noviembre 15, 2013

211. La Paz pende de un hilo, ojo con tragar entero


ASÍ LA VEO YO - Año 9

El Papa y Uribe amenazados por el combustible de la guerra

Por Juan Rubbini
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«Conocemos la verdad no solamente por la razón, sino también por el corazón» (Blaise Pascal)


Si nadie se muere en la víspera nunca existió tal posible atentado; solo hipótesis, nada cierto dirán los despistados, los manipuladores y los camuflados vestidos de civil

Entre los hechos noticiosos de alto impacto, su origen y sus motivaciones, siempre habrá más de una interpretación. Y entre los intérpretes no faltan nunca los manipuladores, los que pescan en río revuelto y también los que le huyen a la verdad tanto como les aconsejan sus intereses.

Esta semana, los medios masivos de comunicación internacionales se han hecho eco de dos hipótesis: un posible, presunto atentado, que se estaría organizando contra la vida del Papa Francisco, y un posible, presunto atentado, que estarían planificando contra la vida de Álvaro Uribe. En el primer caso las sospechas se orientan hacia la mafia calabresa, la ‘ndrangheta. En el caso del expresidente, los indicios apuntan hacia las Farc.

¿Se trata solo de hipótesis, existen pistas serias? Puede que sí, puede que no. Puede que sí el riesgo sea real, puede, en cambio, que los magnicidas sean los mencionados, u otros. Una vez entrados en el tren de las hipótesis ya nadie tendrá certeza alguna, y seremos bombardeados mediáticamente por diferentes hipótesis cada una de las cuales vendrá con su sello y su intencionalidad; el común denominador será el rédito político o económico de una multiplicidad de personajes. Entre los cuales, naturalmente, estarán las posibles, hipotéticas víctimas y los presuntos, hipotéticos victimarios. Perdidos en este laberinto de interpretaciones, nos resignaremos una vez más a que la verdad verdadera no se conozca, y si se conoce, no se la crea.

Atemos algunos cabos, en tren de hipótesis, claro. Al Papa Francisco lo quieren asesinar aquellos que se sienten perjudicados en sus intereses económicos por la reingeniería que el pontífice está realizando en las finanzas vaticanas, infiltradas por dineros mafiosos producto del lavado de dinero del narcotráfico globalizado. Al expresidente Uribe lo quieren matar aquellos interesados en hacer saltar por los aires el Proceso de Paz con las Farc porque entienden –los presuntos victimarios también hacen sus hipótesis- que la negociación habanera pone en riesgo el futuro del negocio del narcotráfico en Colombia. Es decir, por ambos extremos del hilo –los cultivos ilícitos y el lavado- la cuerda se estaría tensando de manera inaceptable –para sus negocios ilícitos- con las reformas que intenta realizar Francisco en Roma y con la dejación de armas que intentan hacer las Farc.

Llegados a este punto, las hipótesis se multiplican y entramos en una selva de conjeturas. Pero algo resulta obvio de todo esto y se ubica en un contexto: la Iglesia está dividida frente a Francisco y sus pretendidas reformas, sobre todo las económicas pero también sobre el rol de la Iglesia en el mundo –el tal monolitismo nunca existió en El Vaticano, y menos existe en estos días- y las Farc tampoco son hoy la organización monolítica que si alguna vez lo fueron, en los primeros tiempos de ‘Tirofijo’, hace años ya que no lo son.

Dejemos en manos de Dios y su divina providencia cómo sigue la historia en la Iglesia, augurándole larga vida a Francisco y éxito en su misión de pastor universal de las almas católicas, en las huellas de Cristo.

Volvamos a Colombia, cuyo proceso de paz viene de transitar un largo camino desde los tiempos del M 19, del Epl y demás desmovilizados de los últimos veinte y pico de años, incluidas las Auc. Y aquí nos encontramos con la verdad monda y lironda: que los negociadores de las Farc están llegando al mismo punto donde llegaron las Auc entre 2002 y 2006: Seguridad jurídica, seguridad física, garantías para el ejercicio de la política, presencia del Estado y sus funciones y responsabilidades sociales, económicas, judiciales en las zonas de influencia de los actores del conflicto. Y el quid de la cuestión para acabar con el combustible que alimenta la guerra: la colaboración de los desmovilizados para sustituir los cultivos ilícitos por proyectos productivos. Humberto De la Calle hoy es Luis Carlos Restrepo de ayer, Santos hoy es Uribe de ayer, Timochenko hoy es Mancuso de ayer. La diferente ideología es para el caso vana literatura, no hace al fondo de lo que está en juego, la guerra o la paz. La clase política es la misma de siempre, y la Justicia funciona como funciona. Habrá quienes sigan adelante y acaben firmando su paz con Santos o con Uribe más adelante, y habrá quienes prefieran desligarse de su pertenencia y convertirse en Facrim. De bacrim y facrim está regado ya el territorio nacional - y también los vecinos países complacientes que hacen negocios con ellos.

¿Hay remedio para tamaña enfermedad? Lo que faltan no son remedios sino médicos juiciosos que acierten en el diagnóstico y en el tratamiento a seguir. Que los negociadores farianos de La Habana jalen para los lados de la Paz a quienes usando su uniforme permanecen en Colombia rehenes del narcotráfico… o los denuncien con pelos y señales. Que Uribe se comprometa de inmediato a no interrumpir los diálogos de la Habana si su candidato llega a la Presidencia… Que no se le sigan poniendo talanqueras y les faciliten trabajar para la Paz a los líderes desmovilizados de las Auc –los que permanecen presos en Colombia y los que quieren ser repatriados desde Estados Unidos.

Y que, last but not least, el Gobierno de los Estados Unidos, se meta de lleno en el proceso de paz y proporcione su voluntad política y su músculo financiero para poner sobre la mesa todo lo que tiene que poner para que su Justicia, su economía y sus armas y sus dólares no acaben siendo el mayor impedimento que acabe condenando a Colombia a cien años más de narcotráfico, farcrimes y bacrimes mediante.

Por eso necesitamos vivos y en Pie de Paz al primer Papa Latinoamericano que está que se juega por bendecir con su presencia los Acuerdos Definitivos de la Paz de Colombia y a Barack Obama para que honre su mandato presidencial con lo que Colombia entera anhela. El único enemigo estratégico de la paz en Colombia es el narcotráfico globalizado. Con sus atentados, corrupción e insidias quiere impedir a punta de crímenes, falsas hipótesis y desinformación la paz que no solo quiere Santos, la quiere Uribe, no tengamos dudas, pongámosle la firma.

A diferencia de otras oportunidades similares, el Presidente Santos no apeló esta vez a la equívoca mención de la ‘mano negra’. Bienvenida la ausencia de eufemismos al mencionar expresamente a las Farc cuando se tiene la información precisa.

El expresidente Uribe no entró esta vez en el estereotipo guerrerista de solicitar el rompimiento de los diálogos. Se limitó a mencionar Uribe que las condiciones del diálogo  serían modificadas en caso de acceder Zuluaga a la Presidencia pero que no ha pasado por su mente que el proceso con las Farc se acabe. Se trata de enderezarlo no de quebrarlo. Y sobre esto último no es de descartar que a estas horas también los negociadores de las Farc coincidan con algunos de los diagnósticos y recomendaciones de Uribe. Lo importante no es el color del gato sino que cace ratones.

Estamos apenas en el principio del comienzo, pero el presente permite disfrutar un optimismo creciente en torno a que la Paz es Posible y no tan lejana… aunque sus enemigos han quedado evidenciados en Roma y en Bogotá… son enemigos poderosos y están acostumbrados a salirse con la suya.

Por esto y mil cosas más, ojo con algunas hipótesis, que disfrazadas de mansos corderos, vienen con su puñal y su veneno, el arma letal de su desvarío y su hipocresía.


Así la veo yo.


Los 211 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com


noviembre 08, 2013

210. La ‘Habanalización’ del mal


ASÍ LA VEO YO - Año 9

El arte de la paz, la patria por encima de los violentos

Por Juan Rubbini
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“La reflexión profunda de Arendt es que los peores ante el mal no son únicamente los que lo planifican, ni los ingeniosos estrategas de “la solución final”, ni los constructores de las cámaras de gas. Para Arendt los peores también son los que, siguiendo un pensamiento incapaz para la reflexión, cumplen las órdenes recibidas con una perfecta diligencia, es decir, los burócratas; aquellos que piensan que lo importante es el sistema. Durante cuatro años trabaja, marcada por la controversia y la incomprensión, escribiendo un libro titulado “Eichman en Jerusalem, Un estudio sobre la banalización del mal” el cual, por sus argumentos y afirmaciones, provoca inmediatamente un escándalo internacional, especialmente en la comunidad judía. En él llega a afirmar que algunos dirigentes del pueblo judío fueron cómplices también de esta destrucción, y que con la misma actitud burocrática, no evitaron el daño” (Gabriel Cortina)

Si las cosas fueran lo que parecen el arte no sería posible. Todo sería apenas lo que aparece, cuadriculado, rígido, inmutable. No habría espacio para la imaginación, para la humanidad, para el sueño. Todo estaría previsto, regimentado, pulcro y segmentado. Acotado y silente. Resignado y vivo, pero muerto.

En cambio, no. Las cosas no son lo que parecen y el arte sí es posible. El cambio fluye, es lo que hay, todo el tiempo, cambio, solo cambio, a cambio de nada. Nada está previsto, nada está limpio. Bulliciosa y contradictoria, es la vida, no la muerte.

Me gusta el Santos que quiere la paz. No me gustan los que quieren la guerra. No me gusta el Santos que acota la paz, que la siente suya, cuando es de todos. Me gustan las Farc cuando ponen el dedo sobre la llaga. No me gustan las Farc cuando revuelven el dedo sobre la herida. Me gusta Uribe cuando no se vuelve rehén de sus arrebatos de poder. No me gusta Uribe cuando bota al mar las llaves de la paz. Pero todo cambia, y tal vez por eso, solo por eso, la política me gusta. No por su coherencia obcecada sino por su cambio de frente, por su mirada amplia donde cabe también la mirada del otro. No como profesión, sí como espectador, que espera de la política, cambios de rumbo, piedad por el que sufre, mano tendida al corazón del adversario, humildad sobre lo propio, reconocimiento sobre lo bueno del de enfrente. Enfrente que digamos también suele ser nuestra propia imagen sobre el espejo que alza el otro en su bandera.

Que haya derechos para la oposición no alcanza, tiene que haber derechos también para los opositores de la oposición. ¿O vamos a institucionalizar oficialismos nuevos, monopolios ‘made in Cuba’? Que los combatientes de la guerra dejen de serlo es tan bueno cuando son de izquierda como cuando son de derecha. Si para unos se abren las puertas de la libertad para los otros también. No porque sean de las Farc, o hayan sido del ejército, o de las autodefensas, ni de los paramilitares, solo porque son individuos, personas, ciudadanos que tienen los mismos derechos humanos y los mismos deberes humanos. Todos pecaron por la paga –todos-. Ninguna guerra es gratis, ningún combatiente se alimenta solo de altruismo, tampoco paga sus armas la sola ideología, ni el estar a favor o en contra de algo o de alguien. Todos mataron por alcanzar el poder y más allá de sus intenciones –que todos las tenemos- todos tomaron en sus manos la vida del prójimo, todos hicieron mal, todos se equivocaron. Perdonarlos no será nunca una obligación, pero darles el paz y salvo, a cambio de su abandono de la guerra, siempre será una necesidad. Y sobre esto Uribe y Santos saben que se trata de una carambola a tres bandas: la banda de las Farc, la banda del Eln, la banda de los ‘paras’. Y sus aliados, claro, Que no se hacen guerras sin aliados, ni pueblo que las cobije, ni Estado que se haga el sordo, el ciego, el mudo. Estados como el colombiano, pero también el soviético, el cubano, el venezolano, y el de Estados Unidos, no podía faltar.

Me gusta cuando Santos pone sobre la mesa la necesidad social de la paz. Me gustan las Farc cuando aceptan que esta guerra se tiene que acabar. Me gustan las Autodefensas que entregaron sus armas y aceptaron finalmente pagar cárcel –ocho años de cárcel- cuando en Ralito exigían penas alternativas y ni una hora de cárcel. Me gusta el Uribe que empezó su proceso de paz pretendiendo legitimar el Estado –manchado de paramilitarismo desde tiempos inmemoriales- y quitando de la guerra a las Auc, sabiendo que la paz era un proceso a tres bandas, y que comenzaba primero ‘por casa’, por ‘Casa Estado’ –y sus aliadas Autodefensas- para seguir de inmediato con Eln y Farc, en ese orden. No me gusta Santos cuando se desentiende de los compromisos acordados por su antecesor en Ralito. No me gusta Uribe cuando se desentiende de sus propias propuestas de paz en 2002, manifiestas en Ralito entre 2002 y 2006. Y no me gustan las Farc, ni el Eln, ni las Autodefensas cuando no ponen sobre la mesa la necesidad histórica de sentarse a dialogar también entre ‘ilegales’ de ayer y de hoy, para acordar, y afianzar un proceso de paz integral, sin exclusiones, sin sectarismo, sin vencedores ni vencidos.

De todas las fantasías humanas tal vez sea la de Dios la más insondable y poética. Y de allí para abajo tal vez la paz también sea, particularmente en Colombia, de esas fantasías humanas no tan insondables como la existencia de Dios pero poética como las que más, cuando traslada la idea de paraíso a la tierra, volviendo terrenal y posible el arte de hacer la paz. Arte de la paz que no cabe dejarlo solo en las manos de los guerreros, de los políticos, de los que buscan algún beneficio a través de la guerra, sino en manos de quienes son y se sienten artistas, artistas de la vida, no de la muerte.

Si las cosas fueran lo que parecen el arte no sería posible. Tampoco el arte de la paz. Por esto, por amor al arte, prefiero apostar por el Santos que no veo pero que intuyo. Apostar  por el Uribe que defraudó a muchos pero por quien muchos todavía creen, y creen mucho. Apostar incluso por las Farc que están convencidas que matan por sus ideales cuando en realidad asesinan sus ideales cuando matan a sus víctimas. Apostar en fin también por militares y autodefensas, paramilitares y elenos, por su capacidad de alzarse sobre todo pasado y ser artistas sobre sus vísceras, sus almas, sus personas; no porque hayan errado han perdido el derecho de acertar y regresar a casa, en paz, sin armas, sin odios.

De todos los males que Santos y las Farc nos deben librar el principal es el de ‘LaHabanalización’ del mal… de volverlo negociable, superficial, trivial, digerible, como si cincuenta años y más de insensatas guerras no exijan otra cosa que ponerle fin, de una vez y para siempre, sin chantajes, sin retórica, sin recompensas. A ponerse en la fila de la democracia, no de primeros, ni de segundos, de últimos, pero en igualdad de condiciones. Borrón y cuenta nueva. Pero ay de ellos si reinciden en el mal. Porque no tendrán otro perdón, es ahora o nunca.

Con el paz y salvo en la mano, con los mismos derechos y deberes que todos. Ni uno menos ni uno más.

Entonces sí, al fin, podremos regocijarnos y decir sin mentirnos, ‘la patria por encima de los violentos’.
  

Así la veo yo.


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