas de que el proceso de encogimiento ya comenzó. Tal vez los primeros en advertirlo entre 2005 y 2006 fueron las autodefensas desmovilizadas. Pero como fueron los primeros nadie les paró bolas. Como al niño del cuento infantil que le tocó ser el primero en mencionar lo evidente: “que el rey sí estaba desnudo” y el traje del emperador –el teflón de los autócratas de hoy- si alguna vez había existido ya no disimulaba el progresivo enanismo.




Cuando Uribe extraditó buena parte de los negociadores de paz no solo cometió una imperdonable y grave falta a su contraparte en el proceso político sino que se cortó las propias alas de estadista. En estos tiempos lo excelente no es saber ganar las guerras, sino saber ganar la paz. Y Uribe le falló al clamor de paz de los colombianos, no solo a quienes confiando en su Palabra y la de su Gobierno entregaron lo más preciado para un guerrero triunfante con ideales, logística y territorios: las armas, las municiones, los combatientes.




¿A cambio de nada? Ni que tan bobas fueran las autodefensas, ni tan ingenuo el pueblo colombiano, ni tan poderoso el influjo hipnótico del Presidente. Algún día la Historia conocerá la naturaleza y magnitud de esos incumplimientos y reconocerá que ni hubo “embobamiento uribístico” de parte de los líderes ‘paras’ de la negociación ni egoísmo personal de los hermanos Castaño, Mancuso y sus compañeros por salvar el propio pellejo y poner a buen recaudo los supuestos botines de guerra. Algún día la opinión pública exigirá a los ex comandantes encarcelados por el Gobierno que cuenten la Verdad sobre el proceso de Ralito, y ese día unos cuantos mitos uribistas caerán por su propio peso. Entre ellos el mito de que fue el Gobierno de Uribe adalid de la lucha contra los cultivos ilícitos, y que fueron los líderes desmovilizados quienes siguieron delinquiendo desde las cárceles. También caerá el mito que las extradiciones de los ex jefes de las autodefensas se produjeron para que las condenas en EEUU fueran las mayores y ejemplares, y no para silenciar la verdad del paramilitarismo en Colombia.




El proyecto reeleccionista de Uribe luce hoy tan obsoleto como la lucha armada revolucionaria de FARC y ELN. Son dos caras de la misma moneda: el poder por el poder, no el poder para los ciudadanos; el poder para los cortesanos y los áulicos, los contratistas de lo lícito y lo ilícito, no el poder para la democracia y soberanía del pueblo; el poder para detener la Historia con decretos imperativos y autoritarios, no el poder para que la Historia fluya y fructifique socialmente en estas tierras –bendecidas por Dios y la Naturaleza, y maldecidas por los voraces del poder sectario y excluyente.




Lo de los cultivos ilícitos y la financiación ilegal de la política será crucial para comprender dentro de unos años por qué la Mesa de Ralito se rompió, se hizo trizas entre los afanes reeleccionistas de 2006 y la perversión oposicionista que descargó todas sus maledicencias contra el proceso de paz con las autodefensas por torpedear a Uribe y cerrarle el camino a su primera reelección. Las autodefensas comenzaron negociando políticamente y acabaron sometidas por el “fundamentalismo uribista” y la “inquisición antiuribista”, que finalmente confluyeron para que oficialismo y oposición echaran al traste el clamor de paz de los colombianos.




Pero de cristiano consuelo queda aquello de que “en el pecado está el castigo”. Ni Uribe ni sus opositores recalcitrantes de 2006 hallarán coronados sus esfuerzos en 2010. Colombia ha comenzado a tomar prudente y alentadora distancia de aquellos que jugaron a la guerra con los anhelos de paz. Entre ellos, el uribismo vanidoso y frívolo, el polo ensimismado y burocrático, las guerrillas infiltradas por el cáncer del narcotráfico que está llegando ya al cuello de su mentor y cómplice régimen chavista.




Los dirigentes de las Autodefensas pueden ser acusados de grandes errores en la guerra, por falta de proporcionalidad, abusos de poder y desviaciones macabras, que debieron haberse evitado; por mucho respeto humanitario que debió haberse verificado y no se hizo, pero no podrán ser acusadas jamás de no haber sabido ponerle punto final a su participación en el conflicto armado en el apogeo de su condición guerrera –hace ya siete años- apenas Uribe prometió en su campaña de 2002 que estaba dispuesto a negociar políticamente con guerrillas y autodefensas su desmovilización a cambio de un futuro civil y democrático para todos los actores ilegales del conflicto armado. Las autodefensas desmovilizadas no deben -en justicia y derecho- seguir siendo acusadas por el Gobierno de no haber cumplido sus compromisos en las negociaciones de paz. Tampoco las autodefensas ni Colombia ni el mundo podrán aceptar silencio sobre la naturaleza y contenido de las negociaciones de Ralito cuando la hora de la Verdad estalle alumbrando el pasado y el porvenir. La paz de Colombia se construirá a partir del Caguán y de Ralito, porque ambos son acumulados históricos donde no solo hubo pasivos sino también activos, y a partir de ellos un capital valioso e imprescindible para alumbrar los tiempos de paz y reconciliación que nadie nos podrá embolatar por más tiempo. La Paz no está de un cacho todavía, sobra decirlo, pero la guerra no tiene futuro en Colombia, ni los guerreristas de uno y otro bando tampoco.




El Informe Alston, relator de las Naciones Unidas para las ejecuciones extrajudiciales en Colombia, es lapidario acerca de que si una de las dos partes negociadoras de Ralito siguió delinquiendo después de la desmovilización no fueron precisamente los Mancuso, los Rodrigo Tovar, los Diego Murillo, etc., etc., ni quienes permanecen en Colombia con la espada de Damocles sobre la cabeza y un Gobierno que ya no sabe si constituyen más encarte para sus aspiraciones reeleccionistas aquí o en los Estados Unidos. Ahora que su “escapismo” de las negociaciones de paz y el recurso de la extradición se le ha vuelto en contra porque ya no gobierna Bush sino Obama, y con el nuevo Presidente allá la “conspiración del silencio” se acabó aunque no falten asesores de Uribe que siguen pensando que extraditar es mejor negocio político-electoral que no extraditar.




En todo caso, tanto va el cántaro a la fuente que finalmente se rompe, y rodarán unos cuantos “floreros de Llorente” por ese “gustico por el silenciamiento” de los negociadores de paz, que el Gobierno no supo reprimir al extraditarlos. Silenciamiento que, a decir verdad, comenzó por Carlos y Vicente Castaño, en circunstancias misteriosas que también la Historia tendrá que iluminar un día cuando la era de las víctimas y los victimarios haya sido definitivamente superada.




Finalmente, eso de reprimir solo permite ganar tiempo, porque ni la guerra, ni mucho menos la Paz se ganan reprimiendo, espiando, silenciando, calumniando, extraditando a los que piensan y sueñan distinto.




Buen criterio para escoger Congresistas y Presidente en 2010 será votar a quienes propongan desarmar la Palabra y legitimar las propias posiciones sin agraviar, sin herir, sin ofender.
Nadie puede ya en Colombia arrojar la primera piedra –todas se arrojaron ya desde el asesinato de Gaitán en 1948 y unos cuantos magnicidios más, a diestra y siniestra- ni pretender esconder la mano y lograrlo, ni seguir pontificando que solo las autodefensas desmovilizadas están éticamente obligadas a decir su Verdad mientras que el Estado y las guerrillas nada están obligadas a contarle al Pueblo de Colombia sobre los crímenes de Estado y los supuestamente revolucionarios.




Verdad que no podrán evitar completar hasta su médula y columna vertebral, ni en conciencia ni en derecho, las autodefensas desmovilizadas, cuando reciban plenas garantías de cara a la Nación por parte de los candidatos al Congreso y la Presidencia que se respetarán a partir de 2010 los avances del Proceso de Negociación de Ralito y se firmarán los Acuerdos aquellos que hoy yacen “silbando bajito” entre los incumplimientos, los dardos envenenados y el silencio atroz de quienes saben pero callan, con tal de poner a salvo rabos de paja que arden de solo mirarlos.




Así la veo yo.




Los 136 artículos que componen la serie publicada –iniciada en de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en
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