noviembre 09, 2011

183. Tras la pérdida irreparable de una vida valiosa (la de ‘Alfonso Cano’)

ASÍ LA VEO YO - Año 7

¿Qué festeja Santos… si los ‘goles’ son de Chávez?


Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com

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La triste y desolada muerte de ‘Cano’ despertó inevitable y puntual en mi memoria los ecos de otra muerte memorable y trágica, la del ‘Che’. Y desde otra esquina de la misma América dolida, la de Castaño. La historia se repite, y en este juego macabro, todos perdemos, unos la vida, otros la paz. Cuando la Paz finalmente se haga faltarán en la Mesa unos cuantos, sin embargo entre los presentes, ‘Cano’ estará presente, Castaño también. Por sus razones diferentes –y bien diferentes- no habrá paz en Colombia si no hacemos la Paz con los vivos y también la hacemos con los muertos. Paz en su tumba. En todas las tumbas.

La muerte en combate de ‘Cano’ –pérdida humana irreparable que ciertamente exigía un excepcional esfuerzo que no existió por parte del Estado para preservar su vida- inaugura un abanico de perspectivas e incógnitas. El Gobierno nacional sigue empeñado en imponer sus condiciones por encima de la concreción del diálogo, insistiendo en conseguir la rendición del enemigo por sobre cualquier intento de iniciar la búsqueda de acuerdos. Esto no puede sino entenderse como que el Gobierno descarta –al menos en el corto plazo- la conveniencia de la solución política y –en clave metafórica de las así llamadas ‘llaves de la paz’- persigue ganar tiempo y capital político –en su pulso con Uribe- e insuflar y diseminar el ánimo triunfalista sobre que ‘así vamos bien’ y después de ‘Cano’, ‘vamos por más’. El Gobierno está en su derecho al proceder así pero si se trata de derechos no es menos derecho el que los colombianos tenemos de vivir en paz. Y es precisamente este ‘derecho a la Paz’ el que Santos tácticamente promueve en el Congreso mientras la estrategia de guerra encabeza como primera opción y tal vez realmente la única consistente en marcha.

El triunfo de Petro en Bogotá quiere presentarse como que las equivocadas son las Farc sin detenerse a pensar lo suficiente que no se trata de caminos antagónicos –los tomados por Farc y M-19- sino de ‘vidas paralelas’ cuya convergencia se ha de producir más adelante al calor de alguna coyuntura propicia, no necesariamente como fruto del maquiavelismo de algunos líderes o ideólogos de izquierda, sino porque las ‘condiciones objetivas’ son el caldo de cultivo de explosiones de la pólvora, o de explosiones en las urnas, criminales unas y democráticamente inobjetables otras como las ‘populares explosiones de las masas’. Finalmente, los hermanos Castro y los hermanos Chávez, no difieren tanto en sus objetivos como en sus métodos. Se ha utilizado tan frívolamente el concepto ‘combinación de todas las formas de lucha’ que ya nadie acierta a comprender su significado político ni su aplicación práctica a las actuales situaciones donde tal vez no quede actor de la política que no participe consciente –o inconscientemente- de alguna de tales combinaciones. En todo caso, valga decir que tras la muerte de ‘Cano’ no solo la ‘vía’ de Petro se fortalece sino también la influencia de Chávez en las Farc alcanzará muy probablemente su máximo esplendor. La desaparición física de ‘Cano’ puede haberle quitado a Santos –y al Establecimiento colombiano- el último reaseguro que existía en las Farc para neutralizar el poder de persuasión de Chávez sobre sus políticas al interior de Colombia. Una vez más se cumpliría aquello de que ‘nadie sabe a ciencia cierta para quien trabaja’.

¡Ojo!, no estoy diciendo que la influencia de Chávez sobre el tablero del conflicto armado interno vaya a ser nefasta –ni siquiera negativa- sino que ‘Cano’ aseguraba con su vida, con su sola presencia –incluso en una cárcel- que la solución política por más lejana que estuviese nunca necesitaría para concretarse de algo más que una modesta y diplomática –más modesta que diplomática- y más protocolaria que diplomática participación de Chávez y su régimen. Tampoco estoy diciendo que Petro vaya a salir disparado el día de asumir el cargo de alcalde a entrevistarse con Chávez y hablar a solas sobre qué hacer con las Farc. Pero, si comprender la geopolítica exige el arte de leer entre líneas –incluso ‘leer’ lo que jamás se ha escrito- hoy no sería para nada vano ni fantasioso sugerir que la victoria de Petro y la muerte de ‘Cano’ son dos goles que Chávez bien puede celebrar, mientras que ambos sucesos –o insucesos, según quiera verse- son dos goles en el arco de Santos –el de ‘Cano’, más precisamente, un autogol.

Sin embargo, la política es dinámica y no siempre las cosas son como parecen, y si lo son dejan de serlo por la fluidez con las que los actores políticos vuelven sobre sus pasos y atan y desatan los nudos con los cuales les toca lidiar. La pregunta del millón es ¿cómo utilizará Chávez la ventaja que Santos le sirvió en bandeja? No dudemos que la utilizará –en los próximos meses- en favor de su campaña presidencial al igual que se dispone hacer con el mandato del sucesor (‘su’ sucesor venezolano) de María Emma en Unasur. Así las cosas y con estos ingredientes 2012 será un año electoral en Venezuela y también lo será –por sus consecuencias- en Colombia. Si Santos es o no un gran jugador de póker nos aprestamos a verlo en acción ante Chávez cuando en 2012 sume o reste a los ‘intereses chavistas’ y al hacerlo sume o reste a la Paz de Colombia.

En cuanto a Petro no me choca verlo como alcalde y aspirante presidencial –tampoco como eventual facilitador de paz- pero lo que más me seduce de su ascenso político es su enorme significado como ‘desmovilizado’, como ‘hijo de un Proceso de Paz’ y la posibilidad que entreveo de abrir el juego –incluso en su Progresismo de amplia base popular- a la participación de los desmovilizados de las autodefensas cuyos líderes cumplen sus compromisos con Justicia y Paz y también aspiran a emular los pasos de Petro en la carrera política. Las orillas de origen son ciertamente opuestas pero las aguas que corren por su cauce no pueden ser otras que las de la legalidad y la democracia. Sobre las coincidencias o divergencias ideológicas del pasado casi todo está dicho pero sobre la confluencia de propósitos para construir la Colombia en paz del postconflicto todo está aún por proponerse, hacerse y escribirse.

Si desde una orilla el acento de hoy está puesto entre izquierdas o derechas, desde la otra el énfasis está puesto sobre federalismo o centralismo. ¿Contradicción insalvable o complementariedad deseable? ¿Desacuerdos insuperables o acuerdo sobre lo fundamental?

Por lo pronto, ya existe un primer gran acuerdo de hecho, no proclamado pero incontrovertible, entre el desmovilizado Petro, los desmovilizados de las guerrillas y los desmovilizados de las autodefensas: la guerra quedó en el pasado, el presente y el futuro pertenecen a la construcción política, justa y democrática. No sólo en Bogotá, en todo el país. No solo en los cascos urbanos, también en las zonas rurales.

Y lo más importante: incluir, argumentar, interactuar, confluir, también disentir, en la civilización del amor.


Así la veo yo.


Los 183 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com