diciembre 17, 2015

253. Por fuera de La Habana, terceros somos todos

ASÍ LA VEO YO - Año 11
Las grietas que estamos llamados a reconocer y evitar que proliferen

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
................................
Por fuera del Gobierno y de las Farc que negocian en La Habana –más simpatizantes y aliados de unos y de otros de la Mesa- ‘terceros’ somos todos. Y con los terceros habrá que contar si aspiramos construir una paz digna, sin exclusiones. Democracia sin tercerías no es democracia. Tercerías sin representación, sin voz ni voto vuelven la democracia un simulacro, una caricatura. No es democracia la dictadura de lo blanco y negro, los pupitrazos, oprimiendo los matices, las tonalidades.

Los acuerdos de paz  –a partir de su firma en La Habana- significarán el fin de la lucha armada de las Farc. No del Eln. Tampoco el fin de las farcrim ni de las bacrim. Subsistirán el narcotráfico y las mil caras de delincuencia organizada y común, también política. Subsistirán las causas y efectos de la violencia, causas objetivas y subjetivas.

Proseguirá la violencia, el conflicto armado y las amenazas terroristas. La insurgencia y la contrainsurgencia. La rebeldía y la autodefensa. Todo esto lo sabemos y resabemos, pero preferimos mirar hacia otro lado.

Promover y mediatizar el plebiscito como si lo fuese entre paz y guerra no tiene lógica ni sustento algunos en este contexto y con actores legales e ilegales dentro y fuera de los acuerdos. Lo obvio y manifiestamente útil sería consultar a los colombianos si estos acuerdos son los que deben ser o debe arribarse a otros. Aunque lleve su tiempo. La paz debe quedar bien hecha, a la medida de todos, no a la medida e intereses de los firmantes.

No debería el país ser constreñido a responder la pregunta que no es, solo por evitarse la necesidad de convocar nuevos y decisivos actores a la Mesa. A menos que...

A menos que la intención de quienes integran este exclusivista “neo-Frente Nacional” sea precisamente ahondar aún más las grietas que separan la “Unidad Nacional” del uribismo, el uribismo de las izquierdas, y todos los anteriores con las ‘autodefensas desmovilizadas’. Pero entonces ¿de qué paz y reconciliación estamos hablando?

Dos grietas son particularmente llamativas. Se originaron ambas de procesos de paz. El proceso de Ralito derivó en una grieta política hasta hoy insalvable entre quienes negociaron y fracasaron en el intento desde ambos lados de la Mesa, uribistas y autodefensas. El proceso de La Habana abrió otra enorme grieta, entre la Unidad Nacional y el uribismo. Las autodefensas desmovilizadas hacen esfuerzos silenciosos pero constantes por dar a conocer al país que apoyan decididamente el proceso de paz de La Habana. Se diferencian en esto diametralmente de sus antiguos interlocutores en Ralito. Pero no por este gesto de apoyo a la paz con las Farc reciben las autodefensas desmovilizadas el reconocimiento político que esperan por parte del Gobierno y las Farc. Por el contrario, a la grieta que desde Ralito las separa del uribismo, se les ha sumado la grieta que los excluye de todo reconocimiento político por parte del Gobierno y las Farc.

¿Es políticamente razonable que el neo-frente Nacional se intente fundar sobre cimientos de exclusión tan flagrantes? ¿Resistirá Colombia tamañas grietas políticas sin dar pie a la proliferación de nuevos conflictos sobre las cenizas aún humeantes de antiguos e irresueltos conflictos? ¿Tiene lógica y sentido común someter la voluntad de paz de la inmensa mayoría de colombianos a los intereses políticos de minorías centralistas que pactan con ‘ideologías extremas que atrasan 50 años’?

Son interrogantes que cabe hacerse en estos días de final de año y comienzos de 2016. Y hacerse estos interrogantes sin renegar de la causa de la paz, sino precisamente para afirmar su necesidad, su urgencia, su prioridad.

El Estado no puede ni debe ser un botín de guerra, pero tampoco ha de ser un botín de paz, que celebre el pacto de dos minorías organizadas, en contra de otras minorías que permanecerán desorganizadas apenas el tiempo suficiente para percibir que han sido excluidas y condenadas al ostracismo y la inopia, y Dios nos libre también la represión a poco de andar.

Cualquier intento restringido de inclusión –donde funcione el veto como factor discriminador-  que signifique la exclusión de actores del conflicto, de sectores sociales y políticos, lejos de significar el fin de los conflictos sociales y armados inaugurará frentes de resistencia y rebeldía que estamos aún a tiempo de evitar si no queremos que la realidad nos estalle en la cara.

Bienvenida la dialéctica de los contrarios, porque la diversidad enriquece y la democracia auténtica finalmente consiste en eso, pero cuidado... la dialéctica que no conduce a nuevas y superadoras síntesis, condena a las tesis y antítesis que fluyen incesantemente a vivir condenadas a ser las partes irreconciliables de nuevas y peligrosas grietas.

Grietas que estamos llamados a evitar si queremos ser un país de iguales y de libres.


Así la veo yo.


Los 253 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com


……………

diciembre 01, 2015

252. Lo peor de todo: la población como 'gancho ciego'

La paz en Colombia.blogspot.com
ASÍ LA VEO YO - Año 11
En los tiempos de ISIS no se admite pecar por ingenuos

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
................................


«El voto por el SÍ A LA PAZ es un voto cantado y gozoso» (Así la veo yo (251), 13 de noviembre 2015)

Voto porque previo a plebiscito los negociadores de La Habana se sinceren con Colombia y expliciten al derecho y al revés, a dos voces y cuatro manos, el alto, largo y ancho de los acuerdos, sin pretender que colgados del umbral amén de tragar sapos con ‘alias’ y apellidos todos bien conexos,  también ‘cerremos’ los ojos y hagamos como que no vemos pasar delante de las narices gatos por liebres. Ni todas las concesiones son inevitables, ni todas las exigencias deben ser aceptadas. Si las guerrillas quieren la paz también ellas deben hacer concesiones a la sociedad, también ellas deben saborear exquisitos sapos de civilidad y democracia.

En las condiciones de Colombia hoy, aquí y ahora, el SÍ A LA PAZ no admite discusión. Solamente insisten con su movilización armada en el SÍ A LA GUERRA, los guerrilleros de FARC y ELN que pretenden revolucionar el sistema político, social y económico combinando el poder de las armas y los ardides de la política. Y por los laditos allí donde abundan los espacios vacíos de Estado y de guerrillas los disidentes de las exAUC que esperan el llamado a manteles para ocupar su lugar en la Mesa junto a sus antiguos jefes ya desmovilizados y resolver en conjunto con el Gobierno el intríngulis que quita el sueño a las FARC: ¿cómo desmontar de una vez y para siempre el paramilitarismo?

Es cierto que las organizaciones guerrilleras mencionadas adelantan y exploran con variadas estrategias, negociaciones de paz. Pero mientras adelantan diálogos se mantienen armadas, en pie de guerra, con o sin cese de hostilidades, y no se conoce pronunciamiento oficial de sus dirigentes donde mencionen expresamente que su decisión de abandonar la lucha armada está tomada y sea definitiva. Con distintos matices condicionan la entrega de armas a una serie de condiciones que el Estado habrá de cumplir satisfactoriamente a sus exigencias.

Se requiere apelar a sofismas ideológicos de la más variada especie y a recursos literarios de dudosa validez para interpretar que la sociedad y el Estado han tomado la iniciativa de declarar la guerra en Colombia. La guerra a las guerrillas ha sido en Colombia una respuesta de la sociedad y el Estado a las acciones de guerra de las guerrillas. Bastaría que tal declaración de guerra por parte de las guerrillas se anulara para que la paz estallara de inmediato, hoy mismo, ya. Se trataría de la paz elemental definida como ausencia de guerra, no del sentido tan amplio de paz que excluye violencias de todo tipo, incluidas las llamadas violencias sociales, o lisa y llanamente delictivas comunes, o del crimen organizado. Porque si de tal paz se trata no hay lugar en el mundo que la conozca.

Resulta entonces esencial a las consideraciones del plebiscito que se nos anuncia que no se pretenda estigmatizar el NO  como si no existiese la duda razonable, la prevención extendida y comprensible acerca de que detrás del promovido plebiscito entre guerra y paz se nos quiere disfrazar la intención aviesa de hacer pasar gato por liebre.  

En realidad se trata de tres interrogantes que si no se presentan por separado inducirán al error.

1. ¿Guerra o Paz?

2. ¿Negociaciones para acabar la guerra?

3. ¿Estos acuerdos en concreto le satisfacen?

Cualquier encuestador está en condiciones de aseverar que en la Colombia de hoy, aquí y ahora, la respuesta por el sí al primer interrogante sería abrumadoramente mayoritaria en favor de la paz. Es una respuesta a lo Pambelé, mejor ser rico que pobre.

La respuesta por el sí al segundo interrogante estaría apenas un tris por debajo del primero, porque no son despreciables ni guerreristas quienes sostienen que el Estado podría negociar en mejores condiciones tras asestarle a las guerrillas poderosos golpes adicionales. Sin embargo, hay conciencia generalizada, estadísticamente mayoritaria, que las guerrillas aun derrotadas estratégicamente podrían también generar hechos terroristas adicionales de fuerte impacto y así el número de víctimas se incrementaría. La victoria del sí al segundo interrogante también está garantizada con creces hoy, aquí y ahora.

Es cuando llegamos al tercer nivel de interrogante, sobre los acuerdos en sí, en detalle, donde la posibilidad del NO se vuelve grande y podría ser mayoría en el plebiscito. Y esto último no porque el uribismo lo promueva sino porque socialmente existe manifiesta repugnancia social a responder SÍ sobre aspectos que en conciencia se repudian.

Todo dependerá entonces de cómo se plantee el interrogante, y si se implicará o no en la pregunta (o las preguntas) el dilema de conciencia, personal y político que existe y bien fundado por cierto. Por ejemplo, el valor de la Justicia suele estar socialmente considerado como superior al valor de la Paz. No en vano las guerrillas prefieren la guerra a la injusticia social. No es éticamente lícito abusar de la disyuntiva guerra o paz, cuando se excluye la disyuntiva igualmente poderosa entre justicia o paz. O injusticia o guerra.

La problemática que asoma tras el plebiscito  no es solo por el tamaño de los sapos que habrá que tragar, sino por la indignación social que vaya a producir el tamaño del gato que se pretenda pasar por liebre. ¡No nos crean tan pendejos!  Si ambos efectos se realimentan y se irrigan por el censo electoral ya el problema para el Gobierno no será alcanzar el umbral sino que el umbral se superará con holgura pero no por el SÍ A LA PAZ que se pretende sino por el NO A LOS ACUERDOS que indignen. Poco importará que la pregunta solo mencione lo del sí o no a la paz, si donde el Gobierno lee sí o no a la paz, los que voten ‘leen’ sí o no a los acuerdos.

Si el NO triunfa –no porque gane el imposible no a la paz, no porque gane el inverosímil no a la negociación como método de resolución del conflicto armado- cabalgando sobre las condiciones que se juzguen desmesuradas por las concesiones a otorgar a las guerrillas... habrá que volver a la Mesa y hallar acuerdos que sí pasen el filtro de otro plebiscito. ¿Será el Presidente Santos quien lo convoque o será el nuevo Presidente a partir de 2018?

¿Habrá entonces condiciones de conciencia personal, de ánimo social y de voluntad política que lo permitan?

¿Habrá, en aquel hipotético aquí y ahora de las guerrillas de entonces decisión de seguir negociando en otras condiciones, con otros alcances, en otro contexto y con otro Presidente y otras mayorías parlamentarias presumiblemente diferentes?

El sapo habrá brincado de la Mesa y de puro instinto habrá huido lejos, bien lejos e inalcanzable. Nunca habremos llegado tan lejos y a ninguna parte.

Será tarde para lamentarnos... y además, será inútil que lo hagamos, a nuestras puertas estará el terror asomando.

En los tiempos de ISIS pecar de ingenuos es un pecado que no nos podemos permitir.

Más vale FARC conocidas que ISIS por conocer. Más vale paras y exparas conocidos que ISIS por conocer.

Y experticia en territorios vacíos sí que tienen guerrillas y paras, es con ellos que hay que acordar, y hacerlo en conjunto.

No hacer como antes se hacía de acordar entre Establecimiento y paras dejando las guerrillas por fuera, ni como los negociadores de La Habana pretenden ahora, que acuerden Establecimiento y guerrillas, dejando los paras por fuera, y el Presidente de garante, y el Congreso como notaría. Y lo peor de todo, la población como 'gancho ciego'.

Todos en la cama, o todos en el suelo. Y todos son todos, no algunos.

Los espacios vacíos abundan, no solo en Colombia, también en Siria e Irak, sin ir más lejos.


Así la veo yo.


Los 252 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com


……………