julio 17, 2012

188. Si es para la Paz y la Unión continental, a votar por Chávez y por Santos



ASÍ LA VEO YO - Año 8

De los ‘puntos de encuentro’ a los ‘puntos de partida’
Por Juan Rubbini

En twitter: @lapazencolombia

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“El hombre que va demasiado lejos, que trata de ser y de tener más de lo que el destino le reserva, concítase inevitablemente la envidia de los dioses y corre a su perdición. El hombre o la nación que se hallan poseídos por el afán desenfrenado de autoafirmarse, son arrastrados en derechura a confiar temerariamente en sí, y con ello, a su destrucción. La pasión ciega alimenta la confianza en sí, y la jactanciosa confianza en sí mismos lleva a la ruina” (Frederick Copleston, Historia de la Filosofía)


¿No será que el Estado así como los actores armados ilegales del conflicto han llegado demasiado lejos en el afán de imponer su voluntad? ¿No será finalmente su propia desmesura la que acelere su final? Vivimos hoy un tiempo de reconceptualización  del curso del conflicto armado, cuyo desmadre y prolongación en el tiempo y extensión territorial ha derivado en barbaries tan grotescas y excesos tan oprobiosos que no hay rincón de Colombia donde no se haya reproducido la dialéctica del victimario y la víctima. De la común y nefasta experiencia acerca de lo que ha ido derivando en la guerra de todos contra todos urge obtener la hoja de ruta que permita la construcción de la paz de todos con todos.

No faltan quienes pronostican una guerra sin final, el eterno reproducirse del ciclo de retaliaciones en pos de continuar expandiendo el espíritu de la guerra en una suerte de infinito laberinto del cual jamás podrá Colombia hallar su salida pacífica.

Sin embargo, hay signos alentadores que nos permiten ser racionalmente optimistas sobre un giro de los acontecimientos en la dirección y sentido de la paz.

Favorable a la solución política del conflicto armado es el avance notable que han ido alcanzando los máximos líderes de las autodefensas desmovilizados en la Fiscalía y los Tribunales de Justicia y Paz, cuya determinación en favor de completar el tramo pendiente del proceso de paz iniciado con el Gobierno Uribe en 2002 no sucumbió ni siquiera ante las penas privativas de libertad y la extradición. Las dificultades han sido enormes en el desafío de andar un camino inédito tras las metas de verdad, justicia y reparación. No es el momento ni lugar de intentar un balance final pero los logros evidenciados hasta aquí son hitos históricos indisimulables, sobre todo si se los compara con la deuda pendiente que tienen todavía el Estado y las guerrillas con la sociedad en materia de verdad y reparación.

También juega en favor del comienzo del fin del conflicto armado la idea rectora del Presidente Santos sobre los calculados y pacientes pasos que hay que ir dando desde distintos ángulos y ejes de presión en la persuasión de Farc y Eln para que tomen la sabia decisión de acompañar la visión geopolítica continental alentada por UNASUR e inspirada por el liderazgo de Hugo Chávez, y así poder contar con su esfuerzo político para el diseño de un marco estratégico en el cual la democracia colombiana tiene mucho que aportar en el contexto suramericano desde su propia idiosincrasia y saber acumulado. En este sentido, los residuos ideológicos de las décadas vividas entre ‘guerra fría’ y guerra contra el narcotráfico y el terrorismo, han de someterse a las nuevas realidades y necesidades de los pueblos de América Latina para que los sistemas democráticos sean eficaces y no meros formulismos de ingeniería electoral y mecanismos clientelistas.

Si desde la aparición del ‘chavismo’ los afluentes de izquierda en Venezuela confluyeron en lo que ha dado en llamarse ‘socialismo del siglo XXI’ también es cierto que a partir de la Constitución del ’91 en Colombia los intentos de afianzar un régimen democrático cabal sostenido por una sana economía de ‘capitalismo social’ han visto las verdes y las maduras en su búsqueda de compatibilizar la justicia social con la libertad de empresa. No se trata, sin embargo, de persistir en acentuar las diferencias entre ambos proyectos hasta transformarlos en caricaturas donde descargar implacables dardos contra un modelo o contra el otro, sino más bien de avanzar hacia la síntesis que permita hallar y fortalecer los ‘puntos de encuentro’ donde lejos de encaminarnos hacia autoritarismos de derecha o de izquierda, podamos fomentar continuidad y alternancia democrática, fuerzas civilistas de libre oposición y con acuerdos sobre lo fundamental.

Por diferentes caminos y visiones ideológicas hoy resulta que Chávez y Santos han sabido encontrar un punto de encuentro –no sin tragar ambos y hacer tragar a ambos lados de la frontera algunos buenos sapos-. Pasar ahora del ‘punto de encuentro’ al ‘punto de partida’ exige perseverar en lo andado y plantearse desafíos más ambiciosos –en el buen sentido de la palabra ambicioso- lo que en clave política significa que tal como están las cosas ni es malo para la Paz de Colombia que Chávez sea reelecto en octubre, ni es malo para la integración binacional y continental que Santos sea reelegido en 2014.

Dicho lo anterior, sería un grave error político que las Farc y el Eln despreciaran la mano tendida por Chávez y por Santos, así como sería un grave error político que Santos –y también Farc y Eln- despreciaran la mano tendida por Mancuso y Cobos, en nombre de las autodefensas desmovilizadas, en su carta abierta del 30 de abril pasado, cuando manifestaron su decisión inquebrantable de llevar a buen puerto Justicia y Paz y colaborar incondicionalmente para acompañar entusiastas el proceso de paz que fuera a comenzarse entre el Gobierno nacional y las guerrillas.

Es una óptima señal que desde las distintas orillas del conflicto armado los Santos, los ‘Timochenko’, los Mancuso –y desde los pueblos hermanos de Venezuela y Ecuador sus gobernantes Chávez y Correa- se manifiesten tan abiertamente evidenciando el hastío por la prolongación de la guerra donde la expectativa por ganarla se ha vuelto irrealizable para unos y otros, y donde las víctimas que suman millones han comenzado a hacerse oír cada vez con mayor volumen y vehemencia invitando a que por abandonar la guerra cada actor del conflicto reciba su compensación en términos de penas alternativas y plenos derechos humanos, sociales y políticos. Todo ello a cambio de verdad, reparación y no reincidencia.

Manos a la obra colombianas y colombianos, que la construcción de paz ya comenzó.


Así la veo yo.


Los 188 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com