septiembre 18, 2013

206. Sólo un ‘milagro’ hará posible la Paz

ASÍ LA VEO YO - Año 9
Así como vamos, vamos mal
Por Juan Rubbini
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El derrumbe de Santos en las encuestas –verdadera paliza- acaba de quitarle a los diálogos de La Habana el sostén de viabilidad política que pretendía asegurar el cuestionado Presidente con su temeraria jugada de ser a la vez Presidente y candidato. Las Farc, por su parte, se obcecan en hacer nada que sea visibilizado como positivo para la paz desde sus mesiánicos pronunciamientos, demasiado continuos, ampulosos y maximalistas para ser procesados -y mínimamente comprendidos y avalados- por una vasta opinión desinteresada de lo que piensan o dejan de pensar las Farc.

Que casi todos prefieren en Colombia la paz sobre la guerra eso es moneda corriente y hasta obvio, pero muy pocos o ninguno, la quiere del modo como la conciben las Farc. El problema en el que está enredado Santos radica precisamente aquí: en que mientras la opinión mayoritaria –no solo la uribista- prefiere llegar a la paz a través de la derrota de las Farc y su rendición, Santos aparece empeñado en renunciar a la victoria para concederles a las Farc algo que la inmensa mayoría no quiere en Colombia: que se le asfalte el camino al Congreso y los poderes locales y regionales sin pasar por elecciones y que, además, se esté negociando con las Farc el modelo político, económico, y quién sabe cuántas cosas más que el común de las personas se imaginan se estén negociando, sea esto cierto o no, vista la parquedad de los representantes del Gobierno en Cuba, sea por los pronunciamientos ambiguos del Presidente cuya credibilidad está seriamente afectada. Y como si lo anterior fuera poco grave también se lo caricaturiza mayoritariamente a Santos como socio de las Farc en el reparto político de un supuesto posconflicto. Luces rojas titilando es lo que abunda.

Por momentos parece como si la muerte de Chávez le hubiese quitado demasiadas luces en materia de paz a ambas partes: a las Farc inspiración y pragmatismo, al Presidente interlocución y consejo. Y a ambos realismo, mucho realismo para comunicarse con la gente del común. Y al Gobierno de Venezuela cualquier posibilidad de ser algo más que un relacionista público de dudosa reputación y solvencia para actuar políticamente sobre ambos lados de la mesa. Sólo hace falta que el régimen cubano entre en crisis y se alcen los indignados que allá también los hay para que a las patas de la mesa donde dialogan Gobierno y Farc se les mueva peligrosamente el piso y se desaten todos los fantasmas del Caguán.

Así como van las cosas y por haber metido todo en la misma canasta ahora se ven embolatados al mismo tiempo la reelección de Santos y el proceso de paz con las Farc. Hace meses se le venía advirtiendo al Presidente que lucía más conveniente separar las aguas entre su posible candidatura a la reelección y el proceso de paz, que no darían los tiempos, que Uribe no se quedaría quieto, que las Farc quieren y no quieren desmovilizarse, que la opinión se horroriza cada que las Farc abren la boca pidiendo cosas que lucen imposibles y lo peor inconvenientes. Pero el Presidente, terco como una mula, o sordo como una tapia, u obsesionado por los índices de popularidad de Uribe… o desconfiado hasta de su propia sombra, insistió y sigue insistiendo sobre un camino de paz que hoy aparece como proyectado sobre la nada… o como arando en el mar. Y el Eln ahí, como un actor de reparto ensayando sin saber si finalmente su papel será parte de la obra principal o no… y las desmovilizadas Auc allí y allá esperando al menos las inviten a sentarse a manteles en la mesa de la paz… que a estas horas, ya nadie, ni el más optimista, puede esperar sobre bases convincentes y serias pueda estar dispuesta y a la orden para la firma de los acuerdos en los meses que le faltan a este Gobierno. 

A menos que…

A menos que ocurra un milagro. Que Chávez intervenga desde el más allá. Que Santos y Vargas Lleras, desde el más acá, acuerden sucederse en el Gobierno a partir de 2014. Que Buen Gobierno logre que las políticas de este gobierno se reelijan pero Santos no, no por ahora, en 2018 quizás. Que Uribe logre relevancia en el Congreso y su Centro Democrático de fe del porqué de su nombre y sea todo lo de centro y todo lo democrático que le sienta bien a la paz y la reconciliación. Que se abra el juego a un proceso de paz sin exclusiones donde las Farc, el Eln y las exAuc rubriquen con su firma los acuerdos definitivos, y todos los grupos armados al margen de la ley originados al calor del conflicto armado y sus derivaciones tengan la oportunidad de reinsertarse a la sociedad y ser ciudadanos de primera cumplidores de la Ley.

Si lo anterior no sería un milagro ¿cómo calificarlo? ¿Tal vez de ‘refundación de la Patria’?

Y la 'refundación de la Patria’ ¿qué sería a estas alturas del siglo XXI sino un milagro, un auténtico milagro  colombiano?

¿Seremos capaces? ¿Nos atrevemos? ¿Al menos a intentarlo…?

Como vamos, vamos mal, y ya fue dicho: no hay situación por mala que sea que no pueda empeorar.


Así la veo yo.


Los 206 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com