diciembre 06, 2013

212. El Presidente es rehén, pero no de las Farc


ASÍ LA VEO YO - Año 9

Estas son mis condiciones, las toman o las dejan, y si no de malas…

Por Juan Rubbini
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«Ser libre no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás» (Nelson Mandela)

El verdadero problema político de Santos no es que vaya a quedar rehén de las Farc sino que Santos sí es el rehén político de los partidos de la Unidad Nacional que lo sostienen desde el Congreso, es decir de las clases políticas que el país detesta, las del Proceso 8000 y del clientelismo rapaz entre otras bellezas que la tierra da.


Son, esas clases políticas desprestigiadas, voraces y retardatarias las que, oportunistas por naturaleza, cogieron al vuelo que ‘el tal proceso de paz’ de Santos y la orfandad política de Juan Manuel, el traidor -desheredado de Uribe-, constituyen la ocasión perfecta para reencaucharse y purificarse ante el elector primario con un baño reparador de imagen pacifista y reconciliadora. Lo acabamos de ver en la Convención Liberal y lo veremos muy pronto en el redil Conservador. ¿Otro Frente Nacional a la vista, ahora con las Farc a bordo?

A Santos, que no tiene caudal político propio, y a quien las izquierdas no votarán jamás, no le alcanzará en 2014 con su ‘partido de la reversa en U’ y las supuestas tercerías que, tapándose las narices y los ojos, votarán por su reelección –y las de sus titiriteros rojos y azules- contrariando toda lógica de renovación y cambio.

Que la suerte de Santos ha quedado en manos de lo menos recomendable de la politiquería colombiana no queda duda alguna, y si las Farc quieren integrarse a la democracia republicana con viento de cola no deberían hacer menos que poner pausa en La Habana –desensillar hasta que aclare- y esperar el inapelable veredicto de las urnas en marzo y mayo próximos.

Santos no logró su objetivo de cerrar el acuerdo con las Farc durante 2013 y ello le hizo perder el momentum de los astros alineados para presentar un hecho consumado, contundente e irrebatible, a los electores, foto incluida de los guerrilleros entregando sus armas, y firma de los acuerdos en letra indeleble y ad referéndum.

A partir de enero el centro de la discusión política y ciudadana no estará ya entre la guerra o la paz –entre guerreristas y pacifistas- como alternativas extremas en blanco y negro, sino matizado realísticamente por los grises y los contrastes de las condiciones posibles en las que eventualmente hacer la paz y las condiciones factibles en las cuales si no hay otra proseguir la guerra. Guerra que, dicho sea de paso, prosigue solo por la decisión de las Farc y del Eln y reductos supérstites de las desmovilizadas Auc, los cuales desafían el monopolio de la fuerza en manos del Estado y continúan alzados en armas por razones que más allá de su razonabilidad son manifiestamente ilegales y criminales, contrarias no solo a las leyes nacionales, sino también a las internacionales, léase también narcotráfico e incumplimiento del DIH. Por aparte, subsiste y subsistirá la delincuencia de todo tipo cuyo eje no gira sobre revolución o contrarrevolución, y sus conexos, para la cual habrá también que exigir propuestas de los partidos y movimientos políticos en búsqueda de atenuar sus efectos negativos sobre la población.  

Los márgenes de maniobra de Santos se han reducido y se seguirán reduciendo dramáticamente –y no por la Ley de Garantías, precisamente, sino por el fatal transcurso del tiempo. “Serán meses y no años”, había prometido. Lo morrongo y a cuentagotas de su negociación con las Farc ha producido el inevitable efecto, devastador para las aspiraciones de Santos, que ahora todo el mundo en Colombia –incluidos Uribe y Zuluaga- están de acuerdo en que hay que buscar la paz y dialogar con las Farc, pero sucede también ahora que todo el mundo comienza a ser consciente que las condiciones para quienes quieran abandonar las hostilidades ni pueden ser tan permisivas, ni tan blandas, como el Presidente sigue pregonando que deben ser, con el peregrino y deleznable argumento de que la Justicia no puede ser obstáculo para la Paz.

¿No será por el contrario de cómo la ve Santos, que cada día que pasa los colombianos son más conscientes que la Paz  no puede ni debe ser obstáculo para la Justicia, como tampoco puede ni debe ser la ideología un incentivo para la guerra? Y que entonces la Paz será imposible sin el previo sometimiento a la Ley, a la Justicia transicional, a la Constitución, y también la correspondiente firma y cumplimiento de los acuerdos. Todo esto, no pasando por encima de la Ley, de la Justicia transicional, de la Constitución. Son los ilegales los que deben entrar en la legalidad, y no la legalidad la que debe acomodarse a las exigencias, y mucho menos a los chantajes, de los ilegales.

Me temo por él –hombre sano de intenciones- que Santos ha ido ingresando al peor de lo mundos: el de la pérdida de credibilidad cuando más la necesita… y ello lo vuelve cada día que pasa un poco más rehén de las clases políticas que la ciudadanía desprecia, cada día un poco menos confiable para las Farc que perciben cómo su interlocutor al perder credibilidad se vuelve más débil e impotente para sostener sus promesas en la mesa, y finalmente, cada día que pasa más pobre de argumentos frente a las derechas, frente a las izquierdas, frente a las tercerías a las cuales cada vez les resulta más impopular e impresentable pregonar que Santos merece la reelección.

En definitiva… el poder de chantaje de las Farc se diluye hasta extinguirse, en la medida en que las condiciones a partir de las cuales construir la paz ganan peso y prioridad en la ciudadanía por sobre las urgencias de la paz a cualquier precio… y recurrir en este escenario al recrudecimiento de las acciones terroristas pondría a las Farc en la antesala inminente de otro final como el del Caguán. Y esta vez sin Chávez…

Lo sugestivo de todo esto es que podríamos asistir el 7 de agosto de 2014 o incluso unos meses antes, a un Presidente electo, o reelecto, aún antes de posesionarse, que hablando claro y sin rodeos les dice a las Farc: o lo toman, o lo dejan, pero estas son mis condiciones y si no las aceptan, de malas.


Así la veo yo.


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noviembre 15, 2013

211. La Paz pende de un hilo, ojo con tragar entero


ASÍ LA VEO YO - Año 9

El Papa y Uribe amenazados por el combustible de la guerra

Por Juan Rubbini
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«Conocemos la verdad no solamente por la razón, sino también por el corazón» (Blaise Pascal)


Si nadie se muere en la víspera nunca existió tal posible atentado; solo hipótesis, nada cierto dirán los despistados, los manipuladores y los camuflados vestidos de civil

Entre los hechos noticiosos de alto impacto, su origen y sus motivaciones, siempre habrá más de una interpretación. Y entre los intérpretes no faltan nunca los manipuladores, los que pescan en río revuelto y también los que le huyen a la verdad tanto como les aconsejan sus intereses.

Esta semana, los medios masivos de comunicación internacionales se han hecho eco de dos hipótesis: un posible, presunto atentado, que se estaría organizando contra la vida del Papa Francisco, y un posible, presunto atentado, que estarían planificando contra la vida de Álvaro Uribe. En el primer caso las sospechas se orientan hacia la mafia calabresa, la ‘ndrangheta. En el caso del expresidente, los indicios apuntan hacia las Farc.

¿Se trata solo de hipótesis, existen pistas serias? Puede que sí, puede que no. Puede que sí el riesgo sea real, puede, en cambio, que los magnicidas sean los mencionados, u otros. Una vez entrados en el tren de las hipótesis ya nadie tendrá certeza alguna, y seremos bombardeados mediáticamente por diferentes hipótesis cada una de las cuales vendrá con su sello y su intencionalidad; el común denominador será el rédito político o económico de una multiplicidad de personajes. Entre los cuales, naturalmente, estarán las posibles, hipotéticas víctimas y los presuntos, hipotéticos victimarios. Perdidos en este laberinto de interpretaciones, nos resignaremos una vez más a que la verdad verdadera no se conozca, y si se conoce, no se la crea.

Atemos algunos cabos, en tren de hipótesis, claro. Al Papa Francisco lo quieren asesinar aquellos que se sienten perjudicados en sus intereses económicos por la reingeniería que el pontífice está realizando en las finanzas vaticanas, infiltradas por dineros mafiosos producto del lavado de dinero del narcotráfico globalizado. Al expresidente Uribe lo quieren matar aquellos interesados en hacer saltar por los aires el Proceso de Paz con las Farc porque entienden –los presuntos victimarios también hacen sus hipótesis- que la negociación habanera pone en riesgo el futuro del negocio del narcotráfico en Colombia. Es decir, por ambos extremos del hilo –los cultivos ilícitos y el lavado- la cuerda se estaría tensando de manera inaceptable –para sus negocios ilícitos- con las reformas que intenta realizar Francisco en Roma y con la dejación de armas que intentan hacer las Farc.

Llegados a este punto, las hipótesis se multiplican y entramos en una selva de conjeturas. Pero algo resulta obvio de todo esto y se ubica en un contexto: la Iglesia está dividida frente a Francisco y sus pretendidas reformas, sobre todo las económicas pero también sobre el rol de la Iglesia en el mundo –el tal monolitismo nunca existió en El Vaticano, y menos existe en estos días- y las Farc tampoco son hoy la organización monolítica que si alguna vez lo fueron, en los primeros tiempos de ‘Tirofijo’, hace años ya que no lo son.

Dejemos en manos de Dios y su divina providencia cómo sigue la historia en la Iglesia, augurándole larga vida a Francisco y éxito en su misión de pastor universal de las almas católicas, en las huellas de Cristo.

Volvamos a Colombia, cuyo proceso de paz viene de transitar un largo camino desde los tiempos del M 19, del Epl y demás desmovilizados de los últimos veinte y pico de años, incluidas las Auc. Y aquí nos encontramos con la verdad monda y lironda: que los negociadores de las Farc están llegando al mismo punto donde llegaron las Auc entre 2002 y 2006: Seguridad jurídica, seguridad física, garantías para el ejercicio de la política, presencia del Estado y sus funciones y responsabilidades sociales, económicas, judiciales en las zonas de influencia de los actores del conflicto. Y el quid de la cuestión para acabar con el combustible que alimenta la guerra: la colaboración de los desmovilizados para sustituir los cultivos ilícitos por proyectos productivos. Humberto De la Calle hoy es Luis Carlos Restrepo de ayer, Santos hoy es Uribe de ayer, Timochenko hoy es Mancuso de ayer. La diferente ideología es para el caso vana literatura, no hace al fondo de lo que está en juego, la guerra o la paz. La clase política es la misma de siempre, y la Justicia funciona como funciona. Habrá quienes sigan adelante y acaben firmando su paz con Santos o con Uribe más adelante, y habrá quienes prefieran desligarse de su pertenencia y convertirse en Facrim. De bacrim y facrim está regado ya el territorio nacional - y también los vecinos países complacientes que hacen negocios con ellos.

¿Hay remedio para tamaña enfermedad? Lo que faltan no son remedios sino médicos juiciosos que acierten en el diagnóstico y en el tratamiento a seguir. Que los negociadores farianos de La Habana jalen para los lados de la Paz a quienes usando su uniforme permanecen en Colombia rehenes del narcotráfico… o los denuncien con pelos y señales. Que Uribe se comprometa de inmediato a no interrumpir los diálogos de la Habana si su candidato llega a la Presidencia… Que no se le sigan poniendo talanqueras y les faciliten trabajar para la Paz a los líderes desmovilizados de las Auc –los que permanecen presos en Colombia y los que quieren ser repatriados desde Estados Unidos.

Y que, last but not least, el Gobierno de los Estados Unidos, se meta de lleno en el proceso de paz y proporcione su voluntad política y su músculo financiero para poner sobre la mesa todo lo que tiene que poner para que su Justicia, su economía y sus armas y sus dólares no acaben siendo el mayor impedimento que acabe condenando a Colombia a cien años más de narcotráfico, farcrimes y bacrimes mediante.

Por eso necesitamos vivos y en Pie de Paz al primer Papa Latinoamericano que está que se juega por bendecir con su presencia los Acuerdos Definitivos de la Paz de Colombia y a Barack Obama para que honre su mandato presidencial con lo que Colombia entera anhela. El único enemigo estratégico de la paz en Colombia es el narcotráfico globalizado. Con sus atentados, corrupción e insidias quiere impedir a punta de crímenes, falsas hipótesis y desinformación la paz que no solo quiere Santos, la quiere Uribe, no tengamos dudas, pongámosle la firma.

A diferencia de otras oportunidades similares, el Presidente Santos no apeló esta vez a la equívoca mención de la ‘mano negra’. Bienvenida la ausencia de eufemismos al mencionar expresamente a las Farc cuando se tiene la información precisa.

El expresidente Uribe no entró esta vez en el estereotipo guerrerista de solicitar el rompimiento de los diálogos. Se limitó a mencionar Uribe que las condiciones del diálogo  serían modificadas en caso de acceder Zuluaga a la Presidencia pero que no ha pasado por su mente que el proceso con las Farc se acabe. Se trata de enderezarlo no de quebrarlo. Y sobre esto último no es de descartar que a estas horas también los negociadores de las Farc coincidan con algunos de los diagnósticos y recomendaciones de Uribe. Lo importante no es el color del gato sino que cace ratones.

Estamos apenas en el principio del comienzo, pero el presente permite disfrutar un optimismo creciente en torno a que la Paz es Posible y no tan lejana… aunque sus enemigos han quedado evidenciados en Roma y en Bogotá… son enemigos poderosos y están acostumbrados a salirse con la suya.

Por esto y mil cosas más, ojo con algunas hipótesis, que disfrazadas de mansos corderos, vienen con su puñal y su veneno, el arma letal de su desvarío y su hipocresía.


Así la veo yo.


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noviembre 08, 2013

210. La ‘Habanalización’ del mal


ASÍ LA VEO YO - Año 9

El arte de la paz, la patria por encima de los violentos

Por Juan Rubbini
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“La reflexión profunda de Arendt es que los peores ante el mal no son únicamente los que lo planifican, ni los ingeniosos estrategas de “la solución final”, ni los constructores de las cámaras de gas. Para Arendt los peores también son los que, siguiendo un pensamiento incapaz para la reflexión, cumplen las órdenes recibidas con una perfecta diligencia, es decir, los burócratas; aquellos que piensan que lo importante es el sistema. Durante cuatro años trabaja, marcada por la controversia y la incomprensión, escribiendo un libro titulado “Eichman en Jerusalem, Un estudio sobre la banalización del mal” el cual, por sus argumentos y afirmaciones, provoca inmediatamente un escándalo internacional, especialmente en la comunidad judía. En él llega a afirmar que algunos dirigentes del pueblo judío fueron cómplices también de esta destrucción, y que con la misma actitud burocrática, no evitaron el daño” (Gabriel Cortina)

Si las cosas fueran lo que parecen el arte no sería posible. Todo sería apenas lo que aparece, cuadriculado, rígido, inmutable. No habría espacio para la imaginación, para la humanidad, para el sueño. Todo estaría previsto, regimentado, pulcro y segmentado. Acotado y silente. Resignado y vivo, pero muerto.

En cambio, no. Las cosas no son lo que parecen y el arte sí es posible. El cambio fluye, es lo que hay, todo el tiempo, cambio, solo cambio, a cambio de nada. Nada está previsto, nada está limpio. Bulliciosa y contradictoria, es la vida, no la muerte.

Me gusta el Santos que quiere la paz. No me gustan los que quieren la guerra. No me gusta el Santos que acota la paz, que la siente suya, cuando es de todos. Me gustan las Farc cuando ponen el dedo sobre la llaga. No me gustan las Farc cuando revuelven el dedo sobre la herida. Me gusta Uribe cuando no se vuelve rehén de sus arrebatos de poder. No me gusta Uribe cuando bota al mar las llaves de la paz. Pero todo cambia, y tal vez por eso, solo por eso, la política me gusta. No por su coherencia obcecada sino por su cambio de frente, por su mirada amplia donde cabe también la mirada del otro. No como profesión, sí como espectador, que espera de la política, cambios de rumbo, piedad por el que sufre, mano tendida al corazón del adversario, humildad sobre lo propio, reconocimiento sobre lo bueno del de enfrente. Enfrente que digamos también suele ser nuestra propia imagen sobre el espejo que alza el otro en su bandera.

Que haya derechos para la oposición no alcanza, tiene que haber derechos también para los opositores de la oposición. ¿O vamos a institucionalizar oficialismos nuevos, monopolios ‘made in Cuba’? Que los combatientes de la guerra dejen de serlo es tan bueno cuando son de izquierda como cuando son de derecha. Si para unos se abren las puertas de la libertad para los otros también. No porque sean de las Farc, o hayan sido del ejército, o de las autodefensas, ni de los paramilitares, solo porque son individuos, personas, ciudadanos que tienen los mismos derechos humanos y los mismos deberes humanos. Todos pecaron por la paga –todos-. Ninguna guerra es gratis, ningún combatiente se alimenta solo de altruismo, tampoco paga sus armas la sola ideología, ni el estar a favor o en contra de algo o de alguien. Todos mataron por alcanzar el poder y más allá de sus intenciones –que todos las tenemos- todos tomaron en sus manos la vida del prójimo, todos hicieron mal, todos se equivocaron. Perdonarlos no será nunca una obligación, pero darles el paz y salvo, a cambio de su abandono de la guerra, siempre será una necesidad. Y sobre esto Uribe y Santos saben que se trata de una carambola a tres bandas: la banda de las Farc, la banda del Eln, la banda de los ‘paras’. Y sus aliados, claro, Que no se hacen guerras sin aliados, ni pueblo que las cobije, ni Estado que se haga el sordo, el ciego, el mudo. Estados como el colombiano, pero también el soviético, el cubano, el venezolano, y el de Estados Unidos, no podía faltar.

Me gusta cuando Santos pone sobre la mesa la necesidad social de la paz. Me gustan las Farc cuando aceptan que esta guerra se tiene que acabar. Me gustan las Autodefensas que entregaron sus armas y aceptaron finalmente pagar cárcel –ocho años de cárcel- cuando en Ralito exigían penas alternativas y ni una hora de cárcel. Me gusta el Uribe que empezó su proceso de paz pretendiendo legitimar el Estado –manchado de paramilitarismo desde tiempos inmemoriales- y quitando de la guerra a las Auc, sabiendo que la paz era un proceso a tres bandas, y que comenzaba primero ‘por casa’, por ‘Casa Estado’ –y sus aliadas Autodefensas- para seguir de inmediato con Eln y Farc, en ese orden. No me gusta Santos cuando se desentiende de los compromisos acordados por su antecesor en Ralito. No me gusta Uribe cuando se desentiende de sus propias propuestas de paz en 2002, manifiestas en Ralito entre 2002 y 2006. Y no me gustan las Farc, ni el Eln, ni las Autodefensas cuando no ponen sobre la mesa la necesidad histórica de sentarse a dialogar también entre ‘ilegales’ de ayer y de hoy, para acordar, y afianzar un proceso de paz integral, sin exclusiones, sin sectarismo, sin vencedores ni vencidos.

De todas las fantasías humanas tal vez sea la de Dios la más insondable y poética. Y de allí para abajo tal vez la paz también sea, particularmente en Colombia, de esas fantasías humanas no tan insondables como la existencia de Dios pero poética como las que más, cuando traslada la idea de paraíso a la tierra, volviendo terrenal y posible el arte de hacer la paz. Arte de la paz que no cabe dejarlo solo en las manos de los guerreros, de los políticos, de los que buscan algún beneficio a través de la guerra, sino en manos de quienes son y se sienten artistas, artistas de la vida, no de la muerte.

Si las cosas fueran lo que parecen el arte no sería posible. Tampoco el arte de la paz. Por esto, por amor al arte, prefiero apostar por el Santos que no veo pero que intuyo. Apostar  por el Uribe que defraudó a muchos pero por quien muchos todavía creen, y creen mucho. Apostar incluso por las Farc que están convencidas que matan por sus ideales cuando en realidad asesinan sus ideales cuando matan a sus víctimas. Apostar en fin también por militares y autodefensas, paramilitares y elenos, por su capacidad de alzarse sobre todo pasado y ser artistas sobre sus vísceras, sus almas, sus personas; no porque hayan errado han perdido el derecho de acertar y regresar a casa, en paz, sin armas, sin odios.

De todos los males que Santos y las Farc nos deben librar el principal es el de ‘LaHabanalización’ del mal… de volverlo negociable, superficial, trivial, digerible, como si cincuenta años y más de insensatas guerras no exijan otra cosa que ponerle fin, de una vez y para siempre, sin chantajes, sin retórica, sin recompensas. A ponerse en la fila de la democracia, no de primeros, ni de segundos, de últimos, pero en igualdad de condiciones. Borrón y cuenta nueva. Pero ay de ellos si reinciden en el mal. Porque no tendrán otro perdón, es ahora o nunca.

Con el paz y salvo en la mano, con los mismos derechos y deberes que todos. Ni uno menos ni uno más.

Entonces sí, al fin, podremos regocijarnos y decir sin mentirnos, ‘la patria por encima de los violentos’.
  

Así la veo yo.


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octubre 24, 2013

209. El que no hace los goles los ve hacer


ASÍ LA VEO YO - Año 9

Colombia está pariendo un ‘bipolarismo’ nuevo, solo falta legitimarlo en las urnas
Por Juan Rubbini
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Santos, Farc, Vargas Lleras… ¿habrán oído alguna vez aquello que dice “el que no hace los goles los ve hacer? Porque Colombia entera está exigiendo goles. Y goles son amores, no buenas razones.

¿No será acaso que lo de La Habana no convence a Colombia por su falta de genuina representatividad? Pregunto en voz alta: ¿será que a la hora de las definiciones, ni Santos representa mayoritariamente a la derecha, ni las Farc representan mayoritariamente a la izquierda? Me refiero a si no será en cambio que se representan solo a sí mismos, sus propios intereses, y obsesiones... ambos minoritarios  Y que hay otra derecha y otra izquierda que ya se ganaron mayoría de edad en Colombia. Preguntas que uno se hace intentando comprender ¿por qué si Colombia quiere mayoritariamente la paz, mayoritariamente no está de acuerdo en quiénes, cómo y qué se está negociando en Cuba?

En 2014 el histórico bipolarismo a la colombiana podría estar destinado a sustituir sus actores tradicionales… lo que ha sido entre ‘liberales’ y ‘conservadores’ estaría a un tris de convertirse en puja por el poder entre ‘polistas’ y ‘uribistas’. Si Santos está convencido que a la segunda vuelta presidencial llega porque llega puede quedar totalmente desairado en sus cálculos… si se da lo que comienza a ser premonición a voces… que uribistas y polistas, o uribistas y polistas, disputarán la segunda vuelta. El futuro político de Santos sería –paradójicamente- el de ¿liderar? las tercerías… y contar para ello con los negociadores de La Habana y sus simpatizantes, los unos y los otros. Que los une no el amor sino el espanto, pero algo es algo, algo los une.

La izquierda se ha ganado un lugar destacado en la política colombiana y lo ha ganado a pesar del contrapeso de las guerrillas, que no han hecho la revolución ni menos han sido altruistas pero sí han espantado –y siguen espantando- muchos votos -¿millones?- que de no existir las Farc habrían engrosado el caudal electoral de las izquierdas. Para la derecha dura en Colombia, nada mejor que las Farc, santo remedio a sus evidentes limitaciones.

La derecha ha conseguido con Uribe desligarse del lastre de la hegemonía conservadora y ha ganado 2 presidencias con su liderazgo en 2002 y 2006 a pesar del contrapeso del ‘paramilitarismo de Estado’… a pesar de la derecha armada –y no con sus centenares de miles de votos como insisten algunos-, centenares de miles de votos que no alcanzan a resultar decisivos a la hora de contar los millones y millones de votos que recogió Uribe en la década pasada.

Pero en 2014 y con las autodefensas ya desmovilizadas el ‘uribismo’ podrá llegar a la segunda vuelta, incluso ganar en primera vuelta si acierta al escoger un candidato moderado, sin necesidad de ninguna ‘votación atípica’ sino con millones de votos ‘típicamente’ de derecha y uribistas. Y no pocos centristas que nunca serán ‘furiuribistas’ pero que votarán a Uribe aunque más no sea para castigar a Santos.

El Polo ha recorrido ya un ancho y largo camino –por años- de diferenciación política y de compromiso leal con los principios democráticos respecto a las Farc y el Eln. Trayectoria que se ha profundizado y manifestado elocuentemente durante la presidencia de Santos. Nadie puede pensar seriamente a estas horas que Farc y el Polo –y los progresistas de Petro y de Navarro- no compiten arduamente entre sí para liderar la izquierda y hacer triunfar sus banderas. Se distinguen y contraponen entre sí nítidamente y además, no comparten en absoluto para el siglo XXI aquello de la ‘combinación de todas las formas de lucha’.

Paradójicamente entonces, ante la reafirmación ‘uribista’ y la afirmación del Polo, la tercería en 2014 le corresponderá liderarla a Santos, aglutinando tras de sí al ‘antiuribismo’ visceral, al centrismo vacuo que no es ‘ni chicha ni limoná’… y a los negociadores de La Habana que no a las Farc que dan la pelea en Colombia y a estas alturas están tan cerca de La Habana como las ‘bacrim’ lo están de las autodefensas desmovilizadas y en Justicia y Paz.

La habilidad de ‘uribistas’ y ‘polistas’ radicará entonces en ganarse los votos y la buena voluntad y credibilidad de quienes no quieren más guerras, ni más polarizaciones extenuantes ni más retórica ‘políticamente correcta’ pero ‘políticamente insustancial’. Y también radicará en saber enfrentarse entre sí –‘uribistas’ vs. ‘polistas’- con altura democrática, con argumentos convincentes y con el don del respeto mutuo de la diversidad que encarnan. Y el respeto a todos los demás, claro.

Colombia tiene mucho y bueno por ganar en términos de gobernabilidad, de consenso y de bienestar social si el nuevo bipolarismo en ciernes, entre ‘uribismo’ y ‘polismo’, entre derechas e izquierdas, pone en el centro de la discusión la necesidad de alcanzar la paz, el derecho de acabar con las injusticias sociales y los beneficios de la alternancia democrática por encima de cualquier sectarismo, unanimismo y coerción. Hasta lo de la ‘reelección’ presidencial inmediata tendrá que ser revisto y acordado por el nuevo bipolarismo.

Más que hacia partidos dominantes, o ‘clientelistas unidades nacionales’ veo a Colombia orientarse hacia sanas coaliciones amplias y representativas, participativas con el clamor popular, donde derecha e izquierda sean opciones válidas pero no excluyentes, opuestas pero no enemigas.

Quiero imaginar –y hago votos- que en el ámbito de esas amplias coaliciones democráticas haya espacio y representación suficiente para que quienes desmovilizados de los grupos armados enfrentados durante décadas quieran participar en política, hacer oír su propia voz y dejar constancia activa sobre que jamás de los jamases regresarán a tomar las armas, a ofender y lastimar a nadie. También las víctimas, todas las víctimas, tendrán que ser escuchadas y tenidas en cuenta.

Ojalá se verifique cuanto antes, entonces, aquello de ‘cambiar las balas’ por las palabras, la democracia asediada por la democracia fortalecida.

Sin discriminación, sin exclusiones, sin favoritismos.

Para lograr esto el Polo y los ‘uribistas’ tienen la primera palabra. No son los únicos pero es con ellos con quienes la cosa se pondrá en marcha. Pasa principalmente por ellos, por su iniciativa y acuerdo. No por Santos, no por Farc. No ahora, al menos.

Y que truene el escarmiento, también el perdón, que la voz del Pueblo, tenga la última palabra.

Que se haga la luz, por favor, que se haga auténtica Justicia, por Dios.


Así la veo yo.


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octubre 15, 2013

208. Las vueltas que tiene la vida, ¡mi Dios!


ASÍ LA VEO YO - Año 9

Con el diario del lunes es más sencillo acertar

Por Juan Rubbini
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“A los que andan por la vida arruinando la de otros, y luego siguen como si nada RECUERDEN: la vida es un círculo, todo vuelve y te pega donde más te duele” (Mafalda)


Con el diario del lunes es más sencillo acertar… No desdeñemos, por esto mismo, por la necesidad imperiosa de acertar, la importancia de los diarios del lunes. Al menos estaremos a tiempo de arribar en mejores condiciones al domingo siguiente. Y al inevitable lunes que aún es futuro. Nuestro futuro.

Las Farc se equivocaron feo de estrategia en La Habana.



Decidieron escoger el camino más largo y culebrero, al emprender ‘una intrincada maniobra de movimientos dialécticos y posiciones ladrilludas’ frente a la guerra y la política, cuando debieron haber abreviado y simplificado su lenguaje colocando sobre la mesa una sola cuartilla sobre su eventual no reclusión y no extradición, sobre su participación en política y sobre su entrega de armas y desmovilización. Una propuesta sencillísima de entender, un plazo rapidísimo de aplicación y un ‘mea culpa’ sobre errores y horrores que jamás debieron haberse cometido. Por primera vez en mi vida creo que coincido con Ernesto Samper Pizano, ‘una paz espress’, no cabía otra. No cabe otra.

El diario del lunes no hace más que confirmar lo que no pocos ‘influyentes’ –a derecha e izquierda- presagiaban malévolamente para los ‘paras’… que Uribe y Auc podían acordar sobre ‘el reconocimiento político’, las ‘cárceles rurales’ y ‘las penas alternativas’ lo que quisieran… que el Congreso ‘parapolítico’ podía avalarlo… pero que el mundo no lo dejaría pasar. Entonces, se felicitaban por ello, brindaban por ello, escupían hacia arriba… hoy se lamentan, pero no pueden evitar la saliva que  desciende sobre sus hombros por pura ley de gravedad.

Es que con el antecedente tan cercano de los ‘paras’ en Ralito… Que hasta la Corte Penal Internacional aceptó. Verdad, Justicia y Reparación. Que validó la OEA, ambientó la Iglesia y hasta Vivanco y la ONU terminaron por validar. ¿Cómo hacer ahora borrón y cuenta nueva con lo que Santos dizque ofreció y las Farc ni siquiera… ni siquiera salieron a apoyar, como si sintieran ‘vergüenza ajena’…?

¿Imaginaron las Farc que con ellos la cosa sería diferente? ¿Quién se los hizo creer? Lo increíble e imperdonable es que Santos también creyera que con las Farc podía ser diferente.

La palabra clave aquí es ‘desmesura’… ‘desmesura’ de Santos al ofrecer lo que no está en sus manos ofrecer… ‘desmesura’ de Farc al exigir aquello que no hay en el mundo quien le pueda conceder.

Soy de los que cree que esta vez las Farc sí quieren la paz, sí quieren dedicarse a otra cosa distinta que ‘hacer la guerra’… pero alguien tiene que hacerles entender que ¡unilateralmente y ya! basta de ilegalidad, de violencia, basta de ‘armas tomar’, basta de chantajear y extorsionar… quédense a vivir en Cuba o dónde les plazca pero si vuelven a Colombia que no sea para ‘enfusilarse’. Firmen el empate, que hasta perder en La Habana les dará más derechos que vencer.

Y Santos… no veo por dónde tendrá la oportunidad de un segundo mandato presidencial. Porque si se sentó a conversar con las Farc para ofrecerles algo más que lo que Uribe prometió a las Auc (y esto, lo de Ralito, ya es hora que el País lo sepa, tal como fue, sin tapujos, ni agregados ni quitas)… sus razones habrá tenido, pero que la embarró, la embarró… y como si los tuits de Uribe no fueran suficiente dolor de cabeza ahora penden sobre su cabeza las ‘amenazas’ de Timochenko de contar ‘las verdades’ del proceso.

Si Santos no se fue de boca, si no prometió a las Farc otra cosa que lo que la Corte Penal Internacional –y la OEA, y la ONU, y HRW- ya aceptaron como mal menor… en un caso para quitar de la escena del conflicto armado el ‘paramilitarismo’ de las Autodefensas, y en otro para borrar las Farc del mapa de la guerra, se le está acabando al Presidente el tiempo de manifestarse y poner claridad sobre tan delicada materia. Así mataría tres pájaros de un tiro… sacaría del ‘limbo’ el proceso con las Autodefensas, sinceraría el proceso con las Farc y sentaría las bases del proceso con el Eln.

Asunto de vida y muerte, claro. Porque de eso se trata la guerra, el conflicto armado. De matar o morir se trata. Y si sobre algo hay unanimidad en Colombia es que esta ‘carnicería fratricida’ debe terminar cuanto antes. Las autodefensas lo comprendieron entre 2002 y 2004… y los sobrevivientes encarcelados están que salen en libertad, están que aguardan ser repatriados… han declarado que se la juegan toda por vivir en un País en paz. Ellos hicieron su parte en cuestión de someterse a Justicia y Paz –lo siguen haciendo- ¿tanto les cuesta a las Farc y al Eln hacer lo mismo? Y no digo siquiera de entregarse para que los metan presos ni de someterse a la extradición sino de dar por terminada su ‘guerra de posiciones y movimientos políticos en La Habana’ y sus hostilidades en Colombia para reconocer de una vez y para siempre que ya no tiene ningún sentido, ninguna lógica, ningún futuro, seguir apostando por la guerra. Y que ni locos se meten en otra guerra, ni continúan en esta.

Perder en este caso, sería para las Farc no ya ganar un poco (a lo Maturana) sino ganar muchísimo. Nada menos que ganar la batalla por la Vida, con mayúscula. Y eso sí que Colombia y el mundo se lo reconocería, sus víctimas también. Como empieza a suceder, paso a paso, y muy lentamente, con los desmovilizados de todos los grupos que ya emprendieron el camino felizmente sin retorno hacia la vida, la libertad, la familia.

Mientras tanto, cada día avanzan políticamente los uribistas… y no porque hayan sido maravillosos, sino porque quienes gobernaron antes y después que ellos, no fueron mejores. Y eso les da suficiente margen y votos para seguir compitiendo con posibilidades enormes de ganar. Y esto ya es sabido en La Habana, en Colombia y démoslo por seguro, en Washington también.

Si Uribe acierta en el modelo de negociación a ofrecerle a Farc y al País pone Presidente en 2014… por el lado más impensado puede estallar la paz.

Las vueltas que tiene la vida, ¡mi Dios!


Así la veo yo.


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octubre 01, 2013

207. Hasta donde sea posible: ‘políticos’ abstenerse


ASÍ LA VEO YO - Año 9

Entre Navarro, Vargas Lleras y Zuluaga está ‘el man’

Por Juan Rubbini
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Comenzado el mes de octubre, seamos ‘realistas’ y simplifiquemos los términos de la ecuación política… ‘eliminemos’ en ambos lados ambos candidatos Santos… ¿qué nos queda? El Polo, sí, claro, el Polo… pero ¿alguien piensa ‘seriamente’ que el Polo ganará una elección presidencial en los próximos años? Ni Clara López –con los pies sobre la tierra- prevé un escenario de ese tamaño. Tampoco Robledo –político inteligente y capaz.

¿Quién nos queda? Navarro, Vargas Lleras y Zuluaga. Presidenciables los tres. Representativos los tres. Buena gente los tres. ¿Los tres? Asumamos por un momento que sí. Que los tres son buena gente, que son presidenciables, que son representativos.  

A partir de 2014 Uribe será Senador de la República. No estará muy solo que digamos, en el Congreso, sino todo lo contrario. Entre uribistas y antiuribistas lo convertirán en el centro del debate nacional. Recordemos que para un uribista no hay nada mejor –políticamente- que un antiuribista. Los uribistas votan por Uribe y los antiuribistas se encargan que a Uribe no le falten votos. Paradojas de la política.

¿Por quién ‘votarán’ las Farc no teniendo a Santos candidato? Nunca por Navarro. Extremista de izquierda que se precie de serlo no vota por la izquierda –menos por el centro izquierda-, menos por Navarro. ¿Entonces por Vargas Lleras? Ni locos que estuvieran, si hay un político en Colombia que por definición no es del gusto de las Farc es Vargas. Vargas Lleras tampoco es del gusto de los uribistas ni lo será de los ‘santistas’ si lo ‘traiciona’ al Presidente.

Zuluaga. Las Farc votarán por él. Apuesto cien contra uno. Nada más político para las Farc que sentarse a negociar con Uribe. O morir echando bala contra Uribe. Otra paradoja de la política. Nada mejor para las Farc que jugarse a todo o nada con quien representa la otra cara de Colombia, el reverso de su medalla. A ‘vencer o morir’ contra Uribe en una mesa de negociación o en el monte. Con el que es. Con quien también quiere ‘revolucionar’ a Colombia, no desde la extrema izquierda, pero sí revolucionar a Colombia. Si de ‘refundar el Estado’ se trata nadie mejor que la fórmula Uribe-Farc. Para acordar sus términos –de largo, de ancho y profundo- nada más ‘revolucionario’ que lo que puede surgir de una negociación ‘mano a mano’ – sin cartas marcadas - entre Uribe y las Farc.

Y no estoy hablando de Uribe el político –que vaya si lo es, para bien y para mal. Político que se precie no carece de su buena dosis de politiquería. Que lo digan si no los ‘paras’… Comenzaron negociando con el Uribe político –hasta estadista si se quiere, y acabaron negociados por el Uribe politiquero lanzado a la reelección. Lo dice la letra de un tango: ‘hoy un juramento, mañana una traición’. Amores de estudiante en Ralito, La Ceja, ‘paredón y después’ – ¿hasta cuándo? - en cárceles de Colombia y de EEUU. Antecedente funesto que hoy no deja dormir ni razonar tranquilas a las Farc. Sobre tal antecedente Uribe tendrá que reflexionar y pronunciarse. Para remover la piedra del Peñol que pesa sobre su capacidad y voluntad de acordar la Paz.

Prefiero apelar aquí al Uribe expresión de un Pueblo que siente la política sintonizado con Uribe y solo con Uribe. Lo que hace de Uribe insustituible, para la guerra… y ‘mal que les pese’ a sus enemigos, también insustituible para la paz. Con las Farc, claro, también con el Eln, incluso con las Auc. Porque se cierra el círculo o se cierra. No hay opción… o todos en la cama, o todos en el suelo. Es lo que Juan Manuel no ha entendido o no ha querido entender. Que cualquier paz exitosa debía comenzar a gestarse allí donde Uribe la había dejado botada… precisamente en Ralito con las Auc y con el Eln en La Habana. Pero Santos, qué desilusión… si no ha sabido hacer las paces con Uribe que le sirvió los votos en bandeja… ni firmar los acuerdos con las Auc, ni retomar los diálogos con el Eln… ¿estuvo alguna vez capacitado para llegar a algún Pereira con las Farc? Hoy creo decididamente que no… no lo está hoy, no lo estuvo ayer, y menos lo estará mañana. Perdón a ‘mis lectores’ por no haberlo anticipado. Lo de la incapacidad manifiesta de Santos para hacer la Paz…

No sé si esta columna me está saliendo ‘políticamente correcta’. Creo que no. Pero de políticos ‘políticamente correctos’ como Santos –es solo un ejemplo-, o de socios políticos como un Roy, un Cristo… en fin, como… editorialistas y columnistas que abundan y son por todos (y todas) conocidos (y conocidas)… ya no solo hay hartera… la era está gestando un corazón, pero un corazón indignado… dispuesto a traer a Uribe y a las Farc, al Eln y también a los exparas –y a los paras en actividad- de las orejas y el rabo hasta la mesa de la paz… a la brava, si toca, pero que se sienten todos, que no pase de agache ninguno, que no se pretenda ‘ningunear’ a ninguno… a negociar se ha dicho, pero en serio, sin Pastranas, ni Santos, ni Samperes ni Gavirias… políticamente muy correctos, todos, pero a la larga cortados todos por las mismas tijeras ‘politiqueras’, esas malditas tijeras de sastre presidencial a la medida de sus propias e insoportables –y malditas- vanidades… esas tijeras son las que urge echar al fondo del mar… no a los sastres (editorialistas, columnistas, jefes de debate) ni a los ex presidentes mencionados, para que así asistan pero ‘de a pie’ al espectáculo que Colombia se debe a sí misma de amanecer y descubrir en 2014 que sí al fin ‘cesó la horrible noche’…

Este País lo arreglan entre las Farc, el Eln, las Auc, Uribe… de la mano con el próximo Presidente…

Votaría con entusiasmo y sin ‘ideologismo’ por quien de los tres, Navarro, Vargas Lleras o Zuluaga, ofrezca en su Plan de Gobierno más garantías creíbles y confiables de Paz y Reconciliación… y last but not least esté dispuesto a atender –sin polarizar- el clamor de los ciudadanos y ciudadanas del común, de las ciudades y del campo.

Y si necesitan una mano… por favor, que no sea sino la de Francisco… el que vive en Roma, claro.

Mejor dicho, hasta donde sea posible: ‘políticos abstenerse’.


Así la veo yo.


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septiembre 18, 2013

206. Sólo un ‘milagro’ hará posible la Paz

ASÍ LA VEO YO - Año 9
Así como vamos, vamos mal
Por Juan Rubbini
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El derrumbe de Santos en las encuestas –verdadera paliza- acaba de quitarle a los diálogos de La Habana el sostén de viabilidad política que pretendía asegurar el cuestionado Presidente con su temeraria jugada de ser a la vez Presidente y candidato. Las Farc, por su parte, se obcecan en hacer nada que sea visibilizado como positivo para la paz desde sus mesiánicos pronunciamientos, demasiado continuos, ampulosos y maximalistas para ser procesados -y mínimamente comprendidos y avalados- por una vasta opinión desinteresada de lo que piensan o dejan de pensar las Farc.

Que casi todos prefieren en Colombia la paz sobre la guerra eso es moneda corriente y hasta obvio, pero muy pocos o ninguno, la quiere del modo como la conciben las Farc. El problema en el que está enredado Santos radica precisamente aquí: en que mientras la opinión mayoritaria –no solo la uribista- prefiere llegar a la paz a través de la derrota de las Farc y su rendición, Santos aparece empeñado en renunciar a la victoria para concederles a las Farc algo que la inmensa mayoría no quiere en Colombia: que se le asfalte el camino al Congreso y los poderes locales y regionales sin pasar por elecciones y que, además, se esté negociando con las Farc el modelo político, económico, y quién sabe cuántas cosas más que el común de las personas se imaginan se estén negociando, sea esto cierto o no, vista la parquedad de los representantes del Gobierno en Cuba, sea por los pronunciamientos ambiguos del Presidente cuya credibilidad está seriamente afectada. Y como si lo anterior fuera poco grave también se lo caricaturiza mayoritariamente a Santos como socio de las Farc en el reparto político de un supuesto posconflicto. Luces rojas titilando es lo que abunda.

Por momentos parece como si la muerte de Chávez le hubiese quitado demasiadas luces en materia de paz a ambas partes: a las Farc inspiración y pragmatismo, al Presidente interlocución y consejo. Y a ambos realismo, mucho realismo para comunicarse con la gente del común. Y al Gobierno de Venezuela cualquier posibilidad de ser algo más que un relacionista público de dudosa reputación y solvencia para actuar políticamente sobre ambos lados de la mesa. Sólo hace falta que el régimen cubano entre en crisis y se alcen los indignados que allá también los hay para que a las patas de la mesa donde dialogan Gobierno y Farc se les mueva peligrosamente el piso y se desaten todos los fantasmas del Caguán.

Así como van las cosas y por haber metido todo en la misma canasta ahora se ven embolatados al mismo tiempo la reelección de Santos y el proceso de paz con las Farc. Hace meses se le venía advirtiendo al Presidente que lucía más conveniente separar las aguas entre su posible candidatura a la reelección y el proceso de paz, que no darían los tiempos, que Uribe no se quedaría quieto, que las Farc quieren y no quieren desmovilizarse, que la opinión se horroriza cada que las Farc abren la boca pidiendo cosas que lucen imposibles y lo peor inconvenientes. Pero el Presidente, terco como una mula, o sordo como una tapia, u obsesionado por los índices de popularidad de Uribe… o desconfiado hasta de su propia sombra, insistió y sigue insistiendo sobre un camino de paz que hoy aparece como proyectado sobre la nada… o como arando en el mar. Y el Eln ahí, como un actor de reparto ensayando sin saber si finalmente su papel será parte de la obra principal o no… y las desmovilizadas Auc allí y allá esperando al menos las inviten a sentarse a manteles en la mesa de la paz… que a estas horas, ya nadie, ni el más optimista, puede esperar sobre bases convincentes y serias pueda estar dispuesta y a la orden para la firma de los acuerdos en los meses que le faltan a este Gobierno. 

A menos que…

A menos que ocurra un milagro. Que Chávez intervenga desde el más allá. Que Santos y Vargas Lleras, desde el más acá, acuerden sucederse en el Gobierno a partir de 2014. Que Buen Gobierno logre que las políticas de este gobierno se reelijan pero Santos no, no por ahora, en 2018 quizás. Que Uribe logre relevancia en el Congreso y su Centro Democrático de fe del porqué de su nombre y sea todo lo de centro y todo lo democrático que le sienta bien a la paz y la reconciliación. Que se abra el juego a un proceso de paz sin exclusiones donde las Farc, el Eln y las exAuc rubriquen con su firma los acuerdos definitivos, y todos los grupos armados al margen de la ley originados al calor del conflicto armado y sus derivaciones tengan la oportunidad de reinsertarse a la sociedad y ser ciudadanos de primera cumplidores de la Ley.

Si lo anterior no sería un milagro ¿cómo calificarlo? ¿Tal vez de ‘refundación de la Patria’?

Y la 'refundación de la Patria’ ¿qué sería a estas alturas del siglo XXI sino un milagro, un auténtico milagro  colombiano?

¿Seremos capaces? ¿Nos atrevemos? ¿Al menos a intentarlo…?

Como vamos, vamos mal, y ya fue dicho: no hay situación por mala que sea que no pueda empeorar.


Así la veo yo.


Los 206 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
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