junio 19, 2014

225. Si sucede, conviene

ASÍ LA VEO YO - Año 10

El pase gol de Colombia a las guerrillas no puede acabar en las tribunas

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
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“Si sucede, conviene” (Del Budismo zen)


De todos los comentarios posteriores al 15 de junio me quedo con este: “la pelota está en el campo de las Farc y el Eln”.

Sus tesis de izquierda –por las que justifican sus acciones militares y terroristas- están sobre la mesa. Y no son solamente las guerrillas quienes las sostienen, finalmente tesis son tesis, y buena parte de las mismas son avaladas por el 20 % del electorado colombiano, a través del Polo Democrático por ejemplo, y no solo.

Lo que no comparte sino el 5 % de los colombianos y en esto seguramente me excedo, es que por esas tesis de ultra izquierda haya que inmolarse en una guerra revolucionaria sacrificando la vida de centenares de miles de colombianos, uniformados o no, militares, guerrilleros, paramilitares y civiles.

La urgencia de la paz, su importancia y necesidad, atravesaron transversalmente el voto por Santos y por Zuluaga. En este plebiscito abrumador por la paz está la clave de los años por venir. Santos lo intuyó antes y mejor que el uribismo, está claro. Pero ni la paz sin condiciones está en la mente de Santos, ni la guerra perpetua está en la mente de quienes votaron por Zuluaga. Todo en su medida y armoniosamente, decían los filósofos de la antigüedad, y así se expresaron los colombianos en las urnas. Extremismos afuera, cordura y equilibrio sobre el escenario político.

Por eso insisto, “la pelota está en el campo de las Farc y el Eln”. Las supuestas ‘causas objetivas’ que sustentan sus reivindicaciones políticas y sus crímenes, no han logrado ser compartidas sino por una ínfima minoría de colombianos. Se pueden compartir sus ideas sobre lo que es bueno y lo que es malo para Colombia y su gente, pero el repudio por sus métodos belicistas y criminales es inmensamente abrumador en el universo democrático de todas las tendencias políticas, las de derecha y las de izquierda.

Si las Farc y el Eln aspiran a una salida negociada y política que rescate lo bueno y conveniente de sus iniciativas deben comprender, asumir y hacer público su adiós a las armas, su adiós definitivo e inmediato, sin más condiciones que la magnanimidad del Estado y la benignidad de los ciudadanos, que sabrán responder con generosidad y perdón si del lado de las guerrillas se advierte arrepentimiento y no repetición de sus acciones militares y terroristas.

Es tan burdo seguir negando la evidencia que en Colombia ha existido y subsiste un conflicto armado como pretender minimizar o negar que las guerrillas han sido penetradas y convertidas en arietes de amenazas y comportamientos terroristas.

Las Farc y el Eln tienen todas las garantías que las leyes nacionales e internacionales les conceden a quienes han sido actores de un conflicto armado, al igual que las tienen sus contrincantes Autodefensas que les llevan una década de ventaja en esto de someterse a la Justicia y aceptar que en Colombia la guerra no va más, no se tolera más, no cabe ya sino en mentes calenturientas y desquiciadas.

El hecho contundente y llamativo, elocuente y plausible, que la inmensa mayoría de los movimientos políticos y sociales de izquierda hayan sumado su voto y su opinión a las tesis de paz y reconciliación del Presidente Santos son un compromiso de paz y reconciliación que Santos deberá honrar, ni más faltaba, y la ciudadanía acompañar con entusiasmo, pero que las Farc y el Eln deben asumir como un reto y una lección inolvidables de sus propios compañeros ideológicos para que hagan suyo y de inmediato el clamor nacional por la paz y lo sagrado de la vida.

De lo contrario, de no saber jugar criteriosamente con el balón que les ha caído en su campo, las Farc y el Eln serán condenados irremisiblemente y sin otra oportunidad, por las mayorías colombianas, y su condena será exclusiva y puramente de su propia irresponsabilidad y culpa.

Las Farc y el Eln tienen la última palabra, son ellos en definitiva quienes escogen con sus decisiones si se los escucha políticamente en el marco de la democracia colombiana, o se los combate con decisión y sin fisuras desde la ley, desde la ética, desde lo más sagrado que tiene un pueblo, que es su dignidad.   

El que gana gobierna, el que pierde al llano, pero desde la cumbre o desde la base, democracia, democracia, democracia… y justicia, claro, sobre todo justicia, y no solo para los de ruana.

Así la veo yo.


Los 225 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com


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junio 05, 2014

224. La Paz no está de un cacho pero Colombia votará por la Paz

ASÍ LA VEO YO - Año 10
Mi única recomendación: esta vez no se abstengan
Por Juan Rubbini
@JuanRubbini

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- ¿Y tu papá, Libertad, a quién piensa votar en las próximas elecciones?
- Cállate… ¡Anda con una cara, pobre!
- Ah, ¿todavía no se decidió por ningún candidato?
- Sí, se decidió, ¡y anda con una cara, pobre!

(Una charla entre Mafalda y Libertad, Joaquín Salvador Lavado, QUINO)


Escuché al ‘Tino’ Asprilla por ‘bluradio’, lamentarse aburrido de todos aquellos que por estos días se lo cruzan y le preguntan ¿Cómo nos irá en el Mundial? Confieso que a mí me sucede lo mismo con otra pregunta que taladra mis oídos y mis incursiones por internet: ¿Quién ganará, Santos o Zuluaga?

Comienzo diciendo que hoy soy más optimista que ayer sobre el desenlace final del conflicto armado. Ojo, no estoy diciendo que no subsistan enormes dificultades, entre ellas las amenazas terroristas y las presiones extremas, pero en todo caso son menores y menos determinantes que hace diez años cuando comencé a escribir estas columnas (ya llevo 224, pruebas al canto para quien disponga de tiempo y paciencia). Todo ha ido demasiado lento y no estamos aún en el umbral de una paz inminente, ni tan cercana, pero al menos –esta recta final de la campaña presidencial lo demuestra- el eje central del debate ya no es entre guerra y paz, sino entre las condiciones y las concesiones que harán viable la paz que Colombia entera está exigiendo a los grupos armados ilegales, a los políticos en general y a los gobernantes en particular. Por supuesto también, y de manera muy directa y elocuente a los dos candidatos que dirimirán fuerzas el próximo 15 de junio.

No es tiempo para ingenuidades, y me adelanto a manifestar que ni creo que las intenciones de Santos sean todas tan ‘santas’ ni las de Uribe todas tan ‘patrióticas’ –políticos al fin- pero sí estoy convencido que ambos saben y han tomado nota que, o son capaces de arribar a la solución negociada con los grupos armados ilegales que ponga punto final al conflicto armado, o habrán fracasado ante los ojos de la historia. Dicho esto, desde la coyuntura electoral presente, también estoy convencido que así como los Castaño y los Mancuso, a comienzos del siglo XXI, tomaron la decisión de desmovilizar sus ejércitos contrainsurgentes, hoy los Timochenko y los Márquez, los Gabino y los García, también han tomado la decisión de cesar el fuego y silenciar sus armas, para transitar de la política en armas a la política desarmada. Incluso el Establecimiento económico y político, con más o menos condiciones, con más o menos generosidad está convencido que ha llegado el momento de cerrar el ciclo de la violencia y la guerra en Colombia.

Las elecciones entre Santos y Zuluaga, entre Zuluaga y Santos, no serán ya el plebiscito maniqueo, en blanco y negro, entre la guerra y la paz, que algunos mensajes apocalípticos anunciaban. Ambos candidatos quieren la paz, aunque la imaginan por vías diferentes, con metodologías distintas, tan respetables de una parte como de la otra. Quienes desde ambas campañas incitan a los electores para que vean en su competidor un enemigo de la paz, o peor aún un peligro para Colombia, están deshonrando con su propaganda el clamor de los colombianos por la paz revistiendo sus ambiciones políticas de sectarismo y exclusión. Son minorías ínfimas las que se mueven y actúan de este modo deleznable y fanático pero contra esas minorías no hay remedio más eficaz que la palabra mesurada, la grandeza de espíritu y la serena indiferencia de quien sabe hacia dónde va y tiene prudencia, infinita prudencia a la hora de afrontar el debate. Debate que estoy convencido es pura y exclusivamente entre partidarios de la paz, voten por Santos o voten por Zuluaga. O incluso, legítimamente por quienes voten en blanco como expresión de repudio, no a la paz, sino a las políticas propuestas por ambos candidatos, con las que obviamente, no todos podemos estar de acuerdo.

El presidente electo el 15 de junio tendrá que ser un excelente timonel para seguir remando hacia la paz y al mismo tiempo asegurar la gobernabilidad. No deberá ser un gobierno rehén de ningún sector, sino que tendrá que avanzar transversalmente hacia consensos mayoritarios, incluso con quienes habrán sido sus adversarios en la carrera presidencial. Esto no significa que no tendrá oposición, la tendrá y será nada despreciable, pero aun con la oposición habrá de buscar acuerdos y no polarización, puntos en común y no inamovibles, comunes denominadores y no dogmatismo. Cada quien sabrá en su conciencia si Santos o si Zuluaga coinciden o no, y en qué medida, con el perfil de estadista que deba hacer la paz y al tiempo asegurar la gobernabilidad, generar fortaleza sin imposiciones, voz de mando sin demagogia, sin histerismo. Porque no se trata de movilizar pasiones ni de alborotar los sentimientos, sino de apelar a la racionalidad de los actos y la firmeza de la voluntad, en un equilibrio y con una discreción que asegure el predominio de la mente serena sobre el corazón desbocado.

No quiero con esta columna, a diez días del 15 de junio, y muy probablemente la última antes de conocer el nombre del próximo presidente, inclinar la decisión de los lectores hacia uno o hacia otro, sino hacia la reflexión, íntima y profunda, para hacer del voto un instrumento de paz, un aporte a la democracia, un acto de fe en que otra Colombia es posible y mejor, si se acaba el conflicto armado y se acaba de la mejor manera, de modo más completo e integral, atendiendo a todas las partes del conflicto, dando cabida y participación a todas las víctimas y todos los victimarios.

Es en este sentido que llamo la atención sobre los siguientes puntos para que se tengan en cuenta a la hora de votar pero también a partir del día después al 15 de junio cuando de lo que se trate sea de ser partícipes de la gesta de la paz y garantes de la gobernabilidad que asegure que en Colombia todas las voces tengan voz, todos los derechos tengan vigencia, todas las garantías democráticas dadas y plenas sin exclusiones ni sesgos:

1. Justicia y Paz es un hito insoslayable de la justicia transicional de Colombia. Su llegada a buen puerto debe ser compromiso de todos, pueblo e instituciones, desmovilizados y órganos de justicia.

2. Los comportamientos personales y los cabos sueltos que vinculan entre sí todos los actores directos e indirectos del conflicto armado deben tener una segunda oportunidad en la vida. No para todos la misma solución, tal vez, pero absolutamente para todos ellos una solución, una vía de salida, un honorable regreso a la legalidad. Con condiciones sí, pero sin que vayan a existir parias, ciudadanos de segunda, ni discriminaciones.

3. La reconciliación debe dejar de ser considerada como exclusivamente una cuestión entre víctimas y victimarios. Eso está muy bien pero no es suficiente. La reconciliación debe extenderse y promoverse también entre quienes fueron enemigos durante el conflicto armado: reconciliación entre guerrilleros y militares, reconciliación entre autodefensas y guerrilleros, reconciliación entre militares y paramilitares, de todos con cada uno, de cada uno con todos. Y también reconciliación entre quienes sin ser actores del conflicto armado tomaron partido por unos o por otros, porque este conflicto armado ha generado fanatismos y simpatías, odios y cercanías, entre guerreros y desarmados, entre población civil y uniformada.

No tiene sentido ni es la oportunidad continuar aquí sobre puntos y más puntos a ser considerados. Pero tengamos la seguridad que los tiempos que se avecinan convertirán la paz de Colombia en la cuestión de honor que comprometerá las mejores energías de la Nación en el proyecto colectivo más ambicioso para los colombianos y colombianas desde el alba de la Independencia.

Salgamos a votar por uno o por otro, o sencillamente en blanco. Es nuestro derecho derrotar la abstención desde todos los ángulos y todas las visiones de país. No lo hagamos con sentimientos de culpa por no tener claro cuál es el mejor candidato. Les digo, que ni ellos mismos, Santos o Zuluaga, lo saben a conciencia, aunque jamás lo dirán. Capitán que se honre llega a puerto con su navío o se hunde con él. Lo que sí saben, les aseguro, es que el que gane presidirá pero quien pierda no podrá de ninguna manera tomarse vacaciones, mucho menos desertar de su compromiso marcado a fuego no solo con sus electores, con todo el País.

Ya después con el diario del lunes, y la decisión tomada, sigamos impulsando la Paz y dándole alas a la gobernabilidad, porque comienza un período histórico decisivo que pondrá a prueba de qué madera estamos hechos y para qué nuevas y nobles misiones convocados.


Así la veo yo.


Los 224 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
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