abril 17, 2013

203. A cada Santos una vela, madurando el milagro de la Paz

ASÍ LA VEO YO - Año 9
Señores del Gobierno y de las Farc, abran el juego que la Reconciliación es entre Todos… y entre Todas, sin excepción
Por Juan Rubbini
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Cada nueva clase que pasa a ocupar el puesto de la que dominó antes de ella se ve obligada, para poder sacar adelante los fines que persigue, a presentar su propio interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, es decir, expresando esto mismo en términos ideales, a imprimir a sus ideas la forma de lo general, a presentar estas ideas como las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta(Karl Marx y Friedrich Engels La ideología alemana)


En el mundo de lo ‘políticamente correcto’ no luce bien que las Farc se muestren a cara abierta demasiado ostensiblemente interesadas en resolver favorablemente su complicada situación procesal frente a la justicia nacional e internacional, ni tampoco en poner de primero su interés por ocupar espacios de poder en la política colombiana. Entonces, le toca al interlocutor de turno –el Gobierno de Juan Manuel Santos- abogar en favor de las Farc sobre tan delicados y polémicos asuntos. Esto pragmáticamente se entiende pero necesita esquivar no pocos escollos donde no obran a favor, ciertamente, los antecedentes que exhiben ante la sociedad la ‘cero impunidad’ de los ‘jefes paras desmovilizados’ en prisión –siete años ya-, algunos extraditados –hace cinco- y a no pocos militares y policías, también presos e incluso algunos extraditados, en razón de actividades directamente relacionadas con su participación en el conflicto armado –buena parte del narcotráfico lo financia. Esta asimetría es tan evidente e inicua que mientras no se resuelva política y jurídicamente –incluso diplomáticamente con los Estados Unidos de manera muy especial-, deslegitimará todos aquellos acuerdos que establezcan una distinción discriminatoria en el tratamiento a quienes han sido actores de los bandos enfrentados en el conflicto armado. Porque  uno es el conflicto, y diversos son los actores, pero sometidos todos a la misma justicia transicional, lo cual asegurará también igualdad en la consideración debida a las víctimas, e igualdad en los componentes de verdad, justicia y reparación.

Lo anterior obliga al Gobierno –y también a las Farc- a propiciar eventos como la Marcha del 9 de abril, a través de los cuales se busca involucrar en la concreción de los acuerdos de paz a la población. Pero sucede que ello no es sencillo de conseguir mientras esa población no esté suficientemente informada sobre qué se está negociando exactamente, y con qué alcances, en la Mesa de La Habana. Y no es sencillo, además, porque el conflicto armado es por esencia de naturaleza política y si tiene su expresión militar, no se agota en lo bélico sino que manifiesta la confluencia de intereses, tensiones y reacomodamientos de tipo social y económico, que no han encontrado un cauce pacífico donde plantearse y desarrollarse. Dicho esto, y vistos los exiguos resultados que muestran las encuestas y que fueron reflejados en la relativamente escasa participación de ciudadanos en la marcha, algo está fallando en el proceso de La Habana, algo le está faltando para recibir el apoyo masivo de la ciudadanía. Según mi modesto saber y entender, al proceso de paz le ha faltado hasta aquí no solamente claridad en las reglas de juego y los términos de la negociación, sino fundamentalmente inclusión de la ‘parcela Gobierno-Farc’ en el universo más amplio del ‘conflicto armado en su totalidad’ donde estén invitados todos los actores del mismo, todos los victimarios y todas las víctimas.

Se deja trascender oficiosamente que estamos muy cerca de abrir el diálogo de paz entre Gobierno y Eln. Perfecto. También con otros reductos supérstites de los grupos guerrilleros, tales como Epl. Muy bien, por allí es. Pero esto no alcanza, porque nadie ignora que el proceso de Justicia y Paz en su componente judicial sigue yendo demasiado lento, y el componente político trunco entre el Gobierno anterior y las ex Autodefensas permanece aún en el limbo, pendiente todavía sobre el escritorio del Presidente Santos. Y en cuanto al tratamiento de militares y policías en el marco de la justicia transicional no se ha hecho ninguna claridad. No sobra decir que el Marco legal para la Paz no está reglamentado, ni mucho menos ha superado la instancia del control constitucional. Y ¡ojo!, en esto vuelve y juega el antecedente de lo sucedido con la Ley 975, de Justicia y Paz, que salió del Congreso aprobada con un contenido el cual terminó siendo otro –sustancialmente otro- tras su paso por la Corte Constitucional.

Así las cosas, uno comprende mejor porqué tanto escepticismo y tanta falta de entusiasmo ante las conversaciones de La Habana. No se trata que Colombia le haga el quite a la Paz, ni más faltaba  -todo lo contrario-, sino que la cuestión encierra tamaños interrogantes no resueltos que más que promoverse estigmatizaciones desde quienes están dialogando hacia quienes se descalifica como ‘guerreristas’, deberá inducir en las próximas semanas y meses a abrir el juego no solo en general hacia la población entera, sino en particular y de un modo muy especial, hacia quienes se sienten excluidos del proceso, hacia quienes han manifestado su interés de participar, e incluso a quienes siendo opositores de la metodología escogida son partidarios de la paz, no de la guerra.

El costo político de Juan Manuel Santos puede crecer a niveles descomunales si no logra abrir el juego de la participación y la inclusión en el proceso de paz, y ello significaría no solo la pérdida en su propósito reeleccionista, sino también –y esto es lo más grave- la puesta en riesgo de la continuidad de la Mesa de La Habana. Aunque sobre esto último soy optimista en la continuidad incluso si alcanza la Presidencia un candidato uribista. El mismo Uribe sabe que el grueso de su electorado no pone en discusión la necesidad de la paz sino su precio en cuanto a concesiones a la guerrilla, no las conversaciones sino su metodología, y que incluso, estaría dispuesto a otorgar a las Farc el mismo tratamiento político que prometió en su momento a las Autodefensas. Entonces, las condiciones políticas no lo permitieron. A partir de 2014, otro gallo cantaría.

No lo veo al más posible contrincante de Juan Manuel Santos en 2014, Francisco Santos, hacer campaña presidencial cerrándose a la continuidad de los diálogos con las Farc. Seguramente sería otra la metodología, pero siempre en dirección de alcanzar la solución política del conflicto armado. Inútil aventurar hoy alguna hipótesis sobre cuál sería la actitud de las Farc si cambia el Presidente de los colombianos antes de haber cerrado sus acuerdos con Juan Manuel Santos. Pero, de una cosa estoy seguro: ni los Castro ni Maduro se bajarían de sus propósitos de quitar a las Farc del escenario de la guerra. Así como llegó el momento en que las Autodefensas por su sola presencia militar deslegitimaban al Estado también llegó la hora en que la sola presencia en pie de guerra de las Farc deslegitima los procesos transformadores de América Latina que reconocen en Cuba su faro y en Chávez su mesías.  Honestamente, no veo a las Farc  alejándose de las tal vez únicas sombras protectoras y referentes confiables que les quedan en el nivel internacional, y perjudicando seriamente a la izquierda local y continental.

Entre un Santos y otro Santos parece echada la suerte de la política colombiana y en ellos está la clave del logro de la Paz y Reconciliación definitivos, al menos desde la parte del Estado… desde la otra orilla, desde las guerrillas, la clave seguirá estando en quienes hoy conducen a las Farc, y yo creo que,  en medio de tantas y tan grandes dificultades, el haber logrado las Autodefensas seguir adelante con Justicia y Paz nos está diciendo algo demasiado importante como para desdeñarlo: la Paz de Colombia es y seguirá siendo más una cuestión de Fe y Determinación de hacer la Paz, de Confianza en la propia Capacidad de alcanzar conjuntamente los Ideales colectivos , incluso al precio de pasar por una cárcel, que una cuestión de arrebatos pacifistas,  devaneos ideológicos, o ambiciones políticas.

Así la veo yo.


Los 203 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
 a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com