agosto 26, 2009

139. "El Dorado" ético en tiempos de conflicto

Donde ayer fue el oro hoy es la ‘narcoeconomía’ del conflicto

Por Juan Rubbini

juanrubbini@hotmail.com
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“Turba su mente el colosal tesoro y en los oleajes de la fronda gualda, el sol incendia la Leyenda de Oro”
(Javier del Granado, Poema La leyenda de El Dorado)



Cuando indagamos acerca de la guerra y la paz, a lo largo de la Historia, advertimos que la vida nos habla desde los sitios y personajes más inesperados. En Colombia todo el “aluvión” desatado sobre lo que unos llaman ‘conflicto armado y social’, y otros relativizan como ‘amenazas terroristas’, o ‘puro narcotráfico’, constituye un continuo que sólo dispersa sabidurías e ignorancias en los laberintos de la confusión humana.

Resulta imperioso avanzar en la búsqueda de claves que faciliten las búsquedas presentes y futuras, así como la reelaboración de los elementos vislumbrados. Posamos la mirada sobre el pasado como instintivo reflejo de preparar el salto inevitable, desde el mítico pasado hacia el inescrutable porvenir. La continuidad descubierta vuelve estériles las vanas contradicciones entre lo que “fue” y lo que “será”, siendo que el “hacerse” del presente inasible resulta un proceso fascinante que excede las categorías del tiempo lineal.

Urge hallar respuestas tanto como formular preguntas: albergamos dudas sobre si la Ética es conocimiento a construir o ley de naturaleza espiritual cuya búsqueda tiene tanto que ver con la filosofía como con la arqueología del alma humana. ¿Existe la Ética en algún espacio ‘platónico’ o sólo es dable que existan elementos dispersos cuya reunión tiene que ver con la particular intención y habilidad del estudioso?

La leyenda del Dorado: donde ayer fue el oro hoy es la ‘narcoeconomía’ del conflicto. El interrogante de fondo alude al necesario discernimiento sobre si resulta utópico programar la elaboración metódica del “Dorado Ético”. ¿Es accesible a la limitación humana el acceso a los confines que delimitan la Ética?

El dilema está planteado en mínima escala y su sola existencia revela hasta qué punto el desconcierto impregna esta aventura incipiente tiñendo la aproximación al discurso ético con mucho más de interrogante que respuesta. Los sustentos del razonamiento sobre la necesidad de disponer de una Ética, como “ciencia de la virtud” aplicada al conflicto –y los múltiples por qué de su narco-financiación- alude a tragedias que sacuden el tejido social del mundo globalizado.

La presencia de un cándido voluntarismo, encendiendo la chispa del pensamiento resulta inevitable constancia de la relación existente entre la huella que se imprime al vivir el conflicto y la mirada que permanece absorta y meditabunda en el contexto acuciante que nos convoca y exige, también desde el reclamo de la educación para la paz. Abordar el todo continuo donde se insinúa el cuerpo de una Ética fundadora y fecunda, invita no detenerse a cavilar, ni quedar inmóviles, anclados ante tal o cual premisa ideológica.

Esto no implica desconocer el valor de la sistematización metódica ni de la construcción ordenada y secuencial de una red dialéctica de pensamientos. Es el reconocimiento de la urgencia de iniciar el camino hacia el cese de la guerra y de las guerras, lo que vuelve atractiva la inclinación hacia la praxis, que estimula a soltar amarras y partir, intuyendo que sólo será andando como nos será dado ir descubriendo el hilo conductor donde contradicciones y analogías, paradojas y divergencias, irán articulando la trama donde se abrirán los espacios del análisis, la crítica y la síntesis.

Una ética de la paz no podrá sino resultar múltiple y transversal. Urge pensar y repensar los modos que asume el conflicto armado, los que participan –en su aprehensión desde el sujeto investigador– de esa característica inicial de indefinición y ambigüedad, sobre cuyo rostro enigmático y plural, cabe tallar la construcción ¿o el hallazgo? del “Dorado Ético”. Si no llegase a ser percibido así por el viajero de la experiencia, a la vez maestro y aprendiz, resultaría una aventura intelectual atractiva pero ajena del matiz esencial, entre seductor y romántico, que enciende la multiplicación de itinerantes estrellas sobre las que sobrevuelan mínimas claves que nos corresponderá descifrar durante el proceso de aprendizaje y enseñanza.

El aquí y ahora del conflicto armado colombiano es el acertijo mayor: nos ha escogido y determinado en el papel de ciudadanos de una república que aspira ser democrática y justa, porque no lo es y lo quiere ser, sobre todo el territorio, desde sus centros dispersos hasta el confín de sus periferias múltiples. Es sobre estos territorios, a la vez geográficos y mentales, donde somos el objeto y sujeto de conflictos, que no son tales porque los contemplemos a diario, sino porque a diario son esos conflictos quienes golpean nuestras sienes, con la secreta esperanza de que no falten respuestas inteligentes y tampoco preguntas acertadas desde el “Dorado Ético” de la creatividad y la academia.

agosto 19, 2009

138. El 'conejo' de Uribe a los 'paras' comienza a pasar factura

ASÍ LA VEO YO

El trío Vargas, Fajardo y Petro suena más afinado que cualquier quinteto

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
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“En general, no hay nada más importante en la vida que establecer de forma exacta el punto de vista desde el cual deben juzgarse y considerarse las cosas y mantenerlo luego, porque solo podemos comprender el conjunto de acontecimientos en su unidad, desde un punto de vista, y solo manteniendo estrictamente este punto de vista podemos evitar caer en la inconsecuencia (…). Que el punto de vista político debiera cesar por completo en sus funciones cuando comienza la guerra solo sería concebible si las guerras fueran luchas de vida o muerte, originadas en el odio puro. Tal como son las guerras en realidad, solo constituyen manifestaciones de la política misma. La subordinación del punto de vista político al militar sería irrazonable, porque la política ha creado la guerra; la política es la facultad inteligente, la guerra es solo el instrumento y no a la inversa. La subordinación del punto de vista militar al político es, en consecuencia, lo único posible.”

(Karl von Clausewitz, (1780-1831), De la guerra)




Si Uribe piensa que con el ofrecimiento de las bases encolumnará a los Estados Unidos tras su reelección los invito a pensar qué tal si los norteamericanos están pensando otra cosa: que bienvenido todo lo que Uribe les ofrezca gratis en su último año de mandato, porque así le evitarán al sucesor –que ya tienen in pectore y seguramente no es Uribe- que asuma en 2010 el costo que Uribe habrá pagado de su menguante caudal electoral pensando en allanar su reelección, cuando en realidad le está facilitando el camino a quien lo suceda. Finalmente, “nadie sabe para quién trabaja…” y más si lo único que hace en la vida es trabajar, trabajar y trabajar.

De los tres grandes actores del conflicto armado colombiano, en la década de los ’90, solo las extintas Autodefensas Unidas de Colombia supieron privilegiar con su desmovilización lo político por sobre lo militar, lo cual las ha colocado estratégicamente, a estas horas, en desventaja judicial y de derechos, pero superado el escollo de Justicia y Paz –extradición incluida- su ventaja política en las regiones ‘desinstitucionalizadas’ por la falta, desinterés o corrupción del Estado, se hará evidente, y esto nadie lo ignora en Colombia, ni siquiera en las grandes capitales, incluida Bogotá donde el mismo Congreso es y seguirá siendo mientras subsista el conflicto, una auténtica Caja de Pandora.

Entre tanto, Uribe no ha sabido transformar internacionalmente su favorable relación de fuerzas militares en credibilidad y legitimidad del Estado y democracia colombiana, así como las FARC no han logrado sobrellevar indemnes la acometida militar de Uribe, ni han sabido capitalizar políticamente el extremismo militarista de Uribe, que desafecto a politizar la solución pacífica, concluirá su mandato sin haber concretado la victoria militar ni ganado la paz como su superioridad militar le hubiese posibilitado. Por eso insisto, los ex comandantes de autodefensas están mal pero van en el buen camino, mientras que Uribe está muy bien pero va muy mal, y las FARC ni están bien ni van bien, salvo que estén por sentar sus reales y radicarse en algún país vecino dispuesto a recibirlas.

¿En qué momento se jodió el camino de la tercera presidencia de Uribe? Nadie me podrá quitar de la cabeza que en el momento en que Uribe decidió ponerle “conejo” a las autodefensas desmovilizadas y encarcelar a su contraparte en la mesa de negociaciones –no bien asegurada su reelección en 2006 y apenas desmovilizado el último bastión ‘para’ de esa generación, Fredy Rendón, apodado ‘el Alemán’- una parte decisiva de su caudal electoral y de su ‘angelismo’ político se perdió para siempre. La injusticia es injusta, más aún si la produce el Poder Presidencial en un País Presidencialista sobre la indefensión de sus propios invitados a la mesa de la paz… y desde que el hombre es hombre, “no hay deuda que no se pague, ni plazo que no se cumpla”.

Soy de los que piensa que Uribe puede que logre ser candidato presidencial en 2010, pero no logrará ganar esas elecciones. Tal vez gane la primera vuelta pero según la veo yo perderá en la segunda. Y si esto sucede, es decir, si logra sacar el referendo adelante, y si pierde en elecciones limpias, será lo mejor para el futuro de Colombia.

Las encuestas que se conocen parecen contradecir mis opiniones al respecto, pero me reservo el derecho de imaginar un devenir diferente de aquel que tendencialmente marcan hoy las encuestas. No se nos olvide que Uribe viene siendo candidato desde 2001 mientras que Vargas Lleras, Fajardo y Petro no cargan con el peso de la fatiga del metal –ni del cansancio del público- y sus aspiraciones alientan la esperanza del cambio. La intensidad de Uribe, su predisposición a producir crispación, tiene a Colombia al borde del ataque de nervios y eso estresa a cualquiera. O dicho de otra manera, se puede haber sido ‘uribista’ en algún tiempo, o ser aun hoy ‘uribista’ en algunas cuestiones, pero eso de ser uribista todo el tiempo y en todas las cuestiones, no solo no suena democrático sino que tampoco condice con el talante colombiano.

El mismo público que adhiere a Uribe en las encuestas, lo hace en muy respetable proporción, decidido a votar distinto a Uribe en 2010. Los liberales comienzan a ver a Vargas Lleras como el candidato de sus reivindicaciones, al tiempo que conservadores, independientes e izquierdistas están pensando que con Fajardo o con Petro pueden hacer que su voto decida la renovación no uribista del País hastiado de la guerra, de la corrupción y del crimen asociado a la política.

Si como analista me detengo en la contradicción principal de la sociedad colombiana, de inclusión o exclusión social, debo admitir que Uribe es totalmente indiferente al tema. En cambio ni Vargas como liberal de estirpe, ni Fajardo como académico inteligente y maduro, ni Petro con su pasado guerrillero y su discurso de izquierda “aggiornada” son ajenos a que Colombia más que ganar la guerra debe dedicar todos sus esfuerzos a ganar la paz. Y no precisamente la paz de los cementerios tan del gusto de Uribe sino la paz del conflicto asumido como etapa del crecimiento, como condición limitante que debe ser superada con soluciones políticas consensuadas, no echando bala e incendiando la propia casa y la de los vecinos.

Me diferencio tajantemente de aquellos que por temer a perder las elecciones con Uribe están dispuestos a politizar la Justicia –o judicializar la política- con tal de impedir que el presidente se salga con la suya. No se trata de impedir el triunfo ajeno sino de derrotar al adversario con la validez y efectividad de la propia acción y persuasión política. No se debe abusar de la fuerza de las armas y el chantaje del miedo –como hacen Uribe y las FARC- cuando se poseen argumentos y talante suficiente para sumar a los colombianos a sus huestes. No veo ni a Vargas ni a Fajardo ni a Petro en ésas, por eso la democracia colombiana tiene buenas razones para ver a 2010 con optimismo y confianza en las propias fuerzas, moralmente superiores a las de cualquier adversario por poderoso que luzca en las encuestas.

Uribe pagará un alto precio por no haber sabido utilizar sus victorias militares como semillas de paz y reconciliación. Uribe se equivoca cuando confía más en el ‘engañapichanga’ coyuntural, en el descubrimiento del ‘agua tibia’ de la seguridad democrática –remedo de la ‘seguridad nacional’ de las dictaduras de los ’70- que en la vocación pacífica, alegre y ‘por las buenas’ de los colombianos que no por obligados a convivir con la violencia se han enamorado jamás de ella. Tampoco creo que sea Uribe quien se equivoque por su instinto natural y espontáneo, sino por los artificios de aprendices de brujos y alquimistas sin corazón, quienes le han hablado al oído en estos años y lo han vuelto prisionero de sus ambiciones, rehén de sus temores de volver al llano. Lo han vuelto a Uribe temeroso de su propio pueblo, más ocupado en recitar su discurso que en auscultar las profundidades del sentimiento nacional.

Quien llegue después de Uribe heredará seguramente un País mejor que el que recibió Uribe de Pastrana. Y esto habla bien de su Gobierno en términos relativos si lo comparamos con gobiernos anteriores. Esto nadie lo discute hoy en Colombia. Mucho menos lo cuestionan Vargas, Fajardo y Petro.

Los problemas de hoy no son los mismos que los de 2002 y 2006, pero son igualmente serios y desafían la imaginación y la creatividad, exigen sangre nueva, mentes abiertas al futuro, no más de lo mismo, ni la mirada en la nuca regodeándose el ego con lo ya alcanzado.

Ni mucho menos el sicariato moral e inquisidor de aquellos que han hecho de su uribismo y el culto de la personalidad del líder su coartada para evitar lo que inevitablemente llegará con el 7 de agosto de 2010: la verdad verdadera sobre el proceso inconcluso con las autodefensas y los meandros de la extradición, la reparación de las víctimas que la seguridad democrática no supo ahorrarle a los colombianos y la justicia que cojea pero llega, no por revanchismo ni cobrando viejas deudas, sino porque la paz que anhelamos para Colombia ni se escuda en la impunidad ni reescribe la Historia en favor de los próceres de turno.


Así la veo yo.


Los 138 artículos que componen la serie publicada –iniciada en de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en

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También encontrarán allí los artículos de la serie PARADERO 2010 iniciada en diciembre de 2008.

agosto 13, 2009

14. Aquí el problema central no es Uribe, lo imperdonable es el conflicto y la exclusión




PARADERO 2010

SÍ al referendo reeleccionista, NO a Uribe guerrerista, sectario y excluyente

Por Rubiño

juanrubbini@hotmail.com
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“El poder estaba encarnado en el príncipe, y por lo tanto daba a la sociedad un cuerpo. Y a causa de esto, un conocimiento latente pero efectivo de lo que uno significaba para el otro existía en el conjunto social. Este modelo muestra el rasgo revolucionario y sin precedentes de la democracia. El lugar del poder se convierte en un lugar vacío (…). El ejercicio del poder está sujeto a procedimientos de redistribuciones periódicas (…). El fenómeno implica una institucionalización del conflicto (…). En mi opinión, el punto importante es que la democracia es institucionalizada y sostenida por la disolución de los indicadores de la certeza. Inaugura una historia en que la gente experimenta una indeterminación fundamental en cuanto a la base del poder, la ley y el conocimiento, y en cuanto a las bases de las relaciones entre el yo y el otro, en todos los niveles de la vida social.” (Claude Lefort, “The question of democracy” en Democracy and Political Theory, Minneapolis, University of Minnessota, 1988)


Así como defiendo el derecho de los ciudadanos de exigirle al Congreso que tramite el referéndum reeleccionista y habilite las reformas a que haya lugar para que se pueda votar por Uribe en 2010, también manifiesto que una tercera presidencia consecutiva de Uribe es tan nociva para la democracia como innecesaria para el País.

Pero hay algo más que a mi modo de ver es medular en este asunto. Si Uribe no es vencido en las urnas su fantasma sobrevolará la gobernabilidad durante 2010-2014, años que Colombia requiere para avanzar en cuestiones políticas, económicas e institucionales.

Y no solo eso, sino que hay dos cuestiones fundamentales que deben ser resueltas con Uribe, sin Uribe, o incluso, a pesar de Uribe. Colombia debe alcanzar en el próximo decenio dos objetivos simultáneos: cero conflicto armado y cero exclusión social. Y esto no será factible de resolver si no se avanza desde 2010 hacia un gobierno de unidad nacional, de consenso político sobre lo fundamental, de punto final a los cultivos ilícitos y solución política negociada de la guerra entre Estado y Estados de facto.

Banalizar la década del bicentenario de la Independencia convirtiendo la gesta libertadora en mero simbolismo caballista y folclore retro es una afrenta imperdonable a la significación que adquiere el desafío de la época: acabar con la exclusión y acabar con la guerra. Es decir, independizar a Colombia del monopolio de las clases políticas sobre los hechos políticos que conciernen a las grandes mayorías nacionales, así como liberar los territorios patrios que permanecen sometidos a la violencia y el crimen, por el abandono estatal y la corrupción de sus funcionarios.

Los uribistas tienen derecho de votar una y mil veces por Uribe, pero quienes no somos uribistas tenemos el mismo derecho de evitar dictaduras y populismos, así como guerras y conflictos que pueden y deben ser resueltos políticamente, apelando a todos los recursos que ofrecen las mediaciones internacionales y las agendas que privilegian los acuerdos por sobre las imposiciones, la flexibilidad por sobre los inamovibles.

Colombia padece la guerra y la exclusión, sin embargo el problema mayor sigue siendo que ganan elecciones quienes promueven ambos flagelos apelando a eufemismos y retóricas que echan mano de abstracciones tales como “guerra al terrorismo” o “guerra al narcotráfico” que no buscan el final de los conflictos armados a través de la solución política negociada sino a través de victorias pírricas o sencillamente imposibles que postergan sine die, a un futuro inalcanzable, lo que hay que construir hoy a partir del ejercicio de la política, a partir de la argumentación y el debate, y principalmente a partir del reconocimiento del otro a pensar y soñar distinto, a buscar por otros caminos la concreción de sus ideales sociales.

¿Bajo qué condiciones votaría por Uribe en 2010? El problema central de Colombia no es Uribe, ni son las FARC, ni las Autodefensas, tampoco lo son los narcotraficantes. Más bien todos ellos, incluido Uribe, son partes del mismo problema sistémico, del mismo entramado de cosas políticas –finalmente sociales y económicas, también culturales- que han evitado poner sobre el escenario de discusión y resolución aquello que constituye la raíz principal de la tragedia nacional: la exclusión social y el conflicto armado. Ambos fenómenos se vienen reproduciendo desde hace más de medio siglo sin que las clases políticas ni los presidentes que se han sucedido desde finales de los ’40 hayan tomado el toro por los cuernos.

Con exclusión social rampante, endémica y fatalmente aceptada no solo no hay mercado interno ni economía viable sino que tampoco hay democracia vital y auténtica. Uribe, popular y todo, no ha sido elegido por más del 25 % de la población habilitada para votar.

Con conflicto armado institucionalizado y pandémico que reduce la presencia del Estado social de derecho a menos de la mitad del territorio nacional la lucha ya no es entre legales e ilegales, sino entre legalidades diferentes, unas estatales y otras guerrilleras, paracas o sencillamente “cosa nostra” cada cual queriendo imponer su propia legalidad a las otras.

Las dos presidencias de Uribe han logrado correr las fronteras del conflicto interno unos cuantos kilómetros pero ello no cambia en absoluto la relación de fuerzas existentes entre legalidades enfrentadas sino que concentra y dispersa a la vez energías que debieran concentrarse en diseñar la salida del conflicto y el final de la exclusión en vez de perpetuar la búsqueda de soluciones que a poco de andar se convierten en nuevos problemas. Porque claro, las fronteras internas que se han corrido de lugar han producido un quiebre en las relaciones internacionales de Colombia con Venezuela y Ecuador. A un punto tal que nadie puede asegurar que sean los vecinos los expansionistas cuando son colombianos de unos y otros bandos quienes cruzan las fronteras y se instalan y delinquen en los países vecinos.

A Uribe no le alcanzaron siete años para resolver los problemas heredados, pero le sobraron para multiplicarlos. Y ahora quiere cuatro años más no para resolver problemas sino para incrementarlos desinstitucionalizando lo que prometió reinstitucionalizar y no ha logrado. Por respeto al pueblo uribista defiendo el derecho de que puedan volver a elegirlo presidente, pero por respeto a las convicciones democráticas, pacíficas y de inclusión social, que son patrimonio de la mayoría de los pueblos de América, incluidos naturalmente los colombianos y colombianas, llamaré a votar en 2010, al Congreso y la Presidencia, solo aquellos candidatos y candidatas que hagan de la paz y la reconciliación, y la inclusión social, las banderas principales que jalonen todas las demás iniciativas que hagan de Colombia, el territorio que soñaron los héroes de la Independencia y la Libertad, en aras de alcanzar progresivamente la Patria Grande Latinoamericana que todavía nos debemos y a la cual no hemos renunciado ni renunciaremos jamás.


Así la veo yo.


Los 14 artículos que componen la serie publicada –iniciada en diciembre de 2008- de PARADERO 2010 están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

También encontrarán allí los artículos que integran la serie ASÍ LA VEO YO iniciada en MARZO de 2005 y dedicada al proceso de paz con las autodefensas.

agosto 06, 2009

137. Ni un voto más para la guerra, todos los votos para la Paz




ASÍ LA VEO YO

Uribe debe ser derrotado en las urnas, no en los pasillos del Congreso

Por Juan Rubbini

juanrubbini@hotmail.com
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La mayoría de los estudios sobre la violencia colombiana, especialmente los escritos durante las últimas dos décadas, tratan de explicar su supuesta omnipresencia (o continuidad). Algunos estudios postulan conexiones entre las muchas guerras y conflictos de nuestra historia. Otros precisan varios mecanismos de reproducción de las conductas y prácticas criminales. En general, la mayoría de estos estudios pueden considerarse como variaciones sobre un mismo tema dominante: la violencia engendra violencia. O la violencia del pasado alienta y sostiene la violencia del presente.

(Alejandro Gaviria, Prólogo al libro Las cuentas de la violencia, de Fabio Sánchez, 2006)


Insólita la mendicante gira internacional de Uribe en su vano intento de explicar lo que no necesita explicarse, cuando toda América sabe que las verdades de Uribe son verdades a medias y sus silencios más elocuentes que cualesquiera de sus palabras. Uribe pretende involucrar a los Estados Unidos en un conflicto armado interno donde solo Chávez –por su influencia en las FARC- y Uribe –por haberlas golpeado como nadie y tener a medio camino su negociación con las autodefensas- tienen las llaves de la solución política negociada, y donde Uribe mejor haría por Colombia invitando a los presidentes del área –también a los de Estados Unidos, Venezuela y Ecuador- a ayudarnos a los colombianos a alcanzar la paz con los alzados en armas en vez de sembrar vientos que no podrán sino cosechar tempestades.

Si la desconcertante actitud de Uribe frente a los caminos de solución del conflicto armado es nefasta para la paz de Colombia y pone en riesgo la de por sí demorada integración continental, su afán de manipular a los Estados Unidos debiera merecer la inmediata toma de distancia de la administración Obama si éste y Hillary no quieren quedar atrapados en las telarañas diplomáticas que generaría una tercera presidencia Uribe la cual constituiría una provocación insensata y a todas luces innecesaria que costará caro al avance de la democracia en la región.

El favoritismo de los ciudadanos por Uribe en las urnas está por verse y hasta sería bueno que pudiese verse en los hechos. Sería lo aconsejable si pudiera lograrse sin violentar la Constitución vigente. Nada más legítimo para el próximo presidente de Colombia que derrotar a Uribe en las urnas: estoy convencido que Colombia puede hacerlo, es más, creo que es el único camino legítimo y legitimador del gobierno que asuma el 7 de agosto de 2010. Ni Chávez ni Uribe, eso está claro para quien esto escribe. Pero también está claro que a ambos hay que derrotarlos en las urnas, no en los editoriales ni en conciliábulos a puertas cerradas. De eso se ocuparán los pueblos de Colombia y de Venezuela que no nacieron para ser mandados por nadie ni mucho menos para ser cautivos de ambiciones personalistas y populistas a las que hay que sepultar en los anaqueles de la historia si queremos liberarnos de toda estupidez, de toda complacencia con egos desmesurados y ridículos.

Uribe y Chávez deben ser exigidos, puestos a prueba, pero no enfrentándolos el uno con el otro, sino evidenciando sus complicidades, sus similitudes, su asociación litigante que los vincula más que los separa, sociedad de vanidades inconveniente para el presente y futuro de la democracia en la región.

La oposición a Uribe ha ido ganando terreno y lo ha hecho por fuera pero también por dentro de quienes han sido ‘uribistas’ estos últimos siete años. Las encuestas merecen ser puestas a prueba, y también candidatos como Santos y Arias que no pueden seguir jugando con que sí son candidatos pero no lo serían si Uribe lo fuese. Por eso me gustan Vargas Lleras, Petro y Fajardo: porque tienen carácter renovador y talante suficiente y se le miden a derrotar a Uribe en el terreno donde merece ser derrotado, sin temerle ni hacerle reverencias al ‘caballo favorito’ ni a los ‘caballos del comisario’. Si algo no me agrada de Santos y Arias son sus supuestas ‘lealtades’ subordinadas a las decisiones de Uribe, porque eso sabe a que su Presidencia sería la de Virreyes, o algo peor: la de traidores, que una vez en el poder le hacen conejo a Uribe devuelto al llano.

Quienes siguen mis columnas saben –o intuyen- que prefiero que Uribe sea derrotado en las urnas, no en los pasillos del Congreso. Que sea derrotado donde ganan o pierden los políticos de raza, en el recuento de los votos. Es lo mismo que auguro para Chávez: que sea el mismo Pueblo que lo elevó a su condición actual quien le impida –voto a voto- seguir polarizando las Américas entre falsas disyuntivas. El dilema a resolver aquí y ahora en las Américas es qué hacemos con el rol de los Estados Unidos y con lo que ha dado en llamarse el “socialismo del siglo XXI”. Me gusta el desafío que implica la existencia de tesis y de antítesis políticas, pero más me satisface que a partir de ellas se construya la síntesis que enhebra en la misma aguja del diseño político lo conveniente y oportuno que anida en los unos y en los otros.

Ni la hegemonía de los unos ni el “revolucionarismo” de los otros me seducen pero tampoco me asustan. Ciertamente no son ángeles pero tampoco son demonios. Son producto de la Historia humana, que comenzó hace milenios y proseguirá a no dudarlo unos cuantos milenios más. Tiempo es lo que nos sobra como Humanidad, lo que nos falta es paciencia, y a veces prudencia y tino.

Claro que hay prioridades y hay urgencias: Las Américas deben apostar por la Paz en cada país y en toda la Región, de Alaska hasta Tierra del Fuego. También por la república, la democracia y el cumplimiento de las leyes, la libertad de conciencia y de acción, la educación y la sanidad, la vivienda y el trabajo, la prosperidad y la solidaridad, la cultura del diálogo y el compromiso social, la cultura de los derechos humanos y el respeto por las creencias religiosas y espirituales.

No existen hasta hoy paraísos sobre la Tierra, pero debemos proponernos construir al menos uno en este siglo y debe ser América.

Ni un solo voto más para la guerra, todos los votos para la Paz.


Así la veo yo.


Los 137 artículos que componen la serie publicada –iniciada en de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en
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