diciembre 12, 2014

236. Elogio de la simetría, condena de la discriminación


ASÍ LA VEO YO - Año 10

Un posconflicto sin vencedores ni vencidos

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
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“Reconocían los secretos himnos que los habían confabulado desde antes de que se conocieran... Más tarde, cuando los escuchaban juntos, les parecieron atributos de la simetría de sus dos vidas anteriores, augurios de un azar que lo dispuso todo para que se encontraran”
Antonio Muñoz Molina, El invierno en Lisboa


Aceptado que Colombia padece un conflicto armado interno al cual se pretende ponerle fin por medios diferentes al desenlace militar cabe caracterizar a sus actores y encontrar para cada uno de ellos una solución.

Aunque no resulte la misma solución para todos, para todos debe hallarse una solución. Entiéndase, una solución negociada y política hasta donde se pueda, sin sacrificar la justicia, sino honrándola.

El proceso de Ralito con las autodefensas y su derivación en Justicia y Paz es una de las vías acordadas entre el Estado y uno de los actores armados del conflicto, al cual se fueron añadiendo también guerrilleros que entregaron sus armas y por libre voluntad accedieron a su normatividad.

El proceso de La Habana con las Farc está en vías de arribar a acuerdos entre las partes que derivarán por su propio cauce legal al cabo de cuyo recorrido también estos actores del conflicto entregarán sus armas y se sumarán a la sociedad con plenos derechos. Así sucederá con el Eln y,  al cabo de estos tres procesos se habrán ido desgranando del escenario del conflicto sus mayores referentes ilegales, sucesivamente Auc, Farc y Eln.

Que por razones políticas, históricas,  filosóficas, ideológicas o de tipicidad jurídica, las soluciones vislumbradas para cada actor difieran entre sí en sus consideraciones y alcances, modos y circunstancias, tiempos y secuencia, no significa ni debe significar discriminación, exclusión, sesgo ni prejuicio sobre los derechos individuales inalienables de las víctimas por un lado, de los victimarios por el otro, en su condición de ex combatientes reincorporados a la sociedad mediante el abandono del uso de la violencia y la recuperación plena de la totalidad de sus derechos como personas y como ciudadanos libres de un país libre y democrático.  

Lo mismo vale, qué duda cabe, para quienes hayan participado del conflicto armado como integrantes de las fuerzas militares y de seguridad del Estado. O todos en la cama, o todos en el suelo.

Entiéndase bien, las diferencias originadas por el bando del cual se hizo parte, y las diferencias habidas en el trayecto que fue transitado en virtud de caminos distintos andados desde la dejación de las armas hasta el desembarco en la civilidad y la libertad, no puede ni debe estratificar las vidas ni establecer diferencias sobre la naturaleza y ejercicio de los derechos y obligaciones de los ex combatientes en cuanto a poder dedicarse a cualesquiera de las opciones de vida, intelectuales, laborales, empresariales, e incluso políticas, etc., etc, a las que por deseo, vocación, estudio vayan a decidir inclinarse.

Porque las diferencias que existieron al momento de combatir, o las diferencias que se produjeron entre los azarosos cursos de su tránsito de las armas al desarme, han de desaparecer de una vez y para siempre al ser aceptados como hombres y mujeres nuevos, renovados y libres, en el seno de la sociedad y sus leyes.

No se deja atrás el infierno de la guerra para ingresar al mundo de las discriminaciones, los sesgos y los prejuicios. Porque si así resultara estaremos creando las condiciones de nuevos conflictos, de perpetuas guerras.

La simetría es algo más que un concepto geométrico o estético, es una forma ideal y como tal imprescindible y misteriosa, una de aquellas leyes supremas del vivir humano que enaltecen el alma de un pueblo cuando el espíritu de sus leyes y la voluntad del gobernante la pone en acto.

Nada enturbia más el horizonte de la paz y la reconciliación que la discriminación que algunos supuestos amigos de la paz pretenden instituir como privilegios de unos y sometimiento de otros, como derechos de unos ex combatientes en desmedro de otros ex combatientes, intentando utilizar el proceso de paz como victoria política de unos ex combatientes y derrota política de otros igualmente ex combatientes.

Estos intentos divisionistas y egoístas, estas voluntades sectarias y excluyentes, le hacen peor mal al proceso de La Habana, peor mal al proceso de Justicia y Paz, peor mal al final feliz de las negociaciones con las Farc y el Eln, que cualquier crítica fundada y criteriosa a los procesos iniciados, a los procesos en curso.

Bienvenidas las críticas de la oposición, de izquierda y de derecha, porque están en su derecho. La diversidad enriquece el debate, permite alentar la autocrítica y deja menos margen a la autocomplacencia y el conformismo.

Alerta, mucho cuidado, en cambio, con quienes pretenden convertir el posconflicto en el paraíso de unos ex combatientes y el infierno de otros ex combatientes.

Libertad e igualdad, de derechos y de obligaciones, para unos y para otros, para todos.

Ni más ni menos que Paz y Reconciliación, de esto se trata... no de victoria de unos y derrota de otros.


Así la veo yo.


Los 236 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com



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