diciembre 06, 2013

212. El Presidente es rehén, pero no de las Farc


ASÍ LA VEO YO - Año 9

Estas son mis condiciones, las toman o las dejan, y si no de malas…

Por Juan Rubbini
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«Ser libre no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás» (Nelson Mandela)

El verdadero problema político de Santos no es que vaya a quedar rehén de las Farc sino que Santos sí es el rehén político de los partidos de la Unidad Nacional que lo sostienen desde el Congreso, es decir de las clases políticas que el país detesta, las del Proceso 8000 y del clientelismo rapaz entre otras bellezas que la tierra da.


Son, esas clases políticas desprestigiadas, voraces y retardatarias las que, oportunistas por naturaleza, cogieron al vuelo que ‘el tal proceso de paz’ de Santos y la orfandad política de Juan Manuel, el traidor -desheredado de Uribe-, constituyen la ocasión perfecta para reencaucharse y purificarse ante el elector primario con un baño reparador de imagen pacifista y reconciliadora. Lo acabamos de ver en la Convención Liberal y lo veremos muy pronto en el redil Conservador. ¿Otro Frente Nacional a la vista, ahora con las Farc a bordo?

A Santos, que no tiene caudal político propio, y a quien las izquierdas no votarán jamás, no le alcanzará en 2014 con su ‘partido de la reversa en U’ y las supuestas tercerías que, tapándose las narices y los ojos, votarán por su reelección –y las de sus titiriteros rojos y azules- contrariando toda lógica de renovación y cambio.

Que la suerte de Santos ha quedado en manos de lo menos recomendable de la politiquería colombiana no queda duda alguna, y si las Farc quieren integrarse a la democracia republicana con viento de cola no deberían hacer menos que poner pausa en La Habana –desensillar hasta que aclare- y esperar el inapelable veredicto de las urnas en marzo y mayo próximos.

Santos no logró su objetivo de cerrar el acuerdo con las Farc durante 2013 y ello le hizo perder el momentum de los astros alineados para presentar un hecho consumado, contundente e irrebatible, a los electores, foto incluida de los guerrilleros entregando sus armas, y firma de los acuerdos en letra indeleble y ad referéndum.

A partir de enero el centro de la discusión política y ciudadana no estará ya entre la guerra o la paz –entre guerreristas y pacifistas- como alternativas extremas en blanco y negro, sino matizado realísticamente por los grises y los contrastes de las condiciones posibles en las que eventualmente hacer la paz y las condiciones factibles en las cuales si no hay otra proseguir la guerra. Guerra que, dicho sea de paso, prosigue solo por la decisión de las Farc y del Eln y reductos supérstites de las desmovilizadas Auc, los cuales desafían el monopolio de la fuerza en manos del Estado y continúan alzados en armas por razones que más allá de su razonabilidad son manifiestamente ilegales y criminales, contrarias no solo a las leyes nacionales, sino también a las internacionales, léase también narcotráfico e incumplimiento del DIH. Por aparte, subsiste y subsistirá la delincuencia de todo tipo cuyo eje no gira sobre revolución o contrarrevolución, y sus conexos, para la cual habrá también que exigir propuestas de los partidos y movimientos políticos en búsqueda de atenuar sus efectos negativos sobre la población.  

Los márgenes de maniobra de Santos se han reducido y se seguirán reduciendo dramáticamente –y no por la Ley de Garantías, precisamente, sino por el fatal transcurso del tiempo. “Serán meses y no años”, había prometido. Lo morrongo y a cuentagotas de su negociación con las Farc ha producido el inevitable efecto, devastador para las aspiraciones de Santos, que ahora todo el mundo en Colombia –incluidos Uribe y Zuluaga- están de acuerdo en que hay que buscar la paz y dialogar con las Farc, pero sucede también ahora que todo el mundo comienza a ser consciente que las condiciones para quienes quieran abandonar las hostilidades ni pueden ser tan permisivas, ni tan blandas, como el Presidente sigue pregonando que deben ser, con el peregrino y deleznable argumento de que la Justicia no puede ser obstáculo para la Paz.

¿No será por el contrario de cómo la ve Santos, que cada día que pasa los colombianos son más conscientes que la Paz  no puede ni debe ser obstáculo para la Justicia, como tampoco puede ni debe ser la ideología un incentivo para la guerra? Y que entonces la Paz será imposible sin el previo sometimiento a la Ley, a la Justicia transicional, a la Constitución, y también la correspondiente firma y cumplimiento de los acuerdos. Todo esto, no pasando por encima de la Ley, de la Justicia transicional, de la Constitución. Son los ilegales los que deben entrar en la legalidad, y no la legalidad la que debe acomodarse a las exigencias, y mucho menos a los chantajes, de los ilegales.

Me temo por él –hombre sano de intenciones- que Santos ha ido ingresando al peor de lo mundos: el de la pérdida de credibilidad cuando más la necesita… y ello lo vuelve cada día que pasa un poco más rehén de las clases políticas que la ciudadanía desprecia, cada día un poco menos confiable para las Farc que perciben cómo su interlocutor al perder credibilidad se vuelve más débil e impotente para sostener sus promesas en la mesa, y finalmente, cada día que pasa más pobre de argumentos frente a las derechas, frente a las izquierdas, frente a las tercerías a las cuales cada vez les resulta más impopular e impresentable pregonar que Santos merece la reelección.

En definitiva… el poder de chantaje de las Farc se diluye hasta extinguirse, en la medida en que las condiciones a partir de las cuales construir la paz ganan peso y prioridad en la ciudadanía por sobre las urgencias de la paz a cualquier precio… y recurrir en este escenario al recrudecimiento de las acciones terroristas pondría a las Farc en la antesala inminente de otro final como el del Caguán. Y esta vez sin Chávez…

Lo sugestivo de todo esto es que podríamos asistir el 7 de agosto de 2014 o incluso unos meses antes, a un Presidente electo, o reelecto, aún antes de posesionarse, que hablando claro y sin rodeos les dice a las Farc: o lo toman, o lo dejan, pero estas son mis condiciones y si no las aceptan, de malas.


Así la veo yo.


Los 212 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com