diciembre 12, 2014

236. Elogio de la simetría, condena de la discriminación


ASÍ LA VEO YO - Año 10

Un posconflicto sin vencedores ni vencidos

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
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“Reconocían los secretos himnos que los habían confabulado desde antes de que se conocieran... Más tarde, cuando los escuchaban juntos, les parecieron atributos de la simetría de sus dos vidas anteriores, augurios de un azar que lo dispuso todo para que se encontraran”
Antonio Muñoz Molina, El invierno en Lisboa


Aceptado que Colombia padece un conflicto armado interno al cual se pretende ponerle fin por medios diferentes al desenlace militar cabe caracterizar a sus actores y encontrar para cada uno de ellos una solución.

Aunque no resulte la misma solución para todos, para todos debe hallarse una solución. Entiéndase, una solución negociada y política hasta donde se pueda, sin sacrificar la justicia, sino honrándola.

El proceso de Ralito con las autodefensas y su derivación en Justicia y Paz es una de las vías acordadas entre el Estado y uno de los actores armados del conflicto, al cual se fueron añadiendo también guerrilleros que entregaron sus armas y por libre voluntad accedieron a su normatividad.

El proceso de La Habana con las Farc está en vías de arribar a acuerdos entre las partes que derivarán por su propio cauce legal al cabo de cuyo recorrido también estos actores del conflicto entregarán sus armas y se sumarán a la sociedad con plenos derechos. Así sucederá con el Eln y,  al cabo de estos tres procesos se habrán ido desgranando del escenario del conflicto sus mayores referentes ilegales, sucesivamente Auc, Farc y Eln.

Que por razones políticas, históricas,  filosóficas, ideológicas o de tipicidad jurídica, las soluciones vislumbradas para cada actor difieran entre sí en sus consideraciones y alcances, modos y circunstancias, tiempos y secuencia, no significa ni debe significar discriminación, exclusión, sesgo ni prejuicio sobre los derechos individuales inalienables de las víctimas por un lado, de los victimarios por el otro, en su condición de ex combatientes reincorporados a la sociedad mediante el abandono del uso de la violencia y la recuperación plena de la totalidad de sus derechos como personas y como ciudadanos libres de un país libre y democrático.  

Lo mismo vale, qué duda cabe, para quienes hayan participado del conflicto armado como integrantes de las fuerzas militares y de seguridad del Estado. O todos en la cama, o todos en el suelo.

Entiéndase bien, las diferencias originadas por el bando del cual se hizo parte, y las diferencias habidas en el trayecto que fue transitado en virtud de caminos distintos andados desde la dejación de las armas hasta el desembarco en la civilidad y la libertad, no puede ni debe estratificar las vidas ni establecer diferencias sobre la naturaleza y ejercicio de los derechos y obligaciones de los ex combatientes en cuanto a poder dedicarse a cualesquiera de las opciones de vida, intelectuales, laborales, empresariales, e incluso políticas, etc., etc, a las que por deseo, vocación, estudio vayan a decidir inclinarse.

Porque las diferencias que existieron al momento de combatir, o las diferencias que se produjeron entre los azarosos cursos de su tránsito de las armas al desarme, han de desaparecer de una vez y para siempre al ser aceptados como hombres y mujeres nuevos, renovados y libres, en el seno de la sociedad y sus leyes.

No se deja atrás el infierno de la guerra para ingresar al mundo de las discriminaciones, los sesgos y los prejuicios. Porque si así resultara estaremos creando las condiciones de nuevos conflictos, de perpetuas guerras.

La simetría es algo más que un concepto geométrico o estético, es una forma ideal y como tal imprescindible y misteriosa, una de aquellas leyes supremas del vivir humano que enaltecen el alma de un pueblo cuando el espíritu de sus leyes y la voluntad del gobernante la pone en acto.

Nada enturbia más el horizonte de la paz y la reconciliación que la discriminación que algunos supuestos amigos de la paz pretenden instituir como privilegios de unos y sometimiento de otros, como derechos de unos ex combatientes en desmedro de otros ex combatientes, intentando utilizar el proceso de paz como victoria política de unos ex combatientes y derrota política de otros igualmente ex combatientes.

Estos intentos divisionistas y egoístas, estas voluntades sectarias y excluyentes, le hacen peor mal al proceso de La Habana, peor mal al proceso de Justicia y Paz, peor mal al final feliz de las negociaciones con las Farc y el Eln, que cualquier crítica fundada y criteriosa a los procesos iniciados, a los procesos en curso.

Bienvenidas las críticas de la oposición, de izquierda y de derecha, porque están en su derecho. La diversidad enriquece el debate, permite alentar la autocrítica y deja menos margen a la autocomplacencia y el conformismo.

Alerta, mucho cuidado, en cambio, con quienes pretenden convertir el posconflicto en el paraíso de unos ex combatientes y el infierno de otros ex combatientes.

Libertad e igualdad, de derechos y de obligaciones, para unos y para otros, para todos.

Ni más ni menos que Paz y Reconciliación, de esto se trata... no de victoria de unos y derrota de otros.


Así la veo yo.


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noviembre 26, 2014

235. La fábula del “gancho ciego” que nos abrió los ojos a todos

ASÍ LA VEO YO - Año 10

No insistamos por el camino de querer tapar el sol con un dedo

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
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El encuentro de Diógenes con Alejandro Magno

“Al oír hablar sobre Diógenes, Alejandro Magno quiso conocerlo. Así que un día en que el filósofo estaba acostado tomando el sol, Alejandro se paró ante él.

“Diógenes se percató también de la presencia de aquel joven espléndido. Levantó la mano como comprobando que, efectivamente, el sol ya no se proyectaba sobre su cuerpo. Apartó la mano que se encontraba entre su rostro y el del extraño y se quedó mirándolo.

“El joven se dio cuenta de que era su turno de hablar y pronunció:

- "Mi nombre es Alejandro El Grande”. Pronunció esto último poniendo cierto énfasis enaltecedor que parecía más bien aprendido.

- "Yo soy Diógenes el perro”

“Hay quienes dicen que retó a Alejandro Magno con esta frase, pero es cierto también que en Corinto era conocido como Diógenes el perro. Alejandro Magno era conocido en la polis así como en toda la Magna Grecia.

“A Diógenes no parecía importarle quien era, o quizá no lo sabía.

“El emperador recuperó el turno:

- "He oído de ti Diógenes, de quienes te llaman perro y de quienes te llaman sabio. Me place que sepas que me encuentro entre los últimos y, aunque no comprenda del todo tu actitud hacia la vida, tu rechazo del hombre virtuoso, del hombre político, tengo que confesar que tu discurso me fascina".

“Diógenes parecía no poner atención en lo que su interlocutor le comunicaba. Más bien comenzaba a mostrarse inquieto. Sus manos buscaban el sol que se colaba por el contorno de la figura de Alejandro Magno y cuando su mano entraba en contacto con el cálido fluir, se quedaba mirándola encantado.

“- “Quería demostrarte mi admiración", dijo el emperador. Y continuó: "Pídeme lo que tú quieras. Puedo darte cualquier cosa que desees, incluso aquellas que los hombre más ricos de Atenas no se atreverían ni a soñar".

“- “Por supuesto. No seré yo quien te impida demostrar tu afecto hacia mí. Querría pedirte que te apartes del sol. Que sus rayos me toquen es, ahora mismo, mi más grande deseo. No tengo ninguna otra necesidad y también es cierto que solo tú puedes darme esa satisfacción”

“Mas tarde Alejandro comentó a sus generales: "Si no fuera Alejandro, me hubiera gustado ser Diógenes."



En los últimos diez días no se habla de otra cosa que de la captura del general Alzate y sus acompañantes por las Farc, de las consecuencias ‘sísmicas’ de ese novelesco hecho de guerra y la deseada y ojalá pronta puesta en libertad de los rehenes.

Al respecto, la pregunta que uno podría hacerse es quién dio la orden al general para que se desplace en lancha hasta Las Mercedes (a veinte minutos por río de Quibdó) desarmado, sin escoltas, acompañado solamente de un soldado y de una abogada del Ejército. No sé si alguna vez se conozca la verdadera razón de tan intempestivo traslado pero lo de saber si el general acudió al sitio como “gancho ciego” o con pleno conocimiento de causa daría muchas luces sobre la ‘sismicidad’ del proceso de La Habana y sus ‘réplicas’ en Colombia.

Quedémonos por ahora con la sugestiva fábula sobre el “gancho ciego” que nos abrió los ojos.

¿Nos abrió los ojos? De alguna manera sí porque tras la edulcorante campaña presidencial por la paz, la captura del general nos recordó a todos que no solamente la confrontación armada prosigue sino que los hilos de la guerra y de la paz requieren la existencia de un ‘doble comando’ tanto en las filas guerrilleras como en las gubernamentales. Y aquí tropezamos con una incongruencia sorpresiva que nos tiene en medio de una suspensión de los diálogos formalizada por el Gobierno en contra de su propia filosofía tantas veces repetida de negociar en medio de los actos de guerra, vale decir sin cese al fuego ni de hostilidades.

¿Por qué el Presidente suspendió el viaje de sus negociadores a La Habana tras la captura del general? No podía no prever que las Farc recibirían el impacto de una violación de las reglas de juego y obrarían a partir de este hecho (no por la captura sino por la suspensión) como parte perjudicada y afrentada en su confianza en la contraparte. No faltan los escépticos que digan que el Presidente suspendió los diálogos para ganar en las encuestas y mostrarse firme, con la intención de volver a la Mesa después de la liberación del general con unos cuantos puntos más de credibilidad, no por parte de las Farc, sino por parte de la población. Si esto fuese así uno podría preguntarse hasta qué punto el proceso de paz está entrando en su madurez, o por el contrario hasta qué punto lo que comienza a estar claro para el gobierno es que el proceso de paz así como va no llegará a ningún buen puerto.

En todo caso, a punta de hipótesis, conjeturas y declaraciones públicas, la captura del general produjo el revulsivo que terminó acercando las posiciones del Presidente con las de “la derecha”. Hoy estamos más lejos que antes del “cese bilateral” que pregonan las Farc, y más cerca de ponerle condiciones al proceso tal como solicitan desde “la derecha”, todos a una, el Procurador, Uribe y el Partido Conservador.

El “cese unilateral del fuego” por parte de las Farc suena como lo más lógico ateniéndonos a que lo que se pretende es “cambiar las armas por la política” pero también aparece como lo más improbable en la actual fase de madurez (o de inmadurez más bien, del proceso). No obstante, las Farc debieran entrar en razones sobre que decretar unilateralmente ellas un cese al fuego pondría al Gobierno en el ‘compromiso moral ineludible’ de desescalar ipso facto sus acciones militares como gesto de paz inequívoco ese sí por parte del Gobierno. Las Farc todavía no dan el brazo a torcer y no han querido aceptar que lo que se trata es de desarmar las guerrillas y desmovilizarlas no de desarmar el Estado y revolucionarlo.

A partir del ‘caso Alzate’ y su resolución, un punto a considerar es hasta dónde las Farc aprovecharán la coyuntura para generar problemas internos en las Fuerzas Militares aguzando las contradicciones entre quienes quieren acabar con los diálogos, quienes quieren condicionarlos a una serie de puntos, y quienes acatan sin remilgos las decisiones de Santos sobre la marcha de las negociaciones. En las Farc no es de descartar el propósito de propiciar las condiciones que produzcan dentro de las Fuerzas Militares una corriente a favor de su ideología de la cual emerja más adelante un ‘Chávez colombiano’. Lo de ellos es la revolución socialista y saben que jamás lograrán eso por una negociación con un Santos, un Vargas Lleras ni algún uribista o conservador. Este general ‘caído del cielo a sus manos’ es una presa codiciada que jamás contaron tener a su merced. ¿Cómo irán a manejar este hecho tan fuera de cualquier cálculo a partir de su liberación?

Si realmente las Farc asumieron este proceso de paz para dejar las armas y no solo para recuperar protagonismo político y oxígeno internacional está por verse. A estas alturas de las negociaciones (hoy todavía suspendidas y a la espera de la liberación del general Alzate) lo que cabe preguntarse es en qué medida unos comandantes buscan dar el paso hacia la política para ganar espacio entre los sectores de izquierda más afines y desde la legalidad fortalecer así el eje Cuba-Venezuela-Nicaragua-Ecuador-Farc, y qué otros comandantes están dispuestos a encabezar una ‘disidencia’ que seguiría en armas operando en zonas que consideran estratégicas. Visto así lo que estarían buscando las Farc con el proceso de paz es reconfigurar su accionar político militar para competir con otros sectores de izquierda y ganar la hegemonía para su ‘caballito de batalla’ de orientación castrochavista. La cosa no es tan sencilla ni caricaturesca como la ven algunos uribistas pero tampoco cabe despreciar las advertencias uribistas sobre el castrochavismo. No se puede omitir que se trata de la expresión en esta región del mundo de la confrontación global planteada por Estados Unidos y Europa de un lado, y China, Rusia e Irán por el otro.

Por eso comencé diciendo que esta puede ser la fábula del “gancho ciego” que acabó abriendo los ojos de todos.

Y no nos digamos mentiras, cuantos más y mejor estemos dispuestos a ver la realidad en mejores condiciones estaremos de arribar a la mejor solución y a la ansiada paz.

Así la veo yo.


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noviembre 05, 2014

234. La Justicia es ante todo la equidad en la aplicación del derecho


ASÍ LA VEO YO - Año 10

La Justicia no es nunca, ni lo debe ser, la guerra por otros medios

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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“La justicia es ante todo la equidad en la aplicación del derecho” (En la Biblia de Jerusalén, Nota exegética)



En la hora de la libertad de sus postulados, la aplicación de la Ley de Justicia y Paz no puede sino estar a la altura de su condición de piedra fundacional de la justicia transicional en Colombia.

Desgraciada sería la coyuntura donde la guerra contra los ex combatientes se reanude como parodia de justicia, y maldita la ocasión en la que quienes han sido perjudicados por los testimonios de los postulados den rienda suelta a sus instintos vindicativos.

Mal se puede ir dando pasos hacia el postconflicto si quienes han de tomar medidas en derecho son permeados por intereses bastardos que pretenden sabotear la construcción de paz.

Nadie sale bien librado de una guerra, ni víctimas ni victimarios. Si ante los unos cabe respetar y reparar su inmenso dolor, ante los otros cabe corresponder con decoro a su declarado arrepentimiento, con apego a la ley por sobre todo lo que intenta desvirtuarla. Ante la majestad de la justicia cualquier fisura ocasionada por perversas intenciones ha de ser neutralizada con la legitimidad del Estado aplicando justicia.

Con las autodefensas comienza lo que proseguirá después con los guerrilleros, y más temprano que tarde con militares y policías intervinientes en el conflicto armado. Todo en la vida tiene un comienzo, y como dicen en la tierra “por el desayuno vamos sabiendo cómo será el almuerzo”.

Una de las tantas paradojas de este largo conflicto es que, en bastante medida en la mente de muchos colombianos, las autodefensas ‘son’ lo que se dice de ellas mientras que las guerrillas ‘son’ en cambio lo que ellas dicen de sí mismas. Y esto es bueno traerlo aquí a colación porque quienes pretenden instrumentalizar la justicia para desviar su justa aplicación toman ventaja de interesadas retóricas sofistas, que como sucede en todas las guerras, es producto de malos entendidos históricos y también de la propaganda que los actores del conflicto usan y abusan para justificar su lucha.

Sin embargo, aquí no se trata ni de los que unos dicen, ni de lo que otros callan, sino de hacer cumplir la ley, sin guiños a derecha e izquierda, sin obsecuencias palaciegas, sin manipulación ni abusos de poder.

La seguridad jurídica no es solo un bien preciado que debe ser garantizado a los actores de la economía, tampoco el patrimonio de una sola clase social ni menos todavía un bien que se subasta al mejor postor. Si los inocentes pero también los reos, si los justos pero también los delincuentes, saben que suceda lo que suceda siempre habrá justicia, ya lo prioritario no será que se castigue o no con la pena de cárcel, que se valide o no la pena alternativa, que prime la justicia ordinaria o la justicia transicional, sino que por encima de todas las categorías jurídicas exista la conciencia personal y pública que la Justicia es Justa, que la Justicia está por encima de toda injusticia y que la Justicia con mayúsculas sabe defenderse cuando toca justamente de las ‘justicias con minúsculas’, que de ‘justicias’ solo tienen un simulacro, y si me apuran apenas un ‘alias’.

No saldremos del conflicto armado hacia el postconflicto soñado sino transitando el camino de la Justicia con mayúsculas, practicando sus disposiciones y honrando su cumplimiento.

Así como las guerras tienen sus reglas y sus jueces, la paz tiene su sostén en la Justicia. Y la justicia transicional, la que despliega el puente entre ambas orillas de la guerra y de la paz, tiene un punto de comienzo pero también necesariamente define un punto final. Cualquier intento de hacer del puente un sitio definitivo, un limbo de eternidades vagas suspendido en la indefinición, ni es propio de un Estado justo ni se corresponde con la Justicia.

No lo olvidemos: lo que está en juego con Justicia y Paz, no es el azaroso tránsito por un kafkiano laberinto burocrático ni un amañado pasaje por las ‘horcas caudinas’, sino el bautismo renovador y comprometido de quienes habiendo sido guerreros deciden abandonar la violencia y aspirar a la condición de ciudadanos pacíficos respetuosos de la Ley.

De esto se trata, de inaugurar una era Pacífica y de Justicia, no de sembrar vientos para que otros  cosechen tempestades.

Así la veo yo.


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octubre 30, 2014

233. ¿Se viene el traslado de La Habana a Oslo?


ASÍ LA VEO YO - Año 10

Hacia un Gran Acuerdo Nacional e Internacional de Paz

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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“La filosofía de nuestra época parece estar absorbida por tres problemas dominantes: la crítica de la verdad objetiva, universal y necesaria, en favor de las múltiples interpretaciones; la crítica del totalitarismo, y de las políticas revolucionarias que habrían desembocado en tales desastres, en favor de las democracias consensuadas; la crítica de un concepto universal de Bien que aplaste la pluralidad de opiniones y formas de vida, en favor de ciertos criterios éticos de convivencia pacífica” (Dardo Scavino, La filosofía actual: Pensar sin certezas)


Circula en los mentideros políticos de la capital colombiana una versión sobre el factible e inminente traslado de la Mesa de La Habana a un país de Europa. Se mencionó inicialmente Francia pero luego se insistió en Noruega. En todo caso, los días de Cuba parecen estar contados.

Lo mencionado no debe llamarnos a sorpresa. La etapa de la generación de confianza entre las partes negociadoras luce afianzada. No puede decirse, sin embargo, que la credibilidad sobre los alcances de la negociación haya calado hasta aquí suficientemente en Europa –tampoco en Estados Unidos, a decir verdad- ni mucho menos en Colombia, donde la opinión ondula entre la moderada expectativa favorable, el escepticismo mayoritario y la animadversión creciente.

Las Farc han de haber estado haciendo cuentas con la realidad y por esa vía habrán obtenido ya pruebas irrebatibles sobre la escasa capacidad de Cuba y Venezuela para motorizar la aceptación del proceso de paz en los círculos de poder europeos y norteamericanos, cuyas simpatías con los ‘barbudos’ colombianos hace tiempo ya que han abandonado el lirismo pro-revolucionario y bienpensante de otras épocas. Cuba es vista como un sueño libertario fallido transformado en pesadilla y el régimen chavista como un despeñadero hacia el totalitarismo que se creía superado por la historia de América Latina. Ni Cuba ni Venezuela son en estas condiciones cartas de presentación válidas que puedan favorecer la fase definitoria y conclusiva del proceso de paz. Por razones obvias las Farc no aceptarían negociar en Estados Unidos por lo que la milenaria Europa surge como la plaza indicada.

Lo anterior tiene que ver no solo con la ambientación política de los diálogos de paz sino también con la viabilidad jurídica de un proceso que no puede saltarse así porque así los estándares internacionales de respeto a los derechos humanos y a la legislación sobre crímenes de guerra y de lesa humanidad. En Europa está la sede de la Corte Penal Internacional, dato nada irrelevante, por cierto. Y también el Parlamento Europeo, con sus izquierdas y sus verdes, pero también sus derechas, y sus nacionalismos.

Podríamos admitir entonces que más allá de su verosimilitud los insistentes rumores sobre un traslado de la Mesa de La Habana a Europa tienen más de globos de ensayo pactados entre las partes que de delirios periodísticos. Algo se está cocinando y la muy próxima mini-gira europea del Presidente Santos aportará o no luces sobre este asunto del trasteo.

La coyuntura que atraviesan los diálogos entre el Gobierno y las Farc está permeada también por los movimientos entre bambalinas y la prudencia judicial que rodean definiciones de peso sobre los otros dos grandes actores del conflicto armado, por un lado el Eln y por el otro las Auc. A estas alturas resulta evidente que hay un hilo conductor que vincula la etapa exploratoria con el Eln en Ecuador, la inminencia de los fallos condenatorios y la libertad muy próxima de los líderes de las Auc actualmente en prisión, con los avances en La Habana con las Farc. Dentro de la natural reserva y el ‘silenzio stampa’ al respecto no cabe duda que algo sistémico se está tramando y cada paso en una de las ‘bases’ produce efectos inevitables en las restantes. La Fiscalía, en particular, y el Poder Judicial, en general, no son ajenos a esta suerte de partidas simultáneas de ajedrez y no puede serlo de ninguna manera porque el Marco Jurídico de la Paz en su futuro desarrollo estatutario en el Congreso deberá proveer si no la misma solución para todos los actores del conflicto de todos modos una solución específica para cada caso, incluidos no solo guerrilleros y autodefensas sino también militares, policías y agentes del Estado.

Estamos ad portas del final de una etapa y el inicio de otra más trascendental en la historia de los procesos de paz en Colombia. En este sentido, se entiende mejor la necesidad de abrir el diálogo también entre todas las fuerzas políticas que finalmente serán las que deberán acoger en el seno de sus arenas democráticas la irrupción de nuevas fuerzas que provenientes del conflicto armado darán fe de su compromiso con la paz pero también exigirán garantías de no retaliación, de libre circulación de sus ideas y de iguales beneficios en materia de competencia electoral y acceso a cargos públicos.

Finalmente, la definición de la agenda nacional no podrá ser el producto de un solo Gobierno y sus acuerdos con uno de los actores del conflicto, sino que tendrá que hallar eco y legitimación en la totalidad del espectro político de la Nación. Es aquí donde la negociación de paz no solo no puede quedar aislada en Cuba sino que el trasteo de la sede no ha de constituirse en solo una cuestión geográfica fuera de Colombia, de un continente a otro, sino contemporáneamente de la incorporación de toda el arco político nacional y de todos los actores del conflicto, para que sea Colombia entera, espiritual y territorialmente, quien se presente ante el mundo proponiendo el Gran Acuerdo Nacional de Paz como fundamento para el reconocimiento externo de que lo acordado en Colombia no es patrimonio de un solo Gobierno y de un solo grupo armado sino patrimonio nacional reivindicando su derecho político y también jurídico de lograr consenso internacional sólido y definitivo.

Ante el tamaño del desafío no sobra exigirle a los actores que lo fueron del conflicto armado y social, económico y político, que pasen en limpio sus sueños de país y su visión del propio rol en la construcción de la Paz y Reconciliación para que todas las voces sean escuchadas, no como sucede en la Babel que nos hemos convertido tras estos largos años de guerra, donde de tanto defender las propias razones hemos hecho uso y abuso de un vicio que no podemos seguirnos permitiendo: el de considerarnos los dueños excluyentes de una verdad que solo nos pertenece a los del mismo palo.


Así la veo yo.


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octubre 23, 2014

232. El tiempo ya no juega en favor de las Farc


ASÍ LA VEO YO - Año 10

El principio de realidad no se niega, se verifica por sí mismo

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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“Todo lo que adquiere el ser mediante un proceso dialéctico tiene su verdad y su valor, como momento superado, asumido. Se conserva como elemento integrante; pero su realidad aislada se anula. Cada existencia finita tiene que perecer para dar lugar a formas nuevas y más perfectas” (Ernst Cassirer, El Mito del Estado)



El efecto estratégico más peligroso del proceso de La Habana no sería, como algunos analistas creen, el ‘cese bilateral de hostilidades’, sino otro bien diferente: el que prosiguiendo formalmente las hostilidades, las guerrillas ‘hicieran como que’ negocian en Cuba, pero en realidad no negociaran en serio, y el Gobierno ‘hiciera como que’ las combate en Colombia, pero en realidad no las combatiera en serio. Y esto último es lo que comienzan a sospechar  los escépticos, pese a los visibles esfuerzos del ministro Pinzón por querer demostrar lo contrario. Por mi parte, no creo que Santos esté simulando nada, y entre otras cosas, no lo hace porque hace tiempo descubrió que el tiempo juega en favor del Estado, no ya en favor de las Farc. Por esto puede darse el lujo de llevar la guerra a cuentagotas, sin precipitarse.

Razones tiene el Presidente para estar convencido que un cese bilateral de hostilidades aquí y ahora solo tendría ventajas para las Farc –porque éstas lograrían ‘parar el balón’ en momentos en que su equipo hace agua y es superado en el juego y en el marcador.

Que la Farc negocie en serio (y combata) y que el Gobierno la combata en serio (y negocie seriamente), solo juega en favor de un desenlace, porque es garantía que el conflicto armado (tal como lo hemos conocido) acabe de una vez con la aceptación de su derrota por parte de las Farc asumiendo sin más el principio de realidad.

Desde el mismo momento en que Santos fue electo en 2010 con el sostén y apoyo de Uribe, el tiempo ha comenzado a jugar en contra de las Farc y en favor del Establecimiento, en definitiva en favor del sistema democrático apuntalado por la Constitución del ‘91. No vivimos en el mejor de los mundos, pero sí, decididamente, en un mundo muy diferente del que quisieran construir las Farc.

Asistimos desde entonces a un cambio decisivo sobre la ‘variable tiempo’ del conflicto armado: las Farc durante medio siglo utilizaron el tiempo como una variable que jugaba en su favor. Hoy, y en buena medida gracias a la dupla Santos-Uribe  (o Uribe-Santos, da igual) el Establecimiento sabe que son las Farc quienes están obligadas a dar ‘pruebas de supervivencia’ de sí mismas, no el Estado, ni tampoco la democracia. El desgaste humano, organizacional e ideológico al que han sido sometidas las Farc desde Pastrana hasta aquí no solo es contundente, es también irreversible.  La guerra la ganó el Estado colombiano, la perdieron las Farc. Esto ni se discute, ni se pone en duda.

¿A qué viene entonces lo que se discute en La Habana?

Nada más ni nada menos que un ‘paso al costado’ honroso, digno, que evite más desangre inútil, y permita que la Farc, como organización política desarmada, defienda sus tesis dentro de la legalidad, no más por fuera de ella. No se trata de obtener en La Habana lo que no obtuvieron en medio siglo de lucha armada, sino que expongan su discurso y sus propuestas sobre la arena política para lograr con los votos lo que no lograron con las armas. A cambio de ello, participación política, garantías democráticas, alternatividad penal y seguridad personal y colectiva. Todo lo demás es inútil, dispendioso e imposible de conseguir a través de una negociación con un Estado constituido, operante y legítimo. En las guerras no hay empate, o se ganan o se pierden, o se continúan. Pero si la guerra cesa es porque una de las partes da el brazo a torcer. Esto es lo sustancial, lo demás es retórica, maquillaje, palabras que se lleva el viento.

El drama para las Farc es que si el tiempo ya no juega a su favor porque el fortalecimiento del Estado y la democracia las ha vuelto en extremo vulnerables, el territorio cada día que pasa juega menos en su favor también. Subsiste la condición geográfica, la vecindad con regímenes tolerantes, pero sin tiempo y sin espacio, el ser de las Farc se reduce sin pausa a una vida cada vez más vegetativa, más marginal, más de pura resistencia en el vacío que de vigencia en el eje espacio-tiempo de la realidad política.

La puja entre Santos y Uribe es realmente una puja política de cara al Establecimiento y la ciudadanía, y es una puja por el poder, ¿qué duda cabe? Que las Farc ocupen el centro de esa puja entre Uribe y Santos no significa que las Farc ocupen por sí mismas un espacio y un tiempo político real. Son el pato de la boda, o si se quiere el pato del divorcio, pero nada más. Cuanto antes las Farc se ubiquen sobre la real magnitud de su peso político más podrán lograr del proceso de La Habana, cuanto más se demoren más se darán de narices contra la realidad por seguir creyendo que el tiempo juega en su favor. Y tal como van las cosas menos se demorarán Santos y Uribe en encontrar un punto de convergencia entre ambos que las Farc en darse un baño de realidad sobre lo precaria que es realmente su situación.

Todo lo que viene de boca de la derecha, de Santos y Uribe, la Farc lo toma como ‘discursos de ahogados’, como burdo chantaje, o como ‘cañazo’. Todo lo que viene del centro, la Farc lo toma como moralismo beato, cándida ingenuidad, o mera estupidez burguesa. Y como de la izquierda no advierten sino mutismo o palomas de paz, cantos a la bandera, o loas al ‘guerrillero heroico’, la Farc ni siquiera se detiene a escuchar si entre voces disidentes dentro de la misma izquierda hay algo que merezca algo más que desdén y menosprecio. Finalmente, las Farc se sienten destinadas a gobernar el país entero, comprendida la izquierda, toda la izquierda y la pequeño burguesa, también.

Así como van las cosas, van mal. Mal porque la Farc no entra en razones, y se aleja cada día un poco más del ‘principio de realidad’. Mal porque el Gobierno no sincera su discurso ante las Farc y ante el País, insistiendo en ofrecer con desmesura todo el oro y todo el moro, hasta el punto que las Farc han comenzado a desconfiar de las intenciones de Santos. Mal porque Uribe está más inclinado a pelear con Santos que a buscar entendimientos políticos que permitan poner a las Farc sobre el eje del espacio-tiempo, no para que se sigan evadiendo de la realidad y huyendo hacia adelante, hacia un ‘paraíso socialista’ que no solo vive solo en su imaginación sino por el cual flaco favor han hecho con sus crímenes y desatinos.

Y mientras tanto, la otra parte del conflicto y la realidad, el pasado superado de la violencia paramilitar, evidencia que los plazos de Justicia y Paz se van cumpliendo y pronto veremos con qué rostros, con qué talante y con qué ideas vuelven las autodefensas a la libertad. Dios los bendiga, Dios bendiga a sus víctimas y Dios bendiga a Colombia. Que su adiós a las armas haya sido definitivo y que su voluntad de paz permanezca intacta. Colombia necesita más brazos y más inteligencia que nunca antes para construir Paz y Reconciliación, para ponerle el hombro, la cabeza y todo el corazón a los procesos de paz.

Amanecerá y veremos.


Así la veo yo.


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octubre 09, 2014

231. “Lo que natura non da, La Habana non presta"


ASÍ LA VEO YO - Año 10

Ni el oportunismo ni la ausencia de límites son amigos de la Paz

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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“El hombre está pues tan felizmente fabricado que no tiene ningún principio justo de lo verdadero y varios excelentes de lo falso” (Pascal)





El Presidente Santos ha manifestado en más de una ocasión su satisfacción porque nunca antes un proceso de paz con las Farc había llegado tan lejos. Después de lo cual, legítimamente, cabe preguntarnos si habiendo llegado tan lejos, cómo haremos para regresarnos cuando en algún momento llegásemos a darnos cuenta que hemos llegado a una sin salida, o dicho de otro modo, a nada, a nada sustancial, o incluso, a algo que resulte inconveniente de acordar.

Quiero sentar aquí, una vez más, mi posición de que me complazco en que el proceso de La Habana exista. Lo que no implica que esté tan seguro que en algún momento este proceso, así como va, llegue a alguna parte. Y si esto resultase, ya la angustia no sería en cómo seguir avanzando, sino en algo inédito, cómo regresarnos habiendo llegado tan lejos.

Esta hipótesis de que en algún momento el proceso de paz se rompa no puede quedar librada al azar, o descartada por descabellada que parezca. Tampoco se puede repetir alegremente que somos capaces de hacer la paz cuando la historia nos recuerda fatídicamente que de lo que hemos sido capaces es de vivir en conflicto por más de medio siglo y más. No intento ser pesimista, sino de alertar sobre qué pudiera estar sucediendo: que hayamos dado por hecho –el logro de la paz mediante la prosecución de los diálogos en La Habana- cuando de lo que se trata es de construir la paz, como actividad permanente inherente al sistema constitucional y democrático, independientemente de que exista el proceso de La Habana o no.

Al respecto me preocupan algunas cosas y hoy quiero poner énfasis sobre un par de ellas. Por una parte, la cuestión de los ‘oportunismos’ y por otra la de los ‘límites’. Aplicado esto, lógicamente, a la construcción permanente de paz, no a la circunstancial ‘moda’ de la paz que algunos se empeñan en querer imponer en Colombia, por coyunturales necesidades políticas o por consideraciones solamente moralistas.

Entre los ‘oportunismos’ me preocupan los que calificaría de oportunismos de derecha y de izquierda, así como oportunismos del oficialismo y de la oposición.

Entre los ‘límites’ me preocupan los límites que estamos trazando entre oficialismo y oposición, así como los límites que estamos desdibujando entre acciones de guerra y acciones inhumanas.

Desde la política de izquierda, el oportunismo consiste en pretender alcanzar mediante la negociación de las Farc con el Gobierno aquellos objetivos políticos que desde el propio ejercicio de la política desarmada y el convencimiento ha sido imposible de lograr con el consenso de la ciudadanía a través del voto. Atribuyo a este propósito de la izquierda –beneficiarse con la guerra-  que otros (las Farc) utilicen las armas para que en la Mesa de La Habana se consigan como concesiones del Gobierno objetivos ideológicos y prácticos  que por la lid democrática y civilista no se ha logrado conseguir. Esto suena a chantaje –nos dan lo que pedimos o las Farc siguen combatiendo- y explica buena parte de la animadversión que el proceso de La Habana despierta en la opinión pública.

Desde la política de derecha (en este caso de la derecha de la Unidad Nacional) el oportunismo consiste en pretender llegar a un acuerdo con las Farc a un costo muy bajo, logrado por el atajo de disuadir a los comandantes farianos, otorgándoles prebendas, y que todo siga más o menos igual pero ‘bacriminizando’ y ‘farcriminizando´el país, ya sin la ‘marca’ Farc atribuyendo franquicias y razones políticas a la proliferación de la delincuencia en las zonas rurales del país.

El riesgo del oportunismo oficialista lo veo en la utilización de la bandera de la paz como recurso político que anestesie a la población sobre la falta de respuestas eficaces a la existencia de problemáticas socialmente complejas sobre las cuales se aplica la anestesia de la panacea de la paz como santo remedio que no logra sanar el cuerpo social pero que lo hace vivir en un clima alienante de falsa euforia e irreal optimismo.

Por el lado de la oposición uribista el oportunismo lo veo en dedicarse exclusivamente a satanizar las negociaciones de La Habana sin intervenir con propuestas concretas y creíbles que logren establecer una correspondencia entre los sentimientos pacifistas de la población y la necesidad de preservar los canales de la democracia para tramitar las lides políticas y armonizar las contradicciones sociales. ¿Por qué el uribismo no exige participar de las negociaciones en La Habana y convertirse en actor y aval de las mismas?

Esencialmente, el oportunismo radica, allí donde se anida, en la manipulación del anhelo popular de paz y redención social, utilizando el proceso de La Habana como ‘caballo de Troya’, donde la argumentación y la propaganda se convierten en recursos utilitarios para lograr objetivos que no solo no se corresponden con la construcción de la paz integral y definitiva, sino que siembran discordias y funestos vientos tras los cuales no pueden sobrevenir luego sino tempestades y tragedias mil.

Si a la presencia de los oportunismos le sumamos la distorsión de los límites, cualquier alerta es poco.

Me niego a sostener que de un lado está el oficialismo amigo de la paz y del otro la oposición de los enemigos de la paz. Ese cuentico no aguanta. Con esta falta de lógica quienes hacen la guerra –Gobierno y Farc- son los amigos de la paz, y quienes no están ni en el Gobierno ni en las Farc, desempoderados de todo poder y en la oposición desarmada, resultan amigos de la guerra. No. Si el Gobierno y las Farc fuesen tan amigos de la paz como dicen ser, ya habrían hecho un acuerdo de cese de hostilidades, o al menos, hubiesen trazado ya un límite entre las acciones de guerra y las acciones inhumanas, entre la guerra y el terrorismo, entre los beligerantes y los civiles.

No quiero convertirme en aguafiestas, pero créanme, los oportunismos y la ausencia de límites, están degradando aceleradamente la confianza de la población en el proceso de La Habana.

¡Cuidado!

Del escepticismo a la indignación hay unos muy pocos pasos.

Y esos pasos se están comenzando a escuchar, las encuestas lo están comenzando a evidenciar.

Por eso la pregunta inicial de esta columna: ¿Haber llegado tan lejos es buena o mala señal?

Porque de lo que se trata no es de llegar muy lejos, sino de llegar donde la Paz lo exige.

Y para esto, ni el oportunismo de los unos ni de los otros, ni la ausencia de límites son amigos de la Paz.

Dicho de otro modo y parafraseando: “Lo que natura non da, La Habana non presta”.


Así la veo yo.


Los 231 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com


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octubre 02, 2014

230. Todos los caminos conducen a Washington


ASÍ LA VEO YO - Año 10

La necesidad (de paz) tiene cara de hereje

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia

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““Chávez ha despertado nuestros demonios íntimos”, me explica la psicosocióloga Mireya Lozada, que trabaja en los aspectos imaginarios y fantasmagóricos de la polarización ideológica. “Esto (la polarización) se ve agravado por la distorsión de atribución: a la otra parte se le atribuye la peor de las intenciones y aquellas acciones desmedidas del propio bando se perciben invariablemente como respuestas a las amenazas o agresiones del contrario. En fin, se justifican las propias acciones violentas como respuesta a la violencia que se anticipa, la que desencadena el miedo.””

(Marc Saint-Upéry, El sueño de Bolívar)


Tarde o temprano Uribe y Santos, Farc y Auc, con el visto bueno de Castro y la resignación de Maduro, llevarán sus acuerdos a Washington.

Serán acuerdos que bendecirá el Papa y aplaudirá Colombia y el mundo.

Entonces, solo entonces, no antes, Washington estampará su firma.

Entonces, solo entonces, no habrá más embargos a Cuba, ni ‘guerra fría’ con Venezuela.

Me dirán que sueño despierto, o que deliro entre fiebres intensas.

Sin embargo, aquí la gran paradoja reside en que aquello que más tememos –no podernos salir con la nuestra- es lo único que puede salvarnos, y lo que más nos duele –que el enemigo se salga con la suya- es la única puerta que nos conduce a la paz.

Lo acepte o no lo acepten Santos y Uribe, quiéranlo o no Farc y Auc, preténdanlo de otro modo Castro y Maduro, Colombia está ubicada (y bien amarrada) sobre el patio trasero de los EEUU, y a diferencia de sus vecinos, es el único país de América del Sur cuyo norte es el acuerdo permanente, esencial y a toda prueba, con Washington.  

Urge entonces que Santos y Uribe comiencen a dar pasos seguros hacia la convergencia, que la Mesa de La Habana incorpore sin más remilgos ni demoras a Eln y Auc, que Castro y Maduro apresuren su andar hacia la democracia y la libre empresa en Cuba y Venezuela. Y que las Confesiones Religiosas de todos estos países –no sólo las Católicas- armonicen sus prédicas y vitalicen sus plegarias, para que el espíritu acuda a su cita con la política, y las razones de la Paz y la Reconciliación prevalezcan sobre las causas y efectos de la confrontación armada e ideológica.

Cuanto más largas le demos a la incorporación de una mirada geopolítica de mediano y largo plazo a la coyuntura presente, cuanto más demoremos en ir al grano de lo que esconde –hasta hoy- haber estratégicamente escogido a La Habana como sede de las negociaciones, cuanto más estiremos los tiempos y la paciencia sobre lo determinante del narcotráfico en el conflicto armado colombiano, la posibilidad de arribar a consensos amplios y definitivos, políticos y geopolíticos, se irá irremediablemente disipando más allá del voluntarismo que le pongamos a la cosa, más allá de lo que seamos capaces de aportar desde la sociedad democrática y la cultura popular.

Regresemos ahora al comienzo de esta columna. Washington estampará su firma solo al final. Pero involucrar a Washington implica abrir ya la comunicación al respecto. La causa final es siempre la última en manifestarse pero está en el origen mismo de la acción. Teleología, que le dicen. Origen que, convengamos, permanecerá en la bruma hasta llegar allá. Dicho de otro modo, si los diálogos de La Habana no están inspirados desde hoy por arribar con Washington a la meta todo lo que se haga o vaya hacer será humo, y con el viento se irá a morir sobre el mar.

Dicho esto, la convergencia de Santos y Uribe, no puede demorarse más que unos pocos meses. Arribar a finales de este año con pasos firmes en esta dirección es una condición sine qua non para que el proceso de La Habana pueda ofrecer frutos comestibles, digeribles.

Sin embargo, la condición aludida es necesaria pero no suficiente. Alinear a Santos con Uribe, a Colombia con Estados Unidos, a Cuba y Venezuela con Colombia no significará nada, o casi nada, si del otro lado de la Mesa no se logra alinear a las Farc con el Eln y las Auc, y a todos estos con las Bacrim.

¿Y esto por qué?

En Colombia existe un conflicto armado, también existen amenazas terroristas, todo esto envuelto en una trágica criminalización de la protesta social y una desbordada corrupción de los estamentos públicos. Y no solo ronda al acecho el narcotráfico haciendo de las suyas, sino que éste ha llegado a constituirse (desde largo tiempo atrás) en el combustible más importante, cuantitativa y cualitativamente, de la confrontación.

Si de la existencia del conflicto armado todos damos fe y hasta buena parte del uribismo ha llegado tardíamente a aceptar su realidad  (circunloquios mediante) en cuanto a los actores del conflicto –legales e ilegales- subsisten polémicas y controversias, bizantinismos a derecha e izquierda, leguleyismos varios,  acerca de quiénes sí y quiénes no, quiénes a tiempo completo y quiénes de a raticos, participan del horror. Sacando cuentas realistas y sin minimizar su relieve Farc y Estado son apenas el 50 % y si acaso, del conflicto armado. ¿Cómo ‘ningunear’ al resto, cómo no incorporarlo a las negociaciones? ¿Cómo pasar por distraídos y de agache hacia quienes por incómodos que resulten a los cálculos de unos o de otros en La Habana, suena a desidia ignorar sus ostensibles y reiterados llamados de atención? Nada más fatídico para el posconflicto que una paz a medias, o una paz que vaya a quedar mal hecha, por incompleta, por excluyente.

Sin entrar a realizar una categorización estricta ni completa, pocas dudas caben que desde el lado de la ilegalidad, Farc y Eln, Auc, residuos del Epl, residuos de las Auc, las llamadas bacrim, y carteles y cartelitos del narcotráfico, están involucrados en el conflicto armado, con el grado de participación y conciencia política, más madura o más inmadura,  que depende históricamente de múltiples factores y afecta de diferente modo a los diversos actores y territorios donde toma cuerpo ,y se asienta y echa raíces el conflicto. Ni qué decir tiene que por acción u omisión los círculos concéntricos que emergen desde la localización y movilidad de estos actores ilegales se extienden hasta las orillas de la legalidad, tanto como les resulta necesario y permanecen, o permanecieron, todo el tiempo que la conveniencia o el temor, determinaron.

Si digo todo esto no es por exceso de imaginación, estoy seguro de estar quedándome corto en la apreciación objetiva de todo lo que está en juego y todos los que juegan, ilegales por supuesto, pero agentes estatales y establecimiento político y económico también.

Ante la enorme dificultad de ambientar las condiciones de un proceso de paz creíble y viable se me hace un despropósito político peligroso que se insista en sobre-utilizar el calificativo de ‘enemigos de la paz’ –‘que los hay, los hay’- como si el uribismo fuera una cueva demoníaca donde se dieran cita conspirativa los más grandes obstáculos para llegar civilizadamente al final del conflicto.

¡No! los ‘enemigos de la paz’ suelen también dormir con nosotros en nuestra cama de oficialistas y opositores ‘bienpensantes’,  habitan nuestras mentes ‘políticamente correctas’ pero absurdamente sectarias, estimulan en nuestras neuronas la ausencia de realismo y grandeza, tanto como pretenden una paz a bajo costo –económico y político- y seducen al propio ego con ‘botines de paz’ fabulosos, donde si es el caso nos toque ‘pasar gato por liebre’, y una ‘paz de mentiritas’ como la gran solución de todos nuestros males.

Insisto, ‘o todos en la cama, o todos en el suelo’.

Y claro, todos a Washington…, con tiquete de ida y vuelta, como debe ser.


 Así la veo yo.


Los 230 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
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