julio 14, 2011

180. Las llaves de la Verdad son también las llaves de la Paz



ASÍ LA VEO YO - Año 7

El equívoco del ‘yo con yo’ y la necesidad histórica de superarlo ya

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
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“Nadie puede cambiar la verdad, lo que podemos y debemos hacer es buscarla, hallarla y servirla” (San Maximiliano Kolbe, asesinado en 1941 en el campo nazi de Auschwitz)


Si las guerrillas colombianas han sobreactuado su ‘relato’ del conflicto armado hasta volverlo caricatura y panegírico, con algo de verdad y mucho de autojustificación, sin asomo de autocrítica, por el lado de los ‘paras’ el ‘mutis por el foro’ ha sido la constante. Salvo en contadísimas ocasiones se han limitado a los estrados judiciales y la autoincriminación, permaneciendo ausentes del debate político ante la opinión pública. Ambos ‘relatos’ tienen raíces en la historia y asideros en la realidad, y en este sentido, material de interpretación no falta ni está de más, pero la verdad verdadera ¿la conoceremos en esta vida, o tendremos que esperar a la otra? Para estas verdades sin conocer no faltan oídos dispuestos a oír, ni ojos dispuestos a ver, para poder creer o descreer. ¿Por qué el Gobierno no propicia que los colombianos y el mundo podamos escuchar a los actores del conflicto –y de la desmovilización- y sacar conclusiones sin censuras ni distorsiones, sin limitarlos al ámbito judicial ni a la mera propaganda?

Así como las guerrillas se representan a sí mismas más que a quienes dicen representar, el ‘yo’ de los ‘paras’ se distingue y bastante del ‘yo’ del Estado con quien se los quiere encasillar. Tal vez la diferencia más ostensible entre guerrillas y ‘paras’ es que aquellos son partes de un ‘bloque’ ideológico que a pesar de todo en el fondo los ‘admira’ mientras que estos son partes de un ‘ser nacional’ que se hace el ‘loco’ y calla entre pecho y espaldas ausente de los foros mas no de las razones y los porqués. Sin embargo, guerrillas y ‘paras’ constituyen a pesar de los pesares partes inevitables e irremplazables del ‘mapa político’ nacional y llegará el tiempo –me auguro- en que serán protagonistas de la democracia del postconflicto y los acuerdos de paz.

Un escandaloso costo humanitario y social, de confusión judicial y política, sigue pagando Colombia por no haber querido valorar debidamente las posibilidades que el proceso de diálogos con las AUC abrió entre 2003 y 2006 para alcanzar la paz y avanzar hasta el fin de los cultivos ilícitos. Y aún hoy sigue sin comprenderse y lo que es peor, sin querer comprenderse.

Aquello que fue descalificado no sin malicia como un proceso de ‘yo con yo’ contenía en sus entrañas las simientes de la legitimación del Estado y la ‘revolución productiva del campo’ a partir del anuncio sin estridencias que en Santa Fe Ralito inauguraba con el Acuerdo del 15 de julio de 2003, entre Gobierno y autodefensas, lo que debió ser el ‘comienzo del fin’ de los cultivos ilícitos.

¿Quién dijo miedo a tal eventualidad? Por una parte, todos aquellos que se benefician de tales cultivos y de los eslabones que le suceden en la intrincada madeja de intereses que florece a su sombra. También se sumaron a la crítica despiadada –y por momentos descerebrada- quienes ideológicamente distinguen entre los crímenes supuestamente altruistas de los ‘rebeldes’ y los crímenes a secas, supuestamente ‘comunes’ de los ‘concertados para delinquir’. Por supuesto, también todos aquellos que consideraban que el ‘empoderamiento’ político de los desmovilizados de las autodefensas en la legalidad pondría en serio riesgo sus cacicazgos tradicionales y sus clientelismos cautivos. En fin, desde derecha y desde izquierda, desde el mismo Estado y la opinión de los medios, desde las guerrillas por supuesto, se volvió deporte nacional satanizar el intento, volverlo nada, incluso ‘extraditarlo’ y hundirlo inmisericordemente.

La realidad es tozuda y no pasará mucho tiempo antes que se retome -pero en serio- el proceso de negociación y sus consecuencias políticas que quedaron truncas cuando entre 2006 y 2009 el Gobierno de Uribe se desentendió del proceso de paz con las hoy ex autodefensas y desdeñó olímpicamente cualquier posibilidad de avanzar hacia la formalización de los acuerdos finales. Porque los ex comandantes sí cumplieron su parte y abordaron el componente judicial sin esperar que la fase política –interrumpida en 2006- se reanudara. E hicieron bien y la Historia se los reconocerá cuando llegue la hora de la rendición de cuentas. Entre otras cosas porque el Estado sigue reclamando Verdad, Justicia y Reparación pero se lo exige solo a las contrapartes, rebeldes o sediciosas, sin someterse a esos mismos principios éticos universales con humildad republicana, conciencia autocrítica y decisión de paz.

Para quienes siguen razonando en términos de ‘yo con yo’ las verdades que aportó y seguirá aportando Justicia y Paz han de servir de cara a la ciudadanía y la Comunidad internacional como contundente manifestación de realismo político y convicción democrática y civilista por parte de los desmovilizados ex jefes de las autodefensas. Porque hoy –a casi un año de ser Juan Manuel Santos Presidente- las condiciones de credibilidad en las más altas esferas del Estado son consistentemente más sólidas y van en camino de afirmarse definitiva e irreversiblemente en la buena senda de la legitimación estatal, de tal manera que temores y cavilaciones propias del mar de dudas y angustias sembradas en el corazón de los jefes desmovilizados en Colombia y los Estados Unidos por el torpe manejo del anterior Gobierno en cuestiones de paz habrán quedado total y afortunadamente superadas.

¿Podremos entonces aspirar por fin los amantes de la paz y la reconciliación a conocer en poco tiempo más –bajo la tutela y garantías de los máximos poderes del Estado, y dentro del marco próximo a ser reformado de Justicia y Paz- las verdades que aún permanecen bajo llave, incontrovertibles y a toda prueba, sobre la génesis, estrategia, motivaciones, ‘mandamases’ y ‘accionistas’ de las autodefensas en la fatídica guerra civil prolongada –de no tan baja intensidad- por el poder político, militar y económico?

Así no solo se hará justicia con la historia y con las víctimas de los fatales acontecimientos padecidos sino también se liberarán energías que yacen dormidas y que no demorarán en extender su mano solidaria y fraternal hacia la construcción de la paz con justicia, de la sociedad sin excluidos, de la auténtica reconciliación entre quienes han sido enemigos en la guerra y a quienes les sobran razones para demostrar su arrepentimiento sin más dilaciones y ofreciendo garantía eficaz de no repetición.

Justicia y Paz entrará en los próximos meses en tierra de definiciones, porque los tiempos se agotan y las paciencias tienen su límite y están a punto de estallar. Los márgenes se estrechan día a día, hora tras hora.

Llegó el momento coyuntural de acompañar con decisiones políticas al más alto nivel los justos e impostergables requerimientos de la sociedad, de las víctimas y también de los victimarios. El Estado no puede seguir colocándose en el cómodo y muy cínico rol de juez y parte. Porque mientras no reconozca y se haga cargo de haber sido parte del problema, jamás podrá ser auténticamente parte de la solución.

Es ahora o nunca, que lo que tenga que ser que sea, y lo que haya que decir se diga, o se calle para siempre.

Esto vale para todos los protagonistas, dentro y fuera del Estado: la cita con la Historia solo admite que haya conciencia de la Oportunidad –irrepetible-, correspondencia con la Verdad –imprescindible-, Amor por el Prójimo y la Entera sociedad, y por sobre todas las cosas Honrar la Vida.


Así la veo yo.

Los 180 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com