marzo 13, 2012

186. Las ‘bacrim’, talón de Aquiles del ‘próximo’ proceso de paz

ASÍ LA VEO YO - Año 8

Restablecer diálogos con los ex jefes paras resultará cada día más necesario

Por Juan Rubbini

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“La razón es la propiedad mejor repartida entre los hombres, pues ninguno reclama más cantidad de ella, porque todos creen tener la suficiente” (René Descartes, Discurso del Método, 1637)


Mientras el país comenta –entre sorprendido e indignado- y la comunidad internacional se desayuna sobre el fenómeno de las ‘bacrim’ y su inusitada gravedad –también sobre el grado de influencia que habrían adquirido sobre buena parte de las Farc y Eln- no suena descabellado que, descubierto el ‘talón de Aquiles’ que afectará sin dudas cualquier intento de paz duradero y consistente, se restableciera con discreción pero con cierta premura el diálogo político entre el Gobierno y los ex jefes paras. Porque de aquellas verdades desconocidas del proceso de paz de Ralito hay unas sobre las cuales urge ahora hallar respuestas válidas a tantos interrogantes: ¿Cómo pudo haberse concebido tamaña creatura? ¿Cómo pudo haber sido el ‘parto de los montes’? ¿Cuáles sus intenciones, cuáles sus razones de ser? Porque así como los fusiles no sirven para sentarse sobre ellos, hay ciertas explicaciones ‘para la galería’, o ciertos recursos de la ‘propaganda guerrera’ que ni son verdades de a puño ni sirven para llevar a buen éxito los propósitos de pacificar el país y llegar bien fundamentados a la ‘solución política’.

¿Está Colombia madura para la paz? ¿Lo están sus bandos enfrentados, también los actores estatales? ¿Está Colombia preparada para conocer las verdades del conflicto armado? ¿Lo están sus múltiples actores armados para ‘auto-incriminarse’, denunciar y reparar a sus víctimas como lo están haciendo los desmovilizados ‘ex paras’ y ‘ex guerrilleros’? ¿Está Colombia madura para el arrepentimiento, el perdón y la reconciliación? Porque finalmente todo consiste en esto, tan sencillo y tan difícil, como esto.

Responder por la afirmativa -por el sí podemos- y actuar en consecuencia hará la diferencia entre la ‘solución política’ y la prosecución del conflicto. Si la respuesta es negativa –por el no podemos, o peor, no queremos- irá en contravía de aquello tan sabio de ‘acortar los tiempos de la guerra para alargar los tiempos de la paz’.

2013 establecerá ex - post si 2012 habrá sido el último periodo de alargue de la guerra, o si, por el contrario, habrá resultado apenas el año previo de transición hacia una nueva escalada del conflicto que ‘incendiará’ literalmente la campaña electoral de 2014 en Colombia. En otras palabras: 2013 nos dirá si Uribe es pasado o futuro.

Mientras no sepamos a ciencia cierta en qué derivará políticamente la grave enfermedad de Chávez de cara a las elecciones presidenciales de octubre, ni sobre qué carriles habrá transitado la previsible relección de Obama en noviembre, no podemos tener ninguna certeza sobre los escenarios políticos con los que habrá que contar la paz en Colombia a comienzos de 2013. Y esto porque las Farc son mucho más dependientes para sus decisiones estratégicas del régimen chavista que lo que suele considerar el común de los análisis y de lo que puede admitir públicamente la diplomacia colombiana. Y aquello también porque el Gobierno colombiano no es que haya modificado sustancialmente durante la presidencia de Santos su política de alineamiento con los Estados Unidos estructurada bajo la égida de la gran potencia.

En términos de Paz en Colombia 2012 será entonces, por lo dicho, un año electoral en ‘cuerpo ajeno’. La única humana certeza conque podemos contar es que en Cuba nada cambiará y seguirá siendo territorio propicio para uno que otro diálogo estrictamente reservado y confidencial entre las partes. Allí tiene embajada Colombia y también la tiene la guerrilla colombiana.

Si algún talón de Aquiles tiene esta fase inicial de aproximaciones sucesivas es lo que vaya a suceder en el territorio colombiano con la consolidación y expansión de las bacrim las cuales no cuentan –a diferencia de las Farc y del Eln- con ningún territorio extranjero ni diplomacia complaciente que recoja sus peticiones ni tenga a bien interesarse en sus planteos. Es en este sentido que los Estados Unidos podrían cumplir un rol generoso y eficaz con el tejido de una ‘solución política’ visto que en su territorio -y por ‘razones de Estado’ a lo Uribe- se hallan los principales líderes de las extintas Autodefensas. Lo que vuelve más estratégico y determinante el papel de los Estados Unidos es que la plana mayor de los negociadores de paz de las Autodefensas se halla casi en su totalidad en las cárceles norteamericanas respondiendo ante aquella Justicia por cargos relacionados con la financiación de su guerra antisubversiva con recursos del narcotráfico, mientras que simultáneamente responden a la distancia ante Justicia y Paz en la medida de sus menguadas posibilidades de comunicación y de las limitaciones presupuestales de la Justicia colombiana.

Si sumamos a esto que en los Estados Unidos también se hallan extraditados y encarcelados relevantes integrantes de las Farc por los cuales reclaman permanentemente la repatriación sus compañeros de armas en Colombia, encontramos que existen cartas importantes que podría sumar el Gobierno norteamericano a la construcción de acuerdos de paz en Colombia que deberán disminuir ostensiblemente la exportación de cocaína hacia aquel mercado lo cual en definitiva servirá directamente a la política antidrogas de los Estados Unidos.

El origen del eslabón perdido entre el viejo paramilitarismo desmovilizado en Ralito y las emergentes bacrim hay que situarlo en aquellas negociaciones fallidas, en aquellos acuerdos incumplidos, en aquella fatídica extradición que terminó de hacer saltar por los aires un proceso de paz cuya suerte se selló en el momento en que Uribe priorizó su relección en 2006 –montado sobre una estrategia de guerra en cual las ‘bacrim’ tendrían su espacio asegurado- por sobre la paz de Colombia que hubiera exigido como primer paso ineludible aquello que los Castaño y Mancuso habían comprendido muy bien y consistía en eliminar no solo las autodefensas del mapa de la guerra sino también los cultivos ilícitos que ellas habían llegado a controlar impidiendo que el fenómeno se reciclara como finalmente ocurrió y no precisamente porque no fueran los ex jefes ‘paras’ quienes lo advirtieran una y otra vez ante los oídos sordos y mesiánicos del Gobierno Uribe. Esta parte de la verdad de Ralito –la de la génesis del fenómeno ‘bacrim’ que en aquellos días se incubaba- es la que se pretendió ocultar con la extradición en mayo de 2008 y que ahora comienza a aflorar de boca de los ex jefes paras tras los acuerdos recientemente celebrados entre la Justicia de los Estados Unidos y la Fiscalía General de Colombia. El espíritu de verdad, perdón y reconciliación que contienen las versiones libres y testimonios de los postulados está muy lejos –afortunadamente- de cualquier supuesta ‘venganza criminal’ que perciben en sus declaraciones quienes insisten en confundir verdades con retaliaciones, y cumplimiento de la Ley de Justicia y Paz con persecución política. Lo que está en juego –nada menos- es la determinación fehaciente de la paternidad de las bacrim donde vuelve y juega el rol del Estado –el que alguna vez propició las Autodefensas, el que alguna vez estimuló las Convivir, el mismo que cayó en la tragedia de los ‘falsos positivos’ y el que tal vez –la hipótesis cabe- puede haber tenido más de una poderosa razón para restarle importancia a lo que entonces se estaba generando a ojos vista y hoy llamamos ‘bacrim’.

La verdad que hará posible la paz solo en parte lo es en materia judicial, también lo es –y de una manera no menos conducente- en cuestiones más directamente políticas, de cobertura del territorio, de cultura social y de afianzamiento de las instituciones y de las economías lícitas, y es sobre estas cuestiones centrales de organización del poder democrático que habrá que acordar entre unos y otros –antes enfrentados- con el Estado central y los Estados departamentales y regionales, reglas de juego post-conflicto que no se pueden siquiera concebir sin la participación y acuerdo de quienes conocen el territorio como la palma de su mano y que ejercieron durante años como ‘estados de facto’ el poder real allí donde el Estado nacional y departamental solo deambuló su ineficiencia, impotencia y también corruptelas y violencias contaminadas por unos y otros actores ilegales.

El camino hacia la ‘solución política y la habilidad política y diplomática del Gobierno colombiano llevará más temprano que tarde al presidente Santos –como cabeza visible del Estado- a enhebrar los hilos de la paz por las cabezas de diversas agujas comprometidas en el entramado de una misma tela multicolor y diversa donde, por diferentes razones ni Venezuela –con Chávez o sin Chávez-, Cuba y los Estados Unidos podrán estar ausentes, así como tampoco podrán ‘sacarle el cuerpo’ los máximos dirigentes de las organizaciones guerrilleras y de lo que han sido las organizaciones de autodefensa. Ni la ‘paz parcelada’ ni la paz de los ‘mutuos encubrimientos’ será eficaz para satisfacer tantas víctimas ni saciar tanta necesidad de verdad y comprensión.

Sano será entonces dejar de enarbolar las premisas falaces de los ‘chivos emisarios’ y evitar la tentación de revivir ‘frentes nacionales’ donde unos se inviten a dedo y se abracen a conveniencia y otros se excluyan por argumentaciones que solo satisfacen a quienes se benefician por ellas.

Tampoco podemos ser tan cómodos, frívolos y aprovechados de dejar todo exclusivamente en manos de la Justicia y lavarnos olímpicamente las manos acusando además de ‘politizada’ la Justicia. La Política con mayúsculas tendrá que obrar su parte en la construcción de Paz. Y no será un rol pequeño ni secundario. Finalmente la Política, la Política vapuleada tantas veces –y no sin buenas razones- tendrá que asumir su destino de hacer posible lo necesario, y la Paz en Colombia es tan necesaria como posible.

A grandes problemas grandes soluciones, y ante la dimensión del desafío suficiente cautela, reservada diplomacia y cero, cero exclusiones.



Así la veo yo.


Los 186 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com